jueves, 6 de octubre de 2011

Los olvidados dioses del Monte Nemrut

Cuando en 1881 el ingeniero alemán Charles Sester llegó al Altiplano Armenio (actual Turquía) para evaluar la construcción de nuevas rutas de comunicación para el Imperio Otomano, hacía muchos siglos que el santuario de Nemrut Dagi había caído en el olvido. Sólo la gente de los alrededores sabía de su existencia, así que fueron ellos los que hablaron al alemán de unas misteriosas estatuas descabezadas en la cima de aquella montaña perdida.

Terraza Este - Antíoco I, Heracles, águila y león | cabovolo

Después de la prematura muerte de Alejando Magno en el 323 a.C., sus generales y oficiales se repartieron su imperio. Fue un proceso que se alargaría más de 20 años durante los cuales los diádocos (como eran conocidos estos generales) se enfrentaron en 6 guerras. Durante este tiempo el imperio que había construido Alejandro perdió su cohesión y acabó fragmentando en 3 estados independientes que subsistirían hasta la aparición del poder romano en el siglo II.

Uno de ellos fue el fundado por Seleuco en el 312 a.C. y al que correspondió inicialmente el territorio de la antigua Babilonia. Seleuco, sin embargo, no tardaría mucho en emprender una agresiva campaña para ampliar sus dominios, ocupando inicialmente la Anatolia y el norte de Siria, y con el tiempo llegando a hacerse con el control de casi todos los territorios asiáticos conquistados por Alejandro. Sin embargo, el Imperio Seléucida abarcaba un territorio demasiado extenso y de difícil control, por lo que Seleuco se acabó viendo obligado a ceder sus territorios del Indo al Imperio de los Mauria.

Mientras, varios gobernadores seléucidas aprovechaban la debilidad del poder central  seléucida para proclamar de forma casi simultánea la independencia de sus respectivos territorios. El gobernador del territorio bactriano en el 245 a.C. fue el primero en independizarse. Poco después le seguiría el sátrapa de Partia que crearía el reino que con el tiempo se convertiría en el poderoso Imperio Parto.

El Imperio Seléucida pareció recobrar su esplendor pasado con la llegada al poder en el 223 a.C. de Antíoco III el Grande. Inicialmente, consiguió recuperar parte de los antiguos dominios sometiendo a varios de los antiguos reinos rebeldes, pero cometió el error de invadir Grecia y acabó siendo vencido por la nueva potencia del Mediterráneo, Roma. Como consecuencia de su derrota, se vio obligado a firmar un acuerdo de paz con Roma que le obligaba a hacer grandes concesiones territoriales y pagar una gran suma de dinero en concepto de indemnización. El imperio seléucida jamás volvería a ser lo que fue.

Camino de ascenso a Nemrut Dagi | cabovolo

Amanecer desde Nemrut Dagi | cabovolo

Después de la muerte de Antíoco III, las numerosas guerras civiles debilitaron la autoridad imperial y se produjo una nueva oleada de reinos que se declaraban independientes, uno de ellos el de Comagene, una provincia situada en la parte sudeste de la Anatolia, entre los Montes Tauro o y el curso medio del río Éufrates, cuyo sátrapa, Ptolomeo se auto-proclamó rey en el 163 a.C.

Comagene se convirtió en un reino rico gracias a la fertilidad de sus tierras agrícolas, las rutas comerciales que lo atravesaban y sus propios recursos mineros. Una muestra de esta riqueza son los monumentos que han llegado hasta nosotros y el gran número de celebraciones de las que se tiene constancia que se llevaban a cabo a lo largo y ancho del reino durante el año, así como el testimonio de algunos historiadores de la época como Tácito, que hace referencia a la riqueza de la familia real o las expectativas de botín que tuvieron los ejércitos romanos cuando consideraron su conquista.

Ptolomeo I fue sucedido en el trono por el rey Sames que, a su vez, lo sería por su hijo Mitrídates I que contraería matrimonio con la princesa greco-siria del vecino Imperio Seléucida, Laodice, como parte de un acuerdo de paz entre ambos reinos. A partir de este momento, el Reino de Comagene fue adoptando la cultura helenística y abandonando sus raíces persas.

Foto antigua de la terraza este, la diosa Comagene aún tenía la cabeza en su sitio | International Nemrut Foundation

Fruto de la unión entre Laodice y Mitrídates I, nació Antíoco I, el que sería el constructor del majestuoso santuario de Nemrut Dagi. De esta manera, Antíoco se vanagloriaba de tener una ascendencia de lo más selecta dentro del mundo helenista. Descendiente del primer rey greco-sirio, Seleuco I Nicátor, del primer faraón griego, Ptolomeo I, y de los reyes griegos, Lisímaco de Tracia y Antípatro de Macedonia. Todos ellos, generales en tiempos de Alejandro Magno. Todo esto sin renunciar a los orígenes persas de su padre que se remontaban a Dario I, el Rey de Reyes persa. Algunos historiadores, sin embargo, cuestionan estos grandiosos orígenes de la familia real de Comagene y ven bastante más probable que se tratara de una dinastía local helenizada.

Pero aún más diverso que los orígenes de Antíoco I, lo era su reino, dentro del cual, la población local de origen semítico convivía con la de origen persa, griego o macedonio. Esta convivencia, sin embargo, no estaba exenta de tensiones y conflictos. Antíoco I, consciente como era de ello, se embarcó en un programa religioso que proporcionara cohesión a su reino unificando las diferentes creencias de sus súbditos. Al mismo tiempo, aprovechó la ocasión para reforzar su autoridad, situándose él y su familia a la misma altura que los nuevos dioses, instaurando así un culto a la familia real.

Este proceso no fue exclusivo de Comagene. En otros reinos helenísticos también se combinó el culto de dioses locales con el de los tradicionales dioses griegos. En Egipto, por ejemplo, se crearon nuevas deidades, como Serapis, un intento de armonizar las creencias tradicionales locales con las helénicas, creando un dios que pudiera ser venerado tanto por griegos como egipcios. Tampoco fue Antíoco I el primero que se situó a la altura de los dioses. Otra vez en Egipto, siguiendo con la tradición de los faraones, Ptolomeo II proclamó a su padre como dios y se autoproclamó a sí mismo como dios viviente. En otros lugares, sin llegar a alcanzar el mismo grado de divinidad que los dioses tradicionales, las estatuas de algunos reyes que se habían destacado por sus logros o conquistas militares también se veneraban en templos de otras deidades.

Vista aérea de la cima de Nemrut Dagi

Esquema de las diferentes partes del santuario | Maurice Crijins


Como parte de su plan, Antíoco I construyó el santuario en la cima del Monte Nemrut, una de las más altas de su reino (2.134 metros), un lugar elevado y sagrado para estar lejos de los hombres y cerca de los dioses, el lugar ideal para la construcción de los “tronos de todos los dioses” sobre unos cimientos que jamás serían demolidos. El santuario estaría coronado por el que tenía que ser su túmulo funerario, de una altura de 50 metros y un diámetro de unos 150, cubierto por millones de pequeñas piedras calizas. Alrededor del túmulo, se excavaron en la roca 3 terrazas, sólo para la construcción de la situada al este fue necesario extraer unos 1.500 metros cúbicos de roca de la cima y así ganar el suficiente espacio. La construcción del santuario supondría en cierta manera la decapitación de la montaña.

Los peregrinos debían ascender al santuario siguiendo un camino procesional que los llevaba hasta la terraza este, donde se encontraban con 5 estatuas de casi 9 metros de altura de varios dioses, flanqueadas por las de un par de águilas (mensajeros de los dioses) y leones (guardianes del lugar). Los dioses, que estaban sentados en tronos, eran de izquierda a derecha: Apolo-Mithra, la diosa de Comagene (una personificación local de la diosa griega Tyche, que regía la prosperidad y el destino de una comunidad, en este caso, Comagene), Zeus-Oromasdes (el padre de todos los dioses), el rey Antíoco I y Heracles-Artagnes-Ares. La estatua de Antíoco estaba situada como un dios más entre el resto, a su mismo nivel y de su misma altura.

Las estatuas de los dioses han llegado hasta nuestros días en muy buen estado de conservación, aunque, probablemente a causa de los terremotos, las cabezas y los cuerpos se encuentran separados, habiendo sido estas últimas colocadas a los pies de los cuerpos sentados. Contemplándolas hoy en día, se puede comprobar el origen dual de los dioses, con un atuendo y peinado persas, pero unas facciones griegas. La terraza se completa con una plataforma de piedra y que sería usada en durante las ceremonias como altar.

La terraza oeste es casi idéntica a la este, los mismos dioses siguiendo la misma distribución (conocida como hierotesion), aunque adaptada ligeramente al terreno. Las caras se encuentran mejor conservadas, pero los cuerpos se encuentran esparcidos por el suelo, aunque se está considerando la posibilidad de volverlos a colocar en su posición original.

Apolo y un águila Terraza Este | cabovolo

Heracles Terraza Este | cabovolo 

Antíoco I Terraza Este | cabovolo

Tanto en esta, como en la anterior terraza, en la parte posterior de los tronos de los dioses existen varias inscripciones en griego.  Es lo que se conoce como la “ley divina de Antíoco”, una ley “proclamada por mí, pero que proviene del poder de los dioses” y que Antíoco pretendía revelar al “pueblo de Comagene,  a los extranjeros, a los reyes y gobernantes, a los hombres libres y a los esclavos, a todos los que forman parte de la Humanidad y solo se diferencian por nacimiento o destino”. A modo de testamento, pide a “todas las futuras generaciones de hombres que posean esta tierra” que respeten esta “ley sagrada”.

