martes, 20 de octubre de 2009

El tesoro de Beale, 30 millones por una clave

En 1885 un tal J. B. Ward publicó un folleto en el que hablaba de un tesoro enterrado entre 1819 y 1821 cerca del condado de Bedford, Virginia, y que nunca había sido recuperado. Toda la información necesaria para encontrar un tesoro valorado en 30 millones de dólares actuales por tan sólo de 50 centavos que costaba el folleto. Sólo había una pequeña pega, antes de ir a buscarlo había que descifrar el texto en el que se describía el lugar donde se había enterrado.

Cincuenta centavos a cambio de un tesoro.

Aparentemente, la historia comienza un día de enero de 1820, cuando tres extraños llegaron a la ciudad de Lynchburg, Virginia, y se hospedaron en el hotel Washington regentado por Robert Morriss. A los pocos días, dos de ellos continuaron su viaje hacia Richmond, de donde decían ser, pero el otro se quedó. El que se quedó se llamaba Thomas Jefferson Beale y, según Morriss, tenía apariencia de persona honesta y educada, debía medir un metro ochenta, tenía ojos y cabello negros, y era de complexión fuerte. El rasgo que más le distinguía era su tez morena, muy morena, como si hubiera pasado toda su vida al sol.

Beale pasó el resto de aquel invierno en Lynchburg y se convirtió en una persona bastante conocida en la ciudad, especialmente entre las damas. Entonces, un día de finales de marzo, tal como vino se fue. Ni Morriss, ni nadie, sabían nada de su procedencia, ni de cual había sido el motivo de su estancia. Beale jamás lo contó y Morriss jamás se lo preguntó.

Dos años más tarde, en 1822, Beale volvió a aparecer por Lynchburg. Igual que la primera vez, pasó el invierno en la ciudad y cuando llegó la primavera se volvió a marchar. Esta vez, sin embargo, dejó a Morriss una caja de metal cerrada que, según le dijo, contenía “papeles importantes de valor” y que le pidió que guardara hasta que fuera necesario.

Poco más tarde, en mayo, Morriss recibió una carta de Beale desde San Luis. En ella Beale reconocía que estaba en medio de una empresa peligrosa. La caja contenía papeles de vital importancia para su propia fortuna y la de muchos otros. En caso de muerte, la pérdida de la caja podría ser irreparable, por lo que pedía a Beale que guardara la caja en lugar seguro. En la carta, Beale daba instrucciones a Morriss para que si en diez años ni él, ni nadie en su nombre acudían a buscarla, abriera la caja. En ella encontraría una carta con más instrucciones para él, junto con otros papeles ininteligibles sin la ayuda de una clave. Según aseguraba Beale en la carta, la clave la había dejado en manos de un amigo suyo de San Luis en un sobre sellado y dirigido a Morriss, con ordenes de que se la enviara en junio de 1832.

The Locality of the Vault. Original.

Los años pasaron y Morriss no tenía noticias de Beale. Ni él, ni nadie en su nombre aparecieron por la caja. Aunque a partir de 1832 debía abrir la caja, Morriss prefirió seguir esperando. Finalmente, en 1845 Morriss creyó que los “indios” habrían matado a Beale y sus compañeros, y decidió abrir la misteriosa caja, había esperado 23 años. Con poca destreza, forzó el candado para descubrir cuatro hojas de papel. Una de ellas estaba escrita en inglés, las otras contenían una colección de números, aparentemente sin sentido.

Morriss empezó a leer la única hoja que entendía, en la que Beale explicaba su historia:

En abril de 1817, un grupo de 30 amigos amantes de la aventura y el peligro, entre los que estaba Beale, salió de Virginia con destino a las Grandes Llanuras del oeste. Su único objetivo era el de pasar una buena temporada cazando búfalos y osos. En diciembre, después de un largo viaje cruzando el país, llegaron a la ciudad de Santa Fe. Los meses de invierno se hacían largos y un día para matar el rato un grupo de ellos decidió salir de excursión para explorar la zona y matar el gusanillo de la caza.

