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jueves, 10 de noviembre de 2011

Rhyolite, la ciudad que tenía que convertirse en la Chicago de Nevada, pero acabó abandonada

En 1907, Rhyolite contaba con luz eléctrica, agua potable y teléfono, varios periódicos locales, un hospital, una pequeña ópera y su propia bolsa de valores. Todo esto en una ciudad de poco más de 5.000 habitantes, pero que florecía gracias a las minas de oro de sus alrededores. Dos años antes, era sólo un trozo de desierto, pero en aquel momento su futuro se antojaba prometedor.

Panorámica de Rhyolite en 1908 | www.rhyolitenevada.com

El 9 de agosto de 1904, dos buscadores de oro llamados Ed Cross y Frank “Shorty” Harris  encontraron una roca del mismo color y tamaño que una rana toro con trozos de un metal dorado incrustados. El metal era oro y la rana toro (bullfrog en inglés) acabaría dando nombre a aquella montaña y a todo el distrito.

Rápidamente, Cross y “Shorty” delimitaron con estacas la que se convertiría en su concesión, tal como exigía la Ley de la Minería Americana del 1872, una ley que permitía a cualquiera que encontrara oro, plata, cobre u otro yacimiento de valor en terreno público reclamar la concesión de los derechos mineros de una parcela de cómo máximo 457 metros de ancho por 183 de largo alrededor de la zona del hallazgo a cambio de entre 2.5 y 5 dólares por acre.

Lo siguiente fue llevar las muestras a examinar a la ciudad de Goldfield, situada a más de 100 kilómetros al norte, para poder registrar su concesión. De la roca que tenía forma de rana se podrían obtener unos 665 dólares de oro por tonelada, pero de otras que llevaron se podría sacar mucho más, hasta unos 3.000 dólares (el equivalente a unos 70.000 actuales). No había duda, la mena presentaba una alta concentración en oro.

Shorty Harris en el Death Valley, con él empezó todo | US National Park Service

La noticia del hallazgo corrió como la pólvora y no tardó en llegar hasta la vecina Tonopah. Había comenzado la fiebre del oro de Bullfrog. Mineros y especuladores acudieron rápidamente de todo el país y, en poco tiempo, 2.000 concesiones mineras se repartían todo el terreno en 30 millas a la redonda. Los mineros se asentaban en campo abierto, unos con sus tiendas, otros con poco más que un carro y otros dormían al raso. Tampoco se necesitaba mucho para montar un bar, un tablón sobre un par de bidones bastaban para montar barra sobre la que servir whisky.

Día a día, Ed Cross y “Shorty” veían como surgía una pequeña ciudad alrededor de su concesión que, en apenas dos semanas, ya contaba con 1.200 habitantes. La ciudad sería bautizada como Rhyolite, el nombre en inglés de la riolita, una roca ígnea que abundaba en zona. Aunque en el distrito de Bullfrog, el de Rhyolite no era el único campamento minero que se convertía en ciudad. A unas cuantas millas, surgía Gold Center y, también cerca, el antiguo rancho del viejo Montillus Murray Beatty se convertía en toda una ciudad.

Shorty” no esperaría demasiado para vender su parte de la concesión. Lo hizo por 25.000 dólares (según otras versiones de la historia, fue por tan sólo 1.000), después de seis días de juerga, que culminaron con una monumental borrachera. Una cantidad que al día después, sereno, no le convenció, pero poco pudo hacer por cambiar, su firma y la de 7 testigos estaban estampadas en un documento sellado por un notario. Cross, por el contrario, vendió su parte sin estar bajo la influencia del alcohol, por lo que no es de extrañar que la vendiera por cinco veces más que su socio.

La mina Montgomery-Shoshone | Wikipedia
 
Cross cogió el dinero y se marchó al condado de San Diego, donde compró un rancho, se casó y llevó una vida acomodada. Shorty, por el contrario, prefirió celebrar su venta por todo lo alto en los salones de la ciudad con mujeres y alcohol. Según él mismo reconoció, de no ser por la aparición de un antiguo amigo que le hizo ver el mal camino que llevaba, se hubiera dilapidado todo el dinero en unas pocas semanas. Paró a tiempo y pudo conservar unos 8.000 dólares.

Mientras, Rhyolite seguía creciendo, aunque el hallazgo “más grande hecho en el desiertoestaba aún por llegar. El honor recaería en Bob Montgomery, un minero que había sido uno de los primeros en llegar a Rhyolite al comienzo de la fiebre del oro, pero que no había tenido demasiada suerte. Sin embargo, todo cambiaría un día de noviembre de 1904, cuando “Hungry Johny”, un indio shoshón que trabajaba para él, descubrió oro en una de sus concesiones. Las primeras muestras de mineral presentaban una concentración de oro excepcional, unos 16.000 dólares (390.000 actuales) por tonelada de mena. “Hungry Johny” había descubierto una mina “más rica que las del Rey Salomón, aseguraban algunos, que calculaban que se podrían extraer millones de dólares en oro y plata, la mina más rentable del distrito.

La Montgomery-Shoshone, como sería conocida la mina, se convirtió en toda una sensación a nivel nacional. El distrito de Bullfrog pasó a ser conocido en todo el país y Rhyolite, el asentamiento más próximo a la mina, se convirtió en su capital. La palabra “bullfrog” pasó a ser sinónimo de oro y más de 200 compañías mineras del distrito la incluían en su nombre. La mayoría de ellas vendían sus acciones por correo a través de dudosas agencias de inversión de todo el país que describían el distrito como “el mayor descubrimiento de oro de los tiempos modernos” y llegaban a asegurar, en algunos casos, beneficios de hasta el 800% en tan sólo 4 meses.

Como resultado de este boom, el crecimiento Rhyolite no cesaba y en junio de 1905, casi un año después de que Cross y Shorty encontraran oro, la ciudad ya contaba con una población de 2.500 personas que se divertía en sus 50 salones con sus 35 mesas de apuestas, comían en sus 16 restaurantes y podían leer su semanario local. Varias canalizaciones proveían de agua potable a la ciudad, que desde hacía un tiempo ya no tenía que pagar 5 dólares por los barriles de agua con regusto a whisky que antes se traía a lomos de burros.

Charles Michael Schwab en 1901 | Wikipedia

Se organizaban torneos de beisbol, de tenis, alguna carrera de caballo, los domingos se exhibían películas y los espectáculos de variedades eran habituales en la Arcade Opera House. Cuatro diligencias cubrían el trayecto entre Rhyolite y Goldfield en 2 días por 18 dólares, y para aquellos que se lo podían permitir existían varias líneas de automóviles que empleaban White Steamers de vapor y Pope-Toledos de gasolina, que por 25 dólares hacían el mismo trayecto en tan sólo 5 horas, con la posibilidad de alagarlo hasta la estación de tren de Las Vegas.

Pero, el gran boom para Rhyolite se produciría cuando el magnate del acero Charles M. Schwab ofreció un millón y medio de dólares por el 51% de las acciones de la mina de Montgomery. Un precio muy alto, pero que parecía bastante razonable, si tal como a Montgomery le gustaba jactarse, se podían obtener unos 10.000 dólares diarios en oro de ella.

Las exigencias extras de la mujer de Montgomery, que quería un millón más para ella, y la denuncia de otros dos mineros que afirmaban que cuando “Hungry Johnny” encontró oro por primera vez en la mina estaba trabajando para ellos y no para Montgomery, alagaron el proceso de la venta, que no se cerraría hasta febrero de 1906. Montgomery recibió un millón de dólares en efectivo, mientras conservaba una quinta parte de sus acciones, que, de haberlas vendido al precio de mercado de ese momento, podrían haberle supuesto otro par de millones más. En total, entre unos 40 y 60 millones actuales.

