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martes, 23 de noviembre de 2010

Y la Revolución Soviética llegó al calendario

La mayoría de la Europa Católica había adoptado el calendario gregoriano en 1582. Algunos países protestantes habían tardado bastante más, pero habían acabado haciendo el cambio. Sin embargo, en Rusia, la oposición de la Iglesia Ortodoxa había conseguido que en 1918 el país aún siguiera el desfasado calendario juliano. Las cosas cambiarían con la llegada de Lenin al poder, quien en su empeño por crear una nueva sociedad, una de sus primeras medidas fue la de abolir el calendario juliano y decretar la adopción del gregoriano “con el objetivo de instalar a Rusia en el mismo sistema de medida del tiempo que casi la totalidad de naciones avanzadas ya usaban”.

Calendario Soviético del 1930 que conserva meses irregulares y semanas de 7 días

Sin embargo, en aquel tiempo, Rusia estaba inmersa en la guerra civil que enfrentaba a bolcheviques y el denominadoMovimiento Blanco, que agrupaba a partidarios del Zar y a otros grupos contrarrevolucionarios, por lo que su decreto sólo fue aplicado en la parte del país bajo control bolchevique. Mientras, la Rusia “blanca” continuaba siguiendo el anterior calendario, llegándose a dar la situación de que si un territorio cambiaba de manos, cambiaba de fecha.

Como sucedió en otros países cuando hicieron esta misma transición, para corregir el desfase producido por el paso de los años, los días que van del 1 al 13 de febrero nunca existieron para los bolcheviques, y al 31 de enero le siguió el 14 de febrero.

A finales de la década de los 30, acabada la guerra y establecido el régimen comunista, ya hace mucho, los soviéticos volvieron a poner los ojos en el calendario y se comienzan a discutir otras maneras de organizar la semana productiva que pudieran mejorar la productividad del país. Yuri Larin fue el primero en proponer la idea de una semana de trabajo continua, sin fines de semana. Fue en mayo de 1929 durante la celebración del Quinto Congreso de los Trabajadores, Soldados y Campesinos Soviéticos. La idea parece que pasó bastante desapercibida, por lo que no aparece ni mencionada en el discurso de clausura de dicho congreso.

Sin embargo, en junio de ese mismo año, Larin consigue el apoyo de Stalin para su idea y las cosas cambian. Inmediatamente, se dan órdenes expresas para que la prensa comience a ensalzar la idea y en unos días el Consejo Económico Supremo pide a sus expertos que propongan un plan para la implantación de la semana productiva continua en tan sólo dos semanas. Las cosas se mueven deprisa y a mediados del mismo mes de junio, Larin, muy probablemente hinchando la cifra, ya afirma que el 15% de la industria ya estaba funcionando en modo continuo.

Calendario Soviético del 1930 con un día de descanso cada 5, pero con los días organizados según las antiguas semanas de 7 días

Una vez el gran líder se había pronunciado en favor del nuevo sistema, a la semana continua no paraban de lloverle partidarios. A finales de agosto es el Consejo de Ministros el que declaraba esencial que se prepare la transición al nuevo sistema en empresas e instituciones durante el año económico 1929-1930. La duración de la semana continua aún no se especifica.

No queda claro, pero parece ser que el primer día de aplicación de la nueva semana fue el 1 de octubre, a comienzos del nuevo año económico. En un primer momento, se fija su duración en 5 días. Aunque más tarde, se especifica una semana de 6 días para la construcción y para otros trabajos de carácter estacional. Mientras que para las fábricas que paraban su producción una vez al mes, se adopta una semana continua de 6 o incluso 7 días. Los días de la semana pierden su nombre y cada día es asignado un color o un número romano (del I al V). A cada trabajador se le asigna un color o número, el color de su día de descanso.

