martes, 12 de enero de 2010

El pozo con el que comenzó la industria del petróleo norteamericana

En 1858, Edwin Drake llegó con su familia a Titusville, Pensilvania. Pese a no tener experiencia alguna en la industria del petróleo, la Seneca Oil le había encargado una difícil misión: intentar llegar hasta el petróleo que, supuestamente, se escondía en el subsuelo de la región. De conseguirlo, los beneficios serían millonarios. Cuando comenzó a perforar eran pocos los que creían en él y muchos los que se mofaban de una idea tan ridícula.

Edwin Laurentine Drake

Con la aparición de las primeras prensas movidas por la fuerza del vapor, el precio de los libros y periódicos comenzó a bajar y se produjo un incremento drástico de la demanda de iluminación barata. En las ciudades, las redes de gas para iluminación, que se habían empezado a construir a comienzos del siglo XIX, sólo cubrían las zonas céntricas, donde era rentable operarlas. Para aquellos a los que no llegaba el gas, el aceite de ballena se había convertido en su iluminación habitual. Sin embargo, al mismo ritmo que la demanda de este aceite crecía, su disponibilidad menguaba y el precio se disparaba.

Existían otros iluminantes, pero unos eran peligrosos por el riesgo de explosión y otros demasiado caros. La solución vendría del abundante y barato petróleo (del latín, “aceite de piedra”). Era un producto que se conocía desde la antigüedad y que en las regiones donde aparecía de forma natural, como el Oriente Medio, se usaba para calafatear embarcaciones, engrasar pieles o mezclado para formar armas incendiarias como el fuego griego.

En los Estados Unidos de la época, para muchos, el petróleo era sólo una misteriosa grasa que salía del suelo y a la que sólo se le había encontrado utilidad en el campo de la medicina y la charlatanería. Se atribuye a Samuel Martin Kier la creación de la primera refinería en Estados Unidos y es por ello considerado uno de los “abuelos” de la industria del petróleo norteamericana.

Para Kier, como para muchos otros de los dedicados a la extracción de sal en Pensilvania, el petróleo era, en un principio, una molestia que contaminaba los pozos de su familia. Sin embargo, con el tiempo, pensó en sacarle algún tipo de provecho económico. Aunque no tenía formación química ni científica, comenzó a experimentar con los diferentes productos que obtenía de su destilación. En 1848, lanzó varias medicinas “milagro” que curaban el cólera, el asma, las úlceras,… pero no tuvo demasiado éxito, demasiada competencia.

Título de la Pennsilvania Rock Oil Company, antecesora de la Seneca Oil Company. Original
en Oil150.com

Más tarde, Kier descubriría un método económicamente viable para la obtención de queroseno a partir de petróleo y, después, inventó una lámpara que minimizaba el humo y el olor que este aceite de carbón desprendía al quemarse, aunque no conseguía eliminarlos del todo (serían otros los que lograrían eliminar el olor tratándolo con ácidos). En cualquier caso, la luz era clara y el precio razonable. Unos años después, en 1853, Kier estableció su famosa refinería de Pittsburg, la que se convertiría en la primera de todo Estados Unidos, y en la que Kier se dedicó a refinar el petróleo proveniente de los pozos de sal de la zona.

Ese mismo año, sería cuando a otro de los pioneros de la industria del petróleo norteamericana, George Bissell, se le
ocurrió también la idea de usar el petróleo como iluminante comercial. Según unos, Bissell tuvo la ocurrencia durante una visita al laboratorio de su antigua escuela, al ver una botella con petróleo, producto que ya sabía que era inflamable. Según otros, la idea no fue tan espontanea, y Bissell comenzó a interesarse por el petróleo cuando le llegaron las noticias de los primeros “experimentos” de Kier y de otros en Pensilvania. En cualquier caso, Bissell montó una pequeña compañía y pidió a uno de los químicos más prestigiosos de la época en Estados Unidos, Benjamin Silliman, que investigara sobre las posibilidades de aquel “aceite de roca” como iluminante —para conseguir inversores era necesario el respaldo de un científico de renombre—.

Edwin Drake (a la derecha) delante de su pozo junto a Peter Wilson, farmacéutico de Titusville que le prestó dinero para acabarlo. Foto original Pennsylvania Historical and Museum Commission, Drake Well Museum, Titusville

Como bien sabía Kier, sin ningún tipo de procesado, el petróleo no servía para las lámparas debido a su fuerte olor y al humo que producía. Silliman consiguió, mediante destilación, descomponer el petróleo en varias sustancias: una de las cuales era un aceite con una gran capacidad para iluminar (queroseno). El estudio también apuntaba que otras partes menos volátiles podían resultar útiles como lubricantes. Finalmente, Silliman concluía: “vuestra empresa está en posesión de una materia prima a partir de la cual se pueden fabricar productos de gran valor”. Convencido de que el del petróleo podía ser un buen negocio, Silliman adquirió acciones de la recién creada compañía de Bissell.

También lo hizo un joven banquero de la zona, James M. Townsend. Nació así la Seneca Oil Company. Pero antes de comenzar a ganar dinero, había que solucionar un gran problema: no existía un suministro de petróleo suficientemente bueno ni abundante. En esa época, casi todo el petróleo que se consumía en el país provenía de Pensilvania, donde se recogía flotando en pequeñas cantidades sobre la superficie de estanques y charcas. Sin embargo, la Seneca Oil Company necesitaba extraer petróleo del suelo en cantidades mucho mayores, si quería ser rentable.

Es aquí cuando aparece la figura de Edwin Drake, un personaje que llegó al mundo del petróleo por casualidad. Drake había trabajado durante casi toda su vida en los ferrocarriles de New Haven, donde había trabajado de oficinista, de agente de correos y de conductor de tren. En 1854 se había quedado viudo aunque tres años más tarde, en 1857, se había vuelto a casar, esta vez con una mujer que era 16 años más joven que él.

Report on the Rock, Oil, or Petroleum by B. Silliman, Jr. El informe que Silliman escribió para Bissell. Original en Oil150.com

Ese mismo verano, con sólo 38 años de edad, Drake tuvo que dejar su trabajo en la compañía de ferrocarriles a causa de una enfermedad, aunque retuvo los privilegios que tenía como conductor, uno de los cuales era el de viajar gratis en tren. Según parece, este fue uno de los motivos por los que Townsend lo acabaría contratando a él. Townsend y Drake se habrían conocido por casualidad, en uno de sus muchos viajes en tren. Un día, cuando Drake ya estaba retirado, Townsend le ofreció la posibilidad de entrar en el negocio.

Drake no sabía nada de la extracción de petróleo, aunque tampoco es que mucha gente supiera mucho más en aquel tiempo. Tampoco sabía demasiado del mundo de los negocios, pero se había pasado la vida trabajando con sus manos y entendía cómo funcionaban las herramientas y sabía cómo usarlas. Así que en 1858 la Seneca Oil Company lo envió a hacer unas prospecciones petrolíferas a Titusville, Pensilvania.

