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jueves, 25 de agosto de 2011

De vacaciones

Después de haber pasado todo el verano al pie del cañón, nos vamos de vacaciones un par de semanas a Turquía. Como siempre, esperamos poder regresar con temas y material para algún que otro post.

Mapa de la Reina de las Ciudades  y Pera en 1422.

Una de las visitas más esperadas del viaje será la de la antigua Constantinopla, aún siendo consciente de que será muy diferente de la ciudad reconstruida en Byzantium1200. Para los que no la conozcáis, se trata de una web que muestra en unos casos como eran y en otros como hubieran sido, de haber conservado la Reina de las Ciudades su esplendor pasado, algunos de sus edificios más importantes en el año 1200.

Entre otros, sus míticas murallas terrestres, las marítimas, la gran Hagia Sophia, la Iglesia de Chora, el Gran Palacio, el de Boukoleon, el de Porphyrogennetos, el espectacular Puerto de Teodosio y muchos más.

Otras veces que hemos hablado de Turquía y de los antiguos imperios otomano y bizantino:
- Los últimos días de Constantinopla
- La Guardia Varega, la guardia vikinga del Emperador
- Fuego Griego, el arma secreta de Bizancio

A los que aún os queden, ¡felices vacaciones!
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martes, 11 de mayo de 2010

La fortaleza natural de Monemvasia

En el suroeste de la península del Peloponeso, se encuentra el conocido como Gibraltar griego, Monemvasia. Un imponente peñón de 1.8 kilómetros de longitud que en el siglo IV quedó separado de la costa a causa de un terremoto. Desde el siglo VI, han sido muchos los que han buscado refugio y los que han intentado apoderarse de la roca. Una fortaleza construida por la naturaleza, como decían los venecianos, que se levanta 300 metros sobre el mar, rodeada de pronunciados precipicios que la convertían en inexpugnable.

Grabado veneciano de 1687. La mayoría de las torres son minaretes.

Según cuenta una crónica del siglo VI, fueron los griegos que huían de las invasiones eslavas y ávaras los que encontraron refugio en “un lugar en la costa, poderoso e inaccesible, donde se asentaron con su propio obispo y al que llamaron Monemvasia porque tenía un único acceso”. Estas invasiones marcaron el comienzo de una época convulsa para el dominio bizantino sobre el Peloponeso –en aquel tiempo conocido como Morea– hasta el punto de que algunas crónicasmuy discutidas– han llegado a sugerir que los invasores eslavos llegaron a constituir su propio estado independiente en la mayor parte de la península.

En otras zonas del imperio, la situación también era complicada. Los ataques ya no se limitaban a las zonas fronterizas y ahora alcanzaban el interior, llegando, incluso, a amenazar Constantinopla. Al mismo tiempo, lo que antes eran incursiones puntuales se fueron transformando en asentamientos permanentes que acabaron dando lugar a auténticos estados independientes y hostiles hacia la autoridad de Bizancio dentro de los supuestos límites del imperio.

Afortunadamente para los bizantinos, a partir del siglo VIII, su imperio comenzó a recuperarse del devastador efecto de todas estas invasiones y los invasores eslavos acabaron siendo expulsados o asimilados. Una vez libre, las calamidades no acabarían para el Peloponeso. En el 747, una epidemia golpeó Monemvasia y devastó la costa este del istmo. Muchas zonas quedaron despobladas, aunque la ciudad se recuperó rápidamente, llegando a superar, incluso, su anterior importancia. En los años siguientes, esta creciente prosperidad no pasó inadvertida para los piratas árabes, que la atacaron en varias ocasiones, aunque ninguno de sus ataques consiguió superar las murallas de la ciudad.

Hagia Sophia. Foto de Frank Kathoefer

La distribución de Monemvasia seguía la típica de una ciudad bizantina fortificada, con una ciudadela en su punto más alto y dos líneas de murallas más abajo que dividían la ciudad en dos: la parte alta y la baja. La zona alta de Monemvasia era el centro administrativo y en ella vivía la aristocracia. La parte baja, situada en una pequeña terraza al borde del mar, era la zona comercial y en ella se encontraban los talleres y las casas de los comerciantes y marineros. Los comercios ocupaban la calle central, como siguen haciendo hoy en día. En la parte suroeste de la isla, fuera de las murallas, también existía un pequeño asentamiento.

Durante el siglo IX, las ciudades bizantinas comenzaron a recuperarse gracias a la restauración del poder central. Fue especialmente próspero el siglo XII. De la mano de la familia imperial de los Commeno, la población y la economía del imperio experimentaron un gran crecimiento. Se fundaron nuevas ciudades y muchas de las ya existentes crecieron o se consolidaron. El crecimiento, además, llegó a las zonas rurales, donde al aumentar las tierras dedicadas al cultivo se produjo un incremento de la producción agrícola.

Todo este crecimiento demográfico y económico atrajo el interés comercial veneciano. El aumento del comercio acabaría trayendo más prosperidad al Imperio. Por su parte, Monemvasia, fue atacada por los normandos de Sicilia en 1147. La ciudad, una vez más, resistió. Mientras, comenzaba a hacerse con una importante flota para defenderse.

A comienzos del siglo XIII, la Cuarta Cruzada conquista el Imperio Bizantino y se hace con casi toda Grecia. Los cruzados francos se apoderaron de casi toda Morea. Monemvasia, sin embargo, fue una de las pocas ciudades que permanecieron bajo poder griego. La ciudad rechazó rendirse y resistió durante casi medio siglo más la presión franca, pero en 1249 se vio obligada a capitular. Lo hizo después de un bloqueo de 3 años al que sometieron la ciudad un contingente de venecianos y francos dirigidos por Guillermo de Villehardouin, y, según cuenta la Crónica de Morea, sólo después de que sus habitantes se hubieran comido hasta las ratas y, por supuesto, los gatos de la ciudad.

Puerta de la ciudad baja. Foto de bovolo

Muros de la ciudad baja. Foto de bovolo

Los francos sólo retendrían la ciudad durante 13 años. En 1262 pasó a formar parte del rescate, junto a las ciudades de Mistra y Maina, que Gillermo II Villehardouin tuvo que pagar por su propia liberación al emperador bizantino Miguel VIII Paleólogo. Una vez recuperada, Monemvasia se convirtió en el punto de desembarco de la tropas imperiales que venían a reforzar el recién creado Despotado de Morea, desde el que partían los ataques bizantinos hacia lo que quedaba del principado franco de Morea . Monemvasia, por su parte, vio como se convertía en una importante base para los piratas dedicados al saqueo de las rutas comerciales venecianas.

En 1293, un año después de que Roger de Lluria atacara la ciudad e incendiara su parte baja, el emperador Andrónico II, emitió una bula por la que el obispado de la ciudad fue elevado al rango de metrópolis, con jurisdicción sobre todo el Peloponeso. También se pusieron en práctica medidas económicas con el objetivo de convertir la ciudad en la capital comercial de la Morea bizantina y, así, competir con las bases comerciales venecianas en Mesenia (en la parte occidental del Peloponeso). Aunque podría ser anterior, se cree que fue durante el reinado de Andrónico II cuando se construyó la iglesia de Hagia Sophia, que es el edificio más importante que se conserva de la parte alta de la ciudad hoy en día.

