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jueves, 6 de octubre de 2011

Los olvidados dioses del Monte Nemrut

Cuando en 1881 el ingeniero alemán Charles Sester llegó al Altiplano Armenio (actual Turquía) para evaluar la construcción de nuevas rutas de comunicación para el Imperio Otomano, hacía muchos siglos que el santuario de Nemrut Dagi había caído en el olvido. Sólo la gente de los alrededores sabía de su existencia, así que fueron ellos los que hablaron al alemán de unas misteriosas estatuas descabezadas en la cima de aquella montaña perdida.

Terraza Este - Antíoco I, Heracles, águila y león | cabovolo

Después de la prematura muerte de Alejando Magno en el 323 a.C., sus generales y oficiales se repartieron su imperio. Fue un proceso que se alargaría más de 20 años durante los cuales los diádocos (como eran conocidos estos generales) se enfrentaron en 6 guerras. Durante este tiempo el imperio que había construido Alejandro perdió su cohesión y acabó fragmentando en 3 estados independientes que subsistirían hasta la aparición del poder romano en el siglo II.

Uno de ellos fue el fundado por Seleuco en el 312 a.C. y al que correspondió inicialmente el territorio de la antigua Babilonia. Seleuco, sin embargo, no tardaría mucho en emprender una agresiva campaña para ampliar sus dominios, ocupando inicialmente la Anatolia y el norte de Siria, y con el tiempo llegando a hacerse con el control de casi todos los territorios asiáticos conquistados por Alejandro. Sin embargo, el Imperio Seléucida abarcaba un territorio demasiado extenso y de difícil control, por lo que Seleuco se acabó viendo obligado a ceder sus territorios del Indo al Imperio de los Mauria.

Mientras, varios gobernadores seléucidas aprovechaban la debilidad del poder central  seléucida para proclamar de forma casi simultánea la independencia de sus respectivos territorios. El gobernador del territorio bactriano en el 245 a.C. fue el primero en independizarse. Poco después le seguiría el sátrapa de Partia que crearía el reino que con el tiempo se convertiría en el poderoso Imperio Parto.

El Imperio Seléucida pareció recobrar su esplendor pasado con la llegada al poder en el 223 a.C. de Antíoco III el Grande. Inicialmente, consiguió recuperar parte de los antiguos dominios sometiendo a varios de los antiguos reinos rebeldes, pero cometió el error de invadir Grecia y acabó siendo vencido por la nueva potencia del Mediterráneo, Roma. Como consecuencia de su derrota, se vio obligado a firmar un acuerdo de paz con Roma que le obligaba a hacer grandes concesiones territoriales y pagar una gran suma de dinero en concepto de indemnización. El imperio seléucida jamás volvería a ser lo que fue.

Camino de ascenso a Nemrut Dagi | cabovolo

Amanecer desde Nemrut Dagi | cabovolo

Después de la muerte de Antíoco III, las numerosas guerras civiles debilitaron la autoridad imperial y se produjo una nueva oleada de reinos que se declaraban independientes, uno de ellos el de Comagene, una provincia situada en la parte sudeste de la Anatolia, entre los Montes Tauro o y el curso medio del río Éufrates, cuyo sátrapa, Ptolomeo se auto-proclamó rey en el 163 a.C.

Comagene se convirtió en un reino rico gracias a la fertilidad de sus tierras agrícolas, las rutas comerciales que lo atravesaban y sus propios recursos mineros. Una muestra de esta riqueza son los monumentos que han llegado hasta nosotros y el gran número de celebraciones de las que se tiene constancia que se llevaban a cabo a lo largo y ancho del reino durante el año, así como el testimonio de algunos historiadores de la época como Tácito, que hace referencia a la riqueza de la familia real o las expectativas de botín que tuvieron los ejércitos romanos cuando consideraron su conquista.

Ptolomeo I fue sucedido en el trono por el rey Sames que, a su vez, lo sería por su hijo Mitrídates I que contraería matrimonio con la princesa greco-siria del vecino Imperio Seléucida, Laodice, como parte de un acuerdo de paz entre ambos reinos. A partir de este momento, el Reino de Comagene fue adoptando la cultura helenística y abandonando sus raíces persas.

