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domingo, 19 de diciembre de 2010

Rafael Guastavino, el arquitecto valenciano que conquistó los techos de Nueva York

Cuando Guastavino puso rumbo a Nueva York, es difícil que pudiera imaginarse el éxito que allí le esperaba. En Estados Unidos, llegaría a colaborar con algunos de los más conocidos arquitectos de la época en la construcción de no menos de 1.000 edificios, desde capitolios, pasando por bibliotecas, catedrales o estaciones de metro. Todos ellos incorporarían alguna de sus bóvedas o cúpulas tabicadas. Una técnica popular en Cataluña, pero totalmente desconocida en Estados Unidos hasta su llegada.

Rafael Guastavino Moreno (1842-1908)

Nacido en Valencia en 1842, hasta los 16 años es educado en las artes, pero a esa edad comienza a interesarse por la arquitectura y en 1861 se muda a Barcelona para inscribirse en su Escuela Especial de Maestro de Obras. En 1868, tres años después de haber finalizado sus estudios, plantea el primero de sus grandes proyectos, la Fábrica Textil Batlló, en Barcelona. Una vez construida, la espectacularidad de la sala de telares con sus bóvedas tabicadas, o catalanas, apoyadas sobre columnas metálicas causa gran sensación.

Esas bóvedas acabarán convirtiéndose en la base de lo que más tarde sería conocido como la construcción cohesiva” de Guastavino. Un tipo de construcción que al requerir menos material y no necesitar encofrados durante su construcción resultaba económico y, además, era resistente al fuego, por lo que resulta muy adecuado para una Cataluña que se encuentra inmersa en una vorágine constructora de fábricas.

Tras el éxito de la Fábrica Batlló, son varios los empresarios que se interesaran por el arquitecto valenciano y le encargaran otras construcciones. Aunque no menos importante es el impacto que tiene entre sus compañeros de profesión, siendo muchos los que, a raíz de la construcción de la Fábrica Batlló, cambian la visión que tenían sobre la bóveda tabicada.

Se trata de una técnica centenaria para la construcción bóvedas mediante la colocación sucesiva de varias capas de ladrillos, unas encima de las otras. Los ladrillos de las diferentes capas se colocan por la cara de mayor superficie orientada hacia el espacio a cubrir y cuando se concluye una capa, mediante mortero se coloca la siguiente con un cierto esviaje respecto de la anterior, de manera que sus juntas no coincidan y así la estructura tenga una mayor resistencia. Una sola capa no aguantaría el peso, pero es la unión de varias de ellas, 2 o 3 en función de la envergadura de la bóveda o cúpula, lo que confiere a la estructura la resistencia necesaria, aun manteniendo su ligereza.

Teatro La Massa, Vilassar de Dalt (Barcelona)

Durante la construcción, en función de la amplitud del espacio a cubrir, era necesaria una cimbra deslizable de madera sobre la que colocar la primera capa de la bóveda y que, a su vez, servía para controlar la geometría, pero, en ocasiones, debido al rápido fraguado del mortero de cal o yeso, y la ligereza de los ladrillos, ni tan siquiera eso, lo que aún permitía construir con mayor rapidez, siempre que la habilidad de los albañiles lo permitiera.

La técnica parece haber llegado a la Península desde Italia durante el Renacimiento, y llegó a alcanzar gran popularidad en Madrid, donde durante el siglo XVIII comenzó a caer en desuso porque su delgadez hizo que comenzaran a ser vistas como inseguras. En Cataluña, sin embargo, donde la técnica se había utilizado para cubrir los techos de las plantas bajas de masías y también en algunos tipos de casa más urbanos, su popularidad se había mantenido.

Guastavino de pie sobre uno de sus arcos de ladrillo colocado sólo unos días antes | Boston Public Library

Bóvedas de la Biblioteca de Boston durante su construcción | Boston Public Library

En 1876, el éxito alcanzado en Barcelona, empuja a Guastavino a presentar un estudio sobre la “Mejora de la salubridad de las ciudades industriales” en la Exposición del Centenario de Filadelfia en el que destaca ampliamente las bondades de su sistema resistente al fuego para los procesos de rápido crecimiento propios de las ciudades industriales. El estudio de Guastavino recibe una cálida acogida y recibe la “Medalla al Mérito”.

Muy probablemente, este éxito es el que le anima a que cinco años más tarde, con 39 años de edad a arriesgarlo todo, abandonando su acomodada y prestigiosa posición en Barcelona y se muda a Nueva York. Ese mismo año, se inaugura otra de sus grandes obras, el Teatro La Massa en Vilassar de Dalt (Barcelona), que destaca por su impresionante bóveda de 17 metros de diámetro, 3.5 metros de flecha y un óculo central de 4 metros de diámetro.

Aunque el éxito en la Exposición de Filadelfia parece que no fue la única motivación. La posibilidad de tener acceso a materiales de mayor calidad que podrían contribuir al perfeccionamiento de su técnica, como el cemento Portland parece que tuvo un peso importante. Si bien, una vez llegado a Estados Unidos, descubrirá que allí lo que le resulta difícil de encontrar son ladrillos adecuados para sus bóvedas por lo que se verá obligado a importarlos de España hasta que él mismo los comienza a producir en su propia fábrica en Massachusetts.

Prueba de carga

Patente de una escalera resistente al fuego (1886)

Patente de una cúpula tabicada (1910)

Por último, tampoco se pueden descartar motivaciones personales ya que su mujer y sus hijos hacía unos años que habían emigrado a Argentina, por lo que Rafael se muda a Nueva York con su hijo, de 9 años, y su ama de llaves.

La situación que vive la ciudad de Nueva York es ideal para su método constructivo. Una ciudad que está inmersa en un proceso de sustitución de antiguas técnicas de construcción basadas en la combustible madera por otras que emplean nuevos materiales. También resulta decisivo la creciente aceptación del corrienteBeaux Arts impulsado por la Escuela de Chicago, un estilo arquitectónico que encajaba a la perfección con sus bóvedas catalanas.

Sin embargo, los comienzos para Guastavino no resultan fáciles. Llega con poco dinero, carece de contactos y su dominio del inglés no es el suficiente, por lo que su primera idea de forjarse una carrera como arquitecto se complica. Pese a todo, gana algunos concursos arquitectónicos y construye algunos edificios de viviendas en los que ya aplica la técnica de la bóveda catalana.

Rafael Guastavino Esposito (1872-1950)

Pero, pese a todo, Guastavino comienza a proteger con las primeras patentes de su sistema constructivo en las que remarca su “resistencia al fuego”, en un claro intento de capitalizar la preocupación existente en el país por los incendios en las grandes ciudades, no en vano el del Gran Incendio de Chicago de 1871 estaba aún demasiado presente en la memoria colectiva. En 1885, patenta su método para la “Construcción de edificios resistentes al fuego” y más tarde, ese mismo año, el “Sistema de arco de azulejo”, una técnica para construir arcos y bóvedas mediante el uso de azulejos y ladrillos entrelazados. Un año más tarde, patenta una escalera “a prueba de incendios” basada en la tradicional escalera abovedada catalana.

A estas primeras patentes le seguirán muchas otras y con el tiempo entre él y su hijo llegarán a acumular más de 24 patentes distintas, sobre materiales, morteros, refuerzos metálicos y los propios procesos constructivos que van desde la construcción de bóvedas tabicadas a las bovedillas para forjados.

Pero, ¿era realmente un método propio de los Guastavino o, simplemente, se limitaron a patentar en Estados Unidos un método constructivo que era de sobras conocido en España?

El propio Guastavino en su manual sobre construcción cohesiva trata de responder a esta cuestión y, si bien reconocía que el arco tabicado “no es totalmente nuevo”, lamentaba que su uso se había ido desvaneciendo gradualmente durante el siglo XIX y ya no era usado habitualmente en España. Sin embargo, parece que esta afirmación no es del todo cierta, y las bóvedas tabicadas eran bastante conocidas en Barcelona, más de lo que el propio Guastavino gustaba reconocer.

