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martes, 5 de enero de 2010

Erzsébet Báthory, la condesa sanguinaria

Erzsébet Báthory era miembro de una de las familias más poderosas de la Hungría del siglo XVI, pero acabó sus días emparedada en unas cuantas habitaciones de su castillo de Catchtice. Era su castigo por haber matado y torturado a, por lo menos, 80 chicas. Erzsébet ha pasado a la historia como una mujer cruel, obsesionada por la belleza y la sangre de sus víctimas, aunque para otros fue simplemente la víctima de una conspiración para acabar con su enorme poder.

Erzsébet con 25 años. Copia de un retrato original de 1585.

Erzsébet había nacido en 1560 en el seno de una de las más poderosas familias de la Hungría de la época, los Báthory. Por parte de madre, era sobrina del rey de Polonia; por parte de padre, prima del Gran Príncipe de Transilvania. En una época en la que la mayoría de los nobles eran iletrados, Erzsébet era una persona educada, conocía el latín, el alemán y muy probablemente el griego.

Aunque se sabe muy poco de su infancia, en un intento de encontrar una explicación a su crueldad, algunos han sugerido que podría haber sufrido algún tipo de trastorno mental desde bien pequeña. Se dice que de niña Erzsébet sufría ataques que venían acompañados de espasmos y pérdida de control. Podría tratarse de ataques epilépticos, posiblemente propiciados por la endogamia propia de su familia.

El entorno en que creció también podría haber influido en su manera de actuar. Se trataba de una época en que la violencia y el castigo corporal estaban a la orden del día. En muchos casos, el castigo físico era visto como una forma de educar. Las ofensas más triviales eran castigadas de forma desproporcionada. Es probable que durante su infancia Erzsébet se hubiera acostumbrado a los castigos brutales, viendo como trataban los oficiales de su familia a los siervos en sus fincas. Con el tiempo, Erzsébet podría haber llegado a insensibilizarse ante este sufrimiento y dolor ajeno.

Con sólo once años, algo habitual en la época, se prometió con Ferenc Nádasdy y se mudó al castillo de su familia en Sarvar. Los Nádasdys tenían fama de ser unos señores severos y algunos creen que pudo ser su futuro marido el que la inició en el pasatiempos” de torturar sirvientas. Con 14 años, según algunas fuentes, quedó embarazada de un joven campesino. Para evitar el escándalo fue recluida en unos de los castillos de la familia hasta que dio a luz, del niño y del campesino, jamás se supo nada.

Finalmente, en 1575 contrajo matrimonio con Ferenc. A la boda asistieron unos 4.500 invitados. Erzsébet conservó su apellido porque su familia era más poderosa que la de su esposo. Muy probablemente el matrimonio fue un acuerdo político entre las dos familias.

Hungría en torno al 1550

Como regalo de bodas, recibió el que se convertiría en su hogar, y más tarde su prisión: el castillo de Cachtice, situado en los Cárpatos. Junto con el castillo recibió tierras y 17 pueblos cercanos. Sólo 3 años después de la boda, en 1578, Ferenc fue nombrado comandante en jefe de los ejércitos húngaros en su permanente guerra contra los turcos.

Con su marido en la guerra, la joven Erzsébet pasaba la mayor parte de su tiempo sola ocupándose de las propiedades y negocios de la familia. Como otros nobles de la época, también se ocupaba del cuidado y protección de sus siervos, a los que en casos de necesidad les proporcionaba ayuda médica o comida. También era habitual que los hijos de los siervos que mostraban más capacidades fueran educados por la nobleza. La nobleza se beneficiaba del trabajo de los siervos y por ello tenía un cierto interés en su bienestar. Aunque la buena voluntad hacia los sirvientes dependía de cada caso en particular. Había aristócratas que se consideraban “humanistas”, pero otros se mostraban crueles con los que eran vistos como “seres inferiores”.

En 1585, Erzsébet tuvo su primera hija de Ferenc, Ana. Más tarde tendría otra niña y un niño, Ursula y András, aunque los dos morirían a edad temprana. En 1598, tendría dos hijos más, Katherine y Pál.

Era una época especialmente complicada y violenta de la historia de Hungría. Después de la victoria otomana en la decisiva de batalla de Mohács del 1526, el país había quedado partido en dos, una gran parte de Hungría, incluyendo la parte sur de la actual Eslovaquia, había quedado bajo el control turco. Pero las fronteras no eran fijas, sino que se movían en función de los éxitos militares de las dos partes. Los turcos continuaron su expansión hasta el 1556.

Incluso durante los períodos de supuesta paz la violencia no desaparecía. Las incursiones turcas continuaban, gracias a los botines que obtenían de sus saqueos se reducía el esfuerzo que suponía para el Imperio mantener su ejército. La confiscación de suministros y las cosechas perdidas causaban interminables hambrunas y epidemias.

