Mostrando entradas con la etiqueta Francia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Francia. Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de marzo de 2010

La plaga de baile de 1518

Un día de julio de 1518, en una calle de Estrasburgo, una mujer llamada Frau Troffea comenzó a bailar de manera fervorosa. Pero no era una danza normal, pues según cuentan los cronistas, Troffea bailaría durante más de cuatro días, apenas parando para comer. Para entonces, ya no lo hacía sola, sino que eran 34 personas más las que la acompañaban, y el número no paraba de aumentar. Pasado un mes, ya eran más de 400, entre hombres, mujeres y niños.

El baile de la boda (1566) de Pieter Brueghel

Todos los indicios parecían indicar que el baile de San Vito había llegado a la ciudad. Una enfermedad temida, que hacía que los que la sufrían bailaran y se retorcieran de forma compulsiva en medio de alucinaciones y visiones, gritando de forma furiosa y, en muchas ocasiones, echando espuma por la boca, proporcionando a los afectados una apariencia de locura o, peor aún, de poseídos.

A medida que la plaga empeoraba, las autoridades buscaron el consejo de los médicos de la ciudad. Sorprendentemente, entre todos creyeron que lo más adecuado para estos enfermos del baile era que siguieran bailando, según el parecer generalizado, los enfermos sólo se curarían si no paraban de bailar durante las 24 horas del día. Para ello, habilitaron varios salones y construyeron un escenario de madera. Todo para que pudieran bailar a su aire. Y por si esto fuera poco, las autoridades contrataron a músicos para que tocaran y a bailarines profesionales para que los acompañaran.

La música servía, además de cómo estimulo para evitar que dejaran de moverse, como cura para sus males. En aquellos tiempos, se creía que la música era capaz de sanar, no sólo los males del cuerpo, sino también los del alma.

Para finales de verano, la plaga de danzantes ya se había extendido hasta varias docenas de ciudades y pueblos de Alsacia, y los bailarines comenzaban a morir aquejados de infartos, derrames cerebrales o, simplemente, de agotamiento. Muchos de los que resistieron acabaron siendo llevados a pie o en carro hasta alguna capilla cercana dedicada a San Vito. Santo al que muchos rezaban como último recurso y que se convirtió en el patrón de los danzantes. Finalmente, a principios de septiembre, la epidemia comenzó a remitir.

Por extraña que parezca, esta plaga de baile no es la primera de la que se tiene constancia. En 1374, en una docena de ciudades de la cuenca del Rin, coincidiendo con unas gravísimas inundaciones que habían traído la desesperación y el hambre a la región, cientos de personas fueron poseídas por una compulsión irrefrenable que también las obligaba a bailar. Se retorcían, giraban y contorsionaban durante horas, incluso días, chillando en medio de visiones y alucinaciones. En cuestión de semanas, la epidemia se extendió a grandes áreas del noreste de Francia y Holanda. Tuvieron que pasar meses hasta que la epidemia remitió.

Estrasburgo en 1493

Durante el siglo XV, fueron sólo unos cuantos los estallidos de este tipo de plagas de los que se tiene constancia. El más importante, en 1491, en un convento de monjas de los Países Bajos. Varias monjas fueron “poseídas por el espíritu de familiares malvados” que hacían que corrieran como perros, saltaran de los árboles imitando a los pájaros o maullaran como si fueran gatos. Aunque estas “posesiones” no se limitaron a los conventos, fueron las monjas las más afectadas. Durante los dos siglos siguientes, episodios similares se repitieron en otros conventos de París o Roma.

En el caso de Estrasburgo, como ocurrió en 1374 en la cuenca del Rin, la plaga tampoco vino sola, sino que lo hizo precedida por una sucesión de hambrunas provocadas por una serie de inviernos y veranos extremos. En este caso, fueron las heladas y las granizadas las que habían echado a perder las cosechas. El precio del pan había llegado hasta precios máximos y el hambre causaba grandes mortandades. Los que sobrevivían tampoco lo tenían fácil y muchos acababan arruinados por las deudas. La ciudad estaba llena de campesinos que lo habían perdido todo y que no tenían otra opción que mendigar por sus calles. A las ya temidas y conocidas lepra y viruela se les unían nuevas enfermedades como la sífilis, que se cebaba con ellos.

Las monjas, sin embargo, parecían estar protegidas de muchas de las calamidades de la época. Aunque los propios conventos podían no resultar el ambiente más sano, psicológicamente hablando. Muchas no estaban allí por decisión propia, sino por decisión de sus padres. Sin embargo, una vez dentro, les era muy difícil salir. Aunque, a veces, las que mostraban una desesperación mayor no tenían porque ser las que no parecían tener ningún tipo de vocación, sino, precisamente, a las que les sobraba, atormentadas y obsesionadas por el temor de no entregarse lo suficiente.

Las plagas de baile, o las posesiones en los conventos, son episodios tan extraños que lo más fácil es pensar que no existieron. Sin embargo, se dispone de una gran variedad de fuentes documentales que dan cuenta de su existencia. En muchos casos, las plagas fueron descritas de forma independiente por médicos, cronistas, monjes y sacerdotes. En el caso de Estrasburgo, incluso, figuran en las actas municipales las acciones tomadas por las asustadas autoridades.

Martirio de San Vito de Richard de Montbaston (S.XIV)

Pero, ¿qué era lo que producía estas maratones de baile?

Se ha especulado sobre la posibilidad que los bailarines formaran, en realidad, parte de algún tipo de culto herético. Aunque los testimonios de su época coincidían en describir a los danzantes como enfermos, no como herejes. Ni siquiera la Iglesia de la época, siempre dispuesta a combatir las herejías con contundencia, los veía como tales. Tampoco existe ninguna evidencia, según cuestiona el profesor John Waller de la Universidad de Michigan en su libro “A Time to Dance, a Time to Die”, de que los danzantes lo hicieran por voluntad propia.

Otros estudiosos han recurrido al cornezuelo (también conocido como ergot) para explicar las epidemias. Los partidarios de esta hipótesis sostienen que los enfermos podrían haber consumido pan contaminado con este hongo que contiene sustancias psicotrópicas. Durante la Edad Media, las intoxicaciones con él eran muy frecuentes. El ergotismo, en aquel tiempo conocido como el “fuego de San Antonio”, podía producir necrosis de los tejidos y gangrena en las extremidades. Muchos conseguían sobrevivir, pero quedaban mutilados de por vida, en algunos casos perdiendo todas sus extremidades.

Sin embargo, en la actualidad, se ha llegado a un cierto consenso entre psicología, historia y antropología, y la mayoría de los que han estudiado la cuestión defiende que las verdaderas causas de las plagas de baile, así como las oleadas de posesiones en los conventos de Europa, eran más psicológicas y culturales que fisiológicas. Según esta versión, las epidemias habrían sido el resultado de un trastorno psicogénico masivo, un tipo de histeria colectiva que acostumbra a aparecer después de largos periodos de angustia y tensión.

Uno de los motivos más importantes que les permite argumentar así es la falta de auto-control que mostraban los afectados. Según Waller, defensor también de esta versión, este comportamiento podría ser debido a que los danzantes habían caído en un estado de trance disociativo y presentaban un estado de consciencia alterado. De no ser así, es difícil de entender que alguien pudiera bailar durante días, hasta tener los pies magullados y sangrando, y no parar. Durante la epidemia de 1374, los testimonios coinciden en señalar que los bailarines no parecían totalmente conscientes, sino que mostraban una actitud frenética y salvaje, poseídos por sus visiones.