Drake comenzó a perforar a la manera habitual, haciendo zanjas, pero fracasó. Así que decidió probar otro método, el que se utilizaba en las minas de sal. A Drake le costaría varios meses encontrar un hombre con experiencia en la perforación de pozos de sal dispuesto a trabajar en su pozo. Para los pocos que sabían algo del petróleo, se trataba de una substancia que aparecía en los pozos de agua salada, pero perforar un pozo sólo para obtener petróleo les parecía ridículo.

Mientras tanto, Drake se había ido haciendo con todo lo necesario. Había comprado un motor de vapor para mover el taladro y había comenzado a construir el pozo en sí: la caseta de bombeo, una torre, un balancín y un volante pesado para subir y bajar el taladro.
Samuel Martin Kier (1813-1874) y George Henry Bissell (1821-1884)

Drake comenzó a martillear la tierra para construir su agujero, el taladro rotatorio se inventaría mucho más tarde. Llevó un cierto tiempo atravesar las primeras capas de grava del terreno y cuando llegaron a los 5 metros de profundidad el pozo comenzó a derrumbarse. Sus ayudantes no tardaron en desesperarse. Fue en ese momento, cuando Drake encontró, por fin, a la persona que había estado buscando, un herrero con cierta experiencia en perforar pozos, “Uncle Billy” Smith, que accedió a trabajar a cambio de una generosa paga.

Smith descubrió que el agujero, situado muy cerca de un arroyo, se llenaba continuamente de agua. Primero, intentó bombear el agua, pero vio que era inútil. Finalmente, Drake y Smith se hicieron con una tubería de hierro fundido y la clavaron en el suelo, hasta más allá del nivel del arroyo. Según parece, Drake habría visto a mineros de sal de la cercana Tarentum colocar de manera similar una tubería conductora en sus pozos para evitar que se les vinieran abajo y extraer fácilmente el agua con sal. A través del tubo, se bajaba el taladro y así se evitaban los desprendimientos.

Utilizando este método, los hombres de Drake perforaron de manera incansable durante todo el verano, seis días por semana, el domingo era sagrado para Drake. La solución fue eficaz para detener los derrumbamientos, pero el progreso de la perforación seguía siendo muy lento, apenas un metro por día.

Los curiosos comenzaron a acudir en masa a mofarse de la “locura de Drake”, como llamaban al pozo, querían ver como progresaba aquel despilfarro en el que se desperdiciaban buenos y caros materiales. Al mismo tiempo, el Coronel Drake (título que el mismo se había otorgado para ganarse el respecto de la gente) comenzó a quedarse sin dinero y la propia Seneca Oil, cansada de esperar, lo abandonó a su suerte. Sin embargo, Drake no cejó en su empeño y continuó perforando con su propio dinero y con 500 dólares que había conseguido prestados de sus amigos y conocidos de la zona. No era mucho y era más que probable que Drake creyera que el fin estaba cerca.

Campos petrolíferos en Pensilvania 1865. Original The Independent

El 27 de agosto de 1858 alcanzaron los 21 metros de profundidad. En ese punto, el taladro se topó con una grieta y los hombres de Drake prefirieron dejarlo todo por ese día. Todo el mundo esperaba que todavía fuera necesario perforar, como mínimo, 30 metros más. Sin embargo, a la mañana siguiente, antes de comenzar, “Uncle Billy” se sorprendió gratamente al comprobar que el petróleo brotaba de la tubería. En seguida, llamó a Drake y comenzaron a subir el petróleo con una bomba de mano.

La noticia corrió como la pólvora, pero muchos aún se resistían a creerlo. Algunos escépticos sostenían que había sido el propio Drake el que había echado el petróleo en el pozo, el equivalente a “echar sal a la mina”. Otros, sin embargo, sí que creyeron y se apresuraron a comprar y a arrendar tierras en la zona para hacerse con el petróleo que había debajo.

Había comenzado la Fiebre del Petróleo de Pensilvania. Los precios de las tierras se dispararon y los buscadores de fortuna llegaron. Había pozos por todos los lados. Entre todos, produjeron unos 4.500 barriles el primer año. En 1860, ya eran varios cientos de miles y en 1862 la producción alcanzó los 3 millones.

Pozos de petróleo durante el comienzo de la Fiebre del Petróleo de Pensilvania.

Oil Creek (1865), donde estaba el pozo de Drake

Comenzó así una bonanza que permitiría a muchos hacer grandes fortunas. No fue el caso de Drake. No actuó lo suficientemente rápido para controlar la producción, no había comprado suficientes tierras, y no había patentado su técnica de perforación. Además, en 1860, la Seneca Oil rompió su relación con Drake, pagándole 1.000 dólares por el uso de su nombre en sus barriles. Drake lo intentó por su cuenta, creó su propia compañía, pero tampoco triunfó y acabó perdiendo todos sus ahorros en 1863 especulando con el petróleo.

Su salud también se acabó resintiendo y buscando los efectos favorables del mar, primero, se mudó a Vermont y, después, a Nueva Jersey. A finales de la década de 1860, algunos viejos conocidos de la industria del petróleo reunieron 4.000 dólares para él. Pero acabó viviendo de la caridad hasta que en 1873 el Estado de Pensilvania le otorgó una paga vitalicia de 1.500 dólares al año por su contribución al progreso de la industria.

El 9 noviembre de 1880, después de años de mala salud y dolores crónicos, Drake murió como un modesto pensionista, sin haberse nunca llegado a beneficiar de haber creado el primer pozo de petróleo de los Estados Unidos. Para entonces, hacía años, en 1864, que la Seneca Oil había dejado de funcionar, aunque Bissell, que se había hecho con una gran cantidad de tierras en la zona del boom petrolífero, era un rico hombre de negocios. Kier, también, había conseguido amasar una fortuna considerable, que hubiera sido mayor de haber patentado sus invenciones.

PS(i): El nombre de la Seneca Oil Company no tiene nada que ver con el filósofo hispano sino con el nombre de la tribu indígena que habitaba la zona
PS(ii): Existen otros “padres” del petróleo. Entre los considerados “modernos”, destaca Ignacy Lukaisewicz en Galicia (Polonia/Ucrania).

Enlace permanente a El pozo con el que comenzó la industria del petróleo norteamericana

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- Roskopf, el relojero de los pobres
- El metro secreto de Nueva York
- El pozo más profundo de la Tierra

+info:
- Edwin Drake en en.wikipedia.org es.wikipedia.org
- Edwin Drake in PBS Who Made America?
- 10 Moments That Made American Business by John Steele Gordon in AmericanHeritage.com
- The Development of the Pennsylvania Oil Industry in the American Chemical Society
- The Ghost of Colonel Drake by Byron W. King in EnergyBullletin, publicado en Whiskey & Gunpowder
- El pozo de Edwin Drake en El País (Uruguay)
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martes, 5 de enero de 2010

Erzsébet Báthory, la condesa sanguinaria

Erzsébet Báthory era miembro de una de las familias más poderosas de la Hungría del siglo XVI, pero acabó sus días emparedada en unas cuantas habitaciones de su castillo de Catchtice. Era su castigo por haber matado y torturado a, por lo menos, 80 chicas. Erzsébet ha pasado a la historia como una mujer cruel, obsesionada por la belleza y la sangre de sus víctimas, aunque para otros fue simplemente la víctima de una conspiración para acabar con su enorme poder.