Con el nuevo calendario soviético, que tenía que ser eterno, el año quedaba dividido en 72 semanas de 5 días. Tres de las cuales tenían alguno de los cinco días de fiesta nacionales intercalados. Estos días de fiesta, que fueron cambiando a lo largo del tiempo, en 1929 eran el 22 de enero (aniversario de El Domingo Sangriento  y día de Lenin), 1 y 2 de mayo (día internacional de los trabajadores) y el 7 y 8 de noviembre (conmemoración de la Revolución de Octubre). Estos días, no formaban parte de ninguna semana, sino que quedaban fuera del sistema de colores y eran, en teoría, festivos para todos los trabajadores.

Calendario Soviético del 1931 con las semanas de 5 días y días numerados del I al V

Según algunas fuentes, el nuevo calendario no sólo modificaría la duración de las semanas, sino que también racionalizaría la duración de los meses, que pasaron a ser todos de 30 días o lo que es lo mismo, tener 6 semanas de 5 días. Los 5 días que faltaban para llegar a los 365, serían los anteriores 5 festivos nacionales, que se consideraría que no pertenecían a ningún mes, sino que se situaban intercalados entre ellos.

Sin embargo, no queda del todo claro hasta qué punto se llegó a aplicar, si es que se llegó, esta modificación de la duración de los meses. Por ejemplo, el periódico oficial del partido, el Pravda, siguió usando las fechas del calendario gregoriano. Existen ejemplares con fecha del 31 de junio, julio, agosto, octubre y diciembre, pero en todo este tiempo no hay ningún ejemplar de ningún 30 de febrero. Incluso, pese al ferviente ateísmo del régimen, el Pravda sigue usando “Resurrección” y “Sabbath” para referirse a sábado y domingo. También parece que la mayoría de los calendarios de bolsillo conservados de esta época siguen mostrando los irregulares meses del calendario gregoriano y, además, organizados en filas o columnas de 7 días, que comienzan por el domingo. Se conserva alguno que muestra las semanas de 5 días y los días etiquetados con los números del I al V, pero son los menos.

Este nuevo sistema tenía como objetivo incrementar la productividad y hacer un uso más eficiente de los recursos, al permitir que las fábricas permanecieran abiertas y funcionando todos los días del año. En un día de trabajo cualquiera, el 100% maquinaría de la fábrica podía estar funcionando, con sólo un 80% de su plantilla.

Pero, aparte de ser un intento de aumentar la producción industrial, la adopción de un nuevo calendario carente de connotaciones religiosas era un paso más de la estrategia de acoso y persecución de la religión por parte del gobierno. Por un lado, la substitución de las festividades tradicionales ortodoxas por otras de carácter patriótico o ideológico dificultaba la preparación y celebración de las festividades antiguas. Por otro, la adopción de una semana de laboral de 5 días, en la que el día de descanso no tenía por qué coincidir con el domingo, hacía más difícil guardar y asistir a los oficios religiosos del “día del Señor” o de cualquier otra festividad que tradicionalmente se celebrara en domingo.

“Año 25 de la Revolución Socialista. Diciembre 1937. 12, sexto día de la semana de seis días”

En cuanto al descanso de los trabajadores, si comparamos esta nueva semana de 5 días con sólo un día de descanso con la de 5 días laborales y un fin de semana de 2 días. En un período de 35 días, es decir, 5 semanas de 7 días o 7 de 5 días, con la semana actual se trabajan sólo 25 días, mientras que con la “soviética”, 28. Viendo estos números se puede considerar que la implantación de la nueva semana implicaba una reducción del número de días de descanso de los trabajadores. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los fines de semana de 2 días eran un lujo que en aquel tiempo sólo se podían permitir algunas industrias y en algunos países.

Por ejemplo, en Estados Unidos, Henry Ford comenzó en 1926 a cerrar sus fábricas los sábados y los domingos, aunque, la implantación generalizada en todo el país de los fines de semana de 2 días no llegaría hasta 1940.

Sin embargo, la situación de la Unión Soviética era muy distinta. En aquel tiempo, era un país que se estaba industrializando y antes de la reforma del calendario sólo había un único día de descanso a la semana, por lo que con la nueva semana de sólo 5 días los trabajadores ganaban ligeramente en cuando a días de descanso. En la comparación anterior, en 35 días, pasarían de 30 días de trabajo a sólo 28.

