martes, 21 de septiembre de 2010

Bermeja, la isla que México perdió en los mapas

Según varios mapas históricos, los más antiguos de los cuales datan del siglo XVI, al norte de la Península del Yucatán, mar adentro, se encuentra una isla llamada Bermeja. Aunque su presencia se repite en mapas posteriores, hoy en día, todos los intentos de dar con ella han acabado en fracaso. Pese a todo, algunos se preguntan cómo puede ser que una isla, que aparecía en mapas oficiales mexicanos de mediados del siglo XX, se haya podido perder.

Mapa de Nicolás Sanso (1657) en la que aparece Bermeja

Las primeras representaciones del Golfo de México muestran la Península del Yucatán como una isla. En estos primeros mapas, además, se puede advertir de la presencia de una serie de islotes y bajos sin nombre situados al norte del Yucatán.

Aunque, según el historiador y cartógrafo Michel Antochiw, es en 1535 es cuando la isla Bermeja aparece, por primera vez, con ese nombre sobre un mapa. En concreto, se trata de uno bastante preciso del Golfo de México realizado por el portugués Gaspar Viegas. En dicho mapa, la Bermeja aparece acompañada por la isla de Alacranes. Ambas islas seguirán apareciendo, con o sin nombre, en mapas portugueses posteriores, desde los que saltaran a los franceses debido a la estrecha relación existente entre cartógrafos lusos y galos.

Unos años después de aparecer en el mapa de Viegas, la Bermeja también emerge de entre las aguas en los mapas realizados para España por el cartógrafo veneciano Sebastiano Caboto y publicados en Amberes en 1544. En torno a la península del Yucatán aparecen, además de Bermeja, la isla Triángulo, la isla de Arenas, Las Arcas, Triángulo, la isla Negrillos y el arrecife de Alacranes.

Unos años más tarde, en 1571, el mismo Sebastián Caboto comienza la redacción de la Geografía de las Indias. Aunque no puede acabarla al fallecer al año siguiente y tiene que terminar su obra el cosmógrafo del Rey, Juan López Velasco. Eran tiempos en que la elaboración de mapas era considerada una cuestión de estado y su elaboración se llevaba casi en secreto y no es de extrañar que las seis copias de la Geografía fueran guardadas bajo llave.

En esta obra, se advierte del peligro que suponen para la navegación las islas Triángulos, la Zarca, la de Arena, la de Bermeja y la de Negrillos. Aunque no parece que se hubiera realizado ninguna verificación sobre el terreno de la existencia de ninguna de todas ellas.

Además de en estos y otros mapas, durante este tiempo, la Bermeja también aparece en numerosos derroteros, en los cuales los exploradores describen las rutas, las costas o los fondos y otros peligros que pueden aguardar a los pilotos que naveguen por esas aguas. Sin embargo, a comienzos del siglo XIX la situación cambia. Durante 1804 y 1805, Ciriaco de Cevallos realiza levantamientos cartográficos de la zona en la que se suponía que estaban la isla Bermeja y las demás, pero no encontró ni rastro de Bermeja ni, tampoco, de la isla de Negrillos. Cevallos afirma que “esta isla que se sitúa en todas las cartas es de muy dudosa existencia”.

Según Michel Antochiw, a partir de entonces más que existir dudas de la existencia de Bermeja, se comienza a estar bastante convencido de que no existe. Pero, a pesar de ello, la isla no cae en el olvido y acabará siendo rescatada por los cartógrafos mexicanos en varios mapas de carácter oficial del siglo XIX y de principios del XX. Todo esto pese a no tener constancia de que existiera ninguna verificación marítima de su existencia.

De esta manera, en 1864 la isla aparece registrada en la “Carta Etnográfica de México” y en el libro de las “Islas Mexicanas”, editado por la Secretaría de Educación Pública, que la sitúa en 22⁰ 33′ latitud norte y a 91⁰ 22′ oeste. El mismo libro sostiene que algunas agencias federales de Estados Unidos reconocen su existencia. Pese a que resultaba imposible dar con ella, Bermeja continuó apareciendo en algunos mapas oficiales de México hasta 1946.

Isla Pérez en el Arrecife de Alacranes. ¿Tendría Bermeja, de existir, una pinta similar?

Como suele pasar en este tipo de historias sobre islotes remotos, la Bermeja tiene mucho más valor del que podría tener un pequeño trozo de tierra en medio del mar. Con el paso de los años y mediante la firma de varios tratados, Cuba, Estados Unidos y México han ido delimitando las fronteras de sus zonas económicas exclusivas en el Golfo de México. Sin embargo, existen dos áreas, conocidas como “hoyos de dona”, que aunque están fuera de ellas, han quedado totalmente rodeadas por los aguas territoriales de dos o más países. Formalmente, no pertenecen a nadie, hasta que los países colindantes decidan fijar sus límites ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU.

