miércoles, 9 de diciembre de 2009

Jill Price, la mujer que no puede olvidar

Jill Price, una mujer de Los Angeles nacida en 1965, sorprendió a científicos y a público en general en 2006 cuando se dio a conocer su caso en la revista Neuroscience. Jill poseía una memoria autobiográfica extraordinaria que le permitía recordar cada uno de los días de su vida desde que tenía 14 años de edad. Aparentemente, el cerebro de Jill funcionaba de una manera totalmente diferente a lo conocido.

Jill Price en su casa. Foto original Wired

Todo comenzó un día de junio del 2000, cuando Jill estaba buscando en internet información sobre otras personas que les sucediera lo mismo que a ella y fue a parar a la página web de James McGaugh, un experto en neurociencia, especializado en aprendizaje y memoria. Jill decidió enviarle un email explicándole su caso y, sorprendentemente, en sólo 90 minutos McGaugh le había respondido diciéndole que estaba interesado en conocerla en persona y saber más de su caso.

Aunque era bastante escéptico en un principio, McGaugh no tardó en convencerse que la habilidad de Jill no era normal y era auténtica. En febrero de 2006, después de cinco años entrevistándose con Jill, McGaugh y su equipo publicaron el artículo en la revista especializada Neurocase sobre el caso, la identidad de Jill se escondía tras las iniciales “AJ”. Los investigadores se referían a su síndrome como “hipertimesia”, del griego “hyper”, “superior a lo normal”, y “thymesia”, “memoria”.

A los pocos días, la historia saltó a los periódicos nacionales y de allí a la televisión. Jill fue entrevistada en la cadena NPR y, más tarde, un editor logró averiguar su nombre y localizarla para cerrar un acuerdo para publicar un libro en el que Jill contaría su propia historia, con su verdadero nombre. A partir de ahí, Jill se convirtió en un fenómeno mediático, apareciendo en los programas más importantes de la televisión norteamericana.

En sus conversaciones con McGaugh, Jill afirmó que el recuerdo más temprano que conserva es de ella misma estando en la cuna, con una edad de entre 18 y 24 meses, despertándose asustada por los ladridos del perro de su tío. Jill era capaz, también, de recordar el nacimiento de su hermano, cuando ella tenía 3 años y 9 meses de edad.

Un día en el diario de Jill. Foto original Wired

Sin embargo, su memoria con esa edad parece ser que era normal. Fue a la edad de 8 años, con la mudanza de su familia a Los Angeles, cuando comenzó a notar cambios. La propia Jill reconoce que esta mudanza le supuso un trauma y sin quererlo comenzó a obsesionarse por la vida que dejaba atrás. Comenzó a hacer listas de amigos y a pasar mucho tiempo mirando fotos de su antigua casa, pensando en el pasado. Los expertos creen posible que un trauma así pudiera haber provocado cambios permanentes en el cerebro de una niña, como el de Jill.

Jill sostiene que es a partir de la mudanza cuando sus recuerdos comienzan a ser más claros. Jill recuerda que un día con 12 años, mientras estudiaba con su madre, se dio cuenta que podía recordar muy vivamente los detalles del curso anterior y algunas fechas exactas. Aunque es cierto que Jill puede recordar muchos días del período de su vida que va desde entre los 8 a los 13 años de edad, no puede recordar cada uno de ellos, y además tiene que hacer un esfuerzo para que estos recuerdos surjan. Es a partir del 1980, a partir de los 14 años de edad, que sus recuerdos comienzan a ser “automáticos.

La memoria de Jill comienza a ser extraordinaria y capaz de recordar con gran precisión su propia vida, aunque se comporta como la media con el resto de asuntos. Así por ejemplo, en la escuela no destacó especialmente y tenía las mismas dificultades que los demás a la hora de memorizar fechas en historia, aprender aritmética o recordar palabras nuevas en un idioma extranjero. Sin embargo, todavía hoy en día es capaz de recordar cada uno de sus profesores desde la guardería.