Andrónico III volvió a ampliar los privilegios concedidos a Monemvasia, eximiendo a sus habitantes de la obligación de pagar impuestos o de realizar trabajos forzados. Además, les concedió el derecho de comerciar libremente con la mayor parte del Imperio. La prosperidad de la ciudad se vio incrementada con el floreciente negocio de la exportación a toda Europa del vino de Malvasia producido en el Peloponeso Oriental y en algunas de las islas Cícladas. Un vino muy apreciado en las cortes europeas de la época.

El principal privilegio que había recibido la ciudad, el poder para elegir sus propios gobernantes, la convirtió en una ciudad casi autónoma respecto a la autoridad centralizada y burocrática de Constantinopla. Sin embargo, esta libertad acabó convirtiéndose en una maldición. Los arcontes de la ciudad fueron unos de los principales culpables del desorden en el que se comenzó a sumir el Despotado de Mistra, precisamente cuando más necesaria era la unidad para luchar contra los turcos.

Pese a todo, en 1442, cuando la conquista otomana parecía, ya, inminente, Teodoro II de Mistra volvió a ratificar los privilegios de la ciudad y renovó el sistema que obligaba a dedicar la herencia de los que murieran sin descendencia a la reparación y refuerzo de las defensas de la ciudad.

Parapeto de la ciudad alta. Foto de bovolo

Después de la caída de Constantinopla en 1453 y la posterior de toda Morea, la única ciudad que quedaba de lo que había sido el todopoderoso Imperio Bizantino era Monemvasia (hasta 1461, a orillas del Mar Negro, sobreviviría el Imperio de Trebisonda, un estado surgido de la descomposición del Imperio Bizantino, justo unas semanas antes de la toma de Constantinopla por la IV Cruzada).

El derrotado Déspota de Morea, Demetrio Paleólogo, se unió al séquito de sultán. Su mujer y su hija, por el contrario, prefirieron buscar refugio en el fortificado peñón. Al poco tiempo, el sultán envió un emir para exigir la sumisión de la ciudad. Las mujeres del traidor le fueron entregadas, pero los habitantes de la ciudad rehusaron rendirse guiados por Manuel Paleólogo, sobrino del déspota y que, tras la traición de este, ocupaba la segunda posición en la línea de sucesión imperial, detrás de su padre Tomás Paleólogo. El emir, por su parte, se retiró sin luchar.

Monemvasia se había quedado sola en su lucha por preservar su independencia frente al enemigo turco. Su primer movimiento fue aceptar como caudillo a un pirata catalán llamado Lupo de Bertagna que, según parece, llevaba unos años por aquellas aguas dedicado a su “oficio”. Fue una mala elección, Bertagna resultó ser un tiránico dictador. Así que tan rápido como lo habían hecho llamar, lo expulsaron. Otra vez sola, en 1460, la ciudad decidió probar la protección del Papado. Sin embargo, la nueva alianza tampoco duraría demasiado. El poder militar y político del Papa resultaba insuficiente frente a la constante presión de los otomanos, por lo que se vio obligado en 1464 a ceder la ciudad a la República de San Marcos, que en aquella época estaba en guerra con los turcos.

Camino de acceso a la ciudad alta. Foto de bovolo

El dominio veneciano trajo consigo un período de paz y prosperidad a Malvasia, como ellos llamaban a la ciudad. Aunque, extrañamente, pocas construcciones se pueden atribuir a este periodo. Bajo su control, el provechoso negocio de la exportación de su vino continuó. Pero en 1540 la Serenissima acabó cediendo la ciudad al Sultán Solimán el Magnífico a cambio de la promesa de un tratado de paz. Fue durante la segunda guerra entre venecianos y turcos, y la pérdida de la ciudad marcó el comienzo del ocaso del imperio veneciano en Levante y el declive de su comercio.

Por su parte, los turcos llevaron a cabo la renovación de las defensas de la ciudad baja. Construyeron la mayor parte de los muros que rodean hoy en día la parte baja de la ciudad. Muy probablemente, después de derribar lo que quedaba de las antiguas murallas bizantinas. También parece que son de esta época la puerta de la parte alta de la ciudad y los parapetos que bordean los precipicios.

En 1554, los nuevos muros resistieron como antes lo habían hecho los antiguos. En este caso, fueron los Caballeros de Malta los que intentaron recuperar la ciudad para la Cristiandad. No lo consiguieron y, aparentemente, la población de la ciudad no mostró demasiado interés por ayudar ni aliarse con sus supuestos libertadores.

Un siglo después, lo intentaron los venecianos. Lo probaron en 1653, 1654 y 1655, sin éxito. Lo volvieron a probar en 1687, durante la Guerra de Morea, cuando ya todo el Peloponeso estaba en sus manos y Monemvasia era la única ciudad que se les resistía, tampoco lo consiguieron y prefirieron continuar con sus conquistas más al norte del istmo.


Muros marítimos. Foto 1 2 de bovolo

En 1689, abandonada su expansión hacia el norte, la República de Venecia volvió a poner sus ojos en aquella molesta mancha en la Morea veneciana que era Monemvasia. Los venecianos decidieron someter a la ciudad a un bloqueo naval y construyeron dos fuertes, uno delante del puente de 23 ojos que unía la ciudad con la costa, y otro, más al sur, desde el que se dominaba la ciudad baja. Desde ambas posiciones los venecianos bombardeaban las posiciones turcas. En varias ocasiones, los venecianos intentaron tomar la ciudad. Una de ellas atacando con brulotes los muros de la ciudad baja. No tuvieron éxito y el capitán veneciano prefirió esperar a que el bloqueo surtiera efecto a continuar arriesgando más vidas.

Con el paso del tiempo y la llegada de más refuerzos, los venecianos volvieron a pasar al ataque. Tomaron posiciones en la isla y lo volvieron a intentar. Pese a los esfuerzos, no consiguieron grandes avances y entre los capitanes venecianos comenzó a cundir la duda de si tenía algún sentido tomar el Borgo (la ciudad baja), pues, aunque este cayera, tomar la fortaleza superior (el Castello) seguiría siendo una misión casi imposible.

La única manera de acceder a la parte alta era siguiendo un escarpado y zigzagueante camino que partía desde el Borgo. En este camino, que era interrumpido por varios muros, no había espacio para situar artillería, cavar trincheras o construir fortificaciones, por lo que los atacantes estaban a merced de las piedras o proyectiles que los defensores les arrojaran desde arriba.

Calle principal del Borgo. Foto original de bovolo

Campanario en el Borgo. Foto de bovolo

Gracias a las paredes naturales que bordeaban el Castello, esta parte de la ciudad no necesitaba unas fortificaciones muy contundentes, le bastaba con unos muros bastante bajos y, en algunos flancos, ni tan siquiera eso. Por su parte, las murallas que protegían el Borgo no llegaban hasta las fortificaciones superiores. Se limitaban a llegar hasta los flancos verticales de la roca. Parecía difícil que alguien pudiera trepar por aquellos muros naturales, ni siquiera lo turcos, que tenían fama de buenos escaladores.

Abandonada la idea de atacar la ciudad baja, los venecianos y sus aliados comenzaron a retirarse a tierra firme a esperar que el hambre debilitara la voluntad de los defensores de la ciudad. Fue entonces cuando un comandante de artillería veneciano aseguró que las piezas de artillería de los turcos eran poco potentes, especialmente ahora que cada vez les quedaba menos pólvora. El comandante propuso construir trincheras a menos de 50 metros de las murallas de la ciudad desde las que bombardearlas en colaboración con la artillería de las galeras.

