martes, 21 de julio de 2009

Zheng He y la Flota del Tesoro

Casi un siglo antes que Colón llegara a América, en un tiempo en que China era una de las naciones más ricas y avanzadas del mundo, Zheng He lideró la más grande armada que jamás se hubiera visto, más de 300 barcos, algunos de más de 100 metros de eslora y 50 de ancho. Zheng He y su flota visitaron lugares tan lejanos como Arabia o Kenia. Sin embargo, años más tarde, cuando estas expediciones habían convertido a China en la potencia dominante del sudeste asiático, los viajes se abandonaron de manera brusca. ¿Qué hubiera pasado si no hubiera sido así?

Un barco del tesoro y el Sao Gabriel de Vasco de Gama

Zheng He había nacido en 1372 en la pobre y montañosa provincia china de Yunnan, en el momento en que el poder de los mongoles estaba empezando a ser sustituido por el de una nueva dinastía local, los Ming. Con tan sólo diez años fue capturado por los ejércitos Ming, su familia era musulmana y había luchado al lado de los mongoles. Como era costumbre con los prisioneros que eran hombre, lo castraron, un proceso al que muchos no sobrevivían.

Zheng He, convertido en eunuco, fue enviado a la corte en Beijing a servir a un gran príncipe, Zhu Di. El príncipe y Zheng He conspiraron para derrocar al sobrino de Zhu Di, el emperador de China, y se acabaron enfrentado a él. Finalmente, los rebeldes tomaron la capital, Nanjing, y el príncipe fue entronizado como el emperador Yongle el 17 de julio de 1402.

Una vez conseguida la victoria, el nuevo emperador estaba ansioso por demostrar su legitimidad y mostrar las riquezas y poder de su nuevo imperio al mundo. Al mismo tiempo, Yongle pretendía impulsar el comercio marítimo, una actividad que hasta entonces había sido despreciada y que él creía que podía convertirse en una fuente de ingresos muy provechosa para el estado al no recaer sobre los campesinos.

Una de las primeras acciones del Yongle al llegar al poder fue recompensar a Zheng He, que había destacado sobre el resto de sus comandantes durante la revuelta, nombrándolo almirante. Junto al nuevo cargo, Zheng He recibió el encargo de construir una gran flota para navegar y comerciar por los mares de Oriente. Se trataba de una gran misión, pero también peligrosa, tormentas, tifones, monstruos marinos, piratas y sultanes le esperaban. Zheng He contaba con la ayuda de mapas, aunque algunos eran de hacía siglos, que describían la costa, las posiciones de las estrellas y los puntos en los que se podían abastecer de agua potable.

Zeng He

Para cumplir las órdenes del emperador se construyeron unos gigantescos astilleros en la rivera del rio Yangtze, a las afueras de Nanjing, y que hoy aún se conservan. En total, entre 1403 y 1407 más de 1600 naves fueron construidas o remodeladas en esos astilleros.

Aparte de los fines comerciales, los motivos que impulsaron a Yongle a emprender semejantes expediciones no están del todo claros y pudieron ser múltiples. Por un lado se baraja la posibilidad que las expediciones hubieran sido un intento de encontrar al anterior emperador, Jianwen. Se había extendido el rumor que Jianwen no había muerto en la caída de Nanjing al no encontrarse su cadáver, por lo que estas expediciones podían haber servido para buscarle. Además, en el caso de que Jianwen estuviera vivo y buscando apoyo extranjero, la flota podía constituir una advertencia para sus posibles aliados.

La búsqueda de animales y plantas exóticas, especialmente con fines medicinales, podía también estar detrás de la creación de la flota, junto con el intento de establecer relaciones diplomáticas o la lucha contra la piratería. Aunque para muchos estudiosos el aspecto más crucial para la creación de la flota fue el propio carácter megalómano del emperador Yongle.

La primera expedición imperial zarpó en otoño de 1405. En total 317 barcos, con velas rojas y banderas de seda en los mástiles, a bordo de los cuales había más de 28.000 hombres, al mando, Zheng He. Durante más de dos años de travesía visitaron Sumatra y Sri Lanka, y oyeron por primera vez de la existencia de “Mouxia (Moisés), que ubicaron erróneamente en la ciudad y creyeron formaba parte de la religión hinduista. Tuvieron enfrentamientos con piratas en las proximidades del estrecho de Malaca y sufrieron algún que otro tifón.

Mapa Kangnido (1402), muestra de los conocimientos geográficos chinos de la época

La flota de Zheng He era una especie de ciudad flotante. Tenía barcos que llevaban caballos, otros tropas, había, también, barcos de guerra, patrulleras y unos 20 barcos cisterna que transportaban agua. De entre todos estos barcos destacaban los más grandes, los “Barcos del Tesoro”. Su tamaño exacto aún se discute, ya que no se ha conservado ninguno. Según las descripciones de la época, hace unos años se interpretaba que su longitud podía ser de unos 137 o 150 metros. Hoy asumiendo como referencia otra unidad de medida, se cree más probable que estas descripciones se refirieran a una longitud de 120 metros y una anchura de 50. Y aún así, se trataría de los mayores barcos jamás construidos en madera.

Otros estudiosos sostienen que estos barcos podrían haber sido aún más grandes, se basan para ello en cálculos a partir de hallazgos y restos arqueológicos. El descubrimiento de un timón enterrado en el barro cerca de los astilleros de Nanjing permitió deducir que la eslora del barco en el que estaba montado podría haber sido de entre 160 y 180 metros. El tamaño de las atarazanas de Nanjing, dos de las cuales eran de 450 metros de largo y unos 64 metros de ancho, podría reforzar esa hipótesis.

Otros expertos, sin embargo, consideran del todo improbable que barcos de esas dimensiones pudieran navegar. Las investigaciones más recientes, y que son aceptadas por la mayoría estudiosos actuales, fijan la eslora de los barcos del tesoro entorno a los 60 metros. Una explicación para las dimensiones, aparentemente ineficientes, de los colosales barcos del tesoro es que el Emperador y sus burócratas sólo los usaban para sus desplazamientos de estado a lo largo del Yangtze. Por ejemplo, cuando acudían a pasar revista a la flota de Zheng He. En las aguas mucho más calmadas del Yantgze los gigantescos Barcos del Tesoro sí que podrían haber sido capaces de navegar.

El emperador Yongle

Tomando las descripciones de la época como ciertas, los barcos tendrían un aspecto impresionante, con nueve mástiles, cuatro cubiertas y camarotes lujosos con balcones. Se da por hecho que eran mayores que cualquier otro barco anterior a ellos y varias veces el tamaño de las carabelas de Colón. Además, estaban mejor equipados, pues contaban con brújulas magnéticas y compartimentos estancos. Incluso algunas descripciones afirman que tenían parcelas de tierra a bordo. Pero pese a toda esta organización la vida no era fácil. Zheng He perdió muchos de ellos por las tormentas y muchos otros se estrellaron contra la costa, las enfermedades también eran comunes abordo y muchos hombres murieron por ellas.

Inmediatamente después del retorno de la primera flota, se iniciaron los preparativos de una segunda. Era una flota mucho menor, sólo 68 barcos, con objeto de devolver a los embajadores traídos por la primera a sus países de origen.

El tercer viaje comenzó en 1409 con sólo 48 barcos. Visitaron Vietnam, Temasek (el actual Singapur) y llegaron hasta Malaca, donde reconocieron la autoridad de un rey local para garantizar la estabilidad de la región. Prosiguieron hasta Sri Lanka y llegaron hasta Sumatra, allí erigieron una lápida conmemorativa de Buda, Alá y una deidad hindú, como muestra de respeto a las costumbres locales.

Existe una cierta confusión sobre las creencias religiosas de Zheng He, algunos lo describen como un musulmán ortodoxo que ayudó a extender su fe por el sudeste asiático. Se tiene constancia que durante sus expediciones colaboró en el traslado un gran número de musulmanes chinos a Malaca, Palembang y Surabaya (dos ciudades de Indonesia). Sin embargo, Zheng He siempre fue respetuoso con las demás religiones, fundamentalmente budismo y taoísmo, y no dudó en seguir sus rituales cuando lo creyó necesario. Tal vez por esto, algunos estudiosos consideran pudiera practicado alguna forma de sincretismo.

Los viajes de Zheng He

En efecto, aunque Zheng He era musulmán, rezaba y presentaba ofrendas a Tianfei. Los chinos creían que las tormentas eran causadas por dragones gigantes. Quemar incienso como ofrenda a la diosa Tianfei era una manera de calmar a esos dragones. A bordo de su flota, Zheng He consultaba a sus navegantes, pero también a sus astrólogos y sacerdotes taoístas.

En 1412 con el dinero obtenido del comercio de estas flotas se inició la construcción de la Torre de Porcelana de Nanjing, de casi 80 metros de alto. En los jardines que la rodeaban había plantas y animales traídos por las expediciones de Zheng He.

Las tres primeras flotas habían tenido como objetivo la mejora de las relaciones comerciales con el sudeste asiático. A partir de este momento, Yongle ordena la exploración de Arabia y África, lugares que, si bien no eran desconocidos para los chinos, no habían sido nunca explorados de manera sistemática. La cuarta flota partió en enero de 1414, esta vez eran 63 barcos y llegó hasta la India y las Maldivas.

Los soldados de la flota de Zheng He no solían inmiscuirse en las luchas locales, su función era más intimidatoria que de conquista y colonización, tal vez por la falta de tradición imperialista de China. Zheng He normalmente preferiría conseguir sus fines mediante el uso de la diplomacia, aunque tampoco se arrugaba si llegado el momento necesitaba recurrir a la violencia para impresionar a los pueblos extranjeros o hacerles pagar los tributos si estos se negaban.