Antíoco reconoce su más profunda convicción que “la piedad es no solo la posesión más importante que los hombres pueden obtener, sino que además es la que proporciona el gozo más profundo”. Por ello, cuando recibió el trono de su padre, anunció “piadosamente” que Comagene se convirtiera en la “morada común de todos los dioses” y decoró “las representaciones de sus formas, a la manera de los persas y los griegos”. Antíoco atribuye la buena fortuna que le acompañó durante toda su vida y que le permitió “escapar, contra toda expectativa, de los más grandes peligros, rico en años y felicidad” a su “santidad” a la que siempre consideró como el “más seguro guardián” de su reino.

Pero, aparte de mostrar su agradecimiento a los dioses y a sus gloriosos antepasados, se detallan las leyes y mandamientos del reino  y se describen las celebraciones que se llevaban a cabo en Nemrut anual y mensualmente.

En otra sección de la inscripción Antíoco I explica como construyó los cimientos de “esta tumba sagrada” para que fueran indestructibles y resistieran los estragos del tiempo y preservar así la “forma exterior de su persona”. Sin embargo, y aunque en varias ocasiones se han intentando excavar túneles en el interior del túmulo con la esperanza de encontrar la cámara mortuoria, muy probablemente los primeros en hacerlo fueron los romanos para intentar hacerse con sus riquezas, y más recientemente los arqueólogos; no se ha podido dar con ella. Algunos creen que lo más probable es que, al tratarse de una cima rocosa, la cámara fuese excavada en la roca y después cubierta con las piedras del túmulo.

De la terraza oeste también se ha conservado una serie de losas de piedra en las que se puede ver a Antíoco dando la mano a los dioses Apolo, Zeus y Heracles. En otra losa, la conocida como el “horóscopo del rey”, aparece un león con la alineación de varias constelaciones con Júpiter, Mercurio y Marte. Según unos, indicaría la fecha del 10 de julio de 62-61 a.C., día en que Antíoco fue investido como rey por los romanos. Según otras fuentes, sería la fecha de comienzo de construcción del santuario.

Antíoco I estrechando la mano de Heracles, lápida en la vecina ciudad de Arsameia | cabovolo

La terraza norte, que comunicaba las dos anteriores, carecía de estatuas colosales, aunque contaba con un gran friso escultórico, del que hoy en día sólo se conservan unas cuantas losas en las que se muestran los antepasados persas y macedonios del rey Antíoco I.

El santuario de Nemrut era utilizado en algunas de las muchas ceremonias religiosas que se llevaban a cabo durante el año en Comagene o banquetes en honor de personajes ilustres del reino ya fallecidos. Las dos celebraciones más señaladas eran el 10 del mes de Audnaios (luna de diciembre) del calendario macedonio y el 16 de Loos (luna de julio). El día de la coronación de Antíoco I y el del “nacimiento de su cuerpo natural”. Estos dos festivales se celebraban de forma anual, cuando durante dos días se paraba toda la actividad en reino, pero también se repetían cada mes.

Durante estas ceremonias, los sacerdotes, vestidos al modo persa, adornaban con coronas de oro las cabezas de los dioses, ofrecían sacrificios (no especificados) en los altares situados a sus pies y les realizaban ofrendas de incienso e hierbas aromáticas. Además, alentaban a los súbditos a estar alegres y disfrutar del vino y la comida mientras escuchaban la música sagrada que tocaban los músicos del templo, puesto que no eran sólo celebraciones en honor de la grandeza de Antíoco, sino también de la propia buena fortuna de cada uno de los que participaban.

En el plano político, a Antíoco I le tocó lidiar con la expansión de Roma por Asia Menor hasta llegar a las puertas de su reino. Aunque hábilmente consiguió alcanzar un acuerdo de paz con el general Pompeyo y, unos años más tarde, el senado romano le concedería la toga praetexta, una distinción reservada únicamente a los más fieles aliados y amigos de Roma. Comagene se convirtió así como el único estado de Asia Menor que consiguió sobrevivir, pero encajonado entre dos poderosos enemigos: Roma y el Imperio Parto.

Antíoco I no se diferenció demasiado de los que le antecedieron en el trono. Comagene nunca fue un reino poderoso y fue únicamente acomodándose a las potencias que lo rodeaban y al ejercicio de una hábil diplomacia como consiguió mantener su independencia. Si bien, en tiempos de Antíoco I esta era cada vez más reducida, hasta el punto que historiador Michael Alexander Speidel, cree que a partir de la alianza con Roma, se puede considerar Comagene dentro de las fronteras del imperio romano, reservándose Roma la potestad para intervenir en los asuntos internos del reino así como de elegir quien debía de ocupar el trono.

Terraza Oeste | cabovolo
 
Inscripciones en la parte posterior de los tronos de la terraza oeste | cabovolo

Apolo y Comagene – Terraza Oeste | cabovolo

Zeus  – Terraza Oeste | cabovolo

En su calidad de “más leal aliado de Roma”, Antíoco era el encargado de la protección y vigilancia de la frontera de la provincia romana de Siria. De esta manera, Antíoco I fue el primero en informar a Cicerón de que los partos habían comenzado a cruzar el Éufrates. Antíoco también tomó parte en los conflictos internos de Roma, como la guerra civil que enfrentó a Julio César y Pompeyo, en la que proporcionó tropas a este último.

Sin embargo, una vez los partos fueron derrotados por Marco Antonio en el 38 a.C., los romanos cambiaron de postura hacía el reino de Comagene y pasaron ambicionar sus tesoros. Marco Antonio ordenó poner cerco a Samosata, la capital de Comagene. No queda muy claro que ocurrió, pero al final Antíoco pudo evitar la invasión y llegó a un acuerdo de paz con Roma.

Antíoco I fue sucedido en el trono por su hijo Mitrídates II, que, a su vez, lo sería por su hijo Antíoco III. Antítoco III fue capaz de mantener la frágil independencia de Comagene ante Roma, pero a su muerte el emperador Tiberio anexionó el reino a la provincia romana de Siria, probablemente porque no veía ningún sucesor capaz de mantener la unión y la estabilidad de Comagene. Fue una decisión temporal y en el 39 d.C. el emperador Calígula reinstauró el reino colocando al hijo de Antíoco III, Antíoco IV, en el trono. Una decisión que en el fondo no dejaba de ser un mero cambio administrativo, ya que, a pesar a ser reino, Comagene era un mero títere de Roma.

Esta situación se prolongaría hasta el año 72 d.C. cuando el emperador Vespasiano, en medio de sospechas de una posible alianza de Comagene con el Imperio Parto, creyó que no podía seguir confiando en los monarcas de Comagene para controlar el estratégico paso del Éufrates en Samosata e invadió el reino. Antíoco IV fue derrotado y huyó, siendo finalmente recibido con honores por Vespasiano en Roma, donde llevó una vida bastante glamurosa gracias a una generosa asignación monetaria del emperador. Comagene, finalmente, acabó anexionado a la provincia de Siria. Es probable que el santuario de Nemrut fuese saqueado por los romanos y el ejército de Comagene pasara a integrarse en las legiones romanas.

No queda claro si con la pérdida de la independencia de Comagene se puso fin al culto a su familia real o este ya se había abandonado unos años antes, aunque es cierto que los descendientes de Antíoco I continuaron con la tradición de ser enterrados en las proximidades de Nemrut. En cualquier caso, de poco serviría que Antíoco I hubiera dispuesto que los sacerdotes e hieródulos de Nemrut estuvieran libres de cualquier otra obligación para poder dedicar sus vidas a perpetuar los rituales. Un honor que tenía que pasar a sus hijos y después a los hijos de sus hijos y así sucesivamente, de manera que los rituales se continuaran celebrando eternamente.

Antíoco I y su familia acabaron cayendo en el olvido y, años después, cuando la población cristiana ocupó la región atribuyeron la construcción del santuario al legendario Nemrod, el tirano al que la tradición atribuye la construcción de la Torre de Babel, al que creyeron reconocer en alguna de las estatuas y de quien acabó tomando prestado el nombre el monte.

Sería Charles Sester en 1881 el que rescataría del olvido a Nemrut. En aquel tiempo la zona debía tener un aspecto muy diferente al que tiene ahora, pues, según el testimonio de otro alemán que visitó la zona hace unos 100 años, era un auténtico vergel con árboles que cubrían sus laderas y valles.

Después del descubrimiento de Sester, las ruinas fueron excavadas por arqueólogos alemanes y más tarde por el experto en arte turco, Hamdi Bey. Sin embargo, y pese a su espectacularidad, no fueron todo los estudiadas como debían al no despertar el suficiente interés entre los arqueólogos. Los clásicos porque las encontraban demasiado orientales y los interesados en arte oriental porque las encontraban demasiado clásicas.

Terraza Este | cabovolo

La situación cambiaría con la aparición en escena de Theresa Goell, una mujer de Nueva York que había estudiado arte durante 4 años en la Universidad de Cambridge y unos años más tarde había ampliado sus estudios en arte europeo y prehistórico en la Universidad de Columbia. Fue entonces cuando uno de sus profesores le sugirió que investigara sobre el santuario de Nemrut, aprovechando esa falta de interés que había propiciado que hubiera sido poco estudiado. Theresa conseguiría visitar por primera vez el Monte Nemrut en 1947, al que volvería en 1951. Theresa quedó tan fascinada que no le importó dejar su anterior vida en Nueva York, dejando allí a su marido e hijo y marchar en 1953 a Turquía para comenzar las excavaciones con el apoyo, entre otros, de la National Geographic Society.