Con el dinero de Schwab, la Shoshone Consolidated Mining Company, y de rebote Rhyolite, se situaron a otro nivel. La alta rentabilidad que parecía tener el yacimiento animó al magnate a llevar a cabo importantes inversiones. Una de ellas, la construcción de un ramal en la línea de ferrocarril que se estaba construyendo entre Las Vegas y Tonopah desde Rhyolite hasta su mina para facilitar el transporte la maquinaría pesada que necesitaba para la construcción de la planta de procesado de mineral y que después usaría para el transporte de la mena.

Plano de Rhyolite en 1908 | Department of the Interior General Land Office (PDF

El 14 de diciembre, la línea entró en funcionamiento y Rhyolite quedó conectada por tren con la ciudad de Las Vegas, situada a más de 200km al sur. El edificio de la estación había costado más de 130.000 dólares de la época, el equivalente a unos 3 millones actuales. En menos de medio año, una nueva línea de ferrocarril llegaría a Rhyolite, la Bullfrog Goldfield, esta vez para unir la ciudad con el norte. Con el tiempo Rhyolite llegaría a contar con otra más y se declararía una guerra de precios entre ellas por hacerse con el transporte de la mena de mayor calidad hasta las fundiciones de Salt Lake City.

Al año siguiente, 1907, sólo dos años después de su fundación, Rhyolite, con entre 4.000 y 5.000 residentes, se convierte en la cuarta ciudad con más habitantes de Nevada. Además, la ciudad contaba con comodidades más propias de ciudades mucho mayores. Hasta ella llegaban varias líneas de telégrafo y teléfono, tenía su propio departamento de bomberos y policía, sus aceras eran de hormigón y contaba con una piscina pública, dos iglesias y dos escuelas. La ciudad incluso contaba con un barrio de “luces rojas” al que llegaban para buscarse la vida mujeres desde ciudades tan alejadas como San Francisco.

A otras ciudades mineras del distrito, sin embargo, no les iba tan bien. Gold Center o Bullfrog habían quedado abandonadas y una parte de sus ciudadanos se habían mudado a Rhyolite, a medida que los depósitos superficiales se agotaban y se descubría que a mayor profundidad tampoco había nada. De tanto en tanto, aparecía algún otro campamento minero a la sombra de algún nuevo descubrimiento de oro, pero todos acababan muriendo al mismo ritmo que el oro se acababa. Solo el campamento de Pioneer, surgido a la sombra de la mina Mayflower y que alcanzaría una población de 2.500 personas en 1908, parecía poder hacer competencia a Rhyolite.



La sede del John S. Cook and Co. Bank en 1908 y 2009 | Alfreda Holloway

Mientras, la actividad no cesaba en la mina Montgomery-Shoshone. En marzo de 1907 entró en funcionamiento el ramal de tren hasta ella y comenzó la construcción de unas gigantescas instalaciones para procesar más de 300 toneladas de mineral al día. En agosto ya estaba todo listo y en sólo unas semanas la electricidad llegó hasta la mina, unos meses antes lo había hecho hasta la ciudad. Otra vez, Schwab era el responsable.

El magnate del acero contrató a la Nevada-California Power Company para que tendiera una línea eléctrica de más de 160 kilómetros desde Bishop Creek, en California, hasta la ciudad minera para dar servicio a su mina. De rebote, se beneficiaron Rhyolite y las demás minas de la ciudad y del distrito, que hasta entonces habían usado generadores eléctricos de gasolina. Schwab también había hecho traer agua hasta su mina gracias a la compra por unos 150.000 dólares de una canalización de 20 kilómetros desde Gross Springs.

Durante el 1907 llegaría a la Rhyolite otro de los grandes culpables de su burbuja, el “doctor” William S. Phillips. Como Schwab estaba muy ocupado con su negocio minero, cedió los derechos de promoción urbanística de la ciudad a Philips, que pretendía convertir Rhyolite en la “Chicago del Oeste”. Según aseguraba, pretendía invertir 100.000 dólares en la construcción de un gran hotel, además de construir un hospital, un ayuntamiento, cosas más propias de una gran ciudad que de una del tamaño de Rhyolite, pero el futuro de la ciudad continuaba siendo más que prometedor.

Lamentablemente, estos edificios no llegaron a existir más allá de en los cárteles que el “doctor” colocó en varios solares de la ciudad como gancho para vender el resto a precios inflados. Phillips consiguió grandes beneficios, pero pasado un tiempo desapareció con ellos dejando a deber una gran cantidad de dinero a la ciudad y al mismísimo Schwab. Un año después, acabaría siendo condenado a 3 años de cárcel en Los Angeles, por fraude postal, mientras se dedicaba a vender parcelas en la prometedora ciudad de Velma, situada en los ricos campos petrolíferos de Amargosa. Lugares, ambos, que sólo existían en sus folletos.

El edificio de la estación en 2006 | Wikipedia
 
Por su parte, Rhyolite apuraba sus últimos días de gloria a la sombra de la mina Montgomery-Shosone. En su recién creada bolsa de valores, cotizaban unas 74 compañías mineras de la región y operaban 125 brokers llegados desde Nueva York, Los Angeles y otras grandes ciudades. Aunque se trataba de una bolsa pequeña, sólo en su primer día de funcionamiento, el 25 de marzo de 1907, 60.000 acciones cambiaron de mano, y un total de 750.000 lo harían durante las dos semanas siguientes. Pero lo que se movía era papel y no dinero, puesto que la mayoría de las empresas que cotizaban todavía no habían producido ni tan siquiera un lingote de oro, aunque eso no evitaba que su cotización estuviera disparada.

Además de esta bolsa, Rhyolite contaba desde hace tiempo con, como mínimo, tres bancos. Uno de ellos era el John S. Cook and Co Bank, fundado en 1905, que había construido una lujosa sede en Golden Street con paredes de hormigón reforzado y un grosor de entre 66 y 91 centímetros. El edificio tenía zócalos de caoba hondureña y una escalinata de mármol traído desde Italia, desde donde se habían traído los vidrios tintados de sus ventanas. Con estos lujos, no es de extrañar que su construcción costara el equivalente a unos 2.200.000 dólares actuales. El edificio se abrió al público en enero de 1908, poco antes de que comenzara el declive de Rhyolite y de la que había sido su mina más rentable, la Montgomery-Shosone.

Aunque durante los primeros tres años la mina de Schwab había producido lingotes de oro por un valor equivalente a unos 24 millones de dólares actuales, algunos accionistas minoritarios de la compañía comenzaron a sospechar que la mina estaba sobrevalorada y no se creyeron las predicciones de uno de los directivos que aseguraba que en el subsuelo de ella aún quedaban otros 5 millones esperando ser extraídos. Para salir de dudas, los accionistas hicieron venir en febrero de 1908 a un reputado ingeniero de minas británico.

En aquel entonces, las acciones de la compañía cotizaban a 3 dólares, muy lejos de los 23 a los que lo habían llegado a hacer cuando Schwab se hizo con el control de ella. Las conclusiones de estudio del ingeniero se filtraron antes de hacerse públicas, haciendo que el valor de las acciones de la mina se hundiera bruscamente hasta los 75 centavos. El primer decepcionado fue el propio Schwab al comprobar que lo que había comprado como una mina con una mena con alta concentración en oro se limitaba sólo a unas cuantas capas superficiales de ella.

La mina, sin embargo, continuaba siendo rentable, aunque a partir de 1909 no se encontró más oro y la mena que se extraía era cada vez de peor calidad, con lo que la producción comenzó a bajar hasta que, al año siguiente, la mina entró en pérdidas, por lo que dejaría de funcionar el 14 de marzo de 1911. Para entonces, la acción, que ya cotizaba a tan sólo 10 centavos, bajó hasta los 4 y finalmente fue retirada del mercado.