El occidental se encuentra frente a las costas de Texas y sus recursos se los tendrían que repartir entre México y Estados Unidos. En el oriental, que se encuentra entre las costas de Nueva Orleans y el Yucatán, Cuba también entraría en el posible reparto.

En el caso del hoyo occidental, el reparto de los 22.500 millones de barriles de petróleo que se supone podrían estar esperando en su fondo sería muy diferente de poderse encontrar la isla Bermeja. De confirmarse su existencia, México podría extender 55 kilómetros mar adentro su zona económica exclusiva en esa zona del golfo, lo que en la práctica le supondría pasar de controlar el 60% del hoyo ,que le corresponde según los tratados actuales, a controlarlo en casi su totalidad.

Es por ello que cuando México, a finales de los 90, comenzó las negociaciones con Estados Unidos para delimitar la plataforma continental entre ambos países más allá de las 200 millas náuticas de sus respectivas zonas económicas exclusivas, volvió a intentar dar con la isla Bermeja.

Vista general del Golfo de México del Mapa de las Indias Occidentales del 1796 hecho por Capitán inglés Joseph Smith Speer. Original interactivo

Detalle del mapa anterior en el que aparte de Bermeja se pueden ver Triángulos, Arcas, Negrillos y Arenas.

En septiembre de 1997, el Ministerio de Marina mexicano envió un buque oceanográfico a la zona. Aunque el barco rastreó más de 300 millas náuticas cuadradas en torno a su supuesta posición, no encontró ni rastro de Bermeja. En las coordenadas donde debía estar la isla, el fondo marino se encontraba a 1.472 metros de profundidad y era plano, por lo que no sólo la isla no estaba allí, sino que, además, parecía descartarse la posibilidad que lo hubiera estado alguna vez.

Al no encontrarse Bermeja, fueron las islas del Arrecife de Alacranes las que sirvieron de referencia a México para delimitar los límites con el vecino del norte.

Como resultado de las negociaciones, el gobierno mexicano consiguió que el del Hoyo de Dona y los demás yacimientos petrolíferos situados en la nueva frontera marítima quedaran protegidos por una moratoria que impedía a ambos países realizar ningún tipo de prospección hasta 2010. Era una manera de evitar que los norteamericanos extrajeran petróleo de estos yacimientos mediante la succión lateral y, al mismo tiempo daba tiempo a la petrolera mexicana Pemex a hacerse con los equipos necesarios para la extracción de petróleo a más de 3.000 metros de profundidad.

Con muchos barriles de petróleo en juego, México volvió a buscar la isla Bermeja en marzo de 2009. Esta vez por encargo de la Cámara de Diputados mexicana , la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) envió su buque oceanográfico a explorar la zona. Se llevaron a cabo mediciones con ultrasonidos hasta una profundidad de 472 metros y se examinó un área de más de 220 kilómetros cuadrados. El intento no tuvo éxito, si bien no se descartaba que la isla pudiera encontrarse en otras coordenadas diferentes o que hubiera existido, pero hubiera desparecido a causa de un deslizamiento geológico.

Dos meses después, en mayo, fue el barco Río Tuxpan de la Armada de México el que intentó encontrar la isla. El Río Tuxpan tampoco tuvo suerte y tampoco consiguió dar con la isla, llegando a la conclusión que lo más posible es que Bermeja sólo hubiera sido un error cartográfico.

Los Hoyos de Dona

Finalmente, fue la Televisión Azteca la que decidió patrocinar otra expedición marítima para encontrar Bermeja. La expedición, que contaba con medios técnicos más limitados que las dos anteriores, tampoco pudo dar con la isla.

Aparte de por mar, durante todo este tiempo, la isla también ha sido buscada desde el aire, aunque en todos los casos el resultado ha sido el mismo que desde el mar: ni rastro de ella.

Sin embargo, todas estas evidencias no han conseguido convencer a todos de la no existencia de esta isla que hasta hace tan poco aparecía en mapas de México. De hecho, incluso entre los dispuestos a admitir que ya no existe, hay los que creen que ello no significa que no haya podido existir, por lo que buscan posibles explicaciones a su desaparición.

Algunos políticos mexicanos creen que la isla Bermeja habría sido un arrecife coralino o un banco de arena, pero habría desaparecido a causa de algún maremoto. Otros creen que la culpa la tiene el aumento del nivel del mar causado por el calentamiento global. Según estos últimos, Bermeja descansaría ahora sumergida un metro por debajo del nivel de las aguas.

