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lunes, 29 de junio de 2009

De cómo la ciudad Rey Don Felipe se convirtió en Puerto del Hambre

“Murieron como perros en sus casas, vestidos, hasta que el pueblo estuvo finalmente impregnado por el hedor de los muertos”. Así describía el pirata inglés Thomas Cavendish lo que se encontró a su llegada el año 1587 a Rey Don Felipe, una de las dos colonias españolas del Estrecho de Magallanes fundadas, precisamente, para bloquear el paso de piratas enemigos a través de ese estrecho. La otra se llamaba Nombre de Jesús.

Una idealizada visión del estrecho y de Ciudad Rey Don Felipe

El 21 de agosto de 1578, el pirata Francis Drake cruzó el Estrecho de Magallanes para adentrarse en el océano Pacífico, donde aprovecharía para saquear una buena cantidad de naves españolas y atacar por sorpresa varias ciudades de la costa pacífica. El virrey del Perú, Francisco de Toledo, alarmado por estas correrías envió dos navíos en su captura, al mando de uno de ellos estaba Pedro Sarmiento de Gamboa. Las naves llegaron a la boca occidental del estrecho el de 21 de enero de 1580 y salieron por la oriental el 24 del mes siguiente.

Sarmiento, aunque lo intentó, no consiguió alcanzar al pirata y sólo le quedó la opción de aguardar a que este decidiera volver por el mismo camino, el Estrecho de Magallanes. No sería así, Drake puso rumbo al Pacífico, pero Sarmiento aprovechó para explorar el estrecho. A su vuelta a España, Sarmiento dio cuenta de su misión y recomendó “poblar y fortificar el Estrecho de Magallanes, con elementos y armas que se sean necesarios para asegurar el cierre del tránsito de naves enemigas”.

Felipe II se mostró de acuerdo con la proposición de Sarmiento por lo que dispuso una expedición con el objetivo de colonizar el estrecho. La gran flota zarpó del puerto de Sanlúcar de Barrameda el 27 de septiembre de 1581, estaba compuesta por 23 navíos y casi 2.000 personas de las cuales 350 iban como futuros pobladores y 400 soldados para la defensa de los fuertes que se construirían. El mando de la armada fue confiado al capitán general Diego Flores de Valdés, con la disconformidad de Sarmiento de Gamboa, que fue nombrado gobernador del estrecho.

La elección de Flores de Valdés fue un error. A causa de su falta de pericia, durante la travesía hasta Brasil murieron más de 150 personas, otras 200 fallecieron en el fondeadero carioca donde invernaron, donde además desertaron varios soldados. 300 colonos más se hundieron con el barco Arriola, otras cuatro naves también naufragarían. A comienzos 1583, y sin haber llegado aún a su destino, la flota había quedado reducida a sólo 9 navíos.

Aquí se fundó la Ciudad de Rey Don Felipe. Foto original por Patagón

Más de un año después de su partida, el 17 de febrero de 1583, la flota, de ya sólo 5 naves, consiguió llegar a la boca atlántica del estrecho. Cuando parecía que el objetivo estaba cerca, los vientos les impidieron adentrarse en el estrecho. Harto de los contratiempos, Flores Valdés ordenó el regreso definitivo hacia España. Pero en Río de Janeiro se encontraron con 4 carabelas de socorro y, ante el inesperado refuerzo, Sarmiento decidió intentarlo de nuevo al año siguiente.

Esta vez sí que consiguió desembarcar, cargando una enorme cruz de madera y seguido de 177 soldados, 48 marineros, 58 colonos, 13 mujeres y 10 niños. En una emotiva ceremonia, espada mano, tomó posesión de las tierras enarbolando el pabellón del Rey Felipe. A poco de montar un fuerte, una tempestad cortó las amarras de la escuadra y la arrastró mar afuera. Después de diez días de lucha contra el mar, el capitán Diego de Ribera comprobó que todo intento de arrimarse a la colonia resultaba inútil y puso rumbo a España.

El 5 de febrero de 1584, cerca de cabo Vírgenes, Sarmiento plantó la Ciudad del Nombre de Jesús. El plan original de construir dos fortificaciones había sido sustituido por el de la fundación de dos poblados. A los pocos meses, Sarmiento de Gamboa junto con un centenar de la población emprendió el camino para la fundación de la segunda colonia, una cincuentena más los acompañaban a bordo de la Santa María de Castro, la única nave que aún le quedaba.