Mina abandonada | www.rhyolitenevada.com

La mina había producido oro por un valor de 1.418.000 dólares, pero los accionistas no habían visto, ni verían, un solo centavo. Al poco de entrar en el accionariado, Schwab había vendido todas sus acciones a la propia empresa, a la que había prestado su propio dinero justamente para que pudiera comprárselas. De esta manera, Schwab se convirtió en el principal acreedor de la Shoshone Consolidated Mining Company con lo que seguía reteniendo el control de la compañía y además se aseguraba que cualquier beneficio que la empresa generara en el futuro iría en primer lugar a pagar su deuda, antes que a retribuir a accionistas o a saldar otras deudas menores. Oficialmente, sin embargo, el préstamo fue publicitado como una muestra de la gran fe que Schwab tenía en la mina.

Esta treta financiera, que Schwab había aprendido en otros negocios fallidos del pasado, le funcionó muy bien y todo el beneficio que la empresa generó fue a su bolsillo, incluido el de la venta de la maquinaría cuando se liquidó la compañía. El cierre de la mina suponía el fin para Rhyolite, aunque la decadencia del distrito había comenzado ya unos años antes. Algunos lo sitúan en 1906, coincidiendo con el terremoto de San Francisco.

La consecuencia más inmediata del terremoto fue la interrupción del servicio ferroviario entre el distrito y California, pero la más importante sería el parón inversor que llegaría después. A causa del terremoto, muchas compañías de la ciudad perdieron sus oficinas y con ellas sus archivos y contabilidad, con lo que la bolsa de la ciudad y muchos bancos tuvieron que permanecer cerrados durante un par de meses. El dinero de San Francisco dejó de llegar al distrito y, para cuando la ciudad recuperó la actividad, gran parte de ese dinero se desvió a la propia California.

Calle principal de Rhyolite en la actualidad. En primer plano el edificio HD & LD Porter del 1906 | emblems.esty.com

Rhyolite Mercantile, antiguo comercio | Robert Paul Young

El pánico financiero del año siguiente tampoco ayudó, pero la razón más importante del declive de Rhyolite fue una promesa incumplida. La ciudad había surgido a la sombra de sus minas, pero, a excepción de la Montgomery-Shoshone y alguna otra, la mayoría resultaron un auténtico fracaso en la que sólo algunos especuladores consiguieron hacer dinero. Muchas de ellas comenzaron a cerrar a medida que se agotaba la mena de mayor calidad y dejaban de ser rentables, fue entonces cuando Rhyolite comenzó a apagarse, se redujeron las inversiones y los mineros desempleados comenzaron a abandonar la ciudad en busca de un nuevo dorado.

El declive de Rhyolite fue tan rápido como lo había sido su auge. En 1910, sólo quedaban 611 residentes en la ciudad, todos sus bancos habían cerrado y el alumbrado público había dejado de funcionar. En junio de 1912 cerraría el último de sus periódicos. En noviembre de 1913, lo haría su oficina postal y en julio de 1914, la estación vio marchar el último tren. En 1918 la Bullfrog District Telephone Company cortó la línea al par o tres de abonados que le quedaban en Beatty y Rhyolite. Dos años antes, la Nevada-California Power Company había desmantelado su línea eléctrica y la ciudad se había quedado a oscuras.

Panorámica de las ruinas de Rhyolite | www.rhyolitenevada.com

En 1920, sólo quedaban 14 habitantes y, en 1924, sólo un anciano de 92 años de edad. La otrora boyante Rhyolite se convirtió en un almacén de materiales de construcción a buen precio para otras ciudades del distrito. De hecho, algunos edificios se trasladaron enteros hasta Beatty o Pioneer.

Hoy en día, la “Bottle House”  es de lo poco que queda en la ciudad. Una curiosa casa construida en febrero de 1906 con 50.000 botellas de cerveza y licores por un minero llamado Tom T. Kelly que la Paramount restauró en 1925 para filmar una película muda. La casa volvería en otra película en 1964 y en 2004 en “La Isla”, con Ewan McGregor y Scarlett Johansson.

Enlace permanente a Rhyolite, la ciudad que tenía que convertirse en la Chicago de Nevada, pero acabó abandonada 

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+info:
- Rhyolite, Nevada in en.wikipedia.org
- Death Valley and the Amargosa: A Land of Illusion by Richar E. Lingenfelter in Google books
- Rhyolite Ghost Town in National Park Service
- Rhyolite Nevada and the Bullfrog Mining District by Alfreda Holloway
- Beatty, Nevada History by Beatty Museum & Historical Society in Beatty
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martes, 7 de septiembre de 2010

Entrevista con Xavier Jufre de El Artificio de Juanelo Turriano

Unos días después de publicar el post sobre el Artificio de Juanelo, recibí un correo de Xavier Jufre, el ingeniero que ha propuesto el último modelo que intenta explicar cómo funcionaba tan prodigiosa obra. Fue toda una sorpresa y, ya puestos, se nos ocurrió la idea de realizarle una pequeña entrevista para que nos pudiera hablar del Artificio y explicar su modelo. Creo que el resultado ha valido la pena.


Preséntanos tu web, El Artificio de Juanelo Turriano.

La web es el espacio donde poder mostrar de manera más visual el nuevo modelo de Artificio, en el libro se pueden encontrar los argumentos, cálculos…, pero una imagen animada de un tramo de Artificio expone de la mejor manera posible su funcionamiento. Por otro lado, la web quiere ayudar dentro de sus posibilidades, a la difusión de la figura de Juanelo Turriano y de su ingenio del agua.

¿Cuándo y por qué te comenzaste a interesar por el artificio?

Más o menos fue en el 2002, cuando me regalaron un libro antiguo sobre la historia de la técnica, “Los Ángeles de Hierro” de Walther Kiaulehn. En el encontré la primera referencia sobre los Artificios, y también la primera conjetura sobre su funcionamiento, la elaborada en 1888 por Luis de La Escosura. La existencia de estos ingenios me sorprendió mucho y busqué un poco más de información, descubriendo que existían otras conjeturas, pero que la controversia acerca de la validez de las mismas aun seguía viva. La polémica sobre la validez de las conjeturas, la singularidad e importancia histórica de los Artificios y la vida novelesca de Juanelo Turriano fueron una mezcla que avivó la curiosidad, y sin darme cuenta, al cabo de un tiempo, ya se empezaban a acumular en casa textos y referencias acerca del Artificio.

Creo que tu propuesta para artificio formó parte de un proyecto final de carrera, ¿qué fue antes, el proyecto final de carrera o la idea de la propuesta?

No es ningún proyecto final de carrera. El interés por el Artificio, mezclado con la profesión de ingeniero y la afición por la historia, ha sido el detonante del tiempo dedicado al asunto. Nunca ha sido un “trabajo”, un proyecto a realizar con un objetivo final, el asunto se planteó como un divertimento, el proceso de búsqueda de información fue muy gratificante y aprovechamos incluso el tema en algunos periodos de vacaciones junto a mi esposa, para visitar archivos históricos, bibliotecas, Toledo en varias ocasiones, ….

Lo sorprendente era que todo el conjunto tomaba cuerpo, el proceso de elaboración de un nuevo modelo no era un objetivo original, permitiendo una dedicación al asunto sin ninguna presión, totalmente voluntaria y con el ánimo de aprender y disfrutar con ello. No haber sido un proyecto final de carrera, no implica falta de rigor en el planteamiento y ejecución de la investigación, en el momento de editar el libro con el nuevo modelo de Artificio, este ha contado con el apoyo de la Fundación Juanelo Turriano de Madrid, el grupo de investigación de la Universidad de Lleida Espai, Poder i Cultura”, y el Colegio Superior de Ingenieros Industriales de Catalunya.

¿Cómo postulas tu diseño, como un modelo de artificio que podría haber funcionado o como el modelo que construyó Juanelo?

