lunes, 7 de febrero de 2011

Joseph Hatch, el hombre que “coció” dos millones de pingüinos para convertirlos en aceite

Cuando Hatch llegó a la isla de Macquarie, otros ya se habían encargado de acabar con los leones y con los elefantes marinos. Los primeros murieron pos sus pieles y los segundos por su grasa, con la que se producía aceite. Hatch, entonces, puso la vista en los pingüinos que abundaban en la isla y que, hasta aquel entonces, habían permanecido ajenos a las matanzas. Había unos tres millones.

 
Los pingüinos pasean felices entre lo que queda de los digestores | Heritage Expeditions

La Enciclopedia de Nueva Zelanda define a Hatch como una persona con una desmedida fe en sí mismo, totalmente reacio a consultar la opinión de los demás y que ponía todas sus energías, que eran muchas, en todo aquello que hacía. Hatch había nacido en Londres en 1837, aunque con sólo 19 años emigró a Australia, llegando a Melbourne en marzo de 1857. Allí encontró trabajo para un mayorista farmacéutico que unos años más tarde lo envió a Nueva Zelanda con el objetivo de abrir una subsidiaria en aquella colonia.

En Nueva Zelanda, se instaló en la ciudad de Invercargill donde se convierte en un miembro muy activo de la comunidad, participando en 1863 en la fundación de su cámara de comercio y de la brigada local de bomberos, en la que servirá como voluntario. Unos años más tarde, será elegido alcalde de la ciudad, cargo que ocuparía hasta 1878.

En Invercargill y a pesar de todas estas ocupaciones públicas, Hatch aún tenía tiempo para sus muchos negocios privados. Aparte de dos farmacias, funda varias empresas, entre ellas un negocio de exportación de pieles de conejo, un molino de huesos y despojos de la industria cárnica y, también, fabrica y vende glicerina y jabón, y tarda en entrar en el rentable negocio de la caza de focas equipando varios barcos para su caza. Sin embargo, sus planes de expandir su actividad a las islas del Sur se ven frustrados en 1873, cuando la administración neozelandesa impuso una moratoria para evitar la extinción de los leones y elefantes marinos la zona.

Ilustración de cómo era la isla en 1820 | Australian Antarctic Expedition

Hatch tarda unos años, pero en 1887, coincidiendo con una recuperación de la industria neozelandesa dedicada a la caza de focas, vuelve al negocio y anuncia que enviará uno de sus barcos, el Awarua, al Estrecho de Bass, el estrecho de separa Australia de la isla de Tasmania, donde no existían restricciones sobre la caza de focas ni de leones marinos.

Ya antes de su partida, muchos sospecharon que el verdadero destino del Awarua estaba más al sur, donde las restricciones para la caza continuaban en pie. No andaban errados y el Awarua después de una primera parada en la Isla de Stewart, se dirigió a las islas Auckland, donde los náufragos del Derry Castle arruinaron su plan. El Awarua los rescata y a su regreso a Melbourne, Hatch se ve obligado a explicar que hacía su barco en las islas Auckland, muy al sur del Estrecho de Bass, y con la bodega llena de pieles.

En aquel entonces Hatch era el representante de Invercargill en el Parlamento de Nueva Zelanda. Desafortunadamente para él, el escándalo acabó llegando a oídos de sus electores poco antes de las elecciones. Como había hecho otras veces, cuando las leyes se interponían entre él y lo que el consideraba un buen negocio, organizó un acto público con el que ganarse a la opinión pública gracias a su habilidad con la oratoria. Sin embargo, esta vez esta estrategia le sirvió de poco y no pudo evitar que perdiera las elecciones.

Arruinada su carrera política, Hatch se centró en el negocio de las focas y es entonces cuando pone sus ojos en la isla de Macquarie. Una isla situada a medio camino entre Australia y la Antártida que había sido descubierta por casualidad en 1810, por Frederick Hasselborough, un cazador de focas australiano mientras buscaba nuevos lugares donde cazar. En aquel entonces Australia, como país, aún no existía y Hasselborough reclamó el territorio para Gran Bretaña.