A los 10 años, Jill comenzó a escribir un diario. Según los expertos, este es un buen método para recordar más de cada día, no sólo porque crea un registro tangible sino porque obliga a reflexionar. Sin embargo, en el caso de Jill, el diario se convirtió en una obsesión por “anotar las cosas” porque si no se mantendrían en su cabeza. Jill mantendría el hábito hasta cumplir los 34 (50.000 páginas en total) aunque rara vez revisaba lo que había escrito.

Jill describe sus propios recuerdos como escenas de películas familiares de cada uno de los días de su vida, viéndose constantemente en su cabeza. Puede estar hablando con alguien y al mismo tiempo estar viendo cualquier escena de su pasado. Sería como mirar una televisión con la pantalla partida en la que se pueden ver dos canales diferentes a la vez. En uno de los lados, el presente; en el otro, su pasado, su memoria saltando de un momento a otro, hacia atrás y hacia delante, de manera incontrolada.

Una de las colecciones de Jill. Foto original de Jill Price

Jill dice no poder detener su propia memoria, sino que esta funciona de manera descontrolada y automática. Tampoco sabe qué será lo próximo que recordará. Los recuerdos simplemente aparecen en su cabeza, algunas veces cuando alguien menciona una fecha o un nombre, o simplemente al oír una canción en la radio. No importa si Jill quiere recordar ese día o no, su mente revive ese instante viéndolo “tal como lo veía ese día”, y rápidamente salta a otro y de ahí al siguiente.

Sin embargo, no siempre es así, otras veces es Jill la que provoca todo este proceso ya que también puede recordar a voluntad, de hecho, reconoce que solía pasar mucho tiempo pensando en fechas, “viendo” los días.

A priori, puede parecer que poseer una memoria como la de Jill es un regalo. De hecho, la propia Jill reconoce que muchos de sus recuerdos le proporcionan ánimos y seguridad, pero en otros casos sucede todo lo contrario. Jill recuerda todos los errores, todas las decisiones equivocadas y todas y cada una de las situaciones embarazosas y desagradables de su vida. Es por esto, que lejos de considerar su habilidad una bendición, Jill la considera una maldición a la que de muchos años de depresión por sus recuerdos.

Jill recuerda como su situación personal se veía agravada por la incomprensión de los demás, a los que le resultaba imposible hacer entender lo que sucedía en su cabeza. Cuando Jill explicaba a sus padres como los recuerdos la “asaltaban”, no le entendían. Su madre se limitaba a decirle que no le diera tantas vueltas a las cosas. Aunque no es de extrañar, ya que ni ella misma entendía del todo lo que le pasaba y ante la imposibilidad de hacerlo entender a los demás comenzó guardárselo para sí misma.

Aunque todo cambió a raíz de dar con McGaugh. Este investigador y su equipo la ayudaron a ver su propia vida de otra manera y entender el papel tan poderoso que juega la memoria en la vida de las personas y en construir la propia percepción que tenemos de nosotros mismos. La gente “normal” construye su propia biografía mediante una selección de recuerdos, pero, también, de olvidos. Un proceso que continuamente va evolucionando como lo hace la imagen que tenemos de nosotros mismos. Jill, sin embargo, no puede hacer lo mismo, dentro de ella están todos los “yos” de cada uno de sus días, como si fuera una muñeca rusa.

Brad Williams, recuerda cada uno de los detalles de estas vacaciones familiares de 1964, tenía 7 años. Foto original CNN

Han pasado los años, pero los científicos todavía no han encontrado una explicación definitiva para la sorprendente memoria de Jill. Los escáneres cerebrales parecen indicar que algunas partes de su cerebro son de tres veces más grandes de lo habitual. Estas áreas son el núcleo caudato y una parte del lóbulo temporal encargada del almacenamiento de hechos, fechas y eventos. Según los investigadores, estas dos áreas podrían estar trabajando juntas, en el cerebro de Jill, de una manera desconocida hasta la fecha, habiendo convertido en automático hacer de cada detalle del día un recuerdo.