Pero no todo eran ventajas, el hecho de que el día de descanso no fuera el mismo para todos hizo que, en las parejas en las que el marido “era” de un color y la mujer de otro, la vida familiar se resintiera. Lo mismo sucedió con la vida social, al resultar mucho más difícil mantener el contacto con las amistades de otro color. Pero, aparte de estos problemas, la productividad tampoco subió todo lo esperado. Con el nuevo ritmo de trabajo, la maquinaría se estropeaba más a menudo. La máquinas no estaban preparadas para funcionar de manera continua, 24 horas al día, los 5 días de la nueva semana, y, además, al no haber paradas semanales se dificultaba llevar a cabo su correcto mantenimiento. Tampoco ayudaba que el nuevo sistema obligara a que las máquinas tuvieran que ser manejadas por obreros menos familiarizados con su funcionamiento particular.

Calendario Soviético del 1937 con las semanas de 6 días

Sólo en los primeros meses, parece que ya existían más de 50 implementaciones distintas de la semana continua en toda la Unión Soviética. La más larga de ellas de 37 días, 30 días seguidos de trabajo y luego 7 días de descanso. Pero aunque no existía unanimidad, la implantación de la nueva semana no se detenía. Si los planes no fallaban en abril de 1930 el 43% de los trabajadores de la industria tenía que seguirla, y en octubre el porcentaje tenía que llegar hasta el 67%.

Mientras nuevas empresas adoptaban la nueva semana, durante mayo de 1930 comienzan a aparecer las primeras empresas la abandonan y deciden volver a la antigua semana de producción interrumpida. Pese a ello, es durante el mes de octubre de este año cuando se alcanza el mayor nivel de implantación de la semana continua y llega al 72.9% de toda la industria. Un número que muy probablemente estuviera inflado por los políticos y por las propias empresas, ya que muchas decían adoptar la nueva semana, pero en realidad continuaban con la anterior. Durante este tiempo, la semana continua también se aplicó en el comercio o entre el funcionariado, aunque no se hicieron públicas cifras de su adopción.

La impopularidad de la nueva semana entre los trabajadores unida al resto de problemas llevan a que Stalin en junio de 1931 condene la semana continua tal y como se estaba implantando, y ordena una adopción temporal de la semana de 6 días interrumpida. No se cumplen por tanto los planes según los cuales durante ese el año económico, el 1930-1931, todos los sectores industriales, a excepción del textil, tendrían que estar trabajando de forma continua.

Calendario Soviético del 1939 con las semanas de 6 días

Con la nueva semana se recupera el día de descanso semanal común para todos los trabajadores. Se hace coincidir el primer día de cada mes con el primer día de la semana, de manera que los días 6, 12, 18, 24 y 30 de cada mes son de descanso. El último día de los meses que tenían 31 era siempre un día de trabajo extra en la industria que junto con los cinco primeros días del mes siguiente hacía que acabaran trabajando 6 días seguidos. Más afortunados eran algunos funcionarios y trabajadores comerciales para los que los 31 eran siempre festivos.

Finalmente, en noviembre se decreta el abandono definitivo de la semana continua, quedando restringido su uso a empresas que producían de manera continua, como fundiciones, hospitales y otras instituciones sociales y culturales. El 1 de diciembre de 1931 es considerado el día en que se abandona la continua y se vuelve a una forma de semana interrumpida. Unos años después, en 1935, tan sólo el 25.8% de los trabajadores sigue alguna forma de semana continua. Y el 27 de junio 1940, se elimina el único vestigio de las reformas que aún quedaba en el calendario. Se abandona la semana de 6 días y se vuelve la de 7 días, con el domingo como día de descanso común para todos los trabajadores

Enlace permanente a Y la Revolución Soviética llegó al calendario

+posts:
- Cuando las semanas eran de 10 días y los días de sólo 10 horas
- El Edificio Narkomfin, la utopía de la vida colectiva
- El misterioso zumbador de la UVB-76
- El pozo más profundo de la Tierra
- Stanislav Petrov, el hombre que salvó al mundo