Theresa se convertiría junto al arqueólogo alemán Friedrich Karl Dorner en uno de los máximos estudiosos del reino de Comagene. Además de Nemrut, realizarían excavaciones en la vecina ciudad de Arsameia y en otras ciudades del reino, rescataron así del olvido a Antíoco y a su desconocido reino, de manera que los peregrinos, ahora en forma de devotos turistas, volvieron a peregrinar a su santuario.

PS(i): Las fotos son del pasado 2 de septiembre, que tuve la suerte de poder visitar el Monte Nemrut, una excursión que recomiendo antes de que las trasladen a un museo, que, por otra parte, quizás sea lo mejor para su conservación. Más fotos en panoramio.

PS(ii): El Imperio seléucida desapareció más de un siglo antes que Comagene. Aunque muy disminuido en territorios y poder, consiguió sobrevivir hasta el 63 a.C., en parte porque ninguno de sus vecinos estaban interesados en hacerse con él, pues les resultaba más útil como estado tapón entre todos ellos que como parte de sus territorios, pero ese año el general Pompeyo cansado de la inestabilidad que suponía para la región las interminables guerras civiles seléucidas lo acabó incorporando a la provincia de Siria.

Enlace permanente a Los olvidados dioses del Monte Nemrut

+posts:
- La legión romana perdida en China
- El mítico reino de Preste Juan
- Las iglesias excavadas del Jerusalem etíope
- Monte Athos, el jardín de la Virgen María
- El monasterio imposible de la isla de Skellig Michael
- Santa Catalina del Monte Sinaí

+info:
- Commagene in Encyclopedia Iranica
- Kingdom of Commagene in en.wikipedia.org
- Antíoco I Theos of Comagene en es.wikipedia.org
- Early Roman Rule in Commagene (PDF) by Michael Alexander Speidel
- History in International Nemrud Foundation
- Nemrut Dag in UNESCO
- Animación que muestra una reconstrucción virtual de Nemrut Dagi in Learning Sites
- Commagene Nemrut Conservation Development Programme
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jueves, 25 de agosto de 2011

De vacaciones

Después de haber pasado todo el verano al pie del cañón, nos vamos de vacaciones un par de semanas a Turquía. Como siempre, esperamos poder regresar con temas y material para algún que otro post.

Mapa de la Reina de las Ciudades  y Pera en 1422.

Una de las visitas más esperadas del viaje será la de la antigua Constantinopla, aún siendo consciente de que será muy diferente de la ciudad reconstruida en Byzantium1200. Para los que no la conozcáis, se trata de una web que muestra en unos casos como eran y en otros como hubieran sido, de haber conservado la Reina de las Ciudades su esplendor pasado, algunos de sus edificios más importantes en el año 1200.

Entre otros, sus míticas murallas terrestres, las marítimas, la gran Hagia Sophia, la Iglesia de Chora, el Gran Palacio, el de Boukoleon, el de Porphyrogennetos, el espectacular Puerto de Teodosio y muchos más.

Otras veces que hemos hablado de Turquía y de los antiguos imperios otomano y bizantino:
- Los últimos días de Constantinopla
- La Guardia Varega, la guardia vikinga del Emperador
- Fuego Griego, el arma secreta de Bizancio

A los que aún os queden, ¡felices vacaciones!
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jueves, 18 de agosto de 2011

El último judío de Afganistán

Zebulon Simintov vive en una habitación anexa a la última sinagoga en activo de Kabul. Es el último de los suyos, no queda ningún otro judío en todo Afganistán. El día que muera o decida marcharse a Israel se pondrá fin a lo que podrían llegar a ser veinticinco siglos de presencia judía en el país.

 
Zebulon Simintov, foto del 2005 | Emilio Morenatti (AP) – Washington Post

La presencia de judíos en Afganistán podría remontarse al siglo VI antes de Cristo. Su llegada se habría producido durante el Cautiverio en Babilonia. De hecho, existe la creencia entre los pastunes, la etnia mayoritaria en Afganistán, de ser los descendientes de una de las Diez Tribus Perdidas de Israel. De la misma manera, el nombre de la ciudad de Kabul derivaría de Caín y Abel, y el del país, de Afghana, un personaje legendario,nieto del israelita Rey Saúl y, según la tradición pastún, sería el progenitor de todos los pastunes.

En cualquier caso, estudios genéticos recientes parecen descartar el origen judío del pueblo pastún, al haber encontrado escasas conexiones entre unos y otros. Con los judíos, habría ocurrido lo mismo que como con griegos y árabes, pueblos que también pasaron por la región, pero no alteraron su demografía drásticamente.

Si nos atenemos a las fuentes históricas, la primera referencia documental de la presencia judía en Afganistán es del siglo VII después de Cristo. En 1080, el poeta y judío granadino, Moses ibn Ezra, ya habla de unos 40.000 judíos pagando tributos a la ciudad de Ghazni. Dos siglos más tarde, es otro judío sefardita, Benjamín de Tudela el que fija la cifra de judíos afganos en unos 80.000.

Al contrario que en el caso de Moses, Benjamín conocía la región porque había realizado varios viajes por ella en los que llegó hasta Bagdad, Mosul y Palestina. En estos viajes contactaba con las comunidades judías locales. Aunque también hubo lugares a los que no llegó, como Arabia, Persia o el propio Afganistán, pero se esforzó en obtener información sobre el número de judíos que allí vivían, los nombres de los notables de sus comunidades y sus costumbres.



La sinagoga de Yu Aw en Herat. Fotos de 1998 antes de la restauración de 2009 | Annette Ittig para el International Survey of Jewish Monuments

Después de la restauración | dalje.com

Luego llegó la invasión mongola de Genghis Khan de Afganistán en 1222 y los judíos afganos quedaron reducidos a varios grupos aislados. La comunidad no se volvería a recuperar hasta bien entrado el siglo XIX, con la llegada de judíos que huían de las conversiones forzosas y las persecuciones en Persia, que elevó su número hasta los 40.000 miembros.

Pero, otra vez, su número comenzó a disminuir y en 1948 eran ya apenas unos 5.000 los que seguían en el país. El golpe de gracia para la comunidad llegaría en 1951, cuando al serles permitido emigrar se produjo un auténtico éxodo hacia Israel y Estados Unidos.

Zebulon nacería unos años más tarde, en 1959 en la ciudad afgana de Herat, donde precisamente habría sido vecino del que se convertiría en el penúltimo judío del país, Ishaq Levin. Zebulon recuerda que eran 13, las casas donde vivían familias judías. La vida era tranquila hasta que en los años 80 llegaron los muyahidines. Zebulon recuerda su acoso, aunque aclara que este no tenía nada que ver con su religión y sí con la obtención de dinero. Al final, Zebulon y su familia vendieron su tienda alfombras y pieles y se trasladaron a Kabul.

Mientras, la emigración siguió reduciendo la comunidad y en 1969 eran ya sólo unos 300 los judíos en todo el país, proceso que se aceleró con la invasión soviética del país, de manera que en 1996 apenas quedaba una decena de ellos, casi todos en Kabul.

Durante esta época, Zebulon pasó unos años en Turkmenistan, pero regresaría a Afganistán en 1998, cuando los talibanes ya controlaban el país. Su apartamento había sido destruido durante la guerra civil, así que decidió irse a vivir en una habitación anexa a la sinagoga, un edificio de dos plantas con habitaciones vacías distribuidas en torno a un patio, construido hace unos 45 años. Hasta entonces, Zebulon se había ganado la vida dignamente como comerciante de alfombras y antigüedades, pero la cosa cambió cuando se quedó sin negocio al confiscarle los agentes de aduanas toda la mercancía que guardaba en su almacén, unos 40.000 dólares.

Comunidad hebrea de Teherán, foto del siglo XIX | Wikipedia

En un principio, Zebulon fue bien recibido por su amigo Ishaq Levin, cuidador y, según otros, rabino de la sinagoga. Pero, a los pocos meses, la relación se agrió y las discusiones a gritos entre los dos últimos judíos de Afganistán no cesarían hasta la muerte con 80 años de edad de Ishaq en 2005. Zebulon reconoce que no lo sintió demasiado, según él, Ishaq estaba loco y sólo buscaba que lo mataran. Asegura que, pocos días antes de su muerte, Ishaq le había acusado de haberse convertido al Islam. Dada la conocida enemistad entre ambos, no es de extrañar que la policía sospechara de Zebulon hasta que la autopsia confirmó que había muerto como consecuencia de la diabetes que sufría.

Zebulon sostiene que los enfrentamientos comenzaron el día que ofreció ayuda a Ishaq para marchar a Israel. Zebulon asegura que lo hacía por su bien, simplemente quería ayudarle a dejar una ciudad fría, como era Kabul, pero Ishaq lo interpretó como un intento por su parte de apoderarse de la sinagoga.

Toda la historia resulta algo confusa y contradictoria. Por un lado, parece que Ishaq ya había mostrado su interés por abandonar el país hacía tiempo, pero no lo hacía por falta de dinero. Sin embargo, cuando, poco después de la invasión norteamericana del país, varias organizaciones judías le ofrecieron ayuda para marchar, Ishap rechazó la oferta y prefirió quedarse.

