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lunes, 9 de mayo de 2011

Peter the Wild, el niño que salió del bosque y llegó hasta el palacio real

En 1725, un niño fue “cazado en los bosques de los alrededores de Hamelín. No tendría más de 14 años e iba desnudo, andaba a cuatro patas y trepaba por los árboles con la agilidad de una ardilla. Su aspecto era silvestre, sucio y descuidado, y, como se sabría después, no entendía lo que le decían ni era capaz de articular palabra. Con el tiempo, aquel niño se convertiría en una celebridad de su época y sería objeto de numerosas teorías que intentarían explicar su misterio.

Wild Peter, pintado en una de las paredes de la Escalinata del Rey del Palacio de Kensington

Existen varias versiones sobre su captura, como de muchos otros aspectos de su vida. Según unos, fue por orden del rey Jorge I de Gran Bretaña, príncipe elector de la vecina Hanover, que había oído con anterioridad varias historias sobre de él. Según otros, fueron unos campesinos que se habían topado con él en varias ocasiones los que lo capturaron. Tal vez, sin estar muy seguros de si se trataba de un hombre o de un animal. En cualquier caso, parece que atraparlo no resultó fácil y el joven ofreció toda la resistencia posible.

Tras su captura fue llevado a la vecina ciudad de Zell, donde fue encerrado en una prisión. Allí, según parece, rechazaba la comida cocinada, en especial, la carne, y sólo comía verduras y fruta, aunque otros aseguraban que la carne, si era cruda, sí que era de su agrado. Su comportamiento era más propio de un animal que de un ser humano y era incapaz de entender lo que le decían y, mucho menos, de responder con palabras. Su pelo era largo y enmarañado. Sus uñas también eran largas y estaban rotas. Su piel estaba quemada por el sol y era muy peludo.

No tardaron en aparecer las primeras teorías sobre el origen de aquel niño que, desde luego, no parecía que hubiera estado bajo el cuidado de adultos. Para algunos era una versión moderna de Rómulo y Remo, y como ellos había sido criado por una loba, o quizás un jabalí o una osa, pero otros dudaban que Peter fuera realmente un niño salvaje y creían más bien que no era más que un niño “idiota. Un niño que había sido abandonado a su suerte, no mucho antes de ser encontrado, por sus padres, que o no podían o no querían seguir haciéndose cargo de él.

En 1725, Jorge I, hizo traer al niño a su corte en Herrenhausen, donde le dieron el nombre de Peter. A la primavera del año siguiente, después de una breve fuga al bosque y de volver a ser capturado, el rey se lo llevó con él a su palacio de Kensington en Londres, donde fue exhibido por primera vez ante la nobleza como si se tratara de una curiosa mascota, correteando y moviéndose como si fuera un chimpancé. Allí, Peter se convirtió en un personaje más de la corte, al que el Rey acostumbraba a vestir con refinados vestidos y a sentar a su mesa, donde solía comer con las manos y de una manera bastante ruidosa, todo un espectáculo para un entorno tan refinado.

Pero la popularidad de Peter trascendió más allá de la Corte y se convirtió en una curiosidad viviente a la que se dedicaban sátiras y de la que los periódicos hablaban. Muchos autores ingleses de la época escribieron sobre él, uno de ellos Daniel Defoe en su “Un cuerpo sin un alma” , en el que incluía una “disertación sobre la utilidad y la necesidad de los tontos, ya fueran políticos o naturales”. Defoe deliberaba si una criatura así, criada sin contacto con otros humanos, tendría algún tipo de sentimiento moral o, incluso, alma.

Defoe concluía que hasta que no desarrollara la capacidad de razonar sólo podía ser considerado humano “de manera potencial”. El escritor inglés mostraba sus dudas sobre la posibilidad de ser capaz de razonar sin antes adquirir la facultad de lenguaje. Sin esa facultad, ¿podría Peter entender su “voz interior”? Así que de momento era como un barco sin timón y retrasaba su veredicto final hasta ver los resultados que en él podía producir de la educación.

El Palacio de Kensington, Jan Kip (1724) | Wikipedia

No es de extrañar que Roger Moorhouse, doctor en historia moderna alemana, afirme que Peter fue como un regalo caído del cielo para Defoe y para otros intelectuales europeos del Siglo de las Luces. Un regalo que sirvió para animar sus debates sobre el “buen salvaje. y la aparición de numerosas teorías sobre la socialización de los niños y la importancia que el lenguaje jugaba en ella.

Por ejemplo, según señala Moorhouse, otro de los que trataron el caso de Peter, fue el excéntrico juez y filósofo escocés James Burnett. Para Burnett, Peter constituía una prueba de que los humanos nacían mudos y que el lenguaje era un hábito que sólo se adquiría mediante la práctica y gracias al entorno. Sin embargo, otros tenían una opinión ligeramente diferente y creían que Peter era la demostración de la existencia de un período crítico en el desarrollo intelectual del niño que, una vez pasado, si el niño no ha aprendido a hablar, ya no lo conseguirá jamás.

Pero, aparte de su notoriedad en los círculos intelectuales, Peter fue también un personaje conocido por el pueblo llano y esta popularidad le valió que le dedicaran una estatua en un museo de cera londinense, o la aparición de números panfletos sobre su caso, algunos de los cuales sirviéndose como excusa del interés que el rey había mostrado por él, lo relacionaban con la familia real.

Pero, con el tiempo, la fascinación que el rey había mostrado en un principio hacía los “silvestres” modales del joven fue desapareciendo y aburrido de su comportamiento, pidió al doctor de la corte, John Arbuthnot, que se hiciera cargo de él e intentará “civilizarlo”. Arbuthnot lo bautizó, pero no logró enseñarle a hablar. Todo lo que consiguió es que repitiera como un loro, y de manera casi ininteligible, su nombre y “King George”. En 1728, frustrado por los escasos progresos conseguidos, Arbuthnot desistió y declaró al joven “incapaz de recibir instrucción”.

Tras la muerte del rey, su nuera, la reina consorte Carolina, una mujer reconocida por su inteligencia y su interés por la educación y que ya antes había mostrado interés por Peter, se convirtió en su nueva protectora. Una de las damas de compañía de Carolina buscó un nuevo hogar para Peter en una granja cerca de Northchurch. Para entonces el interés púbico por el niño salvaje había decaído bastante y, con este traslado al campo, Peter desapareció definitivamente de las columnas de cotilleos de los periódicos

Una nueva maestra de escuela se convirtió en su tutora, pero, una vez más, todos los intentos para que Peter aprendiera a hablar resultaron inútiles. En su frustrado viaje hacia la civilización, sí que surgió en él un cierto interés por la música y el baile, y acabó desarrollando el gusto por la ginebra y la cerveza. Todo esto sin perder su apariencia feliz y su comportamiento tímido, pero amable.

Durante todo este tiempo la reina Carolina le seguía manteniendo una generosa asignación económica trimestral y el joven Peter fue pasando por varias familias de pequeños terratenientes hasta que un día a finales del verano de 1751 desapareció. Peter acostumbraba a pasar largos días fuera de la granja cuando el tiempo era cálido y seco, pero siempre acababa regresando a la granja, sin embargo, esta vez no lo hizo.

Vista más general de la pintura anterior. A la izquierda de Peter, el Doctor John Arburthnot. También puede verse al paje polaco del rey y sus dos sirvientes turcos

Thomas Fenn, el terrateniente que estaba al cargo de Peter puso anuncios en periódicos y ofreció una recompensa para todo aquel que pudiera aportar algún dato que ayudara a dar con él, pero pasó el tiempo, llegó el otoño, y cuando parecía que no se volvería a saber nada de él, el 22 de octubre, se declaró un incendio en Norwich, una población a más de 150 kilómetros de distancia de la granja de donde había desaparecido Peter.

El fuego se extendió rápidamente por el pueblo hasta llegar a la prisión. Para evitar que los allí encerrados acabaran calcinados, no hubo más remedio que abrir las puertas. Entre todos ellos, hubo uno que destacó por su aspecto robusto y peludo, y por ser únicamente capaz de responder con ruidos y gruñidos a las preguntas que se le hacían.

Se trataba de un vagabundo que unos meses antes había sido encontrado merodeando por la ciudad. Según citan algunas fuentes, cuando fue encontrado algunos sospecharon que podría tratarse de un “español subversivo”, un espía; según otras, simplemente fue tomado por un mendigo y otros destacan que lo que más sorprendió entonces fue su semblante salvaje y los ruidos que emitía les recordó a un orangután. En cualquier caso, cuando fue interrogado, al ser incapaz de responder con palabras y no sabiendo muy bien qué hacer con él, decidieron encerrarlo en la prisión.