Entre 1593 y 1606 estalló la Guerra Larga” contra los turcos. Prácticamente toda la nobleza húngara participó. Entre ellos, el marido de Erzsébet y el futuro palatino de Hungría, Janos Thurzó. Erzsébet, mientras, tenía que defender las propiedades de la familia que estaban en el camino a Viena. Un emplazamiento peligroso como se había demostrado en ocasiones pasadas cuando los turcos habían saqueado el pueblo Cachtice. Las posesiones cercar de Sarvar, situado próximo a la frontera entre la Hungría otomana y cristiana, corrían un riesgo aún mayor.

Ruinas del castillo de Cachtice Foto original slovakia.com

De estos años existen testimonios de situaciones en los que Erzsébet mostró una actitud muy diferente de por la que pasaría a la historia. Varios casos en los que intercedió en favor de mujeres indigentes y un par en el que lo hizo por una mujer cuyo marido había sido capturado por los turcos y otra cuya hija había sido violada.

No obstante, otras fuentes (aunque bien podría formar parte sólo de su leyenda) dan una imagen más banal de Erzsébet. Según estas fuentes, la condesa era una narcisista que vivía obsesionada por la belleza. Acostumbraba a cambiarse de vestido cinco o seis veces al día y pasaba largas horas ante el espejo contemplando su belleza. Además, usaba todo tipo de ungüentos y aceites para conservar la blancura de su piel.

El marido de Erzsébet moriría antes de que acabara la guerra, en 1604, a la edad de 47 años. No está clara cuál fue la causa de su muerte, pero podría ser una herida en el campo de batalla o el cansancio y la tensión acumulados durante los años de guerra. Erzsébet, viuda como estaba, quedó en una situación delicada. Tenía grandes posesiones, pero no disponía de un ejército con el que defenderlas. El propio marido de Erzsébet, consciente de la situación en que quedaría su mujer si a él le sucedía algo, había pedido a la familia amiga de los Batthyányi y al propio Thurzó (aunque no eran grandes amigos, tal vez al predecir su futuro ascenso) que cuidaran de Erzsébet si él moría.

Antes de la muerte de Ferenc, ya habían comenzado a circular por la región rumores de que algo siniestro estaba sucediendo en el castillo de Cachtice. Aunque es probable, según algunos estudiosos, que su obsesión por la disciplina y los castigos creciera como respuesta a la situación de vulnerabilidad en la que se encontraba como viuda.

El ministro luterano István Magyari fue el primero que se quejó públicamente y después ante la corte de Viena sobre los asesinatos y torturas que estaban ocurriendo en el castillo. Sin embargo, las autoridades tardaron varios años en actuar. No fue hasta 1610 cuando el rey Matías II pidió al Palatino de Hungría, Janos Thurzó, que investigara el caso. Debido al enorme poder de Erzsébet y la gravedad de la acusación, la investigación tuvo que ser llevada con la máxima discreción.

Thurzó envió a dos notarios a la zona para reunir pruebas en marzo de 1610. Incluso antes de obtener ningún resultado, Thurzó intentó llegar a un acuerdo con el hijo de Erzsébet, Pál, y con sus dos yernos. Un juicio y una ejecución habrían causado un escándalo público y habrían arruinado la reputación de una familia noble e influyente que en aquel tiempo gobernaba sobre Transilvania. Además, las propiedades de los Báthory hubieran sido incautadas por la corona. El acuerdo inicial era encerrar, secretamente, a Erzsébet en un convento de monjas.

Cartel de la película “The Countess” (2009)

Sin embargo, todo cambió cuando se comenzó a sospechar que entre las víctimas de Erzsébet no sólo había jóvenes sirvientas y campesinas, sino que también había hijas de pequeños nobles. En ese momento se decidió que Erzsébet tenía que ser puesta bajo arresto domiciliario, aunque su castigo no pasaría a más.

El 30 de diciembre de 1610, Thurzó acudió al castillo de Cachtice y arrestó a Erzsébet y a cuatro de sus sirvientes, acusado de cómplices. Según se cuenta, los hombres de Thurzó encontraron una chica muerta y otra agonizando. Otra más estaba herida y eran varías las que estaban encerradas en los subterráneos del castillo.

Los notarios interrogaron a más de 300 testigos. El acta del juicio recoge el de los cuatro cómplices y trece testigos. Además de nobles y sacerdotes, también se interrogó al personal del castillo de Cachtice. Según todos estos testimonios, las primeras víctimas habían sido chicas campesinas locales, a las que Erzsébet atrajo al castillo con trabajos de sirvienta muy bien pagados. Fue más tarde cuando comenzó a asesinar a hijas de la pequeña aristocracia que habían sido enviadas a ella por sus padres para aprender etiqueta y protocolo.