Foto antigua de la terraza este, la diosa Comagene aún tenía la cabeza en su sitio | International Nemrut Foundation

Fruto de la unión entre Laodice y Mitrídates I, nació Antíoco I, el que sería el constructor del majestuoso santuario de Nemrut Dagi. De esta manera, Antíoco se vanagloriaba de tener una ascendencia de lo más selecta dentro del mundo helenista. Descendiente del primer rey greco-sirio, Seleuco I Nicátor, del primer faraón griego, Ptolomeo I, y de los reyes griegos, Lisímaco de Tracia y Antípatro de Macedonia. Todos ellos, generales en tiempos de Alejandro Magno. Todo esto sin renunciar a los orígenes persas de su padre que se remontaban a Dario I, el Rey de Reyes persa. Algunos historiadores, sin embargo, cuestionan estos grandiosos orígenes de la familia real de Comagene y ven bastante más probable que se tratara de una dinastía local helenizada.

Pero aún más diverso que los orígenes de Antíoco I, lo era su reino, dentro del cual, la población local de origen semítico convivía con la de origen persa, griego o macedonio. Esta convivencia, sin embargo, no estaba exenta de tensiones y conflictos. Antíoco I, consciente como era de ello, se embarcó en un programa religioso que proporcionara cohesión a su reino unificando las diferentes creencias de sus súbditos. Al mismo tiempo, aprovechó la ocasión para reforzar su autoridad, situándose él y su familia a la misma altura que los nuevos dioses, instaurando así un culto a la familia real.

Este proceso no fue exclusivo de Comagene. En otros reinos helenísticos también se combinó el culto de dioses locales con el de los tradicionales dioses griegos. En Egipto, por ejemplo, se crearon nuevas deidades, como Serapis, un intento de armonizar las creencias tradicionales locales con las helénicas, creando un dios que pudiera ser venerado tanto por griegos como egipcios. Tampoco fue Antíoco I el primero que se situó a la altura de los dioses. Otra vez en Egipto, siguiendo con la tradición de los faraones, Ptolomeo II proclamó a su padre como dios y se autoproclamó a sí mismo como dios viviente. En otros lugares, sin llegar a alcanzar el mismo grado de divinidad que los dioses tradicionales, las estatuas de algunos reyes que se habían destacado por sus logros o conquistas militares también se veneraban en templos de otras deidades.

Vista aérea de la cima de Nemrut Dagi

Esquema de las diferentes partes del santuario | Maurice Crijins


Como parte de su plan, Antíoco I construyó el santuario en la cima del Monte Nemrut, una de las más altas de su reino (2.134 metros), un lugar elevado y sagrado para estar lejos de los hombres y cerca de los dioses, el lugar ideal para la construcción de los “tronos de todos los dioses” sobre unos cimientos que jamás serían demolidos. El santuario estaría coronado por el que tenía que ser su túmulo funerario, de una altura de 50 metros y un diámetro de unos 150, cubierto por millones de pequeñas piedras calizas. Alrededor del túmulo, se excavaron en la roca 3 terrazas, sólo para la construcción de la situada al este fue necesario extraer unos 1.500 metros cúbicos de roca de la cima y así ganar el suficiente espacio. La construcción del santuario supondría en cierta manera la decapitación de la montaña.

Los peregrinos debían ascender al santuario siguiendo un camino procesional que los llevaba hasta la terraza este, donde se encontraban con 5 estatuas de casi 9 metros de altura de varios dioses, flanqueadas por las de un par de águilas (mensajeros de los dioses) y leones (guardianes del lugar). Los dioses, que estaban sentados en tronos, eran de izquierda a derecha: Apolo-Mithra, la diosa de Comagene (una personificación local de la diosa griega Tyche, que regía la prosperidad y el destino de una comunidad, en este caso, Comagene), Zeus-Oromasdes (el padre de todos los dioses), el rey Antíoco I y Heracles-Artagnes-Ares. La estatua de Antíoco estaba situada como un dios más entre el resto, a su mismo nivel y de su misma altura.

Las estatuas de los dioses han llegado hasta nuestros días en muy buen estado de conservación, aunque, probablemente a causa de los terremotos, las cabezas y los cuerpos se encuentran separados, habiendo sido estas últimas colocadas a los pies de los cuerpos sentados. Contemplándolas hoy en día, se puede comprobar el origen dual de los dioses, con un atuendo y peinado persas, pero unas facciones griegas. La terraza se completa con una plataforma de piedra y que sería usada en durante las ceremonias como altar.