Estas dos áreas, además, están relacionadas con los trastornos obsesivo-compulsivos. De hecho, su cerebro tiene un cierto parecido con el de las personas que sufren este trastorno. Según McGaugh, coleccionar y acumular cosas son dos de los síntomas más claros de este tipo de trastorno y no cree que sea una mera coincidencia la afición por el coleccionismo de cosas y el de recuerdos que presenta Jill.

Sin embargo, no se han encontrado diferencias en otra área del cerebro esencial para el aprendizaje y la memoria autobiográfica: el hipocampo. Sin el hipocampo no se podría hacer pasar los recuerdos de la memoria a corto plazo a la de largo. Una de las funciones del sueño, durante el cual el hipocampo vuelve a revivir la actividad diaria, es precisamente mejorar esta consolidación de información.

Otra de las teorías que han intentado explicar la extraordinaria memoria autobiográfica de Jill sostiene que Jill podría ser mucho mejor que la media manteniendo recuerdos, pero que también sería mucho peor que los demás bloqueando su recuperación.

Nos hemos obsesionado tanto con la memoria que hemos demonizado el olvido” , afirma Gayatri Devi, un psiquiatra de Nueva York experto en memoria. “Pero si no olvidáramos, recordaríamos todo tipo de información de nuestra vida y nos ahogaríamos en un mar de ineficiencia”.

Los recuerdos de un acontecimiento singular son, en general, fáciles de recordar, al ser guardados en la memoria de larga duración con conexiones a muchos otros. Sin embargo, ¿Qué pasó durante ese número incontable de días, noches, reuniones, trabajo, viajes en autobús y muchos otros ratos perdidos? Simplemente que no crearon en nosotros una impresión lo suficientemente duradera o simplemente fueron sobrescritos en nuestro cerebro por otras experiencias similares de manera que es difícil recuperarlos.


Entrevista con Jill Price en la abc en youtube.com

En cierta manera, los recuerdos de cosas mundanas o eventos recurrentes compiten entre sí por ser recordados, según los científicos el cerebro parece estar programado para olvidar todo aquello que no parece importante. Los recuerdos tienden a superponerse, combinarse y desaparecer, por razones que aún se desconocen. Sin contar con que la memoria humana no es perfecta y está sujeta a la contaminación y la distorsión.

La aparición del caso de Jill en la publicación científica Neurocase propició que surgieran más personas que supuestamente poseían la misma habilidad. Aunque la hipertimesia sigue siendo un síndrome extremadamente poco común. Hasta la fecha, sólo se han podido confirmar científicamente otros tres casos. Aparte del de Jill, todos ellos en Estados Unidos: Brad Williams, de Wisconsin y al que algunos han llamado el Google humano; Rick Baron, de Cleveland y un tercer caso, todavía anónimo en el sur de California.

Al contrario que Jill, estos tres hombres son zurdos y su memoria no les supone ningún tipo de tormento. Aunque, igual que ella, sí que presentan la misma tendencia compulsiva a coleccionar cosas, tales como guías de televisión, películas viejas o similares.

Enlace permanente a Jill Price, la mujer que no puede olvidar

PS: Gracias a mi amiga Arbocenk por recordar este tema y sugerírmelo.
PS(ii): Coincidiendo con la preparación del post, la semana pasada, a través de fogonazos, me enteré de otro cerebro sorprendente, el de Henry Molaison, una persona cuyos recuerdos sólo duraban 20 segundos.

+posts:
- Bouba-kiki, el nombre de las cosas
- Folie à deux, cuando la locura es cosa de dos
- Una vida contada
- El hombre que dejó de ser Phineas Gage
- Little Albert, el niño cobaya

+info:
- Blessed and Cursed by an Extraordinary Memory in npr
- Total Recall: The woman who can’t forget in Wired.com
- Hyperthymesia in en.wikipedia.org
- The woman who can remember everything in Telegraph.co.uk
- A Case of Unusual Autobiographical Remembering (PDF) by Elizabeth S. Parket et al.
- You Must Remember This: Forgetting Has Its Benefits in WSJ.com

39 comentarios:

Jeshua_Morbus dijo...