Zheng He había tenido que utilizar la fuerza en los viajes anteriores y en este cuarto la tuvo que volver a utilizar para defenderse del candidato al trono de la ciudad de Semudera en Sumatra. La cuarta flota regresó en 1414 trayendo de invitado al rey de Bengala que llevó un curioso presente al emperador. Los chinos creyeron que se trataban de un quilin, un animal mitológico que sólo aparecía cuando existía un buen gobierno, aunque en realidad era una jirafa. Muchos en la corte felicitaron a Yongle por este buen augurio.

¿Un qilin en la corte de los Ming?

El quinto viaje se inició el 28 de diciembre de 1416. Después de visitar los puertos habituales del sudeste asiático, la flota llegó hasta la península Arábiga donde fueron bien recibidos y después se encaminó al sur, hasta Somalia.

La exploración y la curiosidad impulsaron un sexto viaje que comenzó la primavera de 1421. Aunque China había mantenido relaciones comerciales con África antes, esta seguía siendo una tierra “nueva”. La flota volvió a visitar Arabia y el este de África. Zheng He tuvo que regresar antes de completar el viaje, puede ser que para asistir a la inauguración de la Ciudad Prohibida.

Pese a que las sucesivas flotas habían convertido a China en la dominadora de gran parte del Océano Índico, parecía que el fin de estos viajes comerciales se acercaba. Por un lado, la clase dirigente confucionista, partidaria del aislacionismo, empezaba a recuperar la influencia perdida en la corte. Por otro, la construcción naval había empezado a caer en decadencia tras la renovación del Gran Canal en 1411. El canal ofrecía una ruta más rápida y segura para transportar grano que la marítima, la demanda para barcos marinos cayó. A su vez, el imperio empezó a tener problemas internos: hambrunas, epidemias, déficit, inflación,… Y además se vio envuelto en una guerra inacabable en una provincia rebelde al norte de Vietnam.

En 1424 el emperador, y gran valedor de Zheng He, Yongle, falleció y fue sucedido por su primogénito, el emperador Hongxi, que aunque tuvo un reinado de sólo 9 meses, se mostró contrario a continuar los viajes de la flotas. Hongxi fue a su vez sucedido por su hijo, Xuande, que al poco de llegar al poder, el 29 de junio de 1430, y preocupado por la pérdida de influencia en el exterior y la reducción del comercio tributario, ordenó iniciar los preparativos de una nueva expedición.

Sería el séptimo y último viaje para Zheng He. Debido al parón de 6 años desde el anterior, los preparativos fueron esta vez más largos, pero fue la mayor de todas las expediciones, en total, otra vez, más de 300 barcos. El objetivo era restaurar la tranquilidad en los mares. La flota se dividió en dos grupos, uno de ellos llegó tan al sur como Kenia y Mozambique, el otro, al mando del cual estaba Zheng He, se dirigió hacia el golfo Pérsico. Zhenge He murió antes de llegar al golfo Pérsico y aunque tiene una tumba en China, esta está vacía, como los grandes almirantes, Zheng He fue enterrado en el mar.

La Torre de Porcelana de Nanjing, construida con el dinero obtenido gracias al comercio

La flota sin su almirante regresó en 1433 con nuevos embajadores y cinco nuevos quilin. Hongxi se mostró satisfecho por la restauración del comercio tributario, pero murió en 1435. El nuevo emperador, Jungtong, llegó al trono con apenas siete años de edad y se convirtió en un títere en mano de los eunucos. En 1449 fue capturado por los mongoles. Los confucionistas, que acusaban a los eunucos de tal desastre, aconsejaron deshacerse de ellos y les prohibieron participar en el comercio ultramarino.

Los confucionistas eran mucho más conservadores que los eunucos, veneraban la autoridad y el modo de vida rural, no la innovación y el comercio. Las creencias confucionistas consideraban poco apropiado que una persona viajara al extranjero mientras sus padres aún estaban vivos. Además, creían que poco tenían que ofrecer las naciones “bárbaras” a la mucha más avanzada, y ya próspera, China.

Eventualmente la élite confucionista prohibió la construcción de buques con más de dos palos y la navegación marítima (edicto Hai Jin). Zheng He fue cayendo en el olvido, e incluso llegó a ser visto como una figura negativa por ser contraria a las ideas confucionistas. La información de los dos últimos viajes, los más lejanos, fue destruida por los funcionarios del emperador Ming, probablemente para evitar más “despilfarros” al país.

Mucho se ha especulado sobre qué habría sucedido si China hubiera mantenido las expediciones navales, pero la realidad es que finalizaron de forma abrupta, lo que sin duda se convirtió en una oportunidad perdida y facilitó la exploración europea. Además de los problemas que ya habían provocado el primer parón después del sexto viaje. El imperio Ming se encontró con cuestiones más urgentes. Los mongoles volvían a constituir una amenaza al norte, lo que desvió la inversión militar del caro mantenimiento de las flotas del tesoro. La inflación convirtió a los billetes Ming en poco fiables y dejaron de ser aceptados en el extranjero, se exigió el pago mediante bienes materiales, condiciones menos atractivas para los chinos.

Replica a escala 1:2 de un barco del tesoro (2006). Foto original Revista LIFE

Con motivo del 600 aniversario de su primer viaje, se inició una recuperación de la figura de Zheng He, promovida por el gobierno chino, gracias a la apertura de museos, construcción de réplicas de sus barcos del tesoro, series de televisión y libros. La imagen de Zheng He como embajador cultural de buena voluntad, marino de un país poderoso, pero amante ferviente de la paz, fue utilizada por el Partido Comunista Chino, para demostrar a sus propios ciudadanos que China estaba recuperando su gloria pasada, a la vez que para tranquilizar a los países vecinos demostrándoles que China podía ser fuerte sin convertirse por ello en una amenaza.

Pero incluso en la misma China, el uso de historia pobremente documentada como moderna propaganda causó un cierto rechazo. Algunos estudiosos criticaron la campaña por ser sólo una distorsión, que olvidaba que Zheng He trataba a los extranjeros como bárbaros y a la mayoría de países como estados vasallos. Los críticos con la campaña rebajaban, también, los logros de sus viajes, que, según ellos, sólo sirvieron para recaudar impuestos para un emperador megalómano y derrochador.

Gracias a mi amiga Arbocenk por la sugerencia del tema, y ya van una cuantas ;-)

PS: En el best-seller “1421”, el antiguo oficial de marina británica, Gavin Menzies, afirma que los barcos de Zheng He acabaron por llegar a América y dar la vuelta al mundo. Algunos especialistas coinciden con él en que los chinos pudieron llegar a Australia 300 años antes que el capitán Cook, aunque la mayoría consideran las afirmaciones de Menzies meras suposiciones no probadas.

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+info:
- Swimming Dragons in BBC.co.uk
- China Has an Ancient Mariner to Tell You About NewYorkTimes
- Zheng He en es.wikipedia.org - en.wikipedia.org
- Sultan’s Lost Treasure in Nova Online
- The Next Asian Journey in TIMEasia.com
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martes, 14 de julio de 2009

William H. Mumler, el fotógrafo de los espíritus

A mediados del siglo XIX, William H. Mumler descubrió, por accidente, que él y su cámara fotográfica eran capaces de captar algo que el ojo humano rara vez alcanzaba a ver: los espíritus de los muertos. Mumler enseguida convirtió su sorprendente “hallazgo” en un lucrativo negocio. Aunque, desafortunadamente para él, sus inquietantes fotografías, en las que se veía a sus clientes acompañados por sus familiares difuntos, no tardarían en llevarlo ante los tribunales.


Hombre sin identificar, acompañado por dos espíritus

Mumler comenzó su carrera ofreciendo de puerta en puerta sus habilidades como “médium capaz de fotografiar a los espíritus”, era uno más del cada vez mayor número de manifestaciones espiritistas que habían comenzado en 1848 con las hermanas Fox de Hydesville (Nueva York). Sus sesiones de espiritismo en las que los espíritus inclinaban y daban golpes secos sobre la mesa habían causado sensación por todo el país. Boston, que aunaba la tradición de disidencia intelectual y entusiasmo por lo trascendental, se había convertido en la capital de todo este movimiento y atraía espiritistas de todos los lugares del país. Todo esto coincidió con la llegada de la nueva era de la tecnología científica –la fotografía, la electricidad y el telégrafo– la gente veía y escuchaba lo inexplicable.

Los Estados Unidos de 1860 era un país afligido por el dolor, inmerso en la guerra civil y la enfermedad. En los sangrientos campos de batalla del Sur, los fotógrafos capturaban la tristeza y la pérdida en blanco y negro. Los supervivientes, desesperados por encontrar algún signo de vida duradera, se aferraban a cualquier esperanza por pequeña que fuera. Y las fotografías que capturaban espíritus era una esperanza más que visible.

Mumler se inició en el arte de la fotografía espiritista por accidente en 1861, cuando tenía 29 años y trabajaba de joyero en Boston. En su autobiografía, “The Personal Experiences of William H. Mumler in Spirit Photography”, Mumler, que era también aficionado a la fotografía, explica que un día, mientras trabajaba en un auto-retrato, descubrió la forma misteriosa de una chica joven en el negativo. Mumler reveló la curiosidad y se la enseñó a sus amistades, diciéndoles que era muy parecida a una prima suya muerta.

De carácter jovial y siempre dispuesto para la broma, decidió bromear con una amigo espiritista y fingir que la fotografía era una impresión real del más allá. El amigo se tragó el anzuelo, y enseguida la noticia empezó a correr por la ciudad, y el diario espiritista “The Banner of Light” (La bandera de luz) se hizo eco de ella.