La excursión que tenía que durar sólo unos días se alargó varias semanas. Cuando los que se habían quedado en Santa Fe comenzaron a preocuparse, uno de los se habían marchado volvió con noticias de una gran hallazgo que cambiaría sus planes y sus vidas. Según contaba, llevaban varios días detrás de una manada de búfalos, cuando una noche, uno de los hombres mientras estaban preparando la cena descubrió en una grieta entre unas rocas algo que brillaba, era oro y había mucho. El grupo celebró el hallazgo y los que se habían quedado en Santa Fe al conocer la noticia también. En seguida partieron para reunirse con ellos cargados con suministros y provisiones para un tiempo indefinido.

Durante 18 meses, Beale y sus compañeros acumularon todo el oro y la plata que pudieron extraer. Fue entonces cuando, según la nota, todos acordaron que sería conveniente llevar todo ese oro y plata a un lugar más seguro. Después de barajar varias opciones decidieron llevarlo hasta Virginia y esconderlo allí en algún lugar secreto. Para reducir el peso de la carga, Beale cambió oro y plata por joyas y en 1820 emprendió su viaje a Lynchburg, la primera visita al hotel de Morriss, en búsqueda del lugar más apropiado para enterrar el tesoro, lo encontró y allí lo enterró. Al acabar el invierno Beale regresó para reunirse con sus compañeros.

Dieciocho meses después, su segunda visita, Beale regresó a Lynchburg con más oro y plata. Pero este segundo viaje tenía además otro objetivo. Beale y sus compañeros estaban preocupados que de pasarles algo a ellos, sus fortunas no llegaran a sus familiares. Así que Beale esta vez tenía como misión encontrar a una persona de fiar a la que confiar sus deseos, Beale escogió a Morriss.

Como para que Morriss estuviera leyendo la nota deberían haber pasado ya los diez años de espera, Beale pedía Morriss que fuera al escondite donde estaba enterrado el oro y la plata y dividiera todo en 31 partes iguales. Morriss debería quedarse por una como pago por los servicios prestados, las otras treinta debería repartirlas entre las personas cuyo nombre y dirección figuraban en otro de los papeles. Así acababa la nota.

El juzgado del condado de Bedford, un lugar como cualquier otro para comenzar la búsqueda.

Beale acertó con Morriss, honrado como él lo creyó, su primera preocupación al leer la carta fue la de encontrar el tesoro y encontrar a los herederos de aquellos hombres que debían para entonces estar ya muertos. Pero había un problema: la localización y la descripción del tesoro estaban cifradas, en las otras tres hojas que contenían números y más números. La clave para descifrarlos, que Beale le había dicho que alguien le enviaría por correo, no había llegado. Así que Morriss tuvo que intentarlo por su cuenta. Dedicó 20 años, pero no lo consiguió y en 1862 cuando llegó a los 84 años de edad temeroso de morir sin haber cumplido su misión, decidió confiar su secreto a un amigo, tal como Beale le había pedido. Este amigo, del que se desconoce la identidad, consiguió parte de lo que Morriss no había conseguido en 20 años: descifrar uno de los textos, el marcado como número “2”.

El amigo de Morriss tuvo la intuición de que cada número representaba una letra, pero como había más números que letras en el alfabeto, dedujo que varios números deberían corresponder con la misma letra. Fue entonces cuando se le ocurrió usar la Declaración de la Independencia para descifrarlo. Cada uno de los números se tenía que sustituir por la primera letra de la palabra que ocupaba la posición del número dentro de la declaración. Siguiendo este proceso se podía leer:

He depositado en el condado de Bedford, a cuatro millas de Buford, en un sótano o una excavación, a 6 pies (1.80m) bajo tierra, los siguientes artículos que pertenecen a las partes cuyos nombres figuran en el número 3:

El primer depósito, en noviembre de 1819, está compuesto por 1.014 libras de oro y 3.812 de plata. El segundo, en diciembre de 1821, consistía en 1.907 libras de oro y 1288 de plata, además de joyas, obtenidas a cambio de plata para facilitar el transporte y valoradas en 13.000 dólares.

Todo lo antes mencionado está empaquetado de forma segura en recipientes de hierro, con tapas de hierro. La cámara está más o menos revestida de piedras, y los recipientes descansan y están cubiertos por piedras. El papel número uno describe la localización exacta de la bóveda, para que no haya dificultad alguna en encontrarla.