Unos días después del incendio, aquel vagabundo fue identificado como Peter the Wild y fue llevado de vuelta a la granja de Thomas Fenn. A partir de entonces y para que no volviera a perderse, Peter llevó un collar de bronce al cuello con su nombre y la dirección a la que ser devuelto si se perdía.

Años más tarde, un día de junio de 1782, el excéntrico James Burnett, que años antes ya había estudiado su caso, tuvo la oportunidad de visitar a un Peter ya anciano. Según Burnnet, no era de gran estatura, poco más de metro y medio, tenía un aspecto sano y saludable, con una gran barba que cubría su cara, que no era fea ni desagradable. Peter no había hecho grandes progresos y todo su vocabulario seguía limitándose a “Peter “ y “King George”, aunque la mujer de la casa aseguró al filósofo que si que era capaz de entender las frases más habituales que se le decían.

Peter murió unos años después, un día de febrero de 1785, cuando tenía unos 70 años y fue enterrado en el cementerio de la iglesia de St Mary de Northchurch donde aún hoy puede visitarse su tumba. Durante todo este tiempo no se ha podido descubrir nada nuevo que permita aclarar su misterioso origen, pero sí que han continuado apareciendo teorías que intentan arrojar algo más de luez. En el siglo XIX, fue el antropólogo alemán Johann Friedrich Blumenbach el que defendía que Peter no fue en realidad un niño salvaje, si no, como ya habían sostenido otros antes, un niño que padecía algún tipo de retraso mental.

Lápida de “Peter the Wild Boy” in la Iglesia de St Mary, Northchurch | Wikipedia

El par de dedos “unidos que tenía Peter, según descripciones de la época, sería un síntoma secundario de este retraso. Además, según Blumenbach, Peter también podría haber sufrido anquiloglosia. La conjunción de ambos factores podía ser la verdadera causa de que no hubiera sido capaz de aprender a hablar. De ser cierta su explicación y no ser un niño salvaje, todas las teorías de la época sobre la socialización basadas en Peter resultarían infundadas.

Este mismo año, 2011, ha aparecido una nueva teoría en la misma línea de la de Blumenbach que afirma haber encontrado cual era la verdadera enfermedad de Peter. Lucy Worsley, historiadora y restauradora de los “Historic Royal Palaces”, se ha basado para ello en una de las pinturas de la Escalinata del Rey del Palacio de Kensignton en las que aparece retratado el joven Peter acompañado de otros personajes pintorescos de la corte del rey Jorge.

Aunque Lucy reconoce que en un principio sospechó que Peter era autista, cuando enseñó el retrato a Phil Beale, un profesor de genética, este llegó a la conclusión que Peter realmente sufría el síndrome de Pitt-Hopkins, un desorden genético desconocido en la época de Peter, ya que fue identificado en 1978. Para ello, fue clave la encantadora sonrisa que la boca de Peter dibujaba en la pintura de la escalinata, en la que destaca la curva pronunciada del arco de Cupido de su labio. El síntoma más distintivo de esta enfermedad. También parecen corroborar esta hipótesis sus párpados caídos, su vigoroso cabello o sus labios gruesos.

Lucy y Phil también tienen en cuenta las descripciones de la época que hacen referencia a sus dos dedos “unidos”. Aunque van más allá que Blumenbach y afirman que se trata de un caso de acropaquia, una enfermedad que produce el agrandamiento indoloro e insensible de las falanges terminales de los dedos de las manos, otro síntoma del síndrome de Pitt-Hopkins. Igualmente, el síndrome también sería la explicación para el aparente retraso mental de Peter.

Lucy afirma que la enfermedad podría ser una explicación de porqué Peter fue abandonado por sus padres. Sin embargo, lamenta que no nos permita saber nada más de quienes pudieron ser estos. Un misterio que aún queda por resolver.

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- El hombre que dejó de ser Phineas Gage

+info:
- Peter the Wild Boy in en.wikipedia.org
- Peter the Wild by Roger Moorhouse
- Peter the Wild Boy c. 1711-1785 by Stuart John McLaren for NorwichHeart
- Peter the Wild Boy’s condition revealed 200 years after his death in The Guardian
- The child savage kept as a pet by King George by David Leafe in MailOnline
- The new wonderful museum, and extraordinary magazine by William Granger and James Caulfield in Google books
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domingo, 31 de octubre de 2010

Los ataúdes colgantes de los Bo

Durante el apogeo de los Bo, llegaron a ser decenas de miles los ataúdes que colgaban en los precipicios y cuevas de sus dominios. Hoy, apenas quedan unos cuantos centenares, y es casi todo lo que nos ha llegado de este pueblo milenario que desapareció de lo que hoy en día es China durante el siglo XVI.

Ataúdes colgantes en Gongxian

Aunque la de los ataúdes colgantes no era una práctica exclusiva de los Bo, pues en la antigüedad fue bastante habitual, algunos incluso aseguran que la más común, en el sur y este de China, los ataúdes de los Bo sí que son de los más conocidos y numerosos. En total, se conservan unos 300, repartidos por una veintena de lugares de la actual provincia china de Sichuan. Aunque la mayoría de ellos se encuentra en los alrededores el Condado de Gongxian. Donde son las concentraciones de Matangba y Sumawan las que cuentan con un número mayor de ataúdes, un centenar.

Los ataúdes más antiguos de Gongxian datan de hace 1.000 años y los más recientes de hace sólo unos 400. En década los 90, eran unos 280, aunque una veintena de ellos se desplomaron en la década siguiente. Afortunadamente, los trabajos de conservación consiguieron estabilizarlos, evitando más desplomes y, a su vez, permitieron descubrir ataúdes de los que no se tenía constancia y estudiar otros a los que jamás se había podido acceder.

Si bien el difícil acceso a los ataúdes de los Bo es responsable, en parte, de que hayan llegado hasta nuestros días, también ha dificultado enormemente su estudio. La gran altura a la que se encuentran muchos de ellos hace necesario la instalación de complicados y costosos andamios para poder llegar hasta ellos. Tampoco ha ayudado su ubicación en zonas montañosas mal comunicadas. Todas estas dificultades hacen que para poder examinarlos o restaurarlos sea necesario realizar antes un costoso despliegue logístico y de seguridad.

Recientemente, la construcción de la Presa de la Tres Gargantas supuso una nueva amenaza para algunos de estos ataúdes. Afortunadamente, gracias al esfuerzo llevado a cabo por las autoridades chinas para intentar salvar la mayor parte del patrimonio histórico amenazado por la subida de las aguas, fueron rescatados algunos de estos ataúdes y también fueron descubiertos otros nuevos.

Los féretros se encuentran a alturas que van desde los 10 metros, los más bajos, hasta los 130, los situados a mayor altura. Podían llegar a medir unos 2 metros de largo y pesar más de 200 kilos. La mayoría de ellos se construía a partir de un único tronco. El exterior, a veces, estaba trabajado y en el interior se tallaba la cavidad para el cuerpo del difunto.

Los ataúdes se colocaban en las grietas, cuevas naturales y artificiales o en los salientes de la roca. Aunque los que resultan más espectaculares son los que eran colocados sobre el vacío apoyados sobre postes de madera que se fijaban en agujeros que previamente se habían hecho en las paredes de la roca. Aparentemente, a los Bo parecía no preocuparles que estos soportes se acabaran pudriendo o desprendiendo de la pared. De hecho, algunos estudiosos sostienen que los Bo consideraban que los ataúdes que caían primero eran los de los más afortunados.

Aparte de su espectacularidad, a los arqueólogos también les sorprende lo diferente que eran las tradiciones funerarias de los Bo comparadas con las de la etnia predominante en China, los Han. Colocar un ataúd en una pared sin ocultarlo, a la vista de todos, lejos de sus familiares choca de lleno con las costumbres de los Han, para los que la forma ideal de enterramiento es bajo tierra, en la ladera de una colina con vistas sobre los descendientes vivos para, así, traerles buena suerte.

Pero los Bo no eran Han, sino una minoría étnica diferenciada que ocupaba lo que hoy es el distrito Yibing de la provincia china de Sichuan, en el sudoeste de la actual China. Sus orígenes parecen remontarse a hace más de 3.000 años y en las primeras referencias que se conservan a esta minoría étnica son considerados parte de los pueblos Di y Jiang. Algunos creen que podría tratarse de un pueblo empobrecido que podría haber caído bajo el yugo de la esclavitud. Más tarde, se sabe que durante la dinastía Han (del siglo III a.C. al II) se estableció un principado para ellos en Dianchi y Sichuan.