Como el modelo que construyó Juanelo. El modelo está basado en documentos históricos y muy especialmente en el relato de Ambrosio de Morales. Este relato es el más extenso y el único elaborado por alguien a quien el propio Juanelo le mostró el Artificio funcionando y, antes de comenzar la construcción, la maqueta. Además, Ambrosio de Morales era amigo personal de Juanelo, todos los modelos que entren en contradicción con el texto de Ambrosio de Morales ya ofrecen de base serias dudas. Para dar cuerpo a la nueva conjetura, esta va acompañada de un numeroso apartado de cálculos, en el que se justifican las soluciones mecánicas y cadencias de movimientos propuestas.

Esquema del artificio según el Chantre de Évora

¿Cómo encaja el diagrama del Chantre de Évora con tu modelo?

Este diagrama fue realizado por Manuel Severim en mayo del 1604, cuando con 21 años de edad y pasa 4 días en Toledo. Fue un alto en el camino que realizó el séquito encabezado por el Chantre de Évora (maestro del coro de la catedral de Évora) en su peregrinación hacia el monasterio de Guadalupe, en agradecimiento por el fin de un brote de peste que asolaba Évora. Durante su estancia en Toledo, Manuel aprovechó para visitar la ciudad, la catedral y también se fijó en los Artificios de Juanelo.

Existen varios puntos determinantes a considerar:

Los Artificios de Juanelo se ubicaban dentro de construcciones de obra civil que los protegían de la intemperie y ocultaban su visión. Sus partes más fácilmente visibles eran los extremos, la orilla del río Tajo donde los Artificios recogían agua y la llegada en el interior del Alcázar donde se depositaba el agua en unas arcas.

En 1604 ya hacía casi 20 años que había muerto Juanelo. Desde 1598, el encargado del mantenimiento de los Artificios era Juan Fernández del Castillo, quien propuso un nuevo sistema de abastecimiento con bombas de embolo para sustituir los Artificios ya que, aparte de tener un mantenimiento difícil, uno de ellos se encontraba ya bastante deteriorado por estar construidos ambos de materiales perecederos, sobre todo, madera. Juan Fernández del Castillo introdujo modificaciones en los Artificios y ensayó en el tramo más cercano al Tajo su propia propuesta. Este nuevo tramo se terminó en 1602 y se dejó funcionando en fase de pruebas hasta 1605, momento en que el rey Felipe III autoriza su construcción definitiva. El ingenio de Castillo se ubicaba adosado a los muros exteriores de los edificios que protegían los Artificios de Juanelo, siendo totalmente visibles.

Restos del Artificio de Juanelo hacia 1860. Fotografía de Charles Soulier. Original en Toledo Olvidado

Los Artificios de Juanelo eran famosos por su singularidad, espectacularidad y complejidad. Una muestra de esta afirmación se halla en el relato de Jehan Lhermite “Le passetemps de Jehan Lhermite, depuis son voyage d’Espagne”, quien formó parte de la corte real de Felipe II entre 1597 y 1602, donde se cita:

“Aunque es cosa ciertamente muy admirable que, como he dicho, ya he descrito, nunca he podido obtener un proyecto o representación fidedigna de esta máquina para satisfacer mi deseo de presentar una imagen viva que pueda contentar ocularmente a mis lectores, y si bien creo que el entendimiento humano y su intelecto pueden entender lo que es, difícilmente es posible comprender el artificio, industria e invención de este ingenio sin ver una representación suya. Así pues, me esforcé mucho en obtener una imagen fidedigna, pero hasta el día de hoy no he conseguido nada, y también resultaron vanas las muchas solicitaciones que hice sobre este punto ante Juan Baptisto Monnegro, arquitecto del rey, presidente en el mencionado palacio, que es la persona que lo gobierna, quien no dejó de persuadirme en todo momento para que desistiera de mi empeño,....., me escribió en una breve nota que me envió en la que me decía en sustancia que para dar a entender bien y explicar cabalmente el misterio de este ingenio sería necesario en primer lugar hacer un libro lleno con las diferentes representaciones y que después todavía, para dar aún inteligencia más viva de ello, sería menester componer varias maquetas de madera, puesto que – me escribió- no hay en el mundo hombre capaz de comprender lo que es este ingenio por una sola representación.”

Los Artificios de Juanelo tienen que ser por definición ingenios complejos y espectaculares, los esquemas de Manuel Severim no cumplirían este requisito, además entran en contradicción con el relato de Ambrosio de Morales, en ningún relato histórico se habla de la existencia de torres y mucho menos separadas entre ellas, que es lo que requiere el esquema de Manuel Severim, de elevaciones puntuales en torres de cazos separadas entre sí. En un fragmento del relato de Manuel Severim se cita:

”Solamente el primer tramo del ingenio está a pique y derecho. Después se va adaptando a los desniveles del terreno, con sus descansos, a veces más rasantes, a veces más levantados, todo recubierto con madera y ladrillos franceses, de manera que por fuera se advierte.”

El propio Manuel Severim parece indicar la existencia de un primer tramo a orillas del río donde el ingenio puede ser una torre de cazos como su esquema indica, pero luego apunta que el Artificio transcurre dentro de edificios de obra, de manera continua, adaptándose a las pendientes y llanos del recorrido hasta el Alcázar. La no existencia de torres se visualiza en los grabados de Toledo del s.XVI y posteriores, donde se identifican los Artificios de Juanelo como una construcción continua y serpenteante que recorre la ladera desde el río hasta el Alcázar.

La conclusión sería que Manuel Severim observó alguna modificación introducida en los Artificios tras la muerte de Juanelo.

Imágenes y simulaciones del modelo propuesto por Xavier Jufre fotos en su web El artificio de Juanelo Turriano

¿Qué opinas de los otros modelos de funcionamiento del artificio?

El de Luis de la Escosura (1888) y el de Theodor Beck (1899), actualmente están descartados por no poder remontar los desniveles existentes en las laderas entre el rio Tajo y el Alcázar.

El modelo de Torres Oscilantes (Reti-1967 y modificación de N. García Tapia), entre otros puntos conflictivos, no explica movimientos tan importantes como la parada de los cazos durante el intercambio de agua mientras el resto del Artificio sigue en movimiento, y que el intercambio de agua solo se realiza mientras los cazos están detenidos. Existen divergencias con los inventarios de piezas que los oficiales del Alcázar realizaron al desguazar los artificios. Los textos históricos no mencionan la existencia de torres, necesarias para implementar el modelo de Torres Oscilantes, y siempre se representan los Artificios en las vistas de Toledo como un elemento continuo. Afirman las argumentaciones de este modelo que Ambrosio de Morales, cronista de Felipe II, y a quien Juanelo en persona le mostró el primer Artificio construido, se confunde en su apreciación de la escalera de Valturio y se trata tan solo de una semejanza, pero Ambrosio de Morales escribe:

“ La suma della es anexar o engoznar unos maderos pequeños en cruz por en medio y por los extremos, de manera que en Roberto Valturio esta una machina para levantar un hombre de alto, aunque esto de Juanelo tiene nuevos primores y sutilezas.”

Parece excesivamente aventurado afirmar que Ambrosio de Morales se confunde.

El modelo de J. Luis Peces Ventas, es ingenioso e intenta mejorar un tipo de conjetura cercana a la de Luis de la Escosura, pero arrastra numerosas lagunas en su definición.

Escala de Valturio en su “De Re Militari” del 1462. Disponible en googlebooks

Una de las bazas de tu modelo es el uso de escalas de Valturio, que el resto "simula", ¿qué otras ventajas tiene tu modelo? ¿y desventajas?

El modelo de Escaleras de Valturio responde muy bien a lo que los textos históricos describen acerca de los Artificios, da respuesta mecánica a todos los movimientos que nos cuentan que tenían, y va acompañado de un apartado de cálculos que sustentan las implementaciones mecánicas propuestas.

