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lunes, 16 de noviembre de 2009

El rayo de la muerte y su inventor

Harry Grindell Matthews es para algunos uno de los inventores más prolíficos del Reino Unido, el “Tesla” inglés, cuyos múltiples inventos (el más conocido y más temible de todos, el rayo de la muerte) podían haber acortado las dos guerras mundiales. Otros, sin embargo, creen que simplemente fue un charlatán, o un visionario loco, siempre dispuesto a anunciar grandes invenciones, pero incapaz de demostrar y explicar su funcionamiento.

Matthews en su laboratorio. Foto original de Mary Evans Picture Library.

Matthews nació en Winterbourne, Gloucestershire, el 17 de marzo de 1880. Su familia poseía tierras y vivía holgadamente gracias a los ingresos que obtenía de sus granjas. Su infancia quedaría marcada por la trágica muerte de su padre en 1883. Harry quedó huérfano de padre con sólo 3 años y creció muy próximo a su madre. En 1888 comenzó sus estudios en el colegio donde no destacó especialmente. Las clases le aburrían y su curiosidad e inventiva le llevaron a hacer sus primeros experimentos en algunos de los campos de los que más tarde se convertiría en pionero. Harry no tardó en ganarse una fama de chico excéntrico y solitario que pasaba su tiempo desmontado cosas para descubrir cómo funcionaban.

Unas Navidades Harry recibió como regalo el “The Boys’ Playbook of Science”. El libro, escrito por John Pepper, estaba repleto de experimentos prácticos sobre magnetismo, electricidad, química, astronomía, mecánica y óptica. Sus vistosas ilustraciones y esquemas captaron el interés del joven Harry que no tardó en intentar reproducir sus experimentos.

Harry decidido a estudiar ingeniería eléctrica dejó la escuela e ingresó en el Mechant Venturer’s College donde adquirió los conocimientos necesarios sobre la electricidad. En 1896, cuando sólo tenía 16 años, dejó este college y empezó a trabajar como aprendiz en una firma de ingeniería. En sólo 18 meses aprendió todo lo que podía aprender y marchó a trabajar con J. H. Winter, uno de los pioneros de la iluminación eléctrica.

Durante la Guerra Boer en Sudáfrica, Matthews sirvió a la corona en Ciudad del Cabo y Bloemfontein. Fue herido varias veces y fue condecorado por su valentía. Allí empezó a interesarse por los usos militares de la telefonía sin hilos, que en esos momentos avanzaba de la mano de Marconi, Fessenden y otros.

Dawn, el bote controlado con luz. Foto original London Illustrated News.

Tras contraer el tifus Matthews volvió a Inglaterra. Después de un tiempo para recuperarse, empezó a trabajar en la firma de consultoría de Earl De la Warr, un rico aristócrata al que Matthews había conocido durante la guerra, mientras Earl trabajaba como corresponsal. Tenían intereses comunes y la fortuna de Earl para investigar. Lo primero fue montar un laboratorio en el que Matthews pudo comenzar a investigar las ideas que había tenido estando en la guerra.

Los primeros resultados llegaron el 3 de setiembre de 1907, cuando Matthews transmitió un discurso por medio de la radio a media milla de distancia. Con la confianza que le proporcionaban estos primeros éxitos, Matthews se puso manos a la obra a trabajar en el “Aerophone”, un teléfono por radio que patentó en noviembre de 1909. Una caja de caoba contenía todo lo necesario para la transmisión de la voz. Tanto el receptor como el emisor eran portátiles. Según Matthews, la voz podía escucharse hasta una distancia de 10 kilómetros. Con el apoyo de varios inversores, Matthews fundó la Grindell Matthews Wireless Company.

Los militares no tardaron en interesarse por el aerófono y pidieron a Matthews que les hiciera una demostración. Todo estaba preparado el 29 de setiembre de 1911, sin embargo, antes de comenzar la demostración, y aunque Matthews había exigido que no asistiera ningún técnico (según sus partidarios, porque todavía no había obtenido las patentes definitivas), descubrió a cuatro de los asistentes desmontando uno de sus aparatos, tomando notas y dibujando esquemas. Matthews, enfurecido, ordenó a sus ayudantes detener la demostración y empaquetar todo. Este sería el comienzo de una relación con el gobierno y los militares británicos marcada por la sospecha y la desconfianza que duraría el resto de su carrera.

La prensa se hizo eco del incidente y se puso inmediatamente del lado de Matthews criticando la intransigencia de la Oficina de la Guerra. Los militares se vieron obligados a hacer una nota pública negando cualquier tipo intromisión y afirmando que la demostración había sido un fracaso total, no había llegado ni a comenzar cuando fue suspendida. A los pocos días, Matthews dio marcha atrás y en un intento de rebajar la tensión dijo que sólo había sido un malentendido.

Cámara de Matthews que capturaba el sonido ópticamente. Foto original de Barwell Ernest H.G.

En cualquier caso, sin entenderse con el gobierno, Matthews decidió seguir con su empresa de telefonía. Pidió más dinero sus inversores e instaló dos estaciones de radio. Mientras, seguía investigando y probando nuevos métodos para aumentar el alcance de sus transmisiones. En 1911 estableció contacto por radio con un avión en vuelo, el piloto pudo escuchar a Matthews hablar mientras volaba a más de 200 metros de altura y a unos 100 kilómetros por hora.