La marcha fue dura, a los pocos días caminaban descalzos porque las alpargatas podridas se les habían roto, las raciones empezaron a escasear y tuvieron que alimentarse de frutas silvestres y mejillones. Durante la travesía se encontraron con un grupo de
“indios”, el encuentro, que en un principio parecía amistoso, acabó con un enfrentamiento que se saldó con doce soldados heridos y uno muerto.

Sello chileno conmemorativo de los 400 años de la fundación de las colonias, en el que aparece Sarmiento de Gamboa

Mientras tanto, las ciento ochenta personas que quedaron en Nombre de Jesús construían e intentaban trabajar la tierra. El propio Sarmiento de Gamboa durante sus primeros viajes de exploración había pensado la posibilidad de plantar ciertas especies vegetales. Sin embargo, esas ideas resultaron ser sólo fantasías infructuosas. Las especies vegetales que se plantaron eran del todo inapropiadas para las condiciones ambientales de la región y los resultados fueron decepcionantes.

Después de una larga travesía de quince días a pie, en la que recorrieron unos 200km, el 25 de marzo de 1584, la expedición llegó al lugar donde se establecería la segunda colonia: Rey Don Felipe. Después de trazar la trama urbana, empezaron a construir una empalizada perimetral, alojamientos, depósitos de municiones y hasta un cabildo y una iglesia. Pese a la gran distancia que separaba ambas colonias y de no disponer de medios de transporte, la población de desplazó entre los asentamiento en diversas ocasiones. El entorno de Rey Don Felipe era rico en madera, pero no en alimentos.

Los primeros meses no fueron fáciles en ninguna de las dos colonias, y serían sólo un anticipo de las dificultades a las que tendrían que hacer frente hasta su final. Lo habitual era que cuando se establecía una nueva colonia en sus primeros momentos recibiera el apoyo de la metrópoli y de otros enclaves cercanos, en el caso de las ciudades del estrecho esto no fue posible, por lo que desde el principio tuvieron que hacer frente a una terrible escasez de provisiones. El racionamiento parecía ser la mejor solución.

La falta de comida se veía agravada por el forzado aislamiento, la escasez de abrigo y un clima desfavorable. Con la llegada de la nieve y el frío, los colonos rápidamente entendieron que la creencia que el clima sería benigno había sido una mera ilusión. Pero aún había más, el temor a los indígenas se iba acrecentando a medida que se sucedían sus ataques. La situación hace que el desánimo se extienda y los amotinamientos se sucedan.

En mayo, Sarmiento se embarcó de regreso a Nombre de Jesús. A su llegada a la ciudad, debe ajusticiar a los responsables de un motín. El fundador, además, se enteraría de que durante su ausencia un grupo de 40 personas había partido hacia Rey Don Felipe, de los que nunca se vuelve a saber nada. Viendo la situación en que se encuentran los dos enclaves, Sarmiento decide regresar a España a la búsqueda de provisiones y ayuda. Había imaginado grandes fortalezas, pero sólo había conseguido establecer dos precarios y débiles poblados.

La costa cerca de Puerto de Hambre. Foto original por Patagón

A los pocos meses de la marcha de Sarmiento, en agosto del 1584, los hambrientos pobladores de Nombre de Jesús, salvo unos pocos, decidieron seguir sus huellas y dirigirse a Rey Don Felipe. Sólo dos tercios sobrevivieron a la extenuante caminata, para enterarse de que en Rey Don Felipe la situación era igual de mala. El jefe militar del asentamiento decide acoger a unos pocos, pero al resto se le ordena que vuelvan a Nombre de Jesús.

Mientras tanto, Sarmiento había tomado rumbo norte. Ya en Brasil, las autoridades lusitanas le ofrecieron apoyo y ayuda, en aquel tiempo Felipe II era también rey de Portugal. Sarmiento, decidido a cumplir con la palabra dada a sus colonos, zarpa a bordo de la Santa María de regreso al estrecho. La expedición acabó en naufragio, se perdió la nave y sólo consiguieron salvar la vida Sarmiento y un fraile. A su vuelta el gobernador de la ciudad de Bahía vuelve a ofrecer ayuda a Gamboa, y hasta le regala un navío. Esta vez, tampoco conseguiría llegar al estrecho, la tripulación se amotinó atemorizada por las fuertes tempestades. Sin otro recurso y sin noticias de los refuerzos que había pedido una y otra vez a la Corona, decidió regresar a España. Era el año 1586, habían pasado poco más de dos años de la fundación de las colonias.