Con esta fotografía empezó todo

El espíritu de su prima con toda probabilidad no era más que el residuo de un anterior negativo capturado con la misma placa. Sin embargo, rápidamente aquel residuo se convirtió en una revelación, y Mumler en el oráculo de la cámara, acababa de nacer la fotografía espiritista. Mumler no tardó en dedicar todo su tiempo al negocio de la fotografía, y abrió su primer estudio. Su mujer, Hannah, se unió al negocio. Hannah era la encargada de recibir a los clientes, con los que acostumbraba a tener una pequeña charla en la que solían hablar de los espíritus que querían ver aparecer, antes de pasar a la sesión de posado. Hannah se había ganado una reputación como clarividente y a menudo hablaba sobre los espíritus que rodeaban a los clientes de su marido. Mumler, sin embargo, era sólo una parte pasiva, que se encargaba de canalizar hacía la cámara la fuerza que circulaba a través de él. Tan simple como eso.

Los honorarios de Mumler eran extravagantes. En el momento más álgido de su éxito, Mumler cobraba 10 dólares por una docena de fotografías, cinco veces el precio habitual de la época, sin garantía alguna que aparecieran “extras” en ellas. Muy a menudo, así ocurría y sus clientes tenían que pagar por varias sesiones fotográficas.

Los fotógrafos de Boston no estaban tan encantados como sus clientes con Mumler. James Black, uno de estos fotógrafos, creía que todo era un timo, y creía saber cómo lo hacía. Black se apostó 50 dólares con Mumler que sería capaz de descubrirle. Examinó la cámara de Mumler, la placa y su sistema de procesado, incluso llegó a entrar en el cuarto obscuro con él. En su autobiografía, Mumler habla de la asombrosa incredulidad de Black cuando una imagen con forma fantasmagórica apareció en el negativo.

Mrs. French con el espíritu de su hijo

La técnica que usaba Mumler para hacer sus fotografías era objeto de gran especulación. En 1863 en un ensayo para el Atlantic Monthly, Oliver Wendell, otro ávido fotógrafo, no sólo explicaba paso a paso las instrucciones para obtener una doble exposición, sino que además hacía referencia a la popularidad de las fotos de Mumler: “con un fondo apropiado, fotografías así son un refugio para las mentes débiles”. Para Wendell, una madre que acababa de perder a un hijo, y quería tener una foto de su espíritu, poco le bastaba para verlo. Una mancha con apariencia de ropa de niño en la foto, y una confusa forma redondeada le bastaría para convertirla en su cara.

Aunque muchos de los espíritus de Mumler encajaban en esa descripción de “forma confusa”, la mayoría de sus apariciones tenían facciones humanas y se entrecruzaban con los vivos. Eran espíritus, no fantasmas, y en esta diferencia residía el éxito de Mumler. Mumler retrataba lo que los espiritistas veían, que después de la muerte había un paraíso, con sus propias escuelas, granjas y relaciones personales, pero sin muerte.

El negocio de Mumler empezó a decaer a medida que sus apariciones empezaron a ser consideradas una estafa. Incluso algunos prominentes espiritistas se habían quedado atónitos al descubrir que algunos de los espíritus que aparecían en las fotografías de Mumler eran personas que todavía estaban vivas. En otros casos, se acusaba a Mumler de haber entrado en las casas de sus clientes y haber robado fotos de sus familiares muertos. Cartas enviadas a los periódicos dieron a conocer estas dobles-exposiciones, y la reputación de Mumler se resintió. Mumler no dijo nada, no se defendió, pero con el negocio a la baja decidió que era mejor mudarse a otra ciudad.

En 1868 Mumler llegó a Nueva York, ocho años después de sus inicios como fotógrafo espiritista. En Nueva York siguió con ese oficio y en tan sólo un año, en el que tomó unas 500 fotografías, se convirtió en el fotógrafo espiritista más conocido de la ciudad. Otra vez ese éxito lo puso en el punto de mira de los escépticos, esta vez fue el New York Sun el que envió a Charles Livermore, un financiero que era también espiritista, a tratar de desenmascarar el engaño.

Moses A. Dow con el espíritu de Mabel Warren

Livermore posó para Mumler y después lo acompañó al cuarto de revelado. La sesión de revelado parecía de lo más normal, hasta que, de manera sorprendente, otra figura apareció detrás de él, abrazándole. Livermore era escéptico hasta aquel momento, pero entonces creyó. Allí delante de sus ojos, de la nada, su esposa muerta había vuelto a él. Su espíritu le había atrapado. Allí estaba la prueba, la foto, para todos los escépticos y críticos.

El 16 de marzo de 1869, otro caballero visitó el estudio de Mumler en Broadway. Se presentó como William Bowditch y solicitó a Mumler un retrato con un familiar difunto. Después de pagar por la fotografía, pero no poder ver el espíritu prometido, Bowditch reveló que él también escondía un secreto: su nombre verdadero era Joseph Tooker y era en realidad un alguacil de la ciudad de Nueva York trabajando de incógnito – era el final de una investigación policial contra Mumler.

A principios de mes, un editor de ciencia del periódico World había hecho llegar al alcalde Hall las quejas contra Mumler de los miembros de una reputada sociedad de fotógrafos de Nueva York. Estos preocupados por mantener la fotografía como una medio veraz y fiable, y dándose cuenta de su extraordinario poder, expresaron su indignación contra el trabajo de Mumler y exigieron una acción inmediata. Tooker arrestó a Mumler el 12 de abril por “estafar a gente crédula con lo que él llamaba fotografías de espíritus”.

Espiritismo a los tribunales”, “Un fraude estupendo”, “El presunto timo de la fotografía espiritista” – los periódicos de Nueva York reflejaban en sus titulares la detención de Mumler. El interés que generó entre la población fue inmenso. El 21 de abril dio comienzo la vista preliminar, la sala estaba llena de espiritistas que se habían dado cita para mostrar su apoyo a Mumler. Para la prensa como para la acusación, William Mumler era sólo un símbolo, el verdadero acusado era el movimiento espiritista.

El juicio se abrió con la llamada al estrado del alguacil Tooker por parte del fiscal . Tooker relató detalladamente su sesión fotográfica con Mumler, y entonces, aparentemente convencido que el testimonio de Tooker era más que suficiente para el procesamiento, el fiscal concluyó su alegato.

El médium Herrod con algunos de sus “colaboradores”

Mumler había reunido un equipo de defensores un tanto pintoresco, liderado por John D. Townsned, un agresivo abogado. Los primeros testigos llamados fueron fotógrafos, todos ellos habían comprobado concienzudamente el trabajo de Mumler en su estudio sin detectar ninguna triquiñuela. A los fotógrafos les siguió un desfile de clientes. Uno a uno, estos corazones afligidos testificaron en defensa de su oráculo, aferrándose a sus fotografías, que se enseñaron a la sala y pasaron a convertirse en pruebas.

Livermore, el financiero enviado por The Sun, aseguró que era su mujer la que aparecía en sus fotografías, todos sus amigos lo corroboraban. “Fui allí con mi ojos abierto, como un escéptico”, dijo Livermore. Había tratado de ser más listo que Mumler: Aunque tenía cita para el martes, fue el día de antes, “para desconcertarlo. De repente, cambié de postura para frustrar cualquier preparativo… Estuve atento en todo momento”.

Quizás el testimonio más desgarrador fue el de Luthera Reeves, que identificó el espíritu de su foto con el hijo que había perdido. Su chico, explicó, había sufrido la misma desviación de columna que el espíritu. Así que, debía de ser él. Con estos testigos, la defensa había puesto en serías dificultades al fiscal: ¿Cómo podía Mumler ser acusado de engañar a gente que claramente sostenía ver a sus seres amados en las fotografías?

La acusación se dio cuenta que había cerrado su caso demasiado pronto, y de que el testimonio del alguacil sería insuficiente para probar el fraude de Mumler. Así que reabrió el caso y llamó a declarar a su propia batería de fotógrafos, cada uno de los cuales explicaba con sumo detalle como usando exposiciones dobles, cómplices disfrazados, lentes y otros trucos, Mumler podía crear sus apariciones. Uno de los fotógrafos explicó algunos de los errores de la foto de Livermore. El financiero proyectaba una sombra en una dirección, mientras que el espíritu de su mujer lo hacía en la otra, un efecto que sólo era posible conseguir con dos fuentes de luz diferentes. Las imágenes habían sido tomadas de manera separada. Era o una doble exposición o un negativo manipulado. Además, ¿Por qué debería un ser etéreo proyectar sombra alguna?

Barnum y el espíritu de Abraham Lincolm

Phineas Taylor “P.T.” Barnum fue llamado como testigo de la acusación y ofreció una de sus más grandes actuaciones. Como rey nacional de la farsa y el espectáculo, su apariencia en el tribunal causó sensación. Barnum había publicado hacía poco un libro sobre espiritismo, tachando a sus partidarios de “blasfemos saltimbanquis e impostores”. En ese mismo libro, Barnum hablaba de una compra de fotografías espiritistas unos años antes para su museo. Durante su testimonio, Barnum aseguró que la persona a la que había comprado esas fotografías no era otro que William Mumler. Según Barnum, él mismo había intercambiado cartas con Mumler, en las que este había confesado que sus fotografías eran falsas. Desafortunadamente, según dijo Barnum, esas fotos se habían perdido cuando se quemó su museo en 1865.

Barnum, en un intento de mostrar lo fácil que era fotografiar espíritus, mostró una foto suya con el mismísimo espíritu de Abraham Lincoln, una fotografía bastante similar a las que acostumbraba a hacer Mumler, y que el fotógrafo Abraham Bogardus había obtenido mediante la doble exposición.

