martes, 22 de septiembre de 2009

La matanza de la escuela de Bath

Eran las 8:45 del 18 de mayo de 1927, cuando un gran estruendo se oyó a las afueras de la pequeña ciudad de Bath, en Michigan. La granja de Andrew Kehoe estaba envuelta en llamas. Había pasado exactamente una hora cuando se volvió a oír otra explosión, esta vez, en la escuela de la ciudad. Media hora más tarde, la tercera. Andrew y su camioneta habían saltado por los aires sembrando la escena de metralla y aún más muerte. Todos coincidían que Andrew era un tipo raro, pero nadie podía imaginar que pudiera hacer una cosa semejante.


La escuela antes y después del desastre

Andrew Kehoe había nacido en Tecumseh, Michigan, el 1 de febrero de 1872. En 1927 había cumplido los 55. No tuvo una infancia fácil, nacido en una familia de 13 hermanos, su madre había muerto siendo él aún muy joven. Con el tiempo, su padre se volvió a casar, pero Andrew nunca se llevó bien con su madrastra, las peleas con ella eran continuas.

Un día, cuando Andrew sólo tenía 14 años, su madrastra estaba intentado encender una estufa de petróleo cuando esta explotó. Enseguida, la madrastra se vio envuelta en llamas, cubierta por el petróleo. En un primer momento, Andrew no hizo nada para ayudarla. Al cabo de unos minutos, le arrojó un cubo de agua, pero ya era tarde, el daño ya estaba hecho y la mujer murió a causa de las heridas. Pese a su escasa edad, los vecinos sospecharon que el joven Andrew tuviera algo que ver con el mal funcionamiento de la estufa.

Al acabar el instituto Kehoe viajó por el oeste del país unos años durante los cuales su familia supo poco de él. En 1911, mientras trabajaba de electricista en Missouri, sufrió una grave herida en la cabeza a causa de una caída. Durante dos meses, Andrew se debatió entre la vida y la muerte, entrando y saliendo del coma. En su tiempo, se especuló que esta herida fue la causa de su comportamiento futuro.

Cuando regresó a Michigan, Kehoe se casó con Nellie Price, a la que había conocido en el instituto. Nellie era de familia rica. Con el tiempo, el joven matrimonio compró a una tía de Nellie una granja de 75 hectáreas en las afueras de Bath por 12.000 dólares, pagando 6.000 en efectivo y pidiendo una hipoteca para los otros 6.000.

Nellie había vivido en Bath durante su infancia, era una persona apreciada, y el pueblo la recibió bien a su regreso. Sin embargo, su marido no se acabó de integrar. Todos coincidían que Andrew era un tipo raro. Siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitara, pero no tardaba en criticar cuando no se salía con la suya. Era una persona inteligente, capaz de desarrollar sus puntos de vista, pero, a menudo, se volvía intransigente cuando los demás le llevaban la contraria o no hacían las cosas a su manera. Parece ser que esta había sido una tendencia que Kehoe fue adquiriendo con los años, según el testimonio de algunos compañeros de colegio, cuando era joven era relativamente sociable.


Andrew Kehoe y su mujer, foto del 1920

En el vecindario, Andrew era conocido pero no popular. Por muy amigo que se considerara una persona de él, siempre había un sentimiento de distancia. No ayudaba su costumbre de dar respuestas directas y cortantes sin mediar explicación. Monty Ellsworth, uno de sus vecinos, recuerda en su libro “The Bath School Disaster” como una vez ante un comentario suyo tan inocente como “No es buen tiempo para el trigo”, Kehoe le respondió con toda una extraña disertación sobre los motivos por los cuales los granjeros jamás deberían volver a cultivar trigo.

Todos sabían, también, que Andrew era una persona meticulosa en la forma de vestir y en las maneras. Su inclinación por la limpieza llegaba a ser toda una obsesión. A pesar de su afición por la maquinaría, siempre lucía un aspecto impecable. Sus vecinos estaban acostumbrados a que se cambiara de camisa cada medio día o a la menor mancha. Si él se manchaba por cualquier motivo, inmediatamente iba a lavarse para volver, otra vez, limpio y reluciente. Sin embargo, otras actitudes de Kehoe no eran tan bien vistas. Kehoe tenía fama de ser cruel con los animales de su granja y, según algunos vecinos, una vez había apaleado a uno de sus caballos hasta la muerte.

