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martes, 11 de mayo de 2010

La fortaleza natural de Monemvasia

En el suroeste de la península del Peloponeso, se encuentra el conocido como Gibraltar griego, Monemvasia. Un imponente peñón de 1.8 kilómetros de longitud que en el siglo IV quedó separado de la costa a causa de un terremoto. Desde el siglo VI, han sido muchos los que han buscado refugio y los que han intentado apoderarse de la roca. Una fortaleza construida por la naturaleza, como decían los venecianos, que se levanta 300 metros sobre el mar, rodeada de pronunciados precipicios que la convertían en inexpugnable.

Grabado veneciano de 1687. La mayoría de las torres son minaretes.

Según cuenta una crónica del siglo VI, fueron los griegos que huían de las invasiones eslavas y ávaras los que encontraron refugio en “un lugar en la costa, poderoso e inaccesible, donde se asentaron con su propio obispo y al que llamaron Monemvasia porque tenía un único acceso”. Estas invasiones marcaron el comienzo de una época convulsa para el dominio bizantino sobre el Peloponeso –en aquel tiempo conocido como Morea– hasta el punto de que algunas crónicasmuy discutidas– han llegado a sugerir que los invasores eslavos llegaron a constituir su propio estado independiente en la mayor parte de la península.

En otras zonas del imperio, la situación también era complicada. Los ataques ya no se limitaban a las zonas fronterizas y ahora alcanzaban el interior, llegando, incluso, a amenazar Constantinopla. Al mismo tiempo, lo que antes eran incursiones puntuales se fueron transformando en asentamientos permanentes que acabaron dando lugar a auténticos estados independientes y hostiles hacia la autoridad de Bizancio dentro de los supuestos límites del imperio.

Afortunadamente para los bizantinos, a partir del siglo VIII, su imperio comenzó a recuperarse del devastador efecto de todas estas invasiones y los invasores eslavos acabaron siendo expulsados o asimilados. Una vez libre, las calamidades no acabarían para el Peloponeso. En el 747, una epidemia golpeó Monemvasia y devastó la costa este del istmo. Muchas zonas quedaron despobladas, aunque la ciudad se recuperó rápidamente, llegando a superar, incluso, su anterior importancia. En los años siguientes, esta creciente prosperidad no pasó inadvertida para los piratas árabes, que la atacaron en varias ocasiones, aunque ninguno de sus ataques consiguió superar las murallas de la ciudad.

Hagia Sophia. Foto de Frank Kathoefer

La distribución de Monemvasia seguía la típica de una ciudad bizantina fortificada, con una ciudadela en su punto más alto y dos líneas de murallas más abajo que dividían la ciudad en dos: la parte alta y la baja. La zona alta de Monemvasia era el centro administrativo y en ella vivía la aristocracia. La parte baja, situada en una pequeña terraza al borde del mar, era la zona comercial y en ella se encontraban los talleres y las casas de los comerciantes y marineros. Los comercios ocupaban la calle central, como siguen haciendo hoy en día. En la parte suroeste de la isla, fuera de las murallas, también existía un pequeño asentamiento.

Durante el siglo IX, las ciudades bizantinas comenzaron a recuperarse gracias a la restauración del poder central. Fue especialmente próspero el siglo XII. De la mano de la familia imperial de los Commeno, la población y la economía del imperio experimentaron un gran crecimiento. Se fundaron nuevas ciudades y muchas de las ya existentes crecieron o se consolidaron. El crecimiento, además, llegó a las zonas rurales, donde al aumentar las tierras dedicadas al cultivo se produjo un incremento de la producción agrícola.

Todo este crecimiento demográfico y económico atrajo el interés comercial veneciano. El aumento del comercio acabaría trayendo más prosperidad al Imperio. Por su parte, Monemvasia, fue atacada por los normandos de Sicilia en 1147. La ciudad, una vez más, resistió. Mientras, comenzaba a hacerse con una importante flota para defenderse.

A comienzos del siglo XIII, la Cuarta Cruzada conquista el Imperio Bizantino y se hace con casi toda Grecia. Los cruzados francos se apoderaron de casi toda Morea. Monemvasia, sin embargo, fue una de las pocas ciudades que permanecieron bajo poder griego. La ciudad rechazó rendirse y resistió durante casi medio siglo más la presión franca, pero en 1249 se vio obligada a capitular. Lo hizo después de un bloqueo de 3 años al que sometieron la ciudad un contingente de venecianos y francos dirigidos por Guillermo de Villehardouin, y, según cuenta la Crónica de Morea, sólo después de que sus habitantes se hubieran comido hasta las ratas y, por supuesto, los gatos de la ciudad.

Puerta de la ciudad baja. Foto de bovolo

Muros de la ciudad baja. Foto de bovolo

Los francos sólo retendrían la ciudad durante 13 años. En 1262 pasó a formar parte del rescate, junto a las ciudades de Mistra y Maina, que Gillermo II Villehardouin tuvo que pagar por su propia liberación al emperador bizantino Miguel VIII Paleólogo. Una vez recuperada, Monemvasia se convirtió en el punto de desembarco de la tropas imperiales que venían a reforzar el recién creado Despotado de Morea, desde el que partían los ataques bizantinos hacia lo que quedaba del principado franco de Morea . Monemvasia, por su parte, vio como se convertía en una importante base para los piratas dedicados al saqueo de las rutas comerciales venecianas.

En 1293, un año después de que Roger de Lluria atacara la ciudad e incendiara su parte baja, el emperador Andrónico II, emitió una bula por la que el obispado de la ciudad fue elevado al rango de metrópolis, con jurisdicción sobre todo el Peloponeso. También se pusieron en práctica medidas económicas con el objetivo de convertir la ciudad en la capital comercial de la Morea bizantina y, así, competir con las bases comerciales venecianas en Mesenia (en la parte occidental del Peloponeso). Aunque podría ser anterior, se cree que fue durante el reinado de Andrónico II cuando se construyó la iglesia de Hagia Sophia, que es el edificio más importante que se conserva de la parte alta de la ciudad hoy en día.

Andrónico III volvió a ampliar los privilegios concedidos a Monemvasia, eximiendo a sus habitantes de la obligación de pagar impuestos o de realizar trabajos forzados. Además, les concedió el derecho de comerciar libremente con la mayor parte del Imperio. La prosperidad de la ciudad se vio incrementada con el floreciente negocio de la exportación a toda Europa del vino de Malvasia producido en el Peloponeso Oriental y en algunas de las islas Cícladas. Un vino muy apreciado en las cortes europeas de la época.

El principal privilegio que había recibido la ciudad, el poder para elegir sus propios gobernantes, la convirtió en una ciudad casi autónoma respecto a la autoridad centralizada y burocrática de Constantinopla. Sin embargo, esta libertad acabó convirtiéndose en una maldición. Los arcontes de la ciudad fueron unos de los principales culpables del desorden en el que se comenzó a sumir el Despotado de Mistra, precisamente cuando más necesaria era la unidad para luchar contra los turcos.

Pese a todo, en 1442, cuando la conquista otomana parecía, ya, inminente, Teodoro II de Mistra volvió a ratificar los privilegios de la ciudad y renovó el sistema que obligaba a dedicar la herencia de los que murieran sin descendencia a la reparación y refuerzo de las defensas de la ciudad.

Parapeto de la ciudad alta. Foto de bovolo

Después de la caída de Constantinopla en 1453 y la posterior de toda Morea, la única ciudad que quedaba de lo que había sido el todopoderoso Imperio Bizantino era Monemvasia (hasta 1461, a orillas del Mar Negro, sobreviviría el Imperio de Trebisonda, un estado surgido de la descomposición del Imperio Bizantino, justo unas semanas antes de la toma de Constantinopla por la IV Cruzada).