La terraza oeste es casi idéntica a la este, los mismos dioses siguiendo la misma distribución (conocida como hierotesion), aunque adaptada ligeramente al terreno. Las caras se encuentran mejor conservadas, pero los cuerpos se encuentran esparcidos por el suelo, aunque se está considerando la posibilidad de volverlos a colocar en su posición original.

Apolo y un águila – Terraza Este | cabovolo

Heracles – Terraza Este | cabovolo 

Antíoco I Terraza Este | cabovolo

Tanto en esta, como en la anterior terraza, en la parte posterior de los tronos de los dioses existen varias inscripciones en griego.  Es lo que se conoce como la “ley divina de Antíoco”, una ley “proclamada por mí, pero que proviene del poder de los dioses” y que Antíoco pretendía revelar al “pueblo de Comagene,  a los extranjeros, a los reyes y gobernantes, a los hombres libres y a los esclavos, a todos los que forman parte de la Humanidad y solo se diferencian por nacimiento o destino”. A modo de testamento, pide a “todas las futuras generaciones de hombres que posean esta tierra” que respeten esta “ley sagrada”.

Antíoco reconoce su más profunda convicción que “la piedad es no solo la posesión más importante que los hombres pueden obtener, sino que además es la que proporciona el gozo más profundo”. Por ello, cuando recibió el trono de su padre, anunció “piadosamente” que Comagene se convirtiera en la “morada común de todos los dioses” y decoró “las representaciones de sus formas, a la manera de los persas y los griegos”. Antíoco atribuye la buena fortuna que le acompañó durante toda su vida y que le permitió “escapar, contra toda expectativa, de los más grandes peligros, rico en años y felicidad” a su “santidad” a la que siempre consideró como el “más seguro guardián” de su reino.

Pero, aparte de mostrar su agradecimiento a los dioses y a sus gloriosos antepasados, se detallan las leyes y mandamientos del reino  y se describen las celebraciones que se llevaban a cabo en Nemrut anual y mensualmente.

En otra sección de la inscripción Antíoco I explica como construyó los cimientos de “esta tumba sagrada” para que fueran indestructibles y resistieran los estragos del tiempo y preservar así la “forma exterior de su persona”. Sin embargo, y aunque en varias ocasiones se han intentando excavar túneles en el interior del túmulo con la esperanza de encontrar la cámara mortuoria, muy probablemente los primeros en hacerlo fueron los romanos para intentar hacerse con sus riquezas, y más recientemente los arqueólogos; no se ha podido dar con ella. Algunos creen que lo más probable es que, al tratarse de una cima rocosa, la cámara fuese excavada en la roca y después cubierta con las piedras del túmulo.

De la terraza oeste también se ha conservado una serie de losas de piedra en las que se puede ver a Antíoco dando la mano a los dioses Apolo, Zeus y Heracles. En otra losa, la conocida como el “horóscopo del rey”, aparece un león con la alineación de varias constelaciones con Júpiter, Mercurio y Marte. Según unos, indicaría la fecha del 10 de julio de 62-61 a.C., día en que Antíoco fue investido como rey por los romanos. Según otras fuentes, sería la fecha de comienzo de construcción del santuario.

Antíoco I estrechando la mano de Heracles, lápida en la vecina ciudad de Arsameia | cabovolo

La terraza norte, que comunicaba las dos anteriores, carecía de estatuas colosales, aunque contaba con un gran friso escultórico, del que hoy en día sólo se conservan unas cuantas losas en las que se muestran los antepasados persas y macedonios del rey Antíoco I.

El santuario de Nemrut era utilizado en algunas de las muchas ceremonias religiosas que se llevaban a cabo durante el año en Comagene o banquetes en honor de personajes ilustres del reino ya fallecidos. Las dos celebraciones más señaladas eran el 10 del mes de Audnaios (luna de diciembre) del calendario macedonio y el 16 de Loos (luna de julio). El día de la coronación de Antíoco I y el del “nacimiento de su cuerpo natural”. Estos dos festivales se celebraban de forma anual, cuando durante dos días se paraba toda la actividad en reino, pero también se repetían cada mes.

Durante estas ceremonias, los sacerdotes, vestidos al modo persa, adornaban con coronas de oro las cabezas de los dioses, ofrecían sacrificios (no especificados) en los altares situados a sus pies y les realizaban ofrendas de incienso e hierbas aromáticas. Además, alentaban a los súbditos a estar alegres y disfrutar del vino y la comida mientras escuchaban la música sagrada que tocaban los músicos del templo, puesto que no eran sólo celebraciones en honor de la grandeza de Antíoco, sino también de la propia buena fortuna de cada uno de los que participaban.