Siempre se han buscado referentes mecánicos en otras obras de ingeniería renacentistas, con el fin de reforzar que las conjeturas que se exponían eran realizables en el entorno del siglo XVI, así pues Luis de la Escosura, Theodor BecK, Ladislao Reti, N. García Tapia y J. Luis Peces las habían hallado en las láminas núm. 95 y 96 del tratado de máquinas de Agostino Ramelli “Le diverse et artificiose machine” (París, 1588). Los ingenios presentados en estas láminas por Ramelli, no pueden ser los referentes de los Artificios, los ingenios de Juanelo eran tan famosos por ser singulares y espectaculares, ¿cómo pueden aparecer en el tratado de Ramelli y ser de concepción tan simple?

El modelo de escaleras de Valturio halla sus referentes en algunas soluciones mecánicas expuestas en el manuscrito que dejó Giovanni di Dondi, donde detalla los pasos seguidos en la construcción de la principal maquinaria de la edad media, el Astrario (1380), el reloj astronómico que en 1530 quisieron regalar a Carlos V durante su coronación en Milán, pero que ya estaba en un estado de conservación deplorable, el cual fue inspeccionado por Juanelo que determinó que la mejor opción era construir uno nuevo, lo que motivó que Juanelo construyera el Reloj Grande o Planetario, actualmente desaparecido y considerado uno de los relojes astronómicos renacentistas más importantes.

En la página del Artificio de Juanelo Turriano se pueden activar las animaciones que reproducen el funcionamiento del Astrario. Algunas de las soluciones mecánicas del Astrario, son muy parecidas a las del modelo de Artificio con Escaleras de Valturio, conocidas y usadas por Juanelo, que como debemos tener presente, era relojero real de Carlos V y más tarde de Felipe II.

¿Crees que alguna vez tendremos la suerte de poder conocer con certeza como era el auténtico artificio?

Siempre es posible que en cualquier momento y parte del mundo aparezca un documento o incluso la propia maqueta que construyó Juanelo, pero lo más importante es que se conozca y valore la vida y obra de Juanelo Turriano, y muy particularmente los Artificios del agua de Toledo.

¿Existieron otros artificios similares en el mundo? ¿Y en España o Sudamérica?

No se conoce ninguna infraestructura hidráulica renacentista tan famosa como los Artificios de Juanelo Turriano.

Restos del Artificio de Juanelo hacia 1860. Fotografía de Charles Soulier. Original en Toledo Olvidado

¿Fue tan injusto el trato que recibió Juanelo como nos puede parecer leyendo su historia?

Su vida es una historia increíble y terriblemente injusta, en aquella época muchos ingenieros acababan sus días en la miseria, siendo tratados pésimamente, habiendo tenido vidas aventureras y arriesgadas, pero el caso de Juanelo es espectacular. Contando 65 años, gozando de la confianza del rey, taller en la torre dorada del Alcázar de Madrid, y situación económica holgada, decide afrontar el reto de subir agua a Toledo para uso del Alcázar y de la propia ciudad, asume la inversión de la obra que solo recuperará si logra su objetivo, y todo ello siendo conocedor de que los anteriores intentos de construir un abastecimiento de agua han fracasado.

Consigue su objetivo, es más, logra subir un 50% más de agua que la que se había pactado, y aun así, muere en la miseria más absoluta, tanto suya propia como la de su familia.

Podemos hacernos una idea al leer la última carta escrita por Juanelo a Felipe II, y que le llegó al rey de manera póstuma:

“Ya que Dios nuestro señor no es servido que yo pueda ver volver a V. Md. (pues a lo que dicen los médicos y a lo que yo de mi siento el fin de mi vida será muy presto) quiero por este memorial hazer saber a V. Md. que por dos cosas la dejo con grandissimo desconsuelo. La una porqué por mis muchas deudas y por ser yo estrangero y morir en esta ciudad aonde me han tratado como sabe V. Md., queda con mi muerte mi casa en tan extrema necesidad, que se avra de pedir limosna para me enterrar...”

Aunque se puede considera una obra genial, desde el punto de vista ingenieril ¿no fue un error no tener en cuenta lo costoso y complicado de su mantenimiento?

Con perspectiva histórica y desde el punto de vista práctico, una propuesta como la de Juan Fernández del Castillo era la solución más útil y eficiente, pero con toda seguridad también podemos afirmar, que no hubiera tenido la fama que obtuvieron los Artificios de Juanelo.

¿Por qué no se repararon los artificios a medida que se iban averiando?

Hasta 1598 se mantuvieron operativos y mantenidos por descendientes de Juanelo, pero luego, a Juan Fernández del Castillo también le interesó que los Artificios fuesen vistos como un nido de problemas, eran una manera de ganar argumentos a favor de la construcción de su propuesta de abastecimiento.

¿Alguna otra obra maestra de la ingeniería que te tenga tan robado el corazón como el Artificio?

Hay varias, pero me gustaría remarcar todo el entorno de Las Médulas y los trabajos que realizaron los romanos para extraer oro, es algo tan increíble, que aun hoy podemos observar el paisaje modificado que nos dejaron.

Muchas gracias, Xavier, y felicidades por tu fascinante trabajo de investigación.

Para saber más, no os dejéis de visitar su web de El Artificio de Juanelo Turriano. Más información sobre el libro de Xavier "El artificio de Juanelo Turriano para elevar agua al Alcázar de Toledo (S. XVI). Modelo con escaleras de Valturio" la podéis encontrar en la Fundación Juanelo Turriano o la Editorial Milenio.
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martes, 7 de julio de 2009

El pozo más profundo de la Tierra

En la península de Kola, cerca de la frontera con Noruega, se encuentra el pozo más profundo perforado jamás por el hombre. El objetivo inicial de los soviéticos era llegar hasta los 15.000 metros de profundidad tomando muestras y realizando mediciones que permitieran entender un poco más la naturaleza de la corteza terrestre. Años más tarde, no sería de estos resultados de los que se harían eco los tabloides, sino del supuesto descubrimiento del mismísimo infierno.

Exterior del pozo

Aunque es posible dibujar una sección detallada de la Tierra, esta está basada puramente en métodos geofísicos indirectos, en su mayoría métodos sísmicos. Mientras no se puedan realizar comprobaciones directas, siempre quedará un cierto grado de incertidumbre. En cierta manera, el conocimiento del interior de la Tierra es similar al que podríamos tener del cuerpo humano si todo su estudio se hubiera limitado a su observación a través de rayos X, pero jamás se hubiera examinado su interior.

Se sabe que las aéreas continentales de la corteza terrestre tienen un grosor medio de unos 30 km, grosor que se reduce a entre los 5 y 10 km bajo los océanos. En ambos casos, la corteza se encuentra situada sobre otra capa llamada manto, que puede ser detectada porque transmite las ondas sísmicas a una velocidad mucho mayor que la corteza. Si bien esa velocidad también varía dentro de la misma corteza.

Los soviéticos escogieron para la perforación de su pozo superprofundo un lugar en la inhóspita península de Kola, cerca de una explotación minera de níquel próxima a la superficie. En parte, el lugar se escogió para comprobar si existían otras vetas de ese mineral a profundidades mayores, como así fue. El 24 de mayo de 1970 comenzó la perforación. Mientras, se construía en torno al pozo una especie de colonia industrial para los trabajadores e ingenieros, todo para mantener la perforación activa las 24 horas del día.

El objetivo inicial era ambicioso, alcanzar los 15.000 metros de profundidad. Paradójicamente, aunque pueda parecer una gran profundidad, no dejaba de ser poco menos de un 1% de la distancia al centro de la Tierra. Los primeros cuatro años, la perforación avanzó rápidamente y el pozo alcanzó los 7.263 metros. En dos años más ya se habían superado los 9.583 metros, la profundidad del pozo que era hasta esa fecha el más profundo, el Bertha Rogers, en Oklahoma.

