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lunes, 4 de mayo de 2009

Los arbereshe italianos, vestigio de una Albania que ya no existe

La conquista de Albania por los turcos inició el gran éxodo albanés hacia el sur de Italia. Muchos cristianos prefirieron dejar su tierra y escapar de la represión otomana. Más de 500 años después, los pueblos en los que se asentaron aún conservan su idioma, una versión arcaica del albanes, sus costumbres, su identidad y sus ritos religiosos. En total, son unos 80.000 arbereshe y su relación con los “primos” de Albania no siempre es fácil, demasiadas diferencias y demasiado tiempo los separan.

Bandera de los Arbereshe, el águila del sello de Skanderbeg sobre la bandera italiana

Con anterioridad a la invasión otomana de Albania, arberesh era la palabra utilizada para referirse a todos los albaneses. Fue entre los siglos XI y XIV cuando algunos clanes albaneses empezaron a establecerse en pequeños grupos formando colonias en el sur de Grecia (Corinto, Peloponeso y Ática). Sus habilidades militares en seguida los convirtieron en los mercenarios favoritos de francos, serbios, catalanes, italianos y bizantinos.

En 1448, el rey de Aragón, Alfonso el Magnánimo, que también era rey de Nápoles, pidió la ayuda de su aliado, Gjergj Kastrioti i Krujes, conocido como “Skanderbeg”, jefe de la Alianza Albana, para reprimir la rebelión de sus señores italianos. Varios clanes arberesh acudieron a la llamada del rey Alfonso y este consiguió aplacar la rebelión. En agradecimiento por su ayuda, Alfonso les recompensó con tierras en la provincia de Catanzaro, cerca de Calabria. Otro segundo contingente de llegaría en torno al 1450, se trataba de otra fuerza arberesh que intervino en Sicilia y que acabó estableciéndose cerca de Palermo.

Con la invasión de Grecia por parte de los otomanos en el siglo XV, muchos arbereshe se vieron forzados a emigrar al sur de Italia y a las islas bajo control veneciano. Además cuando estalló la Guerra de Sucesión de Nápoles, Fernando de Aragón volvió a pedir su colaboración, esta vez para combatir los ejércitos franco-italianos, esta vez Skanderbeg desembarcó en Brindisi. Tras conseguir la victoria, los arbereshe aceptaron tierras en Puglia, mientras Skanderbeg regresaba a Albania para organizar la resistencia contra los turcos.

Skanderbeg que todavía hoy en día es considerado el héroe nacional de Albania. Se había convertido en el defensor de la causa cristiana en los Balcanes, recibiendo del Papa el título de Athleta Christi. Sus éxitos militares contra los otomanos, habían despertado la admiración no sólo entre el Papado, sino también entre Venecia y el reino de Nápoles, que también se sentían amenazados por el creciente poderío turco en el Adriático. Alfonso V, fuen uno de los máximos partidarios de Skanderbeg y lo tomó bajo su protección como vasallo.

Estatua ecuestre de Skanderbeg en Tirana

La resistencia de 25 años de Skanderbeg contra el imperio otomano en Albania, se considera que proporcionó un tiempo vital a las ciudades-estado italianas para preparar su defensa ante los turcos. Uno de los aliados de Skanderbeg fue Vlad III Dracuela , personaje real en el que se basó Bram Stoker para crear el Conde Drácula. Vlad y Skanderbeg mantuvieron una alianza que proveía de ayuda mutua en su lucha contra los invasores turcos.

Skanderbeg murió de malaria en 1468 y su muerte trajo consigo la pérdida de la unidad y de las alianzas que él había ayudado a construir. Aunque sus seguidores consiguieron resistir diez años más la presión turca, ya no hubo más grandes victorias ante estos y su muerte marcó el que sería el gran éxodo arberesh. Se trataba que de albaneses que se resistían a la ocupación turca y a su conversión forzosa al Islam. Aunque algunos de estos emigrantes se dirigieron hacia el norte y el sur siguiendo la costa adriática, hacia Dalmacia y Grecia respectivamente, o Venecia, la mayor parte cruzó el mar rumbo al sur de Italia, donde se asentaron en una docena de pequeñas comunidades dispersas en Calabria, Sicilia y otras regiones.