Oyster Bar, Grand Central Station, NYC | Low-tech Magazine

Bóvedas del Bridgemarket debajo del Queensboro Bridge, Nueva York


Por un lado, los términos “bóveda catalana” o “bóveda tabicada” aparecen habitualmente en los periódicos barceloneses de la época, por lo cual parece fácil creer que se trataba de un concepto ampliamente conocido. Por otro, Ramon Gumà en su tesis doctoral sobre fábricas textiles en Cataluña, demuestra que en la década de 1840, mucho antes de la construcción de la Fábrica Batlló, algunas de ellas ya incorporan bóvedas catalanas.

Sin embargo, parece fuera de toda duda que Guastavino, padre e hijo, llevaron la bóveda catalana hasta un nivel de desarrollo al que no había llegado antes, y esto fue posible, en parte gracias a las mejoras que ellos mismos habían incluido. Mejoras que pasaban por la incorporación de nuevos materiales, innovaciones estructurales y nuevas técnicas de construcción.

Entre las innovaciones estructurales destaca la incorporación de refuerzos metálicos entre las diferentes capas de ladrillo. La bóveda así construida es más resistente que la tradicional, pero mantiene aún la ventaja de no requerir de encofrados para su construcción, como sí sucede con las de hormigón armado. En cuanto a los nuevos materiales, muchos expertos consideran crítico para el éxito de Guastavino la sustitución del tradicional mortero de cal por el cemento Portland, mucho más resistente.

Con las escaleras sucede algo parecido a lo que ocurre con las bóvedas. Desde hace bastante tiempo la mayoría de escaleras de los edificios que se construyen en la ciudad de Barcelona siguen el modelo de escalera tabicada, en la que se basa la escalera “a prueba de incendios” de Guastavino, pero el arquitecto valenciano particulariza esta técnica incorporando varias piezas metálicas en su construcción para reforzar el arco y detalla cómo deben der ser las uniones de los ladrillos para mejorar la cohesión de la estructura.

Biblioteca del edificio New York State Education en Albany

Bóveda de la Union Station en Pittsburg

Por lo demás, la técnica de construcción de los Guastavino no difería en exceso de la tradicional a excepción de estas particularidades y mejoras. Guastavino empleaba ladrillos de terracota de tamaño estándar con un grosor de algo menos de una pulgada (2.54cm) y una base de 15cm por 30cm. Los ladrillos eran moldeados en grupos de 6, de acuerdo con un método patentado por los Guastavino que facilitaba su separación después de la cocción. En función del proyecto, podían o no tener un acabado vidriado. Los no vidriados eran ásperos, lo que les confería un aspecto más basto, pero esa aspereza también les permitía ofrecer una mayor adherencia.

En el caso de las cúpulas, los ladrillos se colocaban formando círculos concéntricos. El número de capas venía determinado por su envergadura, pero rara vez superaba las seis en los tramos más exteriores y las tres en su corona. El proceso Guastavino era sencillo; pero los resultados, espectaculares. En la bóvedas, el primer tramo de ladrillo se colocaba con ayuda de una guía de madera y mortero. Después de colocar la primera capa se colocaban las siguientes sobre la anterior poniendo una capa de cemento Portland, formando sus juntas un ángulo de 45 grados con las de la capa inferior.

Pero Guastavino era consciente que aparte de patentes, para triunfar, tenía que ganarse la confianza de los arquitectos y para ello era necesario demostrar la seguridad de aquellas bóvedas y arcos extremadamente delgados. La primera oportunidad le llegó en 1885, cuando participó en el concurso para la construcción del edificio del Arion Club. Guastavino no ganó, pero el ganador utilizó el sistema bóvedas tabicadas que el arquitecto español había propuesto. Lo mismo sucede con la construcción de la Biblioteca Pública de Boston en 1889.

La intención del arquitecto que ganó el concurso, Charles McKim, era emplear perfiles de hierro. De hecho, los perfiles ya estaban comprados, cuando Guastavino le ofreció construir los techos del edificio empleando su sistema y sin coste alguno. El arquitecto valenciano convirtió la biblioteca en un privilegiado escaparate para su obra y decidió usar siete modelos diferentes de bóveda en su construcción.

Hall de la Recepción de Ellis Island (1917), de 17 metros de altura, fueron necesarios 28.8832 ladrillos para su construcción | Matthew J. Kirby

Algunas de las cúpulas construidas por la Guastavino Co

La Biblioteca de Boston supuso el definitivo despegue de Guastavino y de la bóveda catalana en los Estados Unidos. Como prueba de ello y a raíz de su construcción, Guastavino ofreció dos conferencias en las Sociedad de las Artes del Massachusetts Institute of Technology (MIT). Un par de años antes, un profesor del mismo instituto había llevado a cabo una prueba de carga y hecho una tabla de cálculos de la misma. También, resultó decisivo el apoyo que Guastavino recibe de McKim, el arquitecto de la biblioteca, en el que muestra su “entera confianza en el sistema Guastavino”.

En 1889, no habían pasado todavía 10 años de su llegada a Estados Unidos, aprovechando que el sistema de bóveda tabicada ya se encuentra totalmente asentado, Guastavino funda la Guastavino Fireproof Construction Company. Guastavino tuvo la suerte de encontrar el socio ideal, William E. Blodgett, que se encargaría de la gestión de la empresa mientras Guastavino se centraría en los aspectos técnicos y de marketing.

A partir de ese momento, Guastavino abandona su faceta como arquitecto y pasa a centrarse en la contratista de obras, especialmente de bóvedas y cúpulas. Su hijo, Rafael, comienza a trabajar en la empresa y va adquiriendo poco a poco los conocimientos de su padre con el que colaborará activamente en la introducción de nuevas mejoras del sistema.

En Nueva York, los Guastavino llegarán a participar en la construcción de unos 360 edificios. Entre los que destacan la estación Grand Central o la espectacular cúpula de la Catedral de Saint John the Divine. Sus 30 metros de diámetro y 40 metros de altura la convertirían en la mayor de todas las cúpulas que los Guastavino habían construido y construirían, por lo que, sin duda, esta obra supuso todo un desafío para su sistema. Para hacerse con el proyecto resultó decisivo el precio que la Guastavino Company ofertó. Al no necesitar de encofrados durante la construcción, su precio fue muy inferior al del resto de ofertas. Sin olvidar, la elegante estación de metro de City Hall construida en 1900 y que tenía que convertirse en la joya de la red de metro de la ciudad.

Lejos de la Gran Manzana, destacar la bóveda de la Union Station en Pittburgh o su colaboración en la construcción de una bóveda en el Capitolio de Nebraska.

Los Guastavino utilizaban como tarjeta de presentación sus obras ya construidas y los estudios académicos, pero también acostumbraban a publicitar su sistema de construcción con numerosos artículos y anuncios en la prensa.




Estación abandonada del Metro de Nueva York, City Hall | John-Paul Palescandolo y Eric Kazmirek en HuffingtonPost.com |Más info sobre la estación en OvejasEléctricas.es

Con el tiempo, los Guastavino también exploraron las posibilidades que las bóvedas podían ofrecer en cuanto a ornamentación, como los acabados policromos o la cerámica vidriada, y sus propiedades acústicas. En este sentido, en 1911 idearon un nuevo tipo de ladrillo “Akoustolith”  que presentaba una gran capacidad de absorción del sonido. Más tarde, Guastavino hijo patentó varios tipos de yeso y consiguió otras 7 patentes relacionadas con la mejora acústica de sus construcciones, una de las cuales sobre el empleo de de bóvedas porticadas para evitar que los ruidos de un apartamento fueran transmitidos a los superiores.

