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martes, 23 de noviembre de 2010

Y la Revolución Soviética llegó al calendario

La mayoría de la Europa Católica había adoptado el calendario gregoriano en 1582. Algunos países protestantes habían tardado bastante más, pero habían acabado haciendo el cambio. Sin embargo, en Rusia, la oposición de la Iglesia Ortodoxa había conseguido que en 1918 el país aún siguiera el desfasado calendario juliano. Las cosas cambiarían con la llegada de Lenin al poder, quien en su empeño por crear una nueva sociedad, una de sus primeras medidas fue la de abolir el calendario juliano y decretar la adopción del gregoriano “con el objetivo de instalar a Rusia en el mismo sistema de medida del tiempo que casi la totalidad de naciones avanzadas ya usaban”.

Calendario Soviético del 1930 que conserva meses irregulares y semanas de 7 días

Sin embargo, en aquel tiempo, Rusia estaba inmersa en la guerra civil que enfrentaba a bolcheviques y el denominadoMovimiento Blanco, que agrupaba a partidarios del Zar y a otros grupos contrarrevolucionarios, por lo que su decreto sólo fue aplicado en la parte del país bajo control bolchevique. Mientras, la Rusia “blanca” continuaba siguiendo el anterior calendario, llegándose a dar la situación de que si un territorio cambiaba de manos, cambiaba de fecha.

Como sucedió en otros países cuando hicieron esta misma transición, para corregir el desfase producido por el paso de los años, los días que van del 1 al 13 de febrero nunca existieron para los bolcheviques, y al 31 de enero le siguió el 14 de febrero.

A finales de la década de los 30, acabada la guerra y establecido el régimen comunista, ya hace mucho, los soviéticos volvieron a poner los ojos en el calendario y se comienzan a discutir otras maneras de organizar la semana productiva que pudieran mejorar la productividad del país. Yuri Larin fue el primero en proponer la idea de una semana de trabajo continua, sin fines de semana. Fue en mayo de 1929 durante la celebración del Quinto Congreso de los Trabajadores, Soldados y Campesinos Soviéticos. La idea parece que pasó bastante desapercibida, por lo que no aparece ni mencionada en el discurso de clausura de dicho congreso.

Sin embargo, en junio de ese mismo año, Larin consigue el apoyo de Stalin para su idea y las cosas cambian. Inmediatamente, se dan órdenes expresas para que la prensa comience a ensalzar la idea y en unos días el Consejo Económico Supremo pide a sus expertos que propongan un plan para la implantación de la semana productiva continua en tan sólo dos semanas. Las cosas se mueven deprisa y a mediados del mismo mes de junio, Larin, muy probablemente hinchando la cifra, ya afirma que el 15% de la industria ya estaba funcionando en modo continuo.

Calendario Soviético del 1930 con un día de descanso cada 5, pero con los días organizados según las antiguas semanas de 7 días

Una vez el gran líder se había pronunciado en favor del nuevo sistema, a la semana continua no paraban de lloverle partidarios. A finales de agosto es el Consejo de Ministros el que declaraba esencial que se prepare la transición al nuevo sistema en empresas e instituciones durante el año económico 1929-1930. La duración de la semana continua aún no se especifica.

No queda claro, pero parece ser que el primer día de aplicación de la nueva semana fue el 1 de octubre, a comienzos del nuevo año económico. En un primer momento, se fija su duración en 5 días. Aunque más tarde, se especifica una semana de 6 días para la construcción y para otros trabajos de carácter estacional. Mientras que para las fábricas que paraban su producción una vez al mes, se adopta una semana continua de 6 o incluso 7 días. Los días de la semana pierden su nombre y cada día es asignado un color o un número romano (del I al V). A cada trabajador se le asigna un color o número, el color de su día de descanso.

Con el nuevo calendario soviético, que tenía que ser eterno, el año quedaba dividido en 72 semanas de 5 días. Tres de las cuales tenían alguno de los cinco días de fiesta nacionales intercalados. Estos días de fiesta, que fueron cambiando a lo largo del tiempo, en 1929 eran el 22 de enero (aniversario de El Domingo Sangriento  y día de Lenin), 1 y 2 de mayo (día internacional de los trabajadores) y el 7 y 8 de noviembre (conmemoración de la Revolución de Octubre). Estos días, no formaban parte de ninguna semana, sino que quedaban fuera del sistema de colores y eran, en teoría, festivos para todos los trabajadores.

Calendario Soviético del 1931 con las semanas de 5 días y días numerados del I al V

Según algunas fuentes, el nuevo calendario no sólo modificaría la duración de las semanas, sino que también racionalizaría la duración de los meses, que pasaron a ser todos de 30 días o lo que es lo mismo, tener 6 semanas de 5 días. Los 5 días que faltaban para llegar a los 365, serían los anteriores 5 festivos nacionales, que se consideraría que no pertenecían a ningún mes, sino que se situaban intercalados entre ellos.

Sin embargo, no queda del todo claro hasta qué punto se llegó a aplicar, si es que se llegó, esta modificación de la duración de los meses. Por ejemplo, el periódico oficial del partido, el Pravda, siguió usando las fechas del calendario gregoriano. Existen ejemplares con fecha del 31 de junio, julio, agosto, octubre y diciembre, pero en todo este tiempo no hay ningún ejemplar de ningún 30 de febrero. Incluso, pese al ferviente ateísmo del régimen, el Pravda sigue usando “Resurrección” y “Sabbath” para referirse a sábado y domingo. También parece que la mayoría de los calendarios de bolsillo conservados de esta época siguen mostrando los irregulares meses del calendario gregoriano y, además, organizados en filas o columnas de 7 días, que comienzan por el domingo. Se conserva alguno que muestra las semanas de 5 días y los días etiquetados con los números del I al V, pero son los menos.