Nuevos infortunios le aguardaban por el camino. Primero, fue capturado por el pirata inglés Walter Raleigh que lo llevó a Inglaterra donde fue presentado ante la reina Isabel que le dio una “carta de paz” para Felipe II y lo liberó. En su camino de vuelta a España, otra vez fue capturado, esta vez por un capitán hugonote, que lo mantuvo preso casi tres años en el sombrío castillo de Mont de Marsan, hasta el 1588. Sarmiento fue liberado a cambio de un rescate de 6.000 ducados y 4 buenos caballos, que pagó Felipe II. Pero el soberano no se mostró tan sensible ante sus desesperadas súplicas para socorrer a los colonos del estrecho. De todas maneras, probablemente ya no quedaría ninguno vivo.

Restos humanos encontrados durante la excavación de Nombre de Jesús. Foto de Ximena Senatore en La Nación

Desde la marcha de Sarmiento la situación en las colonias no había hecho más que empeorar, después de dos rigurosos inviernos, durante el otoño de 1585, cuando ya se había perdido toda esperanza de recibir ayuda desde España, el jefe militar de Rey Don Felipe ordenó construir dos pequeñas embarcaciones, con la intención de llegar a Chile. Fue una nueva decepción. El intento resultó infructuoso, una de ellas se hizo pedazos en los arrecifes y la otra apenas consiguió volver al punto de partida después de perderse por los canales y fiordos.

Al finalizar el invierno del 1586, la población de Rey Don Felipe se había visto reducida a tan sólo 15 hombres y 3 mujeres, a los que el hambre empujó de nuevo hacia Nombre de Jesús. A medio camino, el 7 de enero de 1587, divisaron tres navíos. Un grupo de soldados se adelantó para averiguar, con desazón, que formaban parte de la flota de Thomas Cavendish. De todos modos, se acercaron. Los ingleses prometieron dejar a los sobrevivientes en el “primer puerto de cristianos”. Un soldado llamado Tomé Hernández fue el único que se marchó con ellos. No queda claro si los demás no se fiaron de la oferta, o simplemente los ingleses no los esperaron para aprovechar vientos favorables. Tomé Hernández se convertiría así en el único superviviente conocido de las poblaciones de Nombre de Jesús y Rey Don Felipe, de los 14 hombres y 3 mujeres que quedaron en tierra, nunca más se supo.

Antes de pasar al Pacífico, Cavendish decidió visitar Rey Don Felipe para hacer acopio de leña y agua. De paso, se apoderó también de varías piezas de artillería que los colonos habían enterrado. Cavendish quedó impresionado por la situación que encontró, un cadáver aún pendía de la horca, otros se descomponían en las chozas. Fue entonces cuando el inglés dijo aquello de “murieron como perros en sus casas, vestidos, y así los encontramos a nuestra llegada” y rebautizó la colonia como “Port Famine” (Puerto Hambre), nombre que ha llegado hasta nuestros días.

Tomé consiguió escapar de los ingleses al llegar al primer puerto español, Quintero, en el actual Chile, e hizo su primera declaración oficial sobre lo ocurrido ante las autoridades españolas. Mencionó las dificultades que los colonos habían tenido que hacer frente: escasez de víveres, dificultad para conseguir alimentos, la adversidad del clima y la hostilidad de los indígenas. En el momento de su marcha, unos pocos permanecían con vida: “quince hombres y tres mujeres”.

Puerto del Hambre en la actualidad. Foto de Olivier Vuigner

Años más tarde, en 1590, otro barco inglés, “The Delight”, visitó Puerto Hambre encontrando un único superviviente, del que se desconoce el nombre, pero que dijo a los ingleses que vivía sólo en una cabaña desde hacía bastante tiempo y se alimentaba de lo que cazaba. Después de haber resistido seis años en el estrecho, sus días acabarían en el fondo del mar. El Delight naufragaría durante su trayecto de vuelta cerca de Cherbourg y entre los seis supervivientes no habría ningún español.