Guastavino padre murió en 1908, pero la sociedad continuó de la mano de su hijo y del hijo Blodgett, que parece que se entendían tan bien como los padres, de hecho, es durante esta época que la compañía construirá algunas de sus obras más espectaculares.

Finalmente, en 1943, Guastavino hijo vende su parte de la empresa al hijo de Blodgett y se desvincula de ella. La empresa continuará casi 20 años más, hasta la muerte de Blodgett hijo en 1962, 12 años después de la de Guastavino hijo. La Guastavino Fireproof Construction Company, que había conseguido resistir la Gran Depresión, no pudo resistir el cambio de gustos estéticos ni la llegada de los nuevos materiales. Y el hormigón y el acero se acabaron imponiendo a la centenaria bóveda catalana. Entre Rafael padre y Rafael hijo, habían construido bóvedas tabicadas en más de un millar de edificios de Estados Unidos entre 1880 y 1940.

PS: El término “bóveda catalana” lo popularizo un madrileño en el siglo XVII, Fray Lorenzo de San Nicolás, maestro de obras en la Corte, en reconocimiento al buen oficio de los albañiles y maestros de obra catalanes que trabajaban en la capital.

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+posts:
- El prodigioso y desaparecido artificio que Juanelo construyó en Toledo
- Pozzo di San Patrizio, cuando el ingenio provee de agua
- El metro secreto de Nueva York

+info:
- Los Guastavino y la bóveda tabicada en Norteamérica (PDF) por John Ochsendorf 8
- Rafael Guastavino in en.wikipedia.org y es.wikipedia.org
- Las bóvedas tabicadas de Guastavino: forma y construcción (PDF) por Javier García-Gutiérrez Mosteiro
- Guastavino tile construction: an analysis of a modern cohesive construction technique (1992) by Ann Katharine Milkovich
- Bóveda catalana en es.wikipedia.org y ca.wikipedia.org
- Tiles as substitute for steel: the art of the timbrel vault in Low-tech Magazine
- Rafael Guastavino and the Boston Public Library (PDF) by Lisa J. Mroszczyk
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martes, 21 de septiembre de 2010

Bermeja, la isla que México perdió en los mapas

Según varios mapas históricos, los más antiguos de los cuales datan del siglo XVI, al norte de la Península del Yucatán, mar adentro, se encuentra una isla llamada Bermeja. Aunque su presencia se repite en mapas posteriores, hoy en día, todos los intentos de dar con ella han acabado en fracaso. Pese a todo, algunos se preguntan cómo puede ser que una isla, que aparecía en mapas oficiales mexicanos de mediados del siglo XX, se haya podido perder.

Mapa de Nicolás Sanso (1657) en la que aparece Bermeja

Las primeras representaciones del Golfo de México muestran la Península del Yucatán como una isla. En estos primeros mapas, además, se puede advertir de la presencia de una serie de islotes y bajos sin nombre situados al norte del Yucatán.

Aunque, según el historiador y cartógrafo Michel Antochiw, es en 1535 es cuando la isla Bermeja aparece, por primera vez, con ese nombre sobre un mapa. En concreto, se trata de uno bastante preciso del Golfo de México realizado por el portugués Gaspar Viegas. En dicho mapa, la Bermeja aparece acompañada por la isla de Alacranes. Ambas islas seguirán apareciendo, con o sin nombre, en mapas portugueses posteriores, desde los que saltaran a los franceses debido a la estrecha relación existente entre cartógrafos lusos y galos.

Unos años después de aparecer en el mapa de Viegas, la Bermeja también emerge de entre las aguas en los mapas realizados para España por el cartógrafo veneciano Sebastiano Caboto y publicados en Amberes en 1544. En torno a la península del Yucatán aparecen, además de Bermeja, la isla Triángulo, la isla de Arenas, Las Arcas, Triángulo, la isla Negrillos y el arrecife de Alacranes.

Unos años más tarde, en 1571, el mismo Sebastián Caboto comienza la redacción de la Geografía de las Indias. Aunque no puede acabarla al fallecer al año siguiente y tiene que terminar su obra el cosmógrafo del Rey, Juan López Velasco. Eran tiempos en que la elaboración de mapas era considerada una cuestión de estado y su elaboración se llevaba casi en secreto y no es de extrañar que las seis copias de la Geografía fueran guardadas bajo llave.

En esta obra, se advierte del peligro que suponen para la navegación las islas Triángulos, la Zarca, la de Arena, la de Bermeja y la de Negrillos. Aunque no parece que se hubiera realizado ninguna verificación sobre el terreno de la existencia de ninguna de todas ellas.

Además de en estos y otros mapas, durante este tiempo, la Bermeja también aparece en numerosos derroteros, en los cuales los exploradores describen las rutas, las costas o los fondos y otros peligros que pueden aguardar a los pilotos que naveguen por esas aguas. Sin embargo, a comienzos del siglo XIX la situación cambia. Durante 1804 y 1805, Ciriaco de Cevallos realiza levantamientos cartográficos de la zona en la que se suponía que estaban la isla Bermeja y las demás, pero no encontró ni rastro de Bermeja ni, tampoco, de la isla de Negrillos. Cevallos afirma que “esta isla que se sitúa en todas las cartas es de muy dudosa existencia”.

Según Michel Antochiw, a partir de entonces más que existir dudas de la existencia de Bermeja, se comienza a estar bastante convencido de que no existe. Pero, a pesar de ello, la isla no cae en el olvido y acabará siendo rescatada por los cartógrafos mexicanos en varios mapas de carácter oficial del siglo XIX y de principios del XX. Todo esto pese a no tener constancia de que existiera ninguna verificación marítima de su existencia.

De esta manera, en 1864 la isla aparece registrada en la “Carta Etnográfica de México” y en el libro de las “Islas Mexicanas”, editado por la Secretaría de Educación Pública, que la sitúa en 22⁰ 33′ latitud norte y a 91⁰ 22′ oeste. El mismo libro sostiene que algunas agencias federales de Estados Unidos reconocen su existencia. Pese a que resultaba imposible dar con ella, Bermeja continuó apareciendo en algunos mapas oficiales de México hasta 1946.

Isla Pérez en el Arrecife de Alacranes. ¿Tendría Bermeja, de existir, una pinta similar?

Como suele pasar en este tipo de historias sobre islotes remotos, la Bermeja tiene mucho más valor del que podría tener un pequeño trozo de tierra en medio del mar. Con el paso de los años y mediante la firma de varios tratados, Cuba, Estados Unidos y México han ido delimitando las fronteras de sus zonas económicas exclusivas en el Golfo de México. Sin embargo, existen dos áreas, conocidas como “hoyos de dona”, que aunque están fuera de ellas, han quedado totalmente rodeadas por los aguas territoriales de dos o más países. Formalmente, no pertenecen a nadie, hasta que los países colindantes decidan fijar sus límites ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU.

El occidental se encuentra frente a las costas de Texas y sus recursos se los tendrían que repartir entre México y Estados Unidos. En el oriental, que se encuentra entre las costas de Nueva Orleans y el Yucatán, Cuba también entraría en el posible reparto.

En el caso del hoyo occidental, el reparto de los 22.500 millones de barriles de petróleo que se supone podrían estar esperando en su fondo sería muy diferente de poderse encontrar la isla Bermeja. De confirmarse su existencia, México podría extender 55 kilómetros mar adentro su zona económica exclusiva en esa zona del golfo, lo que en la práctica le supondría pasar de controlar el 60% del hoyo ,que le corresponde según los tratados actuales, a controlarlo en casi su totalidad.

Es por ello que cuando México, a finales de los 90, comenzó las negociaciones con Estados Unidos para delimitar la plataforma continental entre ambos países más allá de las 200 millas náuticas de sus respectivas zonas económicas exclusivas, volvió a intentar dar con la isla Bermeja.