Según muchos estudiosos, este fue su gran error, las hijas de los siervos no interesaban a nadie. De hecho, la única perjudicada era ella, pues eran “su” propiedad. Pero el rey y la nobleza no podían permitir que mataran a hijas de los suyos.

Después de enterarse que también había jóvenes nobles entre sus víctimas, y aunque habían acordado que Erzsébet quedaría bajo arresto domiciliario, el rey pidió que fuera condenada a muerte. Aunque bien pudiera ser que detrás de este interés del rey por hacer justicia, sólo se escondiera un intento para evitar pagar la gran deuda que había contraído con el marido de Erzsébet, y de paso hacerse con las tierras de la familia. Sin embargo, Thurzó, muy probablemente ayudado por las influencias de la familia Bathory, pudo convencer al rey que la ejecución de Erzsébet afectaría al prestigio de toda la nobleza, por lo que el juicio fue pospuesto indefinidamente.

No corrieron la misma suerte sus cómplices, que no eran nobles, que fueron llevados a juicio el 7 de enero de 1611. Los procesados fueron acusados de brujería y prácticas paganas. Como era habitual en la época, el testimonio de los acusados y de muchos de los que testificaron en su contra fue obtenido mediante torturas e intimidaciones, y en muchos casos la descripción de las torturas era de oídas. Las atrocidades que se describieron durante la vista incluían largas sesiones de azotes; quemaduras o mutilaciones de manos, o incluso de la cara o los genitales; obligar a las víctimas a comer su propia carne arrancada de brazos o de otras partes; causar la congelación de las víctimas hasta su muerte; matarlas de hambre o abusos sexuales.

En muchos casos, las víctimas sufrían semanas de torturas antes de morir. Según Raymond McNally, autor del libro “Dracula was a woman”. Erzsébet y sus cómplices seleccionaban como víctimas las chicas que tenían pinta de estar más sanas, porque eran las que más tiempo aguantarían.

Según sus cómplices, Erzsébet no sólo había cometido sus crímenes en el castillo de Cachtice, sino también en otras de las propiedades de la familia en Sarvar, Sopronkeresztur y Viena. Además de sus cómplices directos, otras personas se encargaban de proporcionar las jóvenes, que en algunos casos eran secuestradas. Algunos de los padres de las víctimas afirmaron en el juicio haber visto indicios de torturas en los cadáveres de sus hijas. Erzsébet y sus cómplices solían atribuir las muertes de sus sirvientas a causas naturales o accidentes y las chicas tenían un entierro cristiano. En otras ocasiones, sin embargo, parece ser que optaban por enterrarlas a escondidas en sitios sin marcar cada vez más y más lejos del castillo.

Como pena, a Dorottya Szentes y Ilona Jó les fueron arrancadas las uñas y después las arrojaron al fuego. Fickó, al considerarse que su grado de culpabilidad era menor, fue decapitado antes de enviarlo, también, a las llamas. Katarína Benická fue sentenciada a cadena perpetua, al considerarse que sólo había actuado así por la presión que las otras mujeres habían ejercido sobre ella.

Se rumoreaba que existía un quinto cómplice, una mujer de la que poco se sabe llamada Anna Darvulia. Según parece, podría haber ejercido una gran influencia sobre los gustos sádicos de Erzsébet. En cualquier caso, Anna murió mucho antes del juicio.

Posible reconstrucción del castillo de Cachtice. Foto original de Ceska Televize

Durante el juicio, Erzsébet había sido confinada en unas cuantas habitaciones de su castillo cuyas ventanas y entradas habían sido totalmente tapiadas, a excepción de una pequeña apertura a través de la cual le hacían llegar la comida y otras para que entrara el aire. Su reclusión sin ver la luz del sol duraría más de 3 años, el 21 de agosto de 1614, sus guardianes la encontraron muerta. Había varios platos de comida sin tocar, por lo que probablemente hubiera muerto unos días antes.

Quisieron enterrarla en el cementerio de Csejte, aunque ante la oposición de los aldeanos que no querían tenerla en su cementerio, fue enterrada en su lugar de nacimiento, que era el de procedencia de su familia, Nagyecsed. Antes de su muerte, de acuerdo con su testamento, la fortuna de Erzsébet había sido repartida entre sus hijos.

La estimación del número de víctimas de Erzsébet difiere entre unas fuentes y otras. El número más alto que se da es de 650, aunque parece poco probable que un número tan alto de mujeres pudiera haber desaparecido sin dejar rastro, especialmente, en un tiempo en el que país estaba bastante despoblado. Durante el juicio, dos de sus cómplices, Szentes y Fickó, dijeron haber ayudado a torturar durante sus años de servicio a unas 35 mujeres cada uno. Los demás dieron un número aproximado de 50 o más. Y varios sirvientes estimaron que habían sacado del castillo entre 100 y 200 cadáveres.