El derrotado Déspota de Morea, Demetrio Paleólogo, se unió al séquito de sultán. Su mujer y su hija, por el contrario, prefirieron buscar refugio en el fortificado peñón. Al poco tiempo, el sultán envió un emir para exigir la sumisión de la ciudad. Las mujeres del traidor le fueron entregadas, pero los habitantes de la ciudad rehusaron rendirse guiados por Manuel Paleólogo, sobrino del déspota y que, tras la traición de este, ocupaba la segunda posición en la línea de sucesión imperial, detrás de su padre Tomás Paleólogo. El emir, por su parte, se retiró sin luchar.

Monemvasia se había quedado sola en su lucha por preservar su independencia frente al enemigo turco. Su primer movimiento fue aceptar como caudillo a un pirata catalán llamado Lupo de Bertagna que, según parece, llevaba unos años por aquellas aguas dedicado a su “oficio”. Fue una mala elección, Bertagna resultó ser un tiránico dictador. Así que tan rápido como lo habían hecho llamar, lo expulsaron. Otra vez sola, en 1460, la ciudad decidió probar la protección del Papado. Sin embargo, la nueva alianza tampoco duraría demasiado. El poder militar y político del Papa resultaba insuficiente frente a la constante presión de los otomanos, por lo que se vio obligado en 1464 a ceder la ciudad a la República de San Marcos, que en aquella época estaba en guerra con los turcos.

Camino de acceso a la ciudad alta. Foto de bovolo

El dominio veneciano trajo consigo un período de paz y prosperidad a Malvasia, como ellos llamaban a la ciudad. Aunque, extrañamente, pocas construcciones se pueden atribuir a este periodo. Bajo su control, el provechoso negocio de la exportación de su vino continuó. Pero en 1540 la Serenissima acabó cediendo la ciudad al Sultán Solimán el Magnífico a cambio de la promesa de un tratado de paz. Fue durante la segunda guerra entre venecianos y turcos, y la pérdida de la ciudad marcó el comienzo del ocaso del imperio veneciano en Levante y el declive de su comercio.

Por su parte, los turcos llevaron a cabo la renovación de las defensas de la ciudad baja. Construyeron la mayor parte de los muros que rodean hoy en día la parte baja de la ciudad. Muy probablemente, después de derribar lo que quedaba de las antiguas murallas bizantinas. También parece que son de esta época la puerta de la parte alta de la ciudad y los parapetos que bordean los precipicios.

En 1554, los nuevos muros resistieron como antes lo habían hecho los antiguos. En este caso, fueron los Caballeros de Malta los que intentaron recuperar la ciudad para la Cristiandad. No lo consiguieron y, aparentemente, la población de la ciudad no mostró demasiado interés por ayudar ni aliarse con sus supuestos libertadores.

Un siglo después, lo intentaron los venecianos. Lo probaron en 1653, 1654 y 1655, sin éxito. Lo volvieron a probar en 1687, durante la Guerra de Morea, cuando ya todo el Peloponeso estaba en sus manos y Monemvasia era la única ciudad que se les resistía, tampoco lo consiguieron y prefirieron continuar con sus conquistas más al norte del istmo.


Muros marítimos. Foto 1 2 de bovolo

En 1689, abandonada su expansión hacia el norte, la República de Venecia volvió a poner sus ojos en aquella molesta mancha en la Morea veneciana que era Monemvasia. Los venecianos decidieron someter a la ciudad a un bloqueo naval y construyeron dos fuertes, uno delante del puente de 23 ojos que unía la ciudad con la costa, y otro, más al sur, desde el que se dominaba la ciudad baja. Desde ambas posiciones los venecianos bombardeaban las posiciones turcas. En varias ocasiones, los venecianos intentaron tomar la ciudad. Una de ellas atacando con brulotes los muros de la ciudad baja. No tuvieron éxito y el capitán veneciano prefirió esperar a que el bloqueo surtiera efecto a continuar arriesgando más vidas.

Con el paso del tiempo y la llegada de más refuerzos, los venecianos volvieron a pasar al ataque. Tomaron posiciones en la isla y lo volvieron a intentar. Pese a los esfuerzos, no consiguieron grandes avances y entre los capitanes venecianos comenzó a cundir la duda de si tenía algún sentido tomar el Borgo (la ciudad baja), pues, aunque este cayera, tomar la fortaleza superior (el Castello) seguiría siendo una misión casi imposible.

La única manera de acceder a la parte alta era siguiendo un escarpado y zigzagueante camino que partía desde el Borgo. En este camino, que era interrumpido por varios muros, no había espacio para situar artillería, cavar trincheras o construir fortificaciones, por lo que los atacantes estaban a merced de las piedras o proyectiles que los defensores les arrojaran desde arriba.

Calle principal del Borgo. Foto original de bovolo

Campanario en el Borgo. Foto de bovolo

Gracias a las paredes naturales que bordeaban el Castello, esta parte de la ciudad no necesitaba unas fortificaciones muy contundentes, le bastaba con unos muros bastante bajos y, en algunos flancos, ni tan siquiera eso. Por su parte, las murallas que protegían el Borgo no llegaban hasta las fortificaciones superiores. Se limitaban a llegar hasta los flancos verticales de la roca. Parecía difícil que alguien pudiera trepar por aquellos muros naturales, ni siquiera lo turcos, que tenían fama de buenos escaladores.

Abandonada la idea de atacar la ciudad baja, los venecianos y sus aliados comenzaron a retirarse a tierra firme a esperar que el hambre debilitara la voluntad de los defensores de la ciudad. Fue entonces cuando un comandante de artillería veneciano aseguró que las piezas de artillería de los turcos eran poco potentes, especialmente ahora que cada vez les quedaba menos pólvora. El comandante propuso construir trincheras a menos de 50 metros de las murallas de la ciudad desde las que bombardearlas en colaboración con la artillería de las galeras.

El plan surtió efecto. Los turcos, para entonces ya muy debilitados por el hambre, se asustaron por el progreso de los movimientos de los venecianos y no demasiado convencidos de la resistencia de sus muros defensivos, que no eran especialmente gruesos, prefirieron negociar y acabaron rindiendo la ciudad el 12 de abril de 1690. 1.200 turcos, 300 de los cuales eran soldados, abandonaron la ciudad y entregaron a los venecianos 78 cañones junto con todos los esclavos y renegados cristianos. Después de 14 meses, Monemvasia era veneciana y la conquista de Morea, completa. En los años posteriores, la República repobló toda la zona con colonos albaneses.

Ruinas del Castello. Foto 1 2 de bovolo

Después del sitio, los venecianos repararon los muros que habían resultado dañados por sus bombardeos, pero parece que no hicieron ninguna otra mejora o ampliación de las defensas de la ciudad. Como solían decir, la naturaleza había construido la fortaleza y poco había que hacer para reforzarla.

Esta vez, sin embargo, el dominio veneciano duraría tan sólo 25 años. Durante el verano del 1715 un ejército turco avanzó hacia la ciudad. Esta vez, para evitar otro sitio, los venecianos prefirieron negociar. Finalmente, a cambio de una importante suma de dinero, entregaron la ciudad.

Durante este nuevo período de dominación turca, la ciudad continuó su particular decadencia. Durante la Guerra Ruso-Turca de 1768-1774, en 1770, la población albanesa y griega se levantó contra los ocupantes turcos, fue la Revuelta Orlov. Sin embargo, los turcos consiguieron aplacarla y la reprimieron con tal dureza y ferocidad que muchos griegos decidieron huir. En 1805, de las 350 casas de Monemvasia, sólo 3 las ocupaban familias griegas.