Erzsébet con 25 años. Copia de un retrato original de 1585.

Erzsébet había nacido en 1560 en el seno de una de las más poderosas familias de la Hungría de la época, los Báthory. Por parte de madre, era sobrina del rey de Polonia; por parte de padre, prima del Gran Príncipe de Transilvania. En una época en la que la mayoría de los nobles eran iletrados, Erzsébet era una persona educada, conocía el latín, el alemán y muy probablemente el griego.

Aunque se sabe muy poco de su infancia, en un intento de encontrar una explicación a su crueldad, algunos han sugerido que podría haber sufrido algún tipo de trastorno mental desde bien pequeña. Se dice que de niña Erzsébet sufría ataques que venían acompañados de espasmos y pérdida de control. Podría tratarse de ataques epilépticos, posiblemente propiciados por la endogamia propia de su familia.

El entorno en que creció también podría haber influido en su manera de actuar. Se trataba de una época en que la violencia y el castigo corporal estaban a la orden del día. En muchos casos, el castigo físico era visto como una forma de educar. Las ofensas más triviales eran castigadas de forma desproporcionada. Es probable que durante su infancia Erzsébet se hubiera acostumbrado a los castigos brutales, viendo como trataban los oficiales de su familia a los siervos en sus fincas. Con el tiempo, Erzsébet podría haber llegado a insensibilizarse ante este sufrimiento y dolor ajeno.

Con sólo once años, algo habitual en la época, se prometió con Ferenc Nádasdy y se mudó al castillo de su familia en Sarvar. Los Nádasdys tenían fama de ser unos señores severos y algunos creen que pudo ser su futuro marido el que la inició en el “pasatiempos” de torturar sirvientas. Con 14 años, según algunas fuentes, quedó embarazada de un joven campesino. Para evitar el escándalo fue recluida en unos de los castillos de la familia hasta que dio a luz, del niño y del campesino, jamás se supo nada.

Finalmente, en 1575 contrajo matrimonio con Ferenc. A la boda asistieron unos 4.500 invitados. Erzsébet conservó su apellido porque su familia era más poderosa que la de su esposo. Muy probablemente el matrimonio fue un acuerdo político entre las dos familias.

Hungría en torno al 1550

Como regalo de bodas, recibió el que se convertiría en su hogar, y más tarde su prisión: el castillo de Cachtice, situado en los Cárpatos. Junto con el castillo recibió tierras y 17 pueblos cercanos. Sólo 3 años después de la boda, en 1578, Ferenc fue nombrado comandante en jefe de los ejércitos húngaros en su permanente guerra contra los turcos.

Con su marido en la guerra, la joven Erzsébet pasaba la mayor parte de su tiempo sola ocupándose de las propiedades y negocios de la familia. Como otros nobles de la época, también se ocupaba del cuidado y protección de sus siervos, a los que en casos de necesidad les proporcionaba ayuda médica o comida. También era habitual que los hijos de los siervos que mostraban más capacidades fueran educados por la nobleza. La nobleza se beneficiaba del trabajo de los siervos y por ello tenía un cierto interés en su bienestar. Aunque la buena voluntad hacia los sirvientes dependía de cada caso en particular. Había aristócratas que se consideraban “humanistas”, pero otros se mostraban crueles con los que eran vistos como “seres inferiores”.

En 1585, Erzsébet tuvo su primera hija de Ferenc, Ana. Más tarde tendría otra niña y un niño, Ursula y András, aunque los dos morirían a edad temprana. En 1598, tendría dos hijos más, Katherine y Pál.

Era una época especialmente complicada y violenta de la historia de Hungría. Después de la victoria otomana en la decisiva de batalla de Mohács del 1526, el país había quedado partido en dos, una gran parte de Hungría, incluyendo la parte sur de la actual Eslovaquia, había quedado bajo el control turco. Pero las fronteras no eran fijas, sino que se movían en función de los éxitos militares de las dos partes. Los turcos continuaron su expansión hasta el 1556.

Incluso durante los períodos de supuesta paz la violencia no desaparecía. Las incursiones turcas continuaban, gracias a los botines que obtenían de sus saqueos se reducía el esfuerzo que suponía para el Imperio mantener su ejército. La confiscación de suministros y las cosechas perdidas causaban interminables hambrunas y epidemias.

Entre 1593 y 1606 estalló la “Guerra Larga” contra los turcos. Prácticamente toda la nobleza húngara participó. Entre ellos, el marido de Erzsébet y el futuro palatino de Hungría, Janos Thurzó. Erzsébet, mientras, tenía que defender las propiedades de la familia que estaban en el camino a Viena. Un emplazamiento peligroso como se había demostrado en ocasiones pasadas cuando los turcos habían saqueado el pueblo Cachtice. Las posesiones cercar de Sarvar, situado próximo a la frontera entre la Hungría otomana y cristiana, corrían un riesgo aún mayor.

Ruinas del castillo de Cachtice Foto original slovakia.com

De estos años existen testimonios de situaciones en los que Erzsébet mostró una actitud muy diferente de por la que pasaría a la historia. Varios casos en los que intercedió en favor de mujeres indigentes y un par en el que lo hizo por una mujer cuyo marido había sido capturado por los turcos y otra cuya hija había sido violada.

No obstante, otras fuentes (aunque bien podría formar parte sólo de su leyenda) dan una imagen más banal de Erzsébet. Según estas fuentes, la condesa era una narcisista que vivía obsesionada por la belleza. Acostumbraba a cambiarse de vestido cinco o seis veces al día y pasaba largas horas ante el espejo contemplando su belleza. Además, usaba todo tipo de ungüentos y aceites para conservar la blancura de su piel.

El marido de Erzsébet moriría antes de que acabara la guerra, en 1604, a la edad de 47 años. No está clara cuál fue la causa de su muerte, pero podría ser una herida en el campo de batalla o el cansancio y la tensión acumulados durante los años de guerra. Erzsébet, viuda como estaba, quedó en una situación delicada. Tenía grandes posesiones, pero no disponía de un ejército con el que defenderlas. El propio marido de Erzsébet, consciente de la situación en que quedaría su mujer si a él le sucedía algo, había pedido a la familia amiga de los Batthyányi y al propio Thurzó (aunque no eran grandes amigos, tal vez al predecir su futuro ascenso) que cuidaran de Erzsébet si él moría.

Antes de la muerte de Ferenc, ya habían comenzado a circular por la región rumores de que algo siniestro estaba sucediendo en el castillo de Cachtice. Aunque es probable, según algunos estudiosos, que su obsesión por la disciplina y los castigos creciera como respuesta a la situación de vulnerabilidad en la que se encontraba como viuda.

El ministro luterano István Magyari fue el primero que se quejó públicamente y después ante la corte de Viena sobre los asesinatos y torturas que estaban ocurriendo en el castillo. Sin embargo, las autoridades tardaron varios años en actuar. No fue hasta 1610 cuando el rey Matías II pidió al Palatino de Hungría, Janos Thurzó, que investigara el caso. Debido al enorme poder de Erzsébet y la gravedad de la acusación, la investigación tuvo que ser llevada con la máxima discreción.