La Declaración de Independencia, que tan útil había sido para descifrar el primer texto, no sirvió para los otros dos. Tristemente para los familiares de los treinta, o tal vez para él, el amigo de Morriss no consiguió descifrar la hoja en la que describía el lugar donde estaba enterrado el tesoro, ni la que supuestamente contenía el nombre de esos familiares y su lugar de residencia. Así que en 1885, frustrado por haber dedicado los mejores veinte años de su vida a intentar descifrar el resto de papeles sin éxito, habiendo abandonado ya cualquier esperanza de hacerlo, decidió publicar en un folleto todo lo que sabía.

Según decía, lo hacía movido por la esperanza de que otros se pudieran beneficiar de lo que él había sido incapaz. Tal vez, incluso alguno de los familiares de la gente de Beale lo leyera y reparara que sin saberlo todo este tiempo había tenido en su poder una valiosa clave. Aunque advertía que nadie cometiera el error de dedicarle tanto tiempo como hizo él, pues para él lo que al principio parecía un regalo se acabó convirtiendo en una pesada condena.

El folleto explicaba la historia de Beale, los textos cifrados y todo lo que le había contado Morriss. El misterioso amigo, pese a hacer públicos los textos, prefirió mantenerse en el anonimato por miedo a ser acosado por los buscadores de tesoros y fue su agente, un tal James B. Ward, el encargado de publicarlos.

Names and Residences. Original.

Desgraciadamente, un fuego en el almacén en el que estaban guardados los folletos destruyó la mayoría de ellos. Sin embargo, los que se salvaron despertaron un inmediato interés y un debate sobre si la historia era cierta o sólo una invención de Ward para ganar dinero.

Una de las primeras cuestiones a resolver era si, por lo menos, los protagonistas de la historia habían existido. En el censo americano de 1810 se encuentran registradas dos personas llamadas Thomas Beale, una en Connecticut y otra en New Hampshire. En el de 1820, se encuentran otras tres personas con ese nombre, esta vez en Luisiana, Tennessee y Virginia (de donde parecer ser era el Beale del tesoro). Ward es otro personaje obscuro y el único rastro que se encuentra de él es una referencia en la edición del 21 de mayo de 1865 del Lynchburg Virginian, en la que se le identifica como el propietario de la casa en la que murió Sarah Morriss, la mujer de Robert. Aunque él insiste en que no es el amigo al que Morriss confió su secreto, quizás sí que lo era. En cualquier caso, poco más se sabe de todos ellos.

Si se analiza la historia, parece tener aspectos razonables, pero otros que no lo son tanto. Parece lógico que Beale y sus compañeros decidieran llevarse su tesoro a un lugar seguro. Santa Fe en aquel tiempo era una ciudad mexicana, ellos eran norteamericanos. También parece una buena idea preparar un plan de contingencia por si les ocurría algo a todos ellos. Sin embargo, parece poco lógica la idea de llevar el oro hasta Virginia. Era un largo camino de varios miles kilómetros, no exento de riesgos, a través de territorio casi salvaje, para, además, esconderlo de una manera que podía hacer imposible su recuperación. ¿No hubiera sido mejor guardar el dinero en alguno de los bancos de la ciudad San Luis? Mucho más cerca y sin riesgos de que alguien lo encontrara y lo perdieran todo.

Hay otras cuestiones que tampoco quedan claras. ¿Quién o quiénes ayudaron a Beale a llevar el oro hasta Bedford? En ambas ocasiones, se trataba de una gran cantidad de carga, por lo que habría necesitado un gran número de mulas, burros o carros, y bastantes ayudantes. Tal vez, demasiada gente para guardar un secreto.

Tampoco ayuda que al parecer el texto publicado en el folleto contiene palabras del inglés, como “stampede” y “improvise”, que no aparecieron escritas hasta la década de 1840. Aunque no se puede descartar que antes ya fueran palabras habituales en Virginia o el Oeste.