En 1821, durante la Guerra de Independencia Griega, Monemvasia, la última fortaleza que sus antepasados habían rendido a los turcos, se convirtió en la primera fortificación que los griegos recuperaron. Como siempre, la única forma de que los ocupantes de la roca se rindieran fue esperar a que se les acabara la comida después de un sitio de cuatro meses. De esta manera, el 1 de agosto, Tzannetakis Grigorakis entraba en la ciudad al mando de su propio ejército privado. Tras la toma, algunas de las familias griegas que habían huido en 1770 volvieron a la ciudad, pero, pese a este retorno, la ciudad no recuperó la gloria ni la importancia pasada.

Panorámica de Monemvasia. Foto de bovolo

En 1911, el último habitante abandonó la parte alta de la ciudad, que hoy en día, y a excepción de un par de edificios y de los muros que la rodean, es sólo una gran extensión de ruinas. La parte baja también fue perdiendo habitantes y en 1971 su población llegó a su mínimo, 32 habitantes. La vida y la actividad se fueron trasladando poco a poco al otro lado del puente, donde entorno a un pequeño puerto ha ido surgiendo Gefira. Pese a todo, en los últimos tiempos, y gracias al turismo, la población de la ciudad vieja se ha ido recuperando. Gentes provenientes del resto de Grecia o, incluso, del extranjero han comenzado a reconstruir sus antiguas casas y, en 2001, eran ya 90 los residentes permanentes.

PS: Se dice que en la parte alta de la ciudad había campos de maíz para alimentar hasta a 30 hombres.

Las fotos son del pasado verano, que tuve la suerte de poder visitar Monemvasia. Más fotos en panoramio

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+info:
- Castles of the Morea by Kevin Andrews, Glenn R. Bugh in google books (pág 196)
- Monemvasia in en.wikipedia.org
- Malvasia in Venetian Fortresses in Greece by Roberto Piperno
- Monemvasia – The Town and its History by Rainer W. Klaus and Ulrich Steinmuller, extracto en monemvasia-online
- A History of the Crusades: The fourteenth and fifteenth centuries by Kennth Meyer, Harry W. Hazard en google books
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martes, 5 de enero de 2010

Erzsébet Báthory, la condesa sanguinaria

Erzsébet Báthory era miembro de una de las familias más poderosas de la Hungría del siglo XVI, pero acabó sus días emparedada en unas cuantas habitaciones de su castillo de Catchtice. Era su castigo por haber matado y torturado a, por lo menos, 80 chicas. Erzsébet ha pasado a la historia como una mujer cruel, obsesionada por la belleza y la sangre de sus víctimas, aunque para otros fue simplemente la víctima de una conspiración para acabar con su enorme poder.

Erzsébet con 25 años. Copia de un retrato original de 1585.

Erzsébet había nacido en 1560 en el seno de una de las más poderosas familias de la Hungría de la época, los Báthory. Por parte de madre, era sobrina del rey de Polonia; por parte de padre, prima del Gran Príncipe de Transilvania. En una época en la que la mayoría de los nobles eran iletrados, Erzsébet era una persona educada, conocía el latín, el alemán y muy probablemente el griego.

Aunque se sabe muy poco de su infancia, en un intento de encontrar una explicación a su crueldad, algunos han sugerido que podría haber sufrido algún tipo de trastorno mental desde bien pequeña. Se dice que de niña Erzsébet sufría ataques que venían acompañados de espasmos y pérdida de control. Podría tratarse de ataques epilépticos, posiblemente propiciados por la endogamia propia de su familia.

El entorno en que creció también podría haber influido en su manera de actuar. Se trataba de una época en que la violencia y el castigo corporal estaban a la orden del día. En muchos casos, el castigo físico era visto como una forma de educar. Las ofensas más triviales eran castigadas de forma desproporcionada. Es probable que durante su infancia Erzsébet se hubiera acostumbrado a los castigos brutales, viendo como trataban los oficiales de su familia a los siervos en sus fincas. Con el tiempo, Erzsébet podría haber llegado a insensibilizarse ante este sufrimiento y dolor ajeno.

Con sólo once años, algo habitual en la época, se prometió con Ferenc Nádasdy y se mudó al castillo de su familia en Sarvar. Los Nádasdys tenían fama de ser unos señores severos y algunos creen que pudo ser su futuro marido el que la inició en el pasatiempos” de torturar sirvientas. Con 14 años, según algunas fuentes, quedó embarazada de un joven campesino. Para evitar el escándalo fue recluida en unos de los castillos de la familia hasta que dio a luz, del niño y del campesino, jamás se supo nada.

Finalmente, en 1575 contrajo matrimonio con Ferenc. A la boda asistieron unos 4.500 invitados. Erzsébet conservó su apellido porque su familia era más poderosa que la de su esposo. Muy probablemente el matrimonio fue un acuerdo político entre las dos familias.

Hungría en torno al 1550

Como regalo de bodas, recibió el que se convertiría en su hogar, y más tarde su prisión: el castillo de Cachtice, situado en los Cárpatos. Junto con el castillo recibió tierras y 17 pueblos cercanos. Sólo 3 años después de la boda, en 1578, Ferenc fue nombrado comandante en jefe de los ejércitos húngaros en su permanente guerra contra los turcos.

Con su marido en la guerra, la joven Erzsébet pasaba la mayor parte de su tiempo sola ocupándose de las propiedades y negocios de la familia. Como otros nobles de la época, también se ocupaba del cuidado y protección de sus siervos, a los que en casos de necesidad les proporcionaba ayuda médica o comida. También era habitual que los hijos de los siervos que mostraban más capacidades fueran educados por la nobleza. La nobleza se beneficiaba del trabajo de los siervos y por ello tenía un cierto interés en su bienestar. Aunque la buena voluntad hacia los sirvientes dependía de cada caso en particular. Había aristócratas que se consideraban “humanistas”, pero otros se mostraban crueles con los que eran vistos como “seres inferiores”.

En 1585, Erzsébet tuvo su primera hija de Ferenc, Ana. Más tarde tendría otra niña y un niño, Ursula y András, aunque los dos morirían a edad temprana. En 1598, tendría dos hijos más, Katherine y Pál.

Era una época especialmente complicada y violenta de la historia de Hungría. Después de la victoria otomana en la decisiva de batalla de Mohács del 1526, el país había quedado partido en dos, una gran parte de Hungría, incluyendo la parte sur de la actual Eslovaquia, había quedado bajo el control turco. Pero las fronteras no eran fijas, sino que se movían en función de los éxitos militares de las dos partes. Los turcos continuaron su expansión hasta el 1556.

Incluso durante los períodos de supuesta paz la violencia no desaparecía. Las incursiones turcas continuaban, gracias a los botines que obtenían de sus saqueos se reducía el esfuerzo que suponía para el Imperio mantener su ejército. La confiscación de suministros y las cosechas perdidas causaban interminables hambrunas y epidemias.

Entre 1593 y 1606 estalló la Guerra Larga” contra los turcos. Prácticamente toda la nobleza húngara participó. Entre ellos, el marido de Erzsébet y el futuro palatino de Hungría, Janos Thurzó. Erzsébet, mientras, tenía que defender las propiedades de la familia que estaban en el camino a Viena. Un emplazamiento peligroso como se había demostrado en ocasiones pasadas cuando los turcos habían saqueado el pueblo Cachtice. Las posesiones cercar de Sarvar, situado próximo a la frontera entre la Hungría otomana y cristiana, corrían un riesgo aún mayor.