Andrew tenía un especial interés por la maquinaría, en especial por todo lo relacionado con la electricidad. Disfrutaba reparando y haciendo ajustes a la maquinaría de su granja. También, le encantaba probar nuevas maneras de llevar a cabo las tareas del campo. Sus vecinos veían, a veces sorprendidos, como trabajaba sus tierras a su manera, siempre diferente de cómo lo hacían los demás. Todo lo intentaba hacer con su tractor y probaba sus propias invenciones, como enganchar a la vez dos segadoras al tractor o usar varios rodillos. Perdía tanto tiempo trasteando que la granja progresaba, según Ellsworth. Otros, simplemente, lo veían como un granjero fracasado.

Con el tiempo, Kehoe se ganó una reputación de frugal, lo cual le ayudó a ser elegido tesorero del consejo de la escuela de Bath en 1926. Desde el consejo, Kehoe luchó incasablemente para rebajar los impuestos, que según él decía, eran los causantes de sus dificultades económicas. Sus acreedores intentaron sin éxito llegar a un acuerdo con él. Al poco, Kehoe dejó de pagar su hipoteca y para el momento de la tragedia ya se había iniciado el proceso de ejecución.


La casa de Andrew y Nellie antes de la tragedia

Y después

Para hacerlo todo aún más difícil, su mujer, Nellie, sufría una tuberculosis crónica. Debido a su enfermedad, Nellie se veía obligada a pasar largas temporadas en el hospital, lo cual aún reducía más los ahorros de la pareja y, parecer ser, fue una de las causas de las deudas de la familia. Kehoe temía, y creía que era más que probable, perder su granja por las deudas. Kehoe culpaba a los impuestos de todos sus males. No podía entender la necesidad de un colegio mejor y más grande. Creía que la mayoría de los gastos de la ciudad eran despilfarros inútiles. Pero por encima de todo, Kehoe culpaba a la escuela de Bath de todos sus problemas.

Lo habitual durante esos años en Michigan era que las escuelas estuvieran dispersas por las zonas rurales. Se trataba de escuelas con una única aula, en las que los alumnos de diferentes cursos compartían clase con un único profesor. Sin embargo, se empezó a extender la idea que era mucho mejor para los alumnos asistir a una escuela mayor que diera servicio a varios pueblos. De esta manera, sí que era posible dividir a los alumnos por cursos y tener instalaciones de una mayor calidad.

Después de años de discusión, el distrito acordó construir una nueva escuela en Bath. Para sufragar el gasto se tuvieron que subir los impuestos, y los propietarios de tierras, como Andrew Kehoe, no lo recibieron con agrado. Kehoe se quejó una y otra vez contra esta subida y contra la escuela. Culpabilizaba al director, Emory E. Huyck, por influir sobre los demás miembros del consejo. Kehoe se obsesionó por la política de la escuela, el director y la injusticia de los impuestos.

Durante el verano de 1926, Kehoe, que tenía famas de “manitas” y buenos conocimientos de electricidad y mecánica, recibió el encargo de llevar a cabo el mantenimiento de la escuela que tanto odiaba. Como resultado de su nuevo cargo, Kehoe tenía libre acceso a la escuela y se movía con total libertad por toda ella.

Lo que nadie sabía es que Kehoe había acumulado en su granja cerca de una tonelada de un explosivo llamado pyrotol, un explosivo fabricado con los excedentes de la Primera Guerra Mundial. Para evitar levantar sospechas, había comprado pequeñas cantidades en diferentes almacenes de la zona de Lansing durante varios meses, quizás un año. El pyrotol era usado habitualmente por los granjeros para realizar excavaciones. Era bastante habitual escuchar explosiones en la granja de Kehoe, que pasó a ser conocido en Bath como el “granjero dinamita”. Para los que preguntaban, él se excusaba diciendo que usaba la dinamita para quitar las raíces de los árboles que cortaba.


Explosivos recuperados de la escuela (New York Times)

Con la misma paciencia que Kehoe se había ido haciendo con el pyrotol, fue colocándolo en la escuela. Cada día llevaba la cantidad justa que necesitaba. Kehoe colocó cientos de metros de cable ocultos detrás de vigas y paredes. Los cables conectaban las diferentes cargas entre sí. En las tuberías y debajo del suelo colocaba grandes cantidades de pyrotol. Sin que nadie se hubiera dado cuenta, Kehoe había colocado casi media tonelada de dinamita en la escuela.

De un modo similar, Kehoe había llenado su granja de bombas incendiarias. Había colocado una en cada una de sus edificios. Se trataba de recipientes llenos de gasolina con cables que salían de bujías de coche, que, a su vez, estaban conectadas a un batería de coche. Kehoe sabía bien que el dispositivo funcionaba porque lo había probado varias veces en su granja.