El abogado defensor aprovechó la reputación de farsante que tenía Barnum para desacreditarlo, “es un hombre de apesta a fraude”. Cuando no pudo aportar ninguna de las cartas que supuestamente le había escrito Mumler, lo tachó de mentiroso. El abogado también le recordó algunas de las curiosidades que Barnum había exhibido en su museo, como la “Sirena de Feejee” o el “Caballo Lanudo”, y de ser uno de los más grandes charlatanes.

El 3 de mayo, Mumler, que no había dado muestras de nerviosismo durante el juicio, subió por primera vez al estrado para dirigirse al tribunal. Una vez más, no reconoció nada: “Aseguro que no he usado ninguna triquiñuela ni aparato, ni tampoco me he aprovechado de ningún fraude o engaño, a la hora de tomar las fotografías.

Cuando Mumler acabó, el abogado de la defensa y el fiscal comenzaron sus alegatos finales. Townsend habló durante dos horas y acabó asegurando que “hombres como estos habrían colgado a Galileo, si hubieran vivido en su día”. Su argumentación había sido larga pero poderosa y bien fundamentada. El fiscal, por el contrario, ofreció una errática disertación que iba desde las alucinaciones, pasando por los fantasmas bíblicos y la naturaleza pagana del espiritismo, hasta los nueve métodos de “fabricar” espíritus. “No hay prueba alguna de nada espiritual” en las fotos de Mumler, “sólo evidencias de que ciertas personas creen que existen”.

Y entonces, sin más dilación, el juez pronunció su veredicto. Un veredicto ambiguo y confuso. El juez daba la razón al fiscal afirmando que estaba “moralmente convencido” que Mumler utilizaba el “engaño y el fraude”. Sin embargo, ponía en libertad al fotógrafo. El fiscal había sido incapaz de señalar que engaños usaba Mumler y, entonces, no había caso.

Fue una decisión que no satisfizo a ninguna de las partes. ¿Tomó el juez la decisión más fácil? O ¿consideró que en cuestión de fe y creencias existen varios grados de realidad y de verdad, y él no tenía potestad para decidir sobre ellos? En cualquier caso, Mumler fue liberado, y sus camaradas del movimiento de la “nueva luz” celebraron la liberación de su mártir.

Mary Todd Lincoln con el espíritu de su esposo

Aunque Mumler había conseguido una cierta fama gracias al caso, su reputación y sus finanzas se habían resentido seriamente. Inmediatamente después del juicio decidió dejar Nueva York y volver a Boston, donde abriría otro estudio fotográfico, aunque mucho más modesto. Mumler continuó con su extraña profesión, fotografiando creyentes a los que proporcionaba sus dudosos consuelos. En esta época final es cuando Mumler realizaría su foto más famosa, la de la viuda de Abraham Lincoln con el espíritu de este.

Según una versión de la historia, Mary Todd Lincoln entró en el estudio de Mumler oculta bajo un velo negro y dando un nombre falso. Mary, destrozada por el asesinato de su marido y la muerte de tres de sus cuatro hijos antes de que cumplieran los 18, había recurrido hacía tiempo al espiritismo para obtener consuelo, pero se sabía muchos de sus trucos y fraudes. Decidida a no dejarse engañar, no reveló su rostro hasta justo el momento de la foto. Mumler no la reconoció, o eso aseguraba, hasta el momento de revelar la fotografía, el momento en que el espíritu de su marido apareció detrás de ella, apoyando sus manos sobre sus hombros.

Mumler moriría a los pocos años, en 1884. Su talento como fotógrafo sólo rivalizó con su talento como artista de la estafa, pero murió pobre, no consiguió recuperarse de los 3.000 dólares que le costó su defensa, una pequeña fortuna en aquella época. Pese a todas su vicisitudes, Mumler mantuvo hasta el final que él era “únicamente un mero instrumento” para la revelación de la “hermosa verdad”. Para que nadie pudiera probar lo contrario, Mumler destruyó todos sus negativos poco antes de su muerte.

+posts:
- La casa encantada de los Winchester
- 1835, cuando se descubrió vida en la Luna

+info:
- The Ghost and Mr. Mumler in historynet.com
- William H. Mumler in en.wikipedia.org
- The Mumler Mystery in The American Museum of Photography
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martes, 7 de julio de 2009

El pozo más profundo de la Tierra

En la península de Kola, cerca de la frontera con Noruega, se encuentra el pozo más profundo perforado jamás por el hombre. El objetivo inicial de los soviéticos era llegar hasta los 15.000 metros de profundidad tomando muestras y realizando mediciones que permitieran entender un poco más la naturaleza de la corteza terrestre. Años más tarde, no sería de estos resultados de los que se harían eco los tabloides, sino del supuesto descubrimiento del mismísimo infierno.

Exterior del pozo

Aunque es posible dibujar una sección detallada de la Tierra, esta está basada puramente en métodos geofísicos indirectos, en su mayoría métodos sísmicos. Mientras no se puedan realizar comprobaciones directas, siempre quedará un cierto grado de incertidumbre. En cierta manera, el conocimiento del interior de la Tierra es similar al que podríamos tener del cuerpo humano si todo su estudio se hubiera limitado a su observación a través de rayos X, pero jamás se hubiera examinado su interior.

Se sabe que las aéreas continentales de la corteza terrestre tienen un grosor medio de unos 30 km, grosor que se reduce a entre los 5 y 10 km bajo los océanos. En ambos casos, la corteza se encuentra situada sobre otra capa llamada manto, que puede ser detectada porque transmite las ondas sísmicas a una velocidad mucho mayor que la corteza. Si bien esa velocidad también varía dentro de la misma corteza.

Los soviéticos escogieron para la perforación de su pozo superprofundo un lugar en la inhóspita península de Kola, cerca de una explotación minera de níquel próxima a la superficie. En parte, el lugar se escogió para comprobar si existían otras vetas de ese mineral a profundidades mayores, como así fue. El 24 de mayo de 1970 comenzó la perforación. Mientras, se construía en torno al pozo una especie de colonia industrial para los trabajadores e ingenieros, todo para mantener la perforación activa las 24 horas del día.

El objetivo inicial era ambicioso, alcanzar los 15.000 metros de profundidad. Paradójicamente, aunque pueda parecer una gran profundidad, no dejaba de ser poco menos de un 1% de la distancia al centro de la Tierra. Los primeros cuatro años, la perforación avanzó rápidamente y el pozo alcanzó los 7.263 metros. En dos años más ya se habían superado los 9.583 metros, la profundidad del pozo que era hasta esa fecha el más profundo, el Bertha Rogers, en Oklahoma.

La broca de 4 conos, también las había de 6

Conceptualmente, perforar la tierra es fácil. Un taladro rotatorio es colocado dentro de un pozo y va destruyendo el fondo del agujero y así el pozo se va haciendo más y más profundo. Diferentes fluidos se hacen circular por el taladro con el fin de refrigerarlo. Cuando el taladro se gasta, se cambia. Aunque lo esencial era bien conocido, la perforación a grandes profundidades lo complicaba todo.

Hasta los 7.000 metros, los soviéticos pudieron emplear equipos estándar provenientes de la industria petrolífera y gasística. A partir de ese punto, al no existir ningún referente anterior de perforación a esas profundidades, se tuvieron que desarrollar nuevas técnicas y maquinaría, utilizando el método de prueba y error. Los soviéticos tuvieron que afrontar numerosas dificultades, aunque el principal problema que se encontraron fueron las altas temperaturas a las que tenía que trabajar la broca, lo que hizo que se tuvieran que idear sistemas de refrigeración y brocas capaces de trabajar a más de 300 grados.

Para continuar con la perforación, se tuvo que diseñar una nueva perforadora, la Uralmash 15000, especialmente ideada para la perforación a altas profundidades. Se trataba de una turbo perforadora (turbodrill, en inglés) , un invento perfeccionado por los soviéticos a finales de la década de 1940. A diferencia de las perforadoras tradicionales de rotación, en este sistema la columna de perforación se mantiene inmóvil y sólo gira la broca montada en el extremo inferior, reduciéndose así la tensión a la que es sometida toda la columna. Un mecanismo hidráulico hace girar la broca por la acción del lodo bentonítico a presión que circula a través de ella y que es bombeado desde la superficie.

Sala de control de la perforación

Sin embargo, el sistema también tiene desventajas. La más importante es el desgaste que sufren las brocas, que giran a más revoluciones que en un sistema rotatorio. Este desgaste, unido a la menor calidad de los materiales que solían usar los soviéticos, hacía que el tiempo dedicado a la substitución de las brocas y otras tareas de mantenimiento redujera el tiempo efectivo de perforación y, en definitiva, fue uno de los factores principales que hizo que la mayoría de perforaciones soviéticas fueran mucho más lentas que las occidentales.

Otro problema que se encontraron los ingenieros de Kola, en este caso debido a la gran profundidad del pozo, fue el del propio peso de la columna de perforación. Pese a utilizarse aleaciones ligeras de aluminio, la columna, de 147mm de diámetro, junto con el lodo de perforación pesaba más de 200 toneladas. En el caso del pozo de Kola, se utilizaron tres tipos diferentes de aleaciones de aluminio, para la sección más profunda, una adecuada para las altas temperaturas, mientras que la de la parte superior otra que primaba la resistencia.

Otro avance que se empleó en la perforación del pozo fueron las brocas retráctiles. Un sistema que permite cambiar de broca ya sea para adecuarse a la dureza de la roca o cuando se desgastan, sin necesidad de extraer toda la columna de perforación. Lo cual permitía reducir substancialmente el tiempo necesario para este tipo de operaciones.