Una segunda ola de arbereshe llegó a Italia más tarde, entre 1500 y 1534, una vez más huían de los turcos, pero esta vez no provenían de Albania sino de Grecia central. Empleados como mercenarios por Venecia, los arbereshe tuvieron que evacuar las colonias del Peloponeso con la asistencia de las tropas de Carlos V, mientras los turcos invadían la región. Carlos V estableció estas tropas en el sur de Italia para reforzar la defensa ante una posible invasión turca.

Mapa etnográfico de Italia en 1859, en verde las "islas" arberesh

Estos arbereshe se establecieron en pueblos aislados, lo cual les ha permitido mantener su cultura, lengua y tradiciones hasta nuestros tiempos. Se trataba principalmente guerreros y campesinos, por lo que una vez en Italia muchos tradicionalmente fueron soldados, del Reino de Nápoles o de la República de Venecia, desde las Guerras de Religión hasta la invasión napoleónica. Algunos estudiosos, consideran que la emigración de los arbereshe, a finales de la Edad Media, supuso para Albania la pérdida de una gran parte de su élite política e intelectual, lo que trajo como consecuencia el empobrecimiento cultural y económico del país.

El siglo XVIII vería la última llegada de arbereshe, se trataba de un grupo proveniente de Himare, un pueblo en el sur de Albania, que huyó a causa de una masacre instigada por Ali Pasha, que había matado 6000 albaneses cristianos por haber rechazado convertirse al Islam. Estos últimos arbereshe se asentaron en Hora e Arbereshevet (Piana degli Albanesi) y más tarde fundaron el pueblo de Sendahstina (Santa Cristina Gela).

A principios del siglo XVIII, se estima que había unos 100.000 arbereshe en Italia. Esa cifra ascendería a 200.000 en los primeros censos italianos de principios del siglo XIX, sumando la población de la cincuentena de pueblos arberesh.

Mujeres de Piana degli Albanesi vestidas con el traje tradicional arberesh, foto del 1902

Los arbereshe jugaron un papel destacado en la recuperación de la consciencia nacional de Albania a finales del siglo XIX. Pero también jugaron un papel importante en la unificación italiana, Francesco Crispi, uno de los personajes considerado determinante en dicho proceso era de origen arberesh.

Al igual que resto de pueblos del sur de Italia, los pueblos arbereshe también sufrieron los efectos de la ola de emigración masiva a América entre el 1880 y 1910. La mitad de los pueblos arberesh desaparecieron, y pese al revival cultura del siglo XIX apareció un cierto riesgo de desaparición cultural.

En la actualidad, se estima que en total los arbereshe son unos 80.000 distribuidos en varios “islas” dentro de Italia. Tras la caída del comunismo en Albania, llegaron nuevos inmigrantes albaneses a los pueblos arbereshe, tanto de Kosovo como de Albania. El encuentro generó sentimiento encontrados hacia los “nuevos albaneses”. Por un lado, y pese a las diferencias entre las dos comunidades, aún se aprecia un sentimiento de cierta familiaridad entre ellas, que queda reflejada en un dicho que usan ambos grupos: “Todos somos primos y nuestra sangre está dispersa, pero nosotros somos los arbereshe y ellos los shqiptare”.

Pero por otro lado también se generó una serie de sentimientos encontrados, como es la desconfianza entre la “vieja” y la “nueva” diáspora. Pese a tener orígenes comunes la evolución de ambas comunidades ha sido demasiado diferente, lo que tal vez provoque que no haya un sentimiento de unión étnica entre ellos. El dialecto arberesh es el albanes de la Edad Media, la lengua que se hablaba en Albania antes de la invasión otomana, substancialmente diferente del albanes moderno.

Bendición de la Epifania 2007, autor Bernhard J. Scheuven

Además los nuevos inmigrantes, que son en su mayoría musulmanes, muestran escaso interés por otro de los signos de identidad de los arbereshe, los ritos cristianos que han preservado fielmente. Hoy en día, la mayoría de arbereshe pertenece a la Iglesia Católica Bizantina Ítalo-Albanesa (católica pero con rito oriental) y una minoría que es católica.