Joseph Hatch en torno a 1884 | The Encyclopedia of New Zealand

La isla no tenía árboles y tenía una apariencia desolada. Otro de sus primeros visitantes, el Capitán Douglass del Mariner, en 1822 la describiría como “el lugar de exilio más miserable que pueda imaginarse, nada puede garantizar a una criatura civilizada vivir en un territorio así”. Además, no contaba con ningún puerto natural que permitiera a los barcos fondear protegidos de las tormentas que muy a menudo se levantaban en la isla de forma repentina. El mejor sitio para desembarcar, si los vientos soplaban en la dirección adecuada, era alguna de sus bahías, aunque el acercamiento de los barcos para las tareas de carga y descarga solían ser complicadas.

Hasselborough y sus hombres pasaron allí nueve meses cazando osos marinos para hacerse con sus pieles antes de regresar a Sídney a por provisiones. Pese a que su intención inicial era la de mantener la posición de la isla en secreto y, de esa manera, asegurarse aquella “mina de oro” sólo para él, alguno de sus hombres o quizás él mismo un día de borrachera, acabó yéndose de la lengua y a finales de ese año ya había otras tres cuadrillas de cazadores trabajando en la isla. El final de este paraíso de focas y pingüinos no había hecho más que empezar.

Los primeros en caer fueron los leones marinos. Sólo en primer año y medio, se mataron unos 120.000 de estos animales. Y en cinco años, su población había disminuido de tal manera que durante la temporada de caza de ese año los cazadores de la isla apenas consiguieron hacerse con unas 6.000 pieles. Lejos quedaban los comienzos, cuando un barco podía regresar cargado con más de 10.000 pieles y unas 60 toneladas de aceite.

Probablemente, esta escasez de leones marinos hizo que ya en 1813 una de las cuadrillas pasara a dedicarse exclusivamente en la caza de los elefantes marinos para la producción de aceite a partir de su grasa.

Elefantes marinos de la isla | Wikipedia

El del aceite no era un negocio tan rentable como el de las pieles, que eran muy apreciadas y demandadas por la industria peletera europea, pero, aún así, su demanda también era grande. El aceite de leones y osos marinos junto con el de las ballenas, era utilizado como lubricante para máquinas y combustible para lámparas. Otra ventaja de las pieles era que no requerían un gran procesado y que, una vez obtenidas, eran una carga poco pesada fácil de transportar. Por el contrario, el aceite era una carga mucho más voluminosa y requería de unas instalaciones mínimas para su procesado en la isla antes de su transporte. Una vez se había dado muerte a los elefantes, había que transportar su grasa, que en un ejemplar adulto podía llegar a pesar más de 650 kilogramos, hasta los “try pots”, unos calderos en los que se dejaba cocer hasta obtener el aceite que, después, se almacenaba en barriles para su posterior transporte.

Pero este negocio tampoco podía durar. En 17 años, se mataron el 70% de los aproximadamente 100.000 elefantes marinos que había originalmente en la isla. Llegado a este punto la explotación se convirtió en económicamente inviable y la isla quedó tranquila. Durante el período que va desde el 1830 hasta el 1874, únicamente recalaron en ella 3 barcos, pero a mediados de la década de los 70, el interés por el aceite de elefantes marinos se reavivó en Nueva Zelanda y varias empresas enviaron a sus hombres a la isla.

Hatch fue de los últimos en llegar y, al comienzo, como el resto de cuadrillas, Hatch decidió seguir el método tradicional para obtener aceite usando “try pots”, pero, en seguida, vio claro que era posible mejorar el rendimiento de su explotación incorporando un invento no muy reciente, pero que había sido mejorado recientemente en Noruega donde su flota ballenera justo había comenzado a usarlo: el digestor a vapor.