Ruinas del castillo de Cachtice Foto original slovakia.com

De estos años existen testimonios de situaciones en los que Erzsébet mostró una actitud muy diferente de por la que pasaría a la historia. Varios casos en los que intercedió en favor de mujeres indigentes y un par en el que lo hizo por una mujer cuyo marido había sido capturado por los turcos y otra cuya hija había sido violada.

No obstante, otras fuentes (aunque bien podría formar parte sólo de su leyenda) dan una imagen más banal de Erzsébet. Según estas fuentes, la condesa era una narcisista que vivía obsesionada por la belleza. Acostumbraba a cambiarse de vestido cinco o seis veces al día y pasaba largas horas ante el espejo contemplando su belleza. Además, usaba todo tipo de ungüentos y aceites para conservar la blancura de su piel.

El marido de Erzsébet moriría antes de que acabara la guerra, en 1604, a la edad de 47 años. No está clara cuál fue la causa de su muerte, pero podría ser una herida en el campo de batalla o el cansancio y la tensión acumulados durante los años de guerra. Erzsébet, viuda como estaba, quedó en una situación delicada. Tenía grandes posesiones, pero no disponía de un ejército con el que defenderlas. El propio marido de Erzsébet, consciente de la situación en que quedaría su mujer si a él le sucedía algo, había pedido a la familia amiga de los Batthyányi y al propio Thurzó (aunque no eran grandes amigos, tal vez al predecir su futuro ascenso) que cuidaran de Erzsébet si él moría.

Antes de la muerte de Ferenc, ya habían comenzado a circular por la región rumores de que algo siniestro estaba sucediendo en el castillo de Cachtice. Aunque es probable, según algunos estudiosos, que su obsesión por la disciplina y los castigos creciera como respuesta a la situación de vulnerabilidad en la que se encontraba como viuda.

El ministro luterano István Magyari fue el primero que se quejó públicamente y después ante la corte de Viena sobre los asesinatos y torturas que estaban ocurriendo en el castillo. Sin embargo, las autoridades tardaron varios años en actuar. No fue hasta 1610 cuando el rey Matías II pidió al Palatino de Hungría, Janos Thurzó, que investigara el caso. Debido al enorme poder de Erzsébet y la gravedad de la acusación, la investigación tuvo que ser llevada con la máxima discreción.

Thurzó envió a dos notarios a la zona para reunir pruebas en marzo de 1610. Incluso antes de obtener ningún resultado, Thurzó intentó llegar a un acuerdo con el hijo de Erzsébet, Pál, y con sus dos yernos. Un juicio y una ejecución habrían causado un escándalo público y habrían arruinado la reputación de una familia noble e influyente que en aquel tiempo gobernaba sobre Transilvania. Además, las propiedades de los Báthory hubieran sido incautadas por la corona. El acuerdo inicial era encerrar, secretamente, a Erzsébet en un convento de monjas.

Cartel de la película “The Countess” (2009)

Sin embargo, todo cambió cuando se comenzó a sospechar que entre las víctimas de Erzsébet no sólo había jóvenes sirvientas y campesinas, sino que también había hijas de pequeños nobles. En ese momento se decidió que Erzsébet tenía que ser puesta bajo arresto domiciliario, aunque su castigo no pasaría a más.

El 30 de diciembre de 1610, Thurzó acudió al castillo de Cachtice y arrestó a Erzsébet y a cuatro de sus sirvientes, acusado de cómplices. Según se cuenta, los hombres de Thurzó encontraron una chica muerta y otra agonizando. Otra más estaba herida y eran varías las que estaban encerradas en los subterráneos del castillo.

Los notarios interrogaron a más de 300 testigos. El acta del juicio recoge el de los cuatro cómplices y trece testigos. Además de nobles y sacerdotes, también se interrogó al personal del castillo de Cachtice. Según todos estos testimonios, las primeras víctimas habían sido chicas campesinas locales, a las que Erzsébet atrajo al castillo con trabajos de sirvienta muy bien pagados. Fue más tarde cuando comenzó a asesinar a hijas de la pequeña aristocracia que habían sido enviadas a ella por sus padres para aprender etiqueta y protocolo.

Según muchos estudiosos, este fue su gran error, las hijas de los siervos no interesaban a nadie. De hecho, la única perjudicada era ella, pues eran “su” propiedad. Pero el rey y la nobleza no podían permitir que mataran a hijas de los suyos.

Después de enterarse que también había jóvenes nobles entre sus víctimas, y aunque habían acordado que Erzsébet quedaría bajo arresto domiciliario, el rey pidió que fuera condenada a muerte. Aunque bien pudiera ser que detrás de este interés del rey por hacer justicia, sólo se escondiera un intento para evitar pagar la gran deuda que había contraído con el marido de Erzsébet, y de paso hacerse con las tierras de la familia. Sin embargo, Thurzó, muy probablemente ayudado por las influencias de la familia Bathory, pudo convencer al rey que la ejecución de Erzsébet afectaría al prestigio de toda la nobleza, por lo que el juicio fue pospuesto indefinidamente.

No corrieron la misma suerte sus cómplices, que no eran nobles, que fueron llevados a juicio el 7 de enero de 1611. Los procesados fueron acusados de brujería y prácticas paganas. Como era habitual en la época, el testimonio de los acusados y de muchos de los que testificaron en su contra fue obtenido mediante torturas e intimidaciones, y en muchos casos la descripción de las torturas era de oídas. Las atrocidades que se describieron durante la vista incluían largas sesiones de azotes; quemaduras o mutilaciones de manos, o incluso de la cara o los genitales; obligar a las víctimas a comer su propia carne arrancada de brazos o de otras partes; causar la congelación de las víctimas hasta su muerte; matarlas de hambre o abusos sexuales.

En muchos casos, las víctimas sufrían semanas de torturas antes de morir. Según Raymond McNally, autor del libro “Dracula was a woman”. Erzsébet y sus cómplices seleccionaban como víctimas las chicas que tenían pinta de estar más sanas, porque eran las que más tiempo aguantarían.

Según sus cómplices, Erzsébet no sólo había cometido sus crímenes en el castillo de Cachtice, sino también en otras de las propiedades de la familia en Sarvar, Sopronkeresztur y Viena. Además de sus cómplices directos, otras personas se encargaban de proporcionar las jóvenes, que en algunos casos eran secuestradas. Algunos de los padres de las víctimas afirmaron en el juicio haber visto indicios de torturas en los cadáveres de sus hijas. Erzsébet y sus cómplices solían atribuir las muertes de sus sirvientas a causas naturales o accidentes y las chicas tenían un entierro cristiano. En otras ocasiones, sin embargo, parece ser que optaban por enterrarlas a escondidas en sitios sin marcar cada vez más y más lejos del castillo.

Como pena, a Dorottya Szentes y Ilona Jó les fueron arrancadas las uñas y después las arrojaron al fuego. Fickó, al considerarse que su grado de culpabilidad era menor, fue decapitado antes de enviarlo, también, a las llamas. Katarína Benická fue sentenciada a cadena perpetua, al considerarse que sólo había actuado así por la presión que las otras mujeres habían ejercido sobre ella.

Se rumoreaba que existía un quinto cómplice, una mujer de la que poco se sabe llamada Anna Darvulia. Según parece, podría haber ejercido una gran influencia sobre los gustos sádicos de Erzsébet. En cualquier caso, Anna murió mucho antes del juicio.

Posible reconstrucción del castillo de Cachtice. Foto original de Ceska Televize

Durante el juicio, Erzsébet había sido confinada en unas cuantas habitaciones de su castillo cuyas ventanas y entradas habían sido totalmente tapiadas, a excepción de una pequeña apertura a través de la cual le hacían llegar la comida y otras para que entrara el aire. Su reclusión sin ver la luz del sol duraría más de 3 años, el 21 de agosto de 1614, sus guardianes la encontraron muerta. Había varios platos de comida sin tocar, por lo que probablemente hubiera muerto unos días antes.