El plan surtió efecto. Los turcos, para entonces ya muy debilitados por el hambre, se asustaron por el progreso de los movimientos de los venecianos y no demasiado convencidos de la resistencia de sus muros defensivos, que no eran especialmente gruesos, prefirieron negociar y acabaron rindiendo la ciudad el 12 de abril de 1690. 1.200 turcos, 300 de los cuales eran soldados, abandonaron la ciudad y entregaron a los venecianos 78 cañones junto con todos los esclavos y renegados cristianos. Después de 14 meses, Monemvasia era veneciana y la conquista de Morea, completa. En los años posteriores, la República repobló toda la zona con colonos albaneses.

Ruinas del Castello. Foto 1 2 de bovolo

Después del sitio, los venecianos repararon los muros que habían resultado dañados por sus bombardeos, pero parece que no hicieron ninguna otra mejora o ampliación de las defensas de la ciudad. Como solían decir, la naturaleza había construido la fortaleza y poco había que hacer para reforzarla.

Esta vez, sin embargo, el dominio veneciano duraría tan sólo 25 años. Durante el verano del 1715 un ejército turco avanzó hacia la ciudad. Esta vez, para evitar otro sitio, los venecianos prefirieron negociar. Finalmente, a cambio de una importante suma de dinero, entregaron la ciudad.

Durante este nuevo período de dominación turca, la ciudad continuó su particular decadencia. Durante la Guerra Ruso-Turca de 1768-1774, en 1770, la población albanesa y griega se levantó contra los ocupantes turcos, fue la Revuelta Orlov. Sin embargo, los turcos consiguieron aplacarla y la reprimieron con tal dureza y ferocidad que muchos griegos decidieron huir. En 1805, de las 350 casas de Monemvasia, sólo 3 las ocupaban familias griegas.

En 1821, durante la Guerra de Independencia Griega, Monemvasia, la última fortaleza que sus antepasados habían rendido a los turcos, se convirtió en la primera fortificación que los griegos recuperaron. Como siempre, la única forma de que los ocupantes de la roca se rindieran fue esperar a que se les acabara la comida después de un sitio de cuatro meses. De esta manera, el 1 de agosto, Tzannetakis Grigorakis entraba en la ciudad al mando de su propio ejército privado. Tras la toma, algunas de las familias griegas que habían huido en 1770 volvieron a la ciudad, pero, pese a este retorno, la ciudad no recuperó la gloria ni la importancia pasada.

Panorámica de Monemvasia. Foto de bovolo

En 1911, el último habitante abandonó la parte alta de la ciudad, que hoy en día, y a excepción de un par de edificios y de los muros que la rodean, es sólo una gran extensión de ruinas. La parte baja también fue perdiendo habitantes y en 1971 su población llegó a su mínimo, 32 habitantes. La vida y la actividad se fueron trasladando poco a poco al otro lado del puente, donde entorno a un pequeño puerto ha ido surgiendo Gefira. Pese a todo, en los últimos tiempos, y gracias al turismo, la población de la ciudad vieja se ha ido recuperando. Gentes provenientes del resto de Grecia o, incluso, del extranjero han comenzado a reconstruir sus antiguas casas y, en 2001, eran ya 90 los residentes permanentes.

PS: Se dice que en la parte alta de la ciudad había campos de maíz para alimentar hasta a 30 hombres.

Las fotos son del pasado verano, que tuve la suerte de poder visitar Monemvasia. Más fotos en panoramio

Enlace permanente a La fortaleza natural de Monemvasia

+posts:
- Chozoviotissa, el monasterio de una sola pared
- Monte Athos, el jardín de la Virgen María
- El monasterio imposible de Skellig Michael
- Los últimos días de Constantinopla
- Tavolara, el que fue el reino más pequeño del mundo

+info:
- Castles of the Morea by Kevin Andrews, Glenn R. Bugh in google books (pág 196)
- Monemvasia in en.wikipedia.org
- Malvasia in Venetian Fortresses in Greece by Roberto Piperno
- Monemvasia – The Town and its History by Rainer W. Klaus and Ulrich Steinmuller, extracto en monemvasia-online
- A History of the Crusades: The fourteenth and fifteenth centuries by Kennth Meyer, Harry W. Hazard en google books
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viernes, 29 de mayo de 2009

Hace un año en este blog, hace 556 en Constantinopla

Tal día como hoy del 1453, los defensores de Constantinopla ocupaban sus puestos en las murallas, preparados para resistir el que sería el asalto final de los otomanos sobre su ciudad. Una fanfarria de trompetas y un redoble de tambores marcaron su inicio cuando aún era de madrugada. El honor de ser los primeros en marchar sobre la ciudad cayó sobre los Bashi-bazouk, un cuerpo de mercenarios en el que aparte de turcos, eslavos o italianos, había también griegos. Su única paga sería el botín que pudieran conseguir durante el saqueo, en caso de victoria...


Seguir leyendo “El día del fin para Constantinopla” . O lo que pasó los días anteriores, “Los últimos días de Constantinopla”.

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lunes, 14 de julio de 2008

San Simeón el Estilita, la vida en lo alto de una columna

Simeón el Estilita fue un santo anacoreta diferente, pues a la edad de 32 años se subió a lo alto de una columna (stylos en griego) de la cual no volvería a bajar durante los 37 años siguientes hasta acabar sus días. En lo alto de la columna pudo encontrar la tranquilidad que no encontró cuando años antes se había ido a vivir a una cueva en el desierto a la que se hizo encadenar. Sin embargo allí la visita constante de peregrinos no le dejó dedicarse a su vida de oración y sacrificio, fue en este momento cuando ideó este nuevo modo de vivir totalmente nuevo y diferente, que crearía escuela y que hizo de él una figura admirada en todo el mundo conocido.

Simeón nació en el año 390 en Sisan cerca de Tarso, en la actual Siria. De niño fue pastor de ovejas hasta que un día en la iglesia se entusiasmó al oír el sermón de la montaña de las bienaventuranzas: "dichosos serán los pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos, dichosos los puros de corazón porque ellos verán a Dios". Decidido a llevar una vida acorde con ellas decidió ingresar en un monasterio.

Así a los 15 años pudo cumplir su deseo y entró en uno. Estando allí en una ocasión, durante la Cuaresma decidió imitar a Jesús y pasar sus 40 días ayunando. Tras consultar a un monje más anciano se convenció que lo podría resistir, pues según este un hombre podía aguantar hasta 55 días sin comer. Cuenta la tradición que durante esta cuaresma rezó 14 días de pie, después 14 sentado y los últimos días acostado debido a la debilidad. El domingo de Resurrección fue encontrado desmayado en el suelo por el abad del monasterio, que encontró los panes y el agua que le habían llevado desde el monasterio a su lado sin tocar. Hay que decir que el Sabbath no se cuenta dentro de la Cuaresma por lo tanto aquellos que ayunan si que pueden comer.

Tras conseguir reanimarlo el abad del monasterio descubrió que llevaba una forma primitiva de cilicio incrustada en su cintura, se dice que fue el propio Simeón su inventor. El abad no lo consideró adecuado, pues creía que una penitencia tan extrema podía llevar al resto de los hermanos a exagerar sus mortificaciones así que le invitó a abandonar el monasterio.