Un estudio del 2003 analizó el encuentro entre los arbereshe de Piana degli Albanesi, una ciudad de unos 7.000 habitantes en Sicilia, con unos 70 inmigrantes recién llegados de Albania. El estudio reveló algunas tensiones entre la mayoría, que se veían a sí mismos como los “aristócratas” de la cultura tradicional albanesa, y los nuevos inmigrantes que viven pisos baratos y se encargan de los empleos más precarios. Eda Derhemi, el autor del estudio, dijo haber encontrado escasas muestras de solidaridad entre los dos grupos, que están en realidad demasiado separados en el tiempo para tener mucho en común.

De hecho, los arbereshe tendían a replicar los típicos estereotipos del resto de italianos hacía los albaneses, que los consideran inmigrantes de clase baja, con una tendencia hacia la prostitución y la delincuencia, incluso cuando no existe evidencia alguna que esa tendencia se haya manifestado en la Piana degli Albanesi.

Como recuerdo de su origen y su pasado, la calle principal de muchos pueblos arberesh acostumbra a llamarse Via Giorgio Castriota, en honor de Skanderbeg. Curiosamente, las plazas principales de Tirana y Pristina (Kosovo) también llevan su nombre y en ambas hay dos estatuas ecuestres que honran su memoria. Gjergj Kastriot, Skanderbeg, el último líder que aunó a unos y a otros.

Iconostasio de San Giorgio Megalomartyr, Piana degli Albanesi (una iglesia Católico Bizantina en Sicilia)

Gracias a mi amigo Francesc, conocedor de primera mano de Italia, por descubrirme esta historia hace ya muchos años.

PS: D’una Albània somniada, lectura más que recomendable, una crónica sentimental del encuentro de los arbereshe y su Albania “soñada”, a Rastres, vestigis, derelictes

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+info:
- Arbereshe en en.wikipedia.org y es.wikipedia.org
- Albanian in Italy in EuroMosaic
- The new Albanian migration by Rusell King et al. in googlebooks
- Out of Albania by Rusell King and Nicola Mai in googlebooks
- Albanian leadership in the Unification of Italy (1860-1871) in Tirana Magazine
- Arberesh language in en.wikipedia.org
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jueves, 30 de octubre de 2008

Las carreteras de los cadáveres

Aún hoy en día se pueden encontrar en Gran Bretaña vestigios de unos caminos creados en la Edad Media para llevar los difuntos desde las aldeas más alejadas hasta los camposantos. Era un tiempo en el que el miedo a “aparecidos” y fantasmas era generalizado, así que no es de extrañar que estos caminos se convirtieran en una fuente inagotable de leyendas y supersticiones.


A finales de la Edad Media se produjo un aumento de población en Gran Bretaña y con él una ola de construcción de nuevas aldeas e iglesias dentro del territorio de las ya existentes. Con el tiempo estos nuevos asentamientos empezaron a exigir más autonomía, lo cual despertó la alarma entre las Minster (título honorífico que recibían en la Edad Media las catedrales y otras iglesias “importantes” del Reino Unido) ante la posible pérdida de poder y sobre todo de diezmos.

En estos asentamientos se construyeron pequeñas capillas que estaban autorizadas para hacer misas los domingos pero las Minster retuvieron el monopolio de los funerales, lo que significaba que muchos parroquianos que vivían en los núcleos alejados tenían que transportar sus difuntos largas distancias, algunas veces a través de terrenos difíciles. Se crearon así las carreteras o caminos de los cadáveres, féretros, ataúdes o de las procesiones.

Muy habitualmente estos caminos solían ser estrechos y empinados debido a la dificultad del terreno. Unas veces esta dificultad y otras el mal tiempo hacían que en muchos tramos los cuerpos tuvieran que ser llevados en andas por personas al ser imposible utilizar carros. En cualquier caso el carro era un lujo que no todas las familias se podían permitir, al igual que los ataúdes, razón por la cual la mayoría de difuntos se enterraban envueltos en sudarios o sábanas.