Fue otro testigo el que testificó que eran 650 las víctimas listadas en el diario secreto de Erzsébet. Este es el número que ha pasado a figurar en la leyenda de Erzsébet. Se dice, aunque parece poco probable, que los diarios se conservan en los archivos del estado de Hungría. En cualquier caso, de ser cierto que los diarios existen y aún se conservan, ninguno de los gobiernos húngaros ha creído conveniente hacerlos públicos.

Uno de los aspectos que más ha trascendido de la leyenda de Erzsébet es su obsesión por la sangre. Fue por casualidad, un día al dar una bofetada a una sirvienta que unas gotas de la sangre de la chica fueron a parar a su piel. Después de secarse la sangre, se dio cuenta que las partes de la piel sobre las que había ido a parar la sangre habían rejuvenecido. Fue entonces cuando Erzsébet descubrió el secreto de la eterna juventud y empezó a bañarse en la sangre de sus víctimas.


Countess Elizabeth Bathory: one of the most evil women in history – Discovery Channel in YouTube

Aunque presente en casi todas las leyendas, este aspecto no fue mencionado por ninguno de los testigos del juicio. Parece ser que fue Laszlo Turoczi en su “Tragica Historia” de 1729 el primero en indicarlo y, por tanto, el creador de la leyenda de la eterna juventud de la condesa. Hoy en día, los estudiosos creen poco probable que Erzsébet matara por vanidad o por su belleza. Atribuyen esa motivación a los prejuicios hacia las mujeres de su época. Una explicación más probable es que sus crímenes tuvieran una motivación sádica.

Además de con los baños de sangre, la leyenda de la condesa sanguinaria se suele adornar con su afición por los rituales de brujería, una corte de consejeros que incluía alquimistas y hechiceros, rituales ocultistas en los que habría tomado parte con su marido, y una especial obsesión por las jóvenes vírgenes, cuya sangre usaba en otros rituales sanguinarios además de en los baños.

Frente a la versión aceptada por la mayoría de los historiadores y la aún más terrible propuesta por la leyenda, el historiador Lászlo Nagy propone una versión muy diferente. Según este historiador, Erzsébet Báthory no fue una sádica asesina, sino la víctima de una orquestada conspiración. Aunque Nagy no aporta pruebas, su teoría encajaría con la situación general del país. Erzsébet era protestante y poderosa en un tiempo en que Hungría dividida entre protestantes y católicos. Entre los católicos se contaba el rey Matías de casa de los Habsburgo.

PS: Sus crímenes convierten a Erzsébet Bathory, muy probablemente, en la asesina en serie más prolífica de la historia.

Enlace permanente a Erzsébet Báthory, la condesa sanguinaria

+posts:
- La secta de los Asesinos
- El enigma de Kaspar Hauser
- Rasputín, ¿santo o demonio?

+info:
- Elizabeth Báthory in en.wikipedia.org
- Erzsébet Báthory en es.wikipedia.org
- The Historians View on Bathory in Ceska Televize
- Elizabeth Bathory – the Blood Countess in h2g2/BBC
- Lady of Blood: Countess Bathory in Crime Library in trutv
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martes, 22 de septiembre de 2009

La matanza de la escuela de Bath

Eran las 8:45 del 18 de mayo de 1927, cuando un gran estruendo se oyó a las afueras de la pequeña ciudad de Bath, en Michigan. La granja de Andrew Kehoe estaba envuelta en llamas. Había pasado exactamente una hora cuando se volvió a oír otra explosión, esta vez, en la escuela de la ciudad. Media hora más tarde, la tercera. Andrew y su camioneta habían saltado por los aires sembrando la escena de metralla y aún más muerte. Todos coincidían que Andrew era un tipo raro, pero nadie podía imaginar que pudiera hacer una cosa semejante.


La escuela antes y después del desastre

Andrew Kehoe había nacido en Tecumseh, Michigan, el 1 de febrero de 1872. En 1927 había cumplido los 55. No tuvo una infancia fácil, nacido en una familia de 13 hermanos, su madre había muerto siendo él aún muy joven. Con el tiempo, su padre se volvió a casar, pero Andrew nunca se llevó bien con su madrastra, las peleas con ella eran continuas.

Un día, cuando Andrew sólo tenía 14 años, su madrastra estaba intentado encender una estufa de petróleo cuando esta explotó. Enseguida, la madrastra se vio envuelta en llamas, cubierta por el petróleo. En un primer momento, Andrew no hizo nada para ayudarla. Al cabo de unos minutos, le arrojó un cubo de agua, pero ya era tarde, el daño ya estaba hecho y la mujer murió a causa de las heridas. Pese a su escasa edad, los vecinos sospecharon que el joven Andrew tuviera algo que ver con el mal funcionamiento de la estufa.