Con el tiempo, la relación lejos de mejorar, empeoraba y se llegaron a acusar mutuamente ante las autoridades talibanes de robar diferentes objetos religiosos de la sinagoga, de ser espías del Mossad o incluso de regentar un burdel. Pero, y siempre según la versión de Zebulon, los peores momentos llegaron cuando le sugirió a Ishaq la posibilidad de enviar a Israel, donde estaría más segura, la Torá de la sinagoga. Un rollo de pergamino que podría tener más de 400 años de antigüedad y que era de lo poco que quedó en la sinagoga después de que en 1998, durante el primero de los arrestos de Zebulon e Ishaq, todos los objetos de valor que había en ella desaparecieran.

Ishaq acudió con el asunto de la Torá a los talibanes y acusó Zebulon de intentar venderla. Según este, les engañó diciéndoles que valía más de 2 millones de dólares, aunque realmente en su opinión debía rondar los 10.000. Sea como fuere, finalmente, la Torá acabó en manos de los talibanes y finalmente acabó desapareciendo. Ishaq y Zebulon pasaron algún tiempo en las cárceles de los talibanes y, al parecer, fueron torturados.

En otras versiones de la historia, las acusaciones mutuas no fueron la razón de sus detenciones sino que se trataba de una medida más de presión de los talibanes sobre ellos. De esta épcoa, Zebulon aún recuerda cuando los talibanes le decían: “¿Por qué no te conviertes al Islam?”. A lo que él respondía: “Ni aunque me pagarais un millón de dólares”. No obstante, tanto Zebulon como Ishaq reconocían que las relaciones con sus vecinos musulmanes eran bastante buenas.

Cementerio judío en la ciudad de Herat | Wikipedia

Por otra parte, viendo los estragos que los talibanes hicieron en otros lugares, como, por ejemplo, los conocidos Budas de Bamiyan , cuesta creer que la sinagoga de la calle Flower aún siga en pie. Algunos creen que fue gracias al estado de abandono y de descuido en el que se encontraba. Aunque también pudo ser porque es un edificio discreto en el que el único signo externo que puede delatar que en su interior se encuentra una sinagoga es una celosía que protege uno de sus ventanales y en la que varías Estrellas de David se entrelazan.

Pese a todas estas dificultades, en una entrevista para el Washington Times, llegó a afirmar preferir los tiempos de los comunistas o incluso a los talibanes al gobierno actual, al que consideraba un “régimen mafioso”. Aunque en una entrevista posterior, una de las últimas que ha concedido, en mayo del 2010 para la CNN, parecía haber cambiado de opinión y se mostraba aliviado de la marcha de los talibanes, a los que acusaba de entrometerse en la vida de todo el mundo.

Zebulon tampoco se muestra muy claro sobre si seguirá en Afganistán o acabará yéndose a Israel. Si bien alguna vez ha manifestado su intención de marchar al país en donde viven su mujer y sus dos hijas desde 1999, en otras entrevistas ha afirmado todo lo contrario: “¿a qué me dedicaría allí?... ¿por qué tendría que marcharme?”. En la misma línea, recordaba que su padre y abuelo fueron rabinos, una gran familia religiosa, y afirmaba que no quería que esa herencia se perdiera. Sin embargo, la última entrevista con la CNN, reconocía no saber muy bien porque no marchaba, “voluntad de Dios”, quizás.

Además, en caso de marchar a Israel, se abriría la cuestión de a quién pertenece la sinagoga, un edificio, que aunque pueda resultar sorprendente, a la venta podría llegar a valer varios millones de dólares. De momento, Zebulon ha pedido ayuda al gobierno de Israel y a varias asociaciones particulares para restaurar su sinagoga, aunque ha tenido poco éxito. Por un lado, el edificio carece del valor histórico y artístico que tenía el de la sinagoga de Yu Aw en Herat, que fue restaurada en 2009; por otro, no parece que tenga demasiado sentido restaurar una sinagoga a la que acudirá un único fiel. Una sinagoga en que las celebraciones religiosas dejan de ser un acto comunitario para convertirse en un acto individual.

Pero, aparte de a su soledad, Zebulon también tiene que hacer frente a otras dificultades para seguir los preceptos de su religión, como la de conseguir comida kósher. Al no haber ningún carnicero en Afganistán que sacrifique los animales según las reglas del cashrut, Zebulon tuvo que conseguir un permiso especial del rabino más cercano, el de Tashkent en Uzbequistan, para poder sacrificar los animales él mismo.


The last Jew in Aghanistan in AlJazeera – Ver en youtube.com

Si bien Zebulon es el único judío que queda en Afganistán, se calcula que son más de 10.000 los descendientes de los que ya marcharon y se tiene constancia de otras 200 familias viviendo en Nueva York , la mayor comunidad fuera del país hebreo. De estos últimos, algunos tienen conocimientos mínimos de dari o pastún, las dos lenguas oficiales de Afganistán, o incluso, los menos hablan con fluidez alguno de ellos, pero la mayoría han perdido el idioma de sus padres o abuelos. El sentimiento afgano es bastante débil entre la mayoría de ellos. Algunos se justifican diciendo que “simplemente vivíamos allí” y los que aún sienten una cierta vinculación con el país que sus abuelos o padres dejaron atrás, reconocen que es débil. Aunque cada año poco antes de la festividad judía del Pésaj envían a Zebulon un paquete con 27 kilogramos de comida kósher.

Zebulon sobrevive gracias a esa y a otras ayudas similares que le llegan de otras comunidades judías en el exterior, pero también gracias a la caridad de algunos de sus vecinos musulmanes, entre los que cuenta con varios amigos. Precisamente, es con uno de ellos, el guarda de uno de los dos cementerios judíos de la capital, con el que después de la muerte de Ishaq convivió en la sinagoga, por lo menos durante un tiempo.

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jueves, 21 de julio de 2011

La profeta sudafricana que quiso liberar a su pueblo y casi lo acaba exterminando

Un día de abril en 1856, los espíritus de tres de sus antepasados se le aparecieron a la joven Nongqawuse. Los espectros le pidieron que dijera a su pueblo, los xhosa, que tenían que arrasar sus cosechas y exterminar su ganado porque había sido criado por las manos contaminadas de los que había estando practicando brujería. A cambio, los que habían muerto regresarían de sus tumbas y barrerían a los ingleses hasta el mar. La profecía no tardó en llegar a oídos del Gran Jefe xhosa, Sarhili, que se convenció y sacrificó sus animales.

La joven Nongqawuse con su compañera de movimiento Nonkosi | Wikipedia

Desde la llegada de los colonos blancos a las tierras de los xhosa, los enfrentamientos con ellos habían sido casi constantes. En 1850 ya se contabilizaban 8 guerras, la última había concluido en 1853 y, como en todas las anteriores, lo había hecho con la derrota y pérdida de tierras para los xhosa. Todas estas derrotas habían acabando dividiendo al pueblo xhosa y minando su moral colectiva. La situación de incertidumbre en la que vivían, siempre con el temor de verse obligados a abandonar las tierras en las que habían nacido, sólo agravaba esta situación.

Los primeros colonos blancos habían llegado a la región durante la segunda mitad del siglo XVIII. En su mayoría eran bóers provenientes de la colonia de la Ciudad del Cabo. Los xhosa y los bóers tenían una economía muy similar, basada en la agricultura y la ganadería, y no tardó en desatarse entre ellos una feroz competencia por las tierras de cultivo y los pastos. Los robos de ganado de unos a otros eran muy comunes y las acciones de represalia se convirtieron en una práctica habitual que, en muchos casos acabó en guerra. Sólo durante la siembra o la cosecha, cuando unos y otros tenían que encargarse de las tareas del campo, la intensidad de los conflictos parecía bajar.

En esta lucha, los colonos contaban con sus caballos, que les proporcionaban una mayor movilidad, y la superioridad tecnológica de sus armas. Los xhosa, por su parte, tenían a su favor la experiencia de sus guerreros que se habían enfrentado antes a los zulú y a otros pueblos vecinos y su mejor movilidad en terrenos accidentados. Cuando los xhosa se hicieron con armas de fuego y caballos, las cosas se igualaron un poco más, pero no fue suficiente para equilibrar la situación.

En 1814, cuando la Colonia del Cabo pasó a manos británicas, la situación no hizo sino empeorar para los xhosa. Hasta entonces la población de la colonia era sólo de unas 60.000 personas, 27.000 de las cuales eran blancos, pero con el cambio de poder llegó también la primera gran oleada de colonos británicos y la llegada de un ejército profesional a la región, mejor equipado y preparado que las milicias bóer y cuyos soldados no tenían granjas a su cargo que limitaran el alcance y duración de sus acciones de castigo.

Visión idealizada de la llegada de los holandeses a Sudáfrica en 1652 | Wikipedia


Pero con el cambio de manos de la colonia, el clima social se fue enrareciendo. El aumento de población produjo que las tierras disponibles comenzaran a escasear. Tampoco fueron fáciles las relaciones entre el nuevo gobierno colonial inglés y los antiguos colonos de origen holandés. Muchas veces, los bóers se sentían abandonados por el nuevo gobierno, que mostraba una cierta indiferencia hacia sus problemas con los nativos.

Finalmente, la abolición de la esclavitud y las escasas compensaciones económicas que recibieron los que poseían esclavos acabaron acentuando el resentimiento de los bóer. Un resentimiento que sería uno de los motivos del Gran Trek, la marcha de unos 7.000 bóers que en 1835 decidieron abandonar sus tierras en la Colonia del Cabo y aventurarse más allá de lo conocido en búsqueda de nuevas tierras en las que poder asentarse fuera del control colonial británico.