Vista general del Golfo de México del Mapa de las Indias Occidentales del 1796 hecho por Capitán inglés Joseph Smith Speer. Original interactivo

Detalle del mapa anterior en el que aparte de Bermeja se pueden ver Triángulos, Arcas, Negrillos y Arenas.

En septiembre de 1997, el Ministerio de Marina mexicano envió un buque oceanográfico a la zona. Aunque el barco rastreó más de 300 millas náuticas cuadradas en torno a su supuesta posición, no encontró ni rastro de Bermeja. En las coordenadas donde debía estar la isla, el fondo marino se encontraba a 1.472 metros de profundidad y era plano, por lo que no sólo la isla no estaba allí, sino que, además, parecía descartarse la posibilidad que lo hubiera estado alguna vez.

Al no encontrarse Bermeja, fueron las islas del Arrecife de Alacranes las que sirvieron de referencia a México para delimitar los límites con el vecino del norte.

Como resultado de las negociaciones, el gobierno mexicano consiguió que el del Hoyo de Dona y los demás yacimientos petrolíferos situados en la nueva frontera marítima quedaran protegidos por una moratoria que impedía a ambos países realizar ningún tipo de prospección hasta 2010. Era una manera de evitar que los norteamericanos extrajeran petróleo de estos yacimientos mediante la succión lateral y, al mismo tiempo daba tiempo a la petrolera mexicana Pemex a hacerse con los equipos necesarios para la extracción de petróleo a más de 3.000 metros de profundidad.

Con muchos barriles de petróleo en juego, México volvió a buscar la isla Bermeja en marzo de 2009. Esta vez por encargo de la Cámara de Diputados mexicana , la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) envió su buque oceanográfico a explorar la zona. Se llevaron a cabo mediciones con ultrasonidos hasta una profundidad de 472 metros y se examinó un área de más de 220 kilómetros cuadrados. El intento no tuvo éxito, si bien no se descartaba que la isla pudiera encontrarse en otras coordenadas diferentes o que hubiera existido, pero hubiera desparecido a causa de un deslizamiento geológico.

Dos meses después, en mayo, fue el barco Río Tuxpan de la Armada de México el que intentó encontrar la isla. El Río Tuxpan tampoco tuvo suerte y tampoco consiguió dar con la isla, llegando a la conclusión que lo más posible es que Bermeja sólo hubiera sido un error cartográfico.

Los Hoyos de Dona

Finalmente, fue la Televisión Azteca la que decidió patrocinar otra expedición marítima para encontrar Bermeja. La expedición, que contaba con medios técnicos más limitados que las dos anteriores, tampoco pudo dar con la isla.

Aparte de por mar, durante todo este tiempo, la isla también ha sido buscada desde el aire, aunque en todos los casos el resultado ha sido el mismo que desde el mar: ni rastro de ella.

Sin embargo, todas estas evidencias no han conseguido convencer a todos de la no existencia de esta isla que hasta hace tan poco aparecía en mapas de México. De hecho, incluso entre los dispuestos a admitir que ya no existe, hay los que creen que ello no significa que no haya podido existir, por lo que buscan posibles explicaciones a su desaparición.

Algunos políticos mexicanos creen que la isla Bermeja habría sido un arrecife coralino o un banco de arena, pero habría desaparecido a causa de algún maremoto. Otros creen que la culpa la tiene el aumento del nivel del mar causado por el calentamiento global. Según estos últimos, Bermeja descansaría ahora sumergida un metro por debajo del nivel de las aguas.

Una última versión, aún más conspirativa, achacaría la desaparición de la isla a la mismísima CIA,que debido a su importancia económica la habría dinamitado. Además, estos políticos sospechan que durante la negociación del tratado del año 2000, los negociadores mexicanos sabedores de las riquezas petrolíferas que escondía el fondo del Hoyo de Dona occidental pudieron haber hecho un uso privilegiado de esa información en beneficio propio.

No obstante, la explicación que, según los expertos, parece más verosímil es que Bermeja nunca existió, sino que se trata de una isla fantasma más. Es decir, una isla que aparece en los mapas históricos durante un tiempo y va pasando de unos mapas a otros hasta que finalmente se comprueba que no existe. Algunas de estas islas fantasmas surgieron al ubicar incorrectamente islas reales, aunque otras sí que pudieron haber existido, pero al tratarse de islas muy frágiles (bancos de arenas, arrecifes o conos volcánicos) acabaron desapareciendo. ¿Sería Bermeja una isla de este último tipo, tal como defienden algunos políticos mexicanos?

PS: Bermeja no es la única isla mexicana desparecida de los mapas. Tampoco se ha podido encontrar Negrillos ni otros cuantos cayos o bajos similares.

Gracias a Jesús Marmolejo por avisarme desde México D.F de la existencia, o no existencia, de esta isla.

Enlace permanente a Bermeja, la isla que México perdió en los mapas

+posts:
- Ferdinandea, la isla que vino, se fue y tal vez vuelva
- Rockall, la roca en medio del mar
- El archipiélago de Svalbard
- Tavolara, el que fue el reino más pequeño del mundo
- San Pedro y Miquelón

+info:
- Isla Bermeja en es.wikipedia.org en.wikipedia.org
- La isla Bermeja en los textos de y la cartografía(PDF) de Michel Antochiw Kolpa para INEGI
- México busca la isla del tesoro en ABC.es
- Número 195 de la Gaceta del Senado Méxicano
- Oil boom fuels mystery of the missing island in the Mexican Gulf in The Times
- Van diputados en busca de la Isla Bermeja en ElPorvenir.mx
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martes, 7 de septiembre de 2010

Entrevista con Xavier Jufre de El Artificio de Juanelo Turriano

Unos días después de publicar el post sobre el Artificio de Juanelo, recibí un correo de Xavier Jufre, el ingeniero que ha propuesto el último modelo que intenta explicar cómo funcionaba tan prodigiosa obra. Fue toda una sorpresa y, ya puestos, se nos ocurrió la idea de realizarle una pequeña entrevista para que nos pudiera hablar del Artificio y explicar su modelo. Creo que el resultado ha valido la pena.


Preséntanos tu web, El Artificio de Juanelo Turriano.

La web es el espacio donde poder mostrar de manera más visual el nuevo modelo de Artificio, en el libro se pueden encontrar los argumentos, cálculos…, pero una imagen animada de un tramo de Artificio expone de la mejor manera posible su funcionamiento. Por otro lado, la web quiere ayudar dentro de sus posibilidades, a la difusión de la figura de Juanelo Turriano y de su ingenio del agua.

¿Cuándo y por qué te comenzaste a interesar por el artificio?

Más o menos fue en el 2002, cuando me regalaron un libro antiguo sobre la historia de la técnica, “Los Ángeles de Hierro” de Walther Kiaulehn. En el encontré la primera referencia sobre los Artificios, y también la primera conjetura sobre su funcionamiento, la elaborada en 1888 por Luis de La Escosura. La existencia de estos ingenios me sorprendió mucho y busqué un poco más de información, descubriendo que existían otras conjeturas, pero que la controversia acerca de la validez de las mismas aun seguía viva. La polémica sobre la validez de las conjeturas, la singularidad e importancia histórica de los Artificios y la vida novelesca de Juanelo Turriano fueron una mezcla que avivó la curiosidad, y sin darme cuenta, al cabo de un tiempo, ya se empezaban a acumular en casa textos y referencias acerca del Artificio.

Creo que tu propuesta para artificio formó parte de un proyecto final de carrera, ¿qué fue antes, el proyecto final de carrera o la idea de la propuesta?