Al acabar el instituto Kehoe viajó por el oeste del país unos años durante los cuales su familia supo poco de él. En 1911, mientras trabajaba de electricista en Missouri, sufrió una grave herida en la cabeza a causa de una caída. Durante dos meses, Andrew se debatió entre la vida y la muerte, entrando y saliendo del coma. En su tiempo, se especuló que esta herida fue la causa de su comportamiento futuro.

Cuando regresó a Michigan, Kehoe se casó con Nellie Price, a la que había conocido en el instituto. Nellie era de familia rica. Con el tiempo, el joven matrimonio compró a una tía de Nellie una granja de 75 hectáreas en las afueras de Bath por 12.000 dólares, pagando 6.000 en efectivo y pidiendo una hipoteca para los otros 6.000.

Nellie había vivido en Bath durante su infancia, era una persona apreciada, y el pueblo la recibió bien a su regreso. Sin embargo, su marido no se acabó de integrar. Todos coincidían que Andrew era un tipo raro. Siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitara, pero no tardaba en criticar cuando no se salía con la suya. Era una persona inteligente, capaz de desarrollar sus puntos de vista, pero, a menudo, se volvía intransigente cuando los demás le llevaban la contraria o no hacían las cosas a su manera. Parece ser que esta había sido una tendencia que Kehoe fue adquiriendo con los años, según el testimonio de algunos compañeros de colegio, cuando era joven era relativamente sociable.


Andrew Kehoe y su mujer, foto del 1920

En el vecindario, Andrew era conocido pero no popular. Por muy amigo que se considerara una persona de él, siempre había un sentimiento de distancia. No ayudaba su costumbre de dar respuestas directas y cortantes sin mediar explicación. Monty Ellsworth, uno de sus vecinos, recuerda en su libro “The Bath School Disaster” como una vez ante un comentario suyo tan inocente como “No es buen tiempo para el trigo”, Kehoe le respondió con toda una extraña disertación sobre los motivos por los cuales los granjeros jamás deberían volver a cultivar trigo.

Todos sabían, también, que Andrew era una persona meticulosa en la forma de vestir y en las maneras. Su inclinación por la limpieza llegaba a ser toda una obsesión. A pesar de su afición por la maquinaría, siempre lucía un aspecto impecable. Sus vecinos estaban acostumbrados a que se cambiara de camisa cada medio día o a la menor mancha. Si él se manchaba por cualquier motivo, inmediatamente iba a lavarse para volver, otra vez, limpio y reluciente. Sin embargo, otras actitudes de Kehoe no eran tan bien vistas. Kehoe tenía fama de ser cruel con los animales de su granja y, según algunos vecinos, una vez había apaleado a uno de sus caballos hasta la muerte.

Andrew tenía un especial interés por la maquinaría, en especial por todo lo relacionado con la electricidad. Disfrutaba reparando y haciendo ajustes a la maquinaría de su granja. También, le encantaba probar nuevas maneras de llevar a cabo las tareas del campo. Sus vecinos veían, a veces sorprendidos, como trabajaba sus tierras a su manera, siempre diferente de cómo lo hacían los demás. Todo lo intentaba hacer con su tractor y probaba sus propias invenciones, como enganchar a la vez dos segadoras al tractor o usar varios rodillos. Perdía tanto tiempo trasteando que la granja progresaba, según Ellsworth. Otros, simplemente, lo veían como un granjero fracasado.

Con el tiempo, Kehoe se ganó una reputación de frugal, lo cual le ayudó a ser elegido tesorero del consejo de la escuela de Bath en 1926. Desde el consejo, Kehoe luchó incasablemente para rebajar los impuestos, que según él decía, eran los causantes de sus dificultades económicas. Sus acreedores intentaron sin éxito llegar a un acuerdo con él. Al poco, Kehoe dejó de pagar su hipoteca y para el momento de la tragedia ya se había iniciado el proceso de ejecución.


La casa de Andrew y Nellie antes de la tragedia

Y después

Para hacerlo todo aún más difícil, su mujer, Nellie, sufría una tuberculosis crónica. Debido a su enfermedad, Nellie se veía obligada a pasar largas temporadas en el hospital, lo cual aún reducía más los ahorros de la pareja y, parecer ser, fue una de las causas de las deudas de la familia. Kehoe temía, y creía que era más que probable, perder su granja por las deudas. Kehoe culpaba a los impuestos de todos sus males. No podía entender la necesidad de un colegio mejor y más grande. Creía que la mayoría de los gastos de la ciudad eran despilfarros inútiles. Pero por encima de todo, Kehoe culpaba a la escuela de Bath de todos sus problemas.

