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lunes, 9 de enero de 2012

John Clunies-Ross, el escocés que se convirtió en rey de las remotas Islas Cocos

Durante más de 150 años, las Islas Cocos, situadas a medio camino entre la India y Australia, fueron controladas por la familia Clunies-Ross. Llegaron a ser conocidos como los “Reyes de las Cocos” y, ciertamente, durante la mayor parte de este tiempo, la familia gobernó las islas como auténticos señores feudales. Este anacronismo llegó a su fin, cuando en 1978, las islas dejaron de ser colonias británicas para pasar a estar bajo control de gobierno australiano.

Las Islas Cocos en 1780 | The British Empire

El primer europeo en visitar las Islas Coco, y que les daría el otro nombre por el que serían conocidas en el futuro, fue el capitán británico William Keeling, durante un viaje por el Índico al servicio de la Compañía Británica de las Indias Orientales en 1609. Se trataba 2 atolones coralinos, con un total de 27 islotes, todos ellos deshabitados.

El archipiélago no volvería a ser visitado por ningún europeo hasta el 1825, cuando el Mauritius embarrancó en sus arrecifes y su tripulación sobrevivió en la isla Dirección varias semanas hasta ser rescatados. Los náufragos consiguieron subsistir gracias al agua de la lluvia que se acumulaba en el subsuelo del archipiélago formando “lentes”  de agua dulce que flotaban sobre bolsas de agua marina, de mayor densidad. El naufragio demostró que un asentamiento continuo en las islas era viable.

Ese mismo año, John Clunies-Ross, un capitán mercante escocés, se topó con ellas mientras navegaba rumbo a la India. La de Clunies-Ross fue una visita breve, pero debió quedar bastante impresionado por las islas y las posibilidades económicas de sus cocoteros, pues decidió que algún día regresaría al archipiélago para instalarse con su familia.

Desafortunadamente para el escocés, Alexander Hare, también de la Compañía Británica de las Indias Orientales, como Keeling, y antiguo gobernador de la ciudad de Banjarmasin en Borneo, tuvo la misma idea y se le adelantó. Hare había oído hablar del archipiélago a varios capitanes y en mayo 1826 se instaló en ellas huyendo de la “vida domesticada que la aburrida civilización le ofrecía”. Hare llegó acompañado de un harem privado de 40 mujeres y unos 200 semi-esclavos malayos. Casualmente, Hare contrató para el traslado al hermano de John Clunies-Ross, que también era capitán de barco. No obstante, en el retiro de Hare no todo sería evasión y pronto se interesó por el aprovechamiento del fruto de los cocoteros que abundaban en la isla para la obtención de copra y de aceite de coco.


Hare dispondría únicamente de un año para disfrutar de sus 40 mujeres y de los cocoteros de las islas, el tiempo que tardó en regresar a ellas John Clunies-Ross con su familia y 20 trabajadores. Al parecer, Clunies-Ross venía con la misma idea, la explotación comercial de los cocoteros, y con planes para plantar muchos más.

En seguida, surgieron los enfrentamientos entre los dos hombres y, para desgracia de Hare, las mujeres de su harem comenzaron a abandonarlo para irse con los hombres que habían venido con los Clunies-Ross. Los intentos de dividirse el archipiélago entre los dos tampoco dieron resultado por lo que, finalmente, Hare se vio obligado en 1831 a marchar a Singapur. Con esta marcha, Clunies-Ross se hizo con el control de todas las islas y de todos sus cocoteros.

Como otras empresas de la época, los Clunies-Ross pagaban a sus empleados con su propia moneda, la rupia de las Cocos, que se convertiría en la moneda oficial del archipiélago, pero que no eran más que unas simples fichas de plástico que sólo servían para comprar en el economato de la propia compañía.