Despojando a un elefante marino muerto de su grasa | Australian Antarctic Division

Desembarcando un digestor en la isla

El digestor a vapor era un aparato que permitía extraer el aceite no sólo de la grasa de los elefantes marinos, sino que permitía aprovechar con el mismo fin la grasa, la carne y los huesos de animales mucho más pequeños. Y es aquí donde Hatch reparó en la oportunidad de negocio que le podrían suponer los pingüinos de la isla, que, al contrario que los elefantes marinos, todavía abundaban en la isla, y eran más fáciles de cazar. Después de realizar una serie de experimentos con ellos, se convenció que los digestores funcionarían bien con los pingüinos y, aunque le llevó un tiempo perfeccionar el proceso, así fue. El negocio podía ser redondo. Había unos tres millones, y cada uno de ellos, una vez procesado, producía medio litro de aceite de un aceite que era utilizado en la fabricación de cuerdas, donde competía con el de ballena o elefante marino.

Decidido, como siempre, puso un anuncio en un periódico local buscando un herrero que le construyera un digestor a vapor. Una vez construido este primer digestor, ese mismo año, lo envió a la isla de Macquarie con el carbón y madera suficiente para hacerlo funcionar. Con el tiempo, Hatch llegaría a contar con hasta cinco de estas “plantas de producción distribuidas por la isla.

En la isla de Macquarie los escándalos no abandonaron a Hatch. A comienzos de 1890, el Awarua desembarcó una de sus cuadrillas de cazadores en la isla. Aunque, al parecer, no había concretado con ellos cuando serían relevados o recibirían provisiones, lo normal es que esto sucediera en un plazo no superior a 4 meses. Sin embargo, cuando pasaron los 4 meses de rigor, Hatch andaba ocupado intentando vender el Awarua para comprar un barco más grande por lo que fue retrasando la operación de relevo.

Cuando finalmente consiguió hacerse con el Gratitude, Hatch encontró otro motivo para retrasar el viaje. Esta vez, para recuperar parte del dinero invertido en la compra el Gratitude realizó con él varios viajes comerciales. Después, la razón fueron los daños sufridos a causa de una tormenta. Mientras, los meses pasaban y, después de un año de su partida, los familiares y la opinión pública comenzaron a impacientarse y a presionar al gobierno de Nueva Zelanda para que enviara un barco a recogerlos. Para entonces, ya hacía tiempo que en la isla se habían acabado las provisiones, incluso los barriles para el aceite estaban todos llenos, y la única ocupación de aquellos hombres era la de su propia supervivencia.

Hatch, sin embargo, no veía problema alguno en que sus hombres vivieran de lo que pudieran conseguir por su cuenta en la isla, e insistió en que el barco de rescate llevara una carta de su puño y letra para convencer a los hombres de que esperaran la llegada del Gratitude. De esta manera, él se aseguraba que su aceite no se perdiera y, a cambio, sus hombres podrían obtener la paga que les correspondía. Finalmente, el gobierno neozelandés accedió y el Kakanui zarpó con la carta de Hatch a bordo, aunque no permitió a que llevará provisiones o trajera de vuelta aceite o pieles.

Digestor a pleno rendimiento en 1895 | Tasmanian Museum and Art Gallery


Cuando en enero de 1891, el Kakanui llegó a isla de Macquarie. La carta de Hatch sólo consiguió convencer al capataz y a su mujer, el resto, que se sentían abandonados por su jefe, decidieron abandonar la isla y los bidones de aceite. Fue la última vez que alguien los vio con vida. Al parecer, mientras el Kakanui marchaba de Macquarie, estaba formándose una fuerte tormenta, con la que se topó durante su trayecto de vuelta. Pese a la búsqueda posterior que se llevó a cabo por las islas de la zona, no se encontró ni rastro del barco ni de sus 19 ocupantes, incluidos los hombres de Hatch.

Hatch había acertado al quedarse en Invercargill. Su intuición le salvó la vida. A pesar de que su plan inicial era acompañar al barco para poder convencer a sus hombres de que no abandonaran la isla, al ver que el barco elegido era el Kakanui, cambió de opinión. Hatch, y no fue el único, consideraba que era un barco adecuado para mares tranquilos, pero no apto para las turbulentas aguas del Sur.

Después del naufragio, Hatch fue objeto de una investigación de la que salió libre de culpa, pero no así ante la opinión pública. En cualquier caso, no sería la última vez que una de sus cuadrillas tendría que ser rescatada por barcos enviados por el gobierno.