Lo habitual durante esos años en Michigan era que las escuelas estuvieran dispersas por las zonas rurales. Se trataba de escuelas con una única aula, en las que los alumnos de diferentes cursos compartían clase con un único profesor. Sin embargo, se empezó a extender la idea que era mucho mejor para los alumnos asistir a una escuela mayor que diera servicio a varios pueblos. De esta manera, sí que era posible dividir a los alumnos por cursos y tener instalaciones de una mayor calidad.

Después de años de discusión, el distrito acordó construir una nueva escuela en Bath. Para sufragar el gasto se tuvieron que subir los impuestos, y los propietarios de tierras, como Andrew Kehoe, no lo recibieron con agrado. Kehoe se quejó una y otra vez contra esta subida y contra la escuela. Culpabilizaba al director, Emory E. Huyck, por influir sobre los demás miembros del consejo. Kehoe se obsesionó por la política de la escuela, el director y la injusticia de los impuestos.

Durante el verano de 1926, Kehoe, que tenía famas de “manitas” y buenos conocimientos de electricidad y mecánica, recibió el encargo de llevar a cabo el mantenimiento de la escuela que tanto odiaba. Como resultado de su nuevo cargo, Kehoe tenía libre acceso a la escuela y se movía con total libertad por toda ella.

Lo que nadie sabía es que Kehoe había acumulado en su granja cerca de una tonelada de un explosivo llamado pyrotol, un explosivo fabricado con los excedentes de la Primera Guerra Mundial. Para evitar levantar sospechas, había comprado pequeñas cantidades en diferentes almacenes de la zona de Lansing durante varios meses, quizás un año. El pyrotol era usado habitualmente por los granjeros para realizar excavaciones. Era bastante habitual escuchar explosiones en la granja de Kehoe, que pasó a ser conocido en Bath como el “granjero dinamita”. Para los que preguntaban, él se excusaba diciendo que usaba la dinamita para quitar las raíces de los árboles que cortaba.


Explosivos recuperados de la escuela (New York Times)

Con la misma paciencia que Kehoe se había ido haciendo con el pyrotol, fue colocándolo en la escuela. Cada día llevaba la cantidad justa que necesitaba. Kehoe colocó cientos de metros de cable ocultos detrás de vigas y paredes. Los cables conectaban las diferentes cargas entre sí. En las tuberías y debajo del suelo colocaba grandes cantidades de pyrotol. Sin que nadie se hubiera dado cuenta, Kehoe había colocado casi media tonelada de dinamita en la escuela.

De un modo similar, Kehoe había llenado su granja de bombas incendiarias. Había colocado una en cada una de sus edificios. Se trataba de recipientes llenos de gasolina con cables que salían de bujías de coche, que, a su vez, estaban conectadas a un batería de coche. Kehoe sabía bien que el dispositivo funcionaba porque lo había probado varias veces en su granja.

El 17 de mayo empezó los preparativos para el día para el que Andrew Kehoe se había preparado a conciencia. Andrew cargó su camioneta con herramientas, maquinaría y cualquier trasto metálico que pudiera servir de metralla. Cuando la parte trasera de la camioneta estuvo llena, colocó una carga de dinamita debajo. Ese mismo día, los niños de quinto grado de la escuela celebraron un picnic en la arboleda de la granja, Andrew, amablemente, había llamado a la profesora para adelantar el picnic que estaba planeado para el día siguiente.

Esa misma tarde, o tal vez a la mañana siguiente, Kehoe mató a su mujer golpeándola con algún tipo de objeto contundente en la cabeza y a continuación llevó su cuerpo con una carretilla a la parte trasera de la granja, donde lo dejó. Después, continuó cableando la casa, en cada edificio colocó una de sus bombas incendiarias. Si todo iba como tenía planeado, la granja ardería en llamas de manera simultánea, y para cuando llegaran los bomberos no quedaría nada. La casa, el granero, los árboles, los animales, no quedaría nada para la familia de su mujer ni para los bancos.

Finalmente, el día llegó, el 18 de mayo de 1927. Lo primero que hizo Kehoe fue ir a la oficina de correos, desde la que envió un paquete con el historial de las cuentas de la escuela. Según él, había una discrepancia de 22 centavos. A las 8 de la mañana, los niños empezaron a llegar a la escuela. A las 8:30 ya habían entrado a clase. Mientras tanto, Kehoe ya había acabado los últimos preparativos en su granja y las 8:45 detonó las bombas incendiarias. Todo el lugar explotó en llamas, los cascotes salieron despedidos con tal potencia que llegaron hasta las granjas vecinas.