Quisieron enterrarla en el cementerio de Csejte, aunque ante la oposición de los aldeanos que no querían tenerla en su cementerio, fue enterrada en su lugar de nacimiento, que era el de procedencia de su familia, Nagyecsed. Antes de su muerte, de acuerdo con su testamento, la fortuna de Erzsébet había sido repartida entre sus hijos.

La estimación del número de víctimas de Erzsébet difiere entre unas fuentes y otras. El número más alto que se da es de 650, aunque parece poco probable que un número tan alto de mujeres pudiera haber desaparecido sin dejar rastro, especialmente, en un tiempo en el que país estaba bastante despoblado. Durante el juicio, dos de sus cómplices, Szentes y Fickó, dijeron haber ayudado a torturar durante sus años de servicio a unas 35 mujeres cada uno. Los demás dieron un número aproximado de 50 o más. Y varios sirvientes estimaron que habían sacado del castillo entre 100 y 200 cadáveres.

Fue otro testigo el que testificó que eran 650 las víctimas listadas en el diario secreto de Erzsébet. Este es el número que ha pasado a figurar en la leyenda de Erzsébet. Se dice, aunque parece poco probable, que los diarios se conservan en los archivos del estado de Hungría. En cualquier caso, de ser cierto que los diarios existen y aún se conservan, ninguno de los gobiernos húngaros ha creído conveniente hacerlos públicos.

Uno de los aspectos que más ha trascendido de la leyenda de Erzsébet es su obsesión por la sangre. Fue por casualidad, un día al dar una bofetada a una sirvienta que unas gotas de la sangre de la chica fueron a parar a su piel. Después de secarse la sangre, se dio cuenta que las partes de la piel sobre las que había ido a parar la sangre habían rejuvenecido. Fue entonces cuando Erzsébet descubrió el secreto de la eterna juventud y empezó a bañarse en la sangre de sus víctimas.


Countess Elizabeth Bathory: one of the most evil women in history – Discovery Channel in YouTube

Aunque presente en casi todas las leyendas, este aspecto no fue mencionado por ninguno de los testigos del juicio. Parece ser que fue Laszlo Turoczi en su “Tragica Historia” de 1729 el primero en indicarlo y, por tanto, el creador de la leyenda de la eterna juventud de la condesa. Hoy en día, los estudiosos creen poco probable que Erzsébet matara por vanidad o por su belleza. Atribuyen esa motivación a los prejuicios hacia las mujeres de su época. Una explicación más probable es que sus crímenes tuvieran una motivación sádica.

Además de con los baños de sangre, la leyenda de la condesa sanguinaria se suele adornar con su afición por los rituales de brujería, una corte de consejeros que incluía alquimistas y hechiceros, rituales ocultistas en los que habría tomado parte con su marido, y una especial obsesión por las jóvenes vírgenes, cuya sangre usaba en otros rituales sanguinarios además de en los baños.

Frente a la versión aceptada por la mayoría de los historiadores y la aún más terrible propuesta por la leyenda, el historiador Lászlo Nagy propone una versión muy diferente. Según este historiador, Erzsébet Báthory no fue una sádica asesina, sino la víctima de una orquestada conspiración. Aunque Nagy no aporta pruebas, su teoría encajaría con la situación general del país. Erzsébet era protestante y poderosa en un tiempo en que Hungría dividida entre protestantes y católicos. Entre los católicos se contaba el rey Matías de casa de los Habsburgo.

PS: Sus crímenes convierten a Erzsébet Bathory, muy probablemente, en la asesina en serie más prolífica de la historia.

Enlace permanente a Erzsébet Báthory, la condesa sanguinaria

+posts:
- La secta de los Asesinos
- El enigma de Kaspar Hauser
- Rasputín, ¿santo o demonio?

+info:
- Elizabeth Báthory in en.wikipedia.org
- Erzsébet Báthory en es.wikipedia.org
- The Historians View on Bathory in Ceska Televize
- Elizabeth Bathory – the Blood Countess in h2g2/BBC
- Lady of Blood: Countess Bathory in Crime Library in trutv
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viernes, 29 de mayo de 2009

Hace un año en este blog, hace 556 en Constantinopla

Tal día como hoy del 1453, los defensores de Constantinopla ocupaban sus puestos en las murallas, preparados para resistir el que sería el asalto final de los otomanos sobre su ciudad. Una fanfarria de trompetas y un redoble de tambores marcaron su inicio cuando aún era de madrugada. El honor de ser los primeros en marchar sobre la ciudad cayó sobre los Bashi-bazouk, un cuerpo de mercenarios en el que aparte de turcos, eslavos o italianos, había también griegos. Su única paga sería el botín que pudieran conseguir durante el saqueo, en caso de victoria...


Seguir leyendo “El día del fin para Constantinopla” . O lo que pasó los días anteriores, “Los últimos días de Constantinopla”.

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lunes, 4 de mayo de 2009

Los arbereshe italianos, vestigio de una Albania que ya no existe

La conquista de Albania por los turcos inició el gran éxodo albanés hacia el sur de Italia. Muchos cristianos prefirieron dejar su tierra y escapar de la represión otomana. Más de 500 años después, los pueblos en los que se asentaron aún conservan su idioma, una versión arcaica del albanes, sus costumbres, su identidad y sus ritos religiosos. En total, son unos 80.000 arbereshe y su relación con los “primos” de Albania no siempre es fácil, demasiadas diferencias y demasiado tiempo los separan.

Bandera de los Arbereshe, el águila del sello de Skanderbeg sobre la bandera italiana

Con anterioridad a la invasión otomana de Albania, arberesh era la palabra utilizada para referirse a todos los albaneses. Fue entre los siglos XI y XIV cuando algunos clanes albaneses empezaron a establecerse en pequeños grupos formando colonias en el sur de Grecia (Corinto, Peloponeso y Ática). Sus habilidades militares en seguida los convirtieron en los mercenarios favoritos de francos, serbios, catalanes, italianos y bizantinos.

En 1448, el rey de Aragón, Alfonso el Magnánimo, que también era rey de Nápoles, pidió la ayuda de su aliado, Gjergj Kastrioti i Krujes, conocido como “Skanderbeg”, jefe de la Alianza Albana, para reprimir la rebelión de sus señores italianos. Varios clanes arberesh acudieron a la llamada del rey Alfonso y este consiguió aplacar la rebelión. En agradecimiento por su ayuda, Alfonso les recompensó con tierras en la provincia de Catanzaro, cerca de Calabria. Otro segundo contingente de llegaría en torno al 1450, se trataba de otra fuerza arberesh que intervino en Sicilia y que acabó estableciéndose cerca de Palermo.

Con la invasión de Grecia por parte de los otomanos en el siglo XV, muchos arbereshe se vieron forzados a emigrar al sur de Italia y a las islas bajo control veneciano. Además cuando estalló la Guerra de Sucesión de Nápoles, Fernando de Aragón volvió a pedir su colaboración, esta vez para combatir los ejércitos franco-italianos, esta vez Skanderbeg desembarcó en Brindisi. Tras conseguir la victoria, los arbereshe aceptaron tierras en Puglia, mientras Skanderbeg regresaba a Albania para organizar la resistencia contra los turcos.

Skanderbeg que todavía hoy en día es considerado el héroe nacional de Albania. Se había convertido en el defensor de la causa cristiana en los Balcanes, recibiendo del Papa el título de Athleta Christi. Sus éxitos militares contra los otomanos, habían despertado la admiración no sólo entre el Papado, sino también entre Venecia y el reino de Nápoles, que también se sentían amenazados por el creciente poderío turco en el Adriático. Alfonso V, fuen uno de los máximos partidarios de Skanderbeg y lo tomó bajo su protección como vasallo.