Pero pese a los éxitos, la Grindell Matthews Wireless Telephone Company acabó en bancarrota. El aerófono no consiguió llegar al mercado, en parte, debido al perfeccionismo de Matthews que no paraba de idear nuevas mejoras para el sistema. La compañía no ganó un solo penique y las estaciones de radio tuvieron que ser desmontadas.

En 1914, después del estallido de la Primera Guerra Mundial, el gobierno británico anunció un premio de 25.000 libras para el que fuera capaz de crear un arma eficaz contra zepelines y otro para el que diseñara un mecanismo que permitiera el control remoto de vehículos no tripulados. Matthews que había empezado a colaborar con Edmund Fournier D’Albe, un experto en aplicaciones del selenio, trabajó junto a él en un sistema de control remoto para un pequeño barco. El sistema utilizaba un foco para transmitir las órdenes a la embarcación. En diciembre de 1915 Matthews y su equipo hicieron una demostración a miembros del gobierno británico. La demostración fue un éxito y el gobierno inglés les extendió un cheque de 25.000 libras.

Pese a la alta suma de dinero pagada por la Oficina de la Guerra Matthews, los militares, por alguna razón que se desconoce, no dieron ningún uso posterior al invento, ni siguieron evolucionándolo. Podría ser que la idea fuera difícil de poner en práctica o tal vez no fuera tan útil como habían creído en un principio.

Lo primero que hizo Matthews con el dinero del gobierno fue pagar a sus acreedores y con lo que le quedó se puso a trabajar en un detector de submarinos. Después de varias pruebas con éxito, Matthews y su equipo comprobaron que el detector era capaz de detectar submarinos debajo del agua a una distancia de 17kilómetros.

Pese a los resultados, el gobierno británico no mostró interés por el proyecto y Matthews lo acabó abandonando. Matthews pasó entonces a centrar sus esfuerzos en la búsqueda de un método óptico para la grabación del sonido sobre una película. Antes de la llegada de las películas sonoras, el sonido y las imágenes se grababan de forma separada, lo que provocaba que, cuando se proyectaban, el sonido y la imagen nunca estuvieran del todo sincronizados.

Una escena del documental (o publireportaje) “Death Ray”, Matthews, de espalda a la cámara, demostrando el funcionamiento del rayo. Foto original de Barwell Ernest H.G.

Matthews inventó una cámara que registraba el sonido sobre la película a un lado de la imagen, la sincronía era perfecta. Para demostrar su sistema instaló un pequeño estudio de grabación en su laboratorio. Fue en él donde el 16 de setiembre de 1921 grabó unas de las primeras imágenes con sonido de la historia, una entrevista a Ernest Shackleton antes de embarcarse en su fatídica última expedición a la Antártida. Aunque otros ya habían desarrollado mecanismos para grabar imágenes “parlantes”, Matthews estaba convencido del éxito de su invención y creía que los estudios cinematográficos estarían interesados en ella, pero no fue así. La industria cinematográfica no estaba preparada para sustituir todos los equipos de las salas, ni matar a sus estrellas mudas.

Los fracasos no parecían afectar a Matthews y en otoño de 1923 se pondría manos a la obra en el más famoso de sus inventos. La noticia de que varios aviones franceses habían sido abatidos por los alemanes con un misterioso rayo fue su fuente de inspiración. Según Matthews, todos los aviones abatidos lo habían sido en las proximidades de estaciones de radio de alta potencia y asumió que no había sido una mera coincidencia.

Matthews sabía que las ondas de radio podían transmitir energía y consideró que las magnetos del motor de un avión podían cortocircuitarse al pasar cerca de una emisora de radio de alta potencia, lo que a su vez provocaría que el motor se parara. Convencido de poder desarrollar un dispositivo capaz de transmitir energía sin cables, comenzó a investigar. Los resultados no tardarían en llegar, según sus propias afirmaciones, Matthews y su equipo consiguieron encender una bombilla, fundir un cristal, matar algunos animales y parar un pequeño motor a casi 20 metros de distancia.

En mayo de 1924 un distinguido grupo de científicos, periodistas, militares y civiles acudió a una demostración. Ante ellos, detuvo el motor de una motocicleta a 15 metros de distancia, y aseguró que con la suficiente potencia sería capaz de parar el de un avión a una distancia mayor. La demostración, sin embargo, no convenció al gobierno y menos cuando Matthews se negaba a explicar los detalles de cómo funcionaba su invento. Pero la prensa y a la opinión pública sí que estaban de su parte y el asunto acabó llegando llegó a la Cámara de los Comunes. Se habían hecho públicos los primeros contactos de Matthews con Francia y querían saber que acciones estaba tomando el gobierno para evitar que el invento abandonara el país.

El “Sky Projector” en funcionamiento la noche de navidad del 1930. Foto original Fortean Times.