La broca de 4 conos, también las había de 6

Conceptualmente, perforar la tierra es fácil. Un taladro rotatorio es colocado dentro de un pozo y va destruyendo el fondo del agujero y así el pozo se va haciendo más y más profundo. Diferentes fluidos se hacen circular por el taladro con el fin de refrigerarlo. Cuando el taladro se gasta, se cambia. Aunque lo esencial era bien conocido, la perforación a grandes profundidades lo complicaba todo.

Hasta los 7.000 metros, los soviéticos pudieron emplear equipos estándar provenientes de la industria petrolífera y gasística. A partir de ese punto, al no existir ningún referente anterior de perforación a esas profundidades, se tuvieron que desarrollar nuevas técnicas y maquinaría, utilizando el método de prueba y error. Los soviéticos tuvieron que afrontar numerosas dificultades, aunque el principal problema que se encontraron fueron las altas temperaturas a las que tenía que trabajar la broca, lo que hizo que se tuvieran que idear sistemas de refrigeración y brocas capaces de trabajar a más de 300 grados.

Para continuar con la perforación, se tuvo que diseñar una nueva perforadora, la Uralmash 15000, especialmente ideada para la perforación a altas profundidades. Se trataba de una turbo perforadora (turbodrill, en inglés) , un invento perfeccionado por los soviéticos a finales de la década de 1940. A diferencia de las perforadoras tradicionales de rotación, en este sistema la columna de perforación se mantiene inmóvil y sólo gira la broca montada en el extremo inferior, reduciéndose así la tensión a la que es sometida toda la columna. Un mecanismo hidráulico hace girar la broca por la acción del lodo bentonítico a presión que circula a través de ella y que es bombeado desde la superficie.

Sala de control de la perforación

Sin embargo, el sistema también tiene desventajas. La más importante es el desgaste que sufren las brocas, que giran a más revoluciones que en un sistema rotatorio. Este desgaste, unido a la menor calidad de los materiales que solían usar los soviéticos, hacía que el tiempo dedicado a la substitución de las brocas y otras tareas de mantenimiento redujera el tiempo efectivo de perforación y, en definitiva, fue uno de los factores principales que hizo que la mayoría de perforaciones soviéticas fueran mucho más lentas que las occidentales.

Otro problema que se encontraron los ingenieros de Kola, en este caso debido a la gran profundidad del pozo, fue el del propio peso de la columna de perforación. Pese a utilizarse aleaciones ligeras de aluminio, la columna, de 147mm de diámetro, junto con el lodo de perforación pesaba más de 200 toneladas. En el caso del pozo de Kola, se utilizaron tres tipos diferentes de aleaciones de aluminio, para la sección más profunda, una adecuada para las altas temperaturas, mientras que la de la parte superior otra que primaba la resistencia.

Otro avance que se empleó en la perforación del pozo fueron las brocas retráctiles. Un sistema que permite cambiar de broca ya sea para adecuarse a la dureza de la roca o cuando se desgastan, sin necesidad de extraer toda la columna de perforación. Lo cual permitía reducir substancialmente el tiempo necesario para este tipo de operaciones.

Los ingenieros de Kola también tuvieron que idear aparatos especiales para realizar mediciones físicas directamente en el fondo del agujero, antes de que las muestras de roca (los “cores”) fueran subidas a la superficie. De manera similar a como ocurre con los peces que viven a grandes profundidades, que cuando son subidos a la superficie tienden a explotar, cuando las muestras de roca eran sacadas a la superficie se deformaban debido a sus elevadas presiones internas.

Secciones de tubería de la columna de perforación

Cuando ya se llevaba casi 13 años de trabajos, en 1983, la perforación alcanzó los 12.000 metros, pero los trabajos se detuvieron. Se aproximaba el Congreso Internacional de Geología, que ese año tocaba celebrar en Moscú. El congreso dedicó un monográfico al pozo de Kola, durante el que se hicieron públicos algunos de sus descubrimientos. La pausa duró todo el año y parece ser que contribuyó a la fatídica avería del 27 de setiembre de 1984. Ese día, durante la maniobra de retirada de la corona del taladro, este se atascó, presumiblemente, porque la columna de perforación quedó atrapada en una sección elíptica del agujero. Todos los intentos para resolver el atasco tratando de subir la columna resultaron inútiles.

Al final, la tensión a la que se vio sometida la tubería acabó provocando su rotura a los 7.000 metros de profundidad. La rotura ocurrió en una parte cavernosa (zonas en las que el diámetro del pozo es muy superior al diámetro nominal del taladro) del agujero y la parte superior de la columna se desvió. Los intentos para volver a conectar con la sección perdida de la tubería resultaron infructuosos. Se habían perdido 5 años de trabajo, 5.000 metros de tuberías habían quedado atrapados en el fondo del pozo.

Ante esta situación, se decidió que antes de continuar con la perforación era necesario hacer el agujero más ancho y colocar un “envoltorio”, una tubería exterior, para estabilizar las secciones cavernosas de la parte superior del pozo, que eran las más inestables. El diámetro del pozo se amplió hasta los 295mm de diámetro y se colocó una tubería exterior de 245mm hasta los 8.000 o 9.000 metros de profundidad. Durante la operación para hacer más ancho el pozo, a la profundidad de 7.000 metros, el taladro se desvió de su anterior trayectoria y se continuó perforando un nuevo pozo lateral de 295mm de diámetro. Una vez se acabó de colocar la tubería exterior, la perforación siguió con un diámetro de 215.9mm.

Se tardarían casi 5 años en llegar a la profundidad anterior a la rotura, pero en 1989 se llegó a los 12.262 metros. Durante ese año, se esperaba que el pozo pudiera alcanzar los 13.500 y en otros cuatro años más, los 15.000. Sin embargo, las temperaturas que se estaban encontrando durante la perforación eran muy diferentes de las esperadas. A diferencia de lo ocurrido durante los primeros 3 kilómetros de perforación, en los que la temperatura coincidía con las predicciones (apenas un grado de incremento por cada 100 metros), a partir de esa profundidad, el incremento de la temperatura empezó a ser mucho más rápido.

Broca retráctil en modo funcionamiento y en modo de “transporte”. Foto original Aquatic Company

A los 10.000 la temperatura alcanzaba ya los 180 grados, mucho más de los 100 que se habían pronosticado. De seguir así la progresión, la temperatura a 15.000 metros de profundidad hubiera sido de unos 300, lo cual hubiera impedido al taladro trabajar. Con estos datos se consideró imposible continuar con la perforación y en 1992 se decidió detener los trabajos.

En otras perforaciones de alta profundidad también habían aparecido discrepancias entre temperaturas esperadas y encontradas. Este había sido el caso de una perforación llevada a cabo en Azerbaiyán, también por los soviéticos. Aunque, en ese otro caso, las divergencias se produjeron a la baja, a 7.500 metros de profundidad la temperatura era de 133, por debajo de los 150 previstos, aunque, en esa ocasión, los científicos achacaron las diferencias a la ausencia de actividad magmática en la zona.

Pese a todo, la perforación de Kola se podía considerar un éxito. Se había atravesado un tercio de la corteza continental báltica, que se supone que es de unos 35 kilómetros de grosor, y había permitido sacar a la luz piedras de 2.700 millones años de antigüedad. Los científicos habían llevado a cabo numerosos estudios geofísicos sobre la estructura profunda de la placa báltica, las discontinuidades sísmicas y el régimen termal de la corteza terrestre.