Estatua ecuestre de Skanderbeg en Tirana

La resistencia de 25 años de Skanderbeg contra el imperio otomano en Albania, se considera que proporcionó un tiempo vital a las ciudades-estado italianas para preparar su defensa ante los turcos. Uno de los aliados de Skanderbeg fue Vlad III Dracuela , personaje real en el que se basó Bram Stoker para crear el Conde Drácula. Vlad y Skanderbeg mantuvieron una alianza que proveía de ayuda mutua en su lucha contra los invasores turcos.

Skanderbeg murió de malaria en 1468 y su muerte trajo consigo la pérdida de la unidad y de las alianzas que él había ayudado a construir. Aunque sus seguidores consiguieron resistir diez años más la presión turca, ya no hubo más grandes victorias ante estos y su muerte marcó el que sería el gran éxodo arberesh. Se trataba que de albaneses que se resistían a la ocupación turca y a su conversión forzosa al Islam. Aunque algunos de estos emigrantes se dirigieron hacia el norte y el sur siguiendo la costa adriática, hacia Dalmacia y Grecia respectivamente, o Venecia, la mayor parte cruzó el mar rumbo al sur de Italia, donde se asentaron en una docena de pequeñas comunidades dispersas en Calabria, Sicilia y otras regiones.

Una segunda ola de arbereshe llegó a Italia más tarde, entre 1500 y 1534, una vez más huían de los turcos, pero esta vez no provenían de Albania sino de Grecia central. Empleados como mercenarios por Venecia, los arbereshe tuvieron que evacuar las colonias del Peloponeso con la asistencia de las tropas de Carlos V, mientras los turcos invadían la región. Carlos V estableció estas tropas en el sur de Italia para reforzar la defensa ante una posible invasión turca.

Mapa etnográfico de Italia en 1859, en verde las "islas" arberesh

Estos arbereshe se establecieron en pueblos aislados, lo cual les ha permitido mantener su cultura, lengua y tradiciones hasta nuestros tiempos. Se trataba principalmente guerreros y campesinos, por lo que una vez en Italia muchos tradicionalmente fueron soldados, del Reino de Nápoles o de la República de Venecia, desde las Guerras de Religión hasta la invasión napoleónica. Algunos estudiosos, consideran que la emigración de los arbereshe, a finales de la Edad Media, supuso para Albania la pérdida de una gran parte de su élite política e intelectual, lo que trajo como consecuencia el empobrecimiento cultural y económico del país.

El siglo XVIII vería la última llegada de arbereshe, se trataba de un grupo proveniente de Himare, un pueblo en el sur de Albania, que huyó a causa de una masacre instigada por Ali Pasha, que había matado 6000 albaneses cristianos por haber rechazado convertirse al Islam. Estos últimos arbereshe se asentaron en Hora e Arbereshevet (Piana degli Albanesi) y más tarde fundaron el pueblo de Sendahstina (Santa Cristina Gela).

A principios del siglo XVIII, se estima que había unos 100.000 arbereshe en Italia. Esa cifra ascendería a 200.000 en los primeros censos italianos de principios del siglo XIX, sumando la población de la cincuentena de pueblos arberesh.

Mujeres de Piana degli Albanesi vestidas con el traje tradicional arberesh, foto del 1902

Los arbereshe jugaron un papel destacado en la recuperación de la consciencia nacional de Albania a finales del siglo XIX. Pero también jugaron un papel importante en la unificación italiana, Francesco Crispi, uno de los personajes considerado determinante en dicho proceso era de origen arberesh.

Al igual que resto de pueblos del sur de Italia, los pueblos arbereshe también sufrieron los efectos de la ola de emigración masiva a América entre el 1880 y 1910. La mitad de los pueblos arberesh desaparecieron, y pese al revival cultura del siglo XIX apareció un cierto riesgo de desaparición cultural.

En la actualidad, se estima que en total los arbereshe son unos 80.000 distribuidos en varios “islas” dentro de Italia. Tras la caída del comunismo en Albania, llegaron nuevos inmigrantes albaneses a los pueblos arbereshe, tanto de Kosovo como de Albania. El encuentro generó sentimiento encontrados hacia los “nuevos albaneses”. Por un lado, y pese a las diferencias entre las dos comunidades, aún se aprecia un sentimiento de cierta familiaridad entre ellas, que queda reflejada en un dicho que usan ambos grupos: “Todos somos primos y nuestra sangre está dispersa, pero nosotros somos los arbereshe y ellos los shqiptare”.

Pero por otro lado también se generó una serie de sentimientos encontrados, como es la desconfianza entre la “vieja” y la “nueva” diáspora. Pese a tener orígenes comunes la evolución de ambas comunidades ha sido demasiado diferente, lo que tal vez provoque que no haya un sentimiento de unión étnica entre ellos. El dialecto arberesh es el albanes de la Edad Media, la lengua que se hablaba en Albania antes de la invasión otomana, substancialmente diferente del albanes moderno.

Bendición de la Epifania 2007, autor Bernhard J. Scheuven

Además los nuevos inmigrantes, que son en su mayoría musulmanes, muestran escaso interés por otro de los signos de identidad de los arbereshe, los ritos cristianos que han preservado fielmente. Hoy en día, la mayoría de arbereshe pertenece a la Iglesia Católica Bizantina Ítalo-Albanesa (católica pero con rito oriental) y una minoría que es católica.

Un estudio del 2003 analizó el encuentro entre los arbereshe de Piana degli Albanesi, una ciudad de unos 7.000 habitantes en Sicilia, con unos 70 inmigrantes recién llegados de Albania. El estudio reveló algunas tensiones entre la mayoría, que se veían a sí mismos como los aristócratas” de la cultura tradicional albanesa, y los nuevos inmigrantes que viven pisos baratos y se encargan de los empleos más precarios. Eda Derhemi, el autor del estudio, dijo haber encontrado escasas muestras de solidaridad entre los dos grupos, que están en realidad demasiado separados en el tiempo para tener mucho en común.

De hecho, los arbereshe tendían a replicar los típicos estereotipos del resto de italianos hacía los albaneses, que los consideran inmigrantes de clase baja, con una tendencia hacia la prostitución y la delincuencia, incluso cuando no existe evidencia alguna que esa tendencia se haya manifestado en la Piana degli Albanesi.

Como recuerdo de su origen y su pasado, la calle principal de muchos pueblos arberesh acostumbra a llamarse Via Giorgio Castriota, en honor de Skanderbeg. Curiosamente, las plazas principales de Tirana y Pristina (Kosovo) también llevan su nombre y en ambas hay dos estatuas ecuestres que honran su memoria. Gjergj Kastriot, Skanderbeg, el último líder que aunó a unos y a otros.

Iconostasio de San Giorgio Megalomartyr, Piana degli Albanesi (una iglesia Católico Bizantina en Sicilia)

Gracias a mi amigo Francesc, conocedor de primera mano de Italia, por descubrirme esta historia hace ya muchos años.