Toda esta presión hizo que el gobierno cediera y propusiera a Matthews repetir la demostración, aunque con condiciones. Esta vez serían ellos lo que proporcionarían la motocicleta y sería colocada por sus propios técnicos, una petición del todo razonable. Si todo salía bien, le darían 1.000 libras a cambio de 14 días durante los que el gobierno podría examinar el invento y hacerle una propuesta económica definitiva. Sin embargo, Matthews rechazó la oferta, según él, tenía una oferta mucho mejor de una empresa francesa, y, además, no entendía porque el gobierno no se daba por convencido con la primera demostración.

Matthews acabó marchando a Francia, donde trabajó con Eugene Royer y una empresa de allí que, efectivamente, le había ofrecido más dinero y mejores instalaciones. Pese a la incredulidad que el gobierno había mostrado, tampoco querían arriesgarse a que el invento, de funcionar, cayera en manos de una potencia extranjera, y el 27 de marzo de 1924 la Corte Suprema prohibió a Matthews vender los derechos de su invento a terceros. El episodio acabó con una persecución en coche para impedir que Matthews cogiera un vuelo hacia Francia, pero para cuando los agentes llegaron al aeropuerto, donde también llegaban seguidores de Matthews, su avión hacía sólo minutos que había despegado.

Pero el gobierno británico no era el único que luchaba por mantener el rayo de la muerte en el país. Samuel Instone y su hermano, unos magnates de la aviación y del transporte marítimo, ofrecieron a Matthews un gran pago y un sueldo de varios miles de libras a cambio de que no marchara con su invento. A cambio, sólo le pedían que el invento convenciera a sus asesores científicos. Sin embargo, fue justamente esta clausula la que no convenció a Matthews.

Su invento podía valer muchísimo o nada. Era evidente y razonable que nadie estaría dispuesto a pagar una fortuna por él sin haber podido comprobar su efectividad. Sin embargo, Matthews no lo veía así y una vez más se negó a proporcionar una prueba tangible de que su invento funcionaba. Su respuesta fue un documental en el que supuestamente de mostraba el rayo en acción. “The Death Ray – The Most Startling and Breath Taking Motion Picture Ever Made!” (El rayo de la muerte – La más inesperada y sorprendente película nunca hecha). El documental se proyectó en Gran Bretaña y Estados unidos, aunque, según los oficiales del gobierno, el rayo de la muerte que aparecía en él no se parecía en nada al que ellos habían visto.

La publicidad que el caso de Matthews había generado hizo que no tardaran en salir imitadores, algunos de ellos en el extranjero. Hasta diez personas afirmaban haber inventado su propio rayo de la muerte. Pero al igual que Matthews, ninguno de ellos pudo demostrar ante los miembros de la Oficina de la Guerra que su invento realmente funcionaba.

Matthews tocando su luminófono. Foto original Swansea County Archives.

¿Cómo funcionaba el rayo de la muerte?

Supuestamente, el aparato tenía un generador eléctrico especializado y era capaz de generar un rayo “transportador” que se actuaba como conductor de la electricidad. Era esa electricidad la que fundía las magnetos. Sin embargo, Matthews no explicó jamás la naturaleza de su rayo transportador y eso provocó que la prensa se limitara a especular sobre él. Algunos comentaristas creían que era aire ionizado, pero otros hablaban de ondas de radio excepcionalmente cortas.

Aunque la prensa, en general, siempre se puso del lado Matthews, la comunidad científica nunca vio con buenos ojos su afición de anunciar inventos sin haberlos probado suficientemente. Además, muchos científicos de renombre creían que no existía ningún tipo de rayos que al concentrarse pudieran producir la fuerza de la que hablaba Matthews. Algunos se ofrecieron a ponerse delante del rayo el tiempo que hiciera falta, convencidos que no les haría ningún daño.

En cualquier caso, nunca ha quedado claro cuánto hay de realidad en el “rayo de la muerte”. Existe una solicitud de patente francesa del año 1924 sobre “proyección remota de electricidad de alta frecuencia”, la firma Eugene Royer, el socio de Matthews. Aunque sí queda claro que ante la imposibilidad de demostrar el funcionamiento de rayo de la muerte, Matthews abandonó su intento de vender su invención a algún gobierno europeo.

Frustrado con el gobierno y militares británicos, Matthews marchó en julio de 1924 a Estados Unidos. En Nueva York, a donde también había llegado la fama de su rayo de la muerte, recibió una oferta económica importante a cambio de demostrar su invención en una feria. Matthews renunció a este dinero fácil, según él, porque no estaba autorizado a demostrar su invento fuera del Reino Unido. Aunque unos meses más tarde informó que “América” le había comprado su rayo. Nunca ofreció más detalles sobre esta operación, ni concretó el término “América”, ni cuánto dinero recibió a cambio, en caso de ser cierto.

El refugio-laboratorio en las montañas galesas. Foto original de Jonathan Foster.

En Estados Unidos se apartó del mundo de la guerra y comenzó a trabajar en invenciones más pacíficas. Inventó el “Luminaphone” y el “Sky Projector”. El primero, de dudosa utilidad, era un dispositivo musical extraño que se tocaba de manera similar a un piano, las teclas encendían y apagaban unas luces que pasaban a través de los agujeros de un disco rotatorio y llegaban a unas células de selenio que transformaban las luces en sonido.

