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jueves, 6 de octubre de 2011

Los olvidados dioses del Monte Nemrut

Cuando en 1881 el ingeniero alemán Charles Sester llegó al Altiplano Armenio (actual Turquía) para evaluar la construcción de nuevas rutas de comunicación para el Imperio Otomano, hacía muchos siglos que el santuario de Nemrut Dagi había caído en el olvido. Sólo la gente de los alrededores sabía de su existencia, así que fueron ellos los que hablaron al alemán de unas misteriosas estatuas descabezadas en la cima de aquella montaña perdida.

Terraza Este - Antíoco I, Heracles, águila y león | cabovolo

Después de la prematura muerte de Alejando Magno en el 323 a.C., sus generales y oficiales se repartieron su imperio. Fue un proceso que se alargaría más de 20 años durante los cuales los diádocos (como eran conocidos estos generales) se enfrentaron en 6 guerras. Durante este tiempo el imperio que había construido Alejandro perdió su cohesión y acabó fragmentando en 3 estados independientes que subsistirían hasta la aparición del poder romano en el siglo II.

Uno de ellos fue el fundado por Seleuco en el 312 a.C. y al que correspondió inicialmente el territorio de la antigua Babilonia. Seleuco, sin embargo, no tardaría mucho en emprender una agresiva campaña para ampliar sus dominios, ocupando inicialmente la Anatolia y el norte de Siria, y con el tiempo llegando a hacerse con el control de casi todos los territorios asiáticos conquistados por Alejandro. Sin embargo, el Imperio Seléucida abarcaba un territorio demasiado extenso y de difícil control, por lo que Seleuco se acabó viendo obligado a ceder sus territorios del Indo al Imperio de los Mauria.

Mientras, varios gobernadores seléucidas aprovechaban la debilidad del poder central  seléucida para proclamar de forma casi simultánea la independencia de sus respectivos territorios. El gobernador del territorio bactriano en el 245 a.C. fue el primero en independizarse. Poco después le seguiría el sátrapa de Partia que crearía el reino que con el tiempo se convertiría en el poderoso Imperio Parto.

El Imperio Seléucida pareció recobrar su esplendor pasado con la llegada al poder en el 223 a.C. de Antíoco III el Grande. Inicialmente, consiguió recuperar parte de los antiguos dominios sometiendo a varios de los antiguos reinos rebeldes, pero cometió el error de invadir Grecia y acabó siendo vencido por la nueva potencia del Mediterráneo, Roma. Como consecuencia de su derrota, se vio obligado a firmar un acuerdo de paz con Roma que le obligaba a hacer grandes concesiones territoriales y pagar una gran suma de dinero en concepto de indemnización. El imperio seléucida jamás volvería a ser lo que fue.

Camino de ascenso a Nemrut Dagi | cabovolo

Amanecer desde Nemrut Dagi | cabovolo

Después de la muerte de Antíoco III, las numerosas guerras civiles debilitaron la autoridad imperial y se produjo una nueva oleada de reinos que se declaraban independientes, uno de ellos el de Comagene, una provincia situada en la parte sudeste de la Anatolia, entre los Montes Tauro o y el curso medio del río Éufrates, cuyo sátrapa, Ptolomeo se auto-proclamó rey en el 163 a.C.

Comagene se convirtió en un reino rico gracias a la fertilidad de sus tierras agrícolas, las rutas comerciales que lo atravesaban y sus propios recursos mineros. Una muestra de esta riqueza son los monumentos que han llegado hasta nosotros y el gran número de celebraciones de las que se tiene constancia que se llevaban a cabo a lo largo y ancho del reino durante el año, así como el testimonio de algunos historiadores de la época como Tácito, que hace referencia a la riqueza de la familia real o las expectativas de botín que tuvieron los ejércitos romanos cuando consideraron su conquista.

Ptolomeo I fue sucedido en el trono por el rey Sames que, a su vez, lo sería por su hijo Mitrídates I que contraería matrimonio con la princesa greco-siria del vecino Imperio Seléucida, Laodice, como parte de un acuerdo de paz entre ambos reinos. A partir de este momento, el Reino de Comagene fue adoptando la cultura helenística y abandonando sus raíces persas.