PS: D’una Albània somniada, lectura más que recomendable, una crónica sentimental del encuentro de los arbereshe y su Albania “soñada”, a Rastres, vestigis, derelictes

posts relacionados:
- Griko, el griego italiano en peligro de extinción
- Los agotes, la raza maldita de Navarra
- Los últimos Shaker

+info:
- Arbereshe en en.wikipedia.org y es.wikipedia.org
- Albanian in Italy in EuroMosaic
- The new Albanian migration by Rusell King et al. in googlebooks
- Out of Albania by Rusell King and Nicola Mai in googlebooks
- Albanian leadership in the Unification of Italy (1860-1871) in Tirana Magazine
- Arberesh language in en.wikipedia.org
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lunes, 13 de octubre de 2008

Chozoviotissa, el monasterio de una sola pared

En la encantadora isla de Amorgos, que forma parte del archipiélago de las Cícladas, se encuentra el famoso monasterio bizantino de Chozoviotissa. Incrustado desde el siglo XI en la pared de un acantilado a 300 metros sobre el Mar Egeo, es uno de los más espectaculares de las islas griegas.


Cuenta una leyenda que un día llegó a la playa, que se encuentra a los pies del acantilado, una barca sin nadie a bordo pero con una valiosa carga, un icono de la Virgen María, que habría sido salvado de los iconoclastas por una mujer piadosa originaria de Chotziva o Koziva, una ciudad de Tierra Santa aún no identificada que daría nombre al monasterio. La milagrosa llegada del icono a la playa sería el motivo por el cual el monasterio se dedicaría a la Virgen y se habría escogido dicho emplazamiento.

Siguiendo con la leyenda, el monasterio no habría estado siempre donde se encuentra ahora, sino que inicialmente, los habitantes de la isla construyeron la iglesia para albergar el icono en el mismo lugar pero situada a menor altura. Cuando aún estaba en construcción fue destruida pero milagrosamente las herramientas se salvaron y fueron colocadas en un punto mucho más alto e inaccesible que el original. El cincel del maestro constructor fue descubierto clavado en la roca, señalando el lugar donde se debería construir el monasterio, se dice que sería el lugar donde ahora se encuentra la capilla.


Sean ciertas o no estas leyendas, el emplazamiento escogido para el monasterio sin duda resulta peculiar, en un acantilado a 300 metros de altura sobre la playa, lo cual sin duda supuso una dificultad añadida para la construcción de un edificio así en su época. Su fundación se remonta al 1017, habría sido reconstruido posteriormente o verdaderamente fundado por el emperador bizantino Alejo I Comneno en el 1088.

El monasterio debe su sobrenombre al hecho que sólo tiene una pared levantada, mientras que las otras están constituidas por la roca justo en el punto que el Monte Profitis Ilias (de casi 700 metros de altura) forma una cueva natural. El color blanco de su pared, que contrasta con el gris rojizo del acantilado, hace la visión del monasterio aún ser más impresionante.


El interior del monasterio, que está distribuido en 8 niveles, tiene una altura de 45 metros y su anchura máxima es de 4.6 m. Sus ventanas miran al Egeo, todas de diferente tamaño y distribuidas de forma irregular. Dos impresionantes contrafuertes parecen haber tomado la responsabilidad de evitar que el edificio se escurra hacia abajo. La capilla fue instalada en una de las cavidades de la roca, tal vez donde señalaba el cincel.

Durante sus casi 1000 años de historia siempre ha estado habitado. Se estima que podían alojarse hasta un centenar de monjes, aunque en 1989, no había más que dos. Tras la caída del Telón de Acero, el monasterio volvió a cobrar cierta vida, y como ha ocurrido en otros monasterios griegos, se han instalado en él numerosos monjes jóvenes provenientes de Rusia.


Para visitarlo, aparte de subir una buena cantidad de peldaños que separan la carretera de la entrada, hay que respetar el código de vestimenta, que se puede resumir en que los hombres deben de llevar pantalones y las mujeres no. La entrada es a través de una puerta baja de mármol, que conduce a una escalera irregular y estrecha que permite subir a los niveles superiores, en el más alto se encuentra la capilla con sus iconos, uno de ellos es el milagroso, y valiosos manuscritos.


Desde la capilla se puede acceder a la terraza que ofrece una bella vista de las aguas azules del Egeo y otras más que impresionante vista de la playa que se extiende a los pies del acantilado, 300 metros más abajo, a la que se puede llegar desde el monasterio tras un paseo de unos 40 minutos.

Además de las estancias que se pueden visitar, el monasterio también cuenta con las celdas de los monjes, el refectorio, las cocinas o la prensa de vino.


PS: En la isla de Amorgos, de tan sólo 131km2, podemos encontrar 360 capillas bizantinas, según parece, durante el dominio otomano, construir una capilla en tierras propias eximía de pagar impuestos.

*foto 1: Vista del monasterio, foto original en www.greek-islands.us
*foto 2: El acantilado y el monasterio foto original de Leo@
*foto 3: Entrada al monasterio, foto original de Carlos Coutinho
*foto 4: Escaleras interiores del monasterio, foto original de Nicolas Bega
*foto 5: Campanario y pared del acantilado, foto original de www.greek-islands.us

vídeos en youtube.com:
- The Monastery of Amorgos in MegaTV, el video anterio, si no lo habéis visto antes, y os ha gustado el articulo, no os lo perdáis
- Colección animada de fotos del monasterio y la isla
- Vídeo de una ascensión, no es de tanta calidad, pero sí muy expresivo

posts relacionados:
- El monasterio imposible de la isla de Skellig Michael
- Monte Athos, el jardín de la Virgen María
- Las iglesias excavadas del Jerusalem etíope
- El Castillo de Perdjama, el castillo dentre de una cueva

+info:
- Amorgos: Home to the Improbable and Impractical by Hellenic Communication Service LLC
- Amorgos Monastery in greeka.com
- Monastery of Hozoviotissa in www.greek-islands.us
- El Monasterio de Panaghia Chozoviotissa, Amorgos en es.wikipedia.org Leer más »

jueves, 29 de mayo de 2008

El día del fin para Constantinopla

Leer antes Los últimos días de Constantinopla

Tal día como hoy, un 29 de Mayo, hace 555 años, en el 1453, los defensores de Constantinopla ocupaban sus puestos en las murallas, preparados para resistir el que sería el asalto final de los otomanos sobre su ciudad. Una fanfarria de trompetas y un redoble de tambores marcó su inicio cuando aún era de madrugada. El honor de ser los primeros en marchar sobre la ciudad cayó sobre los Bashi-bazouk un cuerpo de mercenarios en el que aparte de turcos, eslavos o italianos también se contaban griegos. Su única paga sería el botín que pudieran conseguir durante el saqueo en caso de victoria.

El Sultán pretendía aprovechar su superioridad numérica para superar la resistencia de los defensores. Así había preparado una serie de ataques en cadena para agotar las fuerzas de los defensores. A su vez los ataques no se producirían en un sólo punto, sino que los muros serían atacados desde varios puntos a la vez, lo cual obligaría a los defensores a repartir sus fuerzas a lo largo de las murallas.

El grueso de los ataques se concentró en el punto más débil de los muros terrestres, Mesoteichion, sobre el que también disparaban los cañones otomanos. El primer asalto que duró más de dos horas, tal como se esperaba, no logró vencer la resistencia de Giustiniani y sus hombres acompañados de los mejores soldados griegos, que defendían ese punto crítico, pero si había conseguido dejar a los defensores exhaustos y con poca munición.

Tras la retirada de los Bashi-Bazouk empezó el segundo asalto, esta vez por parte de soldados de la Anatolia, que fue seguido por un tercero, el de los jenízaros, la fuerza de élite del ejército otomano, tal vez la mejor infantería de la época. El asalto parecía un flujo continuo de atacantes, que parecían venir de todos los lados con arietes, catapultas, cañones... que hicieron que al final secciones de los muros empezaran a ceder. Los primeros en conseguir atravesarlos fue un grupo liderado por Ulubatli Hasan, que consiguió hacerse fuerte en una torre de la parte noroeste de la muralla de la ciudad y colocar allí su bandera. Aunque no consiguieron penetrar en la ciudad, por lo que aunque esta acción supuso un buen golpe en la moral de los defensores, ni mucho menos fue decisivo.