Por otro lado, para los que continúen decididos a buscar el tesoro, conviene tener en cuenta que aún siendo cierta la historia, no se puede descartar que el tesoro ya no esté allí. Aunque Beale hubiera muerto sin recuperar el tesoro, alguno de sus compañeros, que sería lógico que conocieran el emplazamiento del escondite, podría haberlo recuperado. Y, ya fuera por desconocimiento o por precaución, no hubiera pasado a decir nada a Morriss, que se habría quedado con su caja y su enigma.

Lynchburg en 1919. En algún lugar puede que esté el hotel de Morriss. Ver panorámica completa.

Además son muchos los que ya lo han probado. Inmediatamente después de la publicación del folleto, muchos intentaron descifrar los documentos y encontrar el tesoro. Entre ellos varios famosos buscadores de tesoros. A principios del siglo XX, los hermanos Hart lo intentaron durante décadas. Otros como Hiram Herbert Jr. dedicó casi 50 años para también acabar abandonando en la década de los 70.

Con la misma poca suerte, lo han intentado expertos en criptografía. Algunos de los cuales después de analizar los dos textos que quedan usando métodos estadísticos cifrados han sugerido que no puede tratarse de textos escritos en inglés. También resulta sospechosa la escasa longitud del texto en el que teóricamente aparecen los nombres de los familiares más próximos. De usar la misma técnica de codificación que el ya descifrado, serían 618 números/letras para 30 o 60 nombres junto con su dirección.

Pero pese a todos estos indicios que parecen indicar que todo es un fraude, durante más de cien años, multitud de gente ha sido detenida por entrar y excavar sin permiso en fincas del condado de Bedford. Se cuenta que en 1983 una mujer excavó en el cementerio de Mountain View porque estaba convencida que el tesoro de Beale se encontraba allí.

Por cierto, existe una leyenda Cheyenne datada en torno al 1820, sobre una gran cantidad de oro y plata llevada desde el Oeste hasta las montañas del este para enterrarlo allí. Otras tribus, las de los Pawnee y los Crowe, hablaron muy bien de un grupo de unos 35 hombres blancos, a Jacob Fowler, un americano que exploró el sudoeste del país durante los años 1820 y 1821.

Enlace permanente a El tesoro de Beale, 30 millones por una clave

+posts:
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- William H. Mumler, el fotógrafo de los espíritus
- El mensaje de la Pioneer para los extraterrestres
- El Ajedrecista Turco, la primera máquina que derrotó al hombre

+info:
- Beale Ciphers in en.wikipedia.org
- Treasure by numbers in guardian.co.uk
- The Legendary “Beale Treasure by Richard E. Joltes
- The Beale Papers by J. B. Ward otra reimpresión de The Beale Papers
- A Basic Probe of the Beale Cipher (PDF), by Louis Kruh in Cryptologia

23 comentarios:

Staros dijo...

Woooo, que interesante artículo. Me ha gustado mucho, cuanto misterio.

Orayo dijo...

Muy misterioso. Yo apuesto a que fue un engaño para vender los panfletos.

salu2!

Anónimo dijo...

Siento actuar de talibán ortográfico, pero se dice "folleto", no "panfleto". Un panfleto es un escrito difamatorio.
Saludos.

Bovolo dijo...

Un placer que te haya gustado, Staros!

Orayo, todo parece indicar que es una invención. Pero como leí en una de las referencias. Intentar demostrar que es cierto, tiene un premio de 30 millones; intentar demostrar que es falso... pues no tiene premio ;-) (quizás, vender algún otro folleto ;-)

En cualquier caso, me pareció una bonita historia.

Gracias por la corrección, anónimo. Llevabas razón. Nunca te acostarás sin saber una cosa más. Aunque la confusión de panfleto con folleto está bastante extendida, creo.

Saludos a todos!

padawan dijo...

Siempre me han gustado los enigmas criptográficos, la historia me ha recordado a la del manuscrito Voynich, aunque mucho más terrenal y menos esotérica

Pumuky dijo...

Una fabulosa historia de la que no tengo claro si es engaño ó verdad,me pregunto tambien que o a que temian estos hombres en la actual U.S.A. para no haber guardado el tesoro en un banco o haber repartído el susodicho.


Bueno GRAN BOVOLO,cómo siempre me has hecho pasar un muy agradable rato leyendo tus notícias,gracias amigo.Un abrazo grandioso.