Durante la Dinastía Tang (siglos VII-X) se mantienen las referencias a los Bo y, por primera vez, se menciona su costumbre de colocar sus ataúdes en las paredes de los precipicios. Pero, al parecer, no era esta su única costumbre un tanto extraña. Aunque quizás forme parte sólo de su leyenda, igual que su supuesta capacidad de volar, se cuenta que en verano los Bo acostumbraban a vestir abrigos de piel y reunirse alrededor de fuegos para calentarse. En invierno, era justamente lo contrario, preferían vestir muy poca ropa y no se calentaban con fuegos.


Más ataúdes colgando en los precipicios de Gongxian

Su trágico final llegaría varios siglos más tarde, de la mano de la Dinastía Ming, con los que convivieron en un estado de guerra casi permanente durante un largo tiempo. Después de varias derrotas frente a los ejércitos imperiales, el territorio de los Bo se había visto reducido a poco más que el valle de río Naguang. A mediados del siglo XVI, parecía que su fin quizás se podía evitar. Liderados por el poderoso clan de los Hada, los Bo consiguieron derrotar al ejercito Ming y hacerse con la fortaleza de Jiusicheng.

Fue sólo un contratiempo para el poder de los Ming. Sus ejércitos pondrían sitio al montañoso baluarte en 1573. Según un relato que vuelve a mezclar leyenda e historia, el general de los Ming esperó 10 días a que los Bo celebraran la Fiesta del Doble Nueve, una de las más importantes de su calendario y también de los Han. Después de la fiesta, los Ming aprovecharon que muchos de los defensores estaban borrachos y asaltaron la fortaleza.

Hay una cierta confusión sobre lo que pasó después. Según algunas crónicas, más de 300 Bo fueron hechos prisioneros, de los que parece que una parte decidió unirse al ejército Ming y el resto no se sabe muy buen donde fueron a parar. Para algunos estudiosos, lo que sucedió se podría calificar como una auténtica limpieza étnica, y fijan en unos 40.000 el número de Bo que fueron masacrados. Los mismos estudiosos consideran bastante probable que hubiera otros supervivientes aparte de los hechos prisioneros.

En cualquier caso, a partir del 1573, no se vuelve a tener más noticia de los Bo como pueblo. Simplemente, parecen desaparecer de la faz de la tierra y, con ellos, su cultura, de la que muy poco ha llegado hasta nuestros días. Los Bo dejaron numerosas pinturas murales en las paredes de sus precipicios en las que se muestra a personas bailando, montando a caballo o realizando acrobacias, así como escenas de su vida diaria y sus batallas. Sin embargo, no nos dejaron ningún escrito o documento. Así que se conoce muy poco de sus costumbres o de su historia. Lo que hace imposible asegurar cuáles fueron los auténticos motivos que llevaron a esta etnia a elegir su particular práctica funeraria.

Pese a ello, algunos historiadores creen que fueron motivos espirituales. Según esta versión, los Bo tenían la creencia de que después de la muerte el alma del difunto subía al cielo, desde donde protegía a los familiares vivos. Colocar el ataúd con su cuerpo en las alturas de un precipicio era una buena manea de acercarlo a ese cielo al que tenía que subir, haciendo así más fácil y corto ese último viaje. Cuanto mayor era el estatus del difunto más alto se colocara su ataúd.

Otros estudiosos, sin embargo, buscan razones de carácter más práctico y aseguran que en una zona húmeda, en la que inundaciones y corrimientos de tierras son habituales, colocar los ataúdes en una pared resultaría una buena manera de mantener los cuerpos de los difuntos a salvo del agua y, de rebote, también de enemigos y animales salvajes. En cualquier caso, parece bastante probable que la motivación real fuera una combinación de ambas teorías.


Y aún más colgantes en Gongxian

Pero, aparte de intentar encontrar los motivos que llevaron a los Bo a colgar sus ataúdes, a los arqueólogos les resulta igual de fascinante intentar averiguar cómo se las arreglaron para subir hasta alturas de más de 100 metros ataúdes que pueden llegar a pesar más de 200 de kilogramos.

Descartada la opción de que los Bo pudieran volar, tal como afirma otra de sus leyendas. La manera que parece más sencilla sería construyendo rampas de tierra. Sin embargo, esta explicación es descartada por la gran cantidad trabajadores que hubiera requerido su construcción, especialmente para los ataúdes situados a una mayor altura. Demasiada gente, además, para una región que contaba con una población más bien escasa.

Otra posibilidad hubiera sido subir los ataúdes gracias a andamios de madera sujetos a la pared de roca mediante estacas. Sin embargo, pese a los años de estudios, no se ha encontrado ningún agujero para estas estacas en los precipicios. Otra hipótesis muy similar a esta, sería usando escaleras de madera en vez de andamios.

Por último existen otras dos hipótesis que según algunos han sido confirmadas por los rastros que han encontrado los arqueólogos en varios de los precipicios. Según la primera de ellas, para subir los ataúdes se habría construido una especie de camino de tablones de madera colocados sobre estacas de madera sujetas a la pared. Arrastrando el ataúd sobre estas zigzagueantes rampas, se podría hacerlo subir desde la base de la pared hasta su posición final. Esta teoría se vería corroborada por el zigzagueante rastro de agujeros que se ha encontrado en las paredes de alguno de los precipicios. Supuestamente, estos agujeros serían en los que se habrían introducido las estacas.

La segunda teoría propondría que los ataúdes fueran subidos mediante cuerdas y poleas. Antes de subirlo, un grupo escalaría hasta la posición de la pared donde se colocaría ataúd. Después, el ataúd se elevaría sujeto por cuerdas hasta la altura adecuada. Una vez allí, los que lo estaban esperando se encargarían de colocarlo en su posición definitiva. Algunas marcas de cuerdas encontradas en alguno de los precipicios parecerían confirmar esta hipótesis. Esta última es la teoría que cuenta con más adeptos, aunque podría ser que no se hubiera utilizado la misma técnica en todos los precipicios.

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Recreación actual de como mediante cuerdas podían haberse subido los ataúdes a las paredes del Monte Longhu (en este caso los ataúdes son de los Guyue)

Pero, aparte de todo lo relacionado con los ataúdes, queda por resolver todavía un último misterio acerca de los Bo: ¿queda hoy en día algún descendiente suyo vivo?

En China, desde hace años se cree que aquellas personas que llevaban el apellido He son, en efecto, descendientes de los Bo. Existen otras familias en las zonas antes habitadas por ellos que, también, se cree que puede ser descendientes suyos. Son familias que habrían ocultado sus nombres y cambiado sus costumbres para pasar desapercibidos entre los Han u otras etnias.

Cuando algunos de estos supuestos descendientes de los Bo son preguntados si creen que sus antepasados eran los míticos Bo dicen que prefieren no reconocerlo en público, en especial los miembros de familias pequeñas, escudándose en el temor que el hecho de reconocerlo pueda convertirles en objeto de las burlas de sus vecinos. A la pregunta de si colocarían o han colocado alguno de los ataúdes de sus difuntos en las paredes de precipicio, aseguran que es una práctica que fue abandonada hace siglos y que no parece buena idea recuperar, pues la culpan de haber traído mala suerte a su pueblo.

Mysterious Hanging Coffins of China by Discovery Channel in youtube.com

En cualquier caso, se desconoce cuánto hay de verdad en la relación entre estas familias y los Bo. Una relación que, en ocasiones, tiene más apariencia de habladurías de pueblo que de otra cosa. Por último, más en el terreno científico, algunos antropólogos señalan a los actuales Tujia, Hunan o Bai de China y a alguna otra minoría vietnamita como posibles familiares lejanos de los desparecidos Bo. Quizás el estudio del ADN de los restos humanos encontrados dentro de los ataúdes colgantes y su comparación con el de los grupos étnicos actuales pueda resolver el misterio definitivamente.

PS: En 2005, algunos medios chinos informaron que se habían encontrado descendientes de los Bo en Xingwen. Quizás algún lector con conocimientos de chino pueda ayudarnos ;-)

Enlace permanente a Los ataúdes colgantes de los Bo

+posts:
- El milenario ritual de las Torres del Silencio
- Las carreteras de los cadáveres
- Sati, ¿amor eterno o suicidio forzado?
- William H. Mumler, el fotógrafo de los espíritus
- La casa encantada de los Winchester

+info:
- China’s sacred sites by Shun-xun Nan et al in Google books
- Unity and diversity: local cultures and identities in China by Tao Tao Liu, David Faure in Google Books
- Mysterious Hanging Coffins of the Bo in china.org.cn
- China’s Southwest – Lonely Planet by Damian Harper in Google Books
- Los ataúdes colgantes, otro enigma de la arqueología china en elmundo.es
- Ataúdes colgantes en Tecnología Obsoleta http://www.alpoma.net/tecob/?p=1202
- The Mystery of Cliff Coffins by CCTV en youtube.com
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martes, 7 de septiembre de 2010

Entrevista con Xavier Jufre de El Artificio de Juanelo Turriano

Unos días después de publicar el post sobre el Artificio de Juanelo, recibí un correo de Xavier Jufre, el ingeniero que ha propuesto el último modelo que intenta explicar cómo funcionaba tan prodigiosa obra. Fue toda una sorpresa y, ya puestos, se nos ocurrió la idea de realizarle una pequeña entrevista para que nos pudiera hablar del Artificio y explicar su modelo. Creo que el resultado ha valido la pena.