Pero uno de los descubrimientos más fascinantes fue el hecho de no encontrar cambio de velocidades sísmicas en la hipotética transición entre granito y basalto dentro de la corteza. Este hecho tiró por tierra la teoría del geofísico Harold Jeffreys, y que hasta la fecha era aceptada como hipótesis de trabajo por la mayoría de geólogos. Según la teoría del británico, el “salto” de velocidad de propagación sísmica dentro de la corteza se debía al paso del granito al mucho más denso basalto.

Sorprendentemente, a esa profundidad se encontró una capa de roca metamórfica, que se extendía entre los 5 y 10 kilómetros de profundidad. Era precisamente en el fondo de esta capa donde se producía el esperado cambio de velocidad de propagación. Además, las rocas de esta capa se encontraban muy fracturadas y saturadas de agua. Encontrar agua a esas profundidades también resultó del todo inesperado. Los geólogos creyeron que ese agua, a diferencia del agua superficial, debía provenir de minerales de las capas más profundas de la corteza, pero que le había resultado imposible llegar a la superficie por culpa de alguna capa de roca impermeable.

Otro descubrimiento inesperado fue la gran cantidad de hidrógeno, que contenían los lodos extraídos. Los lodos parecían hervir por el hidrógeno que se escapaba de ellos. También resultó sorprendente comprobar que la densidad de las rocas bajaba a grandes profundidades. Cerca de la superficie, la densidad tiende a crecer con la profundidad, pero a una profundidad de unos 4.500 metros se registró un repentino descenso de la densidad y un incremento de su porosidad y permeabilidad.

Sello soviético conmemorativo del Pozo Superprofundo de Kola, 1987

Según Yuri Yakolev, un geólogo que trabajó en Kola, no se esperaba encontrar pruebas de vida a grandes profundidades. Sin embargo, a medida que la broca iba penetrando a través de capas alternativas de rocas ígneas, se encontraron, aparte del agua, acumulaciones de gas y algunas sales de iodo y bromo. Incluso cuando se alcanzaron los 6.000 metros se encontraron fósiles microscópicos, entre los que se identificaron 24 especies distintas de plancton.

Sin quitar importancia a estos descubrimientos, resulta un tanto paradójico que pese a todo el esfuerzo y los años de perforación decicados, muy a menudo la mayoría de geólogos occidentales no usen ni hagan referencia a los datos y mediciones de Kola, sino que prefieren los del pozo alemán KTB, de sólo 9.121 metros. Tal vez, porque los resultados de Kola no fueron nunca presentados de manera sistemática a los científicos occidentales. Tal vez, porque la principal razón para la construcción del pozo no era ningún objetivo científico en particular, sino el triunfo de conseguirlo.

En la actualidad, el pozo es gestionado por una empresa estatal rusa, que mantiene operativo un laboratorio geológico profundo, a 8.578 metros de profundidad y 214 mm de diámetro. Su futuro no está del todo claro y parece ser que se ha barajado su destrucción.

PS: Parece ser que el pozo de Kola sirvió de inspiración para la leyenda urbana de “El Pozo al Infierno”. En 1989 la Trinity Broadcasting Network, una red de televisión americana de inspiración cristiana, se basó en informaciones aparecidas en periódicos finlandeses para informar de la existencia de una perforación en el Óblast de Murmansk (el mismo en el que se encuentra la península de Kola), tan profunda que durante su perforación habían llegado al mismísimo infierno.

Según la leyenda, los rusos habían perforado un agujero de 14.5km de profundidad antes de encontrarse con una cavidad. Intrigados por el extraño descubrimiento, decidieron bajar unos micrófonos muy resistentes al calor hasta la caverna. La temperatura allí abajo era de 1.100 grados y entre las llamas se podían escuchar voces humanas chillando.

Fotos originales (excepto la del sello y el taladro retráctil): Kola Institute, via wired.com

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+info:
- Pozo Superprofundo Kola en es.wikipedia.org en.wikipedia.org
- Russians plan dramatic expansion of effort in Earth drilling in The New York Times
- Advanced drilling solutions By Yakov A. Gelfgat, Mikhail Y. Gelfgat, Yuri S. Lopatin in googlebooks
- Horizonte de Pilar Benejam en googlebooks
- Technology and Soviet Energy Availability (PDF) by Congress of the United States
- The World's Deepest Hole by Larry Gedney in Alaska Science Forum
- The Deepest Hole in Damn Interesting
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lunes, 20 de abril de 2009

El sueño que revolucionó la fabricación de perdigones

Una noche de 1782, un fontanero de Bristol acabó borracho. Incapaz de llegar a su casa, pasó la noche durmiendo a los pies del campanario de Saint Mary Redcliffe. Esa noche tuvo un sueño gracias al cual se le ocurrió un curioso método para fabricar perdigones, unos perdigones más esféricos que los que producían los métodos que se usaban hasta entonces. Tal vez no fuera un sueño, pero la patente hizo del borracho un hombre rico y sus torres de perdigones, en las que "llovía" el plomo fundido, se convirtieron en el método más usado.

La torre de Watts en Bristol

A mediados del siglo XVIII se usaban dos métodos distintos para fabricar las balas y perdigones en función de su tamaño. Los perdigones grandes se fundían en moldes, un método bastante obvio, aunque muy laborioso y que además producía marcas en las juntas, poco aerodinámicas. Otro método, el que se usaba para los perdigones más pequeños, consistía en verter plomo fundido a través de un tamiz suspendido varios centímetros sobre un barril de agua. El tamaño de los agujeros de este tamiz determinaba el calibre de los proyectiles.

Este segundo método tampoco era perfecto, el resultado eran perdigones con forma de lágrima, ovalados y con “cola”. Era necesario entonces pasar esos perdigones por una máquina que eliminara las imperfecciones más importantes para finalmente obtener un proyectil más o menos esférico. Para que el plomo fundido pasara a través de los agujeros formando “gotas” era necesario añadir antes arsénico, de otra manera el plomo caía formando un flujo constante y el resultado era aún peor. El problema de este método, aunque nadie había reparado en ello, era que la caída de las “lágrimas” de plomo hasta el depósito de agua era demasiado corta, unas pulgadas sólo.

Sin embargo, no sería la investigación ni la experimentación científica la que detectaría ese problema, sino que la solución le fue revelada en sueños a un fontanero de Bristol. Todo ocurrió una noche de borrachera, cuando William Watts fue incapaz de llegar a su casa y acabó durmiendo a los pies de la torre de la iglesia de Saint Mary Redcliffe. Allí Watts, se dice, soñó que la iglesia ardía y el plomo del tejado caía fundido al suelo, donde iba a parar a los charcos de agua donde se solidificaba formando perdigones que, en el sueño al menos, eran perfectamente esféricos.

Vertiendo plomo en la torre de Watts en 1940

Existe otra versión del sueño, tal vez más acorde con los temores de un borracho casado, en el cual Watts sueña que es su mujer, la que arroja plomo fundido desde la torre de la iglesia a través de los agujeros de una sartén. En otras versiones de la historia se cambia incluso la persona que tuvo el sueño, según estas no fue Watts, sino su mujer.

Poco se conoce de Watts, aunque es muy probable que por su negocio y por su profesión tuviera más que un buen conocimiento de las propiedades y usos del plomo. Además Bristol era en esa época un centro de la fabricación con plomo, por lo que Watts podría haber oído de los problemas de la fabricación de balas pequeñas de algún conocido, tal vez durante alguna borrachera. Sin embargo, no hay ninguna evidencia que indique que Watts tuviera conexión con la fabricación de proyectiles. Por increíble que parezca la historia del sueño, según David John Rowe, autor del “Lead Manufacturing in Britain”, tampoco hay otra teoría más racional que explique mejor la ocurrencia.