Después de la Cuaresma se fue a una pequeña cueva en el desierto en la que pretendía permanecer prisionero el resto de su vida, en un primer momento se mandó encadenar para evitar la tentación de volverse a la ciudad, aunque más tarde como medida de humildad mandaría retirar la cadena. En estos momentos era ya un personaje conocido y el flujo de peregrinos a su cueva para pedir su bendición y consejo era constante.

Fue en este momento cuando se subió a su columna, incapaz de escapar del mundo horizontalmente lo intentó verticalmente. La primera columna en la que vivió era de sólo 3 metros, la segunda sería de 7, pero como aún la gente trataba de subirse a ella, hizo levantar la que sería la definitiva de 17 metros. En lo alto de columna había una pequeña plataforma y algo parecido a una balaustrada para no caerse, pero no había nada más que le protegiera del sol, el agua, a las tormentas o el viento.

Se cuenta que sólo comía una vez por semana. La mayor parte del día y la noche la pasaba rezando y un sacerdote le llevaba la Comunión a diario. Su peculiar modo de vivir encima de una columna sin duda impresionó sus contemporáneos y su fama se extendió por toda Europa. Las gentes acudían desde lugares lejanos en masa buscando su consejo y él les predicaba dos veces por día a la vez que resolvía pleitos entre los que estaban peleados. Cuenta la tradición que Simeón no permitía a ninguna mujer acercarse al pilar, ni siquiera su propia madre.

En lo alto de la columna tuvo que pasar muchas pruebas, desde gente que acudía a insultarlo para probar su paciencia, hasta críticos que consideraban que su peculiar modo de vida era un simple capricho y no un intento de búsqueda de la santidad. Una delegación de estos críticos acudió a su columna y le exigieron que descendiera, Simeón sabiendo que sin obediencia no hay santidad se dispuso a seguir sus órdenes pero no fue necesario que bajara pues al ver su docilidad los Obispos le rogaron que permaneciera arriba.

Su fama se extendía y se dice que el Emperador Theodosio y su mujer Eudocia acudieron a oír sus consejos, también se comenta que mantenía correspondencia con San Genoveva de París o con el Emperador Bizantino Leo al que aconsejaba sobre concilios y reformas. Simeón no perdía el contacto con el mundo, es más cuanto más alta era su columna más gente acudía a verlo, ya no sólo peregrinos sino también gentes atraídas por la curiosidad. A algunos de estos visitantes se les permitía subir a su columna por medio de una escalera cada tarde para pedir consejo.

Contrario a lo que se pueda creer, debido a la austeridad que el santo se exigía a si mismo, sus prédicas transmitían moderación y compasión, y estaban fuertemente marcadas por el sentido común y la huida del fanatismo.

Murió algún día del año 459, mientras rezaba arrodillado, su muerte causó un disputa entre Antioquía y Constantinopla por su reliquias, acabando estas al final en Antioquía, donde se construyó un gran edificio en su honor (su superficie total era similar a la Santa Sofía en Constantinopla), compuesto por cuatro basílicas dispuestas en torno a un patio donde se encontraba la base de la columna de San Simeón. Las ruinas de este edificio con conocidas en árabe como Qal at Siman (la Mansión de Simeón) y aún se pueden visitar.

Para su muerte Simeón ya contaba con cientos de seguidores, durante los siglos V, VI y VII la práctica de los estilitas fue bastante popular, especialmente en el Oriente Bizantino aunque teniendo poco éxito en Occidente. La práctica volvería a ganar popularidad durante los siglos X y XI. Para una ciudad o pueblo, contar con un estilita era una cuestión de orgullo, a veces una ciudad tenía varios al mismo tiempo, o una columna que era ocupada por un anacoreta tras otro. Una veces en lo alto de la columna tenían como una pequeña caseta y otras la plataforma era más parecida a un nido sin tejado. Muchos tenían discípulos que vivían cerca o alguna persona que se hacía cargo de sus necesidades y controlaba el flujo de peregrinos, la vida de muchos de estos estilitas si bien dura no sería tan austera como la de Simeón. Entre los estilitas no sólo había hombres sino mujeres.

El último caso del que se tiene constancia sería en 1461 en Rusia, aunque hoy en día hay gente se sigue subiendo a plataformas por motivos más mundanos, existiendo una prueba de resistencia llamada Pole-sitting el récord de la cuál lo tiene Daniel Baraniuk de Polonia, que se sentó en una plataforma algo más pequeña que una televisión (16 por 25 pulgadas) durante 196 días en el 2002 (con pausas cada dos horas), a 2.5 metros de altura.

Gran parte de lo que sabemos de Simeón y su vida nos ha llegado a través de Teodoreto de Ciro un escriba y teólogo contemporáneo del santo que documentó su vida, aunque obviamente algunos detalles sean resultado de la mezcla de realidad y tradición.

*foto 1: Icono en que se puede ver el capítulo de la vida de Simeón bajando y volviendo a subir en obediencia a los obispos
*foto 2: Ruinas de la Iglesia de San Simeón el Estilita, vídeo en youtube.com sobre el este monasterio
*foto 3: La columna de San Simeón


posts relacionados:
- Las iglesias excavadas del Jerusalem etíope
- Monte Athos, el jardín de la Virgen María
- Santa Catalina del Monte Sinaí, el monasterio bajo protección de Mahoma
- Rapustin, santo o demonio?

+info:
- Simeon Stylites in es.wikipedia.org
- San Simeón Estilita en EWTN Fe
- Stylites in en.wikipedia.org
- Qalaat Samaan and the Dead Cities by Carol Miller in Syria Gate
- He Dug Deeper and Ended Up High by Margaret Visser
- Vídeo en youtube.com sobre el Monasterio de San Simeón Leer más »

jueves, 29 de mayo de 2008

El día del fin para Constantinopla

Leer antes Los últimos días de Constantinopla

Tal día como hoy, un 29 de Mayo, hace 555 años, en el 1453, los defensores de Constantinopla ocupaban sus puestos en las murallas, preparados para resistir el que sería el asalto final de los otomanos sobre su ciudad. Una fanfarria de trompetas y un redoble de tambores marcó su inicio cuando aún era de madrugada. El honor de ser los primeros en marchar sobre la ciudad cayó sobre los Bashi-bazouk un cuerpo de mercenarios en el que aparte de turcos, eslavos o italianos también se contaban griegos. Su única paga sería el botín que pudieran conseguir durante el saqueo en caso de victoria.

El Sultán pretendía aprovechar su superioridad numérica para superar la resistencia de los defensores. Así había preparado una serie de ataques en cadena para agotar las fuerzas de los defensores. A su vez los ataques no se producirían en un sólo punto, sino que los muros serían atacados desde varios puntos a la vez, lo cual obligaría a los defensores a repartir sus fuerzas a lo largo de las murallas.

El grueso de los ataques se concentró en el punto más débil de los muros terrestres, Mesoteichion, sobre el que también disparaban los cañones otomanos. El primer asalto que duró más de dos horas, tal como se esperaba, no logró vencer la resistencia de Giustiniani y sus hombres acompañados de los mejores soldados griegos, que defendían ese punto crítico, pero si había conseguido dejar a los defensores exhaustos y con poca munición.