Aunque otros historiadores consideran que el Trek fue también una huida de la conflictiva frontera oriental de la colonia y de los continuos enfrentamientos con los xhosa. De hecho, para los que se quedaron, la situación en la frontera no mejoró demasiado, continuando las disputas entre colonos y nativos, con un gobierno colonial que, o bien era incapaz, o continuaba sin mostrar demasiado interés por poner orden en la región.

Sin embargo, estos enfrentamientos armados no eran el único problema al que tenían que hacer frente los xhosa en tiempos de la profecía de Nongqawuse. Desde hacía un par de años, una enfermedad pulmonar, la perineumonía contagiosa bovina, había comenzado a cebarse con su ganado. Una enfermedad que además provocaba una muerte bastante angustiosa a los animales. Se trataba de enfermedad que habían traído los animales de los colonos blancos, pero muchos xhosa creían que las muertes eran producto de la brujería.

La muerte de los animales representaba un drama en una sociedad en el que uno de los pilares en los que basaba su supervivencia era la ganadería. Así que los xhosa desesperados probaban lo que fuera con tal de intentar proteger sus rebaños: llevarlos a zonas más aisladas, quemar los pastos alrededor de sus corrales,… pero todas estas medidas parecían servir de poco, lo que acrecentaba el sentimiento de desesperanza, de que poco podían hacer para evitar la muerte de sus animales, de que tarde o temprano la enfermedad acabaría con todos ellos.

Escena de la Octava Guerra Xhosa | Wikipedia

Fue, precisamente, en medio de este clima de desesperación cuando los antepasados hablaron a Nongqawuse. Un clima que los estudiosos coinciden en señalar como un factor necesario, aunque no suficiente, para todo lo que sucedería después.

En un principio, fueron pocos los que creyeron a Nongqawuse, así que los espíritus, pasado un tiempo, le pidieron que la próxima vez acudiera acompañada de su tío Mhalakaza, que con el tiempo se acabaría convirtiendo en el mensajero “oficial” del movimiento. Cuando este acudió, los espíritus le pidieron que transmitiera la profecía al Gran Jefe Sarhili.

Sarhili era un rey justo, respetado y amado por su pueblo. Aunque, al parecer, desde pequeño había estado bajo la influencia de hechiceros y adivinos, quizás, por eso, fue más fácil para Mhalakaza convencerlo. Cuando el Gran Jefe decidió sacrificar sus reses (aunque parece que no tocó sus campos de cultivo), fueron muchos los que siguieron su ejemplo.

Pasado un tiempo, Nongqawuse volvió a regresar al río donde los espíritus le habían hablado la primera vez y volvió a escuchar escuchó uno ruidos que parecían venir del más allá. La joven los interpretó como una señal de que las matanzas debían continuar y así fue.

Según la visión de Nongqawuse, los antepasados muertos, entre los que había grandes líderes xhosa, volverían el 16 de agosto de 1856. Ese día no sólo ayudarían a sus descendientes a expulsar a los blancos, sino que además traerían consigo nuevos y mejores rebaños de ganado para reemplazar a los que habían sido sacrificados. De repente, del suelo aparecerían nuevos campos de maíz listos para ser cosechados, los viejos se volverían jóvenes y, los problemas y enfermedades desaparecerían, así como también lo harían los que no habían creído.

Los antepasados traerían consigo animales sanos, más y mejores, por eso era necesario matar los que habían sido criados por manos impuras, por manos que habían practicado la brujería, para evitar que los contaminaran. Por eso era también necesario arrasar los campos, para evitar que los nuevos animales se contaminaran comiendo piensos y forrajes contaminados. Pero todo esto no sería posible si no se abandonaba la brujería. Es decir, las matanzas de animales serían más un ritual de purificación que un sacrificio en honor de los antepasados.

Pero Nongqawuse no estaba sola, según el historiador J. B. Peires, autor del libro “The Dead Will Arise: Nongqawuse and the Great Xhosa Cattle-Killing Movement of 1856-7”, había, por lo menos, otros cinco profetas en activo en los tiempos de la perineumonía bovina en el territorio xhosa. Algunos de ellos defendiendo que los rusos estaban ganando a los ingleses en la Guerra de Crimea con la ayuda de los espíritus de los guerreros xhosa muertos en las guerras pasadas. De hecho, algunos afirmaban que Rusia era una nación negra y que, una vez acabaran con los ingleses en Crimea, expulsarían a los ingleses de Sudáfrica para devolver a los Xhosa las tierras de sus antepasados.

Mapa de la Colonia del Cabo en 1809 | Wikipedia 

La muerte en la Guerra de Crimea en 1854 de George Cathcart, que había sido gobernador de la Colonia del Cabo entre 1852 y 1853, fue interpretada como una obra de los espíritus de los guerreros. Con el tiempo, parece algunos acabaron identificado aquellos espíritus que habían hablado con Nongqawuse con los fantasmas de los “rusos negros” que luchaban contra los ingleses muy lejos de Sudáfrica. Muchos creían que la guerra parecía inminente.

No obstante, Nongqawuse y los demás profetas tampoco eran los primeros en hacer extrañas profecías sobre una expulsión sobrenatural de los ingleses. Durante la Quinta Guerra Xhosa, un profeta llamado Makana aconsejó al jefe Ndlambe atacar a la guarnición inglesa acuartelada en Grahamstown sin miedo, porque los dioses estaban de su parte y las balas inglesas se convertirían en agua.

Fueron muchos los que creyeron a Makana y finalmente el jefe Ndlambe decidió atacar la ciudad a plena luz del día. Los xhosa eran unos 6.000 y los ingleses apenas unos 350. Sin embargo, y pese a su inferioridad numérica, los ingleses consiguieron resistir hasta la llegada de más refuerzos. Pese a que la victoria estuvo cerca para los xhosa, el asalto acabó en fracaso y acabaron perdiendo un número muy grande de hombres. Después de la derrota Makana se entregó a los ingleses, que lo encerraron en la prisión de Robben Island. Como resultado de la derrota, los ingleses volvieron a mover la frontera de la colonia un poco más hacía el este y las nuevas tierras fueron ocupadas por 5.000 colonos traídos desde las Islas Británicas.

Durante la octava guerra (1850-1853), volvió a repetirse una historia casi idéntica. Esta vez fue un profeta llamado Mlanjeni el que aseguró que los xhosa serían invulnerables a las balas británicas. Estas profecías causaron una cierta agitación entre el pueblo y acabaron desembocando en una nueva guerra. Después de unas primeras victorias, la llegada de refuerzos desde Ciudad del Cabo acabó decantando la situación en favor de los ingleses. Los xhosa, una vez más, acabaron derrotados.

En el caso de Nongqawuse, no todos llegaron a creer su profecía, aunque fueron muchos los que acabaron sacrificando su ganado por una mera cuestión de obediencia. Para otros, los que no tenían ganado, fue mucho más fácil creer y además se convertían en grupo de presión sobre los que no la querían seguir y sí que tenían animales. También hubo los que se opusieron e intentaron poner fin a las matanzas, algunos de los cuales aún tenían muy presente anteriores profecías, pero su éxito fue escaso. Las zonas donde hubo menos seguimiento, fueron a las que la perineumonía llegó más tarde.

Mientras, los meses pasaban y la excitación iba creciendo a medida que se acercaba el 16 de agosto, el día de la “resurrección en el que tantas cosas tenían que pasar,… pero, ese día, el Sol salió del mismo color que siempre, no rojo como Nongqawuse había dicho. Fue un día de tensa espera durante el cual cualquier ruido se asociaba como una posible señal de la llegada de los “rusos negros o de la de los espíritus de los antepasados, pero nada sucedió.

Después de la decepción inicial, se comenzaron a proponer nuevas fechas. Se culpó a los que habían vendido sus animales, en vez de matarlos. Era necesario que los sacrificaran para que la profecía se cumpliera. Así que, las matanzas de ganado tenían que continuar. Pero volvió a llegar el nuevo día “señalado”, el 18 de febrero del 1857, y otra vez nada pasó. Para entonces, el mal ya estaba hecho y, aunque el jefe Sarhili definitivamente perdió la fe en la profecía y ordenó al resto de jefes que prohibieran las matanzas de ganado, ya era demasiado tarde.

Las consecuencias habían sido terribles. El 85% de los xhosa había matado sus animales, unas 400.000 cabezas de ganado. La población en la región de Kaffraria había pasado de unas 105.000 personas a tan sólo unos 25.000. Según el historiador J. B. Peires, de los 80.000 que faltaban, la mitad habían muerto víctimas de la hambruna y la otra mitad había decidido emigrar a la Colonia del Cabo en busca de alimentos y ayuda. Testimonios de la época dejaron constancia de aquellos “esqueletos andantes” que deambulaban por la colonia. Según parece, en algunos casos, la situación llegó a ser tan crítica que se recurrió al canibalismo. Aunque el gobernador prohibió a los colonos que los ayudaran no ser que los xhosa aceptaran contratos laborales con ellos.

Sir George Gray (14 de Abril 1812 – 19 de Setiembre 1898), cuando era gobernador de la Colonia del Cabo | Wikipedia

Las tierras que quedaron abandonadas después del conflicto acabaron siendo ocupadas por los legionarios alemanes que habían combatido al lado de los británicos en Crimea y otros 2.000 más provenientes del norte de Alemania.