Los vecinos, asustados por el estruendo, acudieron a ayudar. Cuando llegaron los vecinos, Kehoe estaba subido ya a su camioneta. Al cruzarse con Sidney J. Howell y sus hijos, con los que se llevaba bien, les recomendó: “Chicos, vosotros sois mis amigos. Mejor marcharos de aquí a la escuela”. A los pocos minutos, toda la granja estaba envuelta en llamas. A las 9:45, cuando los vecinos aún no entendían muy bien que había pasado en la granja, otra explosión de oyó en la distancia. La escuela de Bath había saltado por los aires. Las primeras personas en llegar, oían a los niños gritando y llorando, cubiertos de polvo y sangre. La explosión había destruido toda el ala derecha de la escuela. Los muros habían desaparecido y el tejado estaba en el suelo. Las madres y los transeúntes se esforzaban por rescatar a los niños.


Una de las bombas incendiarias hechas por Kehoe (New York Times)

No había pasado todavía media hora, cuando Kehoe apareció montado en su furgoneta. Al ver al director Huyck, bajó de la furgoneta y le llamó. Mientras Huyck se acercaba, Kehoe sacó el rifle apuntó a la dinamita y disparó. Otra explosión estremeció el pueblo. La metralla salió disparada en todas las direcciones, atravesó los arboles, las ventanas y las casas que encontraba en su camino. Huyck murió. Algunos de los niños que habían sobrevivido a la primera explosión, también.

Los trabajadores de la escuela no sabían que pasaba, el pánico se había apoderado de ellos. Algunos llegaron a pensar en algún tipo de ataque militar. En seguida, comenzaron a circular los rumores de que habría más explosiones. De hecho, la granja de Kehoe seguía ardiendo y en la distancia se seguían oyendo detonaciones.

En la escuela, mientras cientos de personas se esforzaban por encontrar supervivientes entre las ruinas, se produjo un hallazgo escalofriante. Un policía salió del sótano cargado con más dinamita. Los trabajos de rescate se pararon, mientras los oficiales de policía desactivaban los explosivos. En total, 250kg de dinamita, cables y detonadores, escondidos en varios lugares en la parte sur del edificio. Se encontró un paquete con un despertador preparado para explotar a las 9:45, la misma hora que había volado por los aires el ala norte. No se pudo determinar el motivo por el cual no explotó, aunque se especuló con la posibilidad que la primera explosión la hubiera desconectado o producido un cortocircuito en el segundo paquete de bombas.

Poco a poco, se fueron recuperando los cadáveres de las víctimas inocentes. El ayuntamiento se convirtió en una improvisada morgue por la que circulaban los padres para identificar los restos de su hijos.


Las últimas palabras de Kehoe

A la mañana siguiente, la policía encontró en la granja de Kehoe lo que quedaba del cuerpo de su mujer, junto a unas cuantas joyas de plata y una pequeña cajita metálica de las que se usan para guardar el dinero, cerca se podían encontrar restos de unos cuantos billetes quemados. Todos los edificios de la granja habían sido destruidos. Los caballos, que muy probablemente Kehoe había atado para evitar que se salvaran, habían muerto, al igual que el resto de animales que habían quedado atrapados dentro de la granja. Mientras la policía examinaba la granja tratando de encontrar alguna pista, encontraron un enigmático letrero de madera que decía “LOS CRIMINALES NO NACEN, SE HACEN”. 38 niños y 7 profesores murieron y otras 61 personas sufrieron heridas graves.

Los periódicos de la época, tratando de buscar una explicación a lo sucedido, especularon libremente sobre la posibilidad que Kehoe fuera una especie de paso atrás en la evolución humana, un hombre de las cavernas desconcertado por tener que vivir en sociedad. Científicos de la Universidad de Michigan expresaron su intención de examinar el cráneo que, según el testimonio de algunos vecinos , tenía unas extrañas protuberancias en la frente y la parte trasera.

Los restos mortales de Kehoe fueron reclamados por su hermana, Agnes Kehoe. Sin ceremonia, fue enterrado en la fosa común del cementerio de Mount Rest, en una tumba sin nombre. Nellie Kehoe fue enterrada por su familia en el de Mount Hope con su nombre de soltera, Nellie Price.

Andrew Kehoe, ¿criminal o demente?

PS: Después de hacer un inventario de lo encontrado en la granja, las autoridades concluyeron que de haber vendido la gran cantidad de maquinaria sin usar y materiales que había en la granja, Kehoe hubiera podido pagar todas sus deudas.

Enlace permanente a La matanza de la escuela de Bath

+posts:
- La secta que intoxicó un pueblo para ganar unas elecciones
- El hombre que dejó de ser Phineas Gage
- Jesse James, muerte y nacimiento de una leyenda

+info:
- Hell Comes to Bath in trutv.com
- Bath School disaster in en.wikipedia.org
- Andrew Kehoe in en.wikipedia.org
- The Bath School Disaster by Monty J. Ellsworth
- The Bath School Disaster by Ronald D. Bauerle, cuyo tío abuelo murió en la tragedia con sólo 8 años de edad. Página con fotos y artículos de prensa de la época
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martes, 15 de enero de 2008

Jesse James, muerte y nacimiento de una leyenda

Jesse James, fue primero un guerrillero sudista que más tarde se convirtió en un bandolero. En vida ya consiguió gran notoriedad por la espectacularidad de los robos que dio con su banda, combinado con su implicación política. Pero fue a su muerte asesinado por dos miembros de su banda, cuando se convirtió en una auténtica leyenda.