Foto antigua de la terraza este, la diosa Comagene aún tenía la cabeza en su sitio | International Nemrut Foundation

Fruto de la unión entre Laodice y Mitrídates I, nació Antíoco I, el que sería el constructor del majestuoso santuario de Nemrut Dagi. De esta manera, Antíoco se vanagloriaba de tener una ascendencia de lo más selecta dentro del mundo helenista. Descendiente del primer rey greco-sirio, Seleuco I Nicátor, del primer faraón griego, Ptolomeo I, y de los reyes griegos, Lisímaco de Tracia y Antípatro de Macedonia. Todos ellos, generales en tiempos de Alejandro Magno. Todo esto sin renunciar a los orígenes persas de su padre que se remontaban a Dario I, el Rey de Reyes persa. Algunos historiadores, sin embargo, cuestionan estos grandiosos orígenes de la familia real de Comagene y ven bastante más probable que se tratara de una dinastía local helenizada.

Pero aún más diverso que los orígenes de Antíoco I, lo era su reino, dentro del cual, la población local de origen semítico convivía con la de origen persa, griego o macedonio. Esta convivencia, sin embargo, no estaba exenta de tensiones y conflictos. Antíoco I, consciente como era de ello, se embarcó en un programa religioso que proporcionara cohesión a su reino unificando las diferentes creencias de sus súbditos. Al mismo tiempo, aprovechó la ocasión para reforzar su autoridad, situándose él y su familia a la misma altura que los nuevos dioses, instaurando así un culto a la familia real.

Este proceso no fue exclusivo de Comagene. En otros reinos helenísticos también se combinó el culto de dioses locales con el de los tradicionales dioses griegos. En Egipto, por ejemplo, se crearon nuevas deidades, como Serapis, un intento de armonizar las creencias tradicionales locales con las helénicas, creando un dios que pudiera ser venerado tanto por griegos como egipcios. Tampoco fue Antíoco I el primero que se situó a la altura de los dioses. Otra vez en Egipto, siguiendo con la tradición de los faraones, Ptolomeo II proclamó a su padre como dios y se autoproclamó a sí mismo como dios viviente. En otros lugares, sin llegar a alcanzar el mismo grado de divinidad que los dioses tradicionales, las estatuas de algunos reyes que se habían destacado por sus logros o conquistas militares también se veneraban en templos de otras deidades.

Vista aérea de la cima de Nemrut Dagi

Esquema de las diferentes partes del santuario | Maurice Crijins


Como parte de su plan, Antíoco I construyó el santuario en la cima del Monte Nemrut, una de las más altas de su reino (2.134 metros), un lugar elevado y sagrado para estar lejos de los hombres y cerca de los dioses, el lugar ideal para la construcción de los “tronos de todos los dioses” sobre unos cimientos que jamás serían demolidos. El santuario estaría coronado por el que tenía que ser su túmulo funerario, de una altura de 50 metros y un diámetro de unos 150, cubierto por millones de pequeñas piedras calizas. Alrededor del túmulo, se excavaron en la roca 3 terrazas, sólo para la construcción de la situada al este fue necesario extraer unos 1.500 metros cúbicos de roca de la cima y así ganar el suficiente espacio. La construcción del santuario supondría en cierta manera la decapitación de la montaña.

Los peregrinos debían ascender al santuario siguiendo un camino procesional que los llevaba hasta la terraza este, donde se encontraban con 5 estatuas de casi 9 metros de altura de varios dioses, flanqueadas por las de un par de águilas (mensajeros de los dioses) y leones (guardianes del lugar). Los dioses, que estaban sentados en tronos, eran de izquierda a derecha: Apolo-Mithra, la diosa de Comagene (una personificación local de la diosa griega Tyche, que regía la prosperidad y el destino de una comunidad, en este caso, Comagene), Zeus-Oromasdes (el padre de todos los dioses), el rey Antíoco I y Heracles-Artagnes-Ares. La estatua de Antíoco estaba situada como un dios más entre el resto, a su mismo nivel y de su misma altura.

Las estatuas de los dioses han llegado hasta nuestros días en muy buen estado de conservación, aunque, probablemente a causa de los terremotos, las cabezas y los cuerpos se encuentran separados, habiendo sido estas últimas colocadas a los pies de los cuerpos sentados. Contemplándolas hoy en día, se puede comprobar el origen dual de los dioses, con un atuendo y peinado persas, pero unas facciones griegas. La terraza se completa con una plataforma de piedra y que sería usada en durante las ceremonias como altar.

