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viernes, 2 de julio de 2010

La casa Malin, un OVNI sobre Mulholland Drive

Muchos no habrían sabido que hacer con una parcela como la que Leonard Malin recibió de su suegro cerca de Mulholland Drive. Parecía imposible edificar una casa en una pendiente de 45 grados, más aun, con los modestos medios con los que contaba Malin, un joven ingeniero aeroespacial. Su suerte fue conocer al arquitecto John Lautner, que le proporcionó una solución totalmente inesperada a su problema.

Una vista nocturna. Original en Los Angeles Times

Mi filosofía en aquel tiempo era: la mayoría de la gente trabaja toda su vida para construir la casa de sus sueños”, explicaba Malin a un periodista de Los Angeles Times. “¿Por qué no construirla ahora, y pagarla durante el resto de mi vida?”. En aquel tiempo la ciudad de Los Angeles estaba inmersa en un período de expansión durante el cual una familia de clase media podía construirse una casa en las colinas de Hollywood con un presupuesto bastante modesto.

Pese a su determinación, la parcela hubiera continuado sin edificar de no ser porque Malin contactó con Lautner, un arquitecto discípulo de Frank Lloyd Wright con fama de enojadizo al que conocía por haber construido otra casa en otra pendiente similar bastante cerca, la casa Harpel .

Curiosamente, no serían las dos únicas casas que Lautner construiría a lo largo de su carrera en lugares “complicados como pendientes y cumbres de montañas o la orilla del mar. Emplazamientos en los que sus diseños intentarían sacar el mayor partido de las vistas que ofrecían.

En el caso de la parcela de los Malin, la manera convencional de resolver el problema de la empinada pendiente hubiera sido excavar el terreno y construir unos muros de contención de como mínimo 10 metros de alto para tratar de contener la montaña. Sin embargo, cuando Lautner vio el solar, dibujó una línea recta vertical, una cruz y una curva sobre ella. “Dibújala aquí arriba” dijo a su ayudante.

Proyecto y sección de la casa. Original en The New York Times

Sobre el terreno, aquella línea se convertiría en una robusta columna de hormigón de 6 metros de diámetro y 8.7 de altura sobre la que Lautner proyectó una casa octogonal de 205 metros cuadrados. La estructura de la casa estaría formada por vigas de madera laminada sujetas al centro mediante un anillo de compresión hecho de acero. Podría parecer una estructura frágil, pero la experiencia demostraría que no era así, al ser capaz de resistir sin problemas lluvias torrenciales y varios terremotos. El acceso a la casa sería desde el lado de la montaña a través de una pasarela a la que se llega mediante un funicular.

La casa proyectada, sin duda, tenía una apariencia de platillo volante, pero Lautner no lo veía así, para él era sólo una solución práctica que permitía construir en aquella ladera. Mucho más conveniente que la otra opción, la de excavar la montaña, que Lautner consideró una locura.

Lautner tenía una personalidad fuerte, pero se esforzaba en satisfacer las necesidades y deseos de sus clientes. Hablaba con ellos y buscaba la solución que mejor se adaptaba a su personalidad.

Decidido a hacer realidad la casa que mejor “encajaba“con su manera ser, Malin dejó su trabajo y se dedicó a construirla él mismo con la ayuda de tres obreros. Fueron 18 meses de trabajo, pero en 1961 la casa ya estaba terminada. Había costado unos 140.000 dólares, la mayoría de ellos aportados por los patrocinadores de la obra, la compañía de gas Southern California Gas y la Chem Seal Corporation (que inspiró el nombre de la casa, Chemosphere), una corporación química que aprovechó para experimentar con diferentes tipos de resinas, colas y de revestimientos. De esta manera, Malin sólo tuvo que pagar 80.000 dólares.

Distribución interior de la casa. Original The John Lautner Foundation

Malin aún recuerda la primera vez que encendieron las luces de debajo de la casa, cuando hubo gente que vino desde el cercano valle de San Fernando a ver aquello que parecía un OVNI. Aunque es cierto que por fuera la casa tiene un aspecto frío de nave espacial inaccesible, por dentro resulta tremendamente acogedora y cálida. “Quizás sea porque cuando estás dentro de ella, en verdad, estás en el aire flotando sobre la ciudad y la realidad, desconectado del planeta y completamente libre y feliz”, afirma Angelika Taschen, su actual propietaria.

Otro aspecto que destacan sus actuales propietarios es la magnífica situación de la casa, situada entre el campo y la ciudad. Lo que permite tener sensaciones muy diferentes desde ambos lados de ella. Desde la cara que da al valle de San Fernando, se ve la gran ciudad, las casas, los rascacielos, la autopista 101,… Mientras que en la parte que da hacia la montaña se siente la naturaleza y sus animales.

La casa, que llegaría a ser considerada por la Enciclopedia Británica como el “hogar más moderno del mundo”, es todo un ejemplo de la arquitectura de Los Angeles de su época, en la que una casa no tenía porque parecer una casa, sino que podía adoptar la forma que quisiera. Aunque la fascinación de Lautner por las nuevas formas y estructuras no tenía nada que ver con el futurismo de la era espacial, sino con su determinación por humanizar los espacios construidos.

Lautner era un entusiasta seguidor de la arquitectura orgánica, como su maestro Wright, una arquitectura preocupada por mejorar la vida del hombre atendiendo sus problemas vitales y psicológicos, y que buscaba crear espacios interiores más envolventes, huyendo para ello de las líneas rectas y de las formas cúbicas. El resultado eran formas más complicadas, no repetidas, más costosas y menos industrializables, y estructuras que muy a menudo imitaban formas de la naturaleza como una flor, un árbol o una cueva.

La Chemosphere desde el nivel de calle

La obra de Lautner muestra, además, una gran preocupación por integrar las casas en su entorno y crear un flujo “orgánico” entre el espacio interior y el exterior. En sus casas es también habitual el empleo de formas geométricas básicas como el círculo y el triangulo, que suelen ser los motivos dominantes en muchos de sus diseños.

Los Malin y sus cuatro hijos vivieron en la casa durante más de diez años, pero 1972, problemas económicos les obligaron a venderla al doctor Richard Kuhn. Unos años más tarde, en 1976, dos ladrones entraron en la casa y apuñalaron a Kuhn hasta matarlo. La policía no tardó en detenerles y fueron sentenciados a cadena perpetua. Uno de ellos era un chico de 19 años.