¿No existía un cuento de Borges de un hombre con esa misma capacidad? Recuerdo que, al principio del cuento (lo siento si no recuerdo el título...), el hombre era capaz de decir qué hora era en cualquier lugar y momento sin necesidad de mirar reloj alguno. Luego, tras caerse de un caballo, pasó a ser el "memorioso" y para él, cada día, cada persona, cada cosa... todo era diferente según la hora en la que lo viera. Para él, no era lo mismo el gato del 13 de agosto de 1956 a las 13:30:31 que el gato del 13 de agosto de 1956 a las 13:30:32...
No deja de ser un cuento del realismo mágico en el que se tratan sucesos extraordinarios con una normalidad pasmosa (el memorioso acabó de una forma muy poco "glamurosa"...) pero creo que era oportuno reseñarlo.

Interesante artículo, como de costumbre.

Pumuky dijo...

Muy pero que muy interesante tú artículo de hoy Gran Bovolo.
Mis recuerdos mas antíguos son de cuando tenía 3 años y son como flashes,fotos,retazos de peliculas,no sé explicarlo.......a partir de los 6 ò 7 años ya son bastantes más claros,pero a partir de la adolescencia parece que los toco con los dedos.
Es increible que recuerde los regalos de mi 1ª comunión y no me acuerde lo qué comí ayer(que cosas).
Un gran abrazo,GRANDE.

Orayo dijo...

Yo soy malisimo para los recuerdos. Debe ser que no le doy importancia a las cosas y no las almaceno. Me refiero a quienes eran mis compañeros de clase en la 3ESO o 1º bachiller o que asignaturas optativas escogi esos años (pongo este ejemplo porque tengo amigos que se acuerdan). O en que año empece la universidad, etc. Muchas veces pienso que si algun dia tuviera que escribir mi autobiografia rellenaria solo un par de paginas.

El caso de Jill es mas una maldicion que una ventaja. Y si tienes una madre estupida que cuando le cuentas tu problema y le dices que es incontrolable te suelta que le das demasiadas vueltas a la cabeza se hace peor todavia. La verdad es que es muy util olvidar. Olvidar momentos violentos, tensos, vergonzosos... Que lo bueno siempre queda!

salu2!

Anónimo dijo...

"¿No existía un cuento de Borges de un hombre con esa misma capacidad?"

Sí: "Funes el memorioso" era su título.

Chesana dijo...

Pues no sé por qué no me ha resultado extraño lo que relatas en tu artículo, y que conste que mi memoria no es fotográfica ni mucho menos, pero esos saltos hacia adelante y atrás, ese estar como en dos momentos a la vez... no sé. Simplemente me ha reaultado familiar todo eso.

Interesante artículo.

Golias dijo...

Había también un caso ruso, documentado aunque ignoro si comprobado (los rusos, a veces, son poco de fiar con sus historias), de un tipo, creo que de Leningrado (aún era la URSS) que no podía olvidar nada. El doctor ruso que lo atendió coincidía en que era un problema grave, pues el paciente siempre estaba abrumado por la cantidad de detalles sin importancia que no podía olvidar, lo que le causaba desde insomnio hasta depresión.

Si encuentro alguna referencia, te la enviaré, pero es algo que leí en papel hace mucho tiempo, y va a resultar difícil recuperarla.

Bovolo dijo...

Gracias, Jeshua!

Me apunto ese libro en la lista de pendientes. En parte el memorioso pudiera ser que estuviera en lo cierto. Todos cambiamos, lo que pasa que él era capaz de notar las diferencias no de años, sino de minutos. Muy interesante!

Pumuky, yo también he estado pensando en mis primeros recuerdos, pero no lo tengo muy claro. Sí, a partir de los 6, recuerdo muy claramente algunas cosas del primer día que fui al colegio. Que mi padre me vino a ver en el recreo por la verja.

También recuerdo la primera vez que me di cuenta como las épocas del año se repetían, por ejemplo Carnaval. Todavía ando pensando.

Personalmente, este post me ha resultado muy interesante, no sólo por la curiosidad de Jill y la hipertimesia, sino por otras cosillas de las que me he enterado.