Este nuevo sistema tenía como objetivo incrementar la productividad y hacer un uso más eficiente de los recursos, al permitir que las fábricas permanecieran abiertas y funcionando todos los días del año. En un día de trabajo cualquiera, el 100% maquinaría de la fábrica podía estar funcionando, con sólo un 80% de su plantilla.

Pero, aparte de ser un intento de aumentar la producción industrial, la adopción de un nuevo calendario carente de connotaciones religiosas era un paso más de la estrategia de acoso y persecución de la religión por parte del gobierno. Por un lado, la substitución de las festividades tradicionales ortodoxas por otras de carácter patriótico o ideológico dificultaba la preparación y celebración de las festividades antiguas. Por otro, la adopción de una semana de laboral de 5 días, en la que el día de descanso no tenía por qué coincidir con el domingo, hacía más difícil guardar y asistir a los oficios religiosos del “día del Señor” o de cualquier otra festividad que tradicionalmente se celebrara en domingo.

“Año 25 de la Revolución Socialista. Diciembre 1937. 12, sexto día de la semana de seis días”

En cuanto al descanso de los trabajadores, si comparamos esta nueva semana de 5 días con sólo un día de descanso con la de 5 días laborales y un fin de semana de 2 días. En un período de 35 días, es decir, 5 semanas de 7 días o 7 de 5 días, con la semana actual se trabajan sólo 25 días, mientras que con la “soviética”, 28. Viendo estos números se puede considerar que la implantación de la nueva semana implicaba una reducción del número de días de descanso de los trabajadores. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los fines de semana de 2 días eran un lujo que en aquel tiempo sólo se podían permitir algunas industrias y en algunos países.

Por ejemplo, en Estados Unidos, Henry Ford comenzó en 1926 a cerrar sus fábricas los sábados y los domingos, aunque, la implantación generalizada en todo el país de los fines de semana de 2 días no llegaría hasta 1940.

Sin embargo, la situación de la Unión Soviética era muy distinta. En aquel tiempo, era un país que se estaba industrializando y antes de la reforma del calendario sólo había un único día de descanso a la semana, por lo que con la nueva semana de sólo 5 días los trabajadores ganaban ligeramente en cuando a días de descanso. En la comparación anterior, en 35 días, pasarían de 30 días de trabajo a sólo 28.

Pero no todo eran ventajas, el hecho de que el día de descanso no fuera el mismo para todos hizo que, en las parejas en las que el marido “era” de un color y la mujer de otro, la vida familiar se resintiera. Lo mismo sucedió con la vida social, al resultar mucho más difícil mantener el contacto con las amistades de otro color. Pero, aparte de estos problemas, la productividad tampoco subió todo lo esperado. Con el nuevo ritmo de trabajo, la maquinaría se estropeaba más a menudo. La máquinas no estaban preparadas para funcionar de manera continua, 24 horas al día, los 5 días de la nueva semana, y, además, al no haber paradas semanales se dificultaba llevar a cabo su correcto mantenimiento. Tampoco ayudaba que el nuevo sistema obligara a que las máquinas tuvieran que ser manejadas por obreros menos familiarizados con su funcionamiento particular.

Calendario Soviético del 1937 con las semanas de 6 días

Sólo en los primeros meses, parece que ya existían más de 50 implementaciones distintas de la semana continua en toda la Unión Soviética. La más larga de ellas de 37 días, 30 días seguidos de trabajo y luego 7 días de descanso. Pero aunque no existía unanimidad, la implantación de la nueva semana no se detenía. Si los planes no fallaban en abril de 1930 el 43% de los trabajadores de la industria tenía que seguirla, y en octubre el porcentaje tenía que llegar hasta el 67%.

Mientras nuevas empresas adoptaban la nueva semana, durante mayo de 1930 comienzan a aparecer las primeras empresas la abandonan y deciden volver a la antigua semana de producción interrumpida. Pese a ello, es durante el mes de octubre de este año cuando se alcanza el mayor nivel de implantación de la semana continua y llega al 72.9% de toda la industria. Un número que muy probablemente estuviera inflado por los políticos y por las propias empresas, ya que muchas decían adoptar la nueva semana, pero en realidad continuaban con la anterior. Durante este tiempo, la semana continua también se aplicó en el comercio o entre el funcionariado, aunque no se hicieron públicas cifras de su adopción.

La impopularidad de la nueva semana entre los trabajadores unida al resto de problemas llevan a que Stalin en junio de 1931 condene la semana continua tal y como se estaba implantando, y ordena una adopción temporal de la semana de 6 días interrumpida. No se cumplen por tanto los planes según los cuales durante ese el año económico, el 1930-1931, todos los sectores industriales, a excepción del textil, tendrían que estar trabajando de forma continua.