Unos años más tarde, en 1902, Hatch consiguió que el Gobierno de Tasmania le concediera los derechos de explotación en exclusiva de los pingüinos de la isla. Mientras, sus digestores continuaron trabajando sin descanso cada año desde mediados de agosto a mediados de febrero sin muchos cambios cociendo” unos 200.000 pingüinos al año.

Pingüinos reales | Wikipedia
 
Pingüinos rey, fueron las dos especies que Hatch utilizó en sus digestores | Wikipedia

En 1915, el explorador antártico Douglas Mawson visitó la isla. Fue el principio del fin para el negocio de Hatch. Aunque ya la había visitado en otra ocasión cuatro años antes, esta vez, a su regreso a Australia, comenzó a hacer campaña en favor de que la isla fuera declarada una reserva natural, haciendo especial hincapié en las matanzas de pingüinos por parte de los hombres de Hatch. Se inició, de esta manera, la que quizás se trate de la primera campaña internacional por la preservación de la vida salvaje. Entra las diversas personalidades que se sumaron a ella, figuraba H. G. Wells.

Fueron varios los periódicos británicos y australianos que aseguraban que los hombres de Hatchcocían” los pingüinos vivos. Hatch se defendía diciendo que el número de pingüinos que sus hombres mataban era mínimo comparado con la gran cantidad de ellos que había en la isla. Además negaba que fuera cierto que los pingüinos fueran “digeridos” vivos.

El testimonio de Leslie Blake, un científico que visitó la isla y pudo ver como trabajaban los hombres de Hatch, corrobora esta versión. Según este científico, los hombres de Hatch, primero, conducían unos cuantos miles pingüinos a un vallado. Después, cerraban las puertas y un par de hombres se encargaba de golpear en la cabeza a los que tenían más de un año, que eran los únicos que estaban suficientemente “gordos”. Una vez acabada la faena, se abrían las puertas y se dejaba marchar a los “delgaduchos”. El cuerpo de los que habían caído se sometería a una presión de 30 libras durante 12 horas en los digestores a vapor que podían “digerir” hasta 2.000 pingüinos a la vez.

El testimonio de Blake y la presión de alguno de sus partidarios, entre los que se encontraba algún colega político, no fue suficiente para evitar que en 1920 el gobierno de Tasmania no le renovara la licencia. A los pocos meses, Hatch liquidó su compañía. Según algunos, de no haber sido la publicidad negativa la que acabó con su negocio, lo hubiera sido la difícil situación económica por la que pasaba. Pese a las 75 visitas que sus barcos realizaron a la isla entre 1890 y 1919, las numerosas vicisitudes y los tres barcos que había perdido en ella la habían dejado en una situación económica muy delicada.

En cualquier caso, Hatch no se resignó y se embarcó en un tour que lo llevó por una buena parte de los teatros de Nueva Zelanda y Australia para defender la necesidad de la industria del aceite de pingüino, limpiar su nombre e intentar que su licencia le fuera devuelta, cosa que jamás conseguiría.

PS: La idea de utilizar el digestor a vapor para la extracción de aceite de la grasa de pingüinos o focas al parecer no fue imitada por nadie más, así que Hatch fue el primero y el único en usarlos para este fin.

Enlace permanente a Joseph Hatch, el hombre que “coció” dos millones de pingüinos para convertirlos en aceite

+posts:
- El dodo, el pájaro tonto que acabó extinguido
- El pozo con el que comenzó la industria del petróleo norteamericana
- El hombre que se hizo rico exportando hielo a La Habana y Calcuta

+info:
- Sealing at the Macquarie Island by Tasmania Parks & Wildlife Service
- Sinking a Small Fortune: Joseph Hatch and the Oiling Industry (PDF) by Tasmania Parks & Wildlife Service
- “Joseph Hatch – Biography” by Alan De La Mare in Te ara - the Encyclopedia of New Zealand
- Macquarie Island – Seeing things differently, Australian Government – Department of Sustainability
- The harvesting of penguins in Australian Broadcasting Corporation
- Macquarie Island in Heritage Expeditions
- “The Jonah on Board” – Kakanui (PDF) by Tasmania Parks & Wildlife Service
- Hatch or the Plight of the penguins (PDF)

32 comentarios:

Evil Preacher dijo...