Bovolo dijo...

Padawan, sí, el manuscrito Voynich también es un tema interesante. Quizás algún día lo revisitemos desde este blog ;-)

Pumuky, estoy de acuerdo contigo, la historia tiene muchos aspectos un poco extraños. Uno es el de no ponerlo en un banco, y ese otro que tú indicas, el de no repartirselo.

Por un lado, podría ser buena idea hacer todas las gestiones juntas y ayudarse. Pero por otro, si lo pierden lo pierden todo.

También, parece un tanto extraño la confianza que tenían todos los demás en Beale. Porque todos somos muy buena gente, pero cuando hay por medio dinero y... tanto dinero, parecería normal que surgiera la desconfianza. Aunque pudiera ser que fuera una gran persona y todos confiaran.

Sin saber todos los motivos de las decisiones de Beale y su grupo, parece que a todos se nos ocurren maneras más lógicas de guardar el tesoro. Aunque quizás tuvieran sus motivos, que desconocemos.

Un abrazo!

Tripiyon dijo...

Estupendo artículo. Es de esas historias que rodean a tantos tesoros y que algunas veces resultan ser verdad.

Aunque en este caso también opto por el hecho de que se trate más de un engaño que de algo cierto.

Me ha recordado mucho a la saga de películas de La Búsqueda o Indiana Jones.

Un saludo
Tripiyon

rodericus2009 dijo...

Es una de esas historias que se convierten en leyendas,que amenizan las tardes de invierno y adormecen a la mayoria.Pero que sabiendo interpretar las claves y con un poco de suerte, pueden reportar una fortuna al que sepa descifrarla.
Durante mucho tiempo, en los Pirineos franceses, corria una vieja leyenda que hablaba de unos depositos de oro que los celtas ocultaron a los romanos cuando la Galia se rindió a César.
Un cura de una parroquia rurál parece ser que consiguió encontrar el rastro del tesoro escondido.
Sú nombre era Berenguér de Sauniére,el pueblo es Rennes Le Chateau y se ha convertido en uno de los nombres legendarios en las leyendas modernas.
Este podria ser el tema de otra entrada amena

eLzO dijo...

Siempre un placer indescifrable el leerte.

Salu2



Por cierto si quereis 10 codigos famosos, aun hay mas:

http://elzo-meridianos.blogspot.com/2007/12/los-10-cdigos-mas-famosos-e.html

Bovolo dijo...

Tripiyon, encantado de que te haya gustado. Lo dicho de todas estas historias, demostrar que no son ciertas, no tiene premio, pero demostrar lo contrario....

Rodericus, la historia del Berenguer también la tenía en el radar. De hecho, creo que el hombre que escribió el Codigo da Vinci se inspiró, en parte, en ella. Aunque no recordaba nada de los celtas y los romanos.

Cerca de los Pirineos, la Sierra del Cadí, en Catalunya. También hay otra leyenda que dice algo de un Cadí (caudillo musulmán) perseguido por los cristianos que escondió su fortuna por allí para evitar que cayera en manos de sus perseguidores.

Conocí la leyenda de niño y durante algún tiempo capturó mi imaginación.

eLzO, el placer es mutuo ;-) Algunos de los códigos de tu post los conocía, pero son todos apasionantes.

Ah, por cierto, cometiste el mismo error que yo, no es "panfleto", sino "folleto". ;-)

Un saludo a todos!

Jeshua_Morbus dijo...

Quién sabe, a lo mejor lo de la clave indescifrable es por la misma razón del único texto que Poe no pudo descifrar.

Explícome: Edgar Alan Poe, aparte de poeta y escritor romántico era un apasionado criptólogo y en el periódico en el que trabajaba 8no me preguntéis cuál... estoy contando esto de memoria) retaba a los lectores a que le mandaran mensajes codificados, que él aseguraba resolvería sin dificultad (como contaba uno de sus personajes en "El escarabajo de oro", "puedo resolver éste enigma y otros cien veces más difíciles sin mayor problema"). Y así era: Como había aseverado, no encontró dificultad en encontrar la clave de todos los textos que le enviaron... menos uno.