La terraza oeste es casi idéntica a la este, los mismos dioses siguiendo la misma distribución (conocida como hierotesion), aunque adaptada ligeramente al terreno. Las caras se encuentran mejor conservadas, pero los cuerpos se encuentran esparcidos por el suelo, aunque se está considerando la posibilidad de volverlos a colocar en su posición original.

Apolo y un águila Terraza Este | cabovolo

Heracles Terraza Este | cabovolo 

Antíoco I Terraza Este | cabovolo

Tanto en esta, como en la anterior terraza, en la parte posterior de los tronos de los dioses existen varias inscripciones en griego.  Es lo que se conoce como la “ley divina de Antíoco”, una ley “proclamada por mí, pero que proviene del poder de los dioses” y que Antíoco pretendía revelar al “pueblo de Comagene,  a los extranjeros, a los reyes y gobernantes, a los hombres libres y a los esclavos, a todos los que forman parte de la Humanidad y solo se diferencian por nacimiento o destino”. A modo de testamento, pide a “todas las futuras generaciones de hombres que posean esta tierra” que respeten esta “ley sagrada”.

Antíoco reconoce su más profunda convicción que “la piedad es no solo la posesión más importante que los hombres pueden obtener, sino que además es la que proporciona el gozo más profundo”. Por ello, cuando recibió el trono de su padre, anunció “piadosamente” que Comagene se convirtiera en la “morada común de todos los dioses” y decoró “las representaciones de sus formas, a la manera de los persas y los griegos”. Antíoco atribuye la buena fortuna que le acompañó durante toda su vida y que le permitió “escapar, contra toda expectativa, de los más grandes peligros, rico en años y felicidad” a su “santidad” a la que siempre consideró como el “más seguro guardián” de su reino.

Pero, aparte de mostrar su agradecimiento a los dioses y a sus gloriosos antepasados, se detallan las leyes y mandamientos del reino  y se describen las celebraciones que se llevaban a cabo en Nemrut anual y mensualmente.

En otra sección de la inscripción Antíoco I explica como construyó los cimientos de “esta tumba sagrada” para que fueran indestructibles y resistieran los estragos del tiempo y preservar así la “forma exterior de su persona”. Sin embargo, y aunque en varias ocasiones se han intentando excavar túneles en el interior del túmulo con la esperanza de encontrar la cámara mortuoria, muy probablemente los primeros en hacerlo fueron los romanos para intentar hacerse con sus riquezas, y más recientemente los arqueólogos; no se ha podido dar con ella. Algunos creen que lo más probable es que, al tratarse de una cima rocosa, la cámara fuese excavada en la roca y después cubierta con las piedras del túmulo.

De la terraza oeste también se ha conservado una serie de losas de piedra en las que se puede ver a Antíoco dando la mano a los dioses Apolo, Zeus y Heracles. En otra losa, la conocida como el “horóscopo del rey”, aparece un león con la alineación de varias constelaciones con Júpiter, Mercurio y Marte. Según unos, indicaría la fecha del 10 de julio de 62-61 a.C., día en que Antíoco fue investido como rey por los romanos. Según otras fuentes, sería la fecha de comienzo de construcción del santuario.

Antíoco I estrechando la mano de Heracles, lápida en la vecina ciudad de Arsameia | cabovolo

La terraza norte, que comunicaba las dos anteriores, carecía de estatuas colosales, aunque contaba con un gran friso escultórico, del que hoy en día sólo se conservan unas cuantas losas en las que se muestran los antepasados persas y macedonios del rey Antíoco I.

El santuario de Nemrut era utilizado en algunas de las muchas ceremonias religiosas que se llevaban a cabo durante el año en Comagene o banquetes en honor de personajes ilustres del reino ya fallecidos. Las dos celebraciones más señaladas eran el 10 del mes de Audnaios (luna de diciembre) del calendario macedonio y el 16 de Loos (luna de julio). El día de la coronación de Antíoco I y el del “nacimiento de su cuerpo natural”. Estos dos festivales se celebraban de forma anual, cuando durante dos días se paraba toda la actividad en reino, pero también se repetían cada mes.