Tras la retirada de los Bashi-Bazouk empezó el segundo asalto, esta vez por parte de soldados de la Anatolia, que fue seguido por un tercero, el de los jenízaros, la fuerza de élite del ejército otomano, tal vez la mejor infantería de la época. El asalto parecía un flujo continuo de atacantes, que parecían venir de todos los lados con arietes, catapultas, cañones... que hicieron que al final secciones de los muros empezaran a ceder. Los primeros en conseguir atravesarlos fue un grupo liderado por Ulubatli Hasan, que consiguió hacerse fuerte en una torre de la parte noroeste de la muralla de la ciudad y colocar allí su bandera. Aunque no consiguieron penetrar en la ciudad, por lo que aunque esta acción supuso un buen golpe en la moral de los defensores, ni mucho menos fue decisivo.

Mientras, Constantino y Giustiniani dirigían los defensores situados en el espacio entre el muro exterior y el interior en la zona de la puerta de Kerkoporta. Genoveses y griegos luchaban juntos hasta que Giustiniani fue herido de gravedad, teniendo que ser evacuado de manera apresurada a un barco. Los intentos del Emperador de convencerlo para que no abandonara el campo de batalla resultaron inútiles. Su evacuación causó momentos de confusión y tal como había temido Constantino, sus hombres huyeron tras él. De esta manera los bizantinos quedaron solos defendiendo el muro exterior.

Los turcos viendo este desconcierto decidieron atacar con más fuerza, quedando los defensores rodeados y viéndose superados decidieron huir por la pequeña puerta de Kerkoporta, que antes había sido usada para evacuar a Giustianiani, pero fueron masacrados y la puerta quedó abierta. Unos cuantos soldados turcos aprovecharon la ocasión y consiguieron entrar por ella y abrieron las puertas principales desde dentro. Hay otras versiones un tanto contradictorias para explicar porque la puerta estaba abierta, desde que fue por un mero descuido o una traición.

Se dice que el Emperador Constantino sin escuchar las súplicas de sus consejeros que le imploraban que se salvara, lideró la última carga contra los turcos luchando hasta el final tal como había prometido a Mehmed II en la puerta de San Romanus, donde fue visto vivo por última vez. Se desconoce con exactitud que le ocurrió, algunos cronistas afirman que su cadáver fue decapitado y su cabeza fue paseada por la ciudad. Otros sostienen que fue enterrado con honores en Constantinopla, mientras que otros afirman que los turcos fueron incapaces jamás de reconocer su cadáver y habría sido enterrado de forma anónima en una fosa común, lo cual no sería de extrañar pues el Emperador conociendo el deseo de los turcos de capturarlo podría haberse despojado de sus ropajes reales y haber luchado hasta el final vestido como un defensor cualquiera.

La muerte del último emperador bizantino también sirvió de inspiración a numerosos relatos y leyendas, una de ellas nos cuenta que un ángel lo rescató justo cuando los otomanos entraron en la ciudad, convirtiéndolo en un estatua de mármol que colocó en una cueva, donde espera un día volver a la vida. Otros prefirieron creer que no habría muerto sino que seguiría vivo, lo cuál alentaba las esperanzas que un día la ciudad volviera a manos cristianas. En cualquier caso se cree bastante probable que muriera en el frente, pese a que nadie de su entorno sobrevivió para relatar los últimos momentos del último Emperador.

Giustiniani también moriría días más tarde en la isla de Quíos, isla en la que se encontraba anclada la prometida escuadra veneciana esperando los vientos favorables que nunca llegaron. Algunos cronistas venecianos, anti-genoveses, intentaron manchar su memoria diciendo que simplemente había huido por cobardía lo cuál generó un cierto conflicto diplomático entre Génova y Venecia.

En la ciudad sin su emperador y sin el líder genovés, algunos grupos aislados aún intentaban resistir luchando de manera desesperada y heroica, como fue el caso una compañía de marineros de Creta, que resistieron en tres torres cerca de la entrada del Cuerno de Oro hasta bien entrada la tarde. Cuentan, que los turcos en reconocimiento a este comportamiento heroico les permitieron abandonar la ciudad libres.

Pero toda la resistencia fue inútil, y la misma tarde del 29 el Sultán Mehmed II hizo su entrada triunfal en la ciudad. Delante de él había enviado una guardia para proteger los edificios más importantes de la ciudad, pues no quería establecer su nueva capital sobre una ciudad en ruinas. Cuando este ejército llegó a Santa Sofía, se encontraron con una multitud desesperada encerrada buscando la última protección divina. Cuenta otra leyenda que al entrar los primeros soldados en la catedral, dos sacerdotes que estaban dirigiendo la eucaristía desaparecieron repentinamente, pero sólo hasta el día que Constantinopla vuelva a manos cristianas, aquel día volverán.

Sea leyenda o no, el resto de la congregación no corrió la misma suerte, sino que fueron separados en grupos buscando primero los jóvenes, los ricos y las mujeres hermosas, otros como los viejos y algunos niños fueron ejecutados en el acto. Por toda la ciudad se podían ver los soldados entregados al saqueo llegando a pelear unos con otros por mujeres o por el botín.

También ese mismo día 29, la catedral de Santa Sofia fue convertida en mezquita. La ahora mezquita, antes catedral, escapó del saqueo al que se sometió la ciudad. En un inicio este saqueo tenía que alargarse durante tres días, sin embargo Mehmed cambió de opinión tras ver que los destrozos de sus tropas y sólo duró 24 horas. Lamentablemente para entonces la mitad de los 50,000 habitantes que había en la ciudad ya habían sido violados, asesinados o esclavizados. Los que aún permanecían libres recibieron autorización para continuar residiendo en la ciudad, pero bajo la autoridad espiritual de un nuevo patriarca designado por el sultán.

Tras la caída de la ciudad, sobrevivieron unos años más un par de enclaves bizantinos aislados. Uno de ellos fue la fortaleza de Mystras en el Peloponeso, donde los hermanos de Constantino, Tomás y Demetrio gobernarían enfrentados el uno con el otro hasta 1460, año en que también fue tomada por Mehmed. La última porción de Bizancio en caer, sería el Imperio de Trebisonda, un estado bizantino independiente en la costa del Mar Negro, que nació después de la Cuarta Cruzada y sobrevivió hasta el 1461.

Muchos historiadores consideran la caída de Constantinopla como el evento que marcó el final de la Edad Media y propicio el inicio del Renacimiento, en parte debido a la huida hacia Occidente, en especial Italia, de muchos griegos con sus conocimientos y documentos. Los que optaron por quedarse en la ciudad se concentraron en los distritos de Phanar y Galata. Algunos de ellos llegaron a ocupar importantes puestos de consejero de los sultanes y precisamente por eso eran visto por otros griegos como unos traidores.

La caída supuso la desaparición del último vestigio del Imperio Romano y causó una gran conmoción en Occidente, pues se temía que fuera el principio del fin del cristianismo. Por lo que el Papa llamó a un contra-ataque inmediato en forma de cruzada pero unas naciones por falta de recursos otras por conveniencia declinaron participar. Con Constantinopla y el Bósforo bajo dominio musulmán el comercio entre Europa y Asia declinaría súbitamente hasta el descubrimiento de rutas alternativas por parte de españoles y portugueses.

La muerte del Imperio Bizantino supuso el nacimiento de otro imperio, el Otomano.

PS: Como curiosidad, muchos griegos aún consideran el Martes, el día de la semana que Constantinopla cayó, como el día más desafortunado de la semana.