Los pingüinllos de la foto de arriba no se corresponden con los del artículo de la Wikipedia que enlaza ¿o soy yo que me hago un lío?
Apasionante la historia de este hombre.

Bovolo dijo...

Pues llevabas razón. Aunque eran el mismo tipo de pingüinos, no era la foto en cuestión, sino otra del mismo artículo.

Corregido! Muchas gracias!

Un placer que te haya resultado apasionante el post.

Saludos!

Evil Preacher dijo...

¡Sí! Me hacía un lío: resulta que el Eudyptes schlegeli se llama «Royal Penguin» en inglés y yo lo había traducido mentalmente y buscado en la Wikipedia española como «pingüino rey», que es el otro: el Aptenodytes patagonicus. Ahora me doy cuenta de que has resuelto la dificultad llamando a unos «rey» y a los otros «reales» :) disculpa.

Bovolo dijo...

Sí, yo anduve con cuidado porque los nombres eran muy parecidos :-S

No tenía demasiada imaginación el que se los puso :-D Sólo faltan el pingüino príncipe y el monárquico ;-)

Saludos!

Anónimo dijo...

Dios mio, se quedaría tan tranquilo matando a los pobres pingüinos. Hay que joderse.

AMALTEA dijo...

La cuestión es que Joseph no te echara el ojo encima porque, según cuentas -muy bien, por cierto-, era capaz de inventar el artilugio necesario para sacar el máximo beneficio de casi todo lo que se movía. ¡Qué cruz de hombre!

Bovolo dijo...

Sí, parece que no le preocupó en exceso.

Como, por otra parte, tampoco les preocuparon los leones o los elefantes marinos a los que antes que él pasaron por la isla.

Como excusa, quizás en su defensa, se pueda decir aquello de que era un "hombre de su tiempo".

Aunque a mí, especialmente lo que más me llamó la atención fue el número de pingüinos que mató para para sacar un "miserable" medio litro de aceite por cada uno de ellos.

Suena a mucho ruido para pocas nueces, aunque si los pingüinos le salían baratos, quizás para él no era tanto ruido.

Saludos!

Bovolo dijo...

No, no, a mí que no me cueza ;-)

Leí en algún sitio que las madres de Invercargill asustamos a sus hijos con "pórtate bien, que si no, el Señor Hatch te cocerá en una olla".

Saludos, Amaletea!

Javier dijo...

Una mezcla de brutalidad animal, avaricia desmedida y una pizca de aventura.

Un saludo

Bovolo dijo...

Es cierto, aparte de la brutalidad, hay un cierto aire de romanticismo y algo de vivir en el "borde" del mundo".

Saludos, Javier!

Anónimo dijo...

Me hace gracia lo de un hombre de su tiempo. Eso lo podemos decir tambien de todo el mundo incluso hitler. Mira la misma salvajada q con los pingüinosn las hacemos hoy día con los cerdos, etc, hasta casi con los humanos, no los cocemos, congelamos sus organos y pasa nada. A ver si en algún medio de comunicación por una vez dicen q en canarias las peleas de gallos son legales, hay galleras municipales

Bovolo dijo...

Quizás, sea una excusa miserable, pero si en su época no existía esa sensibilidad, su culpa parece que se diluya.

Aunque en el caso de Hatch, aparte del trato que dio a los "pingüinos", el que dio a sus hombres, en mucho casos, distó mucho de ser el mejor.

Saludos!

Nachox dijo...

Los cerdos y etc. son criados en condiciones controladas para matarlos y cocerlos y congelarlos y demás. Los lobos y elefantes marinos y los pingüinos eran animales salvajes en un ecosistema natural que destruyeron para vender aceite y pieles. Y no creo que se hayan preocupado por criar pingüinos para compensar a los que mataron... no me parece una comparación muy acertada.

Muy interesante el articulo, y agrego que por estas zonas (sudamerica) al "pingüino rey" se lo conoce como "pingüino emperador", así hay menos problemas para identificarlos.

Saludos!

Bovolo dijo...