El 17 de mayo empezó los preparativos para el día para el que Andrew Kehoe se había preparado a conciencia. Andrew cargó su camioneta con herramientas, maquinaría y cualquier trasto metálico que pudiera servir de metralla. Cuando la parte trasera de la camioneta estuvo llena, colocó una carga de dinamita debajo. Ese mismo día, los niños de quinto grado de la escuela celebraron un picnic en la arboleda de la granja, Andrew, amablemente, había llamado a la profesora para adelantar el picnic que estaba planeado para el día siguiente.

Esa misma tarde, o tal vez a la mañana siguiente, Kehoe mató a su mujer golpeándola con algún tipo de objeto contundente en la cabeza y a continuación llevó su cuerpo con una carretilla a la parte trasera de la granja, donde lo dejó. Después, continuó cableando la casa, en cada edificio colocó una de sus bombas incendiarias. Si todo iba como tenía planeado, la granja ardería en llamas de manera simultánea, y para cuando llegaran los bomberos no quedaría nada. La casa, el granero, los árboles, los animales, no quedaría nada para la familia de su mujer ni para los bancos.

Finalmente, el día llegó, el 18 de mayo de 1927. Lo primero que hizo Kehoe fue ir a la oficina de correos, desde la que envió un paquete con el historial de las cuentas de la escuela. Según él, había una discrepancia de 22 centavos. A las 8 de la mañana, los niños empezaron a llegar a la escuela. A las 8:30 ya habían entrado a clase. Mientras tanto, Kehoe ya había acabado los últimos preparativos en su granja y las 8:45 detonó las bombas incendiarias. Todo el lugar explotó en llamas, los cascotes salieron despedidos con tal potencia que llegaron hasta las granjas vecinas.

Los vecinos, asustados por el estruendo, acudieron a ayudar. Cuando llegaron los vecinos, Kehoe estaba subido ya a su camioneta. Al cruzarse con Sidney J. Howell y sus hijos, con los que se llevaba bien, les recomendó: “Chicos, vosotros sois mis amigos. Mejor marcharos de aquí a la escuela”. A los pocos minutos, toda la granja estaba envuelta en llamas. A las 9:45, cuando los vecinos aún no entendían muy bien que había pasado en la granja, otra explosión de oyó en la distancia. La escuela de Bath había saltado por los aires. Las primeras personas en llegar, oían a los niños gritando y llorando, cubiertos de polvo y sangre. La explosión había destruido toda el ala derecha de la escuela. Los muros habían desaparecido y el tejado estaba en el suelo. Las madres y los transeúntes se esforzaban por rescatar a los niños.


Una de las bombas incendiarias hechas por Kehoe (New York Times)

No había pasado todavía media hora, cuando Kehoe apareció montado en su furgoneta. Al ver al director Huyck, bajó de la furgoneta y le llamó. Mientras Huyck se acercaba, Kehoe sacó el rifle apuntó a la dinamita y disparó. Otra explosión estremeció el pueblo. La metralla salió disparada en todas las direcciones, atravesó los arboles, las ventanas y las casas que encontraba en su camino. Huyck murió. Algunos de los niños que habían sobrevivido a la primera explosión, también.

Los trabajadores de la escuela no sabían que pasaba, el pánico se había apoderado de ellos. Algunos llegaron a pensar en algún tipo de ataque militar. En seguida, comenzaron a circular los rumores de que habría más explosiones. De hecho, la granja de Kehoe seguía ardiendo y en la distancia se seguían oyendo detonaciones.

En la escuela, mientras cientos de personas se esforzaban por encontrar supervivientes entre las ruinas, se produjo un hallazgo escalofriante. Un policía salió del sótano cargado con más dinamita. Los trabajos de rescate se pararon, mientras los oficiales de policía desactivaban los explosivos. En total, 250kg de dinamita, cables y detonadores, escondidos en varios lugares en la parte sur del edificio. Se encontró un paquete con un despertador preparado para explotar a las 9:45, la misma hora que había volado por los aires el ala norte. No se pudo determinar el motivo por el cual no explotó, aunque se especuló con la posibilidad que la primera explosión la hubiera desconectado o producido un cortocircuito en el segundo paquete de bombas.

Poco a poco, se fueron recuperando los cadáveres de las víctimas inocentes. El ayuntamiento se convirtió en una improvisada morgue por la que circulaban los padres para identificar los restos de su hijos.