Peleó contra ese texto en clave durante años pero, ni a patadas logró resolverlo. No fue hasta mucho tiempo después de su muerte que se comprendió por qué causa no fue capaz de entender el mensaje:
Estaba PLAGADO de faltas de ortografía XD

Quién sabe si estos mensajes tienen esta curiosa forma de "codificación".

Sigue escribiendo que servidor leerá avidamente cuanto expongas ^_^

Bovolo dijo...

Jeshua, como siempre gran comentario el tuyo.

La historia de Poe parece también muy interesante, creo que merece la pena investigarla ;-)

Pues pudieras llevar razón en lo de los errores ortográficos, aunque supongo que lo habrían encontrado.

Porque, de hecho, en la nota que sí que se consiguió descifrar se necesitaron algunos arreglos sobre el texto original. Parece como si Beale, o su amigo, hubieran usado otra versión de la declaración de independencia. De manera que hay que eliminar o añadir algunas palabras en medio del texto original.

También es necesario corregir algunos errores que tal vez se produjeron al contar las palabras o al transcribir el texto. Cambios del tipo cambiar "rhousand" por "thousand".

Un saludo y, como a siempre, gracias por comentar!!!

Jorge Sánchez dijo...

Muy bueno. Una pequeña falta de ortografía: "Y, ya fuera por desconocimiento o por precaución, no hubiera pasado a decir nada a Morriss, que se abría quedado con su caja y su enigma". Habría.

Bovolo dijo...

Otra vez, gracias, Jorge!

Otra vez el corrector ;-) Un saludo!

Banco de Imágenes Gratuitas dijo...

Mountain View?

No será que GOOGLE encontró el tesoro y por eso es ahora una de las empresas más ricas del mundo?

Todo puede suceder!

Saludos.

Eneko dijo...

Me ha gustado mucho este relato, contado además de una forma amena y clara.
Todo parece indicar que se trata de una de esas "mentiras" salpicada de unas cuantas "verdades", aún así muy interesante.

Un saludo y gran trabajo!

Bovolo dijo...

Jajaja! Sí, quizás lo encontró google ;-)

Eneko, a mí también me pareció una historia entretenida. Que aunque tenga poco de verdad, se podría hacer una peli que no estuviera mal ;-)

En cualquier caso, quien sabe, quizás sí que es cierta... y nosotros perdiendo aquí el tiempo resolviendo sudokus ;-)

Un saludo y bienvenidos por aquí!

rodericus2009 dijo...

Bovolo, cito el tema de el oro celta porque enlaza con una leyenda acerca de un tesoro visigodo oculto en la zona de Toulusse, pero parece ser que la leyenda original es anterior a los visigodos y enlaza con el saqueo romano de la zona en la época de César.Por lo que parece, las poblaciones celtas de la zona daban más valór ceremonial que comercial al oro, y parece ser que los primeros gobernadores romanos de la zona sacaron una buen cifra en la zona pirenaica.
Todo esto viene a cuenta de que creo más posible que Sauniére encontrara uno de estos depositos, que no las teorias ocultistas sobre tesoros templarios etc.
De lo que no hay duda, es que encontró algo realmente valioso.
El tren de vida que emprendió después de llegar a ese remoto pueblo es la prueba.
Y no sigo más que si nó te "chafaré" el articulo, pero realmente es emocionante este asunto.

Bovolo dijo...

Rodericus, sí que parece interesante.

Tanto la relación de los celtas con el oro, como lo de lo visigodos, y, por supuesto, la de Sauniere

Cuando toque otro posts de tesoros... ;-)

Un saludo y muchas gracias por la info!

Anónimo dijo...

he estado investigando con alfavetos y coordinando numeros que coincidan con el alfabeto y me salen muchas palabras en islandes y checo. puede ser algo... y todo a sido en ponerme un dia entero probando muchas cosas y sobretodo abecedarios y numerando las letras

Anónimo dijo...

Ya lo decodifique el manuscrito y se donde se encuentra todo el tesoro, es una clave scrip A+ usado solamente para el primer parrafo, quiero verificar si ese lugar esta poblado.

Bovolo dijo...

Ya nos mantendrás informados y si encuentras el tesoro, espero que te acuerdes de nosotros ;-)

Un saludo!