Después de este episodio trágico, la casa pasaría por las manos de otros dos propietarios, aunque estaría en venta la mayor parte del tiempo. No existía un mercado para una casa así, la gente prefería otros tipos de vivienda más convencionales. Mientras, la Chemosphere fue sufriendo modificaciones y acabó convirtiéndose en una casa que se alquilaba para organizar fiestas.

La decadencia de la casa continuaría hasta 1997, cuando el editor alemán especializado en libros de arte y arquitectura Benedikt Taschen y su mujer, la visitaron. Los Taschen, unos apasionados del Modernismo de Los Angeles y buenos conocedores de la obra de Lautner, se enamoraron de la casa nada más verla y a pesar de que se encontraba en un estado de conservación bastante pobre la compraron por un millón de dólares.

La Chemosphere, con su suelo enmoquetado, sus ventanas viejas y las siete capas de pintura que cubrían lo que antes eran austeras paredes de ladrillo, tenía un aspecto más propio de un motel viejo y cutre que de una joya de la arquitectura moderna. Con el objetivo de recuperar su aspecto y espíritu inicial, Los Taschen encargaron la restauración de la casa al arquitecto Frank Escher. Sin embargo, no siguieron exactamente el diseño original, sino que, respetando lo que ellos consideran la visión inicial, introdujeron algunos detalles o acabados que Lautner diseñó o consideró, pero que en su tiempo resultaban prohibitivos por precio o simplemente la tecnología no los permitía.

Aspecto del interior de la casa en la actualidad. Original en Los Angeles Times

En cualquier caso, todas las modificaciones fueron consultadas con Malin. El constructor de la casa, que reconoce haber estado preocupado por el estado de decadencia en el que estaba cayendo la que aún considera “su casa”, afirma que, con la compra por parte de los Taschen, esa preocupación desapareció del todo y está más que satisfecho con el resultado de la restauración y las modificaciones introducidas, algunas de las cuales reconoce haber barajado él en su tiempo, pero había tenido que descartar por la falta de dinero.

Los Taschen, con intereses repartidos por todo el mundo, continúan manteniendo su residencia habitual en Colonia y utilizan la Chemosphere cuando visitan Los Angeles.

PS: Esta vez me adelanto a los comentarios de los seguidores de los Simpson ;-) La casa aparece en el capítulo “Un pez llamado Selma

Enlace permanente a La casa Malin, un OVNI sobre Mulholland Drive

+posts:
- El utópico edificio del Narkomfin
- La casa en las nubes de Thorpeness
- La casa encantada de los Winchester
- El Faro de Bell Rock, una maravilla en medio del mar

+info:
- Lautner’s Chemosphere gets a new life (PDF) in Taliesin Fellows Newsletter
- Eight sides to this story in Los Angeles Times
- The Flying Saucer House Soars Again in The New York Times
- Chemosphere in en.wikipedia.org
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martes, 11 de mayo de 2010

La fortaleza natural de Monemvasia

En el suroeste de la península del Peloponeso, se encuentra el conocido como Gibraltar griego, Monemvasia. Un imponente peñón de 1.8 kilómetros de longitud que en el siglo IV quedó separado de la costa a causa de un terremoto. Desde el siglo VI, han sido muchos los que han buscado refugio y los que han intentado apoderarse de la roca. Una fortaleza construida por la naturaleza, como decían los venecianos, que se levanta 300 metros sobre el mar, rodeada de pronunciados precipicios que la convertían en inexpugnable.

Grabado veneciano de 1687. La mayoría de las torres son minaretes.

Según cuenta una crónica del siglo VI, fueron los griegos que huían de las invasiones eslavas y ávaras los que encontraron refugio en “un lugar en la costa, poderoso e inaccesible, donde se asentaron con su propio obispo y al que llamaron Monemvasia porque tenía un único acceso”. Estas invasiones marcaron el comienzo de una época convulsa para el dominio bizantino sobre el Peloponeso –en aquel tiempo conocido como Morea– hasta el punto de que algunas crónicasmuy discutidas– han llegado a sugerir que los invasores eslavos llegaron a constituir su propio estado independiente en la mayor parte de la península.

En otras zonas del imperio, la situación también era complicada. Los ataques ya no se limitaban a las zonas fronterizas y ahora alcanzaban el interior, llegando, incluso, a amenazar Constantinopla. Al mismo tiempo, lo que antes eran incursiones puntuales se fueron transformando en asentamientos permanentes que acabaron dando lugar a auténticos estados independientes y hostiles hacia la autoridad de Bizancio dentro de los supuestos límites del imperio.

Afortunadamente para los bizantinos, a partir del siglo VIII, su imperio comenzó a recuperarse del devastador efecto de todas estas invasiones y los invasores eslavos acabaron siendo expulsados o asimilados. Una vez libre, las calamidades no acabarían para el Peloponeso. En el 747, una epidemia golpeó Monemvasia y devastó la costa este del istmo. Muchas zonas quedaron despobladas, aunque la ciudad se recuperó rápidamente, llegando a superar, incluso, su anterior importancia. En los años siguientes, esta creciente prosperidad no pasó inadvertida para los piratas árabes, que la atacaron en varias ocasiones, aunque ninguno de sus ataques consiguió superar las murallas de la ciudad.

Hagia Sophia. Foto de Frank Kathoefer

La distribución de Monemvasia seguía la típica de una ciudad bizantina fortificada, con una ciudadela en su punto más alto y dos líneas de murallas más abajo que dividían la ciudad en dos: la parte alta y la baja. La zona alta de Monemvasia era el centro administrativo y en ella vivía la aristocracia. La parte baja, situada en una pequeña terraza al borde del mar, era la zona comercial y en ella se encontraban los talleres y las casas de los comerciantes y marineros. Los comercios ocupaban la calle central, como siguen haciendo hoy en día. En la parte suroeste de la isla, fuera de las murallas, también existía un pequeño asentamiento.

Durante el siglo IX, las ciudades bizantinas comenzaron a recuperarse gracias a la restauración del poder central. Fue especialmente próspero el siglo XII. De la mano de la familia imperial de los Commeno, la población y la economía del imperio experimentaron un gran crecimiento. Se fundaron nuevas ciudades y muchas de las ya existentes crecieron o se consolidaron. El crecimiento, además, llegó a las zonas rurales, donde al aumentar las tierras dedicadas al cultivo se produjo un incremento de la producción agrícola.

Todo este crecimiento demográfico y económico atrajo el interés comercial veneciano. El aumento del comercio acabaría trayendo más prosperidad al Imperio. Por su parte, Monemvasia, fue atacada por los normandos de Sicilia en 1147. La ciudad, una vez más, resistió. Mientras, comenzaba a hacerse con una importante flota para defenderse.