*foto 1: Sitio de Constantinopla, de un manuscrito del siglo XV por Jean Chartier
*foto 2: Constantino XI, el último Emperador Bizantino
*foto 3: Porta Charisiou, Puerta de Charisius, por donde el Sultán Mehmed II entró en la ciudad


post relacionados:
- Fuego Bizantino, el arma secreta del Imperio
- Guardia Varega, los vikingos al servicio del Emperador Bizantino

+info:
- Caída de Constantinopla en es.wikipedia.org
- Fall of Constantinople in en.wikipedia.org
- Walls of Constantinople in en.wikipedia.org
- The Siege of Constantinople por Ralph Vickers
- The Fall os Constantinople por Donald M. Nicol
- The Siege of Constantinople, according to Nicolo Barbaro
- Byzantium: Constantine XI and the Fall of Constantinople in BBC Leer más »

domingo, 25 de mayo de 2008

Los últimos días de Constantinopla

La noche del 24 de Mayo del 1453, la Luna, el símbolo de Constantinopla, desapareció del cielo de la ciudad durante más de tres horas a causa de un eclipse, trayendo a la memoria de los bizantinos sitiados una antigua profecía de Constantino, el fundador de la ciudad, según la cual la ciudad sólo sobreviviría mientras la Luna brillase en el cielo. Este sólo sería el primero de una serie de malos augurios, que acabaría cuatro días más tarde cuando toda la ciudad fue cubierta por una niebla. Al anochecer, cuando la niebla se desvaneció, se podía ver la cúpula de Santa Sofía envuelta en un extraño resplandor. Algunos de los habitantes de la ciudad creyeron ver en este efecto óptico al Espíritu Santo abandonando la Catedral, mientras que los turcos, que sitiaban Constantinopla desde hacía más de seis semanas, miraban el resplandor convencidos de que era el signo definitivo de que en breve la Fe Verdadera brillaría desde esa iglesia a todo el mundo.

Durante el siglo XIV Constantinopla había sufrido varios sitios por parte de los Otomanos, pero había conseguido salir victoriosa de todos ellos en parte gracias a sus poderosas murallas, en sus más de 1.100 años de existencia la ciudad sólo había sido capturada una vez, durante la Cuarta Cruzada en 1204.

La ciudad situada a la orilla del Cuerno de Oro en el Estrecho del Bósforo, contaba con unas impresionantes murallas terrestres. Que se empezaron a construir en el 324 bajo el mandato de Constantino el Grande que fue el que estableció la capital del imperio en la ciudad. Posteriormente bajo el reinado del Emperador Theodosio II, se procedió a construir una nueva muralla, esta compuesta por un muro interior separado de unos 15 metros de otro más exterior por un foso. El muro interior era una estructura sólida de 5 metros de grosor y de unos 12 de alto. El exterior era de menor grosor y altura, 2m de grosor por unos 8 de alto. Ambos muros contaban con torres cada cierta distancia para reforzar la muralla.

Sin embargo, los muros del litoral no eran tan seguros como los terrestres, como se había demostrado durante la Cuarta Cruzada, cuando los venecianos penetraron en la ciudad a través de ellos. Para evitar las incursiones marinas y reforzar la seguridad esta línea de defensas, una pesada y descomunal cadena de hierro cerraba el Cuerno de Oro. De esta manera los barcos sólo podían entrar con la autorización de los guardias bizantinos.

Con la intención de reforzar el Imperio ante la cada vez más inminente amenaza turca, el penúltimo emperador bizantino, Juan VIII, intentó aproximarse a Roma y unir ambas Iglesias, pero estos intentos provocaron tumultos entre la población y división dentro de la propia Iglesia Bizantina, por lo que dicha unión jamás se llevó a cabo. Sería el sucesor de Juan VIII, su hermano Constantino XI, quien viendo la amenaza turca ya definitiva, intentara de manera desesperada conseguir apoyos en Occidente prometiendo llevar a cabo la unión de las dos iglesias.

La situación era grave, los otomanos cada vez estaban más cerca de los muros de la ciudad y habían construido fortalezas a ambos lados del Estrecho del Bósforo, con lo que su control sobre los barcos que atravesaban dicho estrecho era total, pudiendo bloquear la ruta de las colonias genovesas del Mar Negro hacia la ciudad, una ruta que había sido clave en la superación de los anteriores sitios.

Ante esta situación, el Emperador intentó atraer la ayuda de los monarcas europeos, a cambio de grandes contrapartidas, pero sólo reunió el apoyo de venecianos, genoveses y del Papa. Pese a ello la dimensión de los bandos era totalmente desproporcionada, la ciudad apenas llegaba a los 50.000 habitantes (en su máximo esplendor en el siglo V había llegado a los 500.000) y apenas contaba con 7.000 soldados para su defensa, aunque eso sí, bien equipados. Mientras, el ejército turco contaba con 100.000 soldados, de los cuales 80.000 eran profesionales. Pese al escaso apoyo por parte de los reyes de Occidente, algunas personas acudieron por su cuenta y riesgo en ayuda de la ciudad, como fue el caso del capitán genovés Giovanni Giustiniani.

Giustiniani era un fervoroso católico, miembro de una de las más poderosas familias de Génova. Además era considerado por su contemporáneos como uno de los mayores expertos en defensa de ciudades amuralladas. Giustiniani organizó y financió por su cuenta, una expedición de 700 soldados y se presentó en Constantinopla el 31 de Enero de 1453 para defenderla. A su llegada fue puesto al frente de la defensa terrestre de la ciudad y se convirtió en un personaje clave en la resistencia de la ciudad, que además consiguió que venecianos, genoveses y griegos trabajaran juntos, en vez de discutir entre ellos.

El sultán también contó con ayuda externa, en este caso la de un ingeniero húngaro llamado Urbano que tras ofrecer sus servicios sin éxito al emperador bizantino, acabó trabajando para el sultán, para el que fabricaría los cañones de sus fortalezas y la "gran bombarda", un cañón de nueve metros de longitud capaz de disparar piedras de granito de más de 680kg a más de una milla de distancia. Con un disparo de este super-cañón el 7 de Abril se inició oficialmente el sitio.

Los cronistas de la época creían que las murallas eran infranqueables, y de hecho la historia había demostrado que con suficientes defensores así era. Pero esta vez lo atacantes contaban con artillería y los muros no habían sido pensados para soportar los ataques de esta, por lo que los muros empezaron a ceder en menos de una semana.

Pese a lo devastador de sus proyectiles, la "gran bombarda" era un cañón impreciso y muy lento de cargar, se necesitaban unas 3 horas. Lo cuál permitía que cada noche los bizantinos tuvieran tiempo suficiente para reparar los daños producidos durante el día en sus muros. Los bizantinos también contaban con cañones, aunque de menor tamaño y su uso era limitado, porque el propio retroceso de estos tendía a dañar los muros.

El 22 de Abril, el general turco Zaganos Pasha, ante la imposibilidad de atravesar la cadena que cerraba el Cuerno de Oro, ordenó la construcción de un camino de rodadura al norte de Galata, por donde sus navíos podrían ser empujados por tierra, evitando la gran barrera. Con los navíos situados en frente de la ciudad dentro del Cuerno de Oro, se cortaron los tan necesarios suministros de la vecina colonia genovesa de Galata situada al otro lado del cuerno. Moralmente, la visión de los barcos turcos en frente de la ciudad fue un golpe muy importante para los defensores.