Preséntanos tu web, El Artificio de Juanelo Turriano.

La web es el espacio donde poder mostrar de manera más visual el nuevo modelo de Artificio, en el libro se pueden encontrar los argumentos, cálculos…, pero una imagen animada de un tramo de Artificio expone de la mejor manera posible su funcionamiento. Por otro lado, la web quiere ayudar dentro de sus posibilidades, a la difusión de la figura de Juanelo Turriano y de su ingenio del agua.

¿Cuándo y por qué te comenzaste a interesar por el artificio?

Más o menos fue en el 2002, cuando me regalaron un libro antiguo sobre la historia de la técnica, “Los Ángeles de Hierro” de Walther Kiaulehn. En el encontré la primera referencia sobre los Artificios, y también la primera conjetura sobre su funcionamiento, la elaborada en 1888 por Luis de La Escosura. La existencia de estos ingenios me sorprendió mucho y busqué un poco más de información, descubriendo que existían otras conjeturas, pero que la controversia acerca de la validez de las mismas aun seguía viva. La polémica sobre la validez de las conjeturas, la singularidad e importancia histórica de los Artificios y la vida novelesca de Juanelo Turriano fueron una mezcla que avivó la curiosidad, y sin darme cuenta, al cabo de un tiempo, ya se empezaban a acumular en casa textos y referencias acerca del Artificio.

Creo que tu propuesta para artificio formó parte de un proyecto final de carrera, ¿qué fue antes, el proyecto final de carrera o la idea de la propuesta?

No es ningún proyecto final de carrera. El interés por el Artificio, mezclado con la profesión de ingeniero y la afición por la historia, ha sido el detonante del tiempo dedicado al asunto. Nunca ha sido un “trabajo”, un proyecto a realizar con un objetivo final, el asunto se planteó como un divertimento, el proceso de búsqueda de información fue muy gratificante y aprovechamos incluso el tema en algunos periodos de vacaciones junto a mi esposa, para visitar archivos históricos, bibliotecas, Toledo en varias ocasiones, ….

Lo sorprendente era que todo el conjunto tomaba cuerpo, el proceso de elaboración de un nuevo modelo no era un objetivo original, permitiendo una dedicación al asunto sin ninguna presión, totalmente voluntaria y con el ánimo de aprender y disfrutar con ello. No haber sido un proyecto final de carrera, no implica falta de rigor en el planteamiento y ejecución de la investigación, en el momento de editar el libro con el nuevo modelo de Artificio, este ha contado con el apoyo de la Fundación Juanelo Turriano de Madrid, el grupo de investigación de la Universidad de Lleida Espai, Poder i Cultura”, y el Colegio Superior de Ingenieros Industriales de Catalunya.

¿Cómo postulas tu diseño, como un modelo de artificio que podría haber funcionado o como el modelo que construyó Juanelo?

Como el modelo que construyó Juanelo. El modelo está basado en documentos históricos y muy especialmente en el relato de Ambrosio de Morales. Este relato es el más extenso y el único elaborado por alguien a quien el propio Juanelo le mostró el Artificio funcionando y, antes de comenzar la construcción, la maqueta. Además, Ambrosio de Morales era amigo personal de Juanelo, todos los modelos que entren en contradicción con el texto de Ambrosio de Morales ya ofrecen de base serias dudas. Para dar cuerpo a la nueva conjetura, esta va acompañada de un numeroso apartado de cálculos, en el que se justifican las soluciones mecánicas y cadencias de movimientos propuestas.

Esquema del artificio según el Chantre de Évora

¿Cómo encaja el diagrama del Chantre de Évora con tu modelo?

Este diagrama fue realizado por Manuel Severim en mayo del 1604, cuando con 21 años de edad y pasa 4 días en Toledo. Fue un alto en el camino que realizó el séquito encabezado por el Chantre de Évora (maestro del coro de la catedral de Évora) en su peregrinación hacia el monasterio de Guadalupe, en agradecimiento por el fin de un brote de peste que asolaba Évora. Durante su estancia en Toledo, Manuel aprovechó para visitar la ciudad, la catedral y también se fijó en los Artificios de Juanelo.

Existen varios puntos determinantes a considerar:

Los Artificios de Juanelo se ubicaban dentro de construcciones de obra civil que los protegían de la intemperie y ocultaban su visión. Sus partes más fácilmente visibles eran los extremos, la orilla del río Tajo donde los Artificios recogían agua y la llegada en el interior del Alcázar donde se depositaba el agua en unas arcas.

En 1604 ya hacía casi 20 años que había muerto Juanelo. Desde 1598, el encargado del mantenimiento de los Artificios era Juan Fernández del Castillo, quien propuso un nuevo sistema de abastecimiento con bombas de embolo para sustituir los Artificios ya que, aparte de tener un mantenimiento difícil, uno de ellos se encontraba ya bastante deteriorado por estar construidos ambos de materiales perecederos, sobre todo, madera. Juan Fernández del Castillo introdujo modificaciones en los Artificios y ensayó en el tramo más cercano al Tajo su propia propuesta. Este nuevo tramo se terminó en 1602 y se dejó funcionando en fase de pruebas hasta 1605, momento en que el rey Felipe III autoriza su construcción definitiva. El ingenio de Castillo se ubicaba adosado a los muros exteriores de los edificios que protegían los Artificios de Juanelo, siendo totalmente visibles.

Restos del Artificio de Juanelo hacia 1860. Fotografía de Charles Soulier. Original en Toledo Olvidado

Los Artificios de Juanelo eran famosos por su singularidad, espectacularidad y complejidad. Una muestra de esta afirmación se halla en el relato de Jehan Lhermite “Le passetemps de Jehan Lhermite, depuis son voyage d’Espagne”, quien formó parte de la corte real de Felipe II entre 1597 y 1602, donde se cita:

“Aunque es cosa ciertamente muy admirable que, como he dicho, ya he descrito, nunca he podido obtener un proyecto o representación fidedigna de esta máquina para satisfacer mi deseo de presentar una imagen viva que pueda contentar ocularmente a mis lectores, y si bien creo que el entendimiento humano y su intelecto pueden entender lo que es, difícilmente es posible comprender el artificio, industria e invención de este ingenio sin ver una representación suya. Así pues, me esforcé mucho en obtener una imagen fidedigna, pero hasta el día de hoy no he conseguido nada, y también resultaron vanas las muchas solicitaciones que hice sobre este punto ante Juan Baptisto Monnegro, arquitecto del rey, presidente en el mencionado palacio, que es la persona que lo gobierna, quien no dejó de persuadirme en todo momento para que desistiera de mi empeño,....., me escribió en una breve nota que me envió en la que me decía en sustancia que para dar a entender bien y explicar cabalmente el misterio de este ingenio sería necesario en primer lugar hacer un libro lleno con las diferentes representaciones y que después todavía, para dar aún inteligencia más viva de ello, sería menester componer varias maquetas de madera, puesto que – me escribió- no hay en el mundo hombre capaz de comprender lo que es este ingenio por una sola representación.”

Los Artificios de Juanelo tienen que ser por definición ingenios complejos y espectaculares, los esquemas de Manuel Severim no cumplirían este requisito, además entran en contradicción con el relato de Ambrosio de Morales, en ningún relato histórico se habla de la existencia de torres y mucho menos separadas entre ellas, que es lo que requiere el esquema de Manuel Severim, de elevaciones puntuales en torres de cazos separadas entre sí. En un fragmento del relato de Manuel Severim se cita:

”Solamente el primer tramo del ingenio está a pique y derecho. Después se va adaptando a los desniveles del terreno, con sus descansos, a veces más rasantes, a veces más levantados, todo recubierto con madera y ladrillos franceses, de manera que por fuera se advierte.”

El propio Manuel Severim parece indicar la existencia de un primer tramo a orillas del río donde el ingenio puede ser una torre de cazos como su esquema indica, pero luego apunta que el Artificio transcurre dentro de edificios de obra, de manera continua, adaptándose a las pendientes y llanos del recorrido hasta el Alcázar. La no existencia de torres se visualiza en los grabados de Toledo del s.XVI y posteriores, donde se identifican los Artificios de Juanelo como una construcción continua y serpenteante que recorre la ladera desde el río hasta el Alcázar.