A comienzos del siglo XIII, la Cuarta Cruzada conquista el Imperio Bizantino y se hace con casi toda Grecia. Los cruzados francos se apoderaron de casi toda Morea. Monemvasia, sin embargo, fue una de las pocas ciudades que permanecieron bajo poder griego. La ciudad rechazó rendirse y resistió durante casi medio siglo más la presión franca, pero en 1249 se vio obligada a capitular. Lo hizo después de un bloqueo de 3 años al que sometieron la ciudad un contingente de venecianos y francos dirigidos por Guillermo de Villehardouin, y, según cuenta la Crónica de Morea, sólo después de que sus habitantes se hubieran comido hasta las ratas y, por supuesto, los gatos de la ciudad.

Puerta de la ciudad baja. Foto de bovolo

Muros de la ciudad baja. Foto de bovolo

Los francos sólo retendrían la ciudad durante 13 años. En 1262 pasó a formar parte del rescate, junto a las ciudades de Mistra y Maina, que Gillermo II Villehardouin tuvo que pagar por su propia liberación al emperador bizantino Miguel VIII Paleólogo. Una vez recuperada, Monemvasia se convirtió en el punto de desembarco de la tropas imperiales que venían a reforzar el recién creado Despotado de Morea, desde el que partían los ataques bizantinos hacia lo que quedaba del principado franco de Morea . Monemvasia, por su parte, vio como se convertía en una importante base para los piratas dedicados al saqueo de las rutas comerciales venecianas.

En 1293, un año después de que Roger de Lluria atacara la ciudad e incendiara su parte baja, el emperador Andrónico II, emitió una bula por la que el obispado de la ciudad fue elevado al rango de metrópolis, con jurisdicción sobre todo el Peloponeso. También se pusieron en práctica medidas económicas con el objetivo de convertir la ciudad en la capital comercial de la Morea bizantina y, así, competir con las bases comerciales venecianas en Mesenia (en la parte occidental del Peloponeso). Aunque podría ser anterior, se cree que fue durante el reinado de Andrónico II cuando se construyó la iglesia de Hagia Sophia, que es el edificio más importante que se conserva de la parte alta de la ciudad hoy en día.

Andrónico III volvió a ampliar los privilegios concedidos a Monemvasia, eximiendo a sus habitantes de la obligación de pagar impuestos o de realizar trabajos forzados. Además, les concedió el derecho de comerciar libremente con la mayor parte del Imperio. La prosperidad de la ciudad se vio incrementada con el floreciente negocio de la exportación a toda Europa del vino de Malvasia producido en el Peloponeso Oriental y en algunas de las islas Cícladas. Un vino muy apreciado en las cortes europeas de la época.

El principal privilegio que había recibido la ciudad, el poder para elegir sus propios gobernantes, la convirtió en una ciudad casi autónoma respecto a la autoridad centralizada y burocrática de Constantinopla. Sin embargo, esta libertad acabó convirtiéndose en una maldición. Los arcontes de la ciudad fueron unos de los principales culpables del desorden en el que se comenzó a sumir el Despotado de Mistra, precisamente cuando más necesaria era la unidad para luchar contra los turcos.

Pese a todo, en 1442, cuando la conquista otomana parecía, ya, inminente, Teodoro II de Mistra volvió a ratificar los privilegios de la ciudad y renovó el sistema que obligaba a dedicar la herencia de los que murieran sin descendencia a la reparación y refuerzo de las defensas de la ciudad.

Parapeto de la ciudad alta. Foto de bovolo

Después de la caída de Constantinopla en 1453 y la posterior de toda Morea, la única ciudad que quedaba de lo que había sido el todopoderoso Imperio Bizantino era Monemvasia (hasta 1461, a orillas del Mar Negro, sobreviviría el Imperio de Trebisonda, un estado surgido de la descomposición del Imperio Bizantino, justo unas semanas antes de la toma de Constantinopla por la IV Cruzada).

El derrotado Déspota de Morea, Demetrio Paleólogo, se unió al séquito de sultán. Su mujer y su hija, por el contrario, prefirieron buscar refugio en el fortificado peñón. Al poco tiempo, el sultán envió un emir para exigir la sumisión de la ciudad. Las mujeres del traidor le fueron entregadas, pero los habitantes de la ciudad rehusaron rendirse guiados por Manuel Paleólogo, sobrino del déspota y que, tras la traición de este, ocupaba la segunda posición en la línea de sucesión imperial, detrás de su padre Tomás Paleólogo. El emir, por su parte, se retiró sin luchar.

Monemvasia se había quedado sola en su lucha por preservar su independencia frente al enemigo turco. Su primer movimiento fue aceptar como caudillo a un pirata catalán llamado Lupo de Bertagna que, según parece, llevaba unos años por aquellas aguas dedicado a su “oficio”. Fue una mala elección, Bertagna resultó ser un tiránico dictador. Así que tan rápido como lo habían hecho llamar, lo expulsaron. Otra vez sola, en 1460, la ciudad decidió probar la protección del Papado. Sin embargo, la nueva alianza tampoco duraría demasiado. El poder militar y político del Papa resultaba insuficiente frente a la constante presión de los otomanos, por lo que se vio obligado en 1464 a ceder la ciudad a la República de San Marcos, que en aquella época estaba en guerra con los turcos.

Camino de acceso a la ciudad alta. Foto de bovolo

El dominio veneciano trajo consigo un período de paz y prosperidad a Malvasia, como ellos llamaban a la ciudad. Aunque, extrañamente, pocas construcciones se pueden atribuir a este periodo. Bajo su control, el provechoso negocio de la exportación de su vino continuó. Pero en 1540 la Serenissima acabó cediendo la ciudad al Sultán Solimán el Magnífico a cambio de la promesa de un tratado de paz. Fue durante la segunda guerra entre venecianos y turcos, y la pérdida de la ciudad marcó el comienzo del ocaso del imperio veneciano en Levante y el declive de su comercio.

Por su parte, los turcos llevaron a cabo la renovación de las defensas de la ciudad baja. Construyeron la mayor parte de los muros que rodean hoy en día la parte baja de la ciudad. Muy probablemente, después de derribar lo que quedaba de las antiguas murallas bizantinas. También parece que son de esta época la puerta de la parte alta de la ciudad y los parapetos que bordean los precipicios.

En 1554, los nuevos muros resistieron como antes lo habían hecho los antiguos. En este caso, fueron los Caballeros de Malta los que intentaron recuperar la ciudad para la Cristiandad. No lo consiguieron y, aparentemente, la población de la ciudad no mostró demasiado interés por ayudar ni aliarse con sus supuestos libertadores.