Thurzó envió a dos notarios a la zona para reunir pruebas en marzo de 1610. Incluso antes de obtener ningún resultado, Thurzó intentó llegar a un acuerdo con el hijo de Erzsébet, Pál, y con sus dos yernos. Un juicio y una ejecución habrían causado un escándalo público y habrían arruinado la reputación de una familia noble e influyente que en aquel tiempo gobernaba sobre Transilvania. Además, las propiedades de los Báthory hubieran sido incautadas por la corona. El acuerdo inicial era encerrar, secretamente, a Erzsébet en un convento de monjas.

Cartel de la película “The Countess” (2009)

Sin embargo, todo cambió cuando se comenzó a sospechar que entre las víctimas de Erzsébet no sólo había jóvenes sirvientas y campesinas, sino que también había hijas de pequeños nobles. En ese momento se decidió que Erzsébet tenía que ser puesta bajo arresto domiciliario, aunque su castigo no pasaría a más.

El 30 de diciembre de 1610, Thurzó acudió al castillo de Cachtice y arrestó a Erzsébet y a cuatro de sus sirvientes, acusado de cómplices. Según se cuenta, los hombres de Thurzó encontraron una chica muerta y otra agonizando. Otra más estaba herida y eran varías las que estaban encerradas en los subterráneos del castillo.

Los notarios interrogaron a más de 300 testigos. El acta del juicio recoge el de los cuatro cómplices y trece testigos. Además de nobles y sacerdotes, también se interrogó al personal del castillo de Cachtice. Según todos estos testimonios, las primeras víctimas habían sido chicas campesinas locales, a las que Erzsébet atrajo al castillo con trabajos de sirvienta muy bien pagados. Fue más tarde cuando comenzó a asesinar a hijas de la pequeña aristocracia que habían sido enviadas a ella por sus padres para aprender etiqueta y protocolo.

Según muchos estudiosos, este fue su gran error, las hijas de los siervos no interesaban a nadie. De hecho, la única perjudicada era ella, pues eran “su” propiedad. Pero el rey y la nobleza no podían permitir que mataran a hijas de los suyos.

Después de enterarse que también había jóvenes nobles entre sus víctimas, y aunque habían acordado que Erzsébet quedaría bajo arresto domiciliario, el rey pidió que fuera condenada a muerte. Aunque bien pudiera ser que detrás de este interés del rey por hacer justicia, sólo se escondiera un intento para evitar pagar la gran deuda que había contraído con el marido de Erzsébet, y de paso hacerse con las tierras de la familia. Sin embargo, Thurzó, muy probablemente ayudado por las influencias de la familia Bathory, pudo convencer al rey que la ejecución de Erzsébet afectaría al prestigio de toda la nobleza, por lo que el juicio fue pospuesto indefinidamente.

No corrieron la misma suerte sus cómplices, que no eran nobles, que fueron llevados a juicio el 7 de enero de 1611. Los procesados fueron acusados de brujería y prácticas paganas. Como era habitual en la época, el testimonio de los acusados y de muchos de los que testificaron en su contra fue obtenido mediante torturas e intimidaciones, y en muchos casos la descripción de las torturas era de oídas. Las atrocidades que se describieron durante la vista incluían largas sesiones de azotes; quemaduras o mutilaciones de manos, o incluso de la cara o los genitales; obligar a las víctimas a comer su propia carne arrancada de brazos o de otras partes; causar la congelación de las víctimas hasta su muerte; matarlas de hambre o abusos sexuales.

En muchos casos, las víctimas sufrían semanas de torturas antes de morir. Según Raymond McNally, autor del libro “Dracula was a woman”. Erzsébet y sus cómplices seleccionaban como víctimas las chicas que tenían pinta de estar más sanas, porque eran las que más tiempo aguantarían.

Según sus cómplices, Erzsébet no sólo había cometido sus crímenes en el castillo de Cachtice, sino también en otras de las propiedades de la familia en Sarvar, Sopronkeresztur y Viena. Además de sus cómplices directos, otras personas se encargaban de proporcionar las jóvenes, que en algunos casos eran secuestradas. Algunos de los padres de las víctimas afirmaron en el juicio haber visto indicios de torturas en los cadáveres de sus hijas. Erzsébet y sus cómplices solían atribuir las muertes de sus sirvientas a causas naturales o accidentes y las chicas tenían un entierro cristiano. En otras ocasiones, sin embargo, parece ser que optaban por enterrarlas a escondidas en sitios sin marcar cada vez más y más lejos del castillo.

Como pena, a Dorottya Szentes y Ilona Jó les fueron arrancadas las uñas y después las arrojaron al fuego. Fickó, al considerarse que su grado de culpabilidad era menor, fue decapitado antes de enviarlo, también, a las llamas. Katarína Benická fue sentenciada a cadena perpetua, al considerarse que sólo había actuado así por la presión que las otras mujeres habían ejercido sobre ella.

Se rumoreaba que existía un quinto cómplice, una mujer de la que poco se sabe llamada Anna Darvulia. Según parece, podría haber ejercido una gran influencia sobre los gustos sádicos de Erzsébet. En cualquier caso, Anna murió mucho antes del juicio.

Posible reconstrucción del castillo de Cachtice. Foto original de Ceska Televize

Durante el juicio, Erzsébet había sido confinada en unas cuantas habitaciones de su castillo cuyas ventanas y entradas habían sido totalmente tapiadas, a excepción de una pequeña apertura a través de la cual le hacían llegar la comida y otras para que entrara el aire. Su reclusión sin ver la luz del sol duraría más de 3 años, el 21 de agosto de 1614, sus guardianes la encontraron muerta. Había varios platos de comida sin tocar, por lo que probablemente hubiera muerto unos días antes.

Quisieron enterrarla en el cementerio de Csejte, aunque ante la oposición de los aldeanos que no querían tenerla en su cementerio, fue enterrada en su lugar de nacimiento, que era el de procedencia de su familia, Nagyecsed. Antes de su muerte, de acuerdo con su testamento, la fortuna de Erzsébet había sido repartida entre sus hijos.

La estimación del número de víctimas de Erzsébet difiere entre unas fuentes y otras. El número más alto que se da es de 650, aunque parece poco probable que un número tan alto de mujeres pudiera haber desaparecido sin dejar rastro, especialmente, en un tiempo en el que país estaba bastante despoblado. Durante el juicio, dos de sus cómplices, Szentes y Fickó, dijeron haber ayudado a torturar durante sus años de servicio a unas 35 mujeres cada uno. Los demás dieron un número aproximado de 50 o más. Y varios sirvientes estimaron que habían sacado del castillo entre 100 y 200 cadáveres.

Fue otro testigo el que testificó que eran 650 las víctimas listadas en el diario secreto de Erzsébet. Este es el número que ha pasado a figurar en la leyenda de Erzsébet. Se dice, aunque parece poco probable, que los diarios se conservan en los archivos del estado de Hungría. En cualquier caso, de ser cierto que los diarios existen y aún se conservan, ninguno de los gobiernos húngaros ha creído conveniente hacerlos públicos.