Las últimas palabras de Kehoe

A la mañana siguiente, la policía encontró en la granja de Kehoe lo que quedaba del cuerpo de su mujer, junto a unas cuantas joyas de plata y una pequeña cajita metálica de las que se usan para guardar el dinero, cerca se podían encontrar restos de unos cuantos billetes quemados. Todos los edificios de la granja habían sido destruidos. Los caballos, que muy probablemente Kehoe había atado para evitar que se salvaran, habían muerto, al igual que el resto de animales que habían quedado atrapados dentro de la granja. Mientras la policía examinaba la granja tratando de encontrar alguna pista, encontraron un enigmático letrero de madera que decía “LOS CRIMINALES NO NACEN, SE HACEN”. 38 niños y 7 profesores murieron y otras 61 personas sufrieron heridas graves.

Los periódicos de la época, tratando de buscar una explicación a lo sucedido, especularon libremente sobre la posibilidad que Kehoe fuera una especie de paso atrás en la evolución humana, un hombre de las cavernas desconcertado por tener que vivir en sociedad. Científicos de la Universidad de Michigan expresaron su intención de examinar el cráneo que, según el testimonio de algunos vecinos , tenía unas extrañas protuberancias en la frente y la parte trasera.

Los restos mortales de Kehoe fueron reclamados por su hermana, Agnes Kehoe. Sin ceremonia, fue enterrado en la fosa común del cementerio de Mount Rest, en una tumba sin nombre. Nellie Kehoe fue enterrada por su familia en el de Mount Hope con su nombre de soltera, Nellie Price.

Andrew Kehoe, ¿criminal o demente?

PS: Después de hacer un inventario de lo encontrado en la granja, las autoridades concluyeron que de haber vendido la gran cantidad de maquinaria sin usar y materiales que había en la granja, Kehoe hubiera podido pagar todas sus deudas.

Enlace permanente a La matanza de la escuela de Bath

+posts:
- La secta que intoxicó un pueblo para ganar unas elecciones
- El hombre que dejó de ser Phineas Gage
- Jesse James, muerte y nacimiento de una leyenda

+info:
- Hell Comes to Bath in trutv.com
- Bath School disaster in en.wikipedia.org
- Andrew Kehoe in en.wikipedia.org
- The Bath School Disaster by Monty J. Ellsworth
- The Bath School Disaster by Ronald D. Bauerle, cuyo tío abuelo murió en la tragedia con sólo 8 años de edad. Página con fotos y artículos de prensa de la época

19 comentarios:

Jeshua_Morbus dijo...

La necesidad es una manera muy normal de llevarnos al crimen pero, cuando se dan situaciones como ésta, uno se pregunta qué le llevo a alguien a ignorar cualquier voz de su sentido común para llegar a esto...

Interesante artículo.

P.D.: En este caso, es "a conciencia" no "a consciencia". Detalle tonto : P

Bovolo dijo...

Jeshua, muchas gracias por la corrección.

Es difícil de entender que alguien pueda hacer una cosa así. Yo, en casos así, siempre pienso que no está del todo cuerdo.

No sólo no importarle el sufrimiento ajeno que provocaba, sino el propio, el suyo y el de su mujer.

Saludos!!!

Golias dijo...

Es una historia aterradora. No la conocía; posiblemente hubiese muerto feliz sin haberla conocido. Bueno, qué diablos, la curiosidad tiene estos efectos secundarios.

Me ha recordado esta historia que existe un libro que quizá pida a Amazon: "Buda´s wagon". Notarás que pone "Buda" y no "Buddha"; el nombre viene de Mario Buda, un anarquista italiano que tuvo por primera vez la idea de cargar una bomba en un carro. El libro es un estudio de uno de los "inventos" más despreciables: el coche-bomba.

PD: que en la verificación me salga "contra" es un mal augurio, ¿no?

Milhaud dijo...

Sobrecogedora historia.

Es difícil determinar si Andrew era un criminal o un demente, pero posiblemente era un demente que las circunstancias le llevaron a ser un criminal. ¡Quién sabe!

Gran artículo

Osvaldo Schiavoni (RIMAR) dijo...

Excelente como siempre.

Una sola objeción: se dice "toda el ala" y no "todo el ala", porque el ala es femenina.

Bovolo dijo...

Golias, interesante lo del carro de Buda, como siempre gracias por tus comentarios inspiradores ;-)

Lo de "contra" me ha costado captarlo, pero ahora en un momento de inspiración supongo que te referías al texto que hay que escribir para evitar spammers/bots. Bueno, quizás otro día salga love o rich :-D

Bienvenido, Milhaud, puede ser que en otras circunstancias el mismo Kehoe no hubiera reaccionado así.

Osvaldo, gracias por la correción, corregida está. Una cosa más que he aprendido.

Saludos a todos!

PS: Golias, siento los efectos secundarios producidos :-(

Orayo dijo...