Calendario Soviético del 1939 con las semanas de 6 días

Con la nueva semana se recupera el día de descanso semanal común para todos los trabajadores. Se hace coincidir el primer día de cada mes con el primer día de la semana, de manera que los días 6, 12, 18, 24 y 30 de cada mes son de descanso. El último día de los meses que tenían 31 era siempre un día de trabajo extra en la industria que junto con los cinco primeros días del mes siguiente hacía que acabaran trabajando 6 días seguidos. Más afortunados eran algunos funcionarios y trabajadores comerciales para los que los 31 eran siempre festivos.

Finalmente, en noviembre se decreta el abandono definitivo de la semana continua, quedando restringido su uso a empresas que producían de manera continua, como fundiciones, hospitales y otras instituciones sociales y culturales. El 1 de diciembre de 1931 es considerado el día en que se abandona la continua y se vuelve a una forma de semana interrumpida. Unos años después, en 1935, tan sólo el 25.8% de los trabajadores sigue alguna forma de semana continua. Y el 27 de junio 1940, se elimina el único vestigio de las reformas que aún quedaba en el calendario. Se abandona la semana de 6 días y se vuelve la de 7 días, con el domingo como día de descanso común para todos los trabajadores

Enlace permanente a Y la Revolución Soviética llegó al calendario

+posts:
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- Stanislav Petrov, el hombre que salvó al mundo

+info:
- Calendario revolucionario soviético en es.wikipedia.org y en.wikipedia.org
- Soviet Calendars and the Quest for Industrial Efficiency by Thomas Gangale
- The book of calendars by Frank Parise in Google books
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miércoles, 18 de marzo de 2009

La radio del pueblo, la radio de Hitler

Hitler y su ministro de propaganda, Goebbels, en seguida se dieron cuenta de las posibilidades que la radio ofrecía como arma de propaganda masiva. El primer paso fue controlar su programación, pero aun así había un problema, los receptores eran demasiado caros para la mayoría de la población. La solución fue la “radio del pueblo” un aparato simple y barato, además su escasa sensibilidad impedía sintonizar emisoras extranjeras. Alemania se convirtió en el país con más radios de Europa.

“Toda Alemania escucha al Fuhrer con la Volksempfanger”

La Alemania nazi no tardaría en convertirse en el primer estado totalitario en usar la radio como medio de propaganda y adoctrinamiento. Si bien, en los años 30, la situación en Alemania no era muy diferente del resto de países europeos, en los que el medio estaba controlado por los gobiernos, el intervencionismo subiría de nivel con la creación de la Corporación de Radiodifusión del Reich, constituida en 1933 a partir de unas cuantas emisoras regionales semi-comerciales que fueron nacionalizadas. La creación de esta corporación vino acompañada de la prohibición de la publicidad y de la sustitución de la programación convencional por programas de alto contenido político más acordes con las consignas del partido.

Erich Scholz, un ambicioso funcionario del ministerio del interior con simpatías crecientes hacia el Nazismo, declaró que “la radio alemana sirve al pueblo alemán. Así que todo lo que degrada al pueblo alemán debe ser excluido de ella”. Alemania era todavía un país democrático, aunque la democracia tenía los días contados.

Con el monopolio de la radio bajo el control de su corporación, y la programación estrictamente censurada y de tono aún más nacionalista que el de los últimos días de la República Weimar, la radio podía convertirse en el medio más efectivo para extender la ideología nazi. El cine también era un medio válido, películas como por ejemplo la famosa “Triumph des Willens” (El triunfo de la voluntad) eran un buen medio de propaganda, pero costaba meses producirlas, mientras que la radio permitía una propaganda instantánea de la que además era a veces casi imposible escapar. Los discursos del Reich se retransmitían a través de su monopolio radiofónico, se podía considerar políticamente incorrecto y probablemente temerario apagar la radio durante esos discursos. Así que no había escapatoria a la sesión de lavado de cerebro.

El principal problema para convertir la radio en una herramienta de propaganda masiva era que los receptores eran demasiado caros. Esto había propiciado la aparición de clubes informales y asociaciones en los que sus miembros se reunían para escuchar un mismo aparato. Desde el principio estas asociaciones se convirtieron en objetivo de los nazis que habían comenzado a infiltrar a sus partidarios en ellas, incluso antes de 1933. Pero después del 1933, los nazis siguieron fomentado estos clubs, pues eran un lugar ideal para comprobar si su mensaje llegaba a la gente. Después de las emisiones se hacían debates en los que los nazis podían identificar a los que expresaban opiniones disidentes.

Exterior de una VE301

Sin embargo, la gente también quería escuchar la radio a solas en su casa. Para estos los nazis también idearon una solución: crear su propio aparato de radio, un receptor barato, la “radio del pueblo” la Volksempfanger. El diseño de los aparatos corrió a cargo de Otto Griessing. Los primeros receptores, los VE301 (el número 301 venía de 30 del 1, Enero, el día que Hitler llegó al poder en Alemania) fueron producidos en 1933 y se vendían por 76 marcos, más o menos la mitad de lo que costaba un aparato normal. Los VE301 eran aparatos simples con sólo dos bandas, pocos VE podían captar las emisiones de onda corta y tenían una sensibilidad bastante limitada, de manera que sólo pudieran captar las emisoras locales. Hubiera sido de poca utilidad para los nazis si los aparatos hubieran sido capaces de captar las emisoras británicas o soviéticas. En los diales, contrario a lo que era habitual en la época, sólo figuraban cadenas alemanas.