Durante estas ceremonias, los sacerdotes, vestidos al modo persa, adornaban con coronas de oro las cabezas de los dioses, ofrecían sacrificios (no especificados) en los altares situados a sus pies y les realizaban ofrendas de incienso e hierbas aromáticas. Además, alentaban a los súbditos a estar alegres y disfrutar del vino y la comida mientras escuchaban la música sagrada que tocaban los músicos del templo, puesto que no eran sólo celebraciones en honor de la grandeza de Antíoco, sino también de la propia buena fortuna de cada uno de los que participaban.

En el plano político, a Antíoco I le tocó lidiar con la expansión de Roma por Asia Menor hasta llegar a las puertas de su reino. Aunque hábilmente consiguió alcanzar un acuerdo de paz con el general Pompeyo y, unos años más tarde, el senado romano le concedería la toga praetexta, una distinción reservada únicamente a los más fieles aliados y amigos de Roma. Comagene se convirtió así como el único estado de Asia Menor que consiguió sobrevivir, pero encajonado entre dos poderosos enemigos: Roma y el Imperio Parto.

Antíoco I no se diferenció demasiado de los que le antecedieron en el trono. Comagene nunca fue un reino poderoso y fue únicamente acomodándose a las potencias que lo rodeaban y al ejercicio de una hábil diplomacia como consiguió mantener su independencia. Si bien, en tiempos de Antíoco I esta era cada vez más reducida, hasta el punto que historiador Michael Alexander Speidel, cree que a partir de la alianza con Roma, se puede considerar Comagene dentro de las fronteras del imperio romano, reservándose Roma la potestad para intervenir en los asuntos internos del reino así como de elegir quien debía de ocupar el trono.

Terraza Oeste | cabovolo
 
Inscripciones en la parte posterior de los tronos de la terraza oeste | cabovolo

Apolo y Comagene – Terraza Oeste | cabovolo

Zeus  – Terraza Oeste | cabovolo

En su calidad de “más leal aliado de Roma”, Antíoco era el encargado de la protección y vigilancia de la frontera de la provincia romana de Siria. De esta manera, Antíoco I fue el primero en informar a Cicerón de que los partos habían comenzado a cruzar el Éufrates. Antíoco también tomó parte en los conflictos internos de Roma, como la guerra civil que enfrentó a Julio César y Pompeyo, en la que proporcionó tropas a este último.

Sin embargo, una vez los partos fueron derrotados por Marco Antonio en el 38 a.C., los romanos cambiaron de postura hacía el reino de Comagene y pasaron ambicionar sus tesoros. Marco Antonio ordenó poner cerco a Samosata, la capital de Comagene. No queda muy claro que ocurrió, pero al final Antíoco pudo evitar la invasión y llegó a un acuerdo de paz con Roma.

Antíoco I fue sucedido en el trono por su hijo Mitrídates II, que, a su vez, lo sería por su hijo Antíoco III. Antítoco III fue capaz de mantener la frágil independencia de Comagene ante Roma, pero a su muerte el emperador Tiberio anexionó el reino a la provincia romana de Siria, probablemente porque no veía ningún sucesor capaz de mantener la unión y la estabilidad de Comagene. Fue una decisión temporal y en el 39 d.C. el emperador Calígula reinstauró el reino colocando al hijo de Antíoco III, Antíoco IV, en el trono. Una decisión que en el fondo no dejaba de ser un mero cambio administrativo, ya que, a pesar a ser reino, Comagene era un mero títere de Roma.

Esta situación se prolongaría hasta el año 72 d.C. cuando el emperador Vespasiano, en medio de sospechas de una posible alianza de Comagene con el Imperio Parto, creyó que no podía seguir confiando en los monarcas de Comagene para controlar el estratégico paso del Éufrates en Samosata e invadió el reino. Antíoco IV fue derrotado y huyó, siendo finalmente recibido con honores por Vespasiano en Roma, donde llevó una vida bastante glamurosa gracias a una generosa asignación monetaria del emperador. Comagene, finalmente, acabó anexionado a la provincia de Siria. Es probable que el santuario de Nemrut fuese saqueado por los romanos y el ejército de Comagene pasara a integrarse en las legiones romanas.