No es ningún proyecto final de carrera. El interés por el Artificio, mezclado con la profesión de ingeniero y la afición por la historia, ha sido el detonante del tiempo dedicado al asunto. Nunca ha sido un “trabajo”, un proyecto a realizar con un objetivo final, el asunto se planteó como un divertimento, el proceso de búsqueda de información fue muy gratificante y aprovechamos incluso el tema en algunos periodos de vacaciones junto a mi esposa, para visitar archivos históricos, bibliotecas, Toledo en varias ocasiones, ….

Lo sorprendente era que todo el conjunto tomaba cuerpo, el proceso de elaboración de un nuevo modelo no era un objetivo original, permitiendo una dedicación al asunto sin ninguna presión, totalmente voluntaria y con el ánimo de aprender y disfrutar con ello. No haber sido un proyecto final de carrera, no implica falta de rigor en el planteamiento y ejecución de la investigación, en el momento de editar el libro con el nuevo modelo de Artificio, este ha contado con el apoyo de la Fundación Juanelo Turriano de Madrid, el grupo de investigación de la Universidad de Lleida Espai, Poder i Cultura”, y el Colegio Superior de Ingenieros Industriales de Catalunya.

¿Cómo postulas tu diseño, como un modelo de artificio que podría haber funcionado o como el modelo que construyó Juanelo?

Como el modelo que construyó Juanelo. El modelo está basado en documentos históricos y muy especialmente en el relato de Ambrosio de Morales. Este relato es el más extenso y el único elaborado por alguien a quien el propio Juanelo le mostró el Artificio funcionando y, antes de comenzar la construcción, la maqueta. Además, Ambrosio de Morales era amigo personal de Juanelo, todos los modelos que entren en contradicción con el texto de Ambrosio de Morales ya ofrecen de base serias dudas. Para dar cuerpo a la nueva conjetura, esta va acompañada de un numeroso apartado de cálculos, en el que se justifican las soluciones mecánicas y cadencias de movimientos propuestas.

Esquema del artificio según el Chantre de Évora

¿Cómo encaja el diagrama del Chantre de Évora con tu modelo?

Este diagrama fue realizado por Manuel Severim en mayo del 1604, cuando con 21 años de edad y pasa 4 días en Toledo. Fue un alto en el camino que realizó el séquito encabezado por el Chantre de Évora (maestro del coro de la catedral de Évora) en su peregrinación hacia el monasterio de Guadalupe, en agradecimiento por el fin de un brote de peste que asolaba Évora. Durante su estancia en Toledo, Manuel aprovechó para visitar la ciudad, la catedral y también se fijó en los Artificios de Juanelo.

Existen varios puntos determinantes a considerar:

Los Artificios de Juanelo se ubicaban dentro de construcciones de obra civil que los protegían de la intemperie y ocultaban su visión. Sus partes más fácilmente visibles eran los extremos, la orilla del río Tajo donde los Artificios recogían agua y la llegada en el interior del Alcázar donde se depositaba el agua en unas arcas.

En 1604 ya hacía casi 20 años que había muerto Juanelo. Desde 1598, el encargado del mantenimiento de los Artificios era Juan Fernández del Castillo, quien propuso un nuevo sistema de abastecimiento con bombas de embolo para sustituir los Artificios ya que, aparte de tener un mantenimiento difícil, uno de ellos se encontraba ya bastante deteriorado por estar construidos ambos de materiales perecederos, sobre todo, madera. Juan Fernández del Castillo introdujo modificaciones en los Artificios y ensayó en el tramo más cercano al Tajo su propia propuesta. Este nuevo tramo se terminó en 1602 y se dejó funcionando en fase de pruebas hasta 1605, momento en que el rey Felipe III autoriza su construcción definitiva. El ingenio de Castillo se ubicaba adosado a los muros exteriores de los edificios que protegían los Artificios de Juanelo, siendo totalmente visibles.

Restos del Artificio de Juanelo hacia 1860. Fotografía de Charles Soulier. Original en Toledo Olvidado

Los Artificios de Juanelo eran famosos por su singularidad, espectacularidad y complejidad. Una muestra de esta afirmación se halla en el relato de Jehan Lhermite “Le passetemps de Jehan Lhermite, depuis son voyage d’Espagne”, quien formó parte de la corte real de Felipe II entre 1597 y 1602, donde se cita:

“Aunque es cosa ciertamente muy admirable que, como he dicho, ya he descrito, nunca he podido obtener un proyecto o representación fidedigna de esta máquina para satisfacer mi deseo de presentar una imagen viva que pueda contentar ocularmente a mis lectores, y si bien creo que el entendimiento humano y su intelecto pueden entender lo que es, difícilmente es posible comprender el artificio, industria e invención de este ingenio sin ver una representación suya. Así pues, me esforcé mucho en obtener una imagen fidedigna, pero hasta el día de hoy no he conseguido nada, y también resultaron vanas las muchas solicitaciones que hice sobre este punto ante Juan Baptisto Monnegro, arquitecto del rey, presidente en el mencionado palacio, que es la persona que lo gobierna, quien no dejó de persuadirme en todo momento para que desistiera de mi empeño,....., me escribió en una breve nota que me envió en la que me decía en sustancia que para dar a entender bien y explicar cabalmente el misterio de este ingenio sería necesario en primer lugar hacer un libro lleno con las diferentes representaciones y que después todavía, para dar aún inteligencia más viva de ello, sería menester componer varias maquetas de madera, puesto que – me escribió- no hay en el mundo hombre capaz de comprender lo que es este ingenio por una sola representación.”

Los Artificios de Juanelo tienen que ser por definición ingenios complejos y espectaculares, los esquemas de Manuel Severim no cumplirían este requisito, además entran en contradicción con el relato de Ambrosio de Morales, en ningún relato histórico se habla de la existencia de torres y mucho menos separadas entre ellas, que es lo que requiere el esquema de Manuel Severim, de elevaciones puntuales en torres de cazos separadas entre sí. En un fragmento del relato de Manuel Severim se cita:

”Solamente el primer tramo del ingenio está a pique y derecho. Después se va adaptando a los desniveles del terreno, con sus descansos, a veces más rasantes, a veces más levantados, todo recubierto con madera y ladrillos franceses, de manera que por fuera se advierte.”

El propio Manuel Severim parece indicar la existencia de un primer tramo a orillas del río donde el ingenio puede ser una torre de cazos como su esquema indica, pero luego apunta que el Artificio transcurre dentro de edificios de obra, de manera continua, adaptándose a las pendientes y llanos del recorrido hasta el Alcázar. La no existencia de torres se visualiza en los grabados de Toledo del s.XVI y posteriores, donde se identifican los Artificios de Juanelo como una construcción continua y serpenteante que recorre la ladera desde el río hasta el Alcázar.

La conclusión sería que Manuel Severim observó alguna modificación introducida en los Artificios tras la muerte de Juanelo.

Imágenes y simulaciones del modelo propuesto por Xavier Jufre fotos en su web El artificio de Juanelo Turriano

¿Qué opinas de los otros modelos de funcionamiento del artificio?

El de Luis de la Escosura (1888) y el de Theodor Beck (1899), actualmente están descartados por no poder remontar los desniveles existentes en las laderas entre el rio Tajo y el Alcázar.

El modelo de Torres Oscilantes (Reti-1967 y modificación de N. García Tapia), entre otros puntos conflictivos, no explica movimientos tan importantes como la parada de los cazos durante el intercambio de agua mientras el resto del Artificio sigue en movimiento, y que el intercambio de agua solo se realiza mientras los cazos están detenidos. Existen divergencias con los inventarios de piezas que los oficiales del Alcázar realizaron al desguazar los artificios. Los textos históricos no mencionan la existencia de torres, necesarias para implementar el modelo de Torres Oscilantes, y siempre se representan los Artificios en las vistas de Toledo como un elemento continuo. Afirman las argumentaciones de este modelo que Ambrosio de Morales, cronista de Felipe II, y a quien Juanelo en persona le mostró el primer Artificio construido, se confunde en su apreciación de la escalera de Valturio y se trata tan solo de una semejanza, pero Ambrosio de Morales escribe:

“ La suma della es anexar o engoznar unos maderos pequeños en cruz por en medio y por los extremos, de manera que en Roberto Valturio esta una machina para levantar un hombre de alto, aunque esto de Juanelo tiene nuevos primores y sutilezas.”