En 1854, John Clunies-Ross murió y su hijo, John George, le sucedió en el “trono” de las Cocos. Tres años después, las islas serían definitivamente anexionadas por el Imperio Británico. Ross II dejó de ser su “rey” para pasar a ser sólo su superintendente. Aunque, en 1886, la reina Victoria concedería a la familia Clunies-Ross las islas a perpetuidad. La corona, sin embargo, se reservaba el derecho de recuperarlas sin compensación económica alguna por motivos de interés público. El archipiélago pasó a convertirse de esta manera en algo así como un estado feudal gobernado por la familia Ross, cuyo cabeza de familia era desde la muerte de John George en 1871, su hijo George.

Mapa de 1889 de las Islas Coco Sur | Wikipedia

La familia complementaba los ingresos que obtenía gracias al comercio de la copra y del aceite de coco con la isla de Java con los provenientes del aprovisionamiento del creciente número de barcos balleneros que hacían escala en la isla. Pero, la fortuna familiar aún crecería más con el descubrimiento en 1888 de unos importantes yacimientos de fosfatos en la “vecina” (estaba a casi 1.000 kilómetros al norte, pero era el trozo de tierra más cercano) Isla de Navidad. La importancia de los fosfatos en la agricultura como fertilizante sería el principal motivo para la anexión de la isla por parte del Imperio.

Después de la anexión, el 6 de junio de 1888, Ross III estableció el primer asentamiento permanente en la isla, que hasta entonces había permanecido deshabitada a causa de su escarpada costa, sus densas junglas y su aislamiento. En un principio, iba a ser un pequeño campamento para la obtención de la madera y las provisiones que se necesitaban, pero escaseaban, en las Cocos. Sin embargo, los Ross rápidamente se interesaron por entrar en el negocio de los fosfatos y delimitaron con estacas su propia concesión minera. En seguida, se desató una competición con John Murray, el naturalista escocés que los había descubierto, por hacerse con los derechos comerciales de los fosfatos de la isla.

Finalmente, en 1891 Murray y Ross III aceptaron el acuerdo ofrecido por la autoridad colonial para explotar conjuntamente los yacimientos durante 99 años a cambio del pago anualmente de una pequeña cantidad de dinero. La explotación comercial de los fosfatos comenzaría en 1895, dos años después, Ross y Murray fundarían la Christmas Island Phosphate Company. Al igual que en las Cocos, al no contar la isla con una población propia fue necesario traer la mano de obrar del exterior. En este caso, se hicieron venir 200 trabajadores chinos, 8 europeos para encargarse de la gestión y 5 policías sikhs para mantener el orden en el nuevo territorio.

Una rupia de las Cocos del 1910 | Más monedas en Museum Victoria

Simone Dennis en su libro “Christmas Island: an anthropological study”  asegura que las condiciones de vida en la isla de Navidad eran muy duras. Sólo en un año, el beriberi mató a 400 de los 2.400 trabajadores y otros 200 murieron a causa de la falta de higiene y la mala alimentación.

Algunos de los trabajadores chinos, habían sido transportados bajo cubierta por lo que desconocían que habían abandonado China y planeaban ingenuamente fugas a nado hacia China. El opio no faltaba en las islas y era una manera de reducir las ganas de problemas y de huir de los trabajadores chinos, que, a causa de las deudas contraídas con la compañía, ya fuera por la atención médica o el alojamiento, no eran libres de marchar.

Murray se quedaría en la isla dirigiendo las operaciones de la nueva compañía y acabaría siendo conocido como el “Rey de la Isla de Navidad” hasta su regreso a Londres en 1910. Mientras los Ross seguían en su propio “reino” y, ese mismo año, George fue sucedido al frente de la familia por su hijo mayor, John Sidney, que se convertiría en Ross IV.

Durante la Primera Guerra Mundial, debido a su estratégica situación para las comunicaciones de los Aliados en el área del Índico y con Australia y Nueva Zelanda se situó en una de las islas Cocos una estación de radio y telégrafo. La estación sería bombardeada el 9 de noviembre de 1914 por el crucero ligero alemán SMS Emden en la conocida como la “Batalla de las Cocos y acabó con el hundimiento del barco alemán por parte del Sidney australiano, la captura de 229 de sus marineros y la muerte de otros 131. Por su parte, los australianos únicamente sufrieron 4 bajas.