No queda claro si con la pérdida de la independencia de Comagene se puso fin al culto a su familia real o este ya se había abandonado unos años antes, aunque es cierto que los descendientes de Antíoco I continuaron con la tradición de ser enterrados en las proximidades de Nemrut. En cualquier caso, de poco serviría que Antíoco I hubiera dispuesto que los sacerdotes e hieródulos de Nemrut estuvieran libres de cualquier otra obligación para poder dedicar sus vidas a perpetuar los rituales. Un honor que tenía que pasar a sus hijos y después a los hijos de sus hijos y así sucesivamente, de manera que los rituales se continuaran celebrando eternamente.

Antíoco I y su familia acabaron cayendo en el olvido y, años después, cuando la población cristiana ocupó la región atribuyeron la construcción del santuario al legendario Nemrod, el tirano al que la tradición atribuye la construcción de la Torre de Babel, al que creyeron reconocer en alguna de las estatuas y de quien acabó tomando prestado el nombre el monte.

Sería Charles Sester en 1881 el que rescataría del olvido a Nemrut. En aquel tiempo la zona debía tener un aspecto muy diferente al que tiene ahora, pues, según el testimonio de otro alemán que visitó la zona hace unos 100 años, era un auténtico vergel con árboles que cubrían sus laderas y valles.

Después del descubrimiento de Sester, las ruinas fueron excavadas por arqueólogos alemanes y más tarde por el experto en arte turco, Hamdi Bey. Sin embargo, y pese a su espectacularidad, no fueron todo los estudiadas como debían al no despertar el suficiente interés entre los arqueólogos. Los clásicos porque las encontraban demasiado orientales y los interesados en arte oriental porque las encontraban demasiado clásicas.

Terraza Este | cabovolo

La situación cambiaría con la aparición en escena de Theresa Goell, una mujer de Nueva York que había estudiado arte durante 4 años en la Universidad de Cambridge y unos años más tarde había ampliado sus estudios en arte europeo y prehistórico en la Universidad de Columbia. Fue entonces cuando uno de sus profesores le sugirió que investigara sobre el santuario de Nemrut, aprovechando esa falta de interés que había propiciado que hubiera sido poco estudiado. Theresa conseguiría visitar por primera vez el Monte Nemrut en 1947, al que volvería en 1951. Theresa quedó tan fascinada que no le importó dejar su anterior vida en Nueva York, dejando allí a su marido e hijo y marchar en 1953 a Turquía para comenzar las excavaciones con el apoyo, entre otros, de la National Geographic Society.

Theresa se convertiría junto al arqueólogo alemán Friedrich Karl Dorner en uno de los máximos estudiosos del reino de Comagene. Además de Nemrut, realizarían excavaciones en la vecina ciudad de Arsameia y en otras ciudades del reino, rescataron así del olvido a Antíoco y a su desconocido reino, de manera que los peregrinos, ahora en forma de devotos turistas, volvieron a peregrinar a su santuario.

PS(i): Las fotos son del pasado 2 de septiembre, que tuve la suerte de poder visitar el Monte Nemrut, una excursión que recomiendo antes de que las trasladen a un museo, que, por otra parte, quizás sea lo mejor para su conservación. Más fotos en panoramio.

PS(ii): El Imperio seléucida desapareció más de un siglo antes que Comagene. Aunque muy disminuido en territorios y poder, consiguió sobrevivir hasta el 63 a.C., en parte porque ninguno de sus vecinos estaban interesados en hacerse con él, pues les resultaba más útil como estado tapón entre todos ellos que como parte de sus territorios, pero ese año el general Pompeyo cansado de la inestabilidad que suponía para la región las interminables guerras civiles seléucidas lo acabó incorporando a la provincia de Siria.

Enlace permanente a Los olvidados dioses del Monte Nemrut

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- Santa Catalina del Monte Sinaí

+info:
- Commagene in Encyclopedia Iranica
- Kingdom of Commagene in en.wikipedia.org
- Antíoco I Theos of Comagene en es.wikipedia.org
- Early Roman Rule in Commagene (PDF) by Michael Alexander Speidel
- History in International Nemrud Foundation
- Nemrut Dag in UNESCO
- Animación que muestra una reconstrucción virtual de Nemrut Dagi in Learning Sites
- Commagene Nemrut Conservation Development Programme
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miércoles, 12 de noviembre de 2008

El Templo de Walhalla, el Partenón germánico

A primera vista parece un monumento irreal y fuera de lugar. Sorprende encontrar una réplica del Partenón de Atenas a orillas del Danubio, un entorno tan diferente del original, especialmente en los días de invierno en los que puede verse nevado. Para entender su historia nos tenemos que remontar al 1807, cuando el príncipe Luis de Baviera tuvo la idea de crear un salón de la fama de los pueblos germánicos.