Viniera de donde viniera la idea, Watts y su esposa decidieron probarla. Escogieron para ello la torre de la iglesia del sueño donde colocaron un barril con agua en el suelo. La prueba fue todo un éxito, tras verter el plomo fundido este caía como una lluvia. Durante la caída, el aire empezaba a enfriar los glóbulos del metal, el agua amortiguaba la caída y los acababa de solidificar. No había que esperar más, Watts decidió patentar este procesopara producir pequeños proyectiles perfectamente globulares en su forma y sin hoyuelos, muescas o imperfecciones”. En la patente que obtuvieron en diciembre de 1782, se especificaba que para perdigones pequeños la altura de caída tenía que ser de cómo mínimo 3 metros, y para los mayores de 45 metros. La patente también describía el método para producir “plomo envenenado”, es decir, plomo con arsénico, aunque no había nada nuevo en ello.

El proceso tenía una explicación científica, aunque esta no le fuera relevada en el sueño al fontanero “prodigioso”. Las gotas de lluvia, aunque muy habitualmente son dibujadas de forma similar a una lágrima, tienen realmente una forma más o menos esférica. Cuando ya llevan cayendo una cierta altura, la tensión superficial las hace adoptar la forma con menor superficie, la esfera. En el caso del plomo, su tensión superficial es mucho mayor que la del agua, por lo que al caer forma esferas mucho más perfectas.

El interior de la torre de Watts

Watts esperó unos años, hasta principios de 1785, para poner en práctica su idea. Muy probablemente dedicara este tiempo a reunir el dinero necesario, que fueran necesarios varios años, se puede interpretar como una muestra que la patente no despertó gran interés hasta que no se vio que era válida para la producción a gran escala. Ese año Watts alquiló una casa en Redcliff Hill, la misma calle en la que ya tenía su negocio de fontanería, y empezó la que sería la primera shot tower”.

Primero, hizo más profundo un pozo que ya había en el sótano de la casa, luego conectó todas las plantas haciendo un agujero en el suelo de todas ellas. Para conseguir más altura además construyó una pequeña torre en el tejado, en total una caída de 18 metros, menos de lo que especificaba en la patente, pero parecía ser suficiente. Pese a decorar la torre en un estilo que Watts llamó “gótico”, la nueva manufactura no tardó en despertar las quejas de los vecinos, que se quejaban por las molestias que esta les causaba, especialmente por el olor. Aunque Watts parece que les hizo poco caso.

Hay una cierta confusión sobre lo que ocurrió después. Parece ser que Watts se asoció con Philip George y Samuel Worrall, un industrial cervecero y un banquero de Bristol, respectivamente. La empresa conjunta construyó una segunda torre de perdigones en Londres, donde estaba la demanda. Aunque según otros, Watts les vendió la patente por 10.000 libras. En cualquier caso, parece ser que en 1790 Watts ya estaba desvinculado de la empresa y decidió invertir el dinero obtenido en varios proyectos especulativos en Bristol. Watts compró un terreno en el desfiladero del río Avon y empezó a construir lo que sería la Windsor Terrace.

El terreno tenía unas vistas inmejorables sobre Bristol, pero su gran inclinación hizo que los costes de construcción del muro de contención se dispararan. Estas dificultades unidas a la depresión en la que se encontraba sumida Inglaterra por las Guerras Napoleónicas hicieron que Watts perdiera todo su dinero y además no pudiera acabar el proyecto. Según se cuenta, en 1794 Watts arruinado tuvo que volver a su negocio de fontanería.

Sección de la Jackson Ferry Tower en Virginia, original del Virginia Department of Conservation and Recreation

Los socios de Watts también pasaron por dificultades y tuvieron que vender la torre de Londres, obteniendo un beneficio de 2.000 libras. Con ese dinero ampliaron las instalaciones de Bristol para adaptarlas a la fabricación de más productos de plomo. Finalmente los herederos de George venderían el negocio en 1863 a Sheldon Bush and Patent Shot Co que lo mantendría funcionando hasta 1994.

Aunque Watts acabara arruinado, su método fue todo un éxito y se extendió rápidamente. A partir de 1789 empezaron a aparecer otras torres de perdigones por Londres, luego por toda Europa y más tarde en Estados Unidos. La expansión de la técnica se aceleró a partir de 1796, cuando la patente expiró. Algunos fabricantes aprovecharon para empezar a construir sus torres antes de esa fecha, y así tenerlas preparadas para cuando la patente se acabara.

Las “torres de perdigones” fueron remplazadas a finales del siglo XIX por las “torres de viento”, que usaban chorros de aire frío para reducir de manera drástica la altura necesaria. Aunque no dejó de ser un cambio menor, prueba de ello es que la torre original de Watts siguió fabricando perdigones hasta el 1968, cuando tuvo que ser derribada para ensanchar la carretera.

Fueron muchas las torres construidas, la más alta en 1882 en Melbourne, de 80 metros de altura. Aunque la altura siempre se intentaba que fuera la mínima necesaria, la construcción de la torre era de lejos la parte más costosa de una fábrica de perdigones y a más altura, más costosa. En muchos casos se intentó utilizar las ventajas de proporcionaba el terreno para hacerlas más bajas, se aprovechaban pozos mineros abandonados o precipicios. Ese fue el caso de una torre bastante peculiar la de Jackson Ferry en Virginia (USA), construida en 1807.

Torre de los perdigones en Sevilla

Una de las peculiaridades de esta torre es que al contrario que la mayoría, no fue construida con ladrillos sino con piedra, sus paredes de 75cm de grosor mantenían su interior a una temperatura fresca y constante, lo que mejoraba la calidad de los perdigones que producía. La torre se construyó al borde de un precipicio, lo que permitió que la altura del edificio fuera de sólo 23 metros, para alcanzar los 45 necesarios según la patente de Watts, se excavó un pozo vertical de otros 23 metros al que se accedía por otro lateral desde la orilla del río que discurría a los pies del precipicio.

En España hoy aún se conserva la Torre de los Perdigones de Sevilla, construida en 1890 y de 45 metros de altura. La torre formaba parte de la antigua fábrica “San Francisco de Paula”, una fundición más de las muchas que existían en la ciudad y que estaba dedicada de pleno a la fabricación de perdigones, balas y zinc en plancha. La fundición cerró en los años 50 y la torre es lo único que queda de ella.

Hoy en día se han adoptado nuevos métodos para la fabricación de perdigones. Para los más pequeños se usa el método Bliemeister, mientras que los más grandes se producen mediante troquelación y extrusión de cables de plomo. El método Bliemeister aún guarda un cierto parecido con el de Watts, aunque prescinde de sus costosas torres al reducir la altura de la caída a sólo una pulgada. Los perdigones caen sobre un recipiente con agua caliente, ruedan sobre un plano inclinado y después continúan cayendo a través del agua caliente durante más o menos un metro. La temperatura del agua se usa para controlar la velocidad de enfriamiento.

Por otro lado, los problemas medioambientales del plomo han hecho que los perdigones de acero hayan ido reemplazando los de plomo. Los perdigones de acero son producidos mediante el uso de moldes. El punto de fusión del acero, mucho más alto que el plomo, hace imposible construir una torre para perdigones de acero. Pese a todo, hoy aún existen una treintena de torres de perdigones de plomo en todo el mundo, 5 de ellas en Estados Unidos. Una de las americanas dedicada no a la producción de perdigones sino a la fabricación de polvo de plomo.

PS: En la Antigua Grecia ya se usaba el plomo para fabricar la munición de las hondas. Gracias a la gran densidad del plomo, estos proyectiles llegaban más lejos que las simples piedras.

Muchas gracias a Golias, por el descubrimiento de este tema. Un saludo!

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+info:
- Lead Manufacturing in Britain by David John Rowe in googlebooks
- The Shot Tower by Walter Minchinton in AmericanHeritage.com
- Shot Tower, in Engines of Our Ingenuity
- Shot Tower in en.wikipedia.org
- Lead working in Bristol
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