Orayo, a mí me ha hecho pensar la pregunta de ¿dónde han ido a parar todos esos días de rutina, esos viajes en bus, en metro, ...? que no dejaron huella. He pensado.. cuantas cosas que he olvidado. Algunas seguro que por mi bien, pero otras...

Por cierto, no te creas que yo podría escribir una biografía mucho más larga.

Bovolo dijo...

Chesana, muy interesante tu propia experiencia... Quizás el artículo te haya ayudado a descubrir algo... Ya contarás!

Golias, gran memoria la tuya. Los síntomas del hombre, ese, eran bastante parecidos a los de Jill. La misma sensación... Ya me contarás si averiguas más detalles!

Ah, gracias al Anónimo por la aclaración ;-)

Un saludo!

Anónimo dijo...

Funes el memorioso, aquí está. http://www.literatura.us/borges/funes.html

Jeshua_Morbus dijo...

Biografía larga... recuerdo en la de Carl Gustav Jung (sólo el principio, la verdad) que este psicoanalista reconocía sólo ser capaz de recordar dos o tres cosas acerca de su vida.

En cuanto a lo de Funes, es un cuento: No tardas en leerlo más de veinte minutos (Borges consideraba a la novela "el arte del relleno").

Bovolo dijo...

Gracias por el link, anónimo.

Además si es cortito, Jeshua, no tengo excusa ;-) Interesante personaje el Carl Gustav Jung, me lo apunto para investigarlo un poquito.

Un saludo!

V. dijo...

Me ha encantado el artículo, sin embargo mis dos recuerdos más tempranos son de cuando tenía un año y medio y dos años, y desgraciadamente mi memoria es un desastre :-) (salvo para los números; soy capaz de memorizar tu dni antes que tu nombre).

Un saludo.

Bovolo dijo...

V, que curioso poder recordar con sólo un año y medio!!

Por cierto, de que tratan esos recuerdos?

Lo de los números le tienes que sacar alguna utilidad... tal vez convertir los nombres de las personas en números. Algo del tipo, 4=A, 7=T... Bueno, faltan algunos números, eso sí ;-)

Un saludo!

Suso dijo...

Hola Bovolo!!

Sinceramente, no envidio en absoluto a la buena de Jill!! Como ella dice, más que una bendición, tiene pinta de ser un tormento!! Nuestro cerebro "olvida" por nuestro bien (mental), no por un fallo en nuestro proceso evolutivo.

Imagínate recordar cuando te salieron los dientes de pequeño!! Ese dolor ahí, latente, en tu memoria... Ni hablar, me quedo como estoy!!!

Buena entrada (como siempre!!) Un abrazo!!

Bovolo dijo...

Gracias, Suso!

Yo también creo lo mismo, aunque puede tener muchas ventajas, como poder recordar algunos buenos momentos del pasado que otros ya hubieran olvidado.

Puede ser, también, bastante menos agradable recordar otros momentos menos felices, como esos que tu cuentas. En especial, si los recuerdos surgen de manera incontrolada. Entonces puede convertirse en una especie de tormento.

Un saludo, majete!

V. dijo...

Hola Bovolo!

En el 2º recuerdo me veo yendo hacia mi madre, que está recostada en una cama, y apoyando la cabeza en su barriga para oír las patadas de mi hermano. Mi hermano y yo nos llevamos 2 años y 4 meses, así que acababa de cumplir los 2.

En el primero tengo más que una experiencia, tengo además el recuerdo de un conocimiento: mi madre aún no estaba embarazada, íbamos caminando por la calle hacia el cine, yo en brazos de mi padre. SÉ que íbamos a ver ET, aunque no me recuerdo viendo ET :-)))

Tengo la impresión de que puedo tener un recuerdo aún más antiguo, de cuando a los bebés se les coge en plan cuna entre los brazos, pero es un flash y podría haber sido un sueño :-)

Jeje, me apuntaré el truco para los nombres! La verdad es que tengo que tirar de reglas nemotécnicas.