Uno de estos caminos es el que va de Rydal a Ambleside en el Lake District donde aún se puede ver una piedra para ataúdes, es decir una piedra donde se dejaba el ataúd mientras los parroquianos descansaban antes de continuar el camino.

La parada en estas piedras tenía también una parte ritual. En algunos casos si el difunto había sido una persona especialmente querida por la comunidad se grababan sus iniciales sobre la piedra y se solía aprovechar para tomar un trago en su honor y de paso entrar en calor. Las cruces de los caminos, los bancos de piedra situados antes de los puentes o algunos árboles señalados eran otros sitios que se utilizaban para estas paradas.

Otro de estos caminos es el de la iglesia de Saint Peter and Paul en Blockley (Gloucestershire), que retenía del derecho de entierro de los habitantes de las aldeas de Stretton-on-Fosse en Warwickshire, y Aston Magna, ambas aldeas sólo contaban con capillas. De esta manera, los diezmos y los derechos mortuorios (derechos percibidos por las ceremonias fúnebres) iban a la iglesia parroquial de Blockley, a cuya iglesia tenían que llevar sus difuntos para ser enterrados los habitantes de Stretton y Aston.

La carretera de los difuntos de Aston a la iglesia de Blockley es de unos 3km y cruza tres pequeños riachuelos. La que va de Stretton a Blockley es aún más larga, 6 km, y cruza otros dos riachuelos. En 1351 las gentes de Stretton solicitaron el derecho para enterrar a sus muertos en su iglesia, con lo que se evitaban pagar los derechos mortuorios en Blockley, pero el obispo de Worcester se lo denegó. No sería hasta la llegada de la Reforma cuando Stretton obtendría la licencia para oficiar sus propios funerales.

Como hemos dicho, estos caminos estaban, y están, rodeados de numerosas supersticiones y leyendas. Una de las más antiguas es la que afirma que cualquier terreno por el que se transportaba un difunto pasaba a ser de libre paso para todo el mundo. Esta creencia generaba disputas entre las familias de difuntos y propietarios de terrenos, cuando las familias se disponían a atravesar sus campos. Los propietarios temían que parte de su terreno se convirtiera en camino público. También había casos que se hacía con toda la intención, y de esta manera ganar un paso. Aunque ambos comportamientos eran casos aislados, pues la mayoría de propietarios no ponían objeción alguna.

Otra superstición advertía que era muy importante no abandonar el camino marcado, incluso aunque hubiera nieve o inundaciones, de no ser así la mala suerte caería sobre los que se habían apartado de la ruta y el difunto jamás podría descansar en paz. Era considerado de mala educación o causante de mala suerte obstruir la procesión funeraria. También se decía que era nefasto que un féretro cruzara dos veces un puente. En cualquier caso que un cadáver pasara por un puente o carretera de peaje, siempre podía suponer un problema a su propietario, ya que de convertirse en paso público jamás podría volver a cobrar.


También se creía que si un cuerpo era transportado a través de un campo arado, el campo jamás volvería a producir una buena cosecha. Incluso hoy en día algunos piensan que un difunto siempre debe ser sacado de su casa por la puerta principal y además con los pies por delante, de hecho es aconsejable evitar que durante el recorrido hacia la iglesia apunte con los pies en la dirección de su casa.


Estos rituales y supersticiones pretendían evitar a toda costa que el difunto volviera de la tumba convirtiéndose en un “aparecido”. En la Edad Media el miedo a los aparecidos era generalizado en toda Europa y especialmente en Gran Bretaña. Los aparecidos eran espíritus o almas en pena que se manifiestan entre los vivos, principalmente en los lugares que habían frecuentado en vida, con el único motivo de acosar a sus familiares y vecinos. Pasada la Edad Media se empezaría a creer que esta “vuelta” era debida a algún motivo en particular, como por ejemplo que el difunto hubiera dejado algún asunto o venganza pendiente en vida.