Los ingenieros de Kola también tuvieron que idear aparatos especiales para realizar mediciones físicas directamente en el fondo del agujero, antes de que las muestras de roca (los “cores”) fueran subidas a la superficie. De manera similar a como ocurre con los peces que viven a grandes profundidades, que cuando son subidos a la superficie tienden a explotar, cuando las muestras de roca eran sacadas a la superficie se deformaban debido a sus elevadas presiones internas.

Secciones de tubería de la columna de perforación

Cuando ya se llevaba casi 13 años de trabajos, en 1983, la perforación alcanzó los 12.000 metros, pero los trabajos se detuvieron. Se aproximaba el Congreso Internacional de Geología, que ese año tocaba celebrar en Moscú. El congreso dedicó un monográfico al pozo de Kola, durante el que se hicieron públicos algunos de sus descubrimientos. La pausa duró todo el año y parece ser que contribuyó a la fatídica avería del 27 de setiembre de 1984. Ese día, durante la maniobra de retirada de la corona del taladro, este se atascó, presumiblemente, porque la columna de perforación quedó atrapada en una sección elíptica del agujero. Todos los intentos para resolver el atasco tratando de subir la columna resultaron inútiles.

Al final, la tensión a la que se vio sometida la tubería acabó provocando su rotura a los 7.000 metros de profundidad. La rotura ocurrió en una parte cavernosa (zonas en las que el diámetro del pozo es muy superior al diámetro nominal del taladro) del agujero y la parte superior de la columna se desvió. Los intentos para volver a conectar con la sección perdida de la tubería resultaron infructuosos. Se habían perdido 5 años de trabajo, 5.000 metros de tuberías habían quedado atrapados en el fondo del pozo.

Ante esta situación, se decidió que antes de continuar con la perforación era necesario hacer el agujero más ancho y colocar un “envoltorio”, una tubería exterior, para estabilizar las secciones cavernosas de la parte superior del pozo, que eran las más inestables. El diámetro del pozo se amplió hasta los 295mm de diámetro y se colocó una tubería exterior de 245mm hasta los 8.000 o 9.000 metros de profundidad. Durante la operación para hacer más ancho el pozo, a la profundidad de 7.000 metros, el taladro se desvió de su anterior trayectoria y se continuó perforando un nuevo pozo lateral de 295mm de diámetro. Una vez se acabó de colocar la tubería exterior, la perforación siguió con un diámetro de 215.9mm.

Se tardarían casi 5 años en llegar a la profundidad anterior a la rotura, pero en 1989 se llegó a los 12.262 metros. Durante ese año, se esperaba que el pozo pudiera alcanzar los 13.500 y en otros cuatro años más, los 15.000. Sin embargo, las temperaturas que se estaban encontrando durante la perforación eran muy diferentes de las esperadas. A diferencia de lo ocurrido durante los primeros 3 kilómetros de perforación, en los que la temperatura coincidía con las predicciones (apenas un grado de incremento por cada 100 metros), a partir de esa profundidad, el incremento de la temperatura empezó a ser mucho más rápido.

Broca retráctil en modo funcionamiento y en modo de “transporte”. Foto original Aquatic Company

A los 10.000 la temperatura alcanzaba ya los 180 grados, mucho más de los 100 que se habían pronosticado. De seguir así la progresión, la temperatura a 15.000 metros de profundidad hubiera sido de unos 300, lo cual hubiera impedido al taladro trabajar. Con estos datos se consideró imposible continuar con la perforación y en 1992 se decidió detener los trabajos.

En otras perforaciones de alta profundidad también habían aparecido discrepancias entre temperaturas esperadas y encontradas. Este había sido el caso de una perforación llevada a cabo en Azerbaiyán, también por los soviéticos. Aunque, en ese otro caso, las divergencias se produjeron a la baja, a 7.500 metros de profundidad la temperatura era de 133, por debajo de los 150 previstos, aunque, en esa ocasión, los científicos achacaron las diferencias a la ausencia de actividad magmática en la zona.

Pese a todo, la perforación de Kola se podía considerar un éxito. Se había atravesado un tercio de la corteza continental báltica, que se supone que es de unos 35 kilómetros de grosor, y había permitido sacar a la luz piedras de 2.700 millones años de antigüedad. Los científicos habían llevado a cabo numerosos estudios geofísicos sobre la estructura profunda de la placa báltica, las discontinuidades sísmicas y el régimen termal de la corteza terrestre.

Pero uno de los descubrimientos más fascinantes fue el hecho de no encontrar cambio de velocidades sísmicas en la hipotética transición entre granito y basalto dentro de la corteza. Este hecho tiró por tierra la teoría del geofísico Harold Jeffreys, y que hasta la fecha era aceptada como hipótesis de trabajo por la mayoría de geólogos. Según la teoría del británico, el “salto” de velocidad de propagación sísmica dentro de la corteza se debía al paso del granito al mucho más denso basalto.

Sorprendentemente, a esa profundidad se encontró una capa de roca metamórfica, que se extendía entre los 5 y 10 kilómetros de profundidad. Era precisamente en el fondo de esta capa donde se producía el esperado cambio de velocidad de propagación. Además, las rocas de esta capa se encontraban muy fracturadas y saturadas de agua. Encontrar agua a esas profundidades también resultó del todo inesperado. Los geólogos creyeron que ese agua, a diferencia del agua superficial, debía provenir de minerales de las capas más profundas de la corteza, pero que le había resultado imposible llegar a la superficie por culpa de alguna capa de roca impermeable.

Otro descubrimiento inesperado fue la gran cantidad de hidrógeno, que contenían los lodos extraídos. Los lodos parecían hervir por el hidrógeno que se escapaba de ellos. También resultó sorprendente comprobar que la densidad de las rocas bajaba a grandes profundidades. Cerca de la superficie, la densidad tiende a crecer con la profundidad, pero a una profundidad de unos 4.500 metros se registró un repentino descenso de la densidad y un incremento de su porosidad y permeabilidad.

Sello soviético conmemorativo del Pozo Superprofundo de Kola, 1987

Según Yuri Yakolev, un geólogo que trabajó en Kola, no se esperaba encontrar pruebas de vida a grandes profundidades. Sin embargo, a medida que la broca iba penetrando a través de capas alternativas de rocas ígneas, se encontraron, aparte del agua, acumulaciones de gas y algunas sales de iodo y bromo. Incluso cuando se alcanzaron los 6.000 metros se encontraron fósiles microscópicos, entre los que se identificaron 24 especies distintas de plancton.

Sin quitar importancia a estos descubrimientos, resulta un tanto paradójico que pese a todo el esfuerzo y los años de perforación decicados, muy a menudo la mayoría de geólogos occidentales no usen ni hagan referencia a los datos y mediciones de Kola, sino que prefieren los del pozo alemán KTB, de sólo 9.121 metros. Tal vez, porque los resultados de Kola no fueron nunca presentados de manera sistemática a los científicos occidentales. Tal vez, porque la principal razón para la construcción del pozo no era ningún objetivo científico en particular, sino el triunfo de conseguirlo.

En la actualidad, el pozo es gestionado por una empresa estatal rusa, que mantiene operativo un laboratorio geológico profundo, a 8.578 metros de profundidad y 214 mm de diámetro. Su futuro no está del todo claro y parece ser que se ha barajado su destrucción.

PS: Parece ser que el pozo de Kola sirvió de inspiración para la leyenda urbana de “El Pozo al Infierno”. En 1989 la Trinity Broadcasting Network, una red de televisión americana de inspiración cristiana, se basó en informaciones aparecidas en periódicos finlandeses para informar de la existencia de una perforación en el Óblast de Murmansk (el mismo en el que se encuentra la península de Kola), tan profunda que durante su perforación habían llegado al mismísimo infierno.

Según la leyenda, los rusos habían perforado un agujero de 14.5km de profundidad antes de encontrarse con una cavidad. Intrigados por el extraño descubrimiento, decidieron bajar unos micrófonos muy resistentes al calor hasta la caverna. La temperatura allí abajo era de 1.100 grados y entre las llamas se podían escuchar voces humanas chillando.

Fotos originales (excepto la del sello y el taladro retráctil): Kola Institute, via wired.com

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- El mensaje de la Pioneer para los extraterrestres

+info:
- Pozo Superprofundo Kola en es.wikipedia.org en.wikipedia.org
- Russians plan dramatic expansion of effort in Earth drilling in The New York Times
- Advanced drilling solutions By Yakov A. Gelfgat, Mikhail Y. Gelfgat, Yuri S. Lopatin in googlebooks
- Horizonte de Pilar Benejam en googlebooks
- Technology and Soviet Energy Availability (PDF) by Congress of the United States
- The World's Deepest Hole by Larry Gedney in Alaska Science Forum
- The Deepest Hole in Damn Interesting
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lunes, 29 de junio de 2009

De cómo la ciudad Rey Don Felipe se convirtió en Puerto del Hambre

Murieron como perros en sus casas, vestidos, hasta que el pueblo estuvo finalmente impregnado por el hedor de los muertos”. Así describía el pirata inglés Thomas Cavendish lo que se encontró a su llegada el año 1587 a Rey Don Felipe, una de las dos colonias españolas del Estrecho de Magallanes fundadas, precisamente, para bloquear el paso de piratas enemigos a través de ese estrecho. La otra se llamaba Nombre de Jesús.