Waller reconoce que es factible que el cornezuelo pudiera haber inducido las alucinaciones y convulsiones, pero cree bastante difícil que fuera este hongo el causante de las interminables maratones de baile, puesto que uno de los síntomas del ergotismo es la reducción de la cantidad de sangre que llega hasta las extremidades, lo cual, aparte de producir fuertes dolores, dificulta moverse y, por supuesto, bailar.

Grabado de Hendrik Hondius I de una obra de Pieter Brueghel. Original

Waller achaca la irrupción de la epidemia de baile al contexto cultural y social de la época general y, en particular, a la situación extrema por la que pasaba Estrasburgo. Se trataba de una sociedad demasiado susceptible a la influencia de santos y demonios, lo que la convertía en terreno abonado para la aparición de supersticiones, miedos y falsas creencias. Se creía, por ejemplo, que si alguien provocaba la ira de San Vito, el santo enviaría una epidemia del baile compulsivo que lleva su nombre (¿?). Según Waller, los ciudadanos de Estrasburgo, antes del estallido, estaban convencidos, de alguna manera, que la ira del santo se había desatado sobre la ciudad.

De esta manera, los más vulnerables comenzaron a temer la posibilidad de ser presa de esa maldición, y eso los convirtió en más propensos a caer en un estado de trance involuntario. Un estado que en grupos sometidos a una situación de angustia y temor, como era el caso, puede resultar extremadamente contagioso. Además, en este caso, la decisión de las autoridades de reunir a todos los afectados y hacerlos bailar en las partes más bulliciosas de la ciudad, no hizo sino que facilitar este contagio, ayudando a que la epidemia se extendiera sin control. Todo lo contrario de lo que recomiendan los expertos en la actualidad.

Cuando una persona entraba en trance, aunque era de forma involuntaria, actuaba como se esperaba de los afectados por la maldición, bailando de manera descontrolada durante días. Y, a cada nueva persona “poseída”, los que quedaban, más convencidos estaban que la maldición era una realidad.

En definitiva, según Waller, todo fue una consecuencia de la desesperación, la devoción y, sobre todo, de la sugestión. Así, la plaga comenzó a perder fuerza al mismo tiempo que las creencias sobrenaturales que la habían producido comenzaron a perderla. Durante la década siguiente, la ciudad de Estrasburgo se convirtió al protestantismo y dejó de ser susceptible, según Waller, a este tipo de epidemias al abandonar la adoración de santos.

¿? Extrañamente, San Vito era el santo al que se invoca contra ese baile, “su” baile .

PS: A partir de una recomendación de v., llegué a este otro tema. ¡Gracias, v.!

Enlace permanente a La plaga de baile de 1518

+posts:
- Folie à deux, cuando la locura es cosa de dos
- Los Niños Verdes de Woolpit
- La Cruzada de los Niños
- El mítico reino de Preste Juan
- La Gran Hambruna del 1315-1317
- La secta de los Asesinos
- La heroica cuarentena de Eyam contra la Peste

+info:
- Dancing Plague of 1518 in en.wikipedia.org
- Looking Back: Dancing plagues and mass hysteria in thephychologist.org.uk
- Dancing Plague” and other Odd Afflictions Explained in Discovery Channel
- Dancing death in BBC
Leer más »

martes, 19 de enero de 2010

Las casas del Pont Notre-Dame

Aunque hoy el Pont Notre-Dame es una puente más de París, en otro tiempo tenía un aspecto muy distinto. En aquel entonces, no era sólo un mero lugar de paso, sino un ajetreado centro de comercio lleno de tiendas y casas, y era considerado una de las “más elegantes” construcciones de Francia.

La joute des mariniers. Nicolas-Jean-Baptiste Raguenet. Original

En el mismo sitio donde ahora se alza el Pont Notre-Dame en la antigüedad se alzaba otra estructura llamada Grand Pont. Este puente fue destruido en el 886, durante el sitio normando de París, y se sustituyó por uno nuevo, llamado el “Pont des Planches de Mibrai” (puente de tablones de Mibrai) y que conectaba la ciudad con los molinos del Sena.

Este puente duró hasta el siglo XV, cuando en 1406 unas riadas lo destruyeron. Unos años más tarde, en 1412, el rey Carlos VI ordenó la construcción del primer puente de “Notre-Dame”. Se trataba de una estructura sólida de madera, que conectaba la Ile de la Cité con la calle Saint-Martin, de 106 metros de largo y 27 de ancho, que descansaba sobre dieciséis pilas (pilares intermedios) de madera, cada una formada por 30 piezas de madera de 60 centímetros de diámetro.

Se tardaron siete años en construirlo. Una vez acabado, el nuevo puente tenía 60 casas sobre él, 30 a cada lado. El rey se quedaba con parte de la renta que pagaban los que vivían en ellas y estipuló explícitamente que ningún cambista ni orfebre le fuera permitido ocuparlas.

Las casas del puente eran elegantes, tenían una altura considerable y formaban un conjunto uniforme. Cuando se caminaba por el puente, no dejaban ver el río. En el puente se vendía una gran variedad de productos, pero eran especialmente famosas sus armerías y librerías.

Sin embargo, el 25 de octubre de 1499 el puente, que había sido descrito como una de las obras más elegantes de Francia, se vino abajo. Se culpó del derrumbamiento a la avaricia del prevot des marchands y de los échevins (algo así como el alcalde y los concejales, respectivamente, en tiempos de la Francia monárquica) que cobraban una renta anual por el alquiler de las casas, pero dedicaban sólo una parte muy pequeña al mantenimiento. Según parece, el supervisor de las obras pública hacía un año que había avisado a la ciudad del peligro en vano.

La bomba del puente de Notre-Dame por Fulgence Girad (1857)

Incluso la misma mañana del día del derrumbamiento, un maestro carpintero, que había avisado a los magistrados que el puente caería ese día, fue enviado a prisión. Aunque cuando uno de estos magistrados fue a dar cuenta ante el Parlement de París del carpintero, el Parlement, a pesar del enfado del magistrado, inmediatamente ordenó desalojar el puente y envió guardias para que bloquearan las dos entradas y así impedir que la gente lo cruzara.

No tardaron en aparecer fisuras en el pavimento del puente y, más tarde, en las casas. Al final, el puente se derrumbó produciendo un estruendo terrible y una nube de polvo que oscureció el cielo. Varios de los que vivían en las casas, demasiado preocupados por recuperar sus enseres, quedaron atrapados entre las ruinas. El curso del río se vio obstruido y se produjo una repentina subida del nivel del agua que arrastró a varias mujeres que estaban lavando en la orilla. No fueron los únicos accidentes que se produjeron.

El prevot des marchands y los échevins fueron encarcelados por su negligencia y fueron inhabilitados para ocupar otros cargos en el futuro. También fueron condenados a pagar una multa considerable, parte de la cual sería destinada a la reconstrucción del puente. El rey además dispuso, para el mismo propósito, un impuesto especial sobre los animales de pezuña que entraran en París.

El mismo año del derrumbamiento se pusieron los cimientos del nuevo puente, mientras tanto, una barca permitía cruzar el río. Esta vez, se construiría un puente en arco de piedra. El arquitecto real, el veronés Fra Giovanni Giocondo, que había supervisado la construcción del Petit Pont, también en París, sería el responsable.

Destrucción de las casas sobre el Pont Notre-Dame en 1786, Hubert Robert. Original

La construcción fue lenta por la falta de dinero y no se concluyó hasta 1507. El nuevo puente era de 124 metros de largo por 23 de ancho y tenía seis arcos semicirculares con una elevación proporcional a las crecidas del Sena. Esta vez, se construyeron setenta casas, aunque se tuvieron que derribar nueve de ellas para construir las pilas, dejando treinta a un lado y una más al otro. En seguida, el puente recobró la animación y se volvió a convertir en uno de los lugares más frecuentados de la capital con una gran actividad comercial.