Uno de los aspectos que más ha trascendido de la leyenda de Erzsébet es su obsesión por la sangre. Fue por casualidad, un día al dar una bofetada a una sirvienta que unas gotas de la sangre de la chica fueron a parar a su piel. Después de secarse la sangre, se dio cuenta que las partes de la piel sobre las que había ido a parar la sangre habían rejuvenecido. Fue entonces cuando Erzsébet descubrió el secreto de la eterna juventud y empezó a bañarse en la sangre de sus víctimas.


Countess Elizabeth Bathory: one of the most evil women in history – Discovery Channel in YouTube

Aunque presente en casi todas las leyendas, este aspecto no fue mencionado por ninguno de los testigos del juicio. Parece ser que fue Laszlo Turoczi en su “Tragica Historia” de 1729 el primero en indicarlo y, por tanto, el creador de la leyenda de la eterna juventud de la condesa. Hoy en día, los estudiosos creen poco probable que Erzsébet matara por vanidad o por su belleza. Atribuyen esa motivación a los prejuicios hacia las mujeres de su época. Una explicación más probable es que sus crímenes tuvieran una motivación sádica.

Además de con los baños de sangre, la leyenda de la condesa sanguinaria se suele adornar con su afición por los rituales de brujería, una corte de consejeros que incluía alquimistas y hechiceros, rituales ocultistas en los que habría tomado parte con su marido, y una especial obsesión por las jóvenes vírgenes, cuya sangre usaba en otros rituales sanguinarios además de en los baños.

Frente a la versión aceptada por la mayoría de los historiadores y la aún más terrible propuesta por la leyenda, el historiador Lászlo Nagy propone una versión muy diferente. Según este historiador, Erzsébet Báthory no fue una sádica asesina, sino la víctima de una orquestada conspiración. Aunque Nagy no aporta pruebas, su teoría encajaría con la situación general del país. Erzsébet era protestante y poderosa en un tiempo en que Hungría dividida entre protestantes y católicos. Entre los católicos se contaba el rey Matías de casa de los Habsburgo.

PS: Sus crímenes convierten a Erzsébet Bathory, muy probablemente, en la asesina en serie más prolífica de la historia.

Enlace permanente a Erzsébet Báthory, la condesa sanguinaria

+posts:
- La secta de los Asesinos
- El enigma de Kaspar Hauser
- Rasputín, ¿santo o demonio?

+info:
- Elizabeth Báthory in en.wikipedia.org
- Erzsébet Báthory en es.wikipedia.org
- The Historians View on Bathory in Ceska Televize
- Elizabeth Bathory – the Blood Countess in h2g2/BBC
- Lady of Blood: Countess Bathory in Crime Library in trutv
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miércoles, 23 de diciembre de 2009

Las nubes mammatus y la de la Gloria de la Mañana

Esta mañana estaba aún pensando a que dedicar el post que me sirviera de “excusa” para felicitaros las Fiestas, cuando he visto el post de Suso sobre las espectaculares nubes mammatus, y me he dicho: ¿Qué mejor manera de felicitar estas nubladas Navidades que un re-post sobre nubes?

Nubes mammatus

Después, leyendo el interesantísimo descubrimiento de Suso, me he recordado de otra nube especial, la que nos descubría eLzO, otro amigo de la casa, hace unos meses: la Nube de la Gloria de la Mañana. Aunque más previsible que las mammatus, hay que irse bastante lejos para verla, Australia.

Morning Glory Cloud

¡Feliz Navidad a todos! Ah, y para los que tengáis solecito… pues aún más ;-)
Muchas gracias a eLzO y Suso por sendos descubrimientos

PS: ¿Alguien ha visto en directo alguno de los dos fenómenos?

No os perdáis:
- Las nubes mammatus en Coscorrón de Razón
- La nube gigante en Meridianos
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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Las tormentas de arena que arrasaron las Grandes Llanuras durante casi una década

En 1931 la lluvia paró y comenzaron las “ventiscas negras”. Potentes tormentas de polvo que arrastraban millones de toneladas de polvo negro que convertían el día en noche en las llanuras del sur de Estados Unidos. La parte superficial del suelo, que estaba seca, era levantada y arrastrada por el viento en cuestión de minutos. Las nubes eran tan densas que, en ocasiones, los gallos se iban a dormir durante el día, pensándose que era de noche. Era sólo el comienzo de la “Dust Bowl” (cuenca de polvo), los “sucios años 30”.

“Dust Storm”, Artist Herschel (1938), original

Los primeros europeos en llegar a las Grandes Llanuras creyeron que no eran apropiadas para la agricultura al estilo europeo, por lo que la región recibió el nombre del Gran Desierto Americano. Más tarde, la relativa falta de agua y de madera hizo que la región resultara menos atractiva que otras a ojos de los pioneros, que prefirieron pasar de largo en su camino hacia el Oeste. Sin embargo, al finalizar la Guerra Civil Americana (1861-1865), y pese a la pobre reputación de la zona, el número de asentamientos comenzó a crecer animado por la Homestead Act, una ley que concedía tierras a todos aquellos que estuvieran dispuestos a cultivarlas.

Esta expansión coincidiría con un período inusualmente húmedo en la región que convenció a gobierno, a colonos y a expertos de que el clima de la región había cambiado para bien y para siempre. La teoría de que “la lluvia seguía el arado”, que afirmaba que el asentamiento humano y el cultivo de la tierra hacían incrementar las precipitaciones, parecía confirmarse.

Sin embargo, la llegada a partir de 1886 de una serie de duros inviernos marcó el fin de esta bonanza. Hasta entonces, los colonos se habían dedicado principalmente a la ganadería, mientras que la agricultura había sido mucho más minoritaria. Pero la sobreexplotación de los pastos y una breve sequía en 1890 propiciaron una expansión de las tierras de cultivo.

La inmigración volvió a crecer a comienzos del siglo XX coincidiendo con otro período húmedo. Tal vez, la teoría de que “la lluvia seguía el arado”, después de todo, sí que era cierta. Los avances técnicos incrementaron el nivel de automatización de las explotaciones lo que permitió el cultivo a una escala mucho mayor que las de antes. Asimismo, la Primera Guerra Mundial había incrementado la demanda y el precio de los productos agrícolas hasta máximos históricos, lo que animó a los granjeros a convertir más tierras en tierras de cultivo. En algunas zonas, la extensión de tierras cultivadas se dobló entre 1900 y 1920, para volverse a triplicar entre 1925 y 1930.

“Black Sunday” en Spearman, Texas

Desafortunadamente, esta expansión, que había convertido las antiguas praderas en campos de cultivos, se había llevado a cabo empleando técnicas que los agricultores habían traído de sus lugares de origen, pero que no eran adecuadas para las semiáridas llanuras. Se trataba de técnicas que favorecían la erosión del suelo, como la de dejar los campos de algodón “desnudos”, sin protección, durante los meses de invierno, que es cuando los vientos soplaban con más fuerza.

Sin embargo, los efectos del peligroso incremento de la exposición a la erosión del suelo se hicieron evidentes cuando las lluvias “desaparecieron” y la tierra se secó. La sequía había comenzado en 1930 en los estados del este de Estados Unidos, pero fue al año siguiente cuando comenzó a dirigirse hacia el oeste. Con la llegada de la sequía llegaron también las “ventiscas negras”, las grandes tormentas de cegador y punzante polvo negro. En 1932, ya se registraron 14. Al año siguiente, 38. Pero fue en 1934 cuando la frecuencia de las tormentas alcanzó niveles alarmantes, afectando a más del 75% del país.