Yo diria que demente. Las salvajadas que cometio las hacia convencido de que estaba en lo correcto.
Menuda historia mas escalofriante.

Podria haber perdonado a los niños y haber rebentado un banco.

salu2

qwerty dijo...

Para mí, demente sin duda. Alguien que prepara algo así con tanto cuidado, antelación y determinación no puede estar bien de la cabeza.

O quizás es lo que quiero pensar.

el empalador negro dijo...

el tipo ese esta como una puta cabra!
por cierto no se si habia avisado ya, pero he asociado esta página en mi blog, espero que no haya ningún problema, pero si lo hay avisadme y lo quito...
salud!!

Pumuky dijo...

Al malo,malísimo de Kehoe se le juntaron el hambre con las ganas de comer.
No tenía ni la más remota idea de la existencia de esta matanza de inocentes.Simplemente es escalofriante.
Gracias por tu gran entrada y por tu labor de investigación GRAN BOVOLO,un explosivo abrazo majete.

Bovolo dijo...

Orayo, qwerty, empalador negro, sí de momento va ganando demente.

Aunque como dices, qwerty, a lo mejor es lo que queremos pensar. O quizás sea porque no lo podemos entender.

Como bien dice el amigo Pumuky y Milhaud, se juntaron las circunstancias y una personalidad complicada.

Saludos!

PS: empalador, que va! Ningún problema, muchas gracias por el enlace

padawan dijo...

Escalofriante lo de este hombre. Ya que la gente no quería hacer las cosas como el quería se los llevó a todos por delante

Bovolo dijo...

Padawan, un poco expeditivo Kehoe, sí que lo era.

Cuando leí la historia me pareció demasiado moderna para ser tan vieja. Lástima que cosas así sigan pasando.

Saludos!

Alberto Gamarra dijo...

Me parece muy interesante la frase de la Kehoe para la posteridad “LOS CRIMINALES NO NACEN, SE HACEN”. ¿Los criminales son resultado de un gen defectuoso o de fruto del ambiente? La humanidad sigue dando vueltas a esta pregunta, sobre todo desde el Genoma Humano. Muy buena historia.

Saludos desde Historia Romana

Bovolo dijo...

Alberto, sin duda es una frase que hace pensar y tu pregunta no tiene respuesta fácil.

Cuando preparaba la entrada, la frase y el hecho que fuera una de las últimas acciones de Kehoe fue una de las cosas que más me impactó.

¿Que pensaría Kehoe que pensaría la gente cuando viera el letrero después de hacer lo que había hecho?

Buscaría comprensión... pensaba que le creerían menos culpable. O simplemente intentaba pasarles la culpa, crear en ellos un sentimiento de remordimiento (la peor venganza).

Aunque es probable que le importara bien poco.

Saludos!

Alberto Gamarra dijo...

Cabovolo:

Te recomiendo un par de películas que tratan sobre el tema del determinismo de los genes y la libertad: Gattaca y Blade Runner. Por cierto, ambas reflejan sociedades apocalípticas.

Un saludo

Bovolo dijo...

Gattaca la vi hace muchísimo tiempo. Sí, no retrataban un mundo muy ilusionante.

Como todo en la vida, la genética se puede usar para cosas buenas o no tan buenas. Aunque la genética permitiera según cosas como la de la película, no se si se podría evitar que se usara así.

Saludos!

PS: la otra, nunca la he acabado de ver :-(

Vocación Temeraria dijo...

Estupenda película, Gattaca. En mi opinión, refleja perfectamente cono la mayoría de los actos del hombre depende más de su voluntad que de determinismos genéticos. Yo creo que el protagonista de esta historia no estaba demente. Creo que hay gente a la que la muerte ajena y el dolor ajeno le trae sin cuidado. ¿Llamarles locos es lo justo? Quizás no es más que un eufemismo.
Interesantísimo post. Saludos

Bovolo dijo...

Vocación,

Yo estoy convencido que hay gente que no le importa nada el sufrimiento ajeno, es más, creo que incluso les agrada.

Así que "entiendo" que la gente cause daño a los demás para obtener algún beneficio o simplemente por diversión.

Lo que sí que no consigo entender es un caso como este. Causar daño a los demás, "perfecto", pero que encima se quitara el la vida.

Es esa la que me cuesta entender. Aunque bien pensado, quizás fue una combinación de todo: no quería seguir viviendo y aprovecho para vengarse de los que según él habían arruinado esa vida que ya no quería vivir.

No le importaban las consecuencias que sus actos le podían acarrear, porque no estaría en este mundo para hacerlas frente.

Es una situación tan complicada.

Saludos!