Parece excesivamente aventurado afirmar que Ambrosio de Morales se confunde.

El modelo de J. Luis Peces Ventas, es ingenioso e intenta mejorar un tipo de conjetura cercana a la de Luis de la Escosura, pero arrastra numerosas lagunas en su definición.

Escala de Valturio en su “De Re Militari” del 1462. Disponible en googlebooks

Una de las bazas de tu modelo es el uso de escalas de Valturio, que el resto "simula", ¿qué otras ventajas tiene tu modelo? ¿y desventajas?

El modelo de Escaleras de Valturio responde muy bien a lo que los textos históricos describen acerca de los Artificios, da respuesta mecánica a todos los movimientos que nos cuentan que tenían, y va acompañado de un apartado de cálculos que sustentan las implementaciones mecánicas propuestas.

Siempre se han buscado referentes mecánicos en otras obras de ingeniería renacentistas, con el fin de reforzar que las conjeturas que se exponían eran realizables en el entorno del siglo XVI, así pues Luis de la Escosura, Theodor BecK, Ladislao Reti, N. García Tapia y J. Luis Peces las habían hallado en las láminas núm. 95 y 96 del tratado de máquinas de Agostino Ramelli “Le diverse et artificiose machine” (París, 1588). Los ingenios presentados en estas láminas por Ramelli, no pueden ser los referentes de los Artificios, los ingenios de Juanelo eran tan famosos por ser singulares y espectaculares, ¿cómo pueden aparecer en el tratado de Ramelli y ser de concepción tan simple?

El modelo de escaleras de Valturio halla sus referentes en algunas soluciones mecánicas expuestas en el manuscrito que dejó Giovanni di Dondi, donde detalla los pasos seguidos en la construcción de la principal maquinaria de la edad media, el Astrario (1380), el reloj astronómico que en 1530 quisieron regalar a Carlos V durante su coronación en Milán, pero que ya estaba en un estado de conservación deplorable, el cual fue inspeccionado por Juanelo que determinó que la mejor opción era construir uno nuevo, lo que motivó que Juanelo construyera el Reloj Grande o Planetario, actualmente desaparecido y considerado uno de los relojes astronómicos renacentistas más importantes.

En la página del Artificio de Juanelo Turriano se pueden activar las animaciones que reproducen el funcionamiento del Astrario. Algunas de las soluciones mecánicas del Astrario, son muy parecidas a las del modelo de Artificio con Escaleras de Valturio, conocidas y usadas por Juanelo, que como debemos tener presente, era relojero real de Carlos V y más tarde de Felipe II.

¿Crees que alguna vez tendremos la suerte de poder conocer con certeza como era el auténtico artificio?

Siempre es posible que en cualquier momento y parte del mundo aparezca un documento o incluso la propia maqueta que construyó Juanelo, pero lo más importante es que se conozca y valore la vida y obra de Juanelo Turriano, y muy particularmente los Artificios del agua de Toledo.

¿Existieron otros artificios similares en el mundo? ¿Y en España o Sudamérica?

No se conoce ninguna infraestructura hidráulica renacentista tan famosa como los Artificios de Juanelo Turriano.

Restos del Artificio de Juanelo hacia 1860. Fotografía de Charles Soulier. Original en Toledo Olvidado

¿Fue tan injusto el trato que recibió Juanelo como nos puede parecer leyendo su historia?

Su vida es una historia increíble y terriblemente injusta, en aquella época muchos ingenieros acababan sus días en la miseria, siendo tratados pésimamente, habiendo tenido vidas aventureras y arriesgadas, pero el caso de Juanelo es espectacular. Contando 65 años, gozando de la confianza del rey, taller en la torre dorada del Alcázar de Madrid, y situación económica holgada, decide afrontar el reto de subir agua a Toledo para uso del Alcázar y de la propia ciudad, asume la inversión de la obra que solo recuperará si logra su objetivo, y todo ello siendo conocedor de que los anteriores intentos de construir un abastecimiento de agua han fracasado.

Consigue su objetivo, es más, logra subir un 50% más de agua que la que se había pactado, y aun así, muere en la miseria más absoluta, tanto suya propia como la de su familia.

Podemos hacernos una idea al leer la última carta escrita por Juanelo a Felipe II, y que le llegó al rey de manera póstuma:

“Ya que Dios nuestro señor no es servido que yo pueda ver volver a V. Md. (pues a lo que dicen los médicos y a lo que yo de mi siento el fin de mi vida será muy presto) quiero por este memorial hazer saber a V. Md. que por dos cosas la dejo con grandissimo desconsuelo. La una porqué por mis muchas deudas y por ser yo estrangero y morir en esta ciudad aonde me han tratado como sabe V. Md., queda con mi muerte mi casa en tan extrema necesidad, que se avra de pedir limosna para me enterrar...”

Aunque se puede considera una obra genial, desde el punto de vista ingenieril ¿no fue un error no tener en cuenta lo costoso y complicado de su mantenimiento?

Con perspectiva histórica y desde el punto de vista práctico, una propuesta como la de Juan Fernández del Castillo era la solución más útil y eficiente, pero con toda seguridad también podemos afirmar, que no hubiera tenido la fama que obtuvieron los Artificios de Juanelo.

¿Por qué no se repararon los artificios a medida que se iban averiando?

Hasta 1598 se mantuvieron operativos y mantenidos por descendientes de Juanelo, pero luego, a Juan Fernández del Castillo también le interesó que los Artificios fuesen vistos como un nido de problemas, eran una manera de ganar argumentos a favor de la construcción de su propuesta de abastecimiento.

¿Alguna otra obra maestra de la ingeniería que te tenga tan robado el corazón como el Artificio?

Hay varias, pero me gustaría remarcar todo el entorno de Las Médulas y los trabajos que realizaron los romanos para extraer oro, es algo tan increíble, que aun hoy podemos observar el paisaje modificado que nos dejaron.

Muchas gracias, Xavier, y felicidades por tu fascinante trabajo de investigación.

Para saber más, no os dejéis de visitar su web de El Artificio de Juanelo Turriano. Más información sobre el libro de Xavier "El artificio de Juanelo Turriano para elevar agua al Alcázar de Toledo (S. XVI). Modelo con escaleras de Valturio" la podéis encontrar en la Fundación Juanelo Turriano o la Editorial Milenio.
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martes, 16 de marzo de 2010

El prodigioso y desaparecido artificio que Juanelo construyó en Toledo

El 23 de febrero de 1569, en Toledo, se puso en funcionamiento un artificio mecánico capaz de subir al día más de 14.000 litros de agua desde el río Tajo hasta el alcázar de la ciudad. Eran 100 metros de desnivel, una altura que había resultado insalvable para la tecnología de la época, pero Juanelo Turriano lo había conseguido. Cómo lo hizo es, todavía hoy, motivo de debate.


Posible reconstrucción romano que estuvo en pie hasta el siglo X. Original en Toledo Olvidado

Juanelo Turriano, de nacimiento Giovanni Torriani, nació en el Milanesado en 1501. Poco se conoce poco de su infancia. Su leyenda lo retrata como un pastorcillo de familia humilde dotado con un talento innato para la astronomía. Sin embargo, parece más realista pensar que fue su amigo Giorgio Fondulo, un profesor de la Universidad de Pavía, el que lo inició en dicha ciencia.