Una última versión, aún más conspirativa, achacaría la desaparición de la isla a la mismísima CIA,que debido a su importancia económica la habría dinamitado. Además, estos políticos sospechan que durante la negociación del tratado del año 2000, los negociadores mexicanos sabedores de las riquezas petrolíferas que escondía el fondo del Hoyo de Dona occidental pudieron haber hecho un uso privilegiado de esa información en beneficio propio.

No obstante, la explicación que, según los expertos, parece más verosímil es que Bermeja nunca existió, sino que se trata de una isla fantasma más. Es decir, una isla que aparece en los mapas históricos durante un tiempo y va pasando de unos mapas a otros hasta que finalmente se comprueba que no existe. Algunas de estas islas fantasmas surgieron al ubicar incorrectamente islas reales, aunque otras sí que pudieron haber existido, pero al tratarse de islas muy frágiles (bancos de arenas, arrecifes o conos volcánicos) acabaron desapareciendo. ¿Sería Bermeja una isla de este último tipo, tal como defienden algunos políticos mexicanos?

PS: Bermeja no es la única isla mexicana desparecida de los mapas. Tampoco se ha podido encontrar Negrillos ni otros cuantos cayos o bajos similares.

Gracias a Jesús Marmolejo por avisarme desde México D.F de la existencia, o no existencia, de esta isla.

Enlace permanente a Bermeja, la isla que México perdió en los mapas

+posts:
- Ferdinandea, la isla que vino, se fue y tal vez vuelva
- Rockall, la roca en medio del mar
- El archipiélago de Svalbard
- Tavolara, el que fue el reino más pequeño del mundo
- San Pedro y Miquelón

+info:
- Isla Bermeja en es.wikipedia.org en.wikipedia.org
- La isla Bermeja en los textos de y la cartografía(PDF) de Michel Antochiw Kolpa para INEGI
- México busca la isla del tesoro en ABC.es
- Número 195 de la Gaceta del Senado Méxicano
- Oil boom fuels mystery of the missing island in the Mexican Gulf in The Times
- Van diputados en busca de la Isla Bermeja en ElPorvenir.mx
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martes, 7 de septiembre de 2010

Entrevista con Xavier Jufre de El Artificio de Juanelo Turriano

Unos días después de publicar el post sobre el Artificio de Juanelo, recibí un correo de Xavier Jufre, el ingeniero que ha propuesto el último modelo que intenta explicar cómo funcionaba tan prodigiosa obra. Fue toda una sorpresa y, ya puestos, se nos ocurrió la idea de realizarle una pequeña entrevista para que nos pudiera hablar del Artificio y explicar su modelo. Creo que el resultado ha valido la pena.


Preséntanos tu web, El Artificio de Juanelo Turriano.

La web es el espacio donde poder mostrar de manera más visual el nuevo modelo de Artificio, en el libro se pueden encontrar los argumentos, cálculos…, pero una imagen animada de un tramo de Artificio expone de la mejor manera posible su funcionamiento. Por otro lado, la web quiere ayudar dentro de sus posibilidades, a la difusión de la figura de Juanelo Turriano y de su ingenio del agua.

¿Cuándo y por qué te comenzaste a interesar por el artificio?

Más o menos fue en el 2002, cuando me regalaron un libro antiguo sobre la historia de la técnica, “Los Ángeles de Hierro” de Walther Kiaulehn. En el encontré la primera referencia sobre los Artificios, y también la primera conjetura sobre su funcionamiento, la elaborada en 1888 por Luis de La Escosura. La existencia de estos ingenios me sorprendió mucho y busqué un poco más de información, descubriendo que existían otras conjeturas, pero que la controversia acerca de la validez de las mismas aun seguía viva. La polémica sobre la validez de las conjeturas, la singularidad e importancia histórica de los Artificios y la vida novelesca de Juanelo Turriano fueron una mezcla que avivó la curiosidad, y sin darme cuenta, al cabo de un tiempo, ya se empezaban a acumular en casa textos y referencias acerca del Artificio.

Creo que tu propuesta para artificio formó parte de un proyecto final de carrera, ¿qué fue antes, el proyecto final de carrera o la idea de la propuesta?

No es ningún proyecto final de carrera. El interés por el Artificio, mezclado con la profesión de ingeniero y la afición por la historia, ha sido el detonante del tiempo dedicado al asunto. Nunca ha sido un “trabajo”, un proyecto a realizar con un objetivo final, el asunto se planteó como un divertimento, el proceso de búsqueda de información fue muy gratificante y aprovechamos incluso el tema en algunos periodos de vacaciones junto a mi esposa, para visitar archivos históricos, bibliotecas, Toledo en varias ocasiones, ….