La conclusión sería que Manuel Severim observó alguna modificación introducida en los Artificios tras la muerte de Juanelo.

Imágenes y simulaciones del modelo propuesto por Xavier Jufre fotos en su web El artificio de Juanelo Turriano

¿Qué opinas de los otros modelos de funcionamiento del artificio?

El de Luis de la Escosura (1888) y el de Theodor Beck (1899), actualmente están descartados por no poder remontar los desniveles existentes en las laderas entre el rio Tajo y el Alcázar.

El modelo de Torres Oscilantes (Reti-1967 y modificación de N. García Tapia), entre otros puntos conflictivos, no explica movimientos tan importantes como la parada de los cazos durante el intercambio de agua mientras el resto del Artificio sigue en movimiento, y que el intercambio de agua solo se realiza mientras los cazos están detenidos. Existen divergencias con los inventarios de piezas que los oficiales del Alcázar realizaron al desguazar los artificios. Los textos históricos no mencionan la existencia de torres, necesarias para implementar el modelo de Torres Oscilantes, y siempre se representan los Artificios en las vistas de Toledo como un elemento continuo. Afirman las argumentaciones de este modelo que Ambrosio de Morales, cronista de Felipe II, y a quien Juanelo en persona le mostró el primer Artificio construido, se confunde en su apreciación de la escalera de Valturio y se trata tan solo de una semejanza, pero Ambrosio de Morales escribe:

“ La suma della es anexar o engoznar unos maderos pequeños en cruz por en medio y por los extremos, de manera que en Roberto Valturio esta una machina para levantar un hombre de alto, aunque esto de Juanelo tiene nuevos primores y sutilezas.”

Parece excesivamente aventurado afirmar que Ambrosio de Morales se confunde.

El modelo de J. Luis Peces Ventas, es ingenioso e intenta mejorar un tipo de conjetura cercana a la de Luis de la Escosura, pero arrastra numerosas lagunas en su definición.

Escala de Valturio en su “De Re Militari” del 1462. Disponible en googlebooks

Una de las bazas de tu modelo es el uso de escalas de Valturio, que el resto "simula", ¿qué otras ventajas tiene tu modelo? ¿y desventajas?

El modelo de Escaleras de Valturio responde muy bien a lo que los textos históricos describen acerca de los Artificios, da respuesta mecánica a todos los movimientos que nos cuentan que tenían, y va acompañado de un apartado de cálculos que sustentan las implementaciones mecánicas propuestas.

Siempre se han buscado referentes mecánicos en otras obras de ingeniería renacentistas, con el fin de reforzar que las conjeturas que se exponían eran realizables en el entorno del siglo XVI, así pues Luis de la Escosura, Theodor BecK, Ladislao Reti, N. García Tapia y J. Luis Peces las habían hallado en las láminas núm. 95 y 96 del tratado de máquinas de Agostino Ramelli “Le diverse et artificiose machine” (París, 1588). Los ingenios presentados en estas láminas por Ramelli, no pueden ser los referentes de los Artificios, los ingenios de Juanelo eran tan famosos por ser singulares y espectaculares, ¿cómo pueden aparecer en el tratado de Ramelli y ser de concepción tan simple?

El modelo de escaleras de Valturio halla sus referentes en algunas soluciones mecánicas expuestas en el manuscrito que dejó Giovanni di Dondi, donde detalla los pasos seguidos en la construcción de la principal maquinaria de la edad media, el Astrario (1380), el reloj astronómico que en 1530 quisieron regalar a Carlos V durante su coronación en Milán, pero que ya estaba en un estado de conservación deplorable, el cual fue inspeccionado por Juanelo que determinó que la mejor opción era construir uno nuevo, lo que motivó que Juanelo construyera el Reloj Grande o Planetario, actualmente desaparecido y considerado uno de los relojes astronómicos renacentistas más importantes.

En la página del Artificio de Juanelo Turriano se pueden activar las animaciones que reproducen el funcionamiento del Astrario. Algunas de las soluciones mecánicas del Astrario, son muy parecidas a las del modelo de Artificio con Escaleras de Valturio, conocidas y usadas por Juanelo, que como debemos tener presente, era relojero real de Carlos V y más tarde de Felipe II.

¿Crees que alguna vez tendremos la suerte de poder conocer con certeza como era el auténtico artificio?

Siempre es posible que en cualquier momento y parte del mundo aparezca un documento o incluso la propia maqueta que construyó Juanelo, pero lo más importante es que se conozca y valore la vida y obra de Juanelo Turriano, y muy particularmente los Artificios del agua de Toledo.

¿Existieron otros artificios similares en el mundo? ¿Y en España o Sudamérica?

No se conoce ninguna infraestructura hidráulica renacentista tan famosa como los Artificios de Juanelo Turriano.

Restos del Artificio de Juanelo hacia 1860. Fotografía de Charles Soulier. Original en Toledo Olvidado

¿Fue tan injusto el trato que recibió Juanelo como nos puede parecer leyendo su historia?

Su vida es una historia increíble y terriblemente injusta, en aquella época muchos ingenieros acababan sus días en la miseria, siendo tratados pésimamente, habiendo tenido vidas aventureras y arriesgadas, pero el caso de Juanelo es espectacular. Contando 65 años, gozando de la confianza del rey, taller en la torre dorada del Alcázar de Madrid, y situación económica holgada, decide afrontar el reto de subir agua a Toledo para uso del Alcázar y de la propia ciudad, asume la inversión de la obra que solo recuperará si logra su objetivo, y todo ello siendo conocedor de que los anteriores intentos de construir un abastecimiento de agua han fracasado.

Consigue su objetivo, es más, logra subir un 50% más de agua que la que se había pactado, y aun así, muere en la miseria más absoluta, tanto suya propia como la de su familia.

Podemos hacernos una idea al leer la última carta escrita por Juanelo a Felipe II, y que le llegó al rey de manera póstuma:

“Ya que Dios nuestro señor no es servido que yo pueda ver volver a V. Md. (pues a lo que dicen los médicos y a lo que yo de mi siento el fin de mi vida será muy presto) quiero por este memorial hazer saber a V. Md. que por dos cosas la dejo con grandissimo desconsuelo. La una porqué por mis muchas deudas y por ser yo estrangero y morir en esta ciudad aonde me han tratado como sabe V. Md., queda con mi muerte mi casa en tan extrema necesidad, que se avra de pedir limosna para me enterrar...”

Aunque se puede considera una obra genial, desde el punto de vista ingenieril ¿no fue un error no tener en cuenta lo costoso y complicado de su mantenimiento?

Con perspectiva histórica y desde el punto de vista práctico, una propuesta como la de Juan Fernández del Castillo era la solución más útil y eficiente, pero con toda seguridad también podemos afirmar, que no hubiera tenido la fama que obtuvieron los Artificios de Juanelo.

¿Por qué no se repararon los artificios a medida que se iban averiando?

Hasta 1598 se mantuvieron operativos y mantenidos por descendientes de Juanelo, pero luego, a Juan Fernández del Castillo también le interesó que los Artificios fuesen vistos como un nido de problemas, eran una manera de ganar argumentos a favor de la construcción de su propuesta de abastecimiento.

¿Alguna otra obra maestra de la ingeniería que te tenga tan robado el corazón como el Artificio?

Hay varias, pero me gustaría remarcar todo el entorno de Las Médulas y los trabajos que realizaron los romanos para extraer oro, es algo tan increíble, que aun hoy podemos observar el paisaje modificado que nos dejaron.

Muchas gracias, Xavier, y felicidades por tu fascinante trabajo de investigación.

Para saber más, no os dejéis de visitar su web de El Artificio de Juanelo Turriano. Más información sobre el libro de Xavier "El artificio de Juanelo Turriano para elevar agua al Alcázar de Toledo (S. XVI). Modelo con escaleras de Valturio" la podéis encontrar en la Fundación Juanelo Turriano o la Editorial Milenio.
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lunes, 29 de marzo de 2010

La plaga de baile de 1518

Un día de julio de 1518, en una calle de Estrasburgo, una mujer llamada Frau Troffea comenzó a bailar de manera fervorosa. Pero no era una danza normal, pues según cuentan los cronistas, Troffea bailaría durante más de cuatro días, apenas parando para comer. Para entonces, ya no lo hacía sola, sino que eran 34 personas más las que la acompañaban, y el número no paraba de aumentar. Pasado un mes, ya eran más de 400, entre hombres, mujeres y niños.

El baile de la boda (1566) de Pieter Brueghel

Todos los indicios parecían indicar que el baile de San Vito había llegado a la ciudad. Una enfermedad temida, que hacía que los que la sufrían bailaran y se retorcieran de forma compulsiva en medio de alucinaciones y visiones, gritando de forma furiosa y, en muchas ocasiones, echando espuma por la boca, proporcionando a los afectados una apariencia de locura o, peor aún, de poseídos.