Una vez resuelto el problema de los aparatos, empezaron a re-estructurar la programación para asegurarse que los oyentes recibían información correcta política y culturalmente. Todos los discursos públicos de Hitler y del resto de líderes del partido eran emitidos. Había charlas sobre el nacional socialismo, algunas dirigidas al público en general y otras a grupos específicos, como por ejemplo las amas de casas o los obreros. Las emisiones de música extranjera se fueron reduciendo en favor de la música alemana, clásica o popular, hasta llegar a la prohibición de la música “negroide” y decadente, como el jazz, y también las obras de compositores judíos.

Pero la radio no sería sólo utilizada para ganar voluntades en el territorio alemán. Una de las demostraciones de su poder ocurrió a finales del 1934 en Saar, un pequeño territorio que después de la Primera Guerra Mundial había quedado bajo jurisdicción francesa y en el que a principios de 1935 tocaba celebrar un referéndum que permitiera a sus habitantes decidir si querían seguir como franceses, volver a ser alemanes u optar por la independencia. Aunque era bastante previsible que el resultado sería favorable para el partido, los nazis saturaron Saar y Alemania con programas, más de 1000 en 3 meses, en los que publicitaban las ventajas de volver a Alemania. La campaña fue un éxito, el resultado del plebiscito fue abrumadoramente a favor de la reincorporación a Alemania.

El éxito en Saar pareció convencer a los agitadores nazis que mediante el uso propagandístico de la radio se podía permitir conseguir cualquier objetivo político. Además este primer éxito les mostró el camino que seguirían años más tarde con Austria y Checoslovaquia, aunque en estos casos la radio no se limitó a convencer mediante el uso de propaganda positiva sino que usó una mezcla de propaganda y amenazas.

El gobierno de Hitler también mostró interés por la televisión. En 1935 anunciaron el primer servicio regular de televisión, “regular” porque emitía 3 días por semana con horario fijo. Inicialmente la mayoría de los aparatos de televisión estaban en sitios públicos, ya que no se vendían a particulares, y además costaban muy caros. Más tarde se pondrían a la venta al público general, aunque a un precio excesivamente elevado, 650 marcos. El estallido de la guerra paró la producción de estos aparatos, para entonces sólo había unos 600 hogares con televisión, aunque el servicio de emisiones regulares continuó hasta el 1944.

Una de las concentraciones del partido nazi en Núremberg

La radio, por el contrario, sí que fue todo un éxito, de hecho fue el “producto del pueblo” más exitoso. Comparado con el Volkswagen, que fue introducido un año antes de la guerra y del que se produjeron pocas unidades, entre 1933 y 1939 se fabricaron en torno a los 7 millones de aparatos de radio, un 40% de toda la producción alemana de radios. Alemania llegó a ser a finales de los 30, el país de Europa con más receptores de radio, el 70% de los hogares contaba con uno.

El precio fue siempre una barrera para el éxito de la radio, así que durante los años de su producción buscaron maneras para reducir su coste, por ejemplo, algunos modelos de la VE301 en vez de la madera original fueron montados con la carcasa de baquelita. También aparecieron nuevos modelos más baratos, como el DKE1938, introducido en 1938. El nuevo modelo era un aparato más pequeño y de sólo dos válvulas, una menos que la VE301, y su precio bajaba a sólo 35 marcos. Los nazis decidieron también subvencionar la producción de los aparatos de radio y ordenaron a los fabricantes, como Siemens o Telefunken, dar prioridad a su producción frente a los aparatos más caros.

Mientras que en circunstancias normales las radios se vendían en función de su diseño, precio y calidad de sonido, la más bien básica “radio del pueblo” era sólo un medio de propaganda. En un popular anuncio de la radio, podía verse una multitud desfilando al estilo de Núremberg en torno a una de estas radios, en el anuncio se leía el eslogan “Toda Alemania escucha al Fuhrer con la Volksempfanger”.

El diseño de la “radio del pueblo” tampoco escondía cuáles eran sus intenciones, todas las radios tenían un águila y una esvástica en la parte frontal. Los aparatos más grandes podían conectarse a altavoces para bombardear a las masas, los altavoces estaban presentes en casi todos los lugares públicos, como plazas o fábricas, y era prácticamente imposible no escuchar a Hitler los días de grandes discursos.

Al acercarse la guerra, los volúmenes de producción de la Volksempfanger se mantuvieron y su producción pasó a tener una prioridad aún mayor respecto a los receptores más potentes. Los nazis animaban a la gente a cambiar sus radios con onda corta por los mucho menos potentes Volksempfanger.

Cuando se iniciaron las hostilidades de la Segunda Guerra Mundial en 1939, el papel propagandístico pasó a ser aún más crítico, más y más tiempo dedicado a la música patriótica y al anuncio de las victorias militares. A medida que avanzaba la guerra, el contenido político llegó a ser tan abrumador, que empezó a saturar a la audiencia, que harta empezó a dejar de escucharla. Goebbels, entonces, ordenó que al menos el 70% del tiempo de emisión fuera dedicado a música ligera.

El comienzo de la guerra también trajo la prohibición de escuchar emisoras del enemigo, que pasó a ser considerado un delito. A partir de entonces todas las radios vendidas llevaban una advertencia: “Piense en esto: escuchar emisiones extranjeras es un crimen contra la seguridad nacional y contra nuestro pueblo. Es una orden del Fuhrer castigada con prisión y trabajos forzados”. Las cosas empeorarían cuando la Gestapo recibió órdenes de ejecutar a cualquiera que fuera descubierto escuchando emisiones enemigas.