Sin duda, son animales pedigrí. Que si reyes, reales, emperadores...

Un saludo para el otro lado del Charco!

Orayo dijo...

Claramente un impresentable.

Menuda historia de excesos, que manera, no ya de masacrar a los animales, sino de tener una nula vision de negocio a largo plazo. ¿Qué pensaban hacer cuando se cargaran a toda la especie?
La isla de los horrores.

Bovolo dijo...

Orayo, supongo que sería aquello del "coge el dinero y corre".

Ya encontraría pingüinos en otra isla, o quizás para entonces los leones y elefantes se hubieran recuperado :-S

En cualquier caso, menos mal que no le dieron tiempo a llegar esa situación.

Saludos!

Music Pilot dijo...

Atrapado por el romanticismo de esta historia? un verdadero hombre de su tiempo? Se ve claramente en tu artículo, que no te afecta, ni te repugna, ni sientes nada acerca de lo que sucedió. Sobrevivir a toda costa eh? que bien.

Bovolo dijo...

Music Pilot,

En la medida de lo posible, prefiero presentar los hechos a juzgarlos.

Prefiero recoger las múltiples opiniones, que tiene algo de lógica, que encuentro y que seáis los lectores los que os forméis vuestra propia opinión. Como veo que esta vez ha ocurrido.

No siempre es posible, ser completamente objetivo, pero la aspiración es intentarlo.

En los comentarios me permito alguna licencia más, como en este caso.

Como ya puse los de "hombre de su tiempo" puede ser sólo una excusa que sirva para diluir su culpa en la "sociedad de su tiempo".

Pero está claro que da para mucho que pensar y repensar. Quizás sea una forma cómoda de decir aquello del "si todos lo hacen"... Pues, tal vez.

Respecto al romanticismo, pues eso de vivir aislado en un entorno hostil, ya se en un faro o en el "fin del mundo" me resulta atractivo. Más en la teoría que en la práctica.

Saludos y buen finde!

PS: gracias por leer los comentarios, pensaba que no los leía nadie :-D

Anónimo dijo...

Romantico y hombre de su epoca nada, posiblemente un maleante de medio pelo k echaron los ingleses a Australia porque susu carceles estaban a tope,como muchos en aquel tiempo. Como no tenia ni oficio ni beneficio pues a matar que posiblemente seria ya lo k hacia en Inglaterra, a matar bichos que de esos encima sacaba pasta.
La historia en si es la de un excriminal fracasado que romantizo la historia.
Mola el blog pero en esta ocasion creo k te has posicionado claramente del lado de este impresentable.

Anónimo dijo...

Oye lo de cocer entre comillas...lo hizo pk las comillas?

Bovolo dijo...

Según atestiguan las diversas fuentes no parece que fuera un criminal de esos que tú cuentas.

Creo que es una figura con muchas sombras, como puedes leer en el artículo, parece ser que era bastante aficionado a manipular a las masas, aunque para ello tuviera que mentir.

O de saltarse las normas a la torera y enviar sus barcos a matar focas donde estaba prohibido.

O de preocuparse muy poco por sus hombres, y eso ni la gente "de su época" lo entendía y menos aún las familias de los implicados. Y que fuera el gobierno el que corriera con los gastos del rescate.

Creo que todo esto se puede leer en el artículo.

Por último lo de romántico, ya creo que lo expliqué en la anterior respuesta, desde luego que no iba por lo de masacrar 2 millones de pingüinos. Cuando descubrí la historia pues me dio pena, de la misma manera que me dieron pena los elefantes o los leones marinos.

Todo un placer que te guste el blog y espero que sigas comentando!

PS: Lo de las comillas era porque no sé si el proceso al que sometía a los pingüinos se le puede llamar técnicamente cocer... Sólo por eso.

Golias dijo...

Bueno, ya tienes tus propios trolls. Enhorabuena: un blog sin trolls es como un jardín sin flores.