En el plano político, a Antíoco I le tocó lidiar con la expansión de Roma por Asia Menor hasta llegar a las puertas de su reino. Aunque hábilmente consiguió alcanzar un acuerdo de paz con el general Pompeyo y, unos años más tarde, el senado romano le concedería la toga praetexta, una distinción reservada únicamente a los más fieles aliados y amigos de Roma. Comagene se convirtió así como el único estado de Asia Menor que consiguió sobrevivir, pero encajonado entre dos poderosos enemigos: Roma y el Imperio Parto.

Antíoco I no se diferenció demasiado de los que le antecedieron en el trono. Comagene nunca fue un reino poderoso y fue únicamente acomodándose a las potencias que lo rodeaban y al ejercicio de una hábil diplomacia como consiguió mantener su independencia. Si bien, en tiempos de Antíoco I esta era cada vez más reducida, hasta el punto que historiador Michael Alexander Speidel, cree que a partir de la alianza con Roma, se puede considerar Comagene dentro de las fronteras del imperio romano, reservándose Roma la potestad para intervenir en los asuntos internos del reino así como de elegir quien debía de ocupar el trono.

Terraza Oeste | cabovolo
 
Inscripciones en la parte posterior de los tronos de la terraza oeste | cabovolo

Apolo y Comagene – Terraza Oeste | cabovolo

Zeus  – Terraza Oeste | cabovolo

En su calidad de “más leal aliado de Roma”, Antíoco era el encargado de la protección y vigilancia de la frontera de la provincia romana de Siria. De esta manera, Antíoco I fue el primero en informar a Cicerón de que los partos habían comenzado a cruzar el Éufrates. Antíoco también tomó parte en los conflictos internos de Roma, como la guerra civil que enfrentó a Julio César y Pompeyo, en la que proporcionó tropas a este último.

Sin embargo, una vez los partos fueron derrotados por Marco Antonio en el 38 a.C., los romanos cambiaron de postura hacía el reino de Comagene y pasaron ambicionar sus tesoros. Marco Antonio ordenó poner cerco a Samosata, la capital de Comagene. No queda muy claro que ocurrió, pero al final Antíoco pudo evitar la invasión y llegó a un acuerdo de paz con Roma.

Antíoco I fue sucedido en el trono por su hijo Mitrídates II, que, a su vez, lo sería por su hijo Antíoco III. Antítoco III fue capaz de mantener la frágil independencia de Comagene ante Roma, pero a su muerte el emperador Tiberio anexionó el reino a la provincia romana de Siria, probablemente porque no veía ningún sucesor capaz de mantener la unión y la estabilidad de Comagene. Fue una decisión temporal y en el 39 d.C. el emperador Calígula reinstauró el reino colocando al hijo de Antíoco III, Antíoco IV, en el trono. Una decisión que en el fondo no dejaba de ser un mero cambio administrativo, ya que, a pesar a ser reino, Comagene era un mero títere de Roma.

Esta situación se prolongaría hasta el año 72 d.C. cuando el emperador Vespasiano, en medio de sospechas de una posible alianza de Comagene con el Imperio Parto, creyó que no podía seguir confiando en los monarcas de Comagene para controlar el estratégico paso del Éufrates en Samosata e invadió el reino. Antíoco IV fue derrotado y huyó, siendo finalmente recibido con honores por Vespasiano en Roma, donde llevó una vida bastante glamurosa gracias a una generosa asignación monetaria del emperador. Comagene, finalmente, acabó anexionado a la provincia de Siria. Es probable que el santuario de Nemrut fuese saqueado por los romanos y el ejército de Comagene pasara a integrarse en las legiones romanas.

No queda claro si con la pérdida de la independencia de Comagene se puso fin al culto a su familia real o este ya se había abandonado unos años antes, aunque es cierto que los descendientes de Antíoco I continuaron con la tradición de ser enterrados en las proximidades de Nemrut. En cualquier caso, de poco serviría que Antíoco I hubiera dispuesto que los sacerdotes e hieródulos de Nemrut estuvieran libres de cualquier otra obligación para poder dedicar sus vidas a perpetuar los rituales. Un honor que tenía que pasar a sus hijos y después a los hijos de sus hijos y así sucesivamente, de manera que los rituales se continuaran celebrando eternamente.