Lo sorprendente era que todo el conjunto tomaba cuerpo, el proceso de elaboración de un nuevo modelo no era un objetivo original, permitiendo una dedicación al asunto sin ninguna presión, totalmente voluntaria y con el ánimo de aprender y disfrutar con ello. No haber sido un proyecto final de carrera, no implica falta de rigor en el planteamiento y ejecución de la investigación, en el momento de editar el libro con el nuevo modelo de Artificio, este ha contado con el apoyo de la Fundación Juanelo Turriano de Madrid, el grupo de investigación de la Universidad de Lleida Espai, Poder i Cultura”, y el Colegio Superior de Ingenieros Industriales de Catalunya.

¿Cómo postulas tu diseño, como un modelo de artificio que podría haber funcionado o como el modelo que construyó Juanelo?

Como el modelo que construyó Juanelo. El modelo está basado en documentos históricos y muy especialmente en el relato de Ambrosio de Morales. Este relato es el más extenso y el único elaborado por alguien a quien el propio Juanelo le mostró el Artificio funcionando y, antes de comenzar la construcción, la maqueta. Además, Ambrosio de Morales era amigo personal de Juanelo, todos los modelos que entren en contradicción con el texto de Ambrosio de Morales ya ofrecen de base serias dudas. Para dar cuerpo a la nueva conjetura, esta va acompañada de un numeroso apartado de cálculos, en el que se justifican las soluciones mecánicas y cadencias de movimientos propuestas.

Esquema del artificio según el Chantre de Évora

¿Cómo encaja el diagrama del Chantre de Évora con tu modelo?

Este diagrama fue realizado por Manuel Severim en mayo del 1604, cuando con 21 años de edad y pasa 4 días en Toledo. Fue un alto en el camino que realizó el séquito encabezado por el Chantre de Évora (maestro del coro de la catedral de Évora) en su peregrinación hacia el monasterio de Guadalupe, en agradecimiento por el fin de un brote de peste que asolaba Évora. Durante su estancia en Toledo, Manuel aprovechó para visitar la ciudad, la catedral y también se fijó en los Artificios de Juanelo.

Existen varios puntos determinantes a considerar:

Los Artificios de Juanelo se ubicaban dentro de construcciones de obra civil que los protegían de la intemperie y ocultaban su visión. Sus partes más fácilmente visibles eran los extremos, la orilla del río Tajo donde los Artificios recogían agua y la llegada en el interior del Alcázar donde se depositaba el agua en unas arcas.

En 1604 ya hacía casi 20 años que había muerto Juanelo. Desde 1598, el encargado del mantenimiento de los Artificios era Juan Fernández del Castillo, quien propuso un nuevo sistema de abastecimiento con bombas de embolo para sustituir los Artificios ya que, aparte de tener un mantenimiento difícil, uno de ellos se encontraba ya bastante deteriorado por estar construidos ambos de materiales perecederos, sobre todo, madera. Juan Fernández del Castillo introdujo modificaciones en los Artificios y ensayó en el tramo más cercano al Tajo su propia propuesta. Este nuevo tramo se terminó en 1602 y se dejó funcionando en fase de pruebas hasta 1605, momento en que el rey Felipe III autoriza su construcción definitiva. El ingenio de Castillo se ubicaba adosado a los muros exteriores de los edificios que protegían los Artificios de Juanelo, siendo totalmente visibles.

Restos del Artificio de Juanelo hacia 1860. Fotografía de Charles Soulier. Original en Toledo Olvidado

Los Artificios de Juanelo eran famosos por su singularidad, espectacularidad y complejidad. Una muestra de esta afirmación se halla en el relato de Jehan Lhermite “Le passetemps de Jehan Lhermite, depuis son voyage d’Espagne”, quien formó parte de la corte real de Felipe II entre 1597 y 1602, donde se cita:

“Aunque es cosa ciertamente muy admirable que, como he dicho, ya he descrito, nunca he podido obtener un proyecto o representación fidedigna de esta máquina para satisfacer mi deseo de presentar una imagen viva que pueda contentar ocularmente a mis lectores, y si bien creo que el entendimiento humano y su intelecto pueden entender lo que es, difícilmente es posible comprender el artificio, industria e invención de este ingenio sin ver una representación suya. Así pues, me esforcé mucho en obtener una imagen fidedigna, pero hasta el día de hoy no he conseguido nada, y también resultaron vanas las muchas solicitaciones que hice sobre este punto ante Juan Baptisto Monnegro, arquitecto del rey, presidente en el mencionado palacio, que es la persona que lo gobierna, quien no dejó de persuadirme en todo momento para que desistiera de mi empeño,....., me escribió en una breve nota que me envió en la que me decía en sustancia que para dar a entender bien y explicar cabalmente el misterio de este ingenio sería necesario en primer lugar hacer un libro lleno con las diferentes representaciones y que después todavía, para dar aún inteligencia más viva de ello, sería menester componer varias maquetas de madera, puesto que – me escribió- no hay en el mundo hombre capaz de comprender lo que es este ingenio por una sola representación.”