Los días seguían y los bombardeos continuaban desde los dos frentes, aunque los enfrentamientos directos entre soldados bizantinos y otomanos no eran muy habituales. Los intentos de asalto por parte de los turcos con torres de asedio fracasaban, al igual que los intentos de cavar túneles por debajo de las murallas, que eran repelidos por los bizantinos que contraatacaban con otros túneles desde los cuales sorprendían a los atacantes con fuego y agua.

Pero la situación era cada vez más crítica, los soldados y la mano de obra estaba cansada y los recursos escaseaban. El mismo Emperador Constantino XI en persona coordinaba las defensas e inspeccionaba las murallas, lo cuál animaba a las tropas. Pero fue con la llegada de los malos presagios que el desánimo empezó a cundir, el eclipse lunar fue sólo el primero, pero al día siguiente durante una procesión para pedir la intercesión de la Virgen María, uno de los iconos más sagrados de la ciudad cayó de su marco al suelo, la desconcertada procesión continuó sólo hasta el momento que una repentina tormenta de granizo convirtió las calles de la ciudad en torrentes. Si no fuera suficiente con los presagios, los navíos prometidos por los venecianos parecían no llegar nunca.

Sin ser ni mucho menos tan graves, los turcos también tenían su problemas, mantener un ejército de 100.000 hombres era caro y entre los oficiales se empezaba a dudar de las estrategias del Sultán. Así el Sultán llegó a ofrecer la posibilidad de perdonar la vida de los cristianos si estos entregaban la ciudad o incluso llegar a levantar el cerco a cambio de un tributo. Pero Constantino se vio forzado a rechazar la oferta por que las arcas del imperio estaban vacías desde los tiempos de la Cuarta Cruzada.

El día 28 fue día de descanso y preparación para el asalto final, que se llevaría a cabo a la mañana siguiente, el 29, una fecha que los astrólogos del Sultán habían profetizado como nefasta para los "infieles". El día 28 por primera vez en los últimos dos meses, no se oyó el ruido de los cañones. Sólo se oía el ruido atronador de las campanas de todas las iglesias de Constantinopla que tocaron durante todo el día para levantar la moral. Mientras, iconos y reliquias eran llevadas en procesión alrededor de las murallas de la ciudad. Ese día Emperador y pueblo (católicos y ortodoxos), rezaron juntos por última vez en Santa Sofía, incluso clérigos que habían jurado no volver a pisar la catedral hasta que no se limpiará de la polución romana acudieron.

continuación: El día del fin para Constantinopla

*foto 1: Mapa de Constantinopla y sus muros durante el período bizantino.
*foto 2: Vista de las murallas de Theodosio

*foto 3: Asedio de Constantinopla, pintura de 1499
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miércoles, 20 de febrero de 2008

Guardia Varega, los vikingos al servicio del Emperador Bizantino

En el Imperio Bizantino las lealtades de la gente iban de un líder a otro de manera habitual, o lo que era lo mismo, de un usurpador a otro. Ante la poca confianza que le despertaban sus propios siervos, el emperador Basileo II se vio forzado a reclutar su guardia personal no entre los propios bizantino sino entre los varegos, la que se convertiría en la guardia de élite del imperio la Guardia Varega, la que según muchos sería las tropa más fiel y leal de todas las bizantinas, la guardia de los "bárbaros con hachas".

Los varegos o varengos, eran una tribu escandinava procedente del actual territorio de Suecia y Dinamarca, que migraron hacia el sudeste a lo que actualmente es Rusia, Bielorusia y Ucrania. Se dedicaban al comercio, a la piratería y a actividades mercenarias, actuando en los puertos fluviales de Rusia, llegando al Mar Caspio y Constantinopla. Su nombre Varingjar podría significar en nórdico antiguo "promesa, palabra de honor". Los varegos llevaban comerciando en el Báltico desde el siglo VII pero fue en el año 839 cuando aparecieron en el mundo bizantino como mercenarios contratados por el emperador Teófilo, quien negoció con los que los bizantinos llamaban Rhos (Rus) para abastecerse de soldados para su ejército.

En el 860 lanzaron su primer ataque sobre Constantinopla, aunque fue un fracaso. Pese a mantener relaciones comerciales pacíficas con los bizantinos las razzias se repetirían hasta 1043. Aunque siempre fueron derrotados debido a la superioridad del ejército bizantino y por el uso del fuego griego (ver post).

Bajo el reinado de Constatino VII en 911, ya se menciona a los vikingos como parte del ejército bizantino y se tiene constancia de su participación en las expediciones navales contra Creta y su lucha contra los árabes en 955. Este último servicio elevó su rango de miembro de las Grandes Compañías de Mercenarios a Guardia Imperial.

Con la decadencia del Imperio, los emperadores incrementaron su dependencia de los mercenarios varengos. En 988 Basilio II pidió ayuda militar de Vladimir de Kiev para defender su trono. Este en cumplimiento de un tratado firmado por su padre envió 6,000 hombres. Basilio II gracias a los varegos obtuvo una contundente victoria, y los varegos demostraron su brutalidad ensañándose con el ejército derrotado. Poco más tarde Basilio reclutó a su guardia personal entre estos varegos.

Con los años, se fueron uniendo nuevos reclutas de zonas tan alejadas como Suecia, Dinamarca, Islandia y Noruega, dándole un toque predominantemente escandinavo a la organización hasta finales del siglo XI. Años más tarde, tras la invasión de Inglaterra por parte de los normandos se le unirían anglos y sajones. Antes de esta invasión ya habían emigrado al Imperio Bizantino un gran número de anglosajones y daneses. Una fuente registra la llegada de más de 5,000 nórdicos. Muchos de ellos entraban a formar parte de la guardia varega.

Durante el siglo X, la Guardia Varega actuó en el sur de Italia, para combatir la creciente influencia de Normandos y Lombardos, o en la reconquista de Sicilia que había caído en manos de los árabes. De todas maneras la guardia Varega sólo era usada en batalla en los momentos cruciales o los más fieros. Su actuación es descrita por los cronistas bizantinos con una mezcla de terror y admiración "Los escandinavos asustaban en apariencia y equipamiento, atacaban con rabia temeraria y no se preocupaban por la sangre ni por las heridas". La descripción probablemente se refiere al berserker (el estado de trance en que entraban los guerreros vikingos) que se decía que proporcionaba una fuerza sobrehumana y inmunidad al dolor de las heridas.

La guardia varega, juraba lealtad al título del emperador no a la persona que ocupaba su trono en un momento dado. Esto quedó claro en el 969 cuando la guardia falló en proteger a Niceforo II de sus asesinos y cuando llegaron ya estaba muerto, ante lo cual se arrodillaron ante su asesino y lo aceptaron como nuevo emperador: "Vivo, lo habríamos defendido hasta el último aliento; muerto, no había razón para vengarle. Ahora tienen un nuevo amo".

Su lealtad, a veces atribuida a su raza, tal vez haya sido exagerada, pues el gobierno casi siempre estaba ocupado por usurpadores, lo cual indica que la Guardia o bien era menos leal o menos efectiva de lo que las fuentes narran. Una excepción documentada de su lealtad para con el trono ocurrió en 1071, cuando participaron en la conspiración para derrocar al Emperador Romanus Diogenes llevada a cabo por su hijo que creyó que los errores cometidos por su padre en el trono habían sido demasiados. Los varegos en vez de defender al emperador que en esos momentos estaba ausente colaboraron con los usurpadores.