Habitualmente los “aparecidos” habían sido gente malvada, vanidosa, poco creyentes o incluso malhechores. Los aparecidos eran culpados de la propagación de enfermedades entre los vivos o incluso de chupar sangre. La solución para estos casos era desenterrar los cuerpos y decapitarlos.

En tiempos antiguos los cruces de caminos eran considerados lugares peligrosos, ocupados por espíritus guardianes al ser lugares de transición donde el mundo de los vivos y el inframundo se encontraban. Posteriormente en los cruces se erigieron cruces cristianas. Se creía que los cruces de caminos inmovilizaban los espíritus de los muertos, en especial los de suicidas, ahorcados pero también brujas o fugitivos. Si las rutas rectas facilitaban el viaje de los espíritus, los cruces, los laberintos de piedras o césped, o los puentes y corrientes de agua lo entorpecían. Cruzarlos por tanto significaba entorpecer la vuelta del difunto como aparecido.

En Irlanda, el “féar gortach” (hierba del hambre) se dice que crece en los lugares donde se dejo un cadáver sin ataúd en su camino al cementerio. A aquel que pisa esa hierba le posee un apetito insaciable. Uno de estos lugares está en Ballinamore y era conocido que la mujer que vivía en la casa cercana, previsora ella, siempre tenía su despensa repleta no fuera necesario alimentar a alguna víctima.

La existencia de las piedras para ataúdes, cruces o lych gates (puerta para cadáveres cubiertas que se encontraban a la entrada de los camposantos) en estos caminos, sugiere la idea que fueron situados y santificados para permitir que los féretros fueran colocados allí de manera temporal sin el riesgo que el suelo fuera mancillado. Se consideraba que las lych gates formaban parte de la iglesia y era en ellas donde el sacerdote salía a esperar el féretro. Después este se colocaba sobre unas andas o unas piedras bajo el cobijo del tejado de la puerta y el sacerdote oficiaba la primera parte del sepelio.


A parte de estas leyendas abundan las historias locales de casos particulares. En Devon una procesión que llevaba el cuerpo de un viejo malvado , decidió descansar al llegar a una de las piedras para ataúdes, dejando el cuerpo sobre ella. De repente un rayo cayó de los cielos el ataúd reduciendo su contenido a cenizas y partiendo en dos la piedra. Según la leyenda Dios no quería que un hombre como aquel fuera enterrado en un Su santo cementerio.

Como ya hemos dicho las procesiones portando un difunto podían ser largas y cansadas, así que es de entender que los potadores del féretro descansaran y tomaran un refrigerio de vez en cuando. Esto es lo que, según cuenta una leyenda local, hizo una de estas procesiones a su paso por Hamblenton Hills, dejando el cuerpo al lado de la carretera, pero la sorpresa fue mayúscula cuando a su vuelta comprobaron que el cuerpo había desaparecido, el lugar sería a partir de entonces conocido como el Lost Corpse End.

A medida que las nuevas iglesias fueron obteniendo la licencia para oficiar funerales y estos caminos fueron perdiendo su uso inicial y algunos empezaron a desaparecer, aunque en algunos lugares fueron usados hasta finales del siglo XIX. Los que sobreviven en la actualidad, lo hacen como caminos rurales pero su propósito original se ha olvidado. Esto ocurre especialmente si las cruces y piedras para ataúdes ya han desparecido. Los campos que eran cruzados por estos caminos a menudo son llamados aún con nombres como “Church-way” o “Kirk-way field”, y hoy en día es a veces posible trazar la línea que seguían estos caminos por la secuencia de los nombres antiguos de los campos, las leyendas locales o las cruces marcadas en viejos mapas.

PS(i): Caminos similares a estos existen en Holanda, donde son llamados “doodweggen”, caminos de los muertos.
PS(ii): También hay los que sugieren una conexión de estas carreteras y las
Líneas Ley. Otro día hablaremos de ellas.