A medida que la plaga empeoraba, las autoridades buscaron el consejo de los médicos de la ciudad. Sorprendentemente, entre todos creyeron que lo más adecuado para estos enfermos del baile era que siguieran bailando, según el parecer generalizado, los enfermos sólo se curarían si no paraban de bailar durante las 24 horas del día. Para ello, habilitaron varios salones y construyeron un escenario de madera. Todo para que pudieran bailar a su aire. Y por si esto fuera poco, las autoridades contrataron a músicos para que tocaran y a bailarines profesionales para que los acompañaran.

La música servía, además de cómo estimulo para evitar que dejaran de moverse, como cura para sus males. En aquellos tiempos, se creía que la música era capaz de sanar, no sólo los males del cuerpo, sino también los del alma.

Para finales de verano, la plaga de danzantes ya se había extendido hasta varias docenas de ciudades y pueblos de Alsacia, y los bailarines comenzaban a morir aquejados de infartos, derrames cerebrales o, simplemente, de agotamiento. Muchos de los que resistieron acabaron siendo llevados a pie o en carro hasta alguna capilla cercana dedicada a San Vito. Santo al que muchos rezaban como último recurso y que se convirtió en el patrón de los danzantes. Finalmente, a principios de septiembre, la epidemia comenzó a remitir.

Por extraña que parezca, esta plaga de baile no es la primera de la que se tiene constancia. En 1374, en una docena de ciudades de la cuenca del Rin, coincidiendo con unas gravísimas inundaciones que habían traído la desesperación y el hambre a la región, cientos de personas fueron poseídas por una compulsión irrefrenable que también las obligaba a bailar. Se retorcían, giraban y contorsionaban durante horas, incluso días, chillando en medio de visiones y alucinaciones. En cuestión de semanas, la epidemia se extendió a grandes áreas del noreste de Francia y Holanda. Tuvieron que pasar meses hasta que la epidemia remitió.

Estrasburgo en 1493

Durante el siglo XV, fueron sólo unos cuantos los estallidos de este tipo de plagas de los que se tiene constancia. El más importante, en 1491, en un convento de monjas de los Países Bajos. Varias monjas fueron “poseídas por el espíritu de familiares malvados” que hacían que corrieran como perros, saltaran de los árboles imitando a los pájaros o maullaran como si fueran gatos. Aunque estas “posesiones” no se limitaron a los conventos, fueron las monjas las más afectadas. Durante los dos siglos siguientes, episodios similares se repitieron en otros conventos de París o Roma.

En el caso de Estrasburgo, como ocurrió en 1374 en la cuenca del Rin, la plaga tampoco vino sola, sino que lo hizo precedida por una sucesión de hambrunas provocadas por una serie de inviernos y veranos extremos. En este caso, fueron las heladas y las granizadas las que habían echado a perder las cosechas. El precio del pan había llegado hasta precios máximos y el hambre causaba grandes mortandades. Los que sobrevivían tampoco lo tenían fácil y muchos acababan arruinados por las deudas. La ciudad estaba llena de campesinos que lo habían perdido todo y que no tenían otra opción que mendigar por sus calles. A las ya temidas y conocidas lepra y viruela se les unían nuevas enfermedades como la sífilis, que se cebaba con ellos.

Las monjas, sin embargo, parecían estar protegidas de muchas de las calamidades de la época. Aunque los propios conventos podían no resultar el ambiente más sano, psicológicamente hablando. Muchas no estaban allí por decisión propia, sino por decisión de sus padres. Sin embargo, una vez dentro, les era muy difícil salir. Aunque, a veces, las que mostraban una desesperación mayor no tenían porque ser las que no parecían tener ningún tipo de vocación, sino, precisamente, a las que les sobraba, atormentadas y obsesionadas por el temor de no entregarse lo suficiente.

Las plagas de baile, o las posesiones en los conventos, son episodios tan extraños que lo más fácil es pensar que no existieron. Sin embargo, se dispone de una gran variedad de fuentes documentales que dan cuenta de su existencia. En muchos casos, las plagas fueron descritas de forma independiente por médicos, cronistas, monjes y sacerdotes. En el caso de Estrasburgo, incluso, figuran en las actas municipales las acciones tomadas por las asustadas autoridades.

Martirio de San Vito de Richard de Montbaston (S.XIV)

Pero, ¿qué era lo que producía estas maratones de baile?

Se ha especulado sobre la posibilidad que los bailarines formaran, en realidad, parte de algún tipo de culto herético. Aunque los testimonios de su época coincidían en describir a los danzantes como enfermos, no como herejes. Ni siquiera la Iglesia de la época, siempre dispuesta a combatir las herejías con contundencia, los veía como tales. Tampoco existe ninguna evidencia, según cuestiona el profesor John Waller de la Universidad de Michigan en su libro “A Time to Dance, a Time to Die”, de que los danzantes lo hicieran por voluntad propia.

Otros estudiosos han recurrido al cornezuelo (también conocido como ergot) para explicar las epidemias. Los partidarios de esta hipótesis sostienen que los enfermos podrían haber consumido pan contaminado con este hongo que contiene sustancias psicotrópicas. Durante la Edad Media, las intoxicaciones con él eran muy frecuentes. El ergotismo, en aquel tiempo conocido como el “fuego de San Antonio”, podía producir necrosis de los tejidos y gangrena en las extremidades. Muchos conseguían sobrevivir, pero quedaban mutilados de por vida, en algunos casos perdiendo todas sus extremidades.

Sin embargo, en la actualidad, se ha llegado a un cierto consenso entre psicología, historia y antropología, y la mayoría de los que han estudiado la cuestión defiende que las verdaderas causas de las plagas de baile, así como las oleadas de posesiones en los conventos de Europa, eran más psicológicas y culturales que fisiológicas. Según esta versión, las epidemias habrían sido el resultado de un trastorno psicogénico masivo, un tipo de histeria colectiva que acostumbra a aparecer después de largos periodos de angustia y tensión.

Uno de los motivos más importantes que les permite argumentar así es la falta de auto-control que mostraban los afectados. Según Waller, defensor también de esta versión, este comportamiento podría ser debido a que los danzantes habían caído en un estado de trance disociativo y presentaban un estado de consciencia alterado. De no ser así, es difícil de entender que alguien pudiera bailar durante días, hasta tener los pies magullados y sangrando, y no parar. Durante la epidemia de 1374, los testimonios coinciden en señalar que los bailarines no parecían totalmente conscientes, sino que mostraban una actitud frenética y salvaje, poseídos por sus visiones.

Waller reconoce que es factible que el cornezuelo pudiera haber inducido las alucinaciones y convulsiones, pero cree bastante difícil que fuera este hongo el causante de las interminables maratones de baile, puesto que uno de los síntomas del ergotismo es la reducción de la cantidad de sangre que llega hasta las extremidades, lo cual, aparte de producir fuertes dolores, dificulta moverse y, por supuesto, bailar.

Grabado de Hendrik Hondius I de una obra de Pieter Brueghel. Original

Waller achaca la irrupción de la epidemia de baile al contexto cultural y social de la época general y, en particular, a la situación extrema por la que pasaba Estrasburgo. Se trataba de una sociedad demasiado susceptible a la influencia de santos y demonios, lo que la convertía en terreno abonado para la aparición de supersticiones, miedos y falsas creencias. Se creía, por ejemplo, que si alguien provocaba la ira de San Vito, el santo enviaría una epidemia del baile compulsivo que lleva su nombre (¿?). Según Waller, los ciudadanos de Estrasburgo, antes del estallido, estaban convencidos, de alguna manera, que la ira del santo se había desatado sobre la ciudad.

De esta manera, los más vulnerables comenzaron a temer la posibilidad de ser presa de esa maldición, y eso los convirtió en más propensos a caer en un estado de trance involuntario. Un estado que en grupos sometidos a una situación de angustia y temor, como era el caso, puede resultar extremadamente contagioso. Además, en este caso, la decisión de las autoridades de reunir a todos los afectados y hacerlos bailar en las partes más bulliciosas de la ciudad, no hizo sino que facilitar este contagio, ayudando a que la epidemia se extendiera sin control. Todo lo contrario de lo que recomiendan los expertos en la actualidad.

Cuando una persona entraba en trance, aunque era de forma involuntaria, actuaba como se esperaba de los afectados por la maldición, bailando de manera descontrolada durante días. Y, a cada nueva persona “poseída”, los que quedaban, más convencidos estaban que la maldición era una realidad.