En 1660, se renovó el puente con motivo de la llegada de la hija de Felipe IV de España, que se convertiría en reina de Francia al contraer matrimonio con Luis XIV. Las casas, que eran uniformes y de ladrillo, fueron reparadas y ornamentadas. Sobre los pilares del puente se colocaron estatuas de santos y reyes de Francia, y se adornaron con guirnaldas y medallones. En el primer de los medallones aparecía el escudo real y en los demás los retratos del resto de reyes.

En 1670, en las proximidades del puente, sobre el río Sena se construyó otro edificio de aspecto peculiar: una bomba de agua. Era la segunda que se construía en París para intentar paliar la escasez de agua que sufría la capital al no resultar suficiente el agua que llegaba por los antiguos acueductos de Belleville y Saint-Gervais. Se trataba de una torre de planta cuadrada construida sobre pilotes de madera que contenía un depósito, al cual se hacía subir el agua del Sena mediante una bomba que se movía gracias a la propia corriente del río.

No se hicieron mayores cambios en el puente hasta 1786, cuando sus, para entonces, inestables e insalubres casas tuvieron que ser demolidas. La “Pompe du Pont Notre-Dame” también acabaría siendo demolida, aunque bastantes años más tarde, en 1858, como parte de un plan para mejorar la estética de las orillas del Sena.

Vista del actual Pont de Notre-Dame

Para entonces, un nuevo puente de piedra se levantaba en el lugar del anterior. El puente, que había sido construido sobre los pilares del anterior en 1853, cuando se rebajó el nivel de la calle Saint-Martin, tenía menos arcos que el anterior, sólo cinco, pero fue la causa de no menos de 35 accidentes entre 1891 y 1910, lo que le hizo ganarse el apodo de “le pont du Diable”.

En esta forma, el puente tampoco duraría demasiado y en 1919, para mejorar el tráfico, los tres ojos centrales fueron sustituidos por un único arco metálico. La obra fue dirigida por Jean Résal, que también había trabajado en otro par de puentes de París, y es el puente de metal que hoy ocupa el lugar del antiguo Grand Pont.

PS: Llegué a este puente después de ver la película "El perfume". Aunque se parece mucho al puente en el que el perfumero tenía su taller, no he podido confirmarlo. En la wiki inglesa dice que era el Pont au Change. ¿Alguien lo sabe?

Enlace permanente a Las casas del Pont Notre-Dame

+posts:
- La epopeya de construir un faro sobre la Roca de Fastnet
- El panóptico, una prisión sin rincones
- La revolución del telégrafo óptico
- Nahalal, un pueblo en círculos

+info:
- Pont Notre-Dame en en.wikipedia.org es.wikipedia.org
- The History of Paris from The Earliest Period to the Present Day (pág 140) in google books
- Pont Notre Dame in Paris.fr
Leer más »

martes, 29 de septiembre de 2009

La minúscula carolingia, una letra para un imperio

A finales del siglo VIII, Carlomagno decide impulsar una recuperación de la antigua cultura clásica. Entre sus preocupaciones estaba la restauración y preservación de los textos clásicos. Fue en este entorno cuando apareció una nueva forma de caligrafía, la minúscula carolingia, que pretendía ser universal y legible. La influencia del nuevo tipo de escritura ha llegado hasta nuestros días, al influir en el trazado de muchas tipografías modernas.

Copista trabajando. Miniatura del 1472.

Fue a finales del siglo VIII y durante el siglo IX que dentro del Imperio Carolingio se produce un resurgimiento de la cultura clásica latina. Durante este período, que se conoce con el nombre de Renacimiento Carolingio, se produce un renacimiento intelectual y cultural que intenta recrear y preservar la cultura romana. Es un tiempo en el que el número de estudios en literatura, artes, jurisprudencia, liturgia aumenta.

Sin embargo, la escasez de personas capaces de leer y escribir durante el siglo VIII en Europa Occidental provocaba problemas a los gobernantes carolingios a lo que costaba encontrar escribas para su corte. Más preocupante, si cabe, para los carolingios era que no todos los sacerdotes de sus parroquias eran capaces de leer la Biblia. Además, el latín vulgar del Imperio Romano de Occidente había comenzado a divergir formando dialectos regionales, los precursores de las lenguas latinas de hoy en día. Estas diferencias geográficas empezaban a dificultar el entendimiento entre los eruditos de las diferentes partes de Europa.

Aunque Carlomagno no sabía escribir (trató de aprender durante su vejez, aunque sus esfuerzos dieron poco fruto) y no se puede asegurar que fuera capaz de leer, entendía el valor de la alfabetización y de una caligrafía uniforme para gobernar su imperio.

Para intentar solucionar estos problemas, Carlomagno ordenó la creación de escuelas. Uno de sus objetivos era atraer a su corte a los más importantes eruditos de la época, y lo consiguió. Entre otros, fueron pasando por ella Paulinus de Aquileia, Pedro de Pisa, Pablo el Diácono, Teodulfo de Orleans y Alcuino de York, que se convertiría en el brazo derecho de la política educativa del emperador.

Fragmento de la biblia escrito usando la minúscula merovingia (principios del siglo VIII). Original The Schoyen Collection.

Misal del siglo XI escrito usando la escritura beneventana sobre vitela. Original The Schoyen Collection.

Se comenzó por crear un currículum de estudios unificado para las nuevas escuelas. Alcuino de York, que estaba al mando de esta reforma educativa, lideró el esfuerzo de escribir los libros de texto, la creación de las listas de palabras y establecer el trivium (gramática, retórica y lógica) y el quadrivium (geometría, aritmética, astronomía y música) para la educación más básica.

Fue durante este período que el latín medieval llegó al punto culminante de su desarrollo como lengua literaria. Este latín mantenía las normas gramaticales del latín clásico, pero incorporaba nuevas palabras procedentes de otras lenguas. Este “nuevo” latín se convertiría en el idioma común entre la clase erudita y permitiría a los viajeros hacerse entender por toda Europa.

La otra gran contribución carolingia de la época fue su minúscula. Un nuevo tipo de caligrafía cuyo principal beneficio respecto al resto de escrituras de la época era su alta legibilidad. Pese a su preocupación por la legibilidad, no renunciaba a la estética. La belleza de la nueva minúscula residía en sus formas redondeadas y su apariencia armónica.

La mayoría de los monasterios de la época contaban con scriptoriums donde copiaban manuscritos. Su labor no se limitaba sólo a la copia de textos, también se intentaba corregir los errores que se podían haber introducido después de años de copias. Copiar no era fácil: la iluminación era pobre, las manos de los monjes estaban agarrotadas por el frio y tampoco existía un lenguaje erudito estándar.

Los textos se escribían en mayúsculas y en función de la zona se empleaba una caligrafía u otra. Por ejemplo, en Francia se seguía la merovingia; en Alemania, la germánica; en la España cristiana, la visigoda o la beneventana en el sur de Italia y Dalmacia. En los textos más antiguos, todas las letras estaban desconectadas unas de las otras y las palabras no estaban separadas entre sí. La separación entre palabras se iría adoptando en textos posteriores.

Alfabeto en escritura visigoda

La nueva minúscula carolingia era uniforme, de formas redondeadas y usaba tanto las mayúsculas como las minúsculas. El trazo de las letras era claro y se tendía a separar las palabras con espacios. Estos dos aspectos facilitaban enormemente su legibilidad. Además, la caligrafía carolingia tenía, por lo general, menos ligaduras (signos formados por la unión de dos o más que se suelen escribir separados) que otras caligrafías de su época, aunque usaba el ampersand, y las ligaduras ae , rt, st y ct. La letra D, a menudo, aparece en forma uncial (forma de escritura que sólo usa las mayúsculas), con un asta ascendente inclinada hacia la izquierda, pero la letra g es esencialmente igual que la moderna minúscula. También se evitaban las abreviaturas que dificultaban la lectura para los lectores poco experimentados.