*foto 1: St Materiana Church en Tingatel
*foto 2: Coffin Stone, piedra para ataúdes en Dartmoor foto original en Legendary Dartmoor
*foto 3: Un aparecido, en este caso pirata en vida.
*foto 4: Mizmaze en Breamore (Hampshire) Inglaterra,
*foto 5: Lych gate de la iglesia de Santa Florida, Ceredigion, Wales


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+info:
- Corpse Road in en.wikipedia.org
- Corpse Roads by Nicholas Rhea
- Coffin Roads and Corpse Ways in bygonederbyshire.co.uk
- Corpse Road and Burial Right in The Society of Ley Hunters
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domingo, 13 de enero de 2008

Griko, el griego italiano en peligro de extinción

En el sur de Italia, en la antigua Magna Grecia sobreviven un par de enclaves en lo que se habla una versión moderna del griego de sus antepasados, llamada grico, griko, greco-salentino o greco-calabrés, el origen exacto del cual aún se desconoce.

El grico cuenta con unos 20,000 hablantes. Divididos en dos comunidades, la más numerosa en Puglia (península de Salento, tacón de la bota italiana) y otra más pequeña en Calabria (la punta de la bota italiana) estos dos enclaves se encuentran separados, lo que hace que su desarrollo histórico de la lengua haya sido diferente y no se trate de una lengua unitaria.

El área de griko-parlante de Salento está formada por nueve pequeñas ciudades: Calimera, Martano, Castrignano de Greci, Corigliano d'Otranto, Melpignano, Soleto, Sternatia, Zollino, Martignano.
La comunidad de Calabria está formada por nueve pueblos en la zona montañosa de Bovesia, está comunidad es más pequeña que la de Salento y cuenta sólo con 2,000 hablantes y otras 3,000 personas que lo entienden.

Algunos consideran el griko como un dialecto del griego moderno, pero otros afirman que es una consideración un tanto errónea, pues si bien ambas lenguas se parecen y tienen un origen común, evolucionaron de forma independiente. Existen dos teorías que intentan explicar el origen del griko, datándolo en dos épocas muy separadas en el tiempo.

La más aceptada es la propuesta por Gerhard Rohlfs y G. Hatzidakis, que afirmaron que las raíces del griko provenían de la época de colonización griega de la zona durante los siglos VIII y VII A.C. Esta teoría es respaldada por el hecho de la abundancia de palabras dóricas y del griego antiguo en el vocabulario del Griko. Pese a ello el Griko y el griego Moderno son inteligibles mutuamente, lo cual reforzaría la segunda de Morosi del año 1870, que sostiene que el Griko proviene del griego de los colonos bizantinos que llegaron a la zona en el siglo IX.
Aunque bien pudiera ser una combinación de ambas y que la inmigración medieval hubiera reforzado la comunidad helénica más antigua ya presente.

Sea cual sea su origen su uso no ha hecho más que decrecer. Así por ejemplo la versión calabresa se hablaba en el siglo XV en todo el sur de Calabria, poco a poco fue despareciendo de los llanos, hasta quedar relegada en el siglo XX a unos escasos pueblos en las montañas.

El status social superior que proporcionaba la utilización de los dialectos latinos fue convirtiendo en el siglo XIX el grico que antes era hablado por todo el mundo, en una lengua de la vergüenza. Posteriormente en el siglo XX la escolaridad forzosa en italiano, la represión durante la época fascista, la despoblación causada emigración de la población autóctona hacia ciudades industriales durante el siglo XX, combinado con la llegada de gentes de fuera como resultado del desarrollo del turismo, fueron las causas de su declive final.

Hoy en día nadie utiliza el grico espontáneamente y se cree que en una generación podría desaparecer por lo menos de Calabria, ya que de sus 3,000 hablantes sólo 50 tendrían menos de 35 años. Los esfuerzos hechos por asociaciones culturales o el apoyo de los gobiernos italiano y griego ha despertado un cierto interés por el pasado griego pero son más los que prefieren aprender griego moderno que grico.

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+info:
http://es.wikipedia.org/wiki/Griko (En castellano)
http://ca.wikipedia.org/wiki/Griko_salentino (En català)
http://www.uoc.edu/euromosaic/web/document/grec/an/i1/i1.html (In English)
http://it.wikipedia.org/wiki/Minoranza_linguistica_greca_dItalia (En italiano) Leer más »