+info:
- Calendario revolucionario soviético en es.wikipedia.org y en.wikipedia.org
- Soviet Calendars and the Quest for Industrial Efficiency by Thomas Gangale
- The book of calendars by Frank Parise in Google books
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jueves, 7 de febrero de 2008

El asesinato de Rasputin

(Leer antes la primera parte de este artículo)

El primer intento de asesinato que sufrió Rasputin, lo llevó a cabo una seguidora del monje Iliodor, un antiguo amigo de Rasputin, totalmente disgustado con su actitud reciente, Iliodor incitó a una prostituta seguidora suya llamada Khionia Guseva, para que matara a Rasputin. Khionia causándole graves heridas en el abdomen, convencida de su éxito grito "He matado al anticristo". Pero Rasputin superó lo que en principio parecía una herida mortal tras pasar por varias operaciones. Tras este intento de asesinato Rasputin ya no fue el mismo, según su hija de cansaba mucho y consumía opio de manera muy habitual para combatir el dolor.

Rasputin no saldría tan airoso de su definitivo intento de asesinato. Este fue orquestado por un grupo de aristócratas liderados por el Príncipe Yusupov y el Gran Duque Dmitri Pavlovich (uno de los pocos Romanov que conseguiría escapar de la muerte durante la Revolución), que creían que Rasputin estaba poniendo todo el imperio en peligro.
Tras invitarle al palacio del príncipe con el pretexto de encontrarse con la sobrina del Zar, el 30 de Diciembre del 1916. Intentaron envenenarle con unas pastas de té. Las cuáles no surtieron ningún efecto, pese a que según dice Yusupov poner la dosis suficiente para matar a cinco personas. Sorprendido Yusupov disparó a Rasputin con una pistola y Rapustin cayó al suelo, convencido de haberlo matado salió fuera a comunicárselo a sus cómplices, pero al entrar para coger un abrigo, decidió comprobar el estado del cadáver, en ese momento Rasputin abrió los ojos e intentó estrangularlo, advertidos por el ruido entraron en la habitación sus cómplices que volvieron a disparar a Rapustin y este volvió a caer al suelo. Ante su horror, al poco vieron que estaba intentando levantarse de nuevo. Sorprendidos decidieron tirarlo a un rio helado donde finalmente murió como lo habían hecho sus dos hermanos años antes.
Tres días después el cuerpo de Rasputin fue recuperado del hielo, envenenado y disparado cuatro veces, la autopsia determinó que la causa de su muerte había sido hipotermia. Su cadáver se encontró con los brazos estaban levantados como si hubiera intentado escapar del hielo, también se encontró agua en sus pulmones lo cuál para algunos indicaría que seguía vivo cuando fue arrojado al hielo.

Su cuerpo fue enterrado en el palacio Tsarskoye Selo en San Petersburgo, aunque durante la Revolución fue desenterrado y sus restos fueron quemados en un bosque cercano.

Esta es una versión de su muerte basada en una de las descripciones de Yusupov, pues dio varias, la primera a la policía de San Petersburgo después del asesinato, más tarde durante su exilio en Crimea, en su libro... y ninguna de ellas idéntica. Expertos actuales cuestionan algunos aspectos del relato e intentan encontrar explicaciones más científicas a lo ocurrido.

Así en 1993 el profesor Vladimir Zharov y Derrick Pounder en 2004, basándose en un informe de la autopsia no publicado del 1916 sostenían que no se encontró veneno en el estómago de Rasputin. Una posible explicación sería que el horneo de las pastas habría vaporizado el veneno que contenían. Pero sostenían que fue golpeado y atacado con una arma cortante. Pero había discrepancias en el calibre y tipo de las armas de fuego usadas, lo cual podría dar un giro a la visión del asesinato de Rasputin que se tenía hasta ahora.