Según algunos, Turriano habría comenzando a formarse trabajando en el taller de su padre, del que se desconoce el oficio, pero al que el propio Turriano se refiere como “maestro” en alguno de sus escritos. Según otros, su padre era sólo un humilde molinero del río Po. En cualquier caso, se da por hecho que Turriano no acudió a la universidad, sino que adquirió la mayor parte de sus conocimientos mediante la práctica y no la teórica. Aunque no por ello era un iletrado analfabeto.

Años más tarde, ingresaría como aprendiz en algún taller de relojería de Cremona, donde, con el tiempo, conseguiría el grado de maestro. Posteriormente, se mudaría a Milán, donde daría sus primeros pasos como inventor de máquinas ingeniosas. Diseñó una potente grúa, una máquina para dragar la laguna de Venecia (auténtico desafío de la ingeniera italiana de la época) y mejoró algunas bombas de agua.

En 1530, Turriano conocería a Carlos V durante su visita a Milán. Francesco II Sforza, duque de la ciudad, quiso obsequiar al emperador, un apasionado de los relojes, con el astrario de Giovanni Dondi, que era considerado una maravilla de la época. Turriano recibió la distinguida misión de volver a ponerlo en marcha, aunque, finalmente, se empeñó en construir uno nuevo. Le llevó más de 20 años de trabajo, pero Carlos V quedó encantando con su obra, por lo que le concedió una pensión vitalicia y le encargó otro planetario: el “Cristalino”.

Según las descripciones de la época, el nuevo planetario se trataba de “una esfera de metal, cubierta por un cristal, en el cual un zodiaco tenía su propio movimiento”. En el año 1554, Carlos V lo nombra Relojero Real y Turriano se incorpora al servicio del emperador en Bruselas. Allí conocería, entre otros, a Juan de Herrera, y, años más tarde, acompañaría al emperador a su retiro en Yuste, con el que permanecería, hasta su muerte en 1558, encargándose del mantenimiento de sus relojes.

Tras la muerte del emperador pasó al servicio de su hijo, Felipe II. El nuevo monarca no era tan aficionado a los relojes y autómatas como su padre, pero no quiso prescindir de sus servicios, así que lo nombra Matemático Mayor. El italiano asesora a la Corona en numerosas obras de ingeniería (especialmente, hidráulicas), como las del Canal del Jarama, la presa de Colmenar o del embalse de Tibi. Durante este tiempo, además, diseña las campanas de San Lorenzo del Escorial, construye varios molinos y continúa creando nuevos autómatas, algunos tan conocidos como el misterioso “Hombre de palo”.

Escala de Valturio en su “De Re Militari” del 1462. Disponible en googlebooks

Es en 1565 cuando Turriano se instala definitivamente en Toledo. Para aquel entonces, la ciudad ya no es la capital imperial, pues ya hace unos años desde que Felipe II estableció su Corte en Madrid. En los años en los que lo ha sido, Toledo ha vivido una época de esplendor y expansión demográfica, aunque no ha resuelto su problema de suministro de agua que arrastra.

Durante la época romana, el agua llegaba hasta la ciudad gracias a un acueducto-sifón. Un tipo de acueducto que se valía del uso del principio de los vasos comunicantes para reducir su altura. Para ello, el agua no circulaba a cielo abierto, sino que lo hacía por dentro de una cañería. El acueducto, que tenía menos altura que los puntos que unía, estaba compuesto por un primer tramo descendente, seguido de uno llano y, finalmente, otro ascendente para recuperar el nivel. De no haberse construido el tramo llano, la presión a la que se hubiera visto sometida la tubería hubiera sido mucho mayor.

Una vez en la ciudad, el agua se almacenaba en un sistema de depósitos, del que la Cueva de Hércules parece que formaba parte, y del que la gente se abastecía. Sin embargo, después del abandono que sufrió durante la Edad Media, en el siglo XVI apenas quedaban las ruinas del acueducto. La noria gigante que se había construido en tiempos de la dominación musulmana también había desaparecido. Así que Toledo no tenía otra opción que ahogar su sed con los cántaros de agua que se subían a lomos de burros cada día desde el Tajo. Era un método ineficiente y penoso, los animales tenían que superar un desnivel de casi 100 metros cargados con los cántaros.

Varios habían sido los intentos para “modernizar” la situación, pero todos sin éxito. Los sistemas de bombas fracasaron por la enorme presión a la que sometían, y que eran incapaces de aguantar, las tuberías. Para reducir la presión, se pensó en un sistema que superara el desnivel por etapas, aunque la idea tampoco funcionó.

No es de extrañar, entonces, que en una de sus primeras visitas a Toledo, Turriano ya recibiera el desafío por parte de Alfonso de Ávalos, Marqués del Vasto de idear un método más eficiente para llevar el agua hasta la ciudad. El proyecto, sin embargo, parece que quedó aparcado hasta el 1565, cuando la ciudad lo contrató a sugerencia de Felipe II. Después de cerrar un acuerdo con los representantes del monarca y de la ciudad, Turriano se puso manos a la obra a trabajar en su artificio. El ingeniero correría con los gastos de la obra y la ciudad le pagaría cuando estuviera acabada y comprobara que funcionaba. 8.000 ducados del rey y una renta de 1.900 de la ciudad para él y sus sucesores.

En sólo cuatro años, el ingenio estaba listo y suministraba a la ciudad unos 14.100 litros al día, un 50% más de lo comprometido. La primera subida de agua fue el 23 de febrero de 1569. Las autoridades de la ciudad pudieron comprobar lo bien que funcionaba, pero, para sorpresa de Turriano, rehusaron pagar arguyendo que puesto que el agua se almacenaba en el Alcázar era para uso exclusivo del palacio real y no para el de la ciudad.

Frustrado y en una situación económica complicada, Turriano propuso a la ciudad la construcción de un segundo artificio. Esta vez sería él el que retendría los derechos de su explotación. La obra se completó en 1581 y, esta vez, al parecer, Turriano sí que cobró. Aunque su calvario no había acabado. El ingeniero no podía hacer frente a los posteriores costes de mantenimiento del ingenio y tuvo que acabar cediendo su control a la ciudad.

El artificio había causado gran sensación. No sólo dentro de España, donde la mayoría de grandes escritores del Siglo de Oro lo mencionan en sus obras, sino también fuera. Hasta entonces sólo se había conseguido subir agua a menos de la mitad de la altura a la que lo hacía la máquina de Juanelo, unos 40 metros, en Augsburgo (Baviera) usando un tornillo de Arquímedes. Pero pese al éxito y el renombre ganado, Turriano moriría en su casa de Toledo casi en la indigencia el 13 de junio de 1585, poco después de haberse visto obligado a ceder su artificio a la ciudad al no poder hacerse cargo de su mantenimiento. Su cuerpo fue enterrado de caridad en el Convento del Carmen.


Lo poco que quedaba del artificio en 1868. Antes de ser demolido. Fotos originales en Toledo Olvidado

Las máquinas, sin embargo, continuaron funcionando hasta el 1639, aunque cada vez dando un rendimiento menor. Para entonces, por culpa de la falta de mantenimiento y del robo de piezas, las dos máquinas ya estaban en un muy mal estado. Ese año, la primera fue desmantelada y la segunda se dejó en pie como símbolo de la ciudad. Sin los artificios de Juanelo, la situación volvió a la normalidad y el agua volvió a subir a la ciudad a lomos de sus burros. Con el paso del tiempo, poco quedó del segundo. El pillaje lo acabó reduciendo a ruinas también.

Pero pese al paso de los años y la desaparición física de la maquinaría, la admiración por el artificio no se ha perdido, y la respuesta a la pregunta de cómo funcionaba el Artificio de Juanelo todavía sigue siendo motivo de controversia. Han sido varios los que han intentado encontrar una explicación y varios los modelos propuestos, pero no es una tarea fácil, al no haberse conservado ningún plano o dibujo del artificio. Lo único con lo que han podido contar, los que lo han intentado, ha sido con las descripciones efectuadas por los viajeros y escritores de la época.