Un siglo después, lo intentaron los venecianos. Lo probaron en 1653, 1654 y 1655, sin éxito. Lo volvieron a probar en 1687, durante la Guerra de Morea, cuando ya todo el Peloponeso estaba en sus manos y Monemvasia era la única ciudad que se les resistía, tampoco lo consiguieron y prefirieron continuar con sus conquistas más al norte del istmo.


Muros marítimos. Foto 1 2 de bovolo

En 1689, abandonada su expansión hacia el norte, la República de Venecia volvió a poner sus ojos en aquella molesta mancha en la Morea veneciana que era Monemvasia. Los venecianos decidieron someter a la ciudad a un bloqueo naval y construyeron dos fuertes, uno delante del puente de 23 ojos que unía la ciudad con la costa, y otro, más al sur, desde el que se dominaba la ciudad baja. Desde ambas posiciones los venecianos bombardeaban las posiciones turcas. En varias ocasiones, los venecianos intentaron tomar la ciudad. Una de ellas atacando con brulotes los muros de la ciudad baja. No tuvieron éxito y el capitán veneciano prefirió esperar a que el bloqueo surtiera efecto a continuar arriesgando más vidas.

Con el paso del tiempo y la llegada de más refuerzos, los venecianos volvieron a pasar al ataque. Tomaron posiciones en la isla y lo volvieron a intentar. Pese a los esfuerzos, no consiguieron grandes avances y entre los capitanes venecianos comenzó a cundir la duda de si tenía algún sentido tomar el Borgo (la ciudad baja), pues, aunque este cayera, tomar la fortaleza superior (el Castello) seguiría siendo una misión casi imposible.

La única manera de acceder a la parte alta era siguiendo un escarpado y zigzagueante camino que partía desde el Borgo. En este camino, que era interrumpido por varios muros, no había espacio para situar artillería, cavar trincheras o construir fortificaciones, por lo que los atacantes estaban a merced de las piedras o proyectiles que los defensores les arrojaran desde arriba.

Calle principal del Borgo. Foto original de bovolo

Campanario en el Borgo. Foto de bovolo

Gracias a las paredes naturales que bordeaban el Castello, esta parte de la ciudad no necesitaba unas fortificaciones muy contundentes, le bastaba con unos muros bastante bajos y, en algunos flancos, ni tan siquiera eso. Por su parte, las murallas que protegían el Borgo no llegaban hasta las fortificaciones superiores. Se limitaban a llegar hasta los flancos verticales de la roca. Parecía difícil que alguien pudiera trepar por aquellos muros naturales, ni siquiera lo turcos, que tenían fama de buenos escaladores.

Abandonada la idea de atacar la ciudad baja, los venecianos y sus aliados comenzaron a retirarse a tierra firme a esperar que el hambre debilitara la voluntad de los defensores de la ciudad. Fue entonces cuando un comandante de artillería veneciano aseguró que las piezas de artillería de los turcos eran poco potentes, especialmente ahora que cada vez les quedaba menos pólvora. El comandante propuso construir trincheras a menos de 50 metros de las murallas de la ciudad desde las que bombardearlas en colaboración con la artillería de las galeras.

El plan surtió efecto. Los turcos, para entonces ya muy debilitados por el hambre, se asustaron por el progreso de los movimientos de los venecianos y no demasiado convencidos de la resistencia de sus muros defensivos, que no eran especialmente gruesos, prefirieron negociar y acabaron rindiendo la ciudad el 12 de abril de 1690. 1.200 turcos, 300 de los cuales eran soldados, abandonaron la ciudad y entregaron a los venecianos 78 cañones junto con todos los esclavos y renegados cristianos. Después de 14 meses, Monemvasia era veneciana y la conquista de Morea, completa. En los años posteriores, la República repobló toda la zona con colonos albaneses.

Ruinas del Castello. Foto 1 2 de bovolo

Después del sitio, los venecianos repararon los muros que habían resultado dañados por sus bombardeos, pero parece que no hicieron ninguna otra mejora o ampliación de las defensas de la ciudad. Como solían decir, la naturaleza había construido la fortaleza y poco había que hacer para reforzarla.

Esta vez, sin embargo, el dominio veneciano duraría tan sólo 25 años. Durante el verano del 1715 un ejército turco avanzó hacia la ciudad. Esta vez, para evitar otro sitio, los venecianos prefirieron negociar. Finalmente, a cambio de una importante suma de dinero, entregaron la ciudad.

Durante este nuevo período de dominación turca, la ciudad continuó su particular decadencia. Durante la Guerra Ruso-Turca de 1768-1774, en 1770, la población albanesa y griega se levantó contra los ocupantes turcos, fue la Revuelta Orlov. Sin embargo, los turcos consiguieron aplacarla y la reprimieron con tal dureza y ferocidad que muchos griegos decidieron huir. En 1805, de las 350 casas de Monemvasia, sólo 3 las ocupaban familias griegas.

En 1821, durante la Guerra de Independencia Griega, Monemvasia, la última fortaleza que sus antepasados habían rendido a los turcos, se convirtió en la primera fortificación que los griegos recuperaron. Como siempre, la única forma de que los ocupantes de la roca se rindieran fue esperar a que se les acabara la comida después de un sitio de cuatro meses. De esta manera, el 1 de agosto, Tzannetakis Grigorakis entraba en la ciudad al mando de su propio ejército privado. Tras la toma, algunas de las familias griegas que habían huido en 1770 volvieron a la ciudad, pero, pese a este retorno, la ciudad no recuperó la gloria ni la importancia pasada.

Panorámica de Monemvasia. Foto de bovolo

En 1911, el último habitante abandonó la parte alta de la ciudad, que hoy en día, y a excepción de un par de edificios y de los muros que la rodean, es sólo una gran extensión de ruinas. La parte baja también fue perdiendo habitantes y en 1971 su población llegó a su mínimo, 32 habitantes. La vida y la actividad se fueron trasladando poco a poco al otro lado del puente, donde entorno a un pequeño puerto ha ido surgiendo Gefira. Pese a todo, en los últimos tiempos, y gracias al turismo, la población de la ciudad vieja se ha ido recuperando. Gentes provenientes del resto de Grecia o, incluso, del extranjero han comenzado a reconstruir sus antiguas casas y, en 2001, eran ya 90 los residentes permanentes.

PS: Se dice que en la parte alta de la ciudad había campos de maíz para alimentar hasta a 30 hombres.