Aunque son muchas las teorías sobre el origen de la minúscula carolingia, su origen preciso es desconocido. Unos defienden un origen romano (Liber Diurnus, escrito en Roma) o franco (Biblia de Mordanno, escrita en Corbie), mientras que otros creen no fue producto de un lugar o un centro en concreto sino que fue un resultado más del Renacimiento Carolingio. Es probable que su extensión ni siquiera formara parte de una campaña deliberada. Era muy habitual que los eruditos carolingios después de servir en palacio fuesen destinados a sedes episcopales o abadías lejanas. De esta manera, simplemente, al llevar consigo sus libros a sus nuevos destinos podrían haber contribuido a la adopción y extensión de la nueva caligrafía.

En cualquier caso, aunque el imperio carolingio contribuyera a su expansión, la invención de la minúscula carolingia no parece que fuera un hecho repentino, ya que desde hacía un tiempo la densa escritura merovingia o la germánica estaban siendo sometidas a un proceso de limpieza, convirtiéndolas en más simples y redondas.

Según los estudiosos, la minúscula carolingia podría haberse basado en la escritura semi-uncial romana y su versión cursiva nueva. La cursiva romana nueva, también llamada minúscula cursiva, era una caligrafía que apareció en torno al siglo III y permaneció en uso hasta finales del siglo VIII. Aunque hoy en día se identifica cursiva con todo tipo de letra inclinada, su origen está en la escritura apresurada a mano, “cursiva” proviene del latín “cursus” (“correr”, en castellano). Así la cursiva era la caligrafía que se obtenía con una mano que corre, muchas veces al no tener que levantar la pluma entre letra y letra.

La nueva minúscula también incluía algunas de las características de las escrituras “insulares” que se usaban en los monasterios de Irlanda e Inglaterra , un tipo de caligrafía desarrollado en Irlanda durante el siglo VII.

Al poco de comenzar a usarse la minúscula carolingia, todavía existían grandes variaciones en la forma de las letras entre diferentes regiones. La letra a todavía se escribía en mayúsculas. El signo de interrogación, era el mismo que el de la caligrafía beneventana. Incluso en algunos contextos, en los que la legibilidad parecía ser un valor secundario (por ejemplo, en los documentos oficiales), se seguía prefiriendo la escritura merovingia.

Página de los Manuscritos Freising, escritos en esloveno con minúscula carolingia. Siglo X.

Sería durante el siglo IX cuando la minúscula carolingia se empezó a imponer como un estándar internacional con menos variaciones regionales. Aparecieron nuevos glifos, como la s y la v, en oposición a la “s larga” y la letra u, y astas ascendentes, posteriormente espesadas en su parte superior.

El nuevo tipo de escritura se fue extendiendo por toda Europa Occidental, en mayor medida allí donde la influencia carolingia era más fuerte. Encontró cierta resistencia por parte de la Curia romana, no en vano, durante el siglo X en Roma se desarrolló la fuente Romanesca. En la Península Ibérica, su difusión comenzó por Cataluña a finales del siglo IX y se extendería por el resto del territorio durante el siglo XII conviviendo con la tradicional escritura visigoda. Finalmente, se convertiría en un estándar entre la clase erudita desde España hasta Escandinavia, desde Inglaterra al norte de Italia, desplazando a las diferentes escrituras nacionales.

Los eruditos del Renacimiento Carolingio buscaron y copiaron en la nueva legible y estandarizada caligrafía muchas obras clásicas latinas que habían sobrevivido. La mayoría del conocimiento de la literatura clásica que se tiene hoy en día proviene del scriptorium de Carlomagno, casi todos los textos que sobrevivieron hasta su reinado sobreviven hoy en día. Unos 7.000 manuscritos escritos por sus escolares durante el siglo VIII y IX han llegado hasta nosotros, en muchos casos son los manuscritos más antiguos que se conservan de muchas obras clásicas.

Durante el siglo XII, la letras carolingias comenzaron a hacerse más angulares y a escribirse más cerca unas de las otras, con lo que los textos comenzaron a perder legibilidad, también apareció la moderna letra i con el punto encima. Aunque poco a poco, la minúscula carolingia comenzaría a ser sustituida por la letra gótica que viviría su máximo esplendor entre el 1150 y el 1500.

A partir del siglo XII el número de gente capaz de leer se incrementó, se fundaron nuevas universidades y la demanda de libros creció. La escritura carolingia, aunque legible, ocupaba un gran espacio, en un tiempo en que los materiales sobre los que se escribía eran caros. Además, la letra gótica al escribirse con mayor rapidez permitía producir más libros en menos tiempo.

Con el tiempo, los primeros humanistas del renacimiento tomaron los manuscritos carolingios por originales romanos y modelaron la letra renacentista tomando como modelo la carolingia, y así pasó a los impresores de libros del siglo XV. De este modo, la minúscula carolingia es la base de muchas de las tipografías modernas. De hecho, un lector de hoy en día puede leer fácilmente textos escritos con la letra carolingia, nada que ver con la dificultad de leer un texto escrito con otras escrituras.

Enlace permanente a La minúscula carolingia, una letra para un imperio

+posts:
- El Mecanismo de Anticitera, el primer ordenador de la historia
- La revolución del telégrafo óptico
- La voz rescatada del hollín
- Ibn Firnas y el Monje Volador, dos pioneros del aire

+info:
- Minúscula carolingia en es.wikipedia.org
- Carolingian minuscule in en.wikipedia.org
- Charlemange and the Carolingian Renaissance by Steven Kreis
- Escritura Carolina (PDF) de Juan-José Marcos García
- Caroline Minuscule by Dr. Diane Tillotson
Leer más »

lunes, 25 de mayo de 2009

Évariste Galois, el matemático que vivió rápido y murió joven

La leyenda de Évariste Galois lo describe como un genio precoz de las matemáticas, víctima durante toda su vida de la negligencia, la incomprensión y la mala suerte. Esta leyenda presta especial atención a la noche del 29 de mayo del 1832. Évariste estaba convencido que esa sería su última noche, a la mañana siguiente tenía un duelo con pistolas y daba por segura su muerte. No tenía tiempo que perder y pasó la noche escribiendo el que sería su “testamento” matemático. Pese a su edad, sólo tenía 20 años, nadie duda que fue un gran matemático.

Évariste Galois (1811-1832), dibujado por un compañero de clase

Gran parte de la popularidad de la leyenda de Galois es debida a E.T. Bell y su “Men of Mathematics” , una colección de biografías de matemáticos famosos, que dedica un capítulo a Galois, con un estilo de narración que engancha hasta el punto de haber convencido a muchos jóvenes a hacer matemáticos, entres ellos John Forbes Nash (en cuya vida se basa la película "Una mente maravillosa"). Pero que no destaca, precisamente, por su rigor histórico.

Évariste Galois nació el 25 de octubre de 1811, cerca de París en la comuna de Bourgh-la-Reine. Su padre era Nicholas-Gabriel Galois y su madre Adelaide-Marie Demante. Los dos eran personas muy inteligentes y cultas en las materias consideradas importantes de la época: filosofía, literatura clásica y religión. Aunque no se tiene constancia que tuvieran un talento especial por las matemáticas. El padre de Galois era el director de la escuela de la localidad y llegaría a ser elegido alcalde al frente del partido liberal, partidario de Napoleón. Su madre, hija de un jurista, fue la responsable de la educación del joven Galois hasta la edad de 12 años, edad en la que Galois entró en el Liceo Louis-le-Grand.