Si bien, en un principio, los seguidores de Nongqawuse culparon a los que no habían seguido sus mandatos, con el tiempo, se acabaron volviendo contra ella. Nongqawuse sobrevivió, pero acabó siendo arrestada por los ingleses que la encerraron en la prisión de Robben Island. Con el tiempo, fue liberada y vivió hasta su muerte en 1898 en una granja en lo que hoy es la Provincia Oriental del Cabo. Su tío, Mhalakaza, parece que murió de hambre.

El Gobernador Grey culpó del desastre al Gran Jefe xhosa Sarhili. Grey defendía que todo había sido una treta de este para llevar a su pueblo a un nivel de desesperación tal que fuera más fácil levantarlo contra los ingleses. Muchos estudiosos defienden esta teoría y aseguran que muchos jefes xhosa estaban preparándose para la guerra con los europeos y tenían planeado lanzar a toda la nación xhosa en armas contra la colonia. Aunque son menos, otros estudiosos, y la mayoría de xhosa actuales, defienden precisamente lo contrario y acusan a Grey de ser haber utilizado a Nongqawuse en su propio beneficio para debilitar a la nación Xhosa, como acabó, de hecho, acabó sucediendo.

Mhalakaza, el tío de Nongqawuse, también es un personaje muy cuestionado, al que algunos consideran el auténtico instigador del movimiento. Un manipulador que con sus tretas consiguió convencer a Sarhili y a otros muchos jefes xhosa que acudieron a “ver los espíritus” que se le aparecían a su sobrina. Aunque los más afortunados, como mucho, llegaron a ver unas sombras negras sobre el agua, porque Mhalakaza nunca permitió a los visitantes acercarse, y otros se tuvieron que conformar con ver a Nongqawuse conversando con los espíritus.

J. B. Peires sostiene que el movimiento se basó principalmente en creencias ancestrales xhosa pero con influencias cristianas que habían sido introducidas por los misioneros. Para los xhosa los antepasados nunca acababan de “irse” del mundo de los vivos, más bien pasaban a una posición “superior” de él, donde se convertían en los responsables de la buena salud y la prosperidad de los vivos. O de castigar a los que tenían un comportamiento incorrecto.

Del Cristianismo, parece que tomaron prestada la idea de la resurrección. El regreso de los muertos a la vida parece que ya era una idea presente entre los xhosa, pero los misioneros ayudaron a darle más credibilidad y consistencia. No en vano, la resurrección había sido una de las ideas cristianas que había despertado más interés entres los xhosa.

También, resulta evidente el carácter milenarista del movimiento: el anuncio de la intervención de una gran fuerza que corregirá todos los males de una sociedad en crisis. Una sociedad que tenía que hacer frente a una catástrofe natural, como fue la perineumonía bovina, a la que sus élites eran incapaces de dar una solución. Un pueblo derrotado una y otra vez por los ingleses.

La profecía de Nongqawuse ofrecía una solución religiosa después de que la militar hubiera fracasado una y otra vez. De hecho, los xhosa aún volverían a ir a la guerra con los británicos una última vez en 1877. Pero esta vez, el resultado era aún más predecible, si cabe, que en anteriores ocasiones. Después de las hambrunas que habían seguido a las matanzas de ganado, la nación xhosa se encontraba más debilitada y dividida que nunca. La guerra acabó en derrota para los xhosa, como las ocho anteriores y, como consecuencia de ella, finalmente, todas las tierras de los xhosa pasaron a formar parte de la colonia.

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+info:
- Nongqawuse in en.wikipedia.org
- Xhosa cattle-killing movement and famine in en.wikipedia.org
- Xhosa Wars in en.wikipedia.org
- The Central Beliefs of the Xhosa Cattle-Killing (PDF) by J. B. Peires
- The National Suicide of the Xhosa in Christian Action Magazine
- New Country, New Race, New Men: War, Gender and Millenarism in Xhosaland, 1855-1857 (PDF) by Helen Bradford
- The Dead Will Arise: Nongqawuse and the Great Xhosa Cattle-Killing Movement of 1856-7 in Google Books
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miércoles, 8 de junio de 2011

Ferris para trenes, las vías férreas del mar

Cuando se habla de ferris, normalmente se piensa en barcos dedicados al transporte de coches a distancias cortas. Sin embargo, antes que los ferris de coches, fueron los de trenes, un tipo de barco algo sorprendente que aún se continúa utilizando allí donde los puentes o los túneles no pueden llegar o todavía no lo han hecho.

Un tren cruzando el Rin en 1900, dos cables guiaban al ferry | Wikipedia

Se puede considerar que uno de los primeros transbordadores para trenes fue el que entró en servicio en 1833 en la línea de un pequeño ferrocarril minero en Escocia. En realidad, se trataba de una gabarra con dos pares de raíles sobre su cubierta que permitían a los vagones de la línea hacer parte de su trayecto entre Monkland y Kirkintilloch por el Canal de Forth and Clyde.

Tres años más tarde, se tiene constancia de otro servicio similar, en este caso en Estados Unidos. Un ferry  que cruzaba el río Susquehanna conectando las ciudades Havre de Grace y Perryville a través del en Maryland. En un principio, el servicio se limitaba a transportar vagones de carga y pasajeros de pie hasta que en 1854 entró en servicio un ferry mayor que era capaz de transportar también vagones de pasajeros. El servicio continuó en funcionamiento ininterrumpidamente hasta la construcción de un puente de madera en 1866.

Hay que esperar hasta el 1848 para encontrar el primer diseño de ferry que es considerado como moderno, el ferry del Estuario de Forth en Escocia. La idea fue de Thomas Bouch, un ingeniero joven, pero que contaba con experiencia en el mundo del ferrocarril. Bouch propuso la construcción de un barco con raíles sobre sus cubiertas, y diseñó las instalaciones necesarias en ambas orillas del estuario para permitir a los vagones embarcar y desembarcar sin necesidad de grúas. Se trataba del primer servicio Ro-Ro de la historia.



Rampas de acceso para los ferris del Estuario de Forth | Granton History

El diseño del barco para la línea, el Leviathan, recayó sobre el ingeniero Thomas Grainger y la línea entró en funcionamiento en 1850. Según datos del Proceedings of the Institute of Civil Engineers del 16 de Abril de 1861 , durante el tiempo que estuvo en funcionamiento, hizo una media de 4 o 5 trayectos de ida y vuelta diarios. La travesía, de poco más de 8 kilómetros, duraba 26 minutos a los que había que sumar entre 5 y 8 minutos más para el embarco y desembarco de los hasta 34 vagones que podía transportar sobre sus cubiertas. Con el tiempo, el aumento de tráfico ferroviario a través del Estuario de Forth haría necesaria la construcción de más barcos.

Los vagones de pasajeros también se embarcaban en estos ferris, pero los pasajeros eran transportados en otros transbordadores más adecuados para el transporte de personas. Tener que hacer una parte del trayecto en barco y otra parte en tren no era visto como una gran incomodidad por parte del pasaje. Sin embargo, con la mercancía era diferente. Tener que descargar y volver a cargar la mercancía de los vagones era una tarea laboriosa que requería mucha mano de obra y que además tenía un especial riesgo cuando se trataba con mercancías frágiles. Evitar esta operación también suponía un considerable ahorro de tiempo, especialmente importante cuando se trataba con productos perecederos.

Aunque en un principio el ferry de Forth tenía que ser sólo una solución temporal hasta la construcción de un puente, acabó operando durante 40 años. El desastre del puente de Tay, diseñado precisamente también por Bouch, y otras complicaciones contribuyeron a retrasar la construcción del Puente de Forth que no se abriría hasta el 1890. Hasta esa fecha el ferry funcionó sin mayores problemas, sólo interrumpiéndose su servicio en momentos de extremada mala mar.

Ilustración del 1866 que muestra la el puente de madera sobre el río Susquehanna durante su construcción que costó 2.3 millones de dólares de la época | Wikipedia

Aunque el del estuario de Forth no era un caso aislado. En la mayoría de casos, la solución definitiva solía ser la construcción de un puente, pero esta no siempre resultaba una opción viable. La técnica de construcción de grandes puentes todavía no se dominaba lo suficiente, el mencionado desastre del puente de Tay era sólo una muestra, pero, además, los puentes tenían un coste elevado, no siempre asumible por las compañías ferroviarias más pequeñas. En el caso del Estuario de Forth, por ejemplo, la construcción del puente tuvo que ser financiada por cuatro compañías diferentes.

Con el tiempo, al Leviathan le sucedieron muchos otros ferris en una multitud de países diferentes: Australia, Canadá, Japón, Noruega, México, Turquía... Unos de los más conocidos son el Solano y el Contra Costa, dos ferris que operaban en la Bahía de San Francisco y que fueron los más grandes de su tiempo. El Solano tenía 129 metros de largo y 35 de ancho, y era capaz de transportar todo un tren de hasta 48 vagones, incluida su locomotora. El Contra Costa aún era un poco mayor. La línea comenzó a funcionar con el Solano en 1878, el Contra Costa fue construido unos años más tarde, estuvo en servicio hasta el 1930, cuando se construyó el puente Benicia Martinez.

Pero si importantes eran los barcos, no lo eran menos los muelles de carga y sus pasarelas. En muchos casos, se trataba de complicadas obras de ingeniería, especialmente, cuando tenían que hacer frente a las variaciones de nivel del agua provocadas por las mareas. Este era el caso del puente de carga de la calle 69 de Nueva York, cuyas pasarelas de embarque colgaban de una estructura en forma de arco y unos motores se encargaban de regular su inclinación en función de la diferencia de nivel entra las aguas del río Hudson y el muelle.