Una idealizada visión del estrecho y de Ciudad Rey Don Felipe

El 21 de agosto de 1578, el pirata Francis Drake cruzó el Estrecho de Magallanes para adentrarse en el océano Pacífico, donde aprovecharía para saquear una buena cantidad de naves españolas y atacar por sorpresa varias ciudades de la costa pacífica. El virrey del Perú, Francisco de Toledo, alarmado por estas correrías envió dos navíos en su captura, al mando de uno de ellos estaba Pedro Sarmiento de Gamboa. Las naves llegaron a la boca occidental del estrecho el de 21 de enero de 1580 y salieron por la oriental el 24 del mes siguiente.

Sarmiento, aunque lo intentó, no consiguió alcanzar al pirata y sólo le quedó la opción de aguardar a que este decidiera volver por el mismo camino, el Estrecho de Magallanes. No sería así, Drake puso rumbo al Pacífico, pero Sarmiento aprovechó para explorar el estrecho. A su vuelta a España, Sarmiento dio cuenta de su misión y recomendó “poblar y fortificar el Estrecho de Magallanes, con elementos y armas que se sean necesarios para asegurar el cierre del tránsito de naves enemigas”.

Felipe II se mostró de acuerdo con la proposición de Sarmiento por lo que dispuso una expedición con el objetivo de colonizar el estrecho. La gran flota zarpó del puerto de Sanlúcar de Barrameda el 27 de septiembre de 1581, estaba compuesta por 23 navíos y casi 2.000 personas de las cuales 350 iban como futuros pobladores y 400 soldados para la defensa de los fuertes que se construirían. El mando de la armada fue confiado al capitán general Diego Flores de Valdés, con la disconformidad de Sarmiento de Gamboa, que fue nombrado gobernador del estrecho.

La elección de Flores de Valdés fue un error. A causa de su falta de pericia, durante la travesía hasta Brasil murieron más de 150 personas, otras 200 fallecieron en el fondeadero carioca donde invernaron, donde además desertaron varios soldados. 300 colonos más se hundieron con el barco Arriola, otras cuatro naves también naufragarían. A comienzos 1583, y sin haber llegado aún a su destino, la flota había quedado reducida a sólo 9 navíos.

Aquí se fundó la Ciudad de Rey Don Felipe. Foto original por Patagón

Más de un año después de su partida, el 17 de febrero de 1583, la flota, de ya sólo 5 naves, consiguió llegar a la boca atlántica del estrecho. Cuando parecía que el objetivo estaba cerca, los vientos les impidieron adentrarse en el estrecho. Harto de los contratiempos, Flores Valdés ordenó el regreso definitivo hacia España. Pero en Río de Janeiro se encontraron con 4 carabelas de socorro y, ante el inesperado refuerzo, Sarmiento decidió intentarlo de nuevo al año siguiente.

Esta vez sí que consiguió desembarcar, cargando una enorme cruz de madera y seguido de 177 soldados, 48 marineros, 58 colonos, 13 mujeres y 10 niños. En una emotiva ceremonia, espada mano, tomó posesión de las tierras enarbolando el pabellón del Rey Felipe. A poco de montar un fuerte, una tempestad cortó las amarras de la escuadra y la arrastró mar afuera. Después de diez días de lucha contra el mar, el capitán Diego de Ribera comprobó que todo intento de arrimarse a la colonia resultaba inútil y puso rumbo a España.

El 5 de febrero de 1584, cerca de cabo Vírgenes, Sarmiento plantó la Ciudad del Nombre de Jesús. El plan original de construir dos fortificaciones había sido sustituido por el de la fundación de dos poblados. A los pocos meses, Sarmiento de Gamboa junto con un centenar de la población emprendió el camino para la fundación de la segunda colonia, una cincuentena más los acompañaban a bordo de la Santa María de Castro, la única nave que aún le quedaba.

La marcha fue dura, a los pocos días caminaban descalzos porque las alpargatas podridas se les habían roto, las raciones empezaron a escasear y tuvieron que alimentarse de frutas silvestres y mejillones. Durante la travesía se encontraron con un grupo de
indios, el encuentro, que en un principio parecía amistoso, acabó con un enfrentamiento que se saldó con doce soldados heridos y uno muerto.

Sello chileno conmemorativo de los 400 años de la fundación de las colonias, en el que aparece Sarmiento de Gamboa

Mientras tanto, las ciento ochenta personas que quedaron en Nombre de Jesús construían e intentaban trabajar la tierra. El propio Sarmiento de Gamboa durante sus primeros viajes de exploración había pensado la posibilidad de plantar ciertas especies vegetales. Sin embargo, esas ideas resultaron ser sólo fantasías infructuosas. Las especies vegetales que se plantaron eran del todo inapropiadas para las condiciones ambientales de la región y los resultados fueron decepcionantes.

Después de una larga travesía de quince días a pie, en la que recorrieron unos 200km, el 25 de marzo de 1584, la expedición llegó al lugar donde se establecería la segunda colonia: Rey Don Felipe. Después de trazar la trama urbana, empezaron a construir una empalizada perimetral, alojamientos, depósitos de municiones y hasta un cabildo y una iglesia. Pese a la gran distancia que separaba ambas colonias y de no disponer de medios de transporte, la población de desplazó entre los asentamiento en diversas ocasiones. El entorno de Rey Don Felipe era rico en madera, pero no en alimentos.

Los primeros meses no fueron fáciles en ninguna de las dos colonias, y serían sólo un anticipo de las dificultades a las que tendrían que hacer frente hasta su final. Lo habitual era que cuando se establecía una nueva colonia en sus primeros momentos recibiera el apoyo de la metrópoli y de otros enclaves cercanos, en el caso de las ciudades del estrecho esto no fue posible, por lo que desde el principio tuvieron que hacer frente a una terrible escasez de provisiones. El racionamiento parecía ser la mejor solución.

La falta de comida se veía agravada por el forzado aislamiento, la escasez de abrigo y un clima desfavorable. Con la llegada de la nieve y el frío, los colonos rápidamente entendieron que la creencia que el clima sería benigno había sido una mera ilusión. Pero aún había más, el temor a los indígenas se iba acrecentando a medida que se sucedían sus ataques. La situación hace que el desánimo se extienda y los amotinamientos se sucedan.

En mayo, Sarmiento se embarcó de regreso a Nombre de Jesús. A su llegada a la ciudad, debe ajusticiar a los responsables de un motín. El fundador, además, se enteraría de que durante su ausencia un grupo de 40 personas había partido hacia Rey Don Felipe, de los que nunca se vuelve a saber nada. Viendo la situación en que se encuentran los dos enclaves, Sarmiento decide regresar a España a la búsqueda de provisiones y ayuda. Había imaginado grandes fortalezas, pero sólo había conseguido establecer dos precarios y débiles poblados.

La costa cerca de Puerto de Hambre. Foto original por Patagón

A los pocos meses de la marcha de Sarmiento, en agosto del 1584, los hambrientos pobladores de Nombre de Jesús, salvo unos pocos, decidieron seguir sus huellas y dirigirse a Rey Don Felipe. Sólo dos tercios sobrevivieron a la extenuante caminata, para enterarse de que en Rey Don Felipe la situación era igual de mala. El jefe militar del asentamiento decide acoger a unos pocos, pero al resto se le ordena que vuelvan a Nombre de Jesús.

Mientras tanto, Sarmiento había tomado rumbo norte. Ya en Brasil, las autoridades lusitanas le ofrecieron apoyo y ayuda, en aquel tiempo Felipe II era también rey de Portugal. Sarmiento, decidido a cumplir con la palabra dada a sus colonos, zarpa a bordo de la Santa María de regreso al estrecho. La expedición acabó en naufragio, se perdió la nave y sólo consiguieron salvar la vida Sarmiento y un fraile. A su vuelta el gobernador de la ciudad de Bahía vuelve a ofrecer ayuda a Gamboa, y hasta le regala un navío. Esta vez, tampoco conseguiría llegar al estrecho, la tripulación se amotinó atemorizada por las fuertes tempestades. Sin otro recurso y sin noticias de los refuerzos que había pedido una y otra vez a la Corona, decidió regresar a España. Era el año 1586, habían pasado poco más de dos años de la fundación de las colonias.

Nuevos infortunios le aguardaban por el camino. Primero, fue capturado por el pirata inglés Walter Raleigh que lo llevó a Inglaterra donde fue presentado ante la reina Isabel que le dio una “carta de paz” para Felipe II y lo liberó. En su camino de vuelta a España, otra vez fue capturado, esta vez por un capitán hugonote, que lo mantuvo preso casi tres años en el sombrío castillo de Mont de Marsan, hasta el 1588. Sarmiento fue liberado a cambio de un rescate de 6.000 ducados y 4 buenos caballos, que pagó Felipe II. Pero el soberano no se mostró tan sensible ante sus desesperadas súplicas para socorrer a los colonos del estrecho. De todas maneras, probablemente ya no quedaría ninguno vivo.

Restos humanos encontrados durante la excavación de Nombre de Jesús. Foto de Ximena Senatore en La Nación

Desde la marcha de Sarmiento la situación en las colonias no había hecho más que empeorar, después de dos rigurosos inviernos, durante el otoño de 1585, cuando ya se había perdido toda esperanza de recibir ayuda desde España, el jefe militar de Rey Don Felipe ordenó construir dos pequeñas embarcaciones, con la intención de llegar a Chile. Fue una nueva decepción. El intento resultó infructuoso, una de ellas se hizo pedazos en los arrecifes y la otra apenas consiguió volver al punto de partida después de perderse por los canales y fiordos.