Durante los dos primeros años en el liceo el rendimiento escolar de Galois fue bueno, obteniendo varias distinciones en latín y griego. Sin embargo, no tardó en cansarse de sus estudios y fue en esa época, a la edad de 14, que empezó a interesarse por las matemáticas, encontrando el placer intelectual que le faltaba. Tras asimilar sin esfuerzo el temario oficial de la escuela, Galois empezó con los textos más avanzados de su época. Encontró una copia los “Elementos de geometría” de Adrien-Marie Legendre, que se dice que la leyó como si se tratara de una novela, y con sólo una lectura ya la asimiló. Más tarde leyó los últimos trabajos de Lagrange y Niels Henrik Abel.

Este interés por las matemáticas provocó que empezara a descuidar las otras materias, despertando, incluso, la hostilidad de los profesores de humanidades. También en esta época tuvo sus primeros escarceos políticos y empezó a forjar su espíritu de rebeldía hacia la autoridad, de tintes anticlericales y antimonárquicos. El joven Évariste parecía haber heredado las ideas políticas liberales de sus padres.


Galois estaba decidido, quería ser matemático, y se presentó con una año de antelación, en 1828, al examen de acceso a la École Polytechnique, aunque sin pasar por la preparación habitual. Suspendió el examen de acceso por no dar explicaciones a sus resultados en la prueba oral y por sus desconocimientos en algunas áreas. Évariste no recibió con agrado el ser rechazado, creyó que era un acto de injusticia y su rebeldía aumentó. Galois siguió estudiando el segundo curso en el liceo, su profesor, Louis-Paul-Emile Richard, reconoció rápidamente sus cualidades y se convirtió en su aliado. Richard solicitó sin éxito que Galois fuera admitido en la École Polytechnique sin examen.

Siendo todavía estudiante del Louis-le-Grand, Galois publicó su primer trabajo, una demostración de un teorema sobre fracciones continuas periódicas, y poco después dio con la clave para resolver un problema que había tenido en jaque a los matemáticos durante más de un siglo, las condiciones de resolución de ecuaciones polinómicas por radicales. Sin embargo, sus avances más notables fueron los relacionados con el desarrollo de una teoría nueva, la teoría de grupos.

Sin embargo, la vida no le iba a deparar muchos más éxitos. El día 28 de julio de 1829 el padre de Galois tras una agria disputa con el párroco del pueblo se suicidó. Justamente un par de días antes que Galois se presentara a su segunda, y definitiva, prueba de acceso a la Polytechnique, que volvió a suspender. Nadie discute que Galois tenía cualidades más que suficientes para pasar la prueba, aunque no queda claro porque suspendió. La leyenda sostiene que Galois encontró el ejercicio que le propuso el examinador tan poco interesante que arrojó el borrador de la pizarra a la cabeza del examinador. Otra versión, un tanto más creíble, es que Galois hizo demasiadas deducciones lógicas y dejó perplejo al examinador, la incompetencia del examinador exasperó a Galois. La muerte de su padre pudo haber influido en este comportamiento. Ante la imposibilidad de entrar en la Polytechnique, Galois se tuvo que conformar con entrar en la mucho menos prestigiosa École Normale. Algunos biógrafos de Galois indican que su obsesión por entrar en la Polytechnique no era por su prestigio académico, sino para poder participar en su mucho más animada vida política.

Su trabajo sobre teoría de ecuaciones fue presentado varias veces, pero no llegó a ser publicado en vida. El primer intento de publicación fue rechazado por Cauchy, el mito de Galois acusa a Cauchy, católico y monárquico, de ser el responsable de “uno de los más grandes desastres de la historia de las matemáticas”, al “perder” u olvidar los escritos de Galois. Aunque los motivos para el rechazo siguen siendo poco claros, parece ser que Cauchy si que reconoció la importancia del trabajo de Galois y que simplemente le sugirió combinar los dos escritos en uno. Además se han encontrado cartas de Cauchy en las que hablaba de Galois y de su intención de presentar ante la academia su trabajo.


Galois, tras seguir el consejo de Cauchy, lo volvió a intentar otra vez en febrero del 1830 enviándolo esta vez al secretario de la Academia, en aquel tiempo Fourier, para que lo considerara para el Gran Premio de Matemáticas. Aquí la fortuna volvió a jugar otra mala pasada al joven Évariste, Fourier murió poco después y la memoria de perdió. Sin embargo, la leyenda de Galois esta vez culpa a Fourier de ser incapaz de comprender el escrito de Galois y “perderlo” intencionadamente, tal como lo había hecho antes Cauchy. El premio fue a parar a Abel y a Jacobi. Pese a la pérdida de la memoria, Galois publicó tres trabajos ese año, dos de ellos pusieron los fundamentos para la “Teoría de Galois” y un tercero sobre teoría de números.

Durante estos años Francia vivía inmersa en un torbellino político. Carlos X ocupaba el trono desde 1824, pero en su 1830 su partido sufrió un revés electoral y la oposición liberal había pasado a ser mayoritaria. Carlos intentó un golpe de estado para evitar la abdicación, pero acabó provocando la Revolución de Julio. Mientras que los alumnos de la Polytechnique estaban haciendo historia en las calles de París, Galois y el resto de estudiantes de la École Normale estaban encerrados en la escuela por orden del director para evitar que participaran en las protestas.

Galois, indignado por esta situación, envió una carta incendiaria contra el director y acabó expulsado. Galois se alistó en la unidad de artillería de la Guardia Nacional, una unidad incondicionalmente republicana. También parece ser que pasó a formar parte de una de las sociedades secretas republicanas más extremistas, la Sociedad de los Amigos del Pueblo. Tanta actividad política no permitía a Galois centrarse en sus de trabajos matemáticos. Varios miembros de la unidad de artillería fueron arrestados acusados de conspiración para derribar al rey, aunque Galois esta vez no fue detenido. Sería arrestado el 10 de mayo de 1831, cuando en el banquete de celebración por la liberación de los oficiales detenidos hizo un brindis a favor del rey con una daga sobre su copa, en señal de amenaza al rey. Según dijo Alejandro Dumas en sus memorias, era difícil encontrar otras 200 personas en todo París, más hostiles al gobierno al gobierno que las que se reunieron en ese banquete.

La Libertad guiando al pueblo, una escena de la revolución del 1830

Galois sería puesto en libertad el 15 de junio, pero volvería a ser arrestado, cuando el 14 de julio, Día de la Bastilla, se situó en cabeza de una protesta, vistiendo su uniforme de la unidad de artillería y fuertemente armado. Esta vez saldría de prisión el 29 de abril de 1832, durante sus días en prisión continuó con su trabajo. Galois había intentado que sus trabajos sobre teoría de ecuaciones fueran publicados por la Academia, pero habían sido rechazados otra vez, en este caso por Poisson que los tachaba de incompresibles, aunque le animaba a desarrollar sus propuestas de una manera más rigurosa y clara. Debido al carácter de Galois, no es de extrañar que reaccionara de manera airada y abandonara la idea de publicar sus trabajos por la Academia e intentar hacerlo de manera privada con la ayuda de su amigo Auguste Chevalier.