Las fotos son del pasado verano, que tuve la suerte de poder visitar Monemvasia. Más fotos en panoramio

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+posts:
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- Los últimos días de Constantinopla
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+info:
- Castles of the Morea by Kevin Andrews, Glenn R. Bugh in google books (pág 196)
- Monemvasia in en.wikipedia.org
- Malvasia in Venetian Fortresses in Greece by Roberto Piperno
- Monemvasia – The Town and its History by Rainer W. Klaus and Ulrich Steinmuller, extracto en monemvasia-online
- A History of the Crusades: The fourteenth and fifteenth centuries by Kennth Meyer, Harry W. Hazard en google books
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miércoles, 18 de febrero de 2009

La casa en las nubes de Thorpeness

Desde lejos la visión de la casa es un tanto desconcertante: un “cottage” que parece flotar por encima de los árboles que lo rodean. Aunque cuando uno se acerca se descubre todo, se descubre que no se trata más que un ingenioso engaño para disfrazar una torre de agua de casita de madera y así no arruinar el paisaje de Thorpeness, un pueblo de vacaciones con un toque de cuento de hadas, en el que la casa no es lo único que no es lo que parece.

La casa desde cerca, foto Ian Davey, más fotos en Suffolk Cam

Thorpeness es un sitio realmente sorprendente, aunque bastante desconocido incluso en Gran Bretaña. Su promotor fue Glencairn Stuart Ogilvie, un abogado y dramaturgo escocés que pertenecía a una familia adinerada. Su padre, Alexander, fue uno de los pioneros del ferrocarril en 1858 y había amasado una buena fortuna gracias a él. A comienzos del siglo XX, Glencairn heredó de su familia la finca de Sizewell junto con lo que era en aquellos tiempos sólo un pueblecito de pescadores, Thorpe. Ogilvie rápidamente escogió el lugar para crear un pueblo de vacaciones para gente de clase alta. Su ambición era crear un lugar divertido, seguro y sano, casi un paraíso inglés, en la costa de Suffolk. Ogilvie era íntimo amigo del escritor J.M. Barrie, creador del personaje Peter Pan, y tomó prestados algunos de los personajes y escenarios de sus libros para crear algunos de los lugares más fantásticos de su pueblo.

Ogilvie quería construir un perfecto pueblo tradicional que sirviera de refugio de los horrores de la vida en las ciudades “modernas” industriales. El pueblo se construyo siguiendo la imagen utópica y bucólica de la Inglaterra pastoril de algún momento de la historia, posterior a la Edad Media y anterior a la Revolución industrial, que tal vez jamás existió. Esa concepción de Inglaterra era conocida como “Merry England”, una mezcla de nostalgia, sentimientos y política. Frederick Forbes-Glennie y William Gilmour Wilson fueron los arquitectos escogidos para construir este paraíso del romanticismo inglés.

La casa desde el “Meare”, foto original de NSC

Una de las mayores extravagancias que Ogilvie ideó para Thorpeness es el “Meare”, un lago artificial de 260.000 metros cuadrados que fue creado mediante la anegación de campos abiertos en 1910. En este lago se pueden encontrar, entre otros, la casa de Wendy o la guarida del Dragón, o una cueva de contrabandistas que recuerda la morada de Titania en el “El sueño de una noche de verano” de Shakespeare. En torno al “Meare” se construyeron casas, la mayoría de las cuales siguiendo el estilo “Tudor revival”, que les da una apariencia campestre y muy típicamente inglesa. También se construyeron un club de campo de estilo colonial y un campo de golf.

El pueblo fue diseñado para ser gestionado como un negocio. Cuando se abrió al público, en la década de 1930, los anuncios destacaban que el “resort” estaba pensado para satisfacer todas las necesidades del visitante. Los alojamientos iban desde pequeñas cabañas “para luna de miel” a grandes casas con hasta 8 y 9 dormitorios. Era un pueblo pensando para toda la familia, por un lado, era un capricho fantástico para niños, a los que ofrecía la posibilidad de revivir las aventuras de sus libros favoritos, y por otro, un idílico lugar de recreo junto al mar para los padres sin las masificaciones de otros lugares similares. El club de campo se esforzaba en mantener a los niños entretenidos y a los padres tranquilos, organizando búsquedas de tesoros, mini-regatas y otros deportes al aire libre para los más jóvenes.

En 1923 se pondría la primera piedra de la segunda excentricidad de Thorpeness, la “Casa de las Nubes”. El pueblo necesitaba un depósito elevado para el suministro de agua. Un edificio de este tipo, una torre de agua, suele ser una estructura difícil de ocultar y visible en kilómetros a la redonda, sin embargo, lo que podía haber arruinado la cuidada estética de este pueblo de cuento de hadas, se convirtió en un atractivo más. Glencairne, con la colaboración del arquitecto Forbes Glennie y del jefe de la obra, H.G. Keep, tuvieron la brillante idea de “disfrazar” el depósito de casa, una casa que se asoma por encima de los árboles que la rodean a unos 12 metros sobre el suelo, y que hace en total 21 metros de altura.

El depósito tenía una capacidad de unos 1900 hectolitros y era capaz de bombear unos 68 Hl a la hora desde un pozo cercano, gracias a un pintoresco molino de viento del siglo XIX, que se hizo traer de la vecina Aldringham. Lo que desde lejos parecía una casita era de hecho sólo la cuba de la torre de agua, la verdadera parte habitable del edificio se encontraba debajo de ella. Esta parte, compuesta por cinco plantas, se consiguió al cerrar con paneles de madera la estructura metálica que soportaba la casa. Sus muchas ventanitas permitían la entrada de la luz, ventilación y ofrecían bonitas vistas sobre la región, en el momento de su construcción esta parte de la casa contaba con 7 dormitorios y 2 salones.

El molino de Aldringham, foto de Ian Davey, más fotos en Suffolk Cam

Durante la Segunda Guerra Mundial el depósito sufrió daños importantes. Una batería anti-aérea Bofors alcanzó de manera accidental a la casa, cuando disparaba a una bomba V1 alemana que pasaba a baja altura. Las posteriores obras de reparación redujeron la capacidad del depósito a 1135 hectolitros.

En 1963 empezó el fin de la casa como depósito. El pueblo se conectó a la red general de suministro de agua y se dejó de bombear agua desde el molino. Aunque la cuba se seguía utilizando para almacenar agua.