Al finalizar el invierno del 1586, la población de Rey Don Felipe se había visto reducida a tan sólo 15 hombres y 3 mujeres, a los que el hambre empujó de nuevo hacia Nombre de Jesús. A medio camino, el 7 de enero de 1587, divisaron tres navíos. Un grupo de soldados se adelantó para averiguar, con desazón, que formaban parte de la flota de Thomas Cavendish. De todos modos, se acercaron. Los ingleses prometieron dejar a los sobrevivientes en el “primer puerto de cristianos”. Un soldado llamado Tomé Hernández fue el único que se marchó con ellos. No queda claro si los demás no se fiaron de la oferta, o simplemente los ingleses no los esperaron para aprovechar vientos favorables. Tomé Hernández se convertiría así en el único superviviente conocido de las poblaciones de Nombre de Jesús y Rey Don Felipe, de los 14 hombres y 3 mujeres que quedaron en tierra, nunca más se supo.

Antes de pasar al Pacífico, Cavendish decidió visitar Rey Don Felipe para hacer acopio de leña y agua. De paso, se apoderó también de varías piezas de artillería que los colonos habían enterrado. Cavendish quedó impresionado por la situación que encontró, un cadáver aún pendía de la horca, otros se descomponían en las chozas. Fue entonces cuando el inglés dijo aquello de “murieron como perros en sus casas, vestidos, y así los encontramos a nuestra llegada” y rebautizó la colonia como “Port Famine” (Puerto Hambre), nombre que ha llegado hasta nuestros días.

Tomé consiguió escapar de los ingleses al llegar al primer puerto español, Quintero, en el actual Chile, e hizo su primera declaración oficial sobre lo ocurrido ante las autoridades españolas. Mencionó las dificultades que los colonos habían tenido que hacer frente: escasez de víveres, dificultad para conseguir alimentos, la adversidad del clima y la hostilidad de los indígenas. En el momento de su marcha, unos pocos permanecían con vida: “quince hombres y tres mujeres”.

Puerto del Hambre en la actualidad. Foto de Olivier Vuigner

Años más tarde, en 1590, otro barco inglés, “The Delight”, visitó Puerto Hambre encontrando un único superviviente, del que se desconoce el nombre, pero que dijo a los ingleses que vivía sólo en una cabaña desde hacía bastante tiempo y se alimentaba de lo que cazaba. Después de haber resistido seis años en el estrecho, sus días acabarían en el fondo del mar. El Delight naufragaría durante su trayecto de vuelta cerca de Cherbourg y entre los seis supervivientes no habría ningún español.

La colonización del estrecho había acabado en tragedia. La escasez de alimentos fue una constante durante toda su existencia hasta el punto de que la comida se convirtió en el más preciado botín. Los análisis de los esqueletos encontrados en las dos colonias demuestran que sus habitantes fueron víctimas de la malnutrición antes incluso de su llegada al estrecho.

Como era habitual, la Corona aportó una serie de provisiones para asegurar la alimentación durante el viaje y el primer abastecimiento del poblado. También se solía llevar ganado y animales de granja. Sin embargo, en el caso de las colonias del estrecho, el gran número de dificultades y pérdidas durante la travesía provocaron la pérdida de la mayor parte de estos animales, como atestigua las escasas referencias en los escritos de Sarmiento a las especies trasladadas. Las escasez de ganado y posiblemente su falta de adaptación al entorno fue sin duda un factor importante en el fracaso de la colonia.

Ante la falta de animales de cría, al acabarse las provisiones, la búsqueda de recursos locales se convirtió en una cuestión crítica. Pese a desconocer los animales y los vegetales que podían ser consumidos, los pobladores no desfallecieron en su intento de encontrar raíces, frutas, marisco o caza: “avestruces grandes, y hallábase algunos huevos de ellos, que son de buen sabor, y muchas uvas negras de espino, que nos recreaban y satisfacían a la necesidad y hambre”.

El chileno Fuerte Bulnes, fundado en 1843

Los trabajos arqueológicos llevados a cabo en los poblados por las arqueólogas argentinas Mariana De Nigris y Ximena Senatore confirman que los colonos no se limitaron a esperar la llegada de provisiones, que nunca llegaron, sino que hicieron amplio uso de los recursos que la zona les ofrecía. En las excavaciones se han encontrado muy pocos restos de animales domésticos, algunos huesos de cerdo y perro, pero si muchos de las aves del estrecho, que se debieron convertir en una fuente muy importante de grasas. Una de las especies más consumidas fue la de los cormoranes.

Los españoles también cazaron y se alimentaron de los guanacos. Aunque, por desconocimiento, no aprovecharon todo lo que este animal, parecido a las llamas, podía ofrecerles, su tuétano, cuyo aprovechamiento hubiera podido resultar vital para los colonos, y que los cazadores-recolectores que habitaban la zona sí que consumían. También se han encontrado algunas evidencias de consumo de lobos marinos, aunque parece ser que este no fue nunca no muy intensivo, así como aprovechamiento de mejillones y lapas.

De esta forma, las peripecias de la travesía sumadas a las condiciones verdaderamente extremas del Estrecho de Magallanes llevaron a los colonos a no poder mantener muchos de los recursos incluidos en su economía de subsistencia tradicional, teniéndose que enfrentar con recursos poco familiares o nuevos. Otras colonias españolas afrontaron situaciones similares, pero las del estrecho tuvieron que hacer frente a la fatídica particularidad de su ubicación marginal respecto a la metrópoli y a otras colonias, lo que imposibilitó cualquier tipo de comunicación para obtener víveres y provisiones.

El fracaso de los colonos contrasta con el hecho de que la región sí que fue capaz de mantener una población indígena nómada de cazadores-recolectores durante milenios. Tal vez, el factor más determinante para el fracaso de los dos asentamientos fue la imposibilidad de establecer relaciones amistosas con los nativos, lo cual, de haberse conseguido, hubiera sido de gran ayuda para aclimatarse a un entorno tan duro y desconocido.

En cualquier caso, teniendo en cuenta los recursos de la época, incluso con una mejor planificación, mejor fortuna y no habiendo cometido los errores que se cometieron, la colonización de una zona tan dura y remota, probablemente, también hubiera resultado imposible. En 1843, casi 300 años después de la llegada de Sarmiento y sus colonos al estrecho, cuando Chile pretendía imponer su soberanía en el estrecho, el mismo clima inhóspito forzó a los chilenos a trasladar su asentamiento original de Fuerte Bulnes a un lugar más favorable, donde fundaron Punta Arenas. Después de 6 años, Fuerte Bulnes, situado a 2km del original Puerto del Hambre, tampoco había sido capaz de mantener una población estable y numerosa.

+ posts:
- Blas de Lezo y Olavarrieta, el almirante que derrotó a Inglaterra
- La colonia perdida de la isla de Roanoke en Historias con Historia
- La desaparición de los vikingos de Groenlandia

+info:
- La ciudad de Nombre de Jesús
(PDF), por Mariana E. De Nigris y Maria Ximena Senatore para la revista Telar
- Cabo Vírgenes, Extrema Argentina en La Nación
- Prisoners of starvation in Australian National University E Press
- Nombre de Jesús y Rey Felipe por Ricardo E. Polo
- El puerto del hambre por Jesús Veiga Alonso
- Hallan restos de una colonia de 1584 en La Nación
- Historia general de Chile por Diego Barros Arana in googlebooks
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lunes, 22 de junio de 2009

El hombre que dejó de ser Phineas Gage

El 13 de setiembre de 1848, un terrible accidente ocurrió en las obras del ferrocarril en las afueras de Cavendish, Vermont. Tras una explosión accidental, una barra de hierro salió disparada y atravesó el cráneo de uno de los trabajadores. Todo se temían lo peor, pero no fue así, es más, a los pocos minutos el joven trabajador había recuperado la consciencia y el habla. Aparentemente, todo un milagro, sólo el tiempo permitiría comprobar las sorprendentes secuelas.

La calavera y el “hierro” de Phineas. Foto original NeuroPhilosophy

Phineas Gage trabajaba en la construcción del Ferrocarril Rutland & Burlington. Phineas y su cuadrilla se encargaban de abrir un paso en un tramo rocoso del trayecto del futuro ferrocarril mediante el uso de explosivos. Como cualquier otro día, era Phineas quién decidía donde perforar los agujeros en la roca, y cuanta pólvora poner en cada uno de ellos. Primero colocaba la pólvora, el detonador y, finalmente, la arena. Después compactaba la mezcla con una barra de metal.

Sin embargo, ese 13 de setiembre Phineas se distrajo y olvidó colocar la arena antes de introducir la barra. Sin la tierra, la barra chocó con la piedra y causó una chispa que hizo que la pólvora explotara. Eran las 4.30 de la tarde, cuando la barra de metal salió disparada y atravesó la cabeza del joven capataz, sólo tenía 25 años. La barra, de un metro de largo y más de tres centímetros de diámetro, entró por su mejilla izquierda y salió por la parte superior del cráneo. Fue tal la potencia con la que salió despedida la barra, que aún pesando 6 kilos, acabó “aterrizando” a unos 30 metros de distancia.

Todos se temieron lo peor, pero Phineas no murió. Aunque es muy probable que permaneciera inconsciente por un período corto de tiempo, a los pocos minutos caminaba sin problema ni necesidad de ayuda, y tomó cómodamente asiento en un carro de bueyes en el que sus compañeros lo llevaron a la ciudad más próxima para recibir atención médica.

Aunque no fue el primero en llegar, el Doctor John Martin Harlow se hizo cargo del caso. En su primer reconocimiento, Harlow, pese a ser un hombre acostumbrado a la cirugía militar, describe la estampa como “tremenda”, la cama en la que Phineas estaba estirado y el propio Phineas estaban empapados en sangre a causa de la profunda hemorragia. Sin embargo, Harlow afirmó que el paciente soportaba sus dolores con una firmeza heroica, además, parecía totalmente consciente.