Antíoco I y su familia acabaron cayendo en el olvido y, años después, cuando la población cristiana ocupó la región atribuyeron la construcción del santuario al legendario Nemrod, el tirano al que la tradición atribuye la construcción de la Torre de Babel, al que creyeron reconocer en alguna de las estatuas y de quien acabó tomando prestado el nombre el monte.

Sería Charles Sester en 1881 el que rescataría del olvido a Nemrut. En aquel tiempo la zona debía tener un aspecto muy diferente al que tiene ahora, pues, según el testimonio de otro alemán que visitó la zona hace unos 100 años, era un auténtico vergel con árboles que cubrían sus laderas y valles.

Después del descubrimiento de Sester, las ruinas fueron excavadas por arqueólogos alemanes y más tarde por el experto en arte turco, Hamdi Bey. Sin embargo, y pese a su espectacularidad, no fueron todo los estudiadas como debían al no despertar el suficiente interés entre los arqueólogos. Los clásicos porque las encontraban demasiado orientales y los interesados en arte oriental porque las encontraban demasiado clásicas.

Terraza Este | cabovolo

La situación cambiaría con la aparición en escena de Theresa Goell, una mujer de Nueva York que había estudiado arte durante 4 años en la Universidad de Cambridge y unos años más tarde había ampliado sus estudios en arte europeo y prehistórico en la Universidad de Columbia. Fue entonces cuando uno de sus profesores le sugirió que investigara sobre el santuario de Nemrut, aprovechando esa falta de interés que había propiciado que hubiera sido poco estudiado. Theresa conseguiría visitar por primera vez el Monte Nemrut en 1947, al que volvería en 1951. Theresa quedó tan fascinada que no le importó dejar su anterior vida en Nueva York, dejando allí a su marido e hijo y marchar en 1953 a Turquía para comenzar las excavaciones con el apoyo, entre otros, de la National Geographic Society.

Theresa se convertiría junto al arqueólogo alemán Friedrich Karl Dorner en uno de los máximos estudiosos del reino de Comagene. Además de Nemrut, realizarían excavaciones en la vecina ciudad de Arsameia y en otras ciudades del reino, rescataron así del olvido a Antíoco y a su desconocido reino, de manera que los peregrinos, ahora en forma de devotos turistas, volvieron a peregrinar a su santuario.

PS(i): Las fotos son del pasado 2 de septiembre, que tuve la suerte de poder visitar el Monte Nemrut, una excursión que recomiendo antes de que las trasladen a un museo, que, por otra parte, quizás sea lo mejor para su conservación. Más fotos en panoramio.

PS(ii): El Imperio seléucida desapareció más de un siglo antes que Comagene. Aunque muy disminuido en territorios y poder, consiguió sobrevivir hasta el 63 a.C., en parte porque ninguno de sus vecinos estaban interesados en hacerse con él, pues les resultaba más útil como estado tapón entre todos ellos que como parte de sus territorios, pero ese año el general Pompeyo cansado de la inestabilidad que suponía para la región las interminables guerras civiles seléucidas lo acabó incorporando a la provincia de Siria.

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+info:
- Commagene in Encyclopedia Iranica
- Kingdom of Commagene in en.wikipedia.org
- Antíoco I Theos of Comagene en es.wikipedia.org
- Early Roman Rule in Commagene (PDF) by Michael Alexander Speidel
- History in International Nemrud Foundation
- Nemrut Dag in UNESCO
- Animación que muestra una reconstrucción virtual de Nemrut Dagi in Learning Sites
- Commagene Nemrut Conservation Development Programme
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martes, 29 de septiembre de 2009

La minúscula carolingia, una letra para un imperio

A finales del siglo VIII, Carlomagno decide impulsar una recuperación de la antigua cultura clásica. Entre sus preocupaciones estaba la restauración y preservación de los textos clásicos. Fue en este entorno cuando apareció una nueva forma de caligrafía, la minúscula carolingia, que pretendía ser universal y legible. La influencia del nuevo tipo de escritura ha llegado hasta nuestros días, al influir en el trazado de muchas tipografías modernas.

Copista trabajando. Miniatura del 1472.