La colonización del estrecho había acabado en tragedia. La escasez de alimentos fue una constante durante toda su existencia hasta el punto de que la comida se convirtió en el más preciado botín. Los análisis de los esqueletos encontrados en las dos colonias demuestran que sus habitantes fueron víctimas de la malnutrición antes incluso de su llegada al estrecho.

Como era habitual, la Corona aportó una serie de provisiones para asegurar la alimentación durante el viaje y el primer abastecimiento del poblado. También se solía llevar ganado y animales de granja. Sin embargo, en el caso de las colonias del estrecho, el gran número de dificultades y pérdidas durante la travesía provocaron la pérdida de la mayor parte de estos animales, como atestigua las escasas referencias en los escritos de Sarmiento a las especies trasladadas. Las escasez de ganado y posiblemente su falta de adaptación al entorno fue sin duda un factor importante en el fracaso de la colonia.

Ante la falta de animales de cría, al acabarse las provisiones, la búsqueda de recursos locales se convirtió en una cuestión crítica. Pese a desconocer los animales y los vegetales que podían ser consumidos, los pobladores no desfallecieron en su intento de encontrar raíces, frutas, marisco o caza: “avestruces grandes, y hallábase algunos huevos de ellos, que son de buen sabor, y muchas uvas negras de espino, que nos recreaban y satisfacían a la necesidad y hambre”.

El chileno Fuerte Bulnes, fundado en 1843

Los trabajos arqueológicos llevados a cabo en los poblados por las arqueólogas argentinas Mariana De Nigris y Ximena Senatore confirman que los colonos no se limitaron a esperar la llegada de provisiones, que nunca llegaron, sino que hicieron amplio uso de los recursos que la zona les ofrecía. En las excavaciones se han encontrado muy pocos restos de animales domésticos, algunos huesos de cerdo y perro, pero si muchos de las aves del estrecho, que se debieron convertir en una fuente muy importante de grasas. Una de las especies más consumidas fue la de los cormoranes.

Los españoles también cazaron y se alimentaron de los guanacos. Aunque, por desconocimiento, no aprovecharon todo lo que este animal, parecido a las llamas, podía ofrecerles, su tuétano, cuyo aprovechamiento hubiera podido resultar vital para los colonos, y que los cazadores-recolectores que habitaban la zona sí que consumían. También se han encontrado algunas evidencias de consumo de lobos marinos, aunque parece ser que este no fue nunca no muy intensivo, así como aprovechamiento de mejillones y lapas.

De esta forma, las peripecias de la travesía sumadas a las condiciones verdaderamente extremas del Estrecho de Magallanes llevaron a los colonos a no poder mantener muchos de los recursos incluidos en su economía de subsistencia tradicional, teniéndose que enfrentar con recursos poco familiares o nuevos. Otras colonias españolas afrontaron situaciones similares, pero las del estrecho tuvieron que hacer frente a la fatídica particularidad de su ubicación marginal respecto a la metrópoli y a otras colonias, lo que imposibilitó cualquier tipo de comunicación para obtener víveres y provisiones.

El fracaso de los colonos contrasta con el hecho de que la región sí que fue capaz de mantener una población indígena nómada de cazadores-recolectores durante milenios. Tal vez, el factor más determinante para el fracaso de los dos asentamientos fue la imposibilidad de establecer relaciones amistosas con los nativos, lo cual, de haberse conseguido, hubiera sido de gran ayuda para aclimatarse a un entorno tan duro y desconocido.

En cualquier caso, teniendo en cuenta los recursos de la época, incluso con una mejor planificación, mejor fortuna y no habiendo cometido los errores que se cometieron, la colonización de una zona tan dura y remota, probablemente, también hubiera resultado imposible. En 1843, casi 300 años después de la llegada de Sarmiento y sus colonos al estrecho, cuando Chile pretendía imponer su soberanía en el estrecho, el mismo clima inhóspito forzó a los chilenos a trasladar su asentamiento original de Fuerte Bulnes a un lugar más favorable, donde fundaron Punta Arenas. Después de 6 años, Fuerte Bulnes, situado a 2km del original Puerto del Hambre, tampoco había sido capaz de mantener una población estable y numerosa.