El “Sky Projector”, que pudiera ser el predecesor de la “Batseñal” de Batman, estaba diseñado para proyectar imágenes sobre las nubes. Matthews hizo varias demostraciones públicas de su invento proyectando una imagen estática o un reloj sobre nubes, pero el invento, aunque vistoso, tampoco triunfó. Pese a haber podido revolucionar el mundo de la publicidad, nadie se interesó en él.

Tras este nuevo fracaso, en 1931, Matthews declaró la bancarrota. En sus libros contables había innumerables préstamos e inversiones que nunca produjeron ningún beneficio, pero que le permitieron vivir en lujosos hoteles mientras trabajaba en sus inventos.

En 1934, después de encontrar nuevos inversores Matthews volvió a la carga. Para huir de la presión mediática que causó el “rayo de la muerte” y, también de las intromisiones del gobierno, Matthews se construyó un refugio-laboratorio en medio de las montañas galesas. El laboratorio tenía todo lo necesario para vivir y disponía de su propio suministro autónomo de agua y electricidad. Lo ideal para seguir investigando en reclusión. La finca, además, tenía una pequeña pista de aterrizaje y toda ella estaba rodeada por una verja electrificada, coronada con alambre de espino.

El torpedo aéreo en funcionamiento. Foto original de Barwell Ernest H.G.

Los vecinos del pueblo veían luces extrañas saliendo de su laboratorio y especulaban sobre lo que allí debía ocurrir. Algunos acudieron a la policía para denunciar rayos que estaban provocando enfermedades, muertes de animales y coches que se paraban al pasar por las proximidades del laboratorio. Después de todo, el rayo de la muerte quizás sí que funcionara.

En la tranquilidad de su retiro voluntario, Matthews volvió a centrarse en una de sus primeras invenciones, el detector de submarinos. Más tarde, inventaría el “Torpedo Aéreo” para defender las ciudades de los ataques aéreos. Se trataba de un pequeño cohete que explotaba en el cielo liberando otros cohetes más pequeños en todas las direcciones, dentro de cada uno de estos cohetes había una pequeña bomba sujeta por un cable metálico a un pequeño paracaídas. Los cohetes dejaban ir la bomba que quedaba colgando del paracaídas creando una especie de campo minado volante en el que los aviones se enredaban con los cables de las bombas y las hacían explotar. Según Matthews, muchos de estos torpedos, cargados con muchas bombas paracaídas, podrían crear un anillo protector volante alrededor de las ciudades.

En enero de 1938 se casó con Ganna Walska, una cantante de ópera americana cuya fortuna personal ascendía a 125 millones de dólares proveniente de sus anteriores matrimonios. Unos años más tarde, el 11 de setiembre de 1941, su casero le encontró en el suelo de su salita. Ese mismo día moriría de un ataque de corazón. Se rumorea que oficiales del gobierno se llevaron la mayoría de sus equipos y notas, sólo hacía unos días que “Death Ray Matthews”, como era conocido en la prensa, había visitado el 10 de Downing Street para discutir los detalles de su torpedo aéreo.

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+info:
- Harry Grindell Matthews in en.wikipedia.org
- The Death Ray – The Secret Life of Harry Grindell Matthews by Jonathan Foster
- Grindell “Death Ray” Matthews by David Clarke and Andy Roberts in Fortean Times
- The strange story of Dr Death Ray in BBCnews
- Science: Diabolical Rays in TIME Magazine
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miércoles, 7 de enero de 2009

La voz rescatada del hollín

A mediados del siglo XIX el francés, Edouard Scott, creó una rudimentaria máquina capaz de representar visualmente sobre una superficie los sonidos que captaba. Edouard estaba interesado en la grabación del sonido, pero no creía posible reproducirlo más que en la mente, así que ni él ni nadie pensaron en que los garabatos producidos por su fonoautógrafo pudieran reproducirse, y el aparato no pasó de ser una herramienta curiosa para los estudiosos de la acústica que acabaría cayendo en el olvido.

Dibujo del fonoautógrafo, incluido en la solicitud de patente de Scott (1859). Foto original FirstSounds

Édouard-Léon Scott de Martinville, nacido el 25 de abril de 1817, trabajaba como impresor en Paris. Gracias esta profesión tenía acceso y estaba al día de los últimos avances científicos de su época. Con el tiempo se interesó por la posibilidad de capturar y preservar la voz y los sonidos de una manera similar a como la fotografía lo había conseguido con la luz y la imagen. Su objetivo inicial fue encontrar una forma de taquigrafía que permitiera registrar toda una conversación sin ninguna omisión. Fruto de este interés Edouard escribió varios artículos sobre taquigrafía.

A partir de 1854, Edouard pasó a interesarse por los medios mecánicos para transcribir sonidos vocales. Fue mientras revisaba unos grabados sobre la anatomía interna del oído humano, que Edouard tuvo la idea de crear un aparato mecánico que imitara su funcionamiento, nació así el fonoautógrafo. Un cuerno o barril recogía el sonido y lo dirigía a una membrana elástica que sustituía al tímpano, una serie de palancas, los osículos, y finalmente todo el conjunto movía un estilete que presionaría sobre una superficie, que inicialmente era un cristal ahumado y posteriormente fue sustituido por un papel con hollín sobre un tambor o cilindro. Según Scott, el aparato sería capaz de obtener un calco de todos los movimientos del aire que constituían los sonidos y ruidos.