En 1972, tras la muerte de Alexander Stuart Ogilvie, nieto del creador del pueblo, muchas de las casas, así como el club de campo y de golf tuvieron que ser vendidos para pagar el impuesto de transmisiones. Hasta entonces, la mayoría de las casas que se habían vendido, había sido a amigos de la familia como casas de veraneo. El pueblo dejaba de ser así un pueblo privado y dejaba de estar controlado por la familia Ogilvie. La casa de las nubes permanecería en manos de la familia hasta 1977, cuando la empresa de la familia Ogilvie, Thorpeness Estates, fue liquidada definitivamente y el depósito pasó manos privadas.

Las casas de estilo Tudor, foto Ian Davey, más fotos en Suffolk Cam

Dos años después, en el 1979, se quitó el tanque de agua de la parte superior y su espacio fue ocupado por una esplendida “habitación” con vistas. En 1987 la casa que hasta entonces se conocía como Gazebo, empezó a ser conocida con el nombre actual de “House in the Clouds”. La autora de ese nombre fue Malcolm Mason, otra escritora de libros infantiles y amiga intima de la familia Ogilvie que fue su primera ocupante.

En la actualidad, la casa sólo conserva 5 dormitorios de los 7 que tenía originariamente, tiene 3 baños, y la habitación con vistas a la que se accede tras subir 68 escalones. La casa se puede alquilar una semana por un precio que oscila entre los 2000 euros de la temporada baja y los 3000 de la alta.

Interior de la casa, foto original the House in the Clouds

Por lo que respecta al pueblo, sigue siendo un pueblo de veraneo con una población de unas 400 personas en invierno que llega a 1600 en los meses de verano. En los últimos años una nueva compañía se ha hecho cargo del club de campo, el pub, la tienda y el club de golf. Con todas las atracciones del pueblo controladas por el Thorpeness Hotel, Golf & Country Club, se está llevando a cabo un renovación de las instalaciones con la intención de recuperar parte del glamur perdido.

La familia Ogilvie sigue teniendo una fuerte presencia en el pueblo y muchas de las familias que acuden a pasar sus vacaciones, lo llevan haciendo desde hace varias generaciones. Muchas de las familias de los trabajadores que ayudaron a construirlo también siguen en él. La exhibición de fuegos artificiales y la regata en el Meare a finales de Agosto sigue siendo un día señalado que atrae gran número de visitantes.




Thorpeness Mere Suffolk and Horsey Mill Norfolk, ver vídeo en youtube.com

PS: Pese a las preocupaciones de Ogilvie por las cuestiones paisajísticas, en la actualidad se encuentran a menos de dos millas de su pueblo de cuento dos reactores nucleares, los de Sizewell, uno de ellos construido en los 60 y en fase de desmantelamiento, y el otro, el más reciente de los que funcionan hasta la fecha en el Reino Unido, en los 90. Por si fuera poco, se está estudiando la construcción de un tercero. La presencia de este complejo sin duda no ha ayudado a popularizar Thorpeness como destino de vacaciones.

posts relacionados:
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- El Castillo de Predjama, el castillo dentro de una cueva
- Crespi d’Adda, la joya del paternalismo industrial

+info:
- Thorpeness: Five go mad in Neverland in The Independent
- House in the Clouds official home page
- The History of Our Village, Thorpeness in The Dolphin Inn home page
- Thorpeness in en.wikipedia.org
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lunes, 13 de octubre de 2008

Chozoviotissa, el monasterio de una sola pared

En la encantadora isla de Amorgos, que forma parte del archipiélago de las Cícladas, se encuentra el famoso monasterio bizantino de Chozoviotissa. Incrustado desde el siglo XI en la pared de un acantilado a 300 metros sobre el Mar Egeo, es uno de los más espectaculares de las islas griegas.


Cuenta una leyenda que un día llegó a la playa, que se encuentra a los pies del acantilado, una barca sin nadie a bordo pero con una valiosa carga, un icono de la Virgen María, que habría sido salvado de los iconoclastas por una mujer piadosa originaria de Chotziva o Koziva, una ciudad de Tierra Santa aún no identificada que daría nombre al monasterio. La milagrosa llegada del icono a la playa sería el motivo por el cual el monasterio se dedicaría a la Virgen y se habría escogido dicho emplazamiento.

Siguiendo con la leyenda, el monasterio no habría estado siempre donde se encuentra ahora, sino que inicialmente, los habitantes de la isla construyeron la iglesia para albergar el icono en el mismo lugar pero situada a menor altura. Cuando aún estaba en construcción fue destruida pero milagrosamente las herramientas se salvaron y fueron colocadas en un punto mucho más alto e inaccesible que el original. El cincel del maestro constructor fue descubierto clavado en la roca, señalando el lugar donde se debería construir el monasterio, se dice que sería el lugar donde ahora se encuentra la capilla.


Sean ciertas o no estas leyendas, el emplazamiento escogido para el monasterio sin duda resulta peculiar, en un acantilado a 300 metros de altura sobre la playa, lo cual sin duda supuso una dificultad añadida para la construcción de un edificio así en su época. Su fundación se remonta al 1017, habría sido reconstruido posteriormente o verdaderamente fundado por el emperador bizantino Alejo I Comneno en el 1088.

El monasterio debe su sobrenombre al hecho que sólo tiene una pared levantada, mientras que las otras están constituidas por la roca justo en el punto que el Monte Profitis Ilias (de casi 700 metros de altura) forma una cueva natural. El color blanco de su pared, que contrasta con el gris rojizo del acantilado, hace la visión del monasterio aún ser más impresionante.


El interior del monasterio, que está distribuido en 8 niveles, tiene una altura de 45 metros y su anchura máxima es de 4.6 m. Sus ventanas miran al Egeo, todas de diferente tamaño y distribuidas de forma irregular. Dos impresionantes contrafuertes parecen haber tomado la responsabilidad de evitar que el edificio se escurra hacia abajo. La capilla fue instalada en una de las cavidades de la roca, tal vez donde señalaba el cincel.

Durante sus casi 1000 años de historia siempre ha estado habitado. Se estima que podían alojarse hasta un centenar de monjes, aunque en 1989, no había más que dos. Tras la caída del Telón de Acero, el monasterio volvió a cobrar cierta vida, y como ha ocurrido en otros monasterios griegos, se han instalado en él numerosos monjes jóvenes provenientes de Rusia.


Para visitarlo, aparte de subir una buena cantidad de peldaños que separan la carretera de la entrada, hay que respetar el código de vestimenta, que se puede resumir en que los hombres deben de llevar pantalones y las mujeres no. La entrada es a través de una puerta baja de mármol, que conduce a una escalera irregular y estrecha que permite subir a los niveles superiores, en el más alto se encuentra la capilla con sus iconos, uno de ellos es el milagroso, y valiosos manuscritos.