Acabada la guerra, en 1925, John Sidney, de 56 años de edad, se casó en Londres con una joven de 22 años que sería conocida como “Queen Rose”. Tres años más tarde, nacería John Cecil.

Los supervivientes del SMS Emden en las Islas Keeling | Australian War Memorial

Durante la Segunda Guerra Mundial, las Cocos se convirtieron otra vez en un enclave estratégico. Después de la invasión de la isla de Navidad por parte de los japoneses un pelotón de los “King’s African Rifles” se estableció en la isla Horsburgh, mientras la población local fue realojada en la isla Home. Afortunadamente, esta vez, las islas no fueron el escenario de ninguna batalla y la pista de aterrizaje que los británicos construyeron poco antes de la rendición del Japón, con capacidad para el aterrizaje de bombarderos pesados, no llegó a ser utilizada.

En 1946, John Cecil, con sólo 18 años de edad, se convierte en “Rey de las Cocos”, dos años después de la muerte de su padre. Dos años después, los gobiernos de Nueva Zelanda y Australia adquirieron los derechos y las instalaciones mineras de la Christmas Island Phosphate Company, aprovechando la difícil situación económica que pasaba la compañía y el estado en que quedaron las instalaciones después la ocupación japonesa de la isla. La compañía sería liquidada al año siguiente, recibiendo la familia Clunies-Ross 250.000 libras.

La reina de Inglaterra visitaría las Cocos en 1954, sería la última visita antes de que el 23 de noviembre del año siguiente las islas pasaran a manos de Australia, que tenía intención de usar las islas como estación de repostaje en una nueva ruta aérea que conectaría el país oceánico con Sudáfrica.

Los Clunies-Ross participaron en las complicadas negociaciones y, aunque, en un principio, se acordó el pago de una compensación anual por parte del gobierno australiano a la familia por la pérdida del terreno cultivable que ocupaba la pista; finalmente, la operación se cerró con la venta de la antigua pista de aterrizaje de la Segunda Guerra Mundial al gobierno australiano y las Cocos siendo territorio australiano.

Este cambio de soberanía supondría el comienzo del fin del reino de los Clunies-Ross y de la entrada del archipiélago y de sus 1.500 habitantes en el siglo XX. Durante los primeros 15 años, el gobierno australiano se implicó muy poco en los asuntos de las islas y las cosas siguieron más o menos igual. En 1967, con la introducción de los primeros aviones que no necesitaban hacer escala para llegar a Sudáfrica desde Australia, la pista de aterrizaje perdió su importancia comercial y quedó relegada al uso militar y a la de unos pocos vuelos con destino final en el archipiélago.


En un principio, la vida en las islas no cambió demasiado. Sin embargo,con el paso del tiempo y con la introducción de otros negocios, que alejaban las islas del monocultivo de los cocos, la participación del gobierno australiano en los asuntos del archipiélago comenzó a ser cada vez mayor. Al mismo tiempo, los sindicatos australianos, comenzaron a denunciar las condiciones de trabajo de los empleados de los Clunies-Ross, calificadas por algunos informes oficiales como próximas a la esclavitud. Estas denuncias junto con el creciente descontento del gobierno australiano con la manera semifeudal de gestionar las islas de los Clunies-Ross hicieron que la situación en las islas se volviera insostenible, por lo que, en 1978 y ante la amenaza de una expropiación inminente, la familia Clunies-Ross se vio obligada a vender las islas al gobierno.

La familia recibió 6.250.000 dólares australianos y consiguió retener la propiedad de la Oceania House, la lujosa mansión familiar de 14 dormitorios, aunque no tardaría en marchar a Perth. Unos años después, el último “rey” acabaría empobrecido después de que su naviera entrara en bancarrota a causa de se objeto de un boicot por parte del gobierno australiano.