Los Artificios de Juanelo tienen que ser por definición ingenios complejos y espectaculares, los esquemas de Manuel Severim no cumplirían este requisito, además entran en contradicción con el relato de Ambrosio de Morales, en ningún relato histórico se habla de la existencia de torres y mucho menos separadas entre ellas, que es lo que requiere el esquema de Manuel Severim, de elevaciones puntuales en torres de cazos separadas entre sí. En un fragmento del relato de Manuel Severim se cita:

”Solamente el primer tramo del ingenio está a pique y derecho. Después se va adaptando a los desniveles del terreno, con sus descansos, a veces más rasantes, a veces más levantados, todo recubierto con madera y ladrillos franceses, de manera que por fuera se advierte.”

El propio Manuel Severim parece indicar la existencia de un primer tramo a orillas del río donde el ingenio puede ser una torre de cazos como su esquema indica, pero luego apunta que el Artificio transcurre dentro de edificios de obra, de manera continua, adaptándose a las pendientes y llanos del recorrido hasta el Alcázar. La no existencia de torres se visualiza en los grabados de Toledo del s.XVI y posteriores, donde se identifican los Artificios de Juanelo como una construcción continua y serpenteante que recorre la ladera desde el río hasta el Alcázar.

La conclusión sería que Manuel Severim observó alguna modificación introducida en los Artificios tras la muerte de Juanelo.

Imágenes y simulaciones del modelo propuesto por Xavier Jufre fotos en su web El artificio de Juanelo Turriano

¿Qué opinas de los otros modelos de funcionamiento del artificio?

El de Luis de la Escosura (1888) y el de Theodor Beck (1899), actualmente están descartados por no poder remontar los desniveles existentes en las laderas entre el rio Tajo y el Alcázar.

El modelo de Torres Oscilantes (Reti-1967 y modificación de N. García Tapia), entre otros puntos conflictivos, no explica movimientos tan importantes como la parada de los cazos durante el intercambio de agua mientras el resto del Artificio sigue en movimiento, y que el intercambio de agua solo se realiza mientras los cazos están detenidos. Existen divergencias con los inventarios de piezas que los oficiales del Alcázar realizaron al desguazar los artificios. Los textos históricos no mencionan la existencia de torres, necesarias para implementar el modelo de Torres Oscilantes, y siempre se representan los Artificios en las vistas de Toledo como un elemento continuo. Afirman las argumentaciones de este modelo que Ambrosio de Morales, cronista de Felipe II, y a quien Juanelo en persona le mostró el primer Artificio construido, se confunde en su apreciación de la escalera de Valturio y se trata tan solo de una semejanza, pero Ambrosio de Morales escribe:

“ La suma della es anexar o engoznar unos maderos pequeños en cruz por en medio y por los extremos, de manera que en Roberto Valturio esta una machina para levantar un hombre de alto, aunque esto de Juanelo tiene nuevos primores y sutilezas.”

Parece excesivamente aventurado afirmar que Ambrosio de Morales se confunde.

El modelo de J. Luis Peces Ventas, es ingenioso e intenta mejorar un tipo de conjetura cercana a la de Luis de la Escosura, pero arrastra numerosas lagunas en su definición.

Escala de Valturio en su “De Re Militari” del 1462. Disponible en googlebooks

Una de las bazas de tu modelo es el uso de escalas de Valturio, que el resto "simula", ¿qué otras ventajas tiene tu modelo? ¿y desventajas?

El modelo de Escaleras de Valturio responde muy bien a lo que los textos históricos describen acerca de los Artificios, da respuesta mecánica a todos los movimientos que nos cuentan que tenían, y va acompañado de un apartado de cálculos que sustentan las implementaciones mecánicas propuestas.

Siempre se han buscado referentes mecánicos en otras obras de ingeniería renacentistas, con el fin de reforzar que las conjeturas que se exponían eran realizables en el entorno del siglo XVI, así pues Luis de la Escosura, Theodor BecK, Ladislao Reti, N. García Tapia y J. Luis Peces las habían hallado en las láminas núm. 95 y 96 del tratado de máquinas de Agostino Ramelli “Le diverse et artificiose machine” (París, 1588). Los ingenios presentados en estas láminas por Ramelli, no pueden ser los referentes de los Artificios, los ingenios de Juanelo eran tan famosos por ser singulares y espectaculares, ¿cómo pueden aparecer en el tratado de Ramelli y ser de concepción tan simple?