La del 1934 fue la peor sequía de la historia de los Estados Unidos. Aunque la sequía sola no hubiera podido causar la devastación que vendría. Sus efectos se vieron multiplicados por el mal uso que se había dado al suelo. La capa de pasto, que había cubierto las praderas desde hacía siglos, dando consistencia al suelo y manteniendo su humedad, había sido eliminada. En unos casos reemplazada por grandes extensiones de interminables surcos rectilíneos y en otros, simplemente, desaparecido por la sobreexplotación ganadera.

A causa de la sequía, las cosechas se echaron a perder y la tierra suelta de los campos arados quedó expuesta a la fuerza de los vientos sin ningún tipo de protección. Así que cuando el viento sopló, el suelo, convertido en polvo, “voló” con él, formando nubes que, a su vez, hacían aún más difícil que volviera a llover.

Un granjero con sus dos hijos durante una tormenta en Oklahoma (1936). Foto original

La sequía afectó a diferentes estados en diferentes períodos y olas, pero su efecto fue mayor en la parte sur de las Grandes Llanuras. En Texas, Oklahoma, Kansas, Colorado y Nuevo México la sequía convirtió cuarenta millones de hectáreas en terreno baldío. Además, sus efectos se vieron agravados porque la situación económica de la zona ya no era la de años antes. A principios de la década, la Gran Depresión había hecho que muchos agricultores entraran en pérdidas. Para intentar compensarlas, estos comenzaron a cultivar más tierras, pero el aumento de producción provocó que los precios bajaran, lo que volvió a obligar a los agricultores a incrementar la producción para poder hacer frente a los prestamos de su maquinaría y su tierra.

En otoño del 1934, el pienso para ganado empezaba a escasear y el gobierno comenzó a comprar miles de reses a los ganaderos para sacrificarlas. Aunque no era fácil desprenderse de sus rebaños, de su modo de vida, el sacrificio de los animales ayudó a muchos a evitar la bancarrota. De todos los programas que puso en práctica el gobierno, este fue el que más ayudó a los granjeros.

Con el paso del tiempo, la situación, lejos de mejorar, empeoraba. Durante los meses de marzo y abril de 1935, una tormenta era seguida por otra, en una rápida sucesión casi sin pausa que parecía no terminar. Pero la del 14 de abril fue la peor. Ese día, sin embargo, amaneció claro en las Grandes Llanuras, las tormentas parecía que, por fin, daban un respiro después de varias semanas. Y la gente decidió aprovechar un día así. Era domingo y algunos decidieron pasar el día fuera, acudir a la iglesia o simplemente dedicarse a sus faenas.

Era un día templado y agradable hasta que a media tarde la situación cambió, la temperatura cayó en picado y los pájaros comenzaron a piar y volar de forma nerviosa. Entonces, de repente, una enorme nube negra apareció en el horizonte aproximándose a gran velocidad. La tormenta pilló a todos por sorpresa. Algunos consiguieron llegar hasta sus casas. Otros, sin embargo, no tuvieron tanta suerte y la escasa visibilidad hizo que tuvieran que detenerse y buscar refugio por el camino.

Tormenta de polvo en Stratford, Texas. 18 de abril de 1935. Foto original

Tormenta de polvo, que duró casi 3 horas, en Prowers County. Foto original

Los daños causados por la polvareda y los vientos, de hasta 100 km/h, fueron enormes y costó meses calcular las pérdidas que provocó. El 14 de abril de 1935 pasaría a ser conocido como “Black Sunday”.

A causa de las tormentas, el polvo acababa en todos los sitios: en la comida, en el agua, en las casas, incluso en los pulmones de animales y personas, que comenzaron a morir de sofoco y de “neumonía de polvo”. Algunos animales muertos tenían el estomago recubierto por una capa de polvo de varios centímetros de grosor. La gente llegaba a toser “terrones” de polvo.

Los desesperados granjeros intentaban impedir que el polvo entrara en sus casas colocando sábanas húmedas en ventanas y puertas, o sellando con cintas de goma y arrapos los marcos. Pero era imposible, el polvo se colaba por cualquier grieta o rendija y había que sacarlo a cubos de las casas. Aunque fuera era aún peor. Las puertas exteriores se bloqueaban por la cantidad de polvo que se acumulaba delante de ellas. La gente tenía que salir por las ventanas y retirar la tierra con palas de las puertas. El polvo lo cubría todo.

Durante un tiempo, los granjeros seguían arando y sembrando, esperanzados de que las lluvias volverían tarde o temprano, pero con el paso de los años las esperanzas se fueron desvaneciendo y comenzó un éxodo masivo desde las llanuras, la mayor migración de la historia de los Estados Unidos.

Familias cargadas con sus pertenencias huían en sus coches hacia los estados de la costa oeste, huyendo del polvo y del desierto. Otras, que se hubieran quedado, se vieron forzadas a irse al perder sus tierras por no poder pagar sus préstamos. Pese a que 3 de cada 4 granjeros se quedaron en las llanuras, en 1940, ya eran dos millones y medio los que habían huido hacia los estados del Pacífico.

Maquinaría enterrada en el polvo. Dakota del Sur (1936)

No obstante, en los estados a los que llegaron (California, Washington y Oregon) los “okies” , como se llamaba a estos emigrantes (a veces con connotaciones peyorativas), ya había mucha gente sin empleo y no fueron muy bien recibidos. Los habitantes de estos estados veían como una amenaza para su ya, en mucho casos, precaria situación la llegada de estos desesperados dispuestos a trabajar a cualquier precio. Sin embargo, los que más se vieron afectados en la zonas rurales fueron los emigrantes mexicanos, de los que unos 120.000 fueron repatriados durante de la década de 1930.

Las granjas de California eran mucho más modernas que las que los “okies” habían dejado atrás y en muchos casos eran propiedad de empresas. Aparte de que el grado de mecanización de estas granjas era mucho mayor, los cultivos tampoco eran los que ellos conocían. En vez de campos de trigo, en sitios como California, predominaban los campos de frutales, nogales y huertas. Ante la imposibilidad de optar a otro tipo de trabajo los “okies” que decidieron quedarse en el campo acabaron ocupando los trabajos que antes hacían los mexicanos. A cambio de una cantidad que iba de entre los 75 centavos al dólar y cuarto al día, recogían fruta y algodón.

Con ese miserable sueldo tenían que pagar 25 centavos por el alquiler de una choza sin agua corriente ni suelo, y, en grandes explotaciones, además, eran obligados a comprar la comida en las tiendas del propio rancho a precios más altos de lo habitual.

Los emigrantes desesperados sin trabajo se amontonaban en improvisados campamentos en los laterales de las carreteras. Los vecinos presionaban a los sheriffs para que los echaran y, en ocasiones, quemaban sus chabolas. Para aliviar la situación, la administración Roosevelt construyó 13 campamentos de tiendas sobre plataformas de madera con capacidad para 300 familias cada uno.