En 1807 el que se convertiría en Luis I de Baviera era sólo un príncipe de 20 años de edad. Ese mismo año Prusia había sido derrotada y todos los estados alemanes se encontraban bajo el control de Napoleón. Ante esta situación de fragmentación política, los alemanes empezaron a buscar su identidad nacional en el pasado. Como afirma el historiador del arte Jorg Traegger: “En el siglo XIX la nación era una creencia. El arte expresaba esa creencia”.

El príncipe Luis, un admirador de la arquitectura clásica, tenía muy presente su visita el año anterior a Paris y su Panteón, cuando concibió la idea de una colección de esculturas de mármol de los cincuenta alemanesmás gloriosamente excelentes”. Su intención era llamar a la colección Pantheon, pero el historiador Johannes von Muller sugirió “Walhalla”. Un término tomado prestado de la antigua mitología nórdica, el hogar para aquellos guerreros que habían muerto en el campo de batalla. Sin embargo, el valhala ideado por Luis estaría dedicado a los héroes culturales y políticos pan-germánicos, así como a los grandes acontecimientos de la historia alemana.

Luis I convocó el primer concurso público de ideas para su construcción en 1814, que finalmente ganó el arquitecto Leo von Klenze. Pese a la referencia nórdica del nombre, Luis decidió que se usaran formas griegas. Argumentando que el Partenón ateniense era no sólo un modelo de perfección, sino que además su construcción había estado estrechamente ligada con la victoria griega sobre los persas, la cual impulsaría la posterior unidad griega. Desde Prusia, con la que Baviera competía por ser el embrión de la futura Alemania unificada, llegaron otras propuestas de estilo neo-gótico, que abrieron un debate sobre cuál era el estilo más apropiado para expresar la “germanidad, debate que continuaría después de la unificación.

Los intelectuales de Prusia defendían que la arquitectura gótica había sido el resultado del esfuerzo y talento de toda una civilización, y que podía llegar a competir en perfección con la arquitectura clásica. Sin embargo en Baviera se veían las cosas de un modo muy diferente y el reino se encontraba a punto de iniciar un auténtico “revival griego” que comenzaría con la construcción de la Gliptoteca de Múnich. Leo von Klenze , autor también de la Gliptoteca, era uno de los promotores de este revival y sostenía que sólo existía, ha existido y existirá una arquitectura perfecta, que era la que “descubrieron” los antiguos griegos, el hecho que fueran los griegos sus “descubridores” era considerado una mera casualidad. Por eso, esa arquitectura pertenecía tanto a los alemanes como a los griegos.

Los primeros diseños del Walhalla fueron realizados en 1809-1810. Pero la construcción tendría que esperar hasta liberación definitiva de Alemania. El príncipe Luis que inicialmente se había situado al lado de Napoleón cambiaría de bando en 1813. A partir de ese momento se opondría a las políticas pro-francesas de su padre y pasaría a considerar a Napoleón como el archi-enemigo de la nación alemana por haber abolido el Sacro Imperio Romano Germánico.

Cuando Luis I fue coronado en 1825, ya se habían completado 60 bustos para el nuevo salón de la fama. Pero sus obras no comenzarían hasta el 1830. Cuando se inauguró el templo, el 18 de Octubre del 1842 ya contaba con 96 bustos además de 64 placas para personas o eventos de los que no se disponía de ningún retrato para realizar una escultura.

El templo resultante era de estilo dórico y tenía un aspecto majestuoso, cubierto por un tejado soportado por una estructura de 8 por 17 columnas. A parte de estas columnas, en su exterior recubierto de mármol destacaba el friso, el que da al norte contenía personificaciones de los estados alemanes y el del sur, escenas de una batalla. Su interior era colorido gracias al uso de mármol de diferentes tonos.