Desde la capilla se puede acceder a la terraza que ofrece una bella vista de las aguas azules del Egeo y otras más que impresionante vista de la playa que se extiende a los pies del acantilado, 300 metros más abajo, a la que se puede llegar desde el monasterio tras un paseo de unos 40 minutos.

Además de las estancias que se pueden visitar, el monasterio también cuenta con las celdas de los monjes, el refectorio, las cocinas o la prensa de vino.


PS: En la isla de Amorgos, de tan sólo 131km2, podemos encontrar 360 capillas bizantinas, según parece, durante el dominio otomano, construir una capilla en tierras propias eximía de pagar impuestos.

*foto 1: Vista del monasterio, foto original en www.greek-islands.us
*foto 2: El acantilado y el monasterio foto original de Leo@
*foto 3: Entrada al monasterio, foto original de Carlos Coutinho
*foto 4: Escaleras interiores del monasterio, foto original de Nicolas Bega
*foto 5: Campanario y pared del acantilado, foto original de www.greek-islands.us

vídeos en youtube.com:
- The Monastery of Amorgos in MegaTV, el video anterio, si no lo habéis visto antes, y os ha gustado el articulo, no os lo perdáis
- Colección animada de fotos del monasterio y la isla
- Vídeo de una ascensión, no es de tanta calidad, pero sí muy expresivo

posts relacionados:
- El monasterio imposible de la isla de Skellig Michael
- Monte Athos, el jardín de la Virgen María
- Las iglesias excavadas del Jerusalem etíope
- El Castillo de Perdjama, el castillo dentre de una cueva

+info:
- Amorgos: Home to the Improbable and Impractical by Hellenic Communication Service LLC
- Amorgos Monastery in greeka.com
- Monastery of Hozoviotissa in www.greek-islands.us
- El Monasterio de Panaghia Chozoviotissa, Amorgos en es.wikipedia.org Leer más »

lunes, 30 de junio de 2008

Crespi d'Adda, la joya del paternalismo industrial

En el pueblo de Capriate San Gervasio en la Lombardía, se conserva uno de las mejores y más espectaculares obras fruto del paternalismo industrial de principios del siglo XX y finales del XIX. Crespi d'Adda es un barrio obrero (villaggio operaio) construido por la familia industrial Crespi al lado de su fábrica de algodón, su idea era satisfacer las necesidades de sus trabajadores dentro y fuera de la fábrica. Con este fin, todos recibían una casa con huerto en un barrio en el patrón se aseguraba que no faltara ningún tipo de servicio desde una iglesia pasando por una escuela, un hospital, un teatro, un campo de deportes,.... hasta una piscina climatizada.

Todo empezó cuando el industrial Cristoforo Crespi y su hijo Silvio, tomaron la decisión de establecer en la orilla del río Adda, el pueblo ideal para sus trabajadores, este pueblo tendría la apariencia de un pequeño feudo donde el castillo del señor, la casa de los propietarios había sido construida a semejanza de un castillo medieval, no sólo representara la autoridad sino también benevolencia hacia sus trabajadores y familias.

La fábrica y la villa de Crespi d'Adda se habían fundado años antes, en 1878, Cristoforo, propietario de otras tres compañías, escogió la orilla de río Adda como emplazamiento de su nueva empresa para aprovechar su corriente para la generación de la electricidad para su nueva fábrica. El 25 de Julio del 1878 la fábrica entró en funcionamiento. Las casas de los trabajadores (llamadas palasocc) se inaugurarían más tarde.

A comienzos del 1900, la fábrica ya contaba con 3,000 máquinas para hilar, 300 tejedoras y también disponía de una departamento dedicado al teñido. Eran buenos tiempos para la fábrica pues sus productos eran apreciados dentro y fuera del país. Fue en estos años cuando empezó el desarrollo del barrio obrero. El modelo que se siguió fue el de casas independientes, abandonando el de las primeras construcciones de bloques para los obreros. Silvio había visto en Francia, Alemania y especialmente Inglaterra las pobres condiciones de vida en que vivían los trabajadores, en bloques de pisos repletos de gente y los problemas de higiene, enfermedades y malas relaciones entre vecinos que traían consigo.

Silvio, el hijo del fundador, creía que uno de los deberes de cualquier empresario era mejorar las condiciones de vida de sus trabajadores, de esta manera los trabajadores podían acudir a su lugar de trabajo sin preocupaciones y sólo pensar en su trabajo, así trabajarían más y evitarían los accidentes laborales, muchas veces causados por el cansancio o el descuido. Todas estas condiciones además reducirían el absentismo laboral lo cual haría más productiva su fábrica. De esta manera Silvio decidió proveer al barrio de todos los servicios necesarios, a parte de los ya enumerados, el barrio contaba con un pequeña clínica, bomberos, tiendas de comestibles y ropa, un club social y baños públicos.

Como curiosidades, destacar que el barrio fue el primer pueblo en Italia en contar con iluminación pública basada en bombillas, o la antes citada piscina climatizada que aprovechaba el calor de las chimeneas, para calentar el agua de la piscina y los baños. Otra muestra de la generosidad de los patronos es que se hacían cargo de todos los gastos de la escuela desde los libros o lapiceros hasta los sueldos de los profesores.

El aspecto del barrio era extraordinario. La factoría estaba situada al lado del río, a un lado de esta el castillo de la familia Crespi. Las casas de los trabajadores alineadas en calles paralelas, en uno de los lados del barrio unas cuantas villas más distinguidas, para oficinistas y directivos. La casa del médico y el párroco sobre una ligera colina con vistas sobre el barrio. La presencia e importancia de la fábrica era enfatizada por sus altas chimeneas y sus naves. La calle principal llevaba de las casas a la fábrica, y como una metáfora de la vida del trabajador acababa en el cementerio.

En los años 30, después de la Primera Guerra Mundial, con la Gran Depresión y el auge del fascismo en Italia, la compañía entró en crisis. En esos momentos contaba con unos 3,200 trabajadores. La fábrica al igual que la mayoría de industrias italianas casi se paralizaron en esta época. Para hacer frente a la crisis la empresa se fusionó con otras 2 empresas de la zona y del sector, dando lugar al Stabilimenti Tessili Italiani (STI). La familia Crespi que poseía una parte de la empresa resultante la abandonó rápidamente, dejando la fábrica y el barrio en manos de la nueva empresa.