Otros emigrantes que llegaron a California, al ver como estaba el campo, prefirieron dirigirse a las grandes ciudades, donde se asentaron en poblados de chabolas conocidos como “Little Oklahomas”. Eran poblados construidos en solares que habían sido divididos en pequeñas parcelas y que los terratenientes locales vendían por 5 dólares a los recién llegados. En estos campamentos, se sobrevivía sin electricidad, agua corriente o alcantarillado. Las condiciones sanitarias eran del todo precarias, por lo que eran habituales los estallidos de tifus, malaria, viruela o tuberculosis provocados por el agua contaminada o la basura.


Dust Bowl Storms 1930 in youtube.com

En 1936, la situación seguía siendo grave, pero se dieron los primeros pasos para solucionar el problema de la erosión. Hugh Bennett, un experto en agricultura, propuso un innovador plan con nuevas técnicas para intentar preservar el suelo. Entre las nuevas técnicas figuraba la rotación de cultivos, arar siguiendo las curvas de relieve del terreno o alternar los campos de diferentes tipos de cultivo. No obstante, muchos de los granjeros se mostraron reacios a adoptar estas técnicas hasta que el Congreso acordó incentivarlos económicamente por ello (1 dólar por 0.4 hectáreas).

Al año siguiente, 1937, el presidente Roosevelt ordenó la plantación de “cinturones” de árboles para proteger el suelo de la erosión provocada por el viento . Los árboles se plantaban a lo largo de las vallas que separaban las propiedades o entre los campos formando “windbreaks” (“rompevientos”). El plan se prolongaría varios años y en 1942 ya se habían plantado unos 220 millones de árboles.

En 1938 ya se veían los primeros efectos positivos de todas estas políticas, la pérdida de suelo se había reducido un 65%, pero la sequía continuaba.

La solución final vendría del cielo, en otoño de 1939 comenzó a llover. La llegada de las primeras lluvias fue un acontecimiento único, que los que vivieron los años polvorientos aún recuerdan. Con la vuelta de la lluvia, volvió la vida a las Grandes Llanuras y el color dorado de las cosechas volvió a invadirlo todo. Se acabaron así casi diez años se sequía y de polvo.

PS: La mayoría de la tierra que el viento se llevó acabó en el Océano Atlántico.
PS(i): Para hacerse una idea de cómo eran las tormentas de arena en color: impresionantes fotos de la tormenta de arena que este mes de setiembre llegó a Australia. Una tormenta de 500km de ancho por 1.000 de largo y que llegó hasta Sydney.

Enlace permanente a Las tormentas de arena que arrasaron las Grandes Llanuras durante casi una década

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+info:
- Dust Bowl en es.wikipedia.org in en.wikipedia.org
- Drought in the Dust Bowl Years in US National Drought Mitigation Center
- Surviving the Dust Bowl in PBS.org
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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Jill Price, la mujer que no puede olvidar

Jill Price, una mujer de Los Angeles nacida en 1965, sorprendió a científicos y a público en general en 2006 cuando se dio a conocer su caso en la revista Neuroscience. Jill poseía una memoria autobiográfica extraordinaria que le permitía recordar cada uno de los días de su vida desde que tenía 14 años de edad. Aparentemente, el cerebro de Jill funcionaba de una manera totalmente diferente a lo conocido.

Jill Price en su casa. Foto original Wired

Todo comenzó un día de junio del 2000, cuando Jill estaba buscando en internet información sobre otras personas que les sucediera lo mismo que a ella y fue a parar a la página web de James McGaugh, un experto en neurociencia, especializado en aprendizaje y memoria. Jill decidió enviarle un email explicándole su caso y, sorprendentemente, en sólo 90 minutos McGaugh le había respondido diciéndole que estaba interesado en conocerla en persona y saber más de su caso.

Aunque era bastante escéptico en un principio, McGaugh no tardó en convencerse que la habilidad de Jill no era normal y era auténtica. En febrero de 2006, después de cinco años entrevistándose con Jill, McGaugh y su equipo publicaron el artículo en la revista especializada Neurocase sobre el caso, la identidad de Jill se escondía tras las iniciales “AJ”. Los investigadores se referían a su síndrome como “hipertimesia”, del griego “hyper”, “superior a lo normal”, y “thymesia”, “memoria”.

A los pocos días, la historia saltó a los periódicos nacionales y de allí a la televisión. Jill fue entrevistada en la cadena NPR y, más tarde, un editor logró averiguar su nombre y localizarla para cerrar un acuerdo para publicar un libro en el que Jill contaría su propia historia, con su verdadero nombre. A partir de ahí, Jill se convirtió en un fenómeno mediático, apareciendo en los programas más importantes de la televisión norteamericana.

En sus conversaciones con McGaugh, Jill afirmó que el recuerdo más temprano que conserva es de ella misma estando en la cuna, con una edad de entre 18 y 24 meses, despertándose asustada por los ladridos del perro de su tío. Jill era capaz, también, de recordar el nacimiento de su hermano, cuando ella tenía 3 años y 9 meses de edad.

Un día en el diario de Jill. Foto original Wired

Sin embargo, su memoria con esa edad parece ser que era normal. Fue a la edad de 8 años, con la mudanza de su familia a Los Angeles, cuando comenzó a notar cambios. La propia Jill reconoce que esta mudanza le supuso un trauma y sin quererlo comenzó a obsesionarse por la vida que dejaba atrás. Comenzó a hacer listas de amigos y a pasar mucho tiempo mirando fotos de su antigua casa, pensando en el pasado. Los expertos creen posible que un trauma así pudiera haber provocado cambios permanentes en el cerebro de una niña, como el de Jill.

Jill sostiene que es a partir de la mudanza cuando sus recuerdos comienzan a ser más claros. Jill recuerda que un día con 12 años, mientras estudiaba con su madre, se dio cuenta que podía recordar muy vivamente los detalles del curso anterior y algunas fechas exactas. Aunque es cierto que Jill puede recordar muchos días del período de su vida que va desde entre los 8 a los 13 años de edad, no puede recordar cada uno de ellos, y además tiene que hacer un esfuerzo para que estos recuerdos surjan. Es a partir del 1980, a partir de los 14 años de edad, que sus recuerdos comienzan a ser “automáticos”.

La memoria de Jill comienza a ser extraordinaria y capaz de recordar con gran precisión su propia vida, aunque se comporta como la media con el resto de asuntos. Así por ejemplo, en la escuela no destacó especialmente y tenía las mismas dificultades que los demás a la hora de memorizar fechas en historia, aprender aritmética o recordar palabras nuevas en un idioma extranjero. Sin embargo, todavía hoy en día es capaz de recordar cada uno de sus profesores desde la guardería.

A los 10 años, Jill comenzó a escribir un diario. Según los expertos, este es un buen método para recordar más de cada día, no sólo porque crea un registro tangible sino porque obliga a reflexionar. Sin embargo, en el caso de Jill, el diario se convirtió en una obsesión por “anotar las cosas” porque si no se mantendrían en su cabeza. Jill mantendría el hábito hasta cumplir los 34 (50.000 páginas en total) aunque rara vez revisaba lo que había escrito.