Sello conmemorativo del referéndum de Saar


Las órdenes eran claras y los únicos autorizados para escuchar las radios extranjeras eran las SS y la Abwehr (inteligencia militar) por motivos militares y los miembros del Partido Nazi con permisos especiales para escuchar y renegar de la propaganda aliada. En la Polonia ocupada, la situación fue aún peor, escuchar cualquier radio fue prohibido para todos los ciudadanos no alemanes, más tarde esta prohibición se extendió a todos los países ocupados, acompañada de una incautación masiva de receptores.

Pese a los esfuerzos, algunos alemanes se arriesgaban y escuchaban la radio extranjera, especialmente aquellos que tenían radios más potentes de antes de la guerra. A medida que la guerra avanzaba, la radio nazi estaba cada vez más censurada y no daba ninguna noticia que pudiera dar la más mínima pista de que la guerra se estaba perdiendo, incluso en 1944 cuando los ataques aéreos aliados arrasaban Alemania. Pero incluso las más humildes Kleine Volksempfanger tenían más capacidad de amplificación de la que los nazis hubieran deseado. Todas ellas podían captar las emisiones de onda larga y muchos alemanes mejoraban su capacidad de recepción con antenas extras. Con lo cual podían escuchar las emisiones en inglés de la BBC o en ruso de Radio Moscú, especialmente cuando durante la guerra aumentaron la potencia con la que emitían. Más tarde los aliados también solucionaron el problema del idioma, con emisiones propagandísticas en alemán.

Sin embargo, ya sea por lealtad al régimen o miedo a ser descubierto muchos alemanes evitaron escuchar radios extranjeras. Siempre existía el riesgo que alguien informara a la Gestapo si se comentaba en público alguna noticia que se desviara de la línea oficial. Incluso en abril de 1945, cuando los aliados rodeaban Berlín y Hitler se escondía en su bunker, Radio Berlín, emitiendo desde las ruinas de la ciudad, informaba que Alemania estaba a punto de ganar la histórica batalla contra los Aliados, y el mismo Goebbels decía a la audiencia en tono desafiante que el curso de la guerra estaba girando a favor de Alemania el día del cumpleaños del Fuhrer, el 20 de Abril.

Interior de una VE301

Incluso en los meses finales de la guerra, aún había alemanes que desconocían que Alemania la estaba perdiendo, algunos se enteraban cuando veían como los soldados aliados entraban en sus pueblos y ciudades. No fue hasta que Radio Berlín anunció la muerte de Hitler que los alemanes más fanatizados se convencieron definitivamente de la derrota. La Volksempfanger, en combinación con el resto de propaganda, había ayudado a mantener la visión cerrada y manipulada de la realidad hasta el final, engañando y atemorizando a millones de alemanes durante toda la guerra.

Al igual que el régimen nazi, la producción de la Volksempfanger murió con Hitler. Aunque en la Alemania arrasada de post-guerra hubo quien supo sacar partido de los montones de radios que los nazis habían fabricado. Ese fue el caso de Max Grundig, un ingeniero eléctrico sin dinero que decidió probar suerte arreglando y vendiendo radios “del pueblo”. La fabricación de nuevos aparatos estaba paralizada y, en cualquier caso, la población hubiera sido demasiado pobre para comprarlos. Dos años más tarde con la progresiva restauración de la industria no-militar alemana, el dinero que Grundig había conseguido hacer le permitió desarrollar su propia radio y su propia marca, Grundig.

PS: Al estallar la guerra, el Reino Unido también creó su “radio del pueblo”, la utility radio, que era fabricada usando componentes estándar siguiendo un diseño estándar promovido por el gobierno y aprobado por un consorcio de. Aunque a diferencia de la radio nazi, el objetivo de su diseño no era impedir que la gente escuchara radios extranjeras (aunque obviamente el gobierno tampoco promovía que se escucharan, jamás lo prohibió), sino economizar los componentes electrónicos, que eran escasos debido a la guerra, y hacer más fácil su reparación.

posts relacionados: - Aktion T4, el plan de Hitler para higienizar la raza
- El trágico destino de los niños noruegos de Hitler
- Las palomas que espiaron para Churchill

+info: - Hitler´s Radio by Glenn Aylett in RadioMusications
- Electronic Media and Industrialized Nations by Donald R. Browne in googlebooks
- Volksempfanger in en.wikipedia.org
- The Third Reich by David Welch in googlebooks

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jueves, 24 de abril de 2008

Ceaushima, el desquiciado urbanismo del nuevo Bucarest de Ceausescu

Tras causar estragos en el campo rumano, la "sistematización" llegó a la Bucarest. Aplicando la misma fórmula Leninista de "lucha entre lo nuevo y lo viejo" los planificadores creyeron necesario que la capital de Rumanía fuera totalmente remodelada. Los habitantes de la ciudad se referirían a esta remodelación con la palabra de "Ceaushima", resultado de combinar Ceausescu con Hiroshima.

En 1977 Bucarest había sufrido un terremoto cuyos efectos fueron más notorios en los edificios anteriores a la II Guerra Mundial, mientras que los edificios de la época comunista resistieron bien. Este hecho fue interpretado por las autoridades comunistas como un prueba de su superioridad sobre las épocas pasadas, la propaganda obsesiva del régimen alardeaba de los "sorprendentes logros de las fuerzas proletarias aliadas con los campesinos y los intelectuales" frente a "los palacios construidos por la burguesía y los latifundistas a costa de la explotación de las masas".