Nos queda, claro, la duda de la autenticidad de los mismos: puede que sean simplemente provocadores, que los hay y muchos, y que por alguna razón disfrutan molestando a los demás para provocar una respuesta airada; o puede ser, claro, que sea realmente la clase de gente que no se entera de nada, que es también muy habitual. Hace ya tiempo que es arriesgado tratar de ningún tema con un mínimo de polémica en Internet, o algún santurrón se dedicará a montar bronca con esas frases de "según tú", "no es lo mismo", "estás claramente a favor/en contra de", "se lee entre líneas", etc. La verdad, no importa el tema: si quieres bronca, es fácil montarla.

Quizá habría que hacer, no sé, una norma ISO para certificar a un troll auténtico.

Bovolo dijo...

Gracias, Golias!

Bueno yo es que soy muy bien pensado, quizás por eso algunos han pensado que era amigo de Hatch, y creo que eran críticas constructivas.

Cualquier comentario educado y respetuoso es siempre bienvenido.

Creo que queda bastante claro que la intención de este blog nunca ha sido crear polémica.

Un saludo y gracias por tu amable comentario ;-)

Bogorchu dijo...

Muy buenas Bovolo, un artículo muy interesante.
No sé si estás necesitado de ideas para temas nuevos (y si tienes tiempo para escribir más), pero echo en falta alguna historia del continente africano, y se me ocuren unos cuantos temas que podrías tratar: exploradores o abentureros más o menos conocidos como Belzoni, Alí Bey, Cecil Rhodes (lo de Stanley y Livingston y lo de Burton ya está muy trillado), Pierre Brazza, Manuel Iradier y tantísimos otros; seguro que encuentras biografías muy interesantes.
http://en.wikipedia.org/wiki/Category:Explorers_of_Africa

Otros temas interesantes podrían ser las guerras del coltán en el Congo, la (bárbara) colonización del Congo Belga, las minas de diamantes sudafricanos, las ciudades seta surgidas en torno a las minas de zafiro en Madagascar, etc.
En fin, por si te aburres y tienes tiempo para mirar algo de todo esto. ;)

Bovolo dijo...

Muchas gracias por las recomendaciones, Bogorchu. Apuntadas quedan.

Tienes razón que de África he hablado poco en el blog, y eso que intento ir variando. Tenía la misma sensación sobre Sudamérica.

Cualquier otra recomendación, bienvenida será. Un saludo y ¡bienvenido!

Aldes dijo...

Muy buenas tus respuestas a los "trolls".
Aparte, me parece muy correcto el termino "hombre de su tiempo". El mundo evoluciona cada vez mas rapido, y formas de pensar como esas se quedan cada vez mas rapidamente obsoletas. Como era el mundo cuando aun era plano?
Aun asi, hay partes del mundo actual que muestran civilizaciones aun por "espabilar" (solo hace falta poner PETA+China en Google), he incluso puede que en la nuestra y simplemente halla avanzado la forma de ocultarnos la verdad.
En cualquier caso, mola el blog. Saludos desde Canarias!

Bovolo dijo...

Aldes, la Tierra sigue siendo plana, lo de que sea redonda es una mentira. Mira aquí más info ;-)

Buff, que mala pinta tiene lo que ha salido en google :-(

Bienvenido y encantado que te guste el blog y un saludo para Canarias!

Anónimo dijo...

Buen artículo. En seattel hay algo parecido, pero allí lo han musealizado y se puede visitar. Se les incendió la ciudad y tuvieron que subir un nivel las calles para los desagues, la cosa fue que se les quedaron calles subterraneas convertidas en antros.

http://en.wikipedia.org/wiki/Seattle_Underground

me mola el blog, sigue así.

Bovolo dijo...

Encantado que te guste.

Sí, el tema de Seattle lo tenía en cartera, también parece muy interesante.

Muchísimas gracias, de todos modos y para cualquier otra sugerencia... ya sabes ;-)

Saludos y bienvenido!

fran dijo...

Aunque no se sea amsnte de la naturaleza , hay que tener mucha sangre fria ( y ser muy mala persona) para acabar con dos millones de animales....

Bovolo dijo...

Desde luego, fran!

Julen dijo...

Como bien comentan esta frase es el resumen de esa cruel aventura: Una mezcla de brutalidad animal, avaricia desmedida y una pizca de aventura.

Un saludo