La actuación de Harlow salvó la vida de Phineas. Harlow consiguió detener la hemorragia y se las arregló para que la infección no se extendiera. Pero a pesar de los cuidados que le proporcionó a Gage, la recuperación de este fue larga y difícil. Una infección posterior casi le deja semi-comatoso.

La noticia del accidente en el ejemplar del Boston Post del 21 de setiembre de 1848

El Doctor Harlow describe progreso de la recuperación de Gage: El 7 de octubre volvió a caminar. El 20, describía su comportamiento como “muy infantil”, aunque con las “pasiones animales de un hombre fuerte”. Después del accidente raramente hablaba a no ser que alguien le preguntara, y solía responder con monosílabos. A mediados de noviembre, Gage empezó a sentirse mucho mejor y decía no sentir dolor en su cabeza. Al mismo tiempo, Gage empezó a mostrar un deseo muy fuerte de volver con su familia y empezó a resultar “difícil de controlar por su amigos”. Harlow estaba convencido de que si se le podía controlar, Gage podría recuperarse.

Aparte de la pérdida de visión en su ojo izquierdo y una ligera desfiguración y parálisis en su cara, la recuperación física de Gage en abril del 1849 parece ser completa. Sin embargo, Gage fue incapaz de recuperar su puesto de encargado. Según Harlow, Gage había cambiado. Antes del accidente era una persona trabajadora, responsable, estimada y valorada, tanto por sus subordinados como por sus jefes, que lo consideraban “el capataz más eficiente y capaz”. Pero esos mismos jefes, después de su accidente “consideraron su cambio de carácter tan marcado que no le volvieron a dar su puesto”.

En 1868, 20 años después del accidente, Harlow describiría con más detalle los cambios psicológicos experimentados por Gage y que, según él, le habían impedido, entre otras cosas, recuperar su antiguo empleo de capataz. Según Harlow “el equilibro entre sus facultades intelectuales y sus instintos animales, parecía haber sido destruido”. Gage se volvió inconstante, irreverente, blasfemo e impaciente. A veces era obstinado cuando le llevaban la contraria y solía mostrarse caprichoso. No paraba de idear planes futuros que “abandonaba al poco de idearlos”.

La madre de Gage dijo a Harlow que Gage solía entretener a sus sobrinos y sobrinas con multitud de historias fantásticas sobre sus aventuras, aventuras todas ellas imaginadas. Gage desarrolló un afecto especial hacia los animales y los niños, sólo superado por su apego a “su” barra de hierro, a la que se refería como “mi hierro” y que se convirtió en su compañera inseparable durante el resto de su vida. Por último, Harlow insiste en que Gage era muy bueno a la hora de “encontrar siempre algo que no le convenía”. Todo esto a pesar de que antes del accidente, volvía a remarcar, era una persona responsable y equilibrada.

Varios diagramas contenidos en el “Passage of an Iron Bar through the Head” Dr. Harlow

Tan radical fue su cambio que sus amigos y conocidos le llamaban “no longer Gage” (ya no es/dejo de ser, Gage). Phineas ya no era la misma persona y era mucho más agresivo. Se dice que después del accidente fue incapaz de mantener un trabajo por mucho tiempo, ya que los abandonaba o le acababan echando por sus continuas riñas con sus compañeros.

Ante la imposibilidad de volver a su antiguo trabajo, Gage, su herida y su barra de hierro se convirtieron en una atracción en el Museo Americano de P. T. Barnum en Nueva York, con el que iría de gira por las ciudades más importantes de Nueva Inglaterra. Más tarde, Gage encontraría trabajo en una cuadra de caballos en New Hampshire, para más tarde marchar a Valparaíso, en Chile, y convertirse en conductor de diligencias.

Durante su estancia en Chile, su salud empezó a recaer y en 1859 decidió volver a San Francisco con su familia. Gage necesitó varios meses para recuperarse del largo viaje de vuelta, que unido a la enfermedad lo había dejado extremadamente débil. Una vez recuperado, Gage trabajó en una granja en Santa Clara. Pero tan sólo unos meses después, en febrero de 1860, empezó a tener la primera de una serie de violentas convulsiones, “incuestionablemente epilépticas”. Los ataques fueron gradualmente creciendo en intensidad y el 18 de mayo Gage decidió volver a casa de su madre, donde sufriría otras cuantas series.

El día 21 de mayo de 1860, los ataques pudieron con él y Gage murió. El Doctor Harlow no se enteraría de su muerte hasta 1866. Fue entonces cuando empezó a cartearse con su familia. A petición suya, el cuerpo de Gage fue exhumado para coger su calavera y “su” hierro (no está del todo claro si fue enterrado con él o no). Después de estudiar cuidadosamente tanto la calavera de Gage como la barra de hierro, Harlow las depositó en el Museo Warren de la Facultad de medicina de la Universidad de Harvard, donde hoy aún permanecen.

Phineas Gage según varios autores, el más exacto el D. Crítica de ellos aquí

Contra todo pronóstico, Gage había sobrevivido durante 11 años y medio, pero ¿cómo había podido sobrevivir a la herida y sobrevivir todo este tiempo? Harlow aducía cuatro factores: Una capacidad de resistencia y una voluntad difícilmente igualables. La forma de la barra de hierro, que no produjo una conmoción cerebral duradera. La abertura creada por la entrada de la barra de hierro que permitió drenar la infección. Y por último, según Harlow, que la parte del cerebro que atravesó la barra era la más adecuada para soportar una herida así.

Con los conocimientos actuales, es cierto que una herida en el cerebro es muy a menudo fatal, también es cierto que la barra al tener una forma puntiaguda podría haber reducido los daños. Además, parece ser que todos los vasos sanguíneos importantes se salvaron. Sin embargo, la cantidad de tejido del cerebro destruida debió de ser considerable, no sólo por el trauma inicial, sino por la infección posterior.

Según los últimos estudios, parece ser que los daños se limitaron al lóbulo frontal izquierdo del cerebro, aunque otros expertos han barajado la posibilidad que afectara a ambos. Tampoco están claros para todos los efectos que tuvo la herida en el carácter de Phineas, ya que el informe más detallado de estos cambios realizado por Harlow es 20 años posterior al incidente. Además, es muy probable que lo basara en testimonios indirectos, como por ejemplo el de la madre de Phineas, o peor aún, testimonios recogidos por esta.

La incertidumbre sobres las fuentes de Harlow en las que basa los cambios de carácter que describió, combinado con el hecho de que esperara esos 20 años entre su primer informe y el segundo, constituyen uno de los enigmas del caso. En cualquier caso, todos los investigadores modernos admiten que Gage sufrió algún tipo de cambio en su carácter, aunque lejos de los cambios que describen algunos autores que dan versiones infundadas y contradictorias.

Reconstrucción del accidente. Department of Neurology, University of Iowa

Hay muchas malinterpretaciones y manipulaciones sobre la historia, muchas de ellas interesadas con el propósito de reforzar teorías particulares. Según Malcolm Macmillan, un investigador moderno, profesor de la Universidad de Melbourne, que ha estudiado el caso y que es muy crítico con el tratamiento que se ha hecho de él, una de las mayores malinterpretaciones sería el hecho de que Gage fue incapaz de mantener un trabajo mucho tiempo, y que sirve de base para la imagen popular de Phineas Gage como una rareza de circo que vagó sin rumbo ni dirección y sin capacidad ni interés por trabajar.

Es cierto que Harlow afirmó que a Gage le fue difícil mantener un empleo, pero según Macmillan, sólo se refería al período final de su vida, el de los ataques epilépticos. Según este investigador, tampoco estarían fundadas las versiones que lo describen como un alcohólico o un fanfarrón. En cualquier caso, la estancia de Gage en el museo de Barnum o en circos similares no habría pasado del año.

Recientemente, ha salido a la luz nueva información sobre la estancia y el comportamiento de Gage en Chile. Considerando su posible rutina como conductor de diligencias: encargarse de los caballos, trato con los pasajeros, venta de pasajes, conducción,… Es posible que el Gage
mal adaptado descrito por Harlow se limitara a sólo unos años después del accidente. Después de esos primeros años, Phineas habría ido ganando funcionalidad y habilidades sociales. Según el propio Macmillan, de ser cierto, esto indicaría que la rehabilitación y la recuperación son posibles, incluso en los casos más difíciles y largos.

En el siglo XIX, en plena controversia sobre si era cierto que las funciones mentales estaban localizadas en zonas específicas del cerebro, ambos bandos de la discusión citaron el caso de Gage en su favor, adaptando conveniente la historia a sus teorías. Los partidarios de la frenología también utilizaron a Gage argumentando que sus cambios de carácter provenían de la destrucción de su “órgano de la veneración” y/o del adyacente “órgano de la benevolencia”.

Según Macmillan, tiene que ser recordado por el primer caso del que se tiene constancia en el que un daño cerebral causó una alteración en la personalidad. También merece la pena no olvidar su historia porque es una muestra inmejorable de cómo convertir unos pocos hechos contrastados en un mito popular y, lo que es peor aún, en un mito científico.

Actualización (1-Ago-2009): Casualidades de la vida, al poco de publicar esta entrada, apareció la noticia sobre el soprendente hallazgo de un daguerrotipo con la imagen de Phineas Gage, seguir leyendo La cara del hombre que dejó de ser Phineas Gage

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+info:
- Phineas Gage – Unravelling the myth (PDF) in ThePsychologist
- Phineas Gage’s Story in Deakin University
- Phineas Gage en es.wikipedia.org y en.wikipedia.org
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