Estos palacios habían sido nacionalizados, convertidos en museos u hospitales. Pero pese a "convertir" los edificios del "enemigo", estos seguían siendo un "recuerdo" del pasado, de las "generaciones de pobres campesinos explotadas para asegurar el lujo de las clases altas".

Hasta el terremoto los esfuerzos de las autoridades se habían limitado en mejorar las áreas más densamente pobladas de las afueras de la ciudad, pero el centro permanecía intacto y continuaba manteniendo ese aire elegante del pasado, no en vano en los años 30 Bucarest era conocida como el París del Danubio. Los efectos del terremoto fueron importantes pero no desastrosos, 1000 personas murieron y 30 edificios cayeron, pero el centro de la ciudad no quedó excesivamente tocado.

En Bucarest la sistematización empezó demoliendo iglesias y edificios antiguos. Se suprimió la Autoridad del Patrimonio Nacional. Y se tomó la decisión de construir el Centro Cívico, que debería centralizar y simbolizar el poder de Ceausescu. Se trataba de un complejo de modernos edificios de hormigón con fachadas de mármol, muchos de ellos apartamentos para la élite comunista, alrededor del Boulevard de la Victoria del Socialismo. Este boulevard fue construido con la intención de parecerse a los Campos Elíseos de París aunque unos metros más largo, extendiéndose de este a oeste y ofrece una inmejorable perspectiva del Palacio del Pueblo, edificio central del Centro Cívico.

Aunque la decisión de construir el Centro Cívico se tomó en 1978 Ceausescu necesitó seis años para imponer sus ideas ante la oposición que encontró su proyecto entres los expertos y por países como Hungría o Alemania Occidental. Durante este tiempo las intervenciones en la ciudad como la reconstrucción de la Calea Mosilor, con edificios uniformes de hormigón se llevó a cabo respetando la trama urbana anterior.

Finalmente para llevar a cabo su proyecto Ceausescu reunió a 400 urbanistas, a los que de manera semanal daba instrucciones en persona. Pero ante la oposición de arquitectos, historiadores e intelectuales, jamás salió a la luz un plan general, sino que las decisiones se iban tomando una a una sobre la marcha.

Finalmente en el año 1984 fue cuando empezó la que sería la mayor demolición de la década en todo el mundo. La intención era liberar el espacio necesario para la construcción del Centro Cívico. En total 8 kilómetros cuadrados en el centro histórico de Bucarest fueron arrasados, se demolieron 3 monasterios, 20 iglesias, 3 sinagogas, 3 hospitales, 2 teatros y un estadio de estilo Art Decó. Aunque no sólo los edificios y el patrimonio cultural sufrió, 40,000 personas fueron obligadas a mudarse a nuevos edificios avisados sólo un día antes, en total 30,000 viviendas.

Otras veces estas iglesias, hasta un total de 8, corrieron mejor suerte y se optó por trasladarlas sobre raíles, lo cual a su vez servía al régimen para hacer alarde de sus capacidades técnicas. Pero no contentos con el hecho de haber arrancado el edificio de su contexto, muchas veces eran literalmente encajonadas entre edificios de hormigón. La excusa para la demolición de algunas iglesias es que carecían de suficiente valor histórico y que estaban demasiado cerca unas de otras, se dice que la Iglesia Ortodoxa Rumana estuvo de acuerdo.

El Palacio del Pueblo, la joya del Centro Cívico es un edificio inmenso y hoy en día sigue siendo uno de los más grandes del mundo, después del Pentágono. Mide 270 por 250 metros, 86 de altura y 92 metros bajo el suelo, en total un 330,000 metros cuadrados. Cuenta con más de 1000 salas y habitaciones, unos sótanos inmensos que cuentan con un búnker nuclear. Muchas salas están decoradas de manera suntuosa con pan de oro y mármol, cuentan con altos techos y majestuosas puertas.

La estructura del edificio estaba prácticamente acabada cuando el régimen de Ceausescu cayó en 1989. Sólo quedaban por acabar las tres últimas plantas subterráneas y algunas partes de las alas este y oeste. El edificio ya había desatado las iras de los rumanos durante su construcción, que no entendían semejante despilfarro mientras ellos llevaban una vida llena de penurias, así no es de extrañar que tras la caída del régimen las obras se pararan y no faltaran los que sugirieron la idea de dinamitarlo, otros pensaron en convertirlo en un museo del comunismo o incluso un casino. Finalmente se decidió continuar las obras, aún no acabadas del todo, y encontrarle un uso beneficioso para el pueblo que le tocó sufrirlo. En la actualidad alberga el congreso de los diputados y otras dependencias del gobierno rumano, en un intento por "democratizarlo".