Edouard presentó su solicitud de patente para el primer diseño de su fonoautógrafo el 26 de enero de 1857 en la Academia Francesa, y el 25 marzo le fue concedida. Posteriormente Scott construyó varios de estos aparatos con la ayuda de Rudolph Koenig, físico alemán interesado en la acústica y fabricante de instrumentos musicales.




La gran limitación del fonoautógrafo es que no existía manera de reproducir las representaciones visuales de los sonidos que producía. Aunque Scott no lo entendía así, su preocupación, como reconoció en sus memorias publicadas en 1878, era la “escritura del sonido, que es lo que la palabra fonógrafo significa”. El objetivo era crear registros del discurso humano que más tarde pudieran ser descifrados. Según el profesor Jonathan Sterne de la McGill University en Montreal, Scott pensaba que la única manera en que se llegaba a la verdad de un sonido era mirándolo.

Pese a esta limitación, Scott se las arregló para vender varios fonoautógrafos a laboratorios científicos para su uso en la investigación del sonido. Estos aparatos resultaron de utilidad en los estudios de Franciscus Donders, Heinrich Schneebeli y Rene Marage. También permitieron al mismo Koenig crear el manómetro que lleva su nombre, , que es considerado el equivalente del siglo XIX del osciloscopio actual.

En cualquier caso, Scott fue incapaz de sacar beneficio de su invención y pasó el resto de su vida como librero en el número 9 de la Rue Vivienne de Paris. Con el tiempo también se interesó por la relación entre la lingüística, el nombre de las personas y su personalidad, y publicó un artículo en 1857 sobre el tema. Su invención con el tiempo fue casi olvidada, considerada simplemente como una curiosidad para el estudio de la acústica, eclipsada por el fonógrafo inventado por de Edison en 1877 y que fue considerado durante mucho tiempo como el aparato más antiguo capaz de capturar sonidos.

Detalle de un fonoautograma del 1859 incluido en la solicitud de patente. Foto original FirstSounds

Esa consideración le duraría al fonógrafo hasta el pasado año 2008, cuando el New York Times informó del descubrimiento de un fonoautograma registrado el 9 de abril del 1860. La grabación se encontró en marzo de ese año, se trataba de un fragmento de sólo 10 segundos de la canción popular francesa “Au Clair de la Lune”. Sin embargo, la importancia del descubrimiento era mucho mayor, puesto que investigadores del Lawrence Berkeley National Laboratory habían conseguido reproducir con éxito el sonido que se escondía en aquella capa de hollín. Finalmente alguien había encontrado el medio para descifrar aquellos garabatos y convertirlos en sonido.

El grupo de investigadores, que pertenecían al grupo informal de historiadores del sonido First Sounds, había escaneado los fonoautogramas a alta resolución y habían sido capaz de extraer los sonidos de los patrones impresos en un papel obscurecido con hollín. David Gionvannoni, científico que lideró la iniciativa, también mostró otros fonoautogramas anteriores encontrados en Paris, hechos entre 1853 y 1854. Se trataba de los primeros intentos de capturar los sonidos de la voz humana y de una guitarra, aunque en aquel tiempo la máquina de Scott estaba mal calibrada, por lo que apenas fue posible extraer de ellos unos chillidos.

Dibujo del 1857 de una sesión de grabación incluida en la solicitud de patente de Scott. Foto original FirstSounds

En el fonoautograma del 1860, por el contrario, se podía escuchar a una vocalista femenina sobre un ruido de fondo, mezcla de crujidos y silbidos. La voz, amortiguada pero audible, canta “Au clair de la lune, Pierrot répondit” al compás de una melodía de once notas.

Los historiadores conocían la existencia del fonoautógrafo de Scott, pero fueron Giovannoni junto con Richad Martin y Meagan Hennessey, propietarios de Archeophone Records, sello especializado en grabaciones antiguas, los primeros que intentaron reproducir sus grabaciones. La búsqueda comenzó en diciembre del 2007 en el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial en Paris, donde Scott había registrado su patente. Allí junto a las solicitudes de patente hallaron dos grabaciones del 1857 y 1859. De allí, y gracias a una referencia críptica en los escritos de Scott, fueron a parar a la Academia Francesa de la Ciencias.

David Giovannoni examina uno de los fonoautogramas de Scott. Foto original FirstSounds

En la Academia tuvieron más suerte, encontraron casi una docena de fonoautogramas que iban desde los primeros experimentos del 1853 y 1854 hasta los más avanzados del 1860. Uno de estos últimos se encontraba en un estado de conservación excelente, se trataba de un trozo de papel de unos 23cm por 64 cm en el que las ondas sonoras se podían distinguir con claridad. Este fonoautograma fue escaneado con sumo cuidado y enviado al laboratorio Lawrence Berkeley. Allí el sonido fue descompuesto en 16 pistas que se volvieron a mezclar de manera meticulosa, tras realizar los ajustes necesarios para compensar variaciones de velocidad de un aparato que giraba a mano.