Según estos expertos el tercer disparo habría sido con un arma diferente de las otras que causaron los otras tres heridas. Lo que la hacía peculiar era que fue hecho con un tipo de bala que sólo se usaba en Inglaterra. Algunos sostienen que el único poseedor de un arma así en San Petersburgo era un oficial del servicio secreto inglés llamado Oswald Reyner. Este hecho confirmaría la teoría que el gobierno inglés habría estado implicado en el asesinato de Rasputin. Los ingleses estaban preocupados que Rasputin había ido desplazando los ministros pro-ingleses del gobierno ruso, temían que Rusia acabara abandonando la guerra lo cuál habría tenido consecuencias desastrosas para los aliados que hubieran quedado en inferioridad numérica.

A su retorno a Inglaterra Rayner confesó a su prima, Rose Jones, que había estado presente en el asesinato de Rasputin e incluso mostró una bala que recogió en la escena del crimen. Lamentablemente esta teoría no se puede demostrar con pruebas, pues Rayner quemó todos sus papeles poco antes de morir en 1961 y su hijo murió cuatro años depués.

El misterio que acompañó a Rasputin hasta su muete le siguió acompañando después. Al poco de morir su secretario personal Simonovich se dió cuenta que Rasputin había movido una gran cantidad de dinero a una cuenta de su hija Maria, cómo si quisiera dejar todo en orden tras su muerte. Y además según afirmó su secretario unas semanas antes había escrito una carta preconizando su propia muerte.

En esta carta afirmaba que él no vería el inicio del año 1917. Advertía al Zar, que si era asesinado por la plebe los hijos del Zar reinarían durante siglos y siglos, pero si por el contrario era la nobleza la que lo asesinaba, habría un enfrentamiento entre hermanos en Rusia y durante 25 años no habría nobles en Rusia, y los hijos del Zar no vivirían más de dos años.

Algunos se preguntan si realmente fue capaz de prever su muerte o simplemente era consciente que eran muchos los que querían matarlo y que su tiempo se estaba acabando?

Tras la Revolución de Octubre su hija emigró a Francia. Allí trabajó de de bailarina y domadora de tigres en un circo. En sus memorias, retrató a su padre como un santo y acusaba de todas las calumnias a malinterpetraciones creadas por sus enemigos.

posts relacionados:
- Rasputin, santo o demonio?
- San Simeón el Estilita, la vida en lo alto de una columna

+info:
http://www.alexanderpalace.com/2006rasputin/index.html (In English)
http://en.wikipedia.org/wiki/Grigori_Rasputin (In English)
http://it.stlawu.edu/~rkreuzer/indv5/rasp.htm (In English) Leer más »

martes, 5 de febrero de 2008

Rasputin, ¿santo o demonio?

Grigori Yefimovich Rasputin es un personaje rodeado de un halo de misterio. Se ha especulado mucho sobre su influencia sobre los Romanov durante los últimos días de su gobierno antes de la Revolución, y algunos lo responsabilizan de parte del descrédito que acabó provocando su caída. Mientras que para unos sería un mero charlatán, otros lo verían como un místico, un santo sanador o un profeta visionario.

La mayoría de las biografías de Rasputin se basan en fuentes un poco dudosas que mezclan historia con fantasía y relatan los hechos de manera contradictoria. Aunque se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, documentos descubiertos recientemente la fijarían el 22 de Enero de 1869. Poco se sabe de su infancia a parte de que tenía una hermana y un hermano, los cuales morirían ambos ahogados en un río en dos accidentes independientes. Muchos han visto en esto más que una mera coincidencia, sin embargo, no se ha podido probar y ni deducir nada más.

A la edad de 18 años, pasó tres meses en el Monasterio de Verkhoturye, posiblemente como pena por un robo. Esta estancia cambió su vida para siempre aunque no se hizo monje. Algunos afirman que allí entró en contacto con la secta cristiana prohibida de los Khlysts (flagelantes). La sospecha de la pertenencia a esta secta le acompañó durante el resto de su vida.