Cianotipo que muestra al Solano aproximándose al muelle de desembarco | Central Pacific Railroad Photographic History Museum


Sin embargo, en otras ocasiones, si la variación entre la pleamar y la bajamar era demasiado grande el desnivel no podía salvarse únicamente con rampas, como, por ejemplo, sucedía en el Canal de la Mancha, donde el nivel del agua puede llegar variar casi 8 metros. En este caso se tuvo que recurrir a la construcción de un muelle equipado con esclusas que gracias a una estación de bombeo permitían aislar el nivel del barco de las variaciones de la marea.

Para cargar los vagones, en unos casos, se empujaban a bordo con cadenas de vagones plataforma que, a su vez, eran empujados por una locomotora. Evitándose así que la pasarela de carga tuviera que soportar el peso de la máquina, mayor que el de los vagones. En otros, se usaban cuerdas y motores de vapor situados en tierra para tirar de los vagones.

En ambos casos, la carga y descarga tenía que llevarse a cabo tomando una serie de precauciones para evitar que el ferry se desequilibrara y acabara zozobrando. Si tenía más de una vía sobre su cubierta, se podían cargar simultáneamente dos líneas de vagones sobre vías situadas simétricamente respecto al eje del barco. Otra manera más lenta que se empleaba cuando sólo se disponía de un motor o una locomotora para llevar a cabo el embarque, consistía en cargar sólo la mitad de vagones en una de las vías, después cargar completamente la otra vía “simétrica” y, por último cargar, el resto de vagones sobre la primera vía.

En el caso del Estuario de Forth, el Leviathan, gracias a su diseño, podía cargar con un número muy diferente de vagones sin perder el equilibrio. El barco estaba equipado con 4 líneas de raíles, que podían funcionar como un par de vías independientes, y cargar dos líneas de vagones, pero en los casos en que no había el suficiente número de vagones o la carga era más pesada podía usarse sólo los 2 raíles centrales como una única vía y cargar así sólo una línea de trenes.

Una barcaza cargando vagones en la Bahía de Nueva York (1919) | Wikipedia

Muelles y puente de transbordo del Ferrocarril Central de Nueva York en la calle 69 | Brian Boyd

Sin embargo, las dificultades y peligros no acababan una vez los vagones estaban a bordo. Los vagones, con sus ruedas, eran una carga demasiado móvil y era fácil, y peligroso, que se movieran una vez embarcados, por lo que, aparte de usar los frenos, si los tenían resultaba vital que fueran asegurados correctamente, en especial, cuando se trataba de rutas largas a través de aguas abiertas.

Un método que se usó por primera vez en las líneas de ferris del Lago Michigan y que luego fue imitado en muchos otros lugares consistía en elevar los vagones situando gatos en sus esquinas para evitar así que descansaran sobre sus ruedas. Luego, para evitar que volcaran o se cayeran de estos gatos se usaban pesadas cadenas y tensores que sujetaban la estructura del vagón a la cubierta.

Una de las mayores catástrofes de este tipo de barcos sucedió el 26 de setiembre de 1954, cuando en un mismo día cuatro de ellos se hundieron en Japón debido a un tifón y 1.430 personas murieron. En aquellos tiempos, los ingenieros japoneses consideraban innecesario colocar una compuerta para proteger la proa del barco de la entrada de agua puesto que se creían que si el agua entraba en la bodega se podía evacuar sin problemas. Lo cual era cierto en la mayoría de los casos, pero no así cuando existía una determinada relación entre la eslora del barco y la longitud de onda de las olas. Cuando se daba esta fatídica coincidencia, una ola dificultaba la evacuación del agua de la anterior y el agua se comenzaba a acumular peligrosamente en las bodegas. A partir de esta serie de catástrofes, Japón rectificó y todos sus ferris de trenes fueron equipados con una compuerta en su rampa de acceso.

Rampa de embarque en Richmond | Wikipedia

No obstante, estas compuertas no siempre han conseguido evitar los naufragios y son consideradas el auténtico punto débil de este tipo de barcos. Este fue el caso del ferry noruego Shagerrak que en 1966 se hundió en medio de un fuerte temporal cuando cubría su trayecto entre Noruega y Dinamarca. La bodega del barco sí que contaba con una compuerta de protección, pero la fuerza del Mar del Norte venció su resistencia y quedó destruida.

Además, las consecuencias de la entrada de agua en la bodega en un ferry se ven agravadas por que estas son difíciles de compartimentar, en particular, si cargan líneas de trenes, pero también cargando coches, ya que reduciría su capacidad y dificultaría las operaciones de carga y descarga. De esta manera, el agua que entra se extiende libremente por la bodega y puede desequilibrar fácilmente unos barcos con una estabilidad ya de por si menor que la media debido a la posición que ocupa su carga, más bien alta y que hace que su centro de masas se sitúe a una altura superior a la de otros buques.

Aunque no han sido el principal motivo, algunos de estos accidentes sí que han acabado contribuyendo a la desaparición de muchas líneas de ferry al acelerar la construcción de una alternativa más segura, un tren o un túnel, que además es siempre una opción más rápida.



Un tren ICE alemán bajando del ferry en Puttgarden – Ver vídeo en youtube.com

Sin embargo, no todas las antiguas líneas han desaparecido e, incluso, y aunque pueda resultar algo sorprendente, en los últimos años se han inaugurado nuevas. Como la del Mar de Bohai inaugurada en China en 2007 y que es en la actualidad la más larga que existe al conectar a través de dicho mar las ciudades de Dalian y Yantai, situadas a más de 180km de distancia. En este caso, después de barajar otras opciones se considero el ferry como la opción más práctica frente a la costosa construcción de puentes y túneles o la de largos rodeos por la costa.

PS: Con este post, ya son 200 los publicados desde el comienzo de este blog el 30 de noviembre de 2009. ¡Gracias a todos por seguir ahí!

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- Granton History: The train ferries
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lunes, 9 de mayo de 2011

Peter the Wild, el niño que salió del bosque y llegó hasta el palacio real

En 1725, un niño fue “cazado en los bosques de los alrededores de Hamelín. No tendría más de 14 años e iba desnudo, andaba a cuatro patas y trepaba por los árboles con la agilidad de una ardilla. Su aspecto era silvestre, sucio y descuidado, y, como se sabría después, no entendía lo que le decían ni era capaz de articular palabra. Con el tiempo, aquel niño se convertiría en una celebridad de su época y sería objeto de numerosas teorías que intentarían explicar su misterio.

Wild Peter, pintado en una de las paredes de la Escalinata del Rey del Palacio de Kensington

Existen varias versiones sobre su captura, como de muchos otros aspectos de su vida. Según unos, fue por orden del rey Jorge I de Gran Bretaña, príncipe elector de la vecina Hanover, que había oído con anterioridad varias historias sobre de él. Según otros, fueron unos campesinos que se habían topado con él en varias ocasiones los que lo capturaron. Tal vez, sin estar muy seguros de si se trataba de un hombre o de un animal. En cualquier caso, parece que atraparlo no resultó fácil y el joven ofreció toda la resistencia posible.

Tras su captura fue llevado a la vecina ciudad de Zell, donde fue encerrado en una prisión. Allí, según parece, rechazaba la comida cocinada, en especial, la carne, y sólo comía verduras y fruta, aunque otros aseguraban que la carne, si era cruda, sí que era de su agrado. Su comportamiento era más propio de un animal que de un ser humano y era incapaz de entender lo que le decían y, mucho menos, de responder con palabras. Su pelo era largo y enmarañado. Sus uñas también eran largas y estaban rotas. Su piel estaba quemada por el sol y era muy peludo.

No tardaron en aparecer las primeras teorías sobre el origen de aquel niño que, desde luego, no parecía que hubiera estado bajo el cuidado de adultos. Para algunos era una versión moderna de Rómulo y Remo, y como ellos había sido criado por una loba, o quizás un jabalí o una osa, pero otros dudaban que Peter fuera realmente un niño salvaje y creían más bien que no era más que un niño “idiota. Un niño que había sido abandonado a su suerte, no mucho antes de ser encontrado, por sus padres, que o no podían o no querían seguir haciéndose cargo de él.

En 1725, Jorge I, hizo traer al niño a su corte en Herrenhausen, donde le dieron el nombre de Peter. A la primavera del año siguiente, después de una breve fuga al bosque y de volver a ser capturado, el rey se lo llevó con él a su palacio de Kensington en Londres, donde fue exhibido por primera vez ante la nobleza como si se tratara de una curiosa mascota, correteando y moviéndose como si fuera un chimpancé. Allí, Peter se convirtió en un personaje más de la corte, al que el Rey acostumbraba a vestir con refinados vestidos y a sentar a su mesa, donde solía comer con las manos y de una manera bastante ruidosa, todo un espectáculo para un entorno tan refinado.

Pero la popularidad de Peter trascendió más allá de la Corte y se convirtió en una curiosidad viviente a la que se dedicaban sátiras y de la que los periódicos hablaban. Muchos autores ingleses de la época escribieron sobre él, uno de ellos Daniel Defoe en su “Un cuerpo sin un alma” , en el que incluía una “disertación sobre la utilidad y la necesidad de los tontos, ya fueran políticos o naturales”. Defoe deliberaba si una criatura así, criada sin contacto con otros humanos, tendría algún tipo de sentimiento moral o, incluso, alma.