Jill describe sus propios recuerdos como escenas de películas familiares de cada uno de los días de su vida, viéndose constantemente en su cabeza. Puede estar hablando con alguien y al mismo tiempo estar viendo cualquier escena de su pasado. Sería como mirar una televisión con la pantalla partida en la que se pueden ver dos canales diferentes a la vez. En uno de los lados, el presente; en el otro, su pasado, su memoria saltando de un momento a otro, hacia atrás y hacia delante, de manera incontrolada.

Una de las colecciones de Jill. Foto original de Jill Price

Jill dice no poder detener su propia memoria, sino que esta funciona de manera descontrolada y automática. Tampoco sabe qué será lo próximo que recordará. Los recuerdos simplemente aparecen en su cabeza, algunas veces cuando alguien menciona una fecha o un nombre, o simplemente al oír una canción en la radio. No importa si Jill quiere recordar ese día o no, su mente revive ese instante viéndolo “tal como lo veía ese día”, y rápidamente salta a otro y de ahí al siguiente.

Sin embargo, no siempre es así, otras veces es Jill la que provoca todo este proceso ya que también puede recordar a voluntad, de hecho, reconoce que solía pasar mucho tiempo pensando en fechas, “viendo” los días.

A priori, puede parecer que poseer una memoria como la de Jill es un regalo. De hecho, la propia Jill reconoce que muchos de sus recuerdos le proporcionan ánimos y seguridad, pero en otros casos sucede todo lo contrario. Jill recuerda todos los errores, todas las decisiones equivocadas y todas y cada una de las situaciones embarazosas y desagradables de su vida. Es por esto, que lejos de considerar su habilidad una bendición, Jill la considera una maldición a la que de muchos años de depresión por sus recuerdos.

Jill recuerda como su situación personal se veía agravada por la incomprensión de los demás, a los que le resultaba imposible hacer entender lo que sucedía en su cabeza. Cuando Jill explicaba a sus padres como los recuerdos la “asaltaban”, no le entendían. Su madre se limitaba a decirle que no le diera tantas vueltas a las cosas. Aunque no es de extrañar, ya que ni ella misma entendía del todo lo que le pasaba y ante la imposibilidad de hacerlo entender a los demás comenzó guardárselo para sí misma.

Aunque todo cambió a raíz de dar con McGaugh. Este investigador y su equipo la ayudaron a ver su propia vida de otra manera y entender el papel tan poderoso que juega la memoria en la vida de las personas y en construir la propia percepción que tenemos de nosotros mismos. La gente “normal” construye su propia biografía mediante una selección de recuerdos, pero, también, de olvidos. Un proceso que continuamente va evolucionando como lo hace la imagen que tenemos de nosotros mismos. Jill, sin embargo, no puede hacer lo mismo, dentro de ella están todos los “yos” de cada uno de sus días, como si fuera una muñeca rusa.

Brad Williams, recuerda cada uno de los detalles de estas vacaciones familiares de 1964, tenía 7 años. Foto original CNN

Han pasado los años, pero los científicos todavía no han encontrado una explicación definitiva para la sorprendente memoria de Jill. Los escáneres cerebrales parecen indicar que algunas partes de su cerebro son de tres veces más grandes de lo habitual. Estas áreas son el núcleo caudato y una parte del lóbulo temporal encargada del almacenamiento de hechos, fechas y eventos. Según los investigadores, estas dos áreas podrían estar trabajando juntas, en el cerebro de Jill, de una manera desconocida hasta la fecha, habiendo convertido en automático hacer de cada detalle del día un recuerdo.

Estas dos áreas, además, están relacionadas con los trastornos obsesivo-compulsivos. De hecho, su cerebro tiene un cierto parecido con el de las personas que sufren este trastorno. Según McGaugh, coleccionar y acumular cosas son dos de los síntomas más claros de este tipo de trastorno y no cree que sea una mera coincidencia la afición por el coleccionismo de cosas y el de recuerdos que presenta Jill.

Sin embargo, no se han encontrado diferencias en otra área del cerebro esencial para el aprendizaje y la memoria autobiográfica: el hipocampo. Sin el hipocampo no se podría hacer pasar los recuerdos de la memoria a corto plazo a la de largo. Una de las funciones del sueño, durante el cual el hipocampo vuelve a revivir la actividad diaria, es precisamente mejorar esta consolidación de información.

Otra de las teorías que han intentado explicar la extraordinaria memoria autobiográfica de Jill sostiene que Jill podría ser mucho mejor que la media manteniendo recuerdos, pero que también sería mucho peor que los demás bloqueando su recuperación.

“Nos hemos obsesionado tanto con la memoria que hemos demonizado el olvido” , afirma Gayatri Devi, un psiquiatra de Nueva York experto en memoria. “Pero si no olvidáramos, recordaríamos todo tipo de información de nuestra vida y nos ahogaríamos en un mar de ineficiencia”.

Los recuerdos de un acontecimiento singular son, en general, fáciles de recordar, al ser guardados en la memoria de larga duración con conexiones a muchos otros. Sin embargo, ¿Qué pasó durante ese número incontable de días, noches, reuniones, trabajo, viajes en autobús y muchos otros ratos perdidos? Simplemente que no crearon en nosotros una impresión lo suficientemente duradera o simplemente fueron sobrescritos en nuestro cerebro por otras experiencias similares de manera que es difícil recuperarlos.


Entrevista con Jill Price en la abc en youtube.com

En cierta manera, los recuerdos de cosas mundanas o eventos recurrentes compiten entre sí por ser recordados, según los científicos el cerebro parece estar programado para olvidar todo aquello que no parece importante. Los recuerdos tienden a superponerse, combinarse y desaparecer, por razones que aún se desconocen. Sin contar con que la memoria humana no es perfecta y está sujeta a la contaminación y la distorsión.

La aparición del caso de Jill en la publicación científica Neurocase propició que surgieran más personas que supuestamente poseían la misma habilidad. Aunque la hipertimesia sigue siendo un síndrome extremadamente poco común. Hasta la fecha, sólo se han podido confirmar científicamente otros tres casos. Aparte del de Jill, todos ellos en Estados Unidos: Brad Williams, de Wisconsin y al que algunos han llamado el Google humano; Rick Baron, de Cleveland y un tercer caso, todavía anónimo en el sur de California.

Al contrario que Jill, estos tres hombres son zurdos y su memoria no les supone ningún tipo de tormento. Aunque, igual que ella, sí que presentan la misma tendencia compulsiva a coleccionar cosas, tales como guías de televisión, películas viejas o similares.

Enlace permanente a Jill Price, la mujer que no puede olvidar

PS: Gracias a mi amiga Arbocenk por recordar este tema y sugerírmelo.
PS(ii): Coincidiendo con la preparación del post, la semana pasada, a través de fogonazos, me enteré de otro cerebro sorprendente, el de Henry Molaison, una persona cuyos recuerdos sólo duraban 20 segundos.

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- Blessed and Cursed by an Extraordinary Memory in npr
- Total Recall: The woman who can’t forget in Wired.com
- Hyperthymesia in en.wikipedia.org
- The woman who can remember everything in Telegraph.co.uk
- A Case of Unusual Autobiographical Remembering (PDF) by Elizabeth S. Parket et al.
- You Must Remember This: Forgetting Has Its Benefits in WSJ.com
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