A la salida del monasterio emprendió una vida errante y conoció a un hombre santo llamado Makariy, quien moldearía a Rasputin a su imagen y semejanza. En 1889 se casó con Praskovia Fyodorovna, con quien tendría tres hijos, dos de los cuales recibirían los nombres de su dos hermanos fallecidos. Pese a casarse siguió con su vida de peregrinaje que esta vez le llevaría al Monte Athos (ver post), Grecia y Jerusalem, hasta llegar en 1903 a San Petersburgo donde progresivamente fue ganando la fama de hombre santo con poderes proféticos y entró en contacto con las altas esferas de Rusia, donde ganó un gran número de seguidores.

Rasputin proseguía con su peregrinaje, esta vez por su tierra natal, Siberia, cuando le llegó la noticia (según algunos fue la mísmisima Virgen María la que se le apareció) que el hijo del Zar Alexei estaba enfermo (en aquellos tiempos no se sabía que padecía hemofilia, un enfermedad muy común entre la realeza europea descendiente de la Reina Victoria de Inglaterra), tras caer de un caballo había estado sangrando internamente.

Los médicos no encontraban cura para el estado del joven príncipe y la Zarina Alexandra finalmente confió en Rasputín. De manera repetida la presencia y plegarias de Rasputin fue acompañada de mejoría en el estado del joven príncipe. Algunos piensan que podía haber usado hipnosis, otros que podría haber usado la recién inventada, y que era considerada en aquel entonces casi como una nueva "medicina mágica", la aspirina.

Esta sanación le hizo ganarse la confianza de los Romanov y se convirtió en su sanador y asistente espiritual. Una parte de la élite rusa estaba fascinada con él, pero otros lo miraban con desconfianza. Por otra parte, las fuertes tensiones que mantenía con el clero ortodoxo que le acusaba de prácticas inmorales y diabólicas, no ayudaban a su aceptación. Entre las masas de gente humilde también era admirado pues lo veían como uno de los suyos. Además tenía una actitud abierta hacia ellos, y dedicaba dos horas al día a recibir a cualquier ciudadano que lo solicitara. Sin embargo otros lo acusaban de ser un cínico, de usar la religión y los supuestos poderes sanadores para enmascarar sus deseos de sexo, dinero y poder.

La concepción religiosa de Rasputin era un tanto peculiar, probablemente muy influida por sus contactos con la secta de los flagelantes. Rasputin creía que la salvación dependía menos de la iglesia que de la búsqueda de Dios. También creía que el pecado, el arrepentimiento y la humillación de reconocer uno públicamente sus pecados eran necesarios para la salvación. Creía que ceder a la tentación (en su caso el alcohol y el sexo) era un paso necesario para el posterior arrepentimiento.

Esta concepción del pecado podría ser una manera de justificar su vida de alcohol y promiscuidad sexual, al colocarle en una situación pública de pecador y de humillación. Aunque fueron pocos los que lo vieron así y este tipo de vida descontrolada hizo que su popularidad y reputación fuera menguando, llegando incluso a ser acusado de antipatriota por su oposición al participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial.

Durante el conflicto mundial, profetizó que los ejércitos rusos sólo vencerían si era el mismísimo Zar quien los dirigía. A lo cual finalmente accedió el Zar Nicolás II. En ausencia del Zar, su influencia sobre la Zarina Alexandra creció, y se las arregló para colocar a quien quiso en diferentes puestos del gobierno. Llegando a conceder favores políticos a cambio de favores sexuales por parte de damas de la alta sociedad.

Toda esta situación aún agudizó más las críticas hacia él y la zarina, cuya popularidad había bajado durante la guerra al ser ella alemana. Los Romanov eran acusados de ser unas meras marionetas en sus manos. Rasputin favorecía esta propaganda con sus sonados enfrentamientos con miembros del clero ortodoxo, ante los que alardeaba de su poder de influencia sobre el Zar y la Zarina, y con su vida en exceso pública y disoluta.

A finales del 1906, Rasputin ya había acumulado una serie de enemigos y eran muchos oficiales y nobles los que creían que era una influencia peligrosa para la Zarina, que estaba poniendo a todo el país en peligro. El complot para matarlo empezaba a tomar cuerpo...

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