Con el cambio de amo también cambiaría la vida en el pueblo. El presidente de la nueva sociedad STI, era un convencido fascista, Bruno Canto, e impuso una estricta organización en todos los sectores, intentando hacer olvidar lo que los Crespi habían creado durante más de 50 años, en los cuales no hubo ninguna huelga o desorden social.

Incluso el tipo de construcción cambió adoptando un nuevo "estilo fascista" que quería que todo estuviera alineado, perfecto, la decoración de ladrillo de las casas se quitó y las casas fueron pintadas de verde y rojo. Incluso el nombre se cambió, ahora se llamaba "Tessilia" un nombre de inspiración fascista. También se creó una revista con el objetivo de promover las ideas fascistas entre los trabajadores. El estilo paternalista benefactor se cambió por un estilo paternalista dictatorial, que extendió el miedo entre los trabajadores, que no osaban expresar sus opiniones por miedo al despido. Los servicios sociales también se fueron perdiendo y el número de trabajadores lentamente declinando, pues ya sólo contaba con unos 1,700.

Los problemas seguirían y la fábrica iría pasando de mano en mano, en 1970 dividida entre dos empresas ya sólo daría trabajo a unos 700 trabajadores, lejos de aquellos 3,200 de los tiempos mejores. Fue en el 1972, cuando la fábrica y el pueblo entero fue puesto en venta. Afortunadamente muchos de sus trabajadores consiguieron comprar las casas en las que vivían. Las casas de los jefes y el castillo de los Crespi fueron vendidas a gente de fuera del barrio. Los edificios públicos fueron comprados por el municipio y por la parroquia de Cresi. Posteriormente en los 90, el barrio consiguió librarse de los planes del ayuntamiento para edificar en su centro histórico, gracias a la campaña para ser declarado patrimonio de la humanidad de la UNESCO, objetivo que consiguió en 1995.

Por su parte la fábrica siguió funcionando hasta el 2004, cuando acabó cerrando depués de dedicarse 126 años a la producción textil en algodón.

PS: Recomendamos visitar el mapa interactivo en la página de Villaggio Crespi, para ver la magnitud y aspecto de la fábrica y el barrio.

*foto 1: Vista actual del conjunto
*foto 2: Foto antigua de los telares
*foto 3: Castillo de los Crespi
*foto 4: Panorámica del cementerio, al fondo el Mausoleo de los Crespi que parece "abrazar" el resto de tumbas


posts relacionados:
- Ruinas industriales de Detroit
- Nahalal, un pueblo en círculos

+info:
- Web of Villaggio Crespi
- Crespi d'Adda en es.wikipedia.org
- Crespi d'Adda, en Associazione Culturale NEMA
- Crespi d'Adda in en.wikipedia.org Leer más »

jueves, 15 de mayo de 2008

El Castillo de Predjama, el castillo dentro de una cueva

El Castillo de Predjama es uno de los mayores atractivos turísticos de Eslovenia. Su atractivo no es sólo debido a la espectacularidad de su emplazamiento en la boca de una cueva en medio de un precipicio de 123 metros, sino también a la peculiar historia de la muerte en él del Barón Erazem Lueguer, una especie de Robin Hood esloveno que atacaba las caravanas de mercaderes de la importante ruta que unía Viena Con Trieste.

Este castillo muy probablemente fue construido en el siglo XII, pero la primera mención, de la que tenemos constancia, es de la segunda mitad del siglo XIII. En 1350 el castillo fue tomado por duques austriacos. Y en 1398 tropas de Aquileia pusieron cerco al castillo y finalmente lo quemaron. Más tarde los caballeros de la ciudad de Lienz, del Tirol este, se convirtieron en propietarios del castillo.

En 1478 volvió a cambiar de manos, esta vez fue cuando llegaría a manos de la versión eslovena de "robin hood", Erazem Lueguer, un ladrón que al igual que Robin Hood original repartía sus botines entre los pobres. Las relaciones de este caballero con el emperador austriaco no eran en exceso buenas ya que Erazem tenía tratos con los enemigos húngaros del emperador, e intentaba mantener una cierta independencia entre ambos bandos. Pero fue en 1483, cuando Erazem en una discusión mató a un alguacil de la corte de Viena, que desafortunadamente para Erazem, era familiar del emperador austriaco, cuando su situación empeoró aún más y se vio forzado a huir a su castillo para evitar el castigo.

Gaspar Ravbar, Señor de Trieste, obedeciendo órdenes del emperador austriaco puso sitio al castillo. El plan de Ravbar tras intentar en vano que Erazem se rindiera, era esperar a que este acabara entregándose al quedarse sin comida. Sin embargo el largo sitio, que ya duraba el invierno y la primera del 1484 parecía no surtir ningún efecto, más bien parecía que Erazem contaba con provisiones ilimitadas. Según cuenta el relato que mezcla historia con leyenda, durante el sitio el castillo era abastecido regularmente a través de un pasaje secreto a través de las cuevas, algunos se aventuran a decir que dicho pasaje comunicaba el castillo con el vecino valle de Vipava, que se encuentra a unos 30km de distancia.

Esta situación permitía a Erazem burlarse de las tropas de Gaspar, mostrándoles y a veces incluso enviándoles como regalo cerezas recién recogidas. Sin embargo la alegría para Erazem llegó a su fin, cuando uno de sus sirvientes se dejó sobornar por los hombres de Ravbar y lo traicionó. Tal como había pactado, el sirviente una noche encendió una luz cuando Erazem se dirigía "al lugar donde ni siquiera el sultán puede enviar a sus representantes" (según cuenta la historia local), y en dicho lugar un cañonazo acabó con su vida.

Posteriormente en 1567, el castillo fue vuelto a comprar, esta vez por Hans Kobenzl, un caballero austriaco de Kärnten. Que reconstruyó y agrandó el castillo dejando prácticamente en el estado que se encuentra ahora. Sus descendientes continuaron siendo los propietarios hasta el 1810. El castillo pasó por otros dos propietarios hasta que fue confiscado durante la Segunda Guerra Mundial.

La visita al interior del castillo permite ver como el castillo fue adaptado a la cueva y a las paredes de roca. Una de las cavidades era usada como establo y a través de ella se puede acceder a otras cuevas.

PS: Gracias por la sugerencia del tema y las fotos a mi amigo Xavier Saéz

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+info:
- Castillo Predjama en es.wikipedia.org
- Predjama Castle in www.castles.nl
- Predjama Castle in en.wikipedia.org
- Perdjamski grad by BublleGum in TravBuddy
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