Si bien, la grabación de “Au Clair de la Lune” después de este hallazgo se convirtió en la primera grabación que se conserva, 17 años anterior a la que se creía que lo era antes, “Mary had a little lamb” realizada por Edison con su fonógrafo. Los descubridores del fonoautograma, en ningún momento quitaron mérito a Edison y a la proeza e impacto tecnológico que supuso su fonógrafo. En primer lugar, no hay ninguna prueba que Edison se aprovechara del invento de Scott para desarrollar su fonógrafo, el cual, pese a este hallazgo, sigue conservando el mérito de ser el primer aparato capaz de reproducir sonido, tal vez porque al contrario que Scott, Edison sí que buscaba reproducir el sonido, y lo consiguió.

Édouard-Léon Scott de Martinville

Leon Scott finalmente consiguió el reconocimiento que se merecía, aunque eso sí, casi 150 años de la grabación de “Au Clair de la Lune”. Este reconocimiento además le llegó de una manera que él jamás hubiera esperado. No sólo debido a algo en lo que él no creía, ni fue nunca su propósito, la reproducción del sonido. Sino que además este reconocimiento le vino de la mano de un grupo de norteamericanos, pese a que él mismo un año antes de su muerte, en sus memorias, apelaba al patriotismo de sus conciudadanos para que defendieran el gran mérito de los franceses como descubridores frente al del mero “perfeccionador”, que según él fue sólo Edison.

PS(i): ¿Quién era la cantante del “Au Clair de la Lune”? Según los expertos de FirstSounds, se trata muy probablemente de una niña. En la época de la grabación la hija de Scott tenía 15 años, por lo que podría tratarse de ella, aunque debido a que la voz suena más juvenil, es muy probable que se tratara de una niña más pequeña.

PS(ii): Existe una historia, mezcla de leyenda y rumor, sobre un francés que visitó la Casa Blanca en 1863 y grabó con su propia máquina la voz de Abraham Lincoln. Esta grabación, según la leyenda, fue realizada en un soporte tan frágil que sólo permitía reproducirla una vez. La grabación habría permanecido intacta durante años, hasta que Edison la reprodujo por primera vez para grabarla con su fonógrafo. Versiones posteriores de la historia identificaron a ese visitante francés con Edouard Scott. ¿Qué hay de cierto en todo este rumor? Pues según los expertos de FirstSounds, sólo se trataría de una fábula más sobre un “tesoro perdido” que debió ser inventada no antes del 1960. Además, por lo que respecta a Scott, la historia no encajaría con el hecho que su autobiografía no mencione ninguna visita a los Estados Unidos en esa época.


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- Researchers Play Tune Recorded Before Edison in The New York Times
- Fonógrafo en es.wikipedia.org
- Phonoautograph in en.wikipedia.org
- Otros fonoautogramas en FirstSounds
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domingo, 15 de junio de 2008

El fuego de San Telmo, protección de marineros

Desde hace siglos, en medio de las peores tormentas en el mar, los marinos han invocado a San Telmo, su patrón, para evitar los peligros de un naufragio. La aparición en los mástiles de un misterioso brillo azul o violeta que a veces tenía apariencia de chorros de fuego era interpretado como un buen augurio enviado por el santo en respuesta a sus oraciones, muy probablemente porque el fenómeno suele ocurrir hacía la parte final de las tormentas. Este fenómeno atmosférico es conocido desde la antigua Grecia, donde la aparición de un único fuego recibía el nombre de Helena o si eran dos, Castor y Pollux.

El fuego de San Telmo es una descarga de efecto corona electroluminiscente, provocada por la ionización del aire dentro del fuerte campo eléctrico que originan las tormentas eléctricas. Aunque se llama fuego, es en realidad un plasma de baja densidad y relativamente baja temperatura provocado por una enorme diferencia de potencial eléctrico atmosférica que supera el valor de ruptura dieléctrica del aire, en torno a 3MV/m. El brillo blanco-azulado que acompaña el fenómeno es debido al nitrógeno y oxígeno de la atmósfera terrestre, este efecto es similar al que hace que brillen los letreros de neón, únicamente cambiando el color por tratarse de gases diferentes. En algunas circunstancias tiene aspecto de fuego, a menudo en dobles o triples chorros y muy a menudo ocurre acompañado de un sonoro zumbido.

El fuego de San Telmo recibe este nombre en honor Erasmo de Formia, (San Elmo), patrón de los marineros, otros sin embargo afirma que el San Telmo patrón de los marineros sería Pedro González Telmo, un sacerdote católico español nacido en Frómista (Palencia) en torno al 1180, canonizado en 1714 por Benedicto XIV, que además es patrón de la ciudad de Tuy. Como fraile ocupó el puesto de capellán militar, llegando a ser confesor del rey, aunque más tarde abandonó la corte para predicar en Asturias y Galicia, donde realizó la mayoría de sus milagros especialmente entre marineros y pescadores, por los que se dice que sentía simpatía. En la iconografía se le representa con hábito negro dominicano, llevando en la mano un cirio azul que representa el fuego de San Telmo.