Fue a finales del siglo VIII y durante el siglo IX que dentro del Imperio Carolingio se produce un resurgimiento de la cultura clásica latina. Durante este período, que se conoce con el nombre de Renacimiento Carolingio, se produce un renacimiento intelectual y cultural que intenta recrear y preservar la cultura romana. Es un tiempo en el que el número de estudios en literatura, artes, jurisprudencia, liturgia aumenta.

Sin embargo, la escasez de personas capaces de leer y escribir durante el siglo VIII en Europa Occidental provocaba problemas a los gobernantes carolingios a lo que costaba encontrar escribas para su corte. Más preocupante, si cabe, para los carolingios era que no todos los sacerdotes de sus parroquias eran capaces de leer la Biblia. Además, el latín vulgar del Imperio Romano de Occidente había comenzado a divergir formando dialectos regionales, los precursores de las lenguas latinas de hoy en día. Estas diferencias geográficas empezaban a dificultar el entendimiento entre los eruditos de las diferentes partes de Europa.

Aunque Carlomagno no sabía escribir (trató de aprender durante su vejez, aunque sus esfuerzos dieron poco fruto) y no se puede asegurar que fuera capaz de leer, entendía el valor de la alfabetización y de una caligrafía uniforme para gobernar su imperio.

Para intentar solucionar estos problemas, Carlomagno ordenó la creación de escuelas. Uno de sus objetivos era atraer a su corte a los más importantes eruditos de la época, y lo consiguió. Entre otros, fueron pasando por ella Paulinus de Aquileia, Pedro de Pisa, Pablo el Diácono, Teodulfo de Orleans y Alcuino de York, que se convertiría en el brazo derecho de la política educativa del emperador.

Fragmento de la biblia escrito usando la minúscula merovingia (principios del siglo VIII). Original The Schoyen Collection.

Misal del siglo XI escrito usando la escritura beneventana sobre vitela. Original The Schoyen Collection.

Se comenzó por crear un currículum de estudios unificado para las nuevas escuelas. Alcuino de York, que estaba al mando de esta reforma educativa, lideró el esfuerzo de escribir los libros de texto, la creación de las listas de palabras y establecer el trivium (gramática, retórica y lógica) y el quadrivium (geometría, aritmética, astronomía y música) para la educación más básica.

Fue durante este período que el latín medieval llegó al punto culminante de su desarrollo como lengua literaria. Este latín mantenía las normas gramaticales del latín clásico, pero incorporaba nuevas palabras procedentes de otras lenguas. Este “nuevo” latín se convertiría en el idioma común entre la clase erudita y permitiría a los viajeros hacerse entender por toda Europa.

La otra gran contribución carolingia de la época fue su minúscula. Un nuevo tipo de caligrafía cuyo principal beneficio respecto al resto de escrituras de la época era su alta legibilidad. Pese a su preocupación por la legibilidad, no renunciaba a la estética. La belleza de la nueva minúscula residía en sus formas redondeadas y su apariencia armónica.

La mayoría de los monasterios de la época contaban con scriptoriums donde copiaban manuscritos. Su labor no se limitaba sólo a la copia de textos, también se intentaba corregir los errores que se podían haber introducido después de años de copias. Copiar no era fácil: la iluminación era pobre, las manos de los monjes estaban agarrotadas por el frio y tampoco existía un lenguaje erudito estándar.

Los textos se escribían en mayúsculas y en función de la zona se empleaba una caligrafía u otra. Por ejemplo, en Francia se seguía la merovingia; en Alemania, la germánica; en la España cristiana, la visigoda o la beneventana en el sur de Italia y Dalmacia. En los textos más antiguos, todas las letras estaban desconectadas unas de las otras y las palabras no estaban separadas entre sí. La separación entre palabras se iría adoptando en textos posteriores.

Alfabeto en escritura visigoda

La nueva minúscula carolingia era uniforme, de formas redondeadas y usaba tanto las mayúsculas como las minúsculas. El trazo de las letras era claro y se tendía a separar las palabras con espacios. Estos dos aspectos facilitaban enormemente su legibilidad. Además, la caligrafía carolingia tenía, por lo general, menos ligaduras (signos formados por la unión de dos o más que se suelen escribir separados) que otras caligrafías de su época, aunque usaba el ampersand, y las ligaduras ae , rt, st y ct. La letra D, a menudo, aparece en forma uncial (forma de escritura que sólo usa las mayúsculas), con un asta ascendente inclinada hacia la izquierda, pero la letra g es esencialmente igual que la moderna minúscula. También se evitaban las abreviaturas que dificultaban la lectura para los lectores poco experimentados.