El primero en enfrentarse al reto fue el ingeniero de minas Luis de la Escosura y Morrogh en 1888. El ayuntamiento de Toledo le había encargado un estudio sobre el problema de abastecimiento de agua de la ciudad, que en esa época aún seguía sin solución. Escosura aprovechó para interesarse por el antiguo artificio e intentó averiguar cómo funcionaba. Escosura partió de lo que había dejado escrito sobre el artificio Ambrosio de Morales, amigo y humanista de Juanelo. Sin embargo, pronto se dio cuenta era demasiado complicado hacerse una idea de su funcionamiento sólo con esa descripción, por lo que decidió buscar la inspiración en alguna ilustración de algún libro de la época.

Vista general y detalle de la máquina de Ramelli para elevar agua de un río. Original(PDF)

Al cabo de un tiempo, Escosura creyó encontrar lo que buscaba en una lámina del ingeniero renacentista italiano Agostino Ramelli en la que muestra el diseño de una máquina para elevar agua. Escosura, sin embargo, hizo pequeñas adaptaciones para que la máquina se ajustara mejor con la descripción de Morales. Cambió los cajones y canales por cazos metálicos y caños, y sustituyó la transmisión original de la lámina por una basada en escalas de Valturio, para hacerla encajar mejor con el fragmento de la descripción de Morales: “La suma de [esta invención] es anexar o engoznar unos maderos pequeños en cruz por en medio y por los extremos, de la manera que en Roberto Valturio está una máquina para levantar un hombre en alto”.

Estas escalas, accionadas por el giro de una rueda, se moverían de forma alternativa y proporcionarían a los cazos el movimiento de vaivén que la máquina de Ramelli necesitaba para su funcionamiento. Un cazo primero descendería para recoger el agua del cazo anterior para luego ascender y verterla sobre el cazo que le seguía. De esta manera, de cazo en cazo, el agua iría ganando altura. Para completar el modelo, Escosura le agregó otra noria que movería una cadena o correa con vasijas de agua y que sería la que subiría el agua desde el río hasta la primera de las máquinas.

Durante mucho tiempo, la hipótesis postulada por Escosura en su “El artificio de Juanelo y el Puente de Julio César” fue ampliamente aceptada, hasta que el investigador de la técnica Ladislao Reti, intrigado por la cuestión, decidió investigar más. En seguida, comprobó que existía más descripciones y documentos de la época de que los que Escosura había usado para formular su hipótesis y, en 1967, propuso su propio modelo.

El torreón de Ramelli

Curiosamente, Reti también se sirvió del mismo libro de Ramelli, “Le diverse et artificiose machine”, para inspirarse, pero reconoció el artificio de Juanelo en una lámina distinta. También se trataba de una máquina que servía para elevar agua gracias a una noria, pero esta vez lo que se hacía oscilar eran los cazos situados en una torre de manera vertical, no sobre un plano inclinado. Según Reti, este sería el verdadero secreto del artificio. Los cazos, o cucharones, de la torre oscilarían de manera que el agua iría pasando de cazo en cazo a través de un caño o tubo hasta subir al depósito superior, desde el cual los cazos de la siguiente torre se encargarían de seguir elevando el agua.

El artificio también estaría compuesto además por dos ruedas hidráulicas. La primera funcionaría como una noria normal y serviría para superar los primeros 14 metros de desnivel. Mientras que la segunda proporcionaría la fuerza motriz para hacer oscilar los torreones de cazos. Con varios de estos torreones el agua superaba finalmente todo el desnivel.

Las dos posiciones de una de las torres

Modelo del artificio completo siguiendo el modelo de cazos oscilantes. Original

Unos años depués, el estudioso Nicolás García Tapia corrigió algunas de las imprecisiones de este modelo y propuso un nuevo modelo basado en él. El mayor problema del anterior modelo era que las torres contaban con una única vía de agua, cuando en la mayoría de documentos siempre se habla de dos. Tampoco parecía coincidir la apariencia de las torres con la descripción que dio de ellas un viajero inglés, según la cual “…los dos lados de la máquina parecían dos pies que alternativamente pisaban el agua, como los hombres que exprimen las uvas en el lagar cuando la vendimia…”.

Teniendo en mente estos problemas y algunos otros, García Tapia propuso unas modificaciones a la solución de Reti. Las torres de su modelo son, en cierta manera, el resultado de combinar ingeniosamente dos de las de Reti en una sola. De esta manera, las torres tendrían dos vías de agua y una apariencia simétrica, lo que haría que su movimiento bien pudiera recordar al de un hombre saltando alternativamente sobre cada uno de sus pies.

Modelo modificado de García Tapia, ver animación

En la actualidad, la de García Tapia es la hipótesis defendida por la Fundación Juanelo Turriano. Sin embargo, tiene, aparentemente, un defecto: no utiliza las escalas de Valturio de las que habla Ambrosio Morales. Según los que apoyan la teoría, tal problema no existe. Por un lado, Morales bien podría haber confundido la disposición de las tablillas que unen los cazos con una de esas escalas, pues la forma es similar, y, además, la descripción de Morales es un tanto ambigua y no permite concluir con total seguridad si bien se refiere simplemente al modo en que estaban encajadas las tablillas unas con otras o si, en efecto, formaban una escala.

Además, la teoría de Reti-García Tapia se vio reforzada con hallazgo y publicación en la Revista de Estudios Extremeños del casi desconocido “Itinerario hispánico del Chantre de Évora en 1604” . Un relato en el que un canónigo de Évora cuenta su peregrinación de 30 días por el centro de España y que le lleva a visitar Toledo. Como no podía ser de otra manera, allí visita el artificio del que dice estar formado por varias torretas oscilantes de cazos que subían el agua de forma escalonada. El documento además incluye unos esquemas, que aunque son bastante rudimentarios, son los únicos realizados por alguien que viera el artificio en funcionamiento.

Esquema del artificio según el Chantre de Évora

Más recientemente, el ingeniero Xavier Jufre (ver entrevista) ha propuesto un nuevo modelo basado totalmente en escalas de Valturio, en este caso verticales. Las diferentes escalas, situadas sobre un plano inclinado, se moverían de forma alternativa hacia arriba y abajo. De manera que cuando una escala se encuentra desplegada del todo, y sus cazos se encuentran en su posición más alta, vierte su agua sobre la siguiente, que se encuentra su posición más baja al estar casi plegada del todo. De esta manera, el agua iría pasando de escala en escala hasta superar todo el desnivel. Las escalas se plegarían y desplegarían mediante un sistema de transmisión accionado por el movimiento de una noria.

El mecanismo según Xavier Jufre Garcia. Original

PS(i): En el 1998 se firmó un contrato para reconstruirlo.
PS(ii): El príncipe heredero de Japón, Naruhito, visitó sus ruinas un veraniego día del 2008.

Actualización 7-Septiembre-2010: Entrevista a Xavier Jufre en la que nos explica las bondades de su modelo y otras muchas cosas interesantes

Enlace permanente a El prodigioso y desaparecido artificio que Juanelo construyó en Toledo

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+info:
- La página del artificio de Juanelo Turriano por Ricardo Reinoso
- Artificio de Juanelo in en.wikipedia.org
- Juanelo Turriano, relojero e ingeniero cremonés (PDF) de la Fundación Juanelo Turriano
- El Artificio de Juanelo en Toledo Olvidado
- Reconstrucción del artificio de Juanelo (PDF) por Miguel Bermejo Herrero et al.
- El final del Artificio de Juanelo (PDF) por Julio Porres Martín-Cleto
- El artificio de Juanelo y el Puente de Julio César (PDF) de Luis de Escosura y Morrogh
- Homenaje a Juanelo Turriano en ABC.es
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