* foto 1: Iglesia de Mihai Voda, en su emplazamiento actual después de se desplazada
* foto 2: Boulevard de la Victoria del Socialismo y Palacio del Pueblo
* foto 3:Piata Uniri, plaza atravesada por el Boulevard de..., una de las más grandes de Bucarest


+fotos:
- Vista aérea del Boulevard de la Victoria del Socialismo y Palacio del Pueblo en panoramio.

posts relacionados:
- Sistematizarea, el intento desastroso de llevar la ciudad al campo rumano

+info:
- Article Ceaushima in en.wikipedia.org
- Article Systematizacion in en.wikipedia.org
- Systematization: A Settlement Strategy in countrystudies.us
- Stalinist Rumania Closes In on Itself in New York Times
- On demolition by Catalin Berescu
- Artículo Palacio del Pueblo en es.wikipedia.org Leer más »

miércoles, 9 de abril de 2008

Sistematizarea, el intento desastroso de llevar la ciudad al campo rumano

A principios de los 70, el Ceausescu ideó un plan con el fin equiparar el nivel de vida de la Rumanía rural con el de sus ciudades, así nació la "Sistematizarea" (sistematización en rumano). Para cumplir estos nobles fines era necesaria la eliminación de los pueblos "inviables" e "irracionales", es decir, todos aquellos que no llegaban, o que no se preveía que llegaran, a la cifra "óptima" de 3,000 habitantes, sus habitantes serían obligados a mudarse a los pueblos que si que eran "viables" o incluso a pueblos de nueva construcción.

En sus inicios la sistematización consistió principalmente en la demolición y reconstrucción de los pueblos y ciudades, en parte o totalmente, el objetivo era convertir a Rumanía en una "sociedad socialista desarrollada multilateralmente". Con este plan se pretendía traer las ventajas de la vida moderna al campo, como medida para frenar la emigración creciente hacia las ciudades. Esta emigración compuesta en su mayoría por hombres, había dejado una población rural predominantemente compuesta por mujeres, gente mayor y niños. Por otra parte las diferencias de nivel de vida entre el campo y la ciudad se habían convertido en inaceptables desde el punto de vista ideológico para un régimen comunista.

Unos 550 pueblos fueron seleccionados para convertirse en complejos agro-industriales gracias a la inversión en escuelas, clínicas, vivienda e industria. El país tendría que doblar el número de ciudades para principios de los 90. Al mismo tiempo, se hicieron planes para el resto de los 13,000 con los que contaba Rumanía. Las mayoría de estos pueblos tenían menos de 1,000 habitantes y muchos ni siquiera llegaban a los 500, muy lejos del número de habitantes necesario para garantizar la viabilidad de los servicios, 3,000. De esta manera los pueblos con pocas perspectivas de llegar a ese número fueron considerados "irracionales", tenían que ser demolidos y su población llevada a pueblos más grandes. Otras veces el se optaba por una reducción de servicios y así lograr que la gente se mudara a los pueblos "viables".

Muchos de estos pueblos "viables" primero eran total o parcialmente arrasados y después se construían bloques de pisos. Aunque la sistematización tendría que afectar a todo el país se inició en Moldavia, donde afectó al pueblo natal de Ceausescu, Scornicesti, donde la casa de su familia fue el único edificio viejo que se dejó en pie, en el resto de su pueblo las casas rusticas fueron sustituidas por altos edificios de hormigón.

El plan se llevaba a cabo con pocos miramientos, los vecinos eran avisados de un día para otro que sus actuales casas serían "sistematizadas" y tenían poca opciones de recurrir los planes, de nada servía el desagrado con el que la mayoría de la población recibía el nuevo urbanismo. Paradójicamente lo que pretendía ser un plan que fomentara la población rural, en algunas áreas tuvo el efecto contrario, por un lado la falta de fondos no permitía al estado construir edificios planificados y la norma que obligaba a que todos los edificios nuevos fueran de al menos dos plantas impedía a los aldeanos construir casas más pequeñas por su cuenta.

Los huertos privados fueron prohibidos dentro de los nuevos pueblos fueron prohibidos. La agricultura de subsistencia había producido gran parte de las cosechas de frutas y hortalizas de país. Así no es de extrañar que como efecto de la prohibición la producción de estos productos bajara en todo el país. La reacción de las autoridades fue del todo irracional, proponiendo una nueva ley que obligaba a las nuevas ciudades a ser agriculturamente auto-suficientes. De hecho un beneficio supuesto de esta concentración de las viviendas era una ganancia de suelo cultivable.

A principios de los 80, sólo el 10% de las nuevas casas habían sido construidas, los ambiciosos planes de crear 365 nuevas ciudades antes de los 80 tampoco. La ambición y el ansia de planificar chocó con la falta de fondos. Sin embargo esto no desalentaba a los planificadores estatales, que en 1988 incrementaron el número inicial de pueblos a demoler pasando de 3,000 a unos 7,000. Y centraron los esfuerzos de esta "revolución" urbanística en Bucarest donde sus habitantes acuñaron una nueva palabra para referirse a ella, "Ceaushima", resultado de combinar Ceausescu con Hiroshima.

Leer segunda parte: Ceaushima, el desquiciado urbanimos del nuevo Buscarest de Ceausescu

*foto 1: Nicolae Ceausescu, tal como aparecía en un sello rumano en 1958
*foto 2,3: Los bloques de apartamentos con apariencia soviética se extendieron por todo el país. Fotos de la ciudad Craiova (fotos de Florin Tanovici, ver foto 2, ver foto 3)

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lunes, 25 de febrero de 2008

Albania, el país de los bunkers

Bajo la dictadura estalinista de Enver Hoxha, Albania se convirtió en uno de los países más aislados del mundo. Las relaciones con los países comunistas que en un principio eran excelentes fueron rompiéndose. Quedando finalmente Albania como último bastión del estalinismo. Ante esta situación a finales de los 60 Hoxha creyó que Albania sería invadida de manera inminente, por lo que decidió sembrar todo el país de bunkers, en total entre 600,000 y 700,000. Llegado el momento de la verdad, Hoxha esperaba que sus compatriotas corrieran a su bunker más cercano y metralleta en mano defendieran la madre patria de los invasores extranjeros. Teniendo en cuenta que la población de Albania en aquellos tiempos rondaba los tres millones, se calcula que había uno por cada 4 o 5 albaneses.