El modelo de escaleras de Valturio halla sus referentes en algunas soluciones mecánicas expuestas en el manuscrito que dejó Giovanni di Dondi, donde detalla los pasos seguidos en la construcción de la principal maquinaria de la edad media, el Astrario (1380), el reloj astronómico que en 1530 quisieron regalar a Carlos V durante su coronación en Milán, pero que ya estaba en un estado de conservación deplorable, el cual fue inspeccionado por Juanelo que determinó que la mejor opción era construir uno nuevo, lo que motivó que Juanelo construyera el Reloj Grande o Planetario, actualmente desaparecido y considerado uno de los relojes astronómicos renacentistas más importantes.

En la página del Artificio de Juanelo Turriano se pueden activar las animaciones que reproducen el funcionamiento del Astrario. Algunas de las soluciones mecánicas del Astrario, son muy parecidas a las del modelo de Artificio con Escaleras de Valturio, conocidas y usadas por Juanelo, que como debemos tener presente, era relojero real de Carlos V y más tarde de Felipe II.

¿Crees que alguna vez tendremos la suerte de poder conocer con certeza como era el auténtico artificio?

Siempre es posible que en cualquier momento y parte del mundo aparezca un documento o incluso la propia maqueta que construyó Juanelo, pero lo más importante es que se conozca y valore la vida y obra de Juanelo Turriano, y muy particularmente los Artificios del agua de Toledo.

¿Existieron otros artificios similares en el mundo? ¿Y en España o Sudamérica?

No se conoce ninguna infraestructura hidráulica renacentista tan famosa como los Artificios de Juanelo Turriano.

Restos del Artificio de Juanelo hacia 1860. Fotografía de Charles Soulier. Original en Toledo Olvidado

¿Fue tan injusto el trato que recibió Juanelo como nos puede parecer leyendo su historia?

Su vida es una historia increíble y terriblemente injusta, en aquella época muchos ingenieros acababan sus días en la miseria, siendo tratados pésimamente, habiendo tenido vidas aventureras y arriesgadas, pero el caso de Juanelo es espectacular. Contando 65 años, gozando de la confianza del rey, taller en la torre dorada del Alcázar de Madrid, y situación económica holgada, decide afrontar el reto de subir agua a Toledo para uso del Alcázar y de la propia ciudad, asume la inversión de la obra que solo recuperará si logra su objetivo, y todo ello siendo conocedor de que los anteriores intentos de construir un abastecimiento de agua han fracasado.

Consigue su objetivo, es más, logra subir un 50% más de agua que la que se había pactado, y aun así, muere en la miseria más absoluta, tanto suya propia como la de su familia.

Podemos hacernos una idea al leer la última carta escrita por Juanelo a Felipe II, y que le llegó al rey de manera póstuma:

“Ya que Dios nuestro señor no es servido que yo pueda ver volver a V. Md. (pues a lo que dicen los médicos y a lo que yo de mi siento el fin de mi vida será muy presto) quiero por este memorial hazer saber a V. Md. que por dos cosas la dejo con grandissimo desconsuelo. La una porqué por mis muchas deudas y por ser yo estrangero y morir en esta ciudad aonde me han tratado como sabe V. Md., queda con mi muerte mi casa en tan extrema necesidad, que se avra de pedir limosna para me enterrar...”

Aunque se puede considera una obra genial, desde el punto de vista ingenieril ¿no fue un error no tener en cuenta lo costoso y complicado de su mantenimiento?

Con perspectiva histórica y desde el punto de vista práctico, una propuesta como la de Juan Fernández del Castillo era la solución más útil y eficiente, pero con toda seguridad también podemos afirmar, que no hubiera tenido la fama que obtuvieron los Artificios de Juanelo.

¿Por qué no se repararon los artificios a medida que se iban averiando?

Hasta 1598 se mantuvieron operativos y mantenidos por descendientes de Juanelo, pero luego, a Juan Fernández del Castillo también le interesó que los Artificios fuesen vistos como un nido de problemas, eran una manera de ganar argumentos a favor de la construcción de su propuesta de abastecimiento.

¿Alguna otra obra maestra de la ingeniería que te tenga tan robado el corazón como el Artificio?

Hay varias, pero me gustaría remarcar todo el entorno de Las Médulas y los trabajos que realizaron los romanos para extraer oro, es algo tan increíble, que aun hoy podemos observar el paisaje modificado que nos dejaron.

Muchas gracias, Xavier, y felicidades por tu fascinante trabajo de investigación.