Jesse nació en Missouri el 1847 y murió asesinado en 1882. Su vida dio un giro, cuando en 1863 unos soldados de la Unión visitaron su granja en busca de información sobre guerrilleros confederados, para ello golpearon e intentaron colgar a su padrastro, esta acción motivó que el joven Jesse se uniera una de las guerrillas sudistas más crueles, la de Quantrill Raiders, que combatió durante la Guerra Civil americana, y fue resonsable de algunas de las peores atrocidades que se cometieron durante la guerra contra la población civil. Tras la guerra civil, Jesse como otros soldados confederados se negaron a dejar las armas tras el incumplimiento de los acuerdos de rendición, y es aquí cuando empezó su carrera como ladrón de bancos.

Missouri después de la guerra era un caos, los confederados se vieron excluidos de la vida pública y el control fue tomado por los unionistas, lo cual generó un gran resentimiento entre los confederados. En este entorno Jesse y su banda centraron sus acciones contra bancos dirigidos o que habían dado su apoyo a unionistas lo cual despertó la simpatías de muchos antiguos confederados, uno de ellos era el editor del Kansas City Times, que publicó las cartas de Jesse y lo convirtió en un símbolo de la resistencia confederada de Missouri. También colaboró en la creación de la leyenda la brutalidad de sus perseguidores, que en un intento de captura incendiaron la granja familiar de los James, causando la muerte de uno de sus hermanos. A parte de símbolo político también se convirtió en una especie de Robin Hood pues a parte de robar bancos, en los asaltos a trenes se centraba en la caja fuerte del vagón de equipajes y rara vez robaba a los pasajeros.

Durante su vida delictiva robó mas de 12 bancos, 7 trenes, 4 diligencias y al menos 11 ciudadanos murieron en sus acciones. Pero el intento fallido de asalto de un banco en Minnesota, donde gran parte de la banda cayó, significo el principio de la decadencia de la banda. Jesse refundó la banda más tarde, pero esta vez los veteranos guerrilleros confederados tuvieron que ser substituidos por delincuentes comunes. Esto unido al hecho que el gobernador de Missouri se tomó la captura de Jesse como su principal prioridad llegando y ofreció una recompensa por su captura de 10,000 dólares (proporcionada por las compañías ferroviarias y de diligencias) provocó que dos miembros de su banda lo asesinaran por la recompensa, pese a que sólo llegaron a cobrar un parte de ella.

La escena del asesinato es un poco rocambolesca, lo cual sólo acrecienta el misterio sobre su muerte: Jesse estaba en su casa con dos miembros de su banda, los hermanos Ford, después del desayuno, y se quitó sus pistolas, y dijo que iba a limpiar una cuadro que tenía polvo, cuando daba la espalda a los dos hermanos Ford, estos le dispararon en su cabeza causándole la muerte.

Como ocurre con las leyendas, al poco de morir, surgió la teoría que no era el auténtico Jesse el que había muerto, y los testimonios de personas que afirmaban haberlo visto empezaron a proliferar en los periódicos. Y empezaron a surgir las teorías conspirativas, unos que afirmaban que el muerto era otra persona y que había sido una treta para desaparecer para Jesse James, otras que había sido una especie de suicidio pues veía que el fin se avecinaba.

Durante unos años un tal J. Frank Dalton (muerto en Texas en 1951) afirmó que él era Jesse James. Finalmente en 1995 unos test de ADN probaron que la persona entrerrada bajo la inscripción "En la memoria de mi amado hijo, asesinado por un traidor y un cobarde cuyo nombre no merece la pena que aparezca aquí" era el auténtico Jesse James, aunque cabe decir que algunos escépticos cuestionan la manera en que se realizaron estos tests, pues dicen que las muestras de ADN fueron tomadas de un diente encontrado en la casa, no del cuerpo enterrado.

Sin embargo un misterio aún queda por aclarar, donde fue a parar el "tesoro" de Jesse James, pues se calcula que el montante de todos sus robos ascendería a más de 20 millones de dólares actuales..... (hablaremos de ello en otro futuro post)

otras biografías en cabovolo:
- Rasputin, santo o demonio?
- Blas de Lezo, el almirante que derrotó a Inglaterra

+info:
http://es.wikipedia.org/wiki/Jesse_James (En castellano)
http://en.wikipedia.org/wiki/Jesse_james (In English)
http://www.spartacus.schoolnet.co.uk/WWjamesJ.htm (In English)
http://www.shout.net/~bigred/JesJames.htm (In English) Leer más »