Pese a estar asociado con el patrón de los marineros, el fenómeno no es exclusivo del mar y los barcos y aparece también en estructuras altas y puntiagudas como chimeneas, pararrayos o agujas de iglesias. Cuando sucedía en los mástiles de barcos podía afectar a la brújula. También se puede dar en aviones, en los que puede afectar las comunicaciones por radio. Y en dirigibles, en estos últimos era muy peligroso ya que muchos de ellos se cargaban con hidrógeno, hay incluso un teoría que el desastre del Zeppelin Hindenburg fue provocado por una fuga de hidrógeno que entró en contacto con un fuego de San Telmo.

Fue Benjamín Franklin quien observó correctamente en 1749 que el fenómeno es de naturaleza eléctrica, de hecho fue la aparición de su pararrayos y la proliferación de las agujas de las iglesias y las veletas, las que llevaron los fuegos de San Telmo tierra adentro. Inspirando en Estados Unidos numerosas historias de fantasmas y espíritus.

Este fenómeno también puede aparecer durante tormentas especialmente cargadas, en las puntas de los cuernos del ganado, hojas de árboles, en el césped y en los objetos afilados en la mitad de un tornado. Muchas veces se ha confundido con los rayos globulares, si bien ambos fenómenos pueden estar relacionados no se cree que sean el mismo. Entre otras diferencias, los rayos globulares se mueven de manera similar a una pompa de jabón mientras que el fuego de San Telmo siempre se mantiene sobre el mismo objeto.

Hay referencias al fuego de San Telmo en las obras de Julio César y Plinio el Viejo o en el Moby Dick de Herman Melville entre otros. Los marineros galeses se referían este fenómeno como "anwyll yr ysbryd"(cirios de los espíritus) o velas del santo fantasma o San David. Para los rusos serían las luces de San Nicolás o San Pedro. Durante el primer viaje alrededor del mundo de Magallanes se tiene constancia que el fuego de San Telmo se pudo observar varias veces cuando los barcos se encontraban cerca de la costa de Sudamérica, siendo visto como un buen presagio por los marineros, pues era costumbre que incluso cuando aparecía antes de la tormenta se interpretara como un signo que el santo estaría presente.

PS: En Tintin en el Tibet, se narra la aparición del fuego de San Telmo en el hacha del Capitán Haddock

*foto 1: Fuego de San Telmo en el mástil de una barco en el mar. The Aerial World, por Dr. G. Hartwig, Londres, 1886
*foto 2: El Hindenburg momentos antes de incendiarse, cuando aterrizaba en New Jersey el 6 de mayo de 1937, 35 personas, un tercio de los pasajeros perdió la vida, se cree que el incidente pudo estar causado por el fuego de San Telmo


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- Fuego de San Telmo en es.wikipedia.org
- Saint Elmo's fire in en.wikipedia.org
- Pedro González Telmo en es.wikipedia.org
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- Weather Elements: The Fire of St. Elmo by Keith C. Heidorn Leer más »

lunes, 10 de marzo de 2008

Rayos globulares, ¿mito o realidad?

El rayo globular, rayo en bola o centella, es un misterioso fenómeno de la naturaleza cuya existencia ha sido considerada durante mucho tiempo sólo un mito. Hoy en día, por el contrario, se acepta su existencia, pero su naturaleza continúa siendo materia de debate.

Según los testimonios que lo han podido observar, estos rayos tendrían la apariencia de unas bolas luminosas de un tamaño variable que va desde un centímetro hasta varios metros de diámetro. Estas bolas, además, serían capaces de flotar en el aire. Habitualmente estarían asociadas con las tormentas, pero al contrario que los rayos normales, que duran escasas fracciones de segundo, los globulares podrían tener una vida media de hasta 10 segundos.

Al tratarse de un fenómeno muy poco frecuente y además del todo impredecible, los datos científicos que tenemos de él son escasos. La presunción de su existencia se basa en los testimonios de la gente que dice haberlos visto. Hasta hace poco los testimonios del fenómeno eran descartados y recibían la misma credibilidad que los avistamientos de OVNIs. Sin embargo, en la actualidad debido al número tan alto de observaciones, hay alrededor de 10,000 testimonios escritos, ha renovado el interés por el fenómeno y su estudio. En la actualidad existen varias fotos e incluso vídeos de lo que la gente afirma es un rayo globular.

Uno de los primeros testimonios registrados de lo que podría tratarse de un rayo globular es del 1638 en Inglaterra, durante la conocida como la Gran Tormenta de Widecombe. Cuando tras una extraña obscuridad y un sonoro trueno, una bola de fuego de unos 20 centímetros entró en una iglesia arrancando el techo. Se dice que esta bola rebotó a lo largo de la iglesia y mató a 4 personas y 60 más resultaron heridas. Los testigos afirmaron que la bola dejó un olor a azufre y un humo denso y negro dentro de la iglesia.

En el 1877 una bola de fuego entró en el Templo Dorado en Amritsar India y salió por una puerta lateral. El incidente fue observado por un gran número de personas y se inscribió en el muro frontal de una de las entradas del templo.