En la actualidad, su hijo John George  es el único miembro de la familia que reside en el archipiélago, en la isla West, una de las dos únicas islas y que cuenta con una población de unas 120 personas. El que tendría que haber sido el Ross VI, reconoció en 2007 durante una entrevista para la BBC que la pérdida de las islas por parte de su familia le supuso un disgusto en su tiempo, “tenía 21 años y había sido educado para el trabajo”, aunque hoy en día reconoce que la situación se había convertido en “un anacronismo y tenía que cambiar”.

Una de las muchas paradisíacas playas del archipiélago | © Commonwealth of Australia 2011

Hoy en día, la opinión de los isleños sobre los Clunies-Ross aún continúa dividida. Para algunos, fueron unos explotadores colonialistas. Otros, sin embargo, tienen una imagen más amable de ellos y los recuerdan como unos empresarios paternalistas. Si bien, admiten que los salarios eran bajos, recuerdan que la electricidad, la casa o la escuela eran gratis para todos.

Un artículo de The Straits Time de mayo del 1946, lo calificaba como el sistema de seguridad social más avanzado de la época. Había empleo para todos y una jubilación voluntaria para los mayores de 65 años, que seguían cobrando la mitad de su salario. Los Ross también se encargaban de las viudas y de los. Otra de las responsabilidades de la familia era la de mantener el orden, aunque el nivel de criminalidad era muy bajo.

Los isleños también recuerdan con anhelo aquellos tiempos en que podían cazar las aves o tortugas de las isla sin ningún tipo control, no como en la actualidad, que el gobierno australiano no se lo permite. Pero está claro que hay cosas que todos coinciden en reconocer que han cambiado para mejor. Hoy en día los habitantes de las islas son libres de viajar al exterior. En tiempos de los Ross, podían hacerlo, pero bajo amenaza de no poder regresar jamás.

En 1984, los habitantes de las Islas Cocos, apenas unos 600, en su mayoría de origen malayo, aprobaron en referéndum su plena integración en Australia.

PS: Las islas Cocos fueron visitadas por Charles Darwin en 1836 durante su viaje a famoso viaje a bordo del Beagle.

Enlace permanente a El escocés que se convirtió en el rey de las remotas Islas Cocos

+posts:
- Tavolara, el reino más pequeño del mundo
- Y las islas Saint Kilda se quedaron solas
- Rockall, la roca en medio del mar
- El monasterio imposible de Skellig Michael
- Subida y caída de los Nauru

+info:
- Cocos (Keeling) Islands in en.wikipedia.org
- The man who lost a ‘coral kingdom’ in BBC News
- Cocos Islands, a federation in These Seas (PDF) in Australian Government - Department of Regional Australia
- Cocos (Keeling) in Australian Government - Department of Sustainability, Environment, Water, Population and Communities
- Clunies-Ross in Dynasties ABC
- Christmas Island: an anthropological study by Simone Dennis in Google books
- The Cocos Islands in War and Peace in The Straits Times, 10 May 1946
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martes, 15 de septiembre de 2009

Tavolara, el que fue el reino más pequeño del mundo

La isla de Tavolara hoy es simplemente una parte más de Italia. Unas cuantas tumbas reales, una fotografía de la antigua familia real, que hoy se muestra en el museo del Palacio de Buckingham, y un rey, que sólo reina sobre uno de los restaurantes de la isla, son los únicos recuerdos que quedan de los años durante el siglo XIX y XX en los que fue un reino, aunque muy pequeño, independiente y que, además, formalmente nunca se unió a Italia.

Foto del rey Carlo I y familia (1890), tal como se muestra en el Museo de Palacio de Buckingham bajo el título
“La familia real de Tavolara, en el golfo de Terranova, el reino más pequeño del mundo”

Tavolara es hoy una pequeña isla situada en la costa noreste de Cerdeña, de seis kilómetros de largo y apenas uno de ancho. Es un macizo de piedra caliza cuyo punto más alto es el Monte Cannone, de 565 metros, y que tiene escarpados acantilados en su contorno, a excepción de sus extremos. En 1807, cuando llegó Giuseppe Celestino Bertoleoni Poli, Tavolara estaba despoblada.