Su arma principal era el hacha larga, aunque también manejaban con precisión el arco y la espada, a veces son descritos como una guardia montada. Pero tan famosa como su lealtad al hierro era su afición por el alcohol. Hay un sinfín de historias de borracheras de la Guardia. Cuando el Emperador Bizantino moría, los varegos poseían el único derecho de coger del tesoro imperial tanto oro y gemas como pudieran cargar, este derecho se llamaba "pillaje de palacio", y proporcionaba a muchos varegos la posibilidad de volver a su casa como hombre ricos, lo cuál animaba a más escandinavos a alistarse a la guardia en Constantinopla. Fue tal el número de gente dispuesta a alistarse en la Guardia que una ley sueca del siglo XI impedía heredar a nadie mientras estuviera en Grecia.

Un miembro famoso de esta Guardia fue el rey Harald Sigurdsson III (Hardrade) de Noruega, que llegó a ser el comandante de la Guardia, aunque tuvo que escapar a Noruega tras ser acusado de apoderarse de un botín del Emperador.

Se cree que la guardia se desbandó tras la captura de Constantinopla por la Cuarta Cruzada en el 1204, en la que fueron el único cuerpo del ejército que defendió con éxito la capital opusiendo una resistencia violenta luchando cuerpo a cuerpo con su hachas. Otras fuentes afirman que más tarde revivió en el Imperio de Nicea.

* foto 1: Crónica varega de Skylitzis
* foto 2: Cruz Bizantina que aparece hoy en el actual del municipio sueco de Taby

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martes, 12 de febrero de 2008

Monte Athos, el jardín de la Virgen María

La península del Monte Athos en Grecia se encuentra donde según dice la tradición el Gigante Athos lanzó una gran piedra a Poseidón durante la Batalla de los Dioses. Esta península que penetra 60 kilómetros en el Mar Egeo y cuya anchura va de los 7 a los 12 kilómetros, alberga 20 monasterios ortodoxos de gran belleza, que forman el estado monástico más antiguo que aún existe, en la actualidad pese a estar bajo la soberanía griega, sigue siendo autónomo.

Pese a tratarse una península sólo se puede acceder a ella por barco. Por otra parte el número de visitantes es muy reducido y necesitan un permiso especial. Sólo se permite visitar la península a hombres jamás a mujeres (la Unión Europea ha pedido repetidamente al gobierno griego la retirada de esta "ley" sin éxito). De hecho está prohibida la presencia de hembras de todas las especies animales excepto de los gatos y las gallinas ponedoras. Las condiciones para la residencia aún son más restrictivas, así sólo se permite residir en la península a cristianos ortodoxos, esta restricción no aplica a los visitantes, aunque los ortodoxos tienen prioridad para obtener permiso.

Cuenta la tradición que la Virgen María navegaba con San Juan Evangelista desde Joppa a Chipre, cuando el barco en que viajaban fue arrastrado al pagano monte Athos y la Virgen quedó encantada con la belleza del sitio y pidió a Su Hijo que el Monte Athos fuera su jardín. A partir de este momento fue consagrado como el jardín de la Madre de Dios y estaría fuera del alcance de todas las demás mujeres.

Las fuentes históricas son pocas, pero se cree que ya había monjes en el siglo III, conviviendo cristianos y paganos. Pero fue durante el Imperio Bizantino cuando los monasterios florecieron, y en el siglo IX cuando se concedió a los monjes el control de la península de manera que sólo ellos pudieran asentarse en ella. Finalmente en el siglo X los límites del estado monástico fuero definitivamente delimitados y su capital fijada en Karyes.
Tras las IV Cruzada (1204) cayó bajo dominio de Señores Católicos lo cual produjo que los monjes pidieran la protección del Papa Inocencio III, ante los atropellos, humillaciones y que fueron sometidos pors los católicos. Más tarde, en el 1307, los almogávares catalanes saquearon numerosos monasterios y aterrorizaron a los monjes durante un par de años.

Tras la caída del Imperio Bizantino los monjes consiguieron mantener buenas relaciones con los sultanes otomanos. Así los siglos XV y XVI fueron pacíficos y bajo la protección de los sultanes otomanos se fundaron nuevos monasterios, pese a esta protección los ataques saqueos piratas fueron bastante habituales.

Pero durante el siglo XVII las cosas aún empeoraron más, los monasterios llegaron a una situación de crisis económica ahogados por los impuestos otomanos, las confiscaciones y las grandes sumas de dinero que tuvieron que pagar al sultán para mantener sus privilegios y autonomía. Esta crisis obligó a cerrar varios monasterios y a optar a muchos monjes por la vida semi-eremítica (cada monje vivía de manera casi independiente, se encargaba de su propio sostenimiento y sólo ser reunía con otros monjes en la iglesia). Los zares rusos en un intento de ampliar su influencia en la zona, ofrecieron grandes donaciones durante este período que ayudaron a mantener los monasterios.

Finalmente durante el siglo XIX la península se revitalizó gracias al patronazgo del gobierno ruso y se llegó a 7,000 monjes en 1902. En 1912 la marina griega expulsó a los otomanos y la península pasó a formar parte definitiva de Grecia.

Tras la invasión de Grecia por parte de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, los monjes pidieron a Hitler que pusiera el Monte Athos bajo su protección personal, cosa a la que accedió, de manera que los ocupantes no interfirieron con el Monte Athos.

En la actualidad es parte de Grecia, pero sigue contando con el antiguo privilegio de auto-gobierno que le viene del antiguo estado monástico. La población monástica se sitúa en torno a los 1610 muchos de ellos jóvenes, atrás quedan los años 70 en los que la población llegó al mínimo de 1145 monjes muchos de ellos de avanzada edad. Los monasterios del Monte Athos se han caracterizado por su oposición al ecumenismo y a la reconciliación con la Iglesia Católica, en la actualidad y ya en los primeros acercamientos entre católicos y ortodoxos en los últimos tiempos del Imperio Bizantino.

Para entrar en el Monte Athos es necesario un diamonitrion (una especie de visado Bizantino datado según el calendario juliano) firmado por cuatro de los secretarios de los monasterios. Recordar que las mujeres no se les permite pues los monjes creen que su entrada alteraría la vida de las comunidades.

Es una pena que sea tan difícil su acceso, o tal vez gracias a ello se haya mantenido el encanto y belleza de la península así como de sus monasterios. Los monasterios que tienen una apariencia de fortaleza, poseen grandes tesoros artísticos medievales que van desde iconos, cálices, códices a iconos y frescos. Algunos de los monasterios más importantes son el la Gran Lavra, Dionisiou, Simonos Petra o Agiou Pandeleimonos.

*foto 1: Monasterio Stavronikita
*foto 2: Monasterio de Simonos Petra
*foto 3: Monasterio Gran Lavra

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ver + fotos en:
http://www.mountathos.gr/

+info:
http://www.mountathos.gr (In English)
http://www.macedonian-heritage.gr/Athos/index.html (In English)
http://es.wikipedia.org/wiki/Monte_Athos (En castellano)
http://en.wikipedia.org/wiki/Mount_Athos (In English) Leer más »