En definitiva, según Waller, todo fue una consecuencia de la desesperación, la devoción y, sobre todo, de la sugestión. Así, la plaga comenzó a perder fuerza al mismo tiempo que las creencias sobrenaturales que la habían producido comenzaron a perderla. Durante la década siguiente, la ciudad de Estrasburgo se convirtió al protestantismo y dejó de ser susceptible, según Waller, a este tipo de epidemias al abandonar la adoración de santos.

¿? Extrañamente, San Vito era el santo al que se invoca contra ese baile, “su” baile .

PS: A partir de una recomendación de v., llegué a este otro tema. ¡Gracias, v.!

Enlace permanente a La plaga de baile de 1518

+posts:
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+info:
- Dancing Plague of 1518 in en.wikipedia.org
- Looking Back: Dancing plagues and mass hysteria in thephychologist.org.uk
- Dancing Plague” and other Odd Afflictions Explained in Discovery Channel
- Dancing death in BBC
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martes, 16 de marzo de 2010

El prodigioso y desaparecido artificio que Juanelo construyó en Toledo

El 23 de febrero de 1569, en Toledo, se puso en funcionamiento un artificio mecánico capaz de subir al día más de 14.000 litros de agua desde el río Tajo hasta el alcázar de la ciudad. Eran 100 metros de desnivel, una altura que había resultado insalvable para la tecnología de la época, pero Juanelo Turriano lo había conseguido. Cómo lo hizo es, todavía hoy, motivo de debate.


Posible reconstrucción romano que estuvo en pie hasta el siglo X. Original en Toledo Olvidado

Juanelo Turriano, de nacimiento Giovanni Torriani, nació en el Milanesado en 1501. Poco se conoce poco de su infancia. Su leyenda lo retrata como un pastorcillo de familia humilde dotado con un talento innato para la astronomía. Sin embargo, parece más realista pensar que fue su amigo Giorgio Fondulo, un profesor de la Universidad de Pavía, el que lo inició en dicha ciencia.

Según algunos, Turriano habría comenzando a formarse trabajando en el taller de su padre, del que se desconoce el oficio, pero al que el propio Turriano se refiere como “maestro” en alguno de sus escritos. Según otros, su padre era sólo un humilde molinero del río Po. En cualquier caso, se da por hecho que Turriano no acudió a la universidad, sino que adquirió la mayor parte de sus conocimientos mediante la práctica y no la teórica. Aunque no por ello era un iletrado analfabeto.

Años más tarde, ingresaría como aprendiz en algún taller de relojería de Cremona, donde, con el tiempo, conseguiría el grado de maestro. Posteriormente, se mudaría a Milán, donde daría sus primeros pasos como inventor de máquinas ingeniosas. Diseñó una potente grúa, una máquina para dragar la laguna de Venecia (auténtico desafío de la ingeniera italiana de la época) y mejoró algunas bombas de agua.

En 1530, Turriano conocería a Carlos V durante su visita a Milán. Francesco II Sforza, duque de la ciudad, quiso obsequiar al emperador, un apasionado de los relojes, con el astrario de Giovanni Dondi, que era considerado una maravilla de la época. Turriano recibió la distinguida misión de volver a ponerlo en marcha, aunque, finalmente, se empeñó en construir uno nuevo. Le llevó más de 20 años de trabajo, pero Carlos V quedó encantando con su obra, por lo que le concedió una pensión vitalicia y le encargó otro planetario: el “Cristalino”.

Según las descripciones de la época, el nuevo planetario se trataba de “una esfera de metal, cubierta por un cristal, en el cual un zodiaco tenía su propio movimiento”. En el año 1554, Carlos V lo nombra Relojero Real y Turriano se incorpora al servicio del emperador en Bruselas. Allí conocería, entre otros, a Juan de Herrera, y, años más tarde, acompañaría al emperador a su retiro en Yuste, con el que permanecería, hasta su muerte en 1558, encargándose del mantenimiento de sus relojes.

Tras la muerte del emperador pasó al servicio de su hijo, Felipe II. El nuevo monarca no era tan aficionado a los relojes y autómatas como su padre, pero no quiso prescindir de sus servicios, así que lo nombra Matemático Mayor. El italiano asesora a la Corona en numerosas obras de ingeniería (especialmente, hidráulicas), como las del Canal del Jarama, la presa de Colmenar o del embalse de Tibi. Durante este tiempo, además, diseña las campanas de San Lorenzo del Escorial, construye varios molinos y continúa creando nuevos autómatas, algunos tan conocidos como el misterioso “Hombre de palo”.

Escala de Valturio en su “De Re Militari” del 1462. Disponible en googlebooks

Es en 1565 cuando Turriano se instala definitivamente en Toledo. Para aquel entonces, la ciudad ya no es la capital imperial, pues ya hace unos años desde que Felipe II estableció su Corte en Madrid. En los años en los que lo ha sido, Toledo ha vivido una época de esplendor y expansión demográfica, aunque no ha resuelto su problema de suministro de agua que arrastra.

Durante la época romana, el agua llegaba hasta la ciudad gracias a un acueducto-sifón. Un tipo de acueducto que se valía del uso del principio de los vasos comunicantes para reducir su altura. Para ello, el agua no circulaba a cielo abierto, sino que lo hacía por dentro de una cañería. El acueducto, que tenía menos altura que los puntos que unía, estaba compuesto por un primer tramo descendente, seguido de uno llano y, finalmente, otro ascendente para recuperar el nivel. De no haberse construido el tramo llano, la presión a la que se hubiera visto sometida la tubería hubiera sido mucho mayor.

Una vez en la ciudad, el agua se almacenaba en un sistema de depósitos, del que la Cueva de Hércules parece que formaba parte, y del que la gente se abastecía. Sin embargo, después del abandono que sufrió durante la Edad Media, en el siglo XVI apenas quedaban las ruinas del acueducto. La noria gigante que se había construido en tiempos de la dominación musulmana también había desaparecido. Así que Toledo no tenía otra opción que ahogar su sed con los cántaros de agua que se subían a lomos de burros cada día desde el Tajo. Era un método ineficiente y penoso, los animales tenían que superar un desnivel de casi 100 metros cargados con los cántaros.

Varios habían sido los intentos para “modernizar” la situación, pero todos sin éxito. Los sistemas de bombas fracasaron por la enorme presión a la que sometían, y que eran incapaces de aguantar, las tuberías. Para reducir la presión, se pensó en un sistema que superara el desnivel por etapas, aunque la idea tampoco funcionó.

No es de extrañar, entonces, que en una de sus primeras visitas a Toledo, Turriano ya recibiera el desafío por parte de Alfonso de Ávalos, Marqués del Vasto de idear un método más eficiente para llevar el agua hasta la ciudad. El proyecto, sin embargo, parece que quedó aparcado hasta el 1565, cuando la ciudad lo contrató a sugerencia de Felipe II. Después de cerrar un acuerdo con los representantes del monarca y de la ciudad, Turriano se puso manos a la obra a trabajar en su artificio. El ingeniero correría con los gastos de la obra y la ciudad le pagaría cuando estuviera acabada y comprobara que funcionaba. 8.000 ducados del rey y una renta de 1.900 de la ciudad para él y sus sucesores.

En sólo cuatro años, el ingenio estaba listo y suministraba a la ciudad unos 14.100 litros al día, un 50% más de lo comprometido. La primera subida de agua fue el 23 de febrero de 1569. Las autoridades de la ciudad pudieron comprobar lo bien que funcionaba, pero, para sorpresa de Turriano, rehusaron pagar arguyendo que puesto que el agua se almacenaba en el Alcázar era para uso exclusivo del palacio real y no para el de la ciudad.

Frustrado y en una situación económica complicada, Turriano propuso a la ciudad la construcción de un segundo artificio. Esta vez sería él el que retendría los derechos de su explotación. La obra se completó en 1581 y, esta vez, al parecer, Turriano sí que cobró. Aunque su calvario no había acabado. El ingeniero no podía hacer frente a los posteriores costes de mantenimiento del ingenio y tuvo que acabar cediendo su control a la ciudad.

El artificio había causado gran sensación. No sólo dentro de España, donde la mayoría de grandes escritores del Siglo de Oro lo mencionan en sus obras, sino también fuera. Hasta entonces sólo se había conseguido subir agua a menos de la mitad de la altura a la que lo hacía la máquina de Juanelo, unos 40 metros, en Augsburgo (Baviera) usando un tornillo de Arquímedes. Pero pese al éxito y el renombre ganado, Turriano moriría en su casa de Toledo casi en la indigencia el 13 de junio de 1585, poco después de haberse visto obligado a ceder su artificio a la ciudad al no poder hacerse cargo de su mantenimiento. Su cuerpo fue enterrado de caridad en el Convento del Carmen.