Giuseppe era un joven de 29 años, natural de la cercana isla de Maddalena. Aunque llegó sólo, con el tiempo construyó una casa e hizo venir a la isla a una de sus dos mujeres y los hijos que tenía con esta. Giuseppe y su familia llevaban una vida de lo más normal, hasta que en 1836 el rey Carlos Alberto de Cerdeña decidió visitar la isla con el fin de participar en una batida de caza. Carlos Alberto acudió a Tavolara por la fama de sus cabras salvajes, que se decía que tenían los dientes de… oro. En realidad, a causa de las algas y los líquenes que comían, los tenían amarillos.

A la llegada del rey de Cerdeña, Paolo, el hijo de Giuseppe, se presentó como el rey de Tavolara. No queda claro si este se lo tomó en serio o a broma, pero Carlos Alberto quedó impresionado con los modales de aquel pastor que decía ser todo un rey. Después de pasar tres días y tres noches hospedado en su casa, a su partida, el rey Carlos Alberto dijo a Paolo que ni él ni su familia debían preocuparse por su derecho a permanecer en la isla y proclamó a su padre, Giuseppe, rey de la isla, concediendo el título de “Príncipe” para su hijo mayor, y los títulos de “Signor delle Isole” y “Signora del Mare” para los hijos menores.

El Reino de Tavolara visto desde el aire. Foto original de Degio

Tras su nombramiento como rey, Giuseppe hizo venir a su otra familia para vivir con él a Tavolara. Fue entonces cuando el gobierno italiano intentó procesarlo por bigamia. No queda claro si ya había sido perseguido antes por ello, según algunas versiones de la historia, este hubiera sido el verdadero motivo por el que Giuseppe huyó a Tavolara, pero en esta ocasión su título nobiliario parece ser que le salvó. Giuseppe dejó el reino a su hijo Paolo en 1845, y murió en 1849. Giuseppe había visitado en 1839 al rey Carlos Alberto en Turín y había obtenido un fuero real para Tavolara. Durante este mismo período, el patriota italiano Giuseppe Garibaldi mantuvo contactos con miembros de la familia Bertoleoni que vivían en otras islas, a los que visitaba a menudo.

Tavolara no fue incluida en la unificación italiana, y el rey Paolo presionó para obtener el reconocimiento de su independencia por parte del Reino de Italia. Durante su reinado, en 1861, el gobierno italiano pagó 12.000 liras por una parcela de tierra en el noreste de la isla para construir un faro, que comenzó a operar en 1868.

Después de la muerte de Paolo en 1886, y cumpliendo con sus deseos, la isla se convirtió en república, con un presidente y un consejo de seis elegidos cada seis años, por sufragio universal, incluyendo hombres y mujeres. Según parece, la república fue reconocida por Italia al año siguiente. Sin embargo, fue un periodo corto, apenas duró 13 años. La pequeña república cayó en la desorganización, y un reacio Carlo I tuvo que reinstaurar la monarquía en 1899.

Mapa de la isola di Tavolara

Durante el verano del 1900, el HMS Vulcan, un barco de la armada real británica visitó la isla. Sus oficiales tomaron una fotografía del rey Carlo y de ocho de los miembros de su familia real para la colección de fotografías reales de la reina Victoria. La soberanía de Tavolara volvió a ser reconocida en 1903, en este caso fue Víctor Manuel III, que firmó un tratado de amistad con la nación.

En 1904, sin embargo, Carlo era rey, pero sólo de nombre, sin ninguna ambición por gobernar. Según se cuenta dijo: “No me importa ser rey. Con preparar buenos platos de bogavante, tengo más que suficiente”. Finalmente, le convencieron para que reinara hasta su muerte en la Riviera italiana. No queda clara la fecha de su muerte, se cree que fue el 6 de noviembre de 1927 o el 31 de enero del año siguiente.