Mientras, Constantino y Giustiniani dirigían los defensores situados en el espacio entre el muro exterior y el interior en la zona de la puerta de Kerkoporta. Genoveses y griegos luchaban juntos hasta que Giustiniani fue herido de gravedad, teniendo que ser evacuado de manera apresurada a un barco. Los intentos del Emperador de convencerlo para que no abandonara el campo de batalla resultaron inútiles. Su evacuación causó momentos de confusión y tal como había temido Constantino, sus hombres huyeron tras él. De esta manera los bizantinos quedaron solos defendiendo el muro exterior.

Los turcos viendo este desconcierto decidieron atacar con más fuerza, quedando los defensores rodeados y viéndose superados decidieron huir por la pequeña puerta de Kerkoporta, que antes había sido usada para evacuar a Giustianiani, pero fueron masacrados y la puerta quedó abierta. Unos cuantos soldados turcos aprovecharon la ocasión y consiguieron entrar por ella y abrieron las puertas principales desde dentro. Hay otras versiones un tanto contradictorias para explicar porque la puerta estaba abierta, desde que fue por un mero descuido o una traición.

Se dice que el Emperador Constantino sin escuchar las súplicas de sus consejeros que le imploraban que se salvara, lideró la última carga contra los turcos luchando hasta el final tal como había prometido a Mehmed II en la puerta de San Romanus, donde fue visto vivo por última vez. Se desconoce con exactitud que le ocurrió, algunos cronistas afirman que su cadáver fue decapitado y su cabeza fue paseada por la ciudad. Otros sostienen que fue enterrado con honores en Constantinopla, mientras que otros afirman que los turcos fueron incapaces jamás de reconocer su cadáver y habría sido enterrado de forma anónima en una fosa común, lo cual no sería de extrañar pues el Emperador conociendo el deseo de los turcos de capturarlo podría haberse despojado de sus ropajes reales y haber luchado hasta el final vestido como un defensor cualquiera.

La muerte del último emperador bizantino también sirvió de inspiración a numerosos relatos y leyendas, una de ellas nos cuenta que un ángel lo rescató justo cuando los otomanos entraron en la ciudad, convirtiéndolo en un estatua de mármol que colocó en una cueva, donde espera un día volver a la vida. Otros prefirieron creer que no habría muerto sino que seguiría vivo, lo cuál alentaba las esperanzas que un día la ciudad volviera a manos cristianas. En cualquier caso se cree bastante probable que muriera en el frente, pese a que nadie de su entorno sobrevivió para relatar los últimos momentos del último Emperador.

Giustiniani también moriría días más tarde en la isla de Quíos, isla en la que se encontraba anclada la prometida escuadra veneciana esperando los vientos favorables que nunca llegaron. Algunos cronistas venecianos, anti-genoveses, intentaron manchar su memoria diciendo que simplemente había huido por cobardía lo cuál generó un cierto conflicto diplomático entre Génova y Venecia.

En la ciudad sin su emperador y sin el líder genovés, algunos grupos aislados aún intentaban resistir luchando de manera desesperada y heroica, como fue el caso una compañía de marineros de Creta, que resistieron en tres torres cerca de la entrada del Cuerno de Oro hasta bien entrada la tarde. Cuentan, que los turcos en reconocimiento a este comportamiento heroico les permitieron abandonar la ciudad libres.

Pero toda la resistencia fue inútil, y la misma tarde del 29 el Sultán Mehmed II hizo su entrada triunfal en la ciudad. Delante de él había enviado una guardia para proteger los edificios más importantes de la ciudad, pues no quería establecer su nueva capital sobre una ciudad en ruinas. Cuando este ejército llegó a Santa Sofía, se encontraron con una multitud desesperada encerrada buscando la última protección divina. Cuenta otra leyenda que al entrar los primeros soldados en la catedral, dos sacerdotes que estaban dirigiendo la eucaristía desaparecieron repentinamente, pero sólo hasta el día que Constantinopla vuelva a manos cristianas, aquel día volverán.

Sea leyenda o no, el resto de la congregación no corrió la misma suerte, sino que fueron separados en grupos buscando primero los jóvenes, los ricos y las mujeres hermosas, otros como los viejos y algunos niños fueron ejecutados en el acto. Por toda la ciudad se podían ver los soldados entregados al saqueo llegando a pelear unos con otros por mujeres o por el botín.

También ese mismo día 29, la catedral de Santa Sofia fue convertida en mezquita. La ahora mezquita, antes catedral, escapó del saqueo al que se sometió la ciudad. En un inicio este saqueo tenía que alargarse durante tres días, sin embargo Mehmed cambió de opinión tras ver que los destrozos de sus tropas y sólo duró 24 horas. Lamentablemente para entonces la mitad de los 50,000 habitantes que había en la ciudad ya habían sido violados, asesinados o esclavizados. Los que aún permanecían libres recibieron autorización para continuar residiendo en la ciudad, pero bajo la autoridad espiritual de un nuevo patriarca designado por el sultán.

Tras la caída de la ciudad, sobrevivieron unos años más un par de enclaves bizantinos aislados. Uno de ellos fue la fortaleza de Mystras en el Peloponeso, donde los hermanos de Constantino, Tomás y Demetrio gobernarían enfrentados el uno con el otro hasta 1460, año en que también fue tomada por Mehmed. La última porción de Bizancio en caer, sería el Imperio de Trebisonda, un estado bizantino independiente en la costa del Mar Negro, que nació después de la Cuarta Cruzada y sobrevivió hasta el 1461.

Muchos historiadores consideran la caída de Constantinopla como el evento que marcó el final de la Edad Media y propicio el inicio del Renacimiento, en parte debido a la huida hacia Occidente, en especial Italia, de muchos griegos con sus conocimientos y documentos. Los que optaron por quedarse en la ciudad se concentraron en los distritos de Phanar y Galata. Algunos de ellos llegaron a ocupar importantes puestos de consejero de los sultanes y precisamente por eso eran visto por otros griegos como unos traidores.

La caída supuso la desaparición del último vestigio del Imperio Romano y causó una gran conmoción en Occidente, pues se temía que fuera el principio del fin del cristianismo. Por lo que el Papa llamó a un contra-ataque inmediato en forma de cruzada pero unas naciones por falta de recursos otras por conveniencia declinaron participar. Con Constantinopla y el Bósforo bajo dominio musulmán el comercio entre Europa y Asia declinaría súbitamente hasta el descubrimiento de rutas alternativas por parte de españoles y portugueses.

La muerte del Imperio Bizantino supuso el nacimiento de otro imperio, el Otomano.

PS: Como curiosidad, muchos griegos aún consideran el Martes, el día de la semana que Constantinopla cayó, como el día más desafortunado de la semana.

*foto 1: Sitio de Constantinopla, de un manuscrito del siglo XV por Jean Chartier
*foto 2: Constantino XI, el último Emperador Bizantino
*foto 3: Porta Charisiou, Puerta de Charisius, por donde el Sultán Mehmed II entró en la ciudad


post relacionados:
- Fuego Bizantino, el arma secreta del Imperio
- Guardia Varega, los vikingos al servicio del Emperador Bizantino

+info:
- Caída de Constantinopla en es.wikipedia.org
- Fall of Constantinople in en.wikipedia.org
- Walls of Constantinople in en.wikipedia.org
- The Siege of Constantinople por Ralph Vickers
- The Fall os Constantinople por Donald M. Nicol
- The Siege of Constantinople, according to Nicolo Barbaro
- Byzantium: Constantine XI and the Fall of Constantinople in BBC Leer más »