Un saludo y felicidades por tu blog, te sigo desde hace muchos meses.

eva_angel_7 dijo...

hola;me llamo evangelina y tambien padezco lo mismo que esta mujer.recuerdo desde el nacimiento de mi hermano que en ese entonces yo tenia 2 años y medio hasta todas las cosas sin importancia de toda mi vida.hoy tengo 32 y mi memoria no deja de sorprenderme.

Bovolo dijo...

Tremendo tus recuerdos, V.

Yo tengo la sensación de poder recordar la cuna... Aunque no lo tengo del todo claro y, además, sería de cuando era más mayor que tú.

Lo de los números espero que te funcione. A mí me pasa a veces, cuando me encuentro con gente, que no recuerdo su nombre. De momento, parece que no es del todo grave porque no me sucede muy a menudo ;-)

Tu caso Eva, muy interesante. ¿Has hablado alguna vez con un especialista? ¿Tu experiencia es similar a la de Jill?

Ya nos contaras...

Un saludo!

Carlos dijo...

Aunque le podría dar un sinfín de provechosas aplicaciones, no se si me gustaría vivir con los recuerdos latentes de muchas cosas dolorosas que el subconsciente -a manera de autoprotección- bloquea.

Pásate por si te apetece Cabo, algo al respecto ;)
http://sentado-frente-al-mundo.blogspot.com/2008/02/omg.html

Saludos desde Quito.

Bovolo dijo...

Vaya la "competencia" de Jill.

Hay que reconocer que el Brad domina mejor las artes escénicas que Jill. Menudo "show"!

Ahora le echo un ojo a tu blog.

Un saludo!

Anónimo dijo...

Me ha resultado curioso y, sin embargo me ha provocado una sensación de agobio tremenda. Suficiente con mi caos mental, con todo, estoy contenta así ^^
Creo que tengo la información que necesito para continuar con mi rutina; lo que no recuerdo no complica mi existencia y lo que sí, supongo que está por alguna razón, aparte de para incordiar.
Tu rincón está lleno de sorpresas, historias que desconocía, datos que ignoraba y me encanta pasear anónima (por cobardía) por aquí, con tu permiso, y darme la oportunidad de observar más allá de mi burbuja.
Un besito de gatiko ^^

Bovolo dijo...

Miau, gatika!

Yo creo que lo peor no es no olvidar, sino que los recuerdos te asalten. Que no puedes dejar de pensar en ello. No?

Encantado que pases un buen rato visitando este mi rinconcito. No te preocupes por lo del anonimato, yo también lo soy ;-)

Espero verte más por aquí ;-)

Vida Dospuntocero dijo...

Me he quedado alucinando leyendo el artículo, parece sacado de una novela del mismisimo Lovecraft.

Bovolo dijo...

Vida2.0, para ser de Lovercraft no tendría que dar más miedo? jajaja!

Aunque es cierto que tener esa memoria debe de quitar más de una noche el sueño ;-)

Un saludo, majete!

Bovolo dijo...

Yo es que tengo la imagen de Lovercraft de los Mitos de Cthulhu, que lo leí cuando era bastante joven... y recuerdo que alguno me impresionó.

Aunque a lo mejor ahora si lo vuelvo a leer... me ha pasado con otros libros.

´´Saray´´ dijo...

Me parece un tema fascinante pero ¡uf! me imagino también lo que habrá sufrido esta señora sobre todo porque los recuerdos la ´´asaltan´´ y ella no tiene control de cuándo y por cuánto tiempo le vendrán a la mente por lo que afectará sus relaciones interpersonales y el día a día de hacer tareas cotidianas.

Debe tener una plasticidad neuronal nunca vista.

Me pregunto si también le habrán hecho pruebas de C.I porque por lo que explicas era una estudiante bastante mediocre y despistada y éso es algo que tienen en común una gran mayoría de mensistas contrario a lo que la gente suele pensar que ´´los super listos destacan siempre en los estudios´´.

Muy bien documentada tu entrada, la verdad.

¡Un saludo! :)

Bovolo dijo...

Bienvenida, Saray!

Pues no encontré ninguna referencia a su CI. Aunque muy probablemente no destacara.