+ posts:
- Blas de Lezo y Olavarrieta, el almirante que derrotó a Inglaterra
- La colonia perdida de la isla de Roanoke en Historias con Historia
- La desaparición de los vikingos de Groenlandia

+info:
- La ciudad de Nombre de Jesús
(PDF), por Mariana E. De Nigris y Maria Ximena Senatore para la revista Telar
- Cabo Vírgenes, Extrema Argentina en La Nación
- Prisoners of starvation in Australian National University E Press
- Nombre de Jesús y Rey Felipe por Ricardo E. Polo
- El puerto del hambre por Jesús Veiga Alonso
- Hallan restos de una colonia de 1584 en La Nación
- Historia general de Chile por Diego Barros Arana in googlebooks
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lunes, 22 de junio de 2009

El hombre que dejó de ser Phineas Gage

El 13 de setiembre de 1848, un terrible accidente ocurrió en las obras del ferrocarril en las afueras de Cavendish, Vermont. Tras una explosión accidental, una barra de hierro salió disparada y atravesó el cráneo de uno de los trabajadores. Todo se temían lo peor, pero no fue así, es más, a los pocos minutos el joven trabajador había recuperado la consciencia y el habla. Aparentemente, todo un milagro, sólo el tiempo permitiría comprobar las “sorprendentes” secuelas.

La calavera y el “hierro” de Phineas. Foto original NeuroPhilosophy

Phineas Gage trabajaba en la construcción del Ferrocarril Rutland & Burlington. Phineas y su cuadrilla se encargaban de abrir un paso en un tramo rocoso del trayecto del futuro ferrocarril mediante el uso de explosivos. Como cualquier otro día, era Phineas quién decidía donde perforar los agujeros en la roca, y cuanta pólvora poner en cada uno de ellos. Primero colocaba la pólvora, el detonador y, finalmente, la arena. Después compactaba la mezcla con una barra de metal.

Sin embargo, ese 13 de setiembre Phineas se distrajo y olvidó colocar la arena antes de introducir la barra. Sin la tierra, la barra chocó con la piedra y causó una chispa que hizo que la pólvora explotara. Eran las 4.30 de la tarde, cuando la barra de metal salió disparada y atravesó la cabeza del joven capataz, sólo tenía 25 años. La barra, de un metro de largo y más de tres centímetros de diámetro, entró por su mejilla izquierda y salió por la parte superior del cráneo. Fue tal la potencia con la que salió despedida la barra, que aún pesando 6 kilos, acabó “aterrizando” a unos 30 metros de distancia.

Todos se temieron lo peor, pero Phineas no murió. Aunque es muy probable que permaneciera inconsciente por un período corto de tiempo, a los pocos minutos caminaba sin problema ni necesidad de ayuda, y tomó cómodamente asiento en un carro de bueyes en el que sus compañeros lo llevaron a la ciudad más próxima para recibir atención médica.

Aunque no fue el primero en llegar, el Doctor John Martin Harlow se hizo cargo del caso. En su primer reconocimiento, Harlow, pese a ser un hombre acostumbrado a la cirugía militar, describe la estampa como “tremenda”, la cama en la que Phineas estaba estirado y el propio Phineas estaban empapados en sangre a causa de la profunda hemorragia. Sin embargo, Harlow afirmó que el paciente soportaba sus dolores con una firmeza heroica, además, parecía totalmente consciente.

La actuación de Harlow salvó la vida de Phineas. Harlow consiguió detener la hemorragia y se las arregló para que la infección no se extendiera. Pero a pesar de los cuidados que le proporcionó a Gage, la recuperación de este fue larga y difícil. Una infección posterior casi le deja semi-comatoso.

La noticia del accidente en el ejemplar del Boston Post del 21 de setiembre de 1848

El Doctor Harlow describe progreso de la recuperación de Gage: El 7 de octubre volvió a caminar. El 20, describía su comportamiento como “muy infantil”, aunque con las “pasiones animales de un hombre fuerte”. Después del accidente raramente hablaba a no ser que alguien le preguntara, y solía responder con monosílabos. A mediados de noviembre, Gage empezó a sentirse mucho mejor y decía no sentir dolor en su cabeza. Al mismo tiempo, Gage empezó a mostrar un deseo muy fuerte de volver con su familia y empezó a resultar “difícil de controlar por su amigos”. Harlow estaba convencido de que si se le podía controlar, Gage podría recuperarse.