Los submarinos durante la Segunda Guerra Mundial fueron la fuente más frecuente y consistente de ocurrencias de este fenómeno. En concreto, eran pequeños rayos globulares que se producían de manera involuntaria en la atmósfera confinada de los submarinos, normalmente, cuando las baterías de los submarinos eran encendidas o apagadas, o cuando los motores eléctricos de inducción eran conectados o desconectados. Desgraciadamente, los intentos posteriores de reproducir el fenómeno acabaron en fracaso y una explosión.

Fue también durante la Segunda Guerra Mundial que los aviadores aliados informaron de unas bolas luminosas de apariencia metálica, que aparecían individualmente o en grupos. Aunque muchas veces perseguían o escoltaban a los aviones, no existe constancia de ninguna interacción con ellas. Estas luces recibieron el nombre Foo Fighters (que combate la rutina). De las muchas teorías para explicar este fenómeno a parte obviamente de la OVNI, la más aceptada afirmaría que estas luces eran descargas de rayos globulares.

En 1994, se tiene noticia que un rayo globular entró a través de una ventana cerrada en una casa de la ciudad de Uppsala en Suecia, dejando un orificio circular de 5 centímetros. El incidente fue visto por los residentes de la zona y registrado por una estación de seguimiento de rayos de la universidad de dicha ciudad.

Dependiendo de la fuente los rayos en bola, pueden moverse hacía adelante, atrás, a los lados, siguiendo extrañas trayectorias o incluso permanecer estáticos en el cielo. Pueden ser atraídos por casas, coches, personas o por el contrario ser repelidos por los objetos. Algunos testimonios afirman que pueden traspasar libremente sólidos, mientras que otros afirman haberlos dañado.

Según algunos testimonios pueden ser de diferentes colores o transparentes. Tampoco hay consenso respecto a su forma, unas veces ovalada, esférica, en forma de lágrima. Algunas veces se han reportado durante tormentas, mientras que otras veces se han visto con tiempo calmado. En cuanto a su dispersión, unas veces se han desvanecido de manera repentina, mientras que otras veces lo han hecho de manera gradual, absorbidos por un objeto, explotando de manera violenta. Según unos son letales, y según otros inofensivos.

Esta discrepancia entre los testimonios podría indicar que no se trata de un único tipo de fenómeno, sino que bajo el nombre de rayo globular podría estar englobando fenómenos similares pero diferentes.

Los científicos han intentado producir estos rayos en experimentos de laboratorio. Se cree que uno de los primeros que consiguió producirlos de manera accidental fue Nikola Tesla en 1904. Pero él estaba más interesado en la transmisión de la electricidad y el alto voltaje, así que no les prestó más atención y simplemente se convirtieron en una curiosidad.

Posteriormente ha habido más intentos exitosos de crear rayos en laboratorio. Y si bien han conseguido producir efectos similares a los observados en la naturaleza no se puede asegurar que sean una reproducción del fenómeno natural. Incluso existen métodos caseros de crear lo que algunos llaman "bolas de plasma" introduciendo por ejemplo una cerilla encendida en un horno microondas. HAY QUE ADVERTIR QUE SON EXPERIMENTOS PELIGROSOS.

En la actualidad se supone que el plasma podría estar detrás del fenómeno. Existen varias teorías que intentan explicar el fenómeno, en orden de credibilidad serían:

  • Teoría del silicio vaporizado. Cuando un rayo cae sobre suelos ricos en silicio, el silicio se vaporizaría de manera instantánea, y este vapor posteriormente se condesaría y podría formar una esfera que ardería lentamente gracias al oxígeno del aire. Esta esfera podría llegar a explotar en los casos que superara una cierta temperatura. Existe un experimento que intentaría probar esta teoría.
  • Teoría de la nano-batería. Afirmaría que los rayos globulares están formados por nano-partículas, cada una de ellas se comportaría como una mini-batería. Una descarga superficial cortocircuitaría estas baterías y generaría una corriente.
  • Teoría del agujero negro. Sostendría que los rayos globulares serían el paso de agujeros negros microscópicos a través de la atmósfera de la tierra.
Desde el punto de vista esotérico o mitológico, unos afirman que podría tratarse de fantasmas o algún tipo de efecto poltergeists. Curiosamente el fenómeno es utilizado a favor y en contra del fenómeno OVNI. Así los escépticos afirmarían que mucho de los avistamientos OVNI serían meros rayos globulares, pero los entusiastas OVNI justamente afirman que el hecho que se hayan visto muchos de estos rayos en lugares donde han aparecidos círculos en las cosechas sugeriría que estos rayos son enviados por alguna forma de inteligencia o son en si mismo una forma de inteligencia.

La mitología también se ha hecho eco del fenómeno y propone explicaciones más románticas. Así en la japonesa hay un mito que un rayo globular es la ira del dios del trueno Raijin. La mitología vasca creería que serían la gran diosa vasca Mari, que habita en todas las cumbres de las montañas vascas y su consorte Sugaar, dios asociado con las tormentas y el trueno, viajando de una montaña a otra.

*foto 1: Una supuesta foto de un rayo globular tomada en 1987 en Nagano, Japón
*foto 2: Un dibujo de G. Hartwig del 1886, que se cree es una descripción de una rayo globular


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