Un mes después de su salida de la prisión, el 30 de mayo, llegó el día del duelo, los motivos del cual todavía permanecen poco claros. Se ha especulado mucho sobre ellos, pero lo único que se sabe con certeza, es que cinco días antes escribió una carta a Chevalier en la que alude de manera clara a una ruptura amorosa que le provocó una gran pena y dolor. Según algunas investigaciones sobre las cartas originales, Galois se había enamorado de Stéphanie-Felicie Poterin du Motel, la hija del médico del hostal donde Galois se había hospedado durante sus últimos meses de vida.

Hay otras conjeturas sobre el duelo, algunos biógrafos como E.T. Bell sostienen que el duelo fue preparado por la policía y las facciones monárquicas para eliminar a un enemigo político, tal vez utilizando como cebo a una mujer. Alejandro Dumas afirmó que el oponente del duelo era uno de los oficiales de artillería detenidos, que era a la vez el prometido de Stéphanie, aunque Dumas se queda sólo en esta afirmación. Teniendo en cuenta la descripción de su oponente que dieron los periódicos, algunos sostienen que sí que sería uno de sus amigos republicanos. En cualquier caso resulta imposible confirmar tanto una identidad como la otra. Tal vez un compañero de “armas”, incluso de su sociedad secreta, enamorado de la misma mujer.

Independientemente de los motivos del duelo y de los intentos de Galois por evitarlo, Galois estaba tan convencido de su muerte al día siguiente, que pasó toda la noche anterior en vela escribiendo cartas a sus amigos republicanos y poniendo en orden su “testamento” matemático, la famosa carta a Chevalier esbozando sus ideas. Aquí surge otro de los grandes mitos sobre Galois: la imagen de un chico condenado, sentado junto a una vela escribiendo de manera incansable, dando a luz la teoría de grupos.

Esta imagen parece una versión demasiado romántica y exagerada de lo ocurrido. Si bien es cierto que la carta es un escrito bastante denso en cuanto a ideas. Más bien, lo que Galois hizo fue destacar los aspectos y las implicaciones más importantes de algunos de sus trabajos más recientes y comentó una copia del manuscrito enviado a la Academia. Galois llevaba desde la edad de 17 enviando trabajos sobre la materia, y el término “grupo” aparece en todos ellos.

Combate de la calle de Rohan el 29 de julio de 1830, de Hippolyte Lecomte

Se hizo de día, era el 30 de mayo de 1832, y llegó la hora del duelo, Évariste Galois se enfrentó a su adversario cerca de un estanque en París. Évariste recibió un disparo en el abdomen. Horas más tarde, tirado en suelo herido y solo, Galois fue encontrado por un campesino que lo llevó al Hospital Cochin donde moriría al día siguiente en los brazos de su hermano Alfred, tras haber rechazado los servicios de un sacerdote. Galois fue enterrado el 2 de junio, en su funeral se reunieron entre dos y tres mil personas, muchos de ellos republicanos, como él.

Tras la muerte de Évariste, Chevalier y su hermano reunieron laboriosamente toda su obra y la enviaron a Liouville, quien revisó los manuscritos durante varios meses, los consideró correctos y decidió publicarlos en 1846. La más importante de las contribuciones de Galois fue una nueva demostración que no existe una fórmula quíntica, es decir que una ecuación de quinto grado o superior no puede ser siempre resuelta mediante radicales, además del desarrollo de técnicas que permitían determinar cuales de estas ecuaciones sí que lo eran. Aunque Abel ya lo había demostrado en 1824 y Ruffini había publicado una solución errónea en 1799, los métodos de Galois pusieron las bases para lo que hoy es llamado Teoría de Galois.

Los escritos de Galois permiten probar no sólo que llevó a cabo sus investigaciones matemáticas mientras estaba en prisión, sino hasta casi el mismo instante de su muerte. El hecho que pudiera trabajar durante una vida tan turbulenta es sólo una prueba más de la extraordinaria fertilidad de su imaginación. No hay duda que Galois fue un gran matemático, sin la necesidad de la invención de leyendas. Si hubiera vivido 5 meses más, hasta el 25 de octubre, hubiera cumplido 21.

Gracias a mi amiga arbocenk por descubrirme la historia.

Si te ha gustado, no te pierdas Tito Eliatron Dixit, un blog diferente sobre matemáticas, matemáticos y otros asuntos con números.

+info:
- Évariste Galois in en.wikipedia.org
- Évariste Galois en es.wikipedia.org
- Genius and Biographers: The Fictionalization of Évariste Galois by Tony Rothman
Leer más »

miércoles, 7 de enero de 2009

La voz rescatada del hollín

A mediados del siglo XIX el francés, Edouard Scott, creó una rudimentaria máquina capaz de representar visualmente sobre una superficie los sonidos que captaba. Edouard estaba interesado en la grabación del sonido, pero no creía posible reproducirlo más que en la mente, así que ni él ni nadie pensaron en que los garabatos producidos por su fonoautógrafo pudieran reproducirse, y el aparato no pasó de ser una herramienta curiosa para los estudiosos de la acústica que acabaría cayendo en el olvido.

Dibujo del fonoautógrafo, incluido en la solicitud de patente de Scott (1859). Foto original FirstSounds

Édouard-Léon Scott de Martinville, nacido el 25 de abril de 1817, trabajaba como impresor en Paris. Gracias esta profesión tenía acceso y estaba al día de los últimos avances científicos de su época. Con el tiempo se interesó por la posibilidad de capturar y preservar la voz y los sonidos de una manera similar a como la fotografía lo había conseguido con la luz y la imagen. Su objetivo inicial fue encontrar una forma de taquigrafía que permitiera registrar toda una conversación sin ninguna omisión. Fruto de este interés Edouard escribió varios artículos sobre taquigrafía.

A partir de 1854, Edouard pasó a interesarse por los medios mecánicos para transcribir sonidos vocales. Fue mientras revisaba unos grabados sobre la anatomía interna del oído humano, que Edouard tuvo la idea de crear un aparato mecánico que imitara su funcionamiento, nació así el fonoautógrafo. Un cuerno o barril recogía el sonido y lo dirigía a una membrana elástica que sustituía al tímpano, una serie de palancas, los osículos, y finalmente todo el conjunto movía un estilete que presionaría sobre una superficie, que inicialmente era un cristal ahumado y posteriormente fue sustituido por un papel con hollín sobre un tambor o cilindro. Según Scott, el aparato sería capaz de obtener un calco de todos los movimientos del aire que constituían los sonidos y ruidos.

Edouard presentó su solicitud de patente para el primer diseño de su fonoautógrafo el 26 de enero de 1857 en la Academia Francesa, y el 25 marzo le fue concedida. Posteriormente Scott construyó varios de estos aparatos con la ayuda de Rudolph Koenig, físico alemán interesado en la acústica y fabricante de instrumentos musicales.




La gran limitación del fonoautógrafo es que no existía manera de reproducir las representaciones visuales de los sonidos que producía. Aunque Scott no lo entendía así, su preocupación, como reconoció en sus memorias publicadas en 1878, era la “escritura del sonido, que es lo que la palabra fonógrafo significa”. El objetivo era crear registros del discurso humano que más tarde pudieran ser descifrados. Según el profesor Jonathan Sterne de la McGill University en Montreal, Scott pensaba que la única manera en que se llegaba a la verdad de un sonido era mirándolo.

Pese a esta limitación, Scott se las arregló para vender varios fonoautógrafos a laboratorios científicos para su uso en la investigación del sonido. Estos aparatos resultaron de utilidad en los estudios de Franciscus Donders, Heinrich Schneebeli y Rene Marage. También permitieron al mismo Koenig crear el manómetro que lleva su nombre, , que es considerado el equivalente del siglo XIX del osciloscopio actual.