El templo está situado cerca de la ciudad de Regensburg en una colina sobre el Danubio rodeado de bosques. Dispone de un amarradero en la orilla del rio desde el que se puede acceder al templo subiendo 358 escalones. Desde allí se pueden contemplar unas vistas preciosas del rio y del entorno.

Puesto que ser de lengua alemana era la única restricción a la hora de seleccionar personalidades. Entre las 160 personas iniciales se encontraban personajes de territorios que hoy son Suecia, Austria, República Checa, Polonia, Reino Unido, Holanda, Rusia, Suiza y las repúblicas bálticas. Décadas antes de la fundación del Imperio Alemán en 1871, “alemán” era entendido como “germánico”, e incluía godos, lombardos, anglosajones, holandeses, y alemanes de Suiza.

Posteriormente se fueron añadiendo nuevos bustos y placas. En la actualidad el gobierno de Baviera, como sucesor del rey, es quien decide sobre las nuevas incorporaciones. Cualquiera puede realizar una propuesta, pero sólo las personas que lleven fallecidas un mínimo 20 años son elegibles. Sólo 31 bustos han sido añadidos desde su inauguración, a intervalos irregulares, con una separación mínima de 2 años, aunque en las últimas admisiones esta última norma se ha relajado.

En la actualidad el salón contiene 191 bustos, 12 de ellos de mujeres. Entre las incorporaciones más recientes destacan las de: Albert Einstein (1990), el político Konrad Adenauer (1999), la resistente anti-nazi Sophie Coll (2003) y el matemático Friedrich Gauss (2007). Entre los que habían sido admitidos con anterioridad se encuentran: Erasmo de Rotterdam, Johannes Kepler, Martin Lutero, Richard Strauss, Goethe, Mozart o Ludwig van Beethoven.

PS(i): En Nashville (Tennessee) existe otra réplica del Partenón a escala real, esta se construyó con motivo de la Exposición del Centenario de Tennessee
PS(ii): las celebraciones que se llevaron a cabo con motivo de la boda de Luis I de Baviera en 1810 son consideradas el origen de la Oktoberfest de Múnich

*foto 1: Vista exterior del Templo de Walhalla
*foto 2: Interior del templo
*foto 3: Litografía del 1890

*foto 4: Las columnas del Walhalla


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+info:
- Walhalla Temple in en.wikipedia.org
- Architecture of the 19th century and the Turn of the century by Ágnes Gyetvai-Balogh PhD
- European Architecture 1750-1890, pag 150 by Barry Bergdoll en google books
- Walhalla home page Leer más »

miércoles, 5 de marzo de 2008

El Mecanismo de Anticitera, el primer ordenador de la historia

En 1900 entre las islas de Creta y Anticitera se rescató de entre los restos del naufragio de un barco de carga del 65 A.C. un trozo de roca con una rueda dentada dentro. En un principio se pensó que era una de los primeros relojes mecanizados de la historia sin embargo se trataba de un hallazgo mucho más importante, pues se trataba de lejos del objeto más sofisticado encontrado nunca desde la antigüedad hasta la Edad Media, que incorporaría avances tecnológicos de los que no se volvería a saber hasta el siglo XVI.

El artilugio en cuestión, recibió el nombre de Mecanismo de Anticitera y se trata de un mecanismo que mide 33cm de altura por 17cm de anchura y 9cm de grosor, hecho en bronce que estaba originariamente montado dentro de una caja de madera con dos puertecitas. Tenía una inscripción de 3,000 caracteres, la mayoría de los cuales sólo se ha conseguido descifrar recientemente. Esta inscripción enseñaría como manejar el instrumento y como usar las observaciones obtenidas.

Durante los 50 años posteriores a su rescate la teoría más aceptada era la de que se trataba de un mero astrolabio. Ya que los científicos eran reacios a creer que los antiguos griegos fueran capaces de construir un mecanismo de engranajes tan preciso. La Antigua Grecia tenía tradición de grandes inventores como Arquímedes, al cual se le atribuye la construcción de un planetario algo similar a este que sería capaz de predecir la posición de la Luna, el Sol y la de los cinco planetas conocidos por los griegos, en la obra "De Re Pública" de Cicerón se hace referencia al planetario. Otro gran inventor griego fue Herón de Alejandría que construyó la primera máquina de vapor, conocida como eolípila y que era una especie de tetera con con dos boquillas que la hacían rotar.