Aparte de la pérdida de visión en su ojo izquierdo y una ligera desfiguración y parálisis en su cara, la recuperación física de Gage en abril del 1849 parece ser completa. Sin embargo, Gage fue incapaz de recuperar su puesto de encargado. Según Harlow, Gage había cambiado. Antes del accidente era una persona trabajadora, responsable, estimada y valorada, tanto por sus subordinados como por sus jefes, que lo consideraban “el capataz más eficiente y capaz”. Pero esos mismos jefes, después de su accidente “consideraron su cambio de carácter tan marcado que no le volvieron a dar su puesto”.

En 1868, 20 años después del accidente, Harlow describiría con más detalle los cambios psicológicos experimentados por Gage y que, según él, le habían impedido, entre otras cosas, recuperar su antiguo empleo de capataz. Según Harlow “el equilibro entre sus facultades intelectuales y sus instintos animales, parecía haber sido destruido”. Gage se volvió inconstante, irreverente, blasfemo e impaciente. A veces era obstinado cuando le llevaban la contraria y solía mostrarse caprichoso. No paraba de idear planes futuros que “abandonaba al poco de idearlos”.

La madre de Gage dijo a Harlow que Gage solía entretener a sus sobrinos y sobrinas con multitud de historias fantásticas sobre sus aventuras, aventuras todas ellas imaginadas. Gage desarrolló un afecto especial hacia los animales y los niños, sólo superado por su apego a “su” barra de hierro, a la que se refería como “mi hierro” y que se convirtió en su compañera inseparable durante el resto de su vida. Por último, Harlow insiste en que Gage era muy bueno a la hora de “encontrar siempre algo que no le convenía”. Todo esto a pesar de que antes del accidente, volvía a remarcar, era una persona responsable y equilibrada.

Varios diagramas contenidos en el “Passage of an Iron Bar through the Head” Dr. Harlow

Tan radical fue su cambio que sus amigos y conocidos le llamaban “no longer Gage” (ya no es/dejo de ser, Gage). Phineas ya no era la misma persona y era mucho más agresivo. Se dice que después del accidente fue incapaz de mantener un trabajo por mucho tiempo, ya que los abandonaba o le acababan echando por sus continuas riñas con sus compañeros.

Ante la imposibilidad de volver a su antiguo trabajo, Gage, su herida y su barra de hierro se convirtieron en una atracción en el Museo Americano de P. T. Barnum en Nueva York, con el que iría de gira por las ciudades más importantes de Nueva Inglaterra. Más tarde, Gage encontraría trabajo en una cuadra de caballos en New Hampshire, para más tarde marchar a Valparaíso, en Chile, y convertirse en conductor de diligencias.

Durante su estancia en Chile, su salud empezó a recaer y en 1859 decidió volver a San Francisco con su familia. Gage necesitó varios meses para recuperarse del largo viaje de vuelta, que unido a la enfermedad lo había dejado extremadamente débil. Una vez recuperado, Gage trabajó en una granja en Santa Clara. Pero tan sólo unos meses después, en febrero de 1860, empezó a tener la primera de una serie de violentas convulsiones, “incuestionablemente epilépticas”. Los ataques fueron gradualmente creciendo en intensidad y el 18 de mayo Gage decidió volver a casa de su madre, donde sufriría otras cuantas series.

El día 21 de mayo de 1860, los ataques pudieron con él y Gage murió. El Doctor Harlow no se enteraría de su muerte hasta 1866. Fue entonces cuando empezó a cartearse con su familia. A petición suya, el cuerpo de Gage fue exhumado para coger su calavera y “su” hierro (no está del todo claro si fue enterrado con él o no). Después de estudiar cuidadosamente tanto la calavera de Gage como la barra de hierro, Harlow las depositó en el Museo Warren de la Facultad de medicina de la Universidad de Harvard, donde hoy aún permanecen.

Phineas Gage según varios autores, el más exacto el D. Crítica de ellos aquí

Contra todo pronóstico, Gage había sobrevivido durante 11 años y medio, pero ¿cómo había podido sobrevivir a la herida y sobrevivir todo este tiempo? Harlow aducía cuatro factores: Una capacidad de resistencia y una voluntad difícilmente igualables. La forma de la barra de hierro, que no produjo una conmoción cerebral duradera. La abertura creada por la entrada de la barra de hierro que permitió drenar la infección. Y por último, según Harlow, que la parte del cerebro que atravesó la barra era la más adecuada para soportar una herida así.