En cualquier caso, Scott fue incapaz de sacar beneficio de su invención y pasó el resto de su vida como librero en el número 9 de la Rue Vivienne de Paris. Con el tiempo también se interesó por la relación entre la lingüística, el nombre de las personas y su personalidad, y publicó un artículo en 1857 sobre el tema. Su invención con el tiempo fue casi olvidada, considerada simplemente como una curiosidad para el estudio de la acústica, eclipsada por el fonógrafo inventado por de Edison en 1877 y que fue considerado durante mucho tiempo como el aparato más antiguo capaz de capturar sonidos.

Detalle de un fonoautograma del 1859 incluido en la solicitud de patente. Foto original FirstSounds

Esa consideración le duraría al fonógrafo hasta el pasado año 2008, cuando el New York Times informó del descubrimiento de un fonoautograma registrado el 9 de abril del 1860. La grabación se encontró en marzo de ese año, se trataba de un fragmento de sólo 10 segundos de la canción popular francesa “Au Clair de la Lune”. Sin embargo, la importancia del descubrimiento era mucho mayor, puesto que investigadores del Lawrence Berkeley National Laboratory habían conseguido reproducir con éxito el sonido que se escondía en aquella capa de hollín. Finalmente alguien había encontrado el medio para descifrar aquellos garabatos y convertirlos en sonido.

El grupo de investigadores, que pertenecían al grupo informal de historiadores del sonido First Sounds, había escaneado los fonoautogramas a alta resolución y habían sido capaz de extraer los sonidos de los patrones impresos en un papel obscurecido con hollín. David Gionvannoni, científico que lideró la iniciativa, también mostró otros fonoautogramas anteriores encontrados en Paris, hechos entre 1853 y 1854. Se trataba de los primeros intentos de capturar los sonidos de la voz humana y de una guitarra, aunque en aquel tiempo la máquina de Scott estaba mal calibrada, por lo que apenas fue posible extraer de ellos unos chillidos.

Dibujo del 1857 de una sesión de grabación incluida en la solicitud de patente de Scott. Foto original FirstSounds

En el fonoautograma del 1860, por el contrario, se podía escuchar a una vocalista femenina sobre un ruido de fondo, mezcla de crujidos y silbidos. La voz, amortiguada pero audible, canta “Au clair de la lune, Pierrot répondit” al compás de una melodía de once notas.

Los historiadores conocían la existencia del fonoautógrafo de Scott, pero fueron Giovannoni junto con Richad Martin y Meagan Hennessey, propietarios de Archeophone Records, sello especializado en grabaciones antiguas, los primeros que intentaron reproducir sus grabaciones. La búsqueda comenzó en diciembre del 2007 en el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial en Paris, donde Scott había registrado su patente. Allí junto a las solicitudes de patente hallaron dos grabaciones del 1857 y 1859. De allí, y gracias a una referencia críptica en los escritos de Scott, fueron a parar a la Academia Francesa de la Ciencias.

David Giovannoni examina uno de los fonoautogramas de Scott. Foto original FirstSounds

En la Academia tuvieron más suerte, encontraron casi una docena de fonoautogramas que iban desde los primeros experimentos del 1853 y 1854 hasta los más avanzados del 1860. Uno de estos últimos se encontraba en un estado de conservación excelente, se trataba de un trozo de papel de unos 23cm por 64 cm en el que las ondas sonoras se podían distinguir con claridad. Este fonoautograma fue escaneado con sumo cuidado y enviado al laboratorio Lawrence Berkeley. Allí el sonido fue descompuesto en 16 pistas que se volvieron a mezclar de manera meticulosa, tras realizar los ajustes necesarios para compensar variaciones de velocidad de un aparato que giraba a mano.

Si bien, la grabación de “Au Clair de la Lune” después de este hallazgo se convirtió en la primera grabación que se conserva, 17 años anterior a la que se creía que lo era antes, “Mary had a little lamb” realizada por Edison con su fonógrafo. Los descubridores del fonoautograma, en ningún momento quitaron mérito a Edison y a la proeza e impacto tecnológico que supuso su fonógrafo. En primer lugar, no hay ninguna prueba que Edison se aprovechara del invento de Scott para desarrollar su fonógrafo, el cual, pese a este hallazgo, sigue conservando el mérito de ser el primer aparato capaz de reproducir sonido, tal vez porque al contrario que Scott, Edison sí que buscaba reproducir el sonido, y lo consiguió.

Édouard-Léon Scott de Martinville

Leon Scott finalmente consiguió el reconocimiento que se merecía, aunque eso sí, casi 150 años de la grabación de “Au Clair de la Lune”. Este reconocimiento además le llegó de una manera que él jamás hubiera esperado. No sólo debido a algo en lo que él no creía, ni fue nunca su propósito, la reproducción del sonido. Sino que además este reconocimiento le vino de la mano de un grupo de norteamericanos, pese a que él mismo un año antes de su muerte, en sus memorias, apelaba al patriotismo de sus conciudadanos para que defendieran el gran mérito de los franceses como descubridores frente al del mero “perfeccionador”, que según él fue sólo Edison.

PS(i): ¿Quién era la cantante del “Au Clair de la Lune”? Según los expertos de FirstSounds, se trata muy probablemente de una niña. En la época de la grabación la hija de Scott tenía 15 años, por lo que podría tratarse de ella, aunque debido a que la voz suena más juvenil, es muy probable que se tratara de una niña más pequeña.

PS(ii): Existe una historia, mezcla de leyenda y rumor, sobre un francés que visitó la Casa Blanca en 1863 y grabó con su propia máquina la voz de Abraham Lincoln. Esta grabación, según la leyenda, fue realizada en un soporte tan frágil que sólo permitía reproducirla una vez. La grabación habría permanecido intacta durante años, hasta que Edison la reprodujo por primera vez para grabarla con su fonógrafo. Versiones posteriores de la historia identificaron a ese visitante francés con Edouard Scott. ¿Qué hay de cierto en todo este rumor? Pues según los expertos de FirstSounds, sólo se trataría de una fábula más sobre un “tesoro perdido” que debió ser inventada no antes del 1960. Además, por lo que respecta a Scott, la historia no encajaría con el hecho que su autobiografía no mencione ninguna visita a los Estados Unidos en esa época.


posts relacionados:
- La revolución del telégrafo óptico
- El Mecanismo de Anticitera, el primer ordenador de la historia

+info:
- Researchers Play Tune Recorded Before Edison in The New York Times
- Fonógrafo en es.wikipedia.org
- Phonoautograph in en.wikipedia.org
- Otros fonoautogramas en FirstSounds
Leer más »

martes, 18 de noviembre de 2008

Cuando las semanas eran de 10 días y los días de sólo 10 horas

A finales del siglo XVIII los revolucionarios franceses se propusieron adaptar el calendario al sistema decimal a la vez que eliminar de él todas las referencias religiosas, así como otras rarezas fruto de la tradición y la historia. El resultado convertiría las semanas en décadas de 10 días, los días pasarían a ser divididos en 10 horas, las horas en 100 minutos y los minutos en 100 segundos. Una de las medidas que menos entusiasmo despertó sería que las décadas sólo tendrían un día de fiesta, es decir un domingo.

A menudo se considera que la Revolución Francesa comenzó del 14 de Julio de 1789 con la toma de la Bastilla. Sin embargo, el período de cambios radicales asociado con el Reino del Terror de Robespierre y la guillotina no empezó hasta el tumultuoso verano de 1792, cuando la nueva asamblea legislativa, en su mayor parte jacobina llamó a la primera Convención Nacional e inmediatamente proclamó a Francia como república.