Carlo I fue sucedido por su hijo el rey Paolo II. Paolo marchó al extranjero y dejó a la hermana de su padre, Mariangela, como regente en su ausencia. La reina Mariangela murió en 1934, dejando el reino a Italia. Su sobrino Paolo II, sin embargo, reclamó el reino, y le fue concedido. Durante su reinado se produjo un resurgimiento de la monarquía y nombró a su primo, el príncipe Ernesto Carlo Geremia, teniente general del reino. Paolo II fue el último monarca efectivo de la isla. Coincidiendo con su muerte, la OTAN ubicó una instalación militar en la isla que marcó el fin de la soberanía efectiva de Tavolara.

Cementerio de Tavolara

Tumba real de Paolo I y Pasqua Favale

La viuda de Paolo II, Italia Murru, se retiró a Porto San Paolo en Cerdeña, pasando los inviernos en Capo Testa, hasta su muerte a la edad de 95 años en 2003. Antes, en 1993, había muerto el rey Carlo II, hijo de ella y Paolo II, a quien sucedió, el que en la actualidad es el rey de Tavolara, Tonino Bertoleoni, un ciudadano italiano que dirige “Da Tonino”, un restaurante en la isla. Su hermana, la princesa Maddalena es la propietaria de otro restaurante próximo. Con motivo del retorno a Italia en 2002 de Víctor Manuel de Nápoles, Tonino le hizo un llamamiento para el reconocimiento del reino de Tavolara. La princesa heredera, que ha asumido los deberes de estado, está casada con un oficial de la marina norteamericana.

Vista de la isla desde tierra. Foto original de ansmartie

La isla nunca tuvo una gran población, poco más de 40 habitantes en la década de 1950, cuando la familia era más grande. En la actualidad, los ciudadanos del reino, unos 15, son los familiares del rey Tonino. En verano el número de súbditos se duplica hasta lo 30, todos dedicados al turismo. Todos son ciudadanos italianos, lejos quedan los tiempos en que eran sólo ciudadanos del reino de Tavolara y no tenían ningún compromiso con Italia, ni pagaban impuestos, ni estaban obligados a prestar el servicio militar, según recuerda uno de los nietos del príncipe Ernesto Geremia.

Enlace permanente a Tavolara, el que fue el reino más pequeño del mundo.

bonus track:
- El país de los Pirineos en Fronteras

+info:
- Bertoleoni in en.wikipedia.org
- Kingdom of Tavolara in en.wikipedia.org
- The island realm of an “ordinary” king in thestar.com
- Sardinia by Dan Facaros, Michael Pauls in googlebooks
- Rock Hard Place in The American InItalia
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jueves, 14 de febrero de 2008

Rockall, la roca en medio del mar

En el Atlántico Norte, a más de 300 km del territorio más cercano se encuentra Rockall, un pequeño peñón rocoso de apenas 27 metros de diámetro con una altura de unos 23 metros. Algunos lo han llegado confundir con la mítica isla de Rockabarraigh, que según el folclore gaélico tiene que aparecer tres veces, siendo la última de sus aparaciones la que marque el fin del mundo "cuando Rockabarraigh vuelva, el mundo será destruido". Hoy ya nadie se preocupa por esta leyenda pero sí por los posibles recursos (petróleo, gas,..) de su lecho submarino, que son el origen de un conflicto territorial entre Reino Unido por una parte e Islandia, Islas Faroe e Irlanda por otra.

Rockall es la roca más aislada de todos los océanos del mundo, se trata en realidad de la punta erosionada de un volcán extinto. Debido a las tormentas del Atlántico Norte se encuentra en invierno cubierto por las olas, de hecho el 8 de febrero del 2000, el barco oceanográfico inglés R.S.S Discovery registró en sus proximidades una ola de 29.1 metros, la mayor ola medida hasta el momento.