Con los conocimientos actuales, es cierto que una herida en el cerebro es muy a menudo fatal, también es cierto que la barra al tener una forma puntiaguda podría haber reducido los daños. Además, parece ser que todos los vasos sanguíneos importantes se salvaron. Sin embargo, la cantidad de tejido del cerebro destruida debió de ser considerable, no sólo por el trauma inicial, sino por la infección posterior.

Según los últimos estudios, parece ser que los daños se limitaron al lóbulo frontal izquierdo del cerebro, aunque otros expertos han barajado la posibilidad que afectara a ambos. Tampoco están claros para todos los efectos que tuvo la herida en el carácter de Phineas, ya que el informe más detallado de estos cambios realizado por Harlow es 20 años posterior al incidente. Además, es muy probable que lo basara en testimonios indirectos, como por ejemplo el de la madre de Phineas, o peor aún, testimonios recogidos por esta.

La incertidumbre sobres las fuentes de Harlow en las que basa los cambios de carácter que describió, combinado con el hecho de que esperara esos 20 años entre su primer informe y el segundo, constituyen uno de los enigmas del caso. En cualquier caso, todos los investigadores modernos admiten que Gage sufrió algún tipo de cambio en su carácter, aunque lejos de los cambios que describen algunos autores que dan versiones infundadas y contradictorias.

Reconstrucción del accidente. Department of Neurology, University of Iowa

Hay muchas malinterpretaciones y manipulaciones sobre la historia, muchas de ellas interesadas con el propósito de reforzar teorías particulares. Según Malcolm Macmillan, un investigador moderno, profesor de la Universidad de Melbourne, que ha estudiado el caso y que es muy crítico con el tratamiento que se ha hecho de él, una de las mayores malinterpretaciones sería el hecho de que Gage fue incapaz de mantener un trabajo mucho tiempo, y que sirve de base para la imagen popular de Phineas Gage como una rareza de circo que vagó sin rumbo ni dirección y sin capacidad ni interés por trabajar.

Es cierto que Harlow afirmó que a Gage le fue difícil mantener un empleo, pero según Macmillan, sólo se refería al período final de su vida, el de los ataques epilépticos. Según este investigador, tampoco estarían fundadas las versiones que lo describen como un alcohólico o un fanfarrón. En cualquier caso, la estancia de Gage en el museo de Barnum o en circos similares no habría pasado del año.

Recientemente, ha salido a la luz nueva información sobre la estancia y el comportamiento de Gage en Chile. Considerando su posible rutina como conductor de diligencias: encargarse de los caballos, trato con los pasajeros, venta de pasajes, conducción,… Es posible que el Gage
“mal adaptado” descrito por Harlow se limitara a sólo unos años después del accidente. Después de esos primeros años, Phineas habría ido ganando funcionalidad y habilidades sociales. Según el propio Macmillan, de ser cierto, esto indicaría que la rehabilitación y la recuperación son posibles, incluso en los casos más difíciles y largos.

En el siglo XIX, en plena controversia sobre si era cierto que las funciones mentales estaban localizadas en zonas específicas del cerebro, ambos bandos de la discusión citaron el caso de Gage en su favor, adaptando conveniente la historia a sus teorías. Los partidarios de la frenología también utilizaron a Gage argumentando que sus cambios de carácter provenían de la destrucción de su “órgano de la veneración” y/o del adyacente “órgano de la benevolencia”.

Según Macmillan, tiene que ser recordado por el primer caso del que se tiene constancia en el que un daño cerebral causó una alteración en la personalidad. También merece la pena no olvidar su historia porque es una muestra inmejorable de cómo convertir unos pocos hechos contrastados en un mito popular y, lo que es peor aún, en un mito científico.

Actualización (1-Ago-2009): Casualidades de la vida, al poco de publicar esta entrada, apareció la noticia sobre el soprendente hallazgo de un daguerrotipo con la imagen de Phineas Gage, seguir leyendo La cara del hombre que dejó de ser Phineas Gage

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+info:
- Phineas Gage – Unravelling the myth (PDF) in ThePsychologist
- Phineas Gage’s Story in Deakin University
- Phineas Gage en es.wikipedia.org y en.wikipedia.org
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