Al acabar la Segunda Guerra Mundial Albania se alió con su vecina Yugoslavia, que se convirtió en su protector, concediéndole ayudas en forma de grano, créditos o comprándole sus materias primas a casi el triple del precio de mercado. Las cooperación funcionaba hasta que surgieron las primeras desavenencias y recelos sobre el papel que Albania tenía que jugar en esta alianza. Albania rompería relaciones con Yugoslavia y pasaría a caer en la órbita de la URSS de Stalin, cuya ayuda reemplazaría la yugoslava.

Tras la muerte de Stalin en 1956 la situación volvería a cambiar, la condena del régimen y los crímenes de Stalin por parte de Khrushchev, despertó el rechazo de Hoxha y este proclamó su país "reserva espiritual del marxismo-leninismo".

Más tarde en 1958 aprovechando la ruptura entre China y la URSS, Albania se acercó a la China de Mao, que substituiría el papel de la URSS en Albania, de la misma manera que la URSS lo había hecho antes con Yugoslavia. Sin embargo China no se mostró un aliado tan eficaz como la URSS, pues sus técnicos y equipos no eran tan sofisticados, ni avanzados como los soviéticos. Al igual que con sus anteriores aliados las relaciones con China también se romperían, en este caso en los años 70 tras el acercamiento "práctico" de China a las potencias occidentales en especial a Estados Unidos.

En 1968 la invasión de Checoslovaquia por parte de los soviéticos hizo temer a Hoxha que Albania fuera la siguiente, lo cuál hizo que el ritmo de construcción de bunkers se acelerara. Según cuentan algunas fuentes, el primer prototipo de estos bunkers había sido finalizado en los 50, durante su presentación Hoxha preguntó al ingeniero en jefe si estaba seguro que resistiría el ataque de un tanque, este respondió que estaba "muy seguro". Entonces Hoxha le pidió que permaneciera dentro de su creación mientras un tanque bombardeaba el bunker.

Lamentablemente para la población cuerda de Albania, el ingeniero salió ileso tras el ataque y se procedió a la producción en serie de su invento. Estos bunkers eran de hormigón armado, pero eran a su vez móviles, con la intención que fueran fáciles de colocar con un helicóptero o grúa en un agujero excavado previamente. Los había de varios tipos: bunkers de playa, para una ametralladora, instalaciones navales submarinas, bunkers subterráneos para servir de almacén. Los más comunes eran los que tenían forma de seta y podían albergar una ametralladora o una pequeña pieza de artillería de hasta 75mm.

La invasión inminente podía provenir de cualquier frente y de cualquier enemigo, además de los enemigos en el lado comunista había que añadir los enemigos "tradicionales" occidentales. Así que los bunkers proliferaron por todo el país sin una estrategia clara de defensa. Albania, pese a ser un país pobre, dedicó una cantidad inmensa de recursos a su construcción, se calcula que para la construcción del típico bunker seta eran necesarias cinco toneladas de hormigón, mientras las carreteras se encontraban en un estado lamentable, así como muchos otros servicios.

Algunos albanos aún recuerdan su sorpresa el día que los funcionarios del estado llegaron y les dijeron que iban a construir un bunker delante de su casa, algunas veces en medio de la tierra de labor.

La proliferación de bunkers por todo el país creaba un estado de inseguridad y de alerta en la población que sin duda era positivo para mantener la paranoia de la invasión inminente.

Los bunkers no fueron el único elemento de supervivencia de Hoxha, ni siquiera el más excéntrico. Era tal su temor a ser capturado o asesinado por los invasores, que algunas fuentes afirman que ordenó crear una doble suyo mejorado con cirugía para que asistiera a los actos públicos. Este no sería el único hecho que confirmaría que los temores de Hoxha eran reales, pues tras la caída del régimen comunista se encontraron arsenales de armas químicas escondidas en algunos de bunkers almacén preparadas para ser usados contra los invasores que nunca aparecieron.

En la Albania post-comunista, algunos de estos bunkers han sido utilizados por los vecinos como medio de provisión de material de construcción, otros se han convertido en almacenes o tiendas, WC públicos o incluso modernos restaurantes. Sin embargo son muchos los que aún se mantienen en pie tal como quedaron el día que cayó el comunismo en Albania, convertidos en un mal recuerdo de un pasado de paranoia y miedo para unos y como un simpático souvenir para otros.

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* foto 1: un bunker parcialmente soterrado
* foto 2,3: varios bunkers frente a un río (foto de
Neil Woodburn)


+info:
- Albania's relics of paranoid past in BBC news
- Enver Hoxha en es.wikipedia.org
- Comunismo en Albania - Historia de Albania en es.wikipedia.org
- Tirana Journal; Dictator Liked Bunkers. My, They Mushroomed in The New York Times Leer más »