El nombre de Rockall proviene del gaélico escocés Sgeir Rocail (roca rasgada) que los ingleses transcribieron como "Roaring Rock" (Roca Rugiente), quedando finalmente la palabra gaélica rocail transformada en Rockall. La primera referencia literaria aparece en la obra de Martin Martin "Una descripción de las islas occidentales de Escocia" publicado en 1716, donde los habitantes de las Hébridas ya hablaban de este islote, al que se referían con el nombre mitológico de Rockabarraigh. El primer desembarco del que se tiene constancia fue llevado a cabo por un oficial de la Royal Navy en el 1810.

El islote se encuentra a 301,4 km de la isla de Soay en Escocia y a 434 km del noroeste de Donegal en Irlanda. Sus únicos habitantes habituales son moluscos y pájaros marinos, que la usan para descansar y criar en verano, cuando no hay tormentas y las olas no cubren la isla. No existe ninguna fuente de agua potable en la isla.

La isla y sus proximidades han sido escenario de varios desastres. Así en 1686 un pesquero vasco-español o vasco-francés chocó con la isla, aunque los ocupantes fueron capaces de salvarse y llegar a la isla escocesa de Santa Kilda. La última de estas tragedias ocurriría el 1904 cuando una vapor danés que llevaba a 727 emigrantes camino de Nueva York, se hundió cerca del islote muriendo 635 de ellos, en lo que fue hasta esa fecha el mayor naufragio ocurrido en el Atlántico Norte. Los 160 supervivientes tuvieron que esperar 8 días en botes salvavidas el rescate.

El Reino Unido se anexionó el islote el 18 de Septiembre del 1955, en lo que sería la última expansión del Imperio Británico, cuando un helicóptero de la Royal Navy depositó a 3 oficiales y un naturista inglés en él. El interés de la anexión poco tenía que ver con los derechos de explotación de los recursos. Si no con el test por parte del Reino Unido del primer misil nuclear guiado, que tenía que llevarse a cabo en aguas del Atlántico Norte. Los ingleses temieron que los soviéticos usaran el islote para espiar la prueba y para evitarlo ocuparon el islote ellos. Más tarde en el 1985 un oficial de las SAS y experto en supervivencia ocupó el islote durante casi 40 días para reafirmar la soberanía.

1997 fue el año de otro de capítulo curioso relacionado con el islote, cuando Greenpeace lo ocupó en protesta por la exploración de yacimientos petrolíferos por parte de los británicos. Proclamando la isla como una nuevo estado llamado Waveland (tierra de olas) y ofreciendo ciudadanía a cualquiera dispuesto a jurar lealtad. Finalmente el proyecto se canceló por falta de fondos. Durante este período la isla llegó a estar ocupada durante 42 días seguidos, el récord de permanencia en ella.

En 2005 unos radio-aficionados visitaron la isla. Hubo planes de volver a visitarla al año siguiente pero los altos costes lo impidieron.

La ley del mar de las Naciones Unidas sostiene que las rocas que no pueden mantener vida humana por sí mismas no deben tener zona económica exclusiva o plataforma continental. De esta manera el islote en sí, carece de importancia en lo que a las disputas sobre los derechos de explotación de los recursos submarinos respecta. Por ello ni Irlanda, ni Islandia ni Islas Faroe reclaman su soberanía. La única demanda no oficial sobre la isla es llevada a cabo por algunos políticos populistas irlandeses.

El conflicto por el contrario se centra en los derechos sobre sus fondos submarinos. Las argumentaciones de cada una de las partes son un poco complejas, pero se podrían resumir diciendo que cada uno de estos países reivindica que el islote y su área se encuentra en su plataforma continental (la parte de los continentes sumergida que pertenece a los estados ribereños). Las negociaciones continúan bajo los auspicios de la ONU y pueden alargarse hasta el 2009, sin embargo parece que la solución más probable es un acuerdo de tablas, que consistiría en repartirse los fondos marinos entre los cuatro estados.

*foto 1: foto del islote
*foto 2: mapa de situación
*foto 3: foto tomada por la Royal Navy en 1974

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+ info:
- Rockall en es.wikipedia.org
- Rockall in en.wikipedia.org
- 1955: Britain claims Rockall On this day, BBC news Leer más »