Para saber más, no os dejéis de visitar su web de El Artificio de Juanelo Turriano. Más información sobre el libro de Xavier "El artificio de Juanelo Turriano para elevar agua al Alcázar de Toledo (S. XVI). Modelo con escaleras de Valturio" la podéis encontrar en la Fundación Juanelo Turriano o la Editorial Milenio.
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martes, 31 de agosto de 2010

Los ingenieros que Apple no pudo despedir, que trabajaron en el proyecto que Apple no pudo cancelar

En agosto de 1993, el proyecto secreto en el que Ron Avitzur trabajaba en Apple fue cancelado. Según Ron, un exceso de intrigas políticas y de ego habían sido la causa. Después de un año dedicado a aquel nuevo ordenador, Ron, de 27 años, se quedaba sin proyecto y sin empleo. En un principio, un sentimiento de frustración se apoderó de él, pero no se resignó y decidió que al menos su parte del proyecto, una calculadora gráfica, no sería cancelada.

Graphing Calculator 3.2 corriendo sobre MacOS 7.6.1

Ron había comenzado a trabajar en la Graphing Calculator en 1987, cuando estudiaba física en la Universidad de Stanford. Allí, entró en contacto con los Mac, que comenzaban a reemplazar a las antiguas máquinas de escribir de los estudiantes de letras. Sin embargo, en opinión de Ron, para los estudiantes de ciencias los ordenadores resultaban mucho menos útiles, lo que no dejaba de parecerle una ironía.

Según él, el problema era el interfaz de usuario, así que se tomó un tiempo libre y comenzó a trabajar en Milo, una aplicación con la que pretendía portar al mundo de las matemáticas el concepto de procesador de textos. Milo resultó ser un producto que influyó y acabó integrado en muchos otros, pero económicamente, desde luego, no fue un éxito. Uno de los productos comerciales que lo integraban era FrameMaker 2.0, en el que Milo se convirtió en su módulo de edición matemática.

Pero Ron no estaba satisfecho con el resultado. Milo no resultaba tan fácil de usar como él pretendía. En su opinión, el problema era que las matemáticas usaban una notación que provenía del mundo del lápiz y el papel, con su multitud de símbolos, subíndices, superíndices o letras griegas, pero que resultaba difícil de introducir en un ordenador usando un teclado. Ron creyó que para que esta tarea resultara más amigable era necesario un hardware adecuado. Así, su objetivo fue hacer que Milo soportara una tableta digitalizadora e incluyera un algoritmo de reconocimiento óptico de caracteres. Este fue el motivo que había llevado a Ron Avitzur hasta Apple.

Sin embargo, el proyecto “secreto” en el que colaboraba, y del que Ron no le gusta dar demasiados detalles, después de un año de trabajo, fue cancelado. La primera reacción fue de alivio, el proyecto se había topado con algunos problemas hardware importantes, pero este alivio se tornó rápidamente en frustración por haber tirado un año entero de trabajo a la basura. A pesar de ello, Ron no se resignó y, al comprobar que pese a no tener un contrato con Apple su tarjeta identificativa seguía abriendo las puertas de las oficinas de Cupertino, decidió seguir yendo a trabajar, a terminar aquello que había dejado a medias.

Ron Avitzur en 2007. Original de atmonstergirl . Más fotos en su cuenta personal de flickr

La presencia de Ron no pasó desapercibida para el resto de ingenieros, pero eran muchos los que le dieron apoyo. Cuando les hacía alguna demo, muchos le decían lo mucho que hubieran querido tener algún programa similar cuando estudiaban. Especialmente, entusiastas se mostraban los ingenieros que trabajaban en el proyecto que crear el primer Macintosh equipado con un PowerPC, que creían que el programa resultaría ideal para demostrar la potencia de la nueva CPU.

Un día, después de la cena, aparecieron en la oficina de Ron un par de ingenieros que trabajaban en el PowerMac y le dijeron que no se irían de allí hasta que no accediera a portar su código al PowerPC. Finalmente, Ron accedió y los tres pasaron más de 6 horas revisando unas 50.000 líneas de código.

A la una de la mañana todo parecía estar listo para correr por primera vez la Graphing Calculator sobre un PowerPC. Las cosas, sin embargo, no empezaron bien, el monitor del ordenador se prendió fuego, aunque fue sólo un pequeño contratiempo. Después de buscar otro, cuando corrieron la primera simulación, todos se quedaron boquiabiertos. El PowerPC era 50 veces más rápido que la máquina que Ron utilizaba para programar y el programa parecía volar sobre él.