Aunque son muchas las teorías sobre el origen de la minúscula carolingia, su origen preciso es desconocido. Unos defienden un origen romano (Liber Diurnus, escrito en Roma) o franco (Biblia de Mordanno, escrita en Corbie), mientras que otros creen no fue producto de un lugar o un centro en concreto sino que fue un resultado más del Renacimiento Carolingio. Es probable que su extensión ni siquiera formara parte de una campaña deliberada. Era muy habitual que los eruditos carolingios después de servir en palacio fuesen destinados a sedes episcopales o abadías lejanas. De esta manera, simplemente, al llevar consigo sus libros a sus nuevos destinos podrían haber contribuido a la adopción y extensión de la nueva caligrafía.

En cualquier caso, aunque el imperio carolingio contribuyera a su expansión, la invención de la minúscula carolingia no parece que fuera un hecho repentino, ya que desde hacía un tiempo la densa escritura merovingia o la germánica estaban siendo sometidas a un proceso de limpieza, convirtiéndolas en más simples y redondas.

Según los estudiosos, la minúscula carolingia podría haberse basado en la escritura semi-uncial romana y su versión cursiva nueva. La cursiva romana nueva, también llamada minúscula cursiva, era una caligrafía que apareció en torno al siglo III y permaneció en uso hasta finales del siglo VIII. Aunque hoy en día se identifica cursiva con todo tipo de letra inclinada, su origen está en la escritura apresurada a mano, “cursiva” proviene del latín “cursus” (“correr”, en castellano). Así la cursiva era la caligrafía que se obtenía con una mano que corre, muchas veces al no tener que levantar la pluma entre letra y letra.

La nueva minúscula también incluía algunas de las características de las escrituras “insulares” que se usaban en los monasterios de Irlanda e Inglaterra , un tipo de caligrafía desarrollado en Irlanda durante el siglo VII.

Al poco de comenzar a usarse la minúscula carolingia, todavía existían grandes variaciones en la forma de las letras entre diferentes regiones. La letra a todavía se escribía en mayúsculas. El signo de interrogación, era el mismo que el de la caligrafía beneventana. Incluso en algunos contextos, en los que la legibilidad parecía ser un valor secundario (por ejemplo, en los documentos oficiales), se seguía prefiriendo la escritura merovingia.

Página de los Manuscritos Freising, escritos en esloveno con minúscula carolingia. Siglo X.

Sería durante el siglo IX cuando la minúscula carolingia se empezó a imponer como un estándar internacional con menos variaciones regionales. Aparecieron nuevos glifos, como la s y la v, en oposición a la “s larga” y la letra u, y astas ascendentes, posteriormente espesadas en su parte superior.

El nuevo tipo de escritura se fue extendiendo por toda Europa Occidental, en mayor medida allí donde la influencia carolingia era más fuerte. Encontró cierta resistencia por parte de la Curia romana, no en vano, durante el siglo X en Roma se desarrolló la fuente Romanesca. En la Península Ibérica, su difusión comenzó por Cataluña a finales del siglo IX y se extendería por el resto del territorio durante el siglo XII conviviendo con la tradicional escritura visigoda. Finalmente, se convertiría en un estándar entre la clase erudita desde España hasta Escandinavia, desde Inglaterra al norte de Italia, desplazando a las diferentes escrituras nacionales.

Los eruditos del Renacimiento Carolingio buscaron y copiaron en la nueva legible y estandarizada caligrafía muchas obras clásicas latinas que habían sobrevivido. La mayoría del conocimiento de la literatura clásica que se tiene hoy en día proviene del scriptorium de Carlomagno, casi todos los textos que sobrevivieron hasta su reinado sobreviven hoy en día. Unos 7.000 manuscritos escritos por sus escolares durante el siglo VIII y IX han llegado hasta nosotros, en muchos casos son los manuscritos más antiguos que se conservan de muchas obras clásicas.

Durante el siglo XII, la letras carolingias comenzaron a hacerse más angulares y a escribirse más cerca unas de las otras, con lo que los textos comenzaron a perder legibilidad, también apareció la moderna letra i con el punto encima. Aunque poco a poco, la minúscula carolingia comenzaría a ser sustituida por la letra gótica que viviría su máximo esplendor entre el 1150 y el 1500.