La serie de inventores e inventos es mucho más larga. Sin embargo los eruditos han dado poca credibilidad a algunas de estas referencias por carecer de restos arqueológicos que las sustenten. Otros sin embargo sostienen que la falta de restos arqueológicos es de lo más normal. Pues estas máquinas con el tiempo se hubieran acabado rompiendo y al ir desvaneciéndose el know-how de su funcionamiento sería normal que no hubiera nadie capaz de repararlas y hubieran sido vendidas como chatarra o "recicladas" algo muy habitual con el bronce.

Con el tiempo, después de la caída del Imperio Romano el conocimiento tecnológico de los Griegos habría desaparecido totalmente de Occidente. Pero se cree que este conocimiento habría pasado al mundo islámico, donde hay constancia que sus astrónomos construyeron instrumentos astronómicos complejos durante la Edad Media.

El Mecanismo de Anticitera, por el contrario, habría llegado hasta nuestros días gracias al infortunio de un naufragio y sería el instrumento científico más antiguo conservado. En la actualidad es considerado el primer ordenador mecánico de la historia. Se supone que fue construido entre el 150 y el 100 A.C. en Grecia y que su creador podría ser el astrónomo Hiparco ya que el mecanismo emplea su teoría sobre el movimiento de la Luna. El barco que lo transportaba sería un barco de carga romano o griego de camino a Roma y el mecanismo podría formar parte junto con las estatuas y demás objetos rescatados de un botín saqueado de Rodas por los romanos.

El mecanismo constaría de tres esferas principales, una en la parte delantera y dos en la posterior. La frontal mostraría el recorrido del sol a través del zodiaco griego y el calendario egipcio en escalas concéntricas. Las dos esferas en la parte posterior mostrarían información sobre los ciclos lunares y serían capaces de predecir eclipses solares y lunares, según la reconstrucción llevada a cabo por un equipo de investigación greco-británico en el 2006 que examinó los fragmentos encontrados con técnicas de lomografía tri-dimensional.

Bastaba con introducir una fecha con una manivela y el mecanismo calculaba la posición del Sol y de la Luna, muy probablemente también indicara la posición de los planetas pues se han encontrado en las inscripciones referencias a Martes y Venus. Algunos expertos creen que podría haber llegado a tener indicadores para los otros tres planetas de manera similar al planetario de Arquímedes.

El dispositivo tiene un nivel de miniaturización y complejidad, que sólo es comparable al de los relojes del siglo XVIII. En total tiene más de 30 engranajes, aunque algunos expertos sostienen que podría haber tenido más de 70. Una de las innovaciones que incluiría sería la de los engranajes diferenciales, lo cual sorprendió a los estudiosos, ya que los primeros casos conocidos hasta entonces eran del siglo XVI. Muestra de la complejidad de este artilugio era que podía recrear, gracias a un ingenioso mecanismo, la órbita irregular de la Luna, que hace que unas veces se mueva en el cielo ligeramente más rápida que otras.

El estudio realizado en el 2006 también permitió doblar la cantidad de texto legible en el manual del artilugio. Curiosamente el nombre "ISPANIA" aparecía en estos textos, la cuál se convertiría en la referencia más vieja a España que se conserva. Esta inscripción figuraba al lado de Pharos (Alexandria) en lo que podría ser una mención de los extremos del mundo conocido hasta la fecha.

Aunque en la actualidad parece estar claro como funciona aun quedan dudas sobre su utilidad. Algunos creen que habría sido utilizado para la planificación de la tareas agrarias o fechas de festivales religiosos basados en la astronomía. Mientras otros creen que también podría haber sido útil para la enseñanza, la navegación o la astrología.

*foto 1: fragmento original del mecanismo
*foto 2: reconstrucción llevada a cabo por el Antikythera Mechanism Research Project
*diagrama 3: esquema interior del mecanismo que muestra sus engranajes

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+info:
- Artículo de wikipedia en español
- Article of wikipedia in English
- Ancient Moon 'computer' revisited from BBC
- Mysteries of computer from 65BC are solved The Guardian
- Was the Antikythera Mechanism the World's first computer? NewYorker Leer más »