Defoe concluía que hasta que no desarrollara la capacidad de razonar sólo podía ser considerado humano “de manera potencial”. El escritor inglés mostraba sus dudas sobre la posibilidad de ser capaz de razonar sin antes adquirir la facultad de lenguaje. Sin esa facultad, ¿podría Peter entender su “voz interior”? Así que de momento era como un barco sin timón y retrasaba su veredicto final hasta ver los resultados que en él podía producir de la educación.

El Palacio de Kensington, Jan Kip (1724) | Wikipedia

No es de extrañar que Roger Moorhouse, doctor en historia moderna alemana, afirme que Peter fue como un regalo caído del cielo para Defoe y para otros intelectuales europeos del Siglo de las Luces. Un regalo que sirvió para animar sus debates sobre el “buen salvaje. y la aparición de numerosas teorías sobre la socialización de los niños y la importancia que el lenguaje jugaba en ella.

Por ejemplo, según señala Moorhouse, otro de los que trataron el caso de Peter, fue el excéntrico juez y filósofo escocés James Burnett. Para Burnett, Peter constituía una prueba de que los humanos nacían mudos y que el lenguaje era un hábito que sólo se adquiría mediante la práctica y gracias al entorno. Sin embargo, otros tenían una opinión ligeramente diferente y creían que Peter era la demostración de la existencia de un período crítico en el desarrollo intelectual del niño que, una vez pasado, si el niño no ha aprendido a hablar, ya no lo conseguirá jamás.

Pero, aparte de su notoriedad en los círculos intelectuales, Peter fue también un personaje conocido por el pueblo llano y esta popularidad le valió que le dedicaran una estatua en un museo de cera londinense, o la aparición de números panfletos sobre su caso, algunos de los cuales sirviéndose como excusa del interés que el rey había mostrado por él, lo relacionaban con la familia real.

Pero, con el tiempo, la fascinación que el rey había mostrado en un principio hacía los “silvestres” modales del joven fue desapareciendo y aburrido de su comportamiento, pidió al doctor de la corte, John Arbuthnot, que se hiciera cargo de él e intentará “civilizarlo”. Arbuthnot lo bautizó, pero no logró enseñarle a hablar. Todo lo que consiguió es que repitiera como un loro, y de manera casi ininteligible, su nombre y “King George”. En 1728, frustrado por los escasos progresos conseguidos, Arbuthnot desistió y declaró al joven “incapaz de recibir instrucción”.

Tras la muerte del rey, su nuera, la reina consorte Carolina, una mujer reconocida por su inteligencia y su interés por la educación y que ya antes había mostrado interés por Peter, se convirtió en su nueva protectora. Una de las damas de compañía de Carolina buscó un nuevo hogar para Peter en una granja cerca de Northchurch. Para entonces el interés púbico por el niño salvaje había decaído bastante y, con este traslado al campo, Peter desapareció definitivamente de las columnas de cotilleos de los periódicos

Una nueva maestra de escuela se convirtió en su tutora, pero, una vez más, todos los intentos para que Peter aprendiera a hablar resultaron inútiles. En su frustrado viaje hacia la civilización, sí que surgió en él un cierto interés por la música y el baile, y acabó desarrollando el gusto por la ginebra y la cerveza. Todo esto sin perder su apariencia feliz y su comportamiento tímido, pero amable.

Durante todo este tiempo la reina Carolina le seguía manteniendo una generosa asignación económica trimestral y el joven Peter fue pasando por varias familias de pequeños terratenientes hasta que un día a finales del verano de 1751 desapareció. Peter acostumbraba a pasar largos días fuera de la granja cuando el tiempo era cálido y seco, pero siempre acababa regresando a la granja, sin embargo, esta vez no lo hizo.

Vista más general de la pintura anterior. A la izquierda de Peter, el Doctor John Arburthnot. También puede verse al paje polaco del rey y sus dos sirvientes turcos

Thomas Fenn, el terrateniente que estaba al cargo de Peter puso anuncios en periódicos y ofreció una recompensa para todo aquel que pudiera aportar algún dato que ayudara a dar con él, pero pasó el tiempo, llegó el otoño, y cuando parecía que no se volvería a saber nada de él, el 22 de octubre, se declaró un incendio en Norwich, una población a más de 150 kilómetros de distancia de la granja de donde había desaparecido Peter.

El fuego se extendió rápidamente por el pueblo hasta llegar a la prisión. Para evitar que los allí encerrados acabaran calcinados, no hubo más remedio que abrir las puertas. Entre todos ellos, hubo uno que destacó por su aspecto robusto y peludo, y por ser únicamente capaz de responder con ruidos y gruñidos a las preguntas que se le hacían.

Se trataba de un vagabundo que unos meses antes había sido encontrado merodeando por la ciudad. Según citan algunas fuentes, cuando fue encontrado algunos sospecharon que podría tratarse de un “español subversivo”, un espía; según otras, simplemente fue tomado por un mendigo y otros destacan que lo que más sorprendió entonces fue su semblante salvaje y los ruidos que emitía les recordó a un orangután. En cualquier caso, cuando fue interrogado, al ser incapaz de responder con palabras y no sabiendo muy bien qué hacer con él, decidieron encerrarlo en la prisión.

Unos días después del incendio, aquel vagabundo fue identificado como Peter the Wild y fue llevado de vuelta a la granja de Thomas Fenn. A partir de entonces y para que no volviera a perderse, Peter llevó un collar de bronce al cuello con su nombre y la dirección a la que ser devuelto si se perdía.

Años más tarde, un día de junio de 1782, el excéntrico James Burnett, que años antes ya había estudiado su caso, tuvo la oportunidad de visitar a un Peter ya anciano. Según Burnnet, no era de gran estatura, poco más de metro y medio, tenía un aspecto sano y saludable, con una gran barba que cubría su cara, que no era fea ni desagradable. Peter no había hecho grandes progresos y todo su vocabulario seguía limitándose a “Peter “ y “King George”, aunque la mujer de la casa aseguró al filósofo que si que era capaz de entender las frases más habituales que se le decían.

Peter murió unos años después, un día de febrero de 1785, cuando tenía unos 70 años y fue enterrado en el cementerio de la iglesia de St Mary de Northchurch donde aún hoy puede visitarse su tumba. Durante todo este tiempo no se ha podido descubrir nada nuevo que permita aclarar su misterioso origen, pero sí que han continuado apareciendo teorías que intentan arrojar algo más de luez. En el siglo XIX, fue el antropólogo alemán Johann Friedrich Blumenbach el que defendía que Peter no fue en realidad un niño salvaje, si no, como ya habían sostenido otros antes, un niño que padecía algún tipo de retraso mental.

Lápida de “Peter the Wild Boy” in la Iglesia de St Mary, Northchurch | Wikipedia

El par de dedos “unidos que tenía Peter, según descripciones de la época, sería un síntoma secundario de este retraso. Además, según Blumenbach, Peter también podría haber sufrido anquiloglosia. La conjunción de ambos factores podía ser la verdadera causa de que no hubiera sido capaz de aprender a hablar. De ser cierta su explicación y no ser un niño salvaje, todas las teorías de la época sobre la socialización basadas en Peter resultarían infundadas.

Este mismo año, 2011, ha aparecido una nueva teoría en la misma línea de la de Blumenbach que afirma haber encontrado cual era la verdadera enfermedad de Peter. Lucy Worsley, historiadora y restauradora de los “Historic Royal Palaces”, se ha basado para ello en una de las pinturas de la Escalinata del Rey del Palacio de Kensignton en las que aparece retratado el joven Peter acompañado de otros personajes pintorescos de la corte del rey Jorge.

Aunque Lucy reconoce que en un principio sospechó que Peter era autista, cuando enseñó el retrato a Phil Beale, un profesor de genética, este llegó a la conclusión que Peter realmente sufría el síndrome de Pitt-Hopkins, un desorden genético desconocido en la época de Peter, ya que fue identificado en 1978. Para ello, fue clave la encantadora sonrisa que la boca de Peter dibujaba en la pintura de la escalinata, en la que destaca la curva pronunciada del arco de Cupido de su labio. El síntoma más distintivo de esta enfermedad. También parecen corroborar esta hipótesis sus párpados caídos, su vigoroso cabello o sus labios gruesos.

Lucy y Phil también tienen en cuenta las descripciones de la época que hacen referencia a sus dos dedos “unidos”. Aunque van más allá que Blumenbach y afirman que se trata de un caso de acropaquia, una enfermedad que produce el agrandamiento indoloro e insensible de las falanges terminales de los dedos de las manos, otro síntoma del síndrome de Pitt-Hopkins. Igualmente, el síndrome también sería la explicación para el aparente retraso mental de Peter.

Lucy afirma que la enfermedad podría ser una explicación de porqué Peter fue abandonado por sus padres. Sin embargo, lamenta que no nos permita saber nada más de quienes pudieron ser estos. Un misterio que aún queda por resolver.

Enlace permanente a Peter the Wild, el niño que salió del bosque y llegó hasta el palacio real

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+info:
- Peter the Wild Boy in en.wikipedia.org
- Peter the Wild by Roger Moorhouse
- Peter the Wild Boy c. 1711-1785 by Stuart John McLaren for NorwichHeart
- Peter the Wild Boy’s condition revealed 200 years after his death in The Guardian
- The child savage kept as a pet by King George by David Leafe in MailOnline
- The new wonderful museum, and extraordinary magazine by William Granger and James Caulfield in Google books
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