A partir del siglo XII el número de gente capaz de leer se incrementó, se fundaron nuevas universidades y la demanda de libros creció. La escritura carolingia, aunque legible, ocupaba un gran espacio, en un tiempo en que los materiales sobre los que se escribía eran caros. Además, la letra gótica al escribirse con mayor rapidez permitía producir más libros en menos tiempo.

Con el tiempo, los primeros humanistas del renacimiento tomaron los manuscritos carolingios por originales romanos y modelaron la letra renacentista tomando como modelo la carolingia, y así pasó a los impresores de libros del siglo XV. De este modo, la minúscula carolingia es la base de muchas de las tipografías modernas. De hecho, un lector de hoy en día puede leer fácilmente textos escritos con la letra carolingia, nada que ver con la dificultad de leer un texto escrito con otras escrituras.

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+info:
- Minúscula carolingia en es.wikipedia.org
- Carolingian minuscule in en.wikipedia.org
- Charlemange and the Carolingian Renaissance by Steven Kreis
- Escritura Carolina (PDF) de Juan-José Marcos García
- Caroline Minuscule by Dr. Diane Tillotson
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jueves, 3 de enero de 2008

La legión romana perdida en China

La derrota de Carrhae sufrida por el ejército romano bajo el mando Crassus el año 53 A.C. frente el Imperio Parto (imperio fundado en el siglo III D.C en lo que hoy en día es Irán) supuso el fin de la expansión hacia el este del Imperio Romano. El ejército romano sufrió un gran numero de bajas 20.000 legionarios, otros 10.000 consiguieron escapar pero un total de unos 10.000 legionarios fueron hechos prisioneros.

Aunque la leyenda y la historia se confunden, se sabe por Plutarco y Plinio, que algunos hombres fueron conducidos hasta lo que hoy es Afganistán, siendo la mayoría esclavizados. Pero se sabe que algunos de ellos se les dio la opción de combatir al este contra los hunos, pero su rastro de pierde allí. Cuando los partos firmaron la paz con Roma en el 20 A.C se estableció el retorno de los prisioneros, pero ya entonces se desconocía su paradero.

Para unos, la teoría más creíble es que se acabaron casando con mujeres partas. Pero otros como Homer H. Dubs, esgrimió en 1955 la teoría de que acabaron en China. Menciona para ello algunas crónicas chinas, en las que se habla de una batalla en el ciudad de Zhizhi (en el actual Uzbekistán) entre el ejército chino y un extraño contingente de extranjeros que protegía la ciudad. Estos usaban fortificaciones de empalizadas rectangulares, utilizaban una formación similar a la de la tortuga romana y que iban cubiertos por una armadura con escamas.

Finalmente la ciudad fue tomada por las tropas chinas y los 1.000 defensores extranjeros fueron deportados, donde fueron capaces de fundar una nueva ciudad que recibió el nombre de Li-Jien o Liqian, el término chino usado para referirse a Roma.

Pese a la referencias bibliográficas o el hallazgo de restos arqueológicos, alguna inscripción (cuestionable) o monedas romanas en la zona. No se da por probada científicamente ni mucho menos, la presencia de romanos en la región, pudiéndose deber estos restos a que Liqian era una de las paradas de la antigua ruta de la seda. Pero en cualquier caso aun quedaría otro misterio sin resolver, como es la alta concentración de pesonas con rasgos occidentales (ojos verdes, narices grandes o incluso pelo rubio) mezclados con rasgos chinos en este pueblo.

Para ello, a principios de año, unos científicos tomaron muestras de la sangre que varias personas de este pueblo para someterlos a un test de ADN, que pueda demostrar esa posible conexión romana, de la que los habitantes de Liqian parecen sentirse muy orgullosos. De momento aun no se sabe nada de los resultados, que si duda podrían probar o refutar definitivamente la teoría, pero mientras el pueblo intenta aprovechar el tirón turístico que todo este revuelo ha podido crear en el pueblo.

El misterio continúa a la espera de los resultados y nos confirme si se trata de una fascinante leyenda o de una realidad.

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+ info:
http://es.wikipedia.org/wiki/Legion_perdida
(En castellano)
http://www.telegraph.co.uk/news/main.jhtml?xml=/news/2007/02/02/wroman02.xml (In English)
http://www.italymag.co.uk/italy_regions/tuscany/2005/general/11/ (In English) Leer más »