En eso coincidimos, desde luego que lo peor es lo de "asaltarte" que te vengan en cualquier momento y te arruine el día.

Creo que debe ser parecido a cuando tienes un día malo porque no puedes olvidar lo que te ha pasado nada más comenzar.

Lo de mensistas, u otras personas con más CI, lo sabía. Aunque no son todos los casos, pero sí muchos.

Feliz año MMX, Saray! Espero verte por aquí más veces ;-)

Enrique dijo...

El ruso que alguien comentaba por ahi es Luria

"mente de un Mnemonist", por A. R. Luria,

libro referido a un periodista con una capacidad increible.

Bovolo dijo...

Muchas gracias, Enrique, por la reseña.

Estabas en lo cierto, Luria fue el neuropsicólogo que lo trató. El periodista con la super-memoria se llamaba Solomón Shereshevski.

Según parece, presentaba una forma muy fuerte de sinestesia.

Un saludo y bienvenido!

Addax dijo...

¡Muy buena entrada! ¡Excelente! Súper instructiva. Muchas gracias y saludos!

Bovolo dijo...

¡Muchas gracias a ti, Addax! Por tu visita desde recuerdos de pandora ;-)

Ah, ¡bienvenido!

Anónimo dijo...

Que buen artículo!!! Yo que me consideraba con muy buena memoria, pero claro, este caso es patológico. En todo caso, nada envidiable, siempre en la vida hay cosas que uno quisiera nunca más recordar....
Mariela A. Sant Cugat

Bovolo dijo...

Bienvenida, Mariela!

Desde luego que lo de esta mujer no parece envidiable. Debe de ser bonito recordar según que cosas, pero debe de resultar fatal no poder quitarte de la cabeza según que otras.

Un beso, Mariela, y un abrazo para M ;-) Gracias por tu comentario!

Anónimo dijo...

El Ruso estudiado por Luria sufria una fuerte sinestesia. Bastaba que oyera la palabra resfriado y volvia a sentir simultaneamente todas las sensaciones que sintio todas las veces que se habia resfriado en su vida. No se menciona en el libro de Luria pero imágino en que estado se quedaria el pobre tras oir la palabra orgasmo.

Bovolo dijo...

Curiosa forma de sinestasia la de Luria.

Como tú señalas, con muchas posibilidades... jajaja! Lástima de que con la misma facilidad puedan dominarle sensaciones no tan agradables :-(

Saludos!

AnDreA LaKisTa...!!! dijo...

Wooooo...!!

Me gusto mucho este Articulo... Una Vez comence A Leer no Pude Parar....

Sper Sper Interesante :D

El Cerebro Es Lo Mas Poderoso....
Las Ondas Del Pensamiento son Las Ondas Mas Poderosas Del Mundo....

Temas Interesante como La MeMoria Fotografica... El Desdoblamiento... Meditacion.... Dotes de Inteligencia.....

La Verdad El Cerebro Es Algo que Nadie Nunca Podra DeciFrar.....

;]

AnDreA LaKisTa...!!! dijo...

Woooo..

me gusto mucho este articulo... una vez que empece a leerlo no pude parar..

La Verdad Es Algo muy Interesante... Cosas como esta son las que comprueba que el cerebro es un enigma que nadie podrá descifrar..... es lo mas poderoso.... pero 2 de cada 10 personas sabe utilizarlo correctamente a fondo y con gran intensidad......

es algo sumamente interesante.... sabes cuantos dotes.. cuantos enigmas.... cuantas teorías pueden haber sobre lo maravilloso y misterioso que puede llegar a ser el cerebro...!!!

Melina dijo...

Leí medio tarde esto. Pero valió la pena... Es impresionante la capacidad de memorizar que tiene esa mujer. Antes anhelaba tener ese don, pero me puse a reflexionar y tiene sus lados negativos. Muy buen artículo.

Bovolo dijo...

La verdad que, como le pasa a Jill, es un don peligroso.

Estaría bien poder recordar cosas que no queremos olvidar, pero sin la carga de poder olvidar cosas que no queremos recordar.

Bienvenida, Melina!