Lo poco que quedaba del artificio en 1868. Antes de ser demolido. Fotos originales en Toledo Olvidado

Las máquinas, sin embargo, continuaron funcionando hasta el 1639, aunque cada vez dando un rendimiento menor. Para entonces, por culpa de la falta de mantenimiento y del robo de piezas, las dos máquinas ya estaban en un muy mal estado. Ese año, la primera fue desmantelada y la segunda se dejó en pie como símbolo de la ciudad. Sin los artificios de Juanelo, la situación volvió a la normalidad y el agua volvió a subir a la ciudad a lomos de sus burros. Con el paso del tiempo, poco quedó del segundo. El pillaje lo acabó reduciendo a ruinas también.

Pero pese al paso de los años y la desaparición física de la maquinaría, la admiración por el artificio no se ha perdido, y la respuesta a la pregunta de cómo funcionaba el Artificio de Juanelo todavía sigue siendo motivo de controversia. Han sido varios los que han intentado encontrar una explicación y varios los modelos propuestos, pero no es una tarea fácil, al no haberse conservado ningún plano o dibujo del artificio. Lo único con lo que han podido contar, los que lo han intentado, ha sido con las descripciones efectuadas por los viajeros y escritores de la época.

El primero en enfrentarse al reto fue el ingeniero de minas Luis de la Escosura y Morrogh en 1888. El ayuntamiento de Toledo le había encargado un estudio sobre el problema de abastecimiento de agua de la ciudad, que en esa época aún seguía sin solución. Escosura aprovechó para interesarse por el antiguo artificio e intentó averiguar cómo funcionaba. Escosura partió de lo que había dejado escrito sobre el artificio Ambrosio de Morales, amigo y humanista de Juanelo. Sin embargo, pronto se dio cuenta era demasiado complicado hacerse una idea de su funcionamiento sólo con esa descripción, por lo que decidió buscar la inspiración en alguna ilustración de algún libro de la época.

Vista general y detalle de la máquina de Ramelli para elevar agua de un río. Original(PDF)

Al cabo de un tiempo, Escosura creyó encontrar lo que buscaba en una lámina del ingeniero renacentista italiano Agostino Ramelli en la que muestra el diseño de una máquina para elevar agua. Escosura, sin embargo, hizo pequeñas adaptaciones para que la máquina se ajustara mejor con la descripción de Morales. Cambió los cajones y canales por cazos metálicos y caños, y sustituyó la transmisión original de la lámina por una basada en escalas de Valturio, para hacerla encajar mejor con el fragmento de la descripción de Morales: “La suma de [esta invención] es anexar o engoznar unos maderos pequeños en cruz por en medio y por los extremos, de la manera que en Roberto Valturio está una máquina para levantar un hombre en alto”.

Estas escalas, accionadas por el giro de una rueda, se moverían de forma alternativa y proporcionarían a los cazos el movimiento de vaivén que la máquina de Ramelli necesitaba para su funcionamiento. Un cazo primero descendería para recoger el agua del cazo anterior para luego ascender y verterla sobre el cazo que le seguía. De esta manera, de cazo en cazo, el agua iría ganando altura. Para completar el modelo, Escosura le agregó otra noria que movería una cadena o correa con vasijas de agua y que sería la que subiría el agua desde el río hasta la primera de las máquinas.

Durante mucho tiempo, la hipótesis postulada por Escosura en su “El artificio de Juanelo y el Puente de Julio César” fue ampliamente aceptada, hasta que el investigador de la técnica Ladislao Reti, intrigado por la cuestión, decidió investigar más. En seguida, comprobó que existía más descripciones y documentos de la época de que los que Escosura había usado para formular su hipótesis y, en 1967, propuso su propio modelo.

El torreón de Ramelli

Curiosamente, Reti también se sirvió del mismo libro de Ramelli, “Le diverse et artificiose machine”, para inspirarse, pero reconoció el artificio de Juanelo en una lámina distinta. También se trataba de una máquina que servía para elevar agua gracias a una noria, pero esta vez lo que se hacía oscilar eran los cazos situados en una torre de manera vertical, no sobre un plano inclinado. Según Reti, este sería el verdadero secreto del artificio. Los cazos, o cucharones, de la torre oscilarían de manera que el agua iría pasando de cazo en cazo a través de un caño o tubo hasta subir al depósito superior, desde el cual los cazos de la siguiente torre se encargarían de seguir elevando el agua.

El artificio también estaría compuesto además por dos ruedas hidráulicas. La primera funcionaría como una noria normal y serviría para superar los primeros 14 metros de desnivel. Mientras que la segunda proporcionaría la fuerza motriz para hacer oscilar los torreones de cazos. Con varios de estos torreones el agua superaba finalmente todo el desnivel.

Las dos posiciones de una de las torres

Modelo del artificio completo siguiendo el modelo de cazos oscilantes. Original

Unos años depués, el estudioso Nicolás García Tapia corrigió algunas de las imprecisiones de este modelo y propuso un nuevo modelo basado en él. El mayor problema del anterior modelo era que las torres contaban con una única vía de agua, cuando en la mayoría de documentos siempre se habla de dos. Tampoco parecía coincidir la apariencia de las torres con la descripción que dio de ellas un viajero inglés, según la cual “…los dos lados de la máquina parecían dos pies que alternativamente pisaban el agua, como los hombres que exprimen las uvas en el lagar cuando la vendimia…”.

Teniendo en mente estos problemas y algunos otros, García Tapia propuso unas modificaciones a la solución de Reti. Las torres de su modelo son, en cierta manera, el resultado de combinar ingeniosamente dos de las de Reti en una sola. De esta manera, las torres tendrían dos vías de agua y una apariencia simétrica, lo que haría que su movimiento bien pudiera recordar al de un hombre saltando alternativamente sobre cada uno de sus pies.

Modelo modificado de García Tapia, ver animación

En la actualidad, la de García Tapia es la hipótesis defendida por la Fundación Juanelo Turriano. Sin embargo, tiene, aparentemente, un defecto: no utiliza las escalas de Valturio de las que habla Ambrosio Morales. Según los que apoyan la teoría, tal problema no existe. Por un lado, Morales bien podría haber confundido la disposición de las tablillas que unen los cazos con una de esas escalas, pues la forma es similar, y, además, la descripción de Morales es un tanto ambigua y no permite concluir con total seguridad si bien se refiere simplemente al modo en que estaban encajadas las tablillas unas con otras o si, en efecto, formaban una escala.

Además, la teoría de Reti-García Tapia se vio reforzada con hallazgo y publicación en la Revista de Estudios Extremeños del casi desconocido “Itinerario hispánico del Chantre de Évora en 1604” . Un relato en el que un canónigo de Évora cuenta su peregrinación de 30 días por el centro de España y que le lleva a visitar Toledo. Como no podía ser de otra manera, allí visita el artificio del que dice estar formado por varias torretas oscilantes de cazos que subían el agua de forma escalonada. El documento además incluye unos esquemas, que aunque son bastante rudimentarios, son los únicos realizados por alguien que viera el artificio en funcionamiento.

Esquema del artificio según el Chantre de Évora

Más recientemente, el ingeniero Xavier Jufre (ver entrevista) ha propuesto un nuevo modelo basado totalmente en escalas de Valturio, en este caso verticales. Las diferentes escalas, situadas sobre un plano inclinado, se moverían de forma alternativa hacia arriba y abajo. De manera que cuando una escala se encuentra desplegada del todo, y sus cazos se encuentran en su posición más alta, vierte su agua sobre la siguiente, que se encuentra su posición más baja al estar casi plegada del todo. De esta manera, el agua iría pasando de escala en escala hasta superar todo el desnivel. Las escalas se plegarían y desplegarían mediante un sistema de transmisión accionado por el movimiento de una noria.

El mecanismo según Xavier Jufre Garcia. Original

PS(i): En el 1998 se firmó un contrato para reconstruirlo.
PS(ii): El príncipe heredero de Japón, Naruhito, visitó sus ruinas un veraniego día del 2008.

Actualización 7-Septiembre-2010: Entrevista a Xavier Jufre en la que nos explica las bondades de su modelo y otras muchas cosas interesantes

Enlace permanente a El prodigioso y desaparecido artificio que Juanelo construyó en Toledo

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+info:
- La página del artificio de Juanelo Turriano por Ricardo Reinoso
- Artificio de Juanelo in en.wikipedia.org
- Juanelo Turriano, relojero e ingeniero cremonés (PDF) de la Fundación Juanelo Turriano
- El Artificio de Juanelo en Toledo Olvidado
- Reconstrucción del artificio de Juanelo (PDF) por Miguel Bermejo Herrero et al.
- El final del Artificio de Juanelo (PDF) por Julio Porres Martín-Cleto
- El artificio de Juanelo y el Puente de Julio César (PDF) de Luis de Escosura y Morrogh
- Homenaje a Juanelo Turriano en ABC.es
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