Un año después de esa proclamación, el 20 de Septiembre de 1793, un matemático llamado Gilbert Romme presentó su propuesta para un calendario totalmente nuevo. Era un período marcado por el sentimiento de comienzo de una nueva era y de reformas radicales en muchas áreas de la vida pública y privada de Francia. La iglesia Católica que había tenido una posición tan dominante en la Francia pre-revolucionaria era considerada ahora anti-revolucionaria, y el calendario gregoriano, con sus santos del día y fiestas religiosas, era un poderoso símbolo de la influencia subyacente de la iglesia.

Romme había recibido la misión de crear una “división más científica del año, con más conexión con el movimiento de los astros, las estaciones y la tradición”. El resultado fue puesto en práctica durante 13 años entre 1792 y 1805 y es conocido como el “Calendario Revolucionario Francés”.

El año en este calendario “racional” ya no comenzaría el 1 de Enero, sino en el equinoccio de otoño y el aniversario de la proclamación de la república: 21 de Setiembre. Cada mes tenía 30 días, divididos en 3 décadas de 10 días cada una. Cada día “métrico” estaba dividido en 10 horas, cada una de las cuales de 100 minutos de 100 segundos cada uno. De esta manera, cada hora era más larga que una hora convencional, el minuto un poco más, y el segundo ligeramente más corto.

Gracias a la “racionalidad” del nuevo calendario, ahora las décadas encajaban perfectamente en los meses y al ser todos los años iguales, a excepción de los bisiestos, no hacía falta comprar un calendario nuevo cada año.

Los 10 días de la década se llamaban: primidi, duodi, tridi, quartidi, quintidi, sextidi, septidi, octidi, nonidi y décadi. Cada décadi era el día de descanso de los trabajadores. Cada fecha individual recibía un nombre, que reemplazaba los santos del día católicos, los quintidi y los décadi recibían el nombre de un animal y de una herramienta del campo respectivamente, y el resto de los días nombres de árboles, arbustos y plantas. Así había días de la zanahoria, pera, miel, burro, arado o pico.

Como todos los meses tenían 30 días, en total sumaban 360, por lo que sobraban, o faltaban, 5 días en un año no bisiesto. Estos días, llamados complementarios, eran colocados al final del año (16-22 de Septiembre) y eran días de fiesta: les Fete de la Vertu (virtud), de la Génie (talento), du Travail (trabajo), de l’Opinion y des Récompenses. Los años bisiestos contaba con una fiesta más: Fete de la Révolution.

El poeta Fabre d’Églantine fue el encargado de encontrar un nombre para los meses de Romme, escogiendo apelaciones evocativa de los cambios de las estaciones y la belleza de la naturaleza. Empezando por el mes que substituiría Septiembre/Octubre serían: vendimiario (de vendimia), brumario (de niebla), frimario (de escarcha), nivoso (de nieve), pluvioso, ventoso, germinal, floreal, pradeal (de pradera), mesidor (de cosecha), termidor (de calor), fructidor (de fruta). La mayoría de estos nombres eran neologismos derivados de palabras similares en francés, latín o griego. Como una prueba más de racionalidad, el nombre de todos los meses de la misma estación tiene la misma terminación.

El nuevo calendario fue adoptado por la Convención Nacional el 5 de Octubre de 1793, y todos los documentos fueron datados con referencia a la proclamación de la república, el 21 de Septiembre de 1792 como primer día del año I. De Septiembre de 1792 a Septiembre de 1793 era el año I, 1793/4 era el año II y así sucesivamente. De esta manera el calendario comenzaba un año antes de su adopción. Su aplicación se extendería a territorios ocupados militarmente por Francia y a sus colonias en América y África.

La gente normal tuvo dificultades para adaptarse al nuevo calendario, especialmente a la semana de 10 días, lo que además implicaba 3 días más de trabajo sin descanso, y rompía las convenciones establecidas en el mundo del comercio, tales como días de mercado y ferias. Por esto se considera que la semana, tal vez la agrupación de días más persistente de todos los calendarios de la historia, fue la causante de la poca popularidad del calendario revolucionario. La gente tampoco recibió con agrado la substitución de las festividades tradicionales por las nuevas.

Otra de las dificultades era la carencia de una patrón regular para los años bisiestos, lo cual dificultaba datar eventos futuros debido a la imprecisión de los conocimientos astronómicos de la época. El decreto que estableció el nuevo calendario por una lado decía: “cada año empieza a la medianoche, con el día que el equinoccio de otoño cae sobre el observatorio de Paris”, pero también: “el período de 4 años, al final del cual esta adición de un día es habitualmente necesaria, es llamada Francíada, el cuarto año de la Francíada es llamado Sextil”. Ambas normas eran incompatibles, ya que los años bisiestos definidos en base al equinoccio no ocurren de manera regular cada 4 años.

El ocaso del nuevo calendario comenzaría en 1801, pero no por sus dificultades sino por motivaciones políticas. Napoleón, que en aquel entonces era Primer Cónsul, estaba convencido que un acuerdo con la Iglesia Católica sería crucial para sus intereses. Por lo que decidió mejorar sus relaciones con ella mediante la negociación de un Concordato con el Papa Pio VII que entre otras cuestiones restablecía el nombre de los días de la semana y el domingo como día de fiesta a partir del 18 de Abril del 1802.

El resto del calendario continuaría en vigor unos años más, pero su abolición total llegaría la medianoche del 31 de Diciembre de 1805 (10 de nivoso del año XIV), en aquel momento Napoleón ya se había anexionado los Estados Pontificios y había sido excomulgado por Pío VII, que sería posteriormente encarcelado por Napoleón. Puesto que Napoleón ya no veía al Papa como un posible aliado, el anterior Concordato parece ser que pesó poco en la toma de la decisión y si lo hicieron más la amplia impopularidad del calendario o la confusión que existía entre el comienzo del año, los bisiestos y el equinoccio. En cualquier caso a Napoleón le convenía eliminar este vestigio de la democracia republicana.

La obligatoriedad y uso del tiempo decimal aún había sido más corta, aunque se llegaron a fabricar relojes adaptados a los días de 10 horas, la idea no llegó a cuajar entre la gente, y el uso obligatorio había sido suspendido el 7 de Abril de 1795.

Tras el derrocamiento de Napoleón el calendario revolucionario se volvería a implantar brevemente. Y sería vuelto a usar por la efímera Comuna de París entre el 6 y el 23 de Mayo de 1871 (16 del Floreal y 3 del Praderal del año LXXIX). Hoy en día su uso oficial queda reducido a los textos legales que fueron adoptados mientras el calendario republicano era oficial y siguen en vigor en Francia que han mantenido sus fechas originales. Sólo algunos entusiastas en Francia siguen empleándolo, más por nostalgia histórica que funcionalidad.

Una de las paradojas de este calendario es que su intento de eliminar las referencias religiosas del calendario para hacerlo más universal, acabó dando como resultado un calendario aún más local, en este caso centrado en Francia, dado que los nombres descriptivos de los meses podían ser confusos e imprecisos en otras latitudes, por ejemplo un Termidor (mes de el calor) helado en el hemisferio sur.

Publicado el día Década III, Octidi (o 28) de Brumario del Año CCXVII de la Revolución a 4h66m9s.

*foto 1: Reloj de 10 horas con equivalencia al de 24.
*foto 2: Calendario Republicano de 1794 dibujado por Debucourt

*foto 3: Alegoría de Mesidor, el mes de la cosecha

*foto 4: Otro reloj, foto original en
Antique-Horology.org


posts relacionados:
- El Calendario Revolucionario Soviético
- La revolución del telégrafo óptico
- El panóptico, una prisión sin rincones

+info:
- The French Republican Calendar in BBC.co.uk
- Calendario republicano francés en es.wikipedia.org
- French Republican Calendar in en.wikipedia.org Leer más »