El resultado de la primera demo fue espectacular, pero Ron sabía que una cosa era una demo y otra muy distinta un producto comercial. Consciente que quedaba mucho por hacer y que él sólo no podía hacerlo todo, lo primero que hizo fue convencer a su amigo Greg Robbins para que se sumara al equipo. En aquel tiempo, Greg estaba trabajando en otra división de Apple y se le acababa el contrato. Así que le dijo a su jefe que a partir de entonces comenzaría a reportar a Ron. Su jefe no le preguntó quién era, pero le dejó ir sin dar de baja su tarjeta. A partir de entonces Greg diría que estaba trabajando para Ron y Ron que lo estaba haciendo para Greg. Sin managers de por medio y sin reuniones, podían programar 12 al día sin interrupciones, más productivo no se podía ser.


Un PowerPC 601v a 90 MHz (el del primer PowerMac iba a 60MHz) fabricado por IBM

Cuando alguien preguntaba a Ron si trabajaba en Apple, decía la verdad, que no. “Ah, entonces ¿eres de una empresa externa?”, le preguntaban. “Tampoco”, respondía Ron. Cuando le preguntaban que quien le pagaba, él respondía que nadie. La siguiente pregunta solía ser “¿Cómo vives?” y Ron respondía que “de manera sencilla”. Entonces, lo mejor era hacerles una demostración de su calculadora. En aquel tiempo, eran muchos de los empleados de Apple habían estado en uno o más proyectos que habían acabado cancelados, así que era fácil que se mostraran compresivos con su situación. Ron no hubiera sido el primero que trabajando horas extras había conseguido revivir algún proyecto cancelado. Ron recuerda algún un proyecto había sido cancelado y revivido hasta cinco veces.

En setiembre, una persona del departamento que se dedicaba a la gestión del espacio de las oficinas se pasó por el edificio en el que Ron y Greg habían encontrado refugio. Al verlos allí solos, ocupando un espacio que en teoría tendría que estar vacío, supuso que habían sido reasignados a otro proyecto, pero todavía no los habían movido con el resto del grupo. El empleado le dijo que en breve moverían a otra gente a aquel espacio que ellos ocupaban. Cuando le preguntó en qué grupo trabajaban, Ron le dijo la verdad. La verdad, sin embargo, no le hizo demasiada gracia al empleado de “facilities” que no dudó en llamar a seguridad y les pidió que abandonaran las oficinas.

Sus tarjetas fueron dadas de baja en el sistema de control de accesos, pero ellos necesitaban continuar entrando en Apple para acabar su trabajo. En aquel tiempo, la única manera de compilar el código del programa para que funcionara en un PowerPC era usando una estación de trabajo IBM RS6000 con un software hecho a medida para Apple que fuera era imposible de conseguir. Como tampoco existía documentación ni soporte para desarrolladores, la única fuente de información válida eran los que estaban trabajando en el sistema basado en el PowerPC.

Irónicamente para este par de despedidos la salvación llegó de la mano de más despidos. Eran tiempos difíciles en Apple y el 20% de sus 15.000 empleados fueron despedidos. A ellos, sin embargo, nadie podía despedirlos ya. A partir de esta “masacre” de empleados, en las oficinas comenzó a sobrar el espacio.

Con las tarjetas dadas de baja, cada día, tenían que arreglárselas para entrar detrás de otros empleados. Como conocían mucha gente, su comportamiento no despertaba sospechas. Luego el resto del día consistía en evitar a aquel empleado que llamó a seguridad, lo cual no les resultaba demasiado complicado.

PowerMac 6100. El primer Mac con PowerPC

De tanto en tanto, a Ron y Greg les asaltaban las dudas sobre lo que estaban haciendo. ¿Tenía sentido trabajar voluntariamente para una empresa que ganaba millones? Entre bromas, se decían que realmente no era así. En aquel momento, Apple estaba pasando dificultades financieras, así que se decían que, en verdad, estaban trabajando para una ONG. En realidad, la motivación era un tanto compleja. Había algo de reto, había algo del orgullo de que su programa corriera en millones de máquinas, pero también algo de tener la sensación de que estaban haciendo algo por el bien de la sociedad. Algo que ayudara a millones de niños a aprender matemáticas. Precisamente, a aquellos niños que iban a escuelas públicas que no se podían permitir comprar un software como aquel.

Aunque Ron también reconoce que había algo de subversión, de ir contra el sistema, detrás de todo lo que hacían. Todo el proyecto fue gestionado de una manera diferente a como se hacían los proyectos oficiales. No había burocracia, no había jefes, no había presupuesto ni gente asignada a él. Ron no tenía una relación de poder con sus “empleados”. Ellos simplemente cooperaban por interés en el proyecto, por amistad o lealtad.

A medida que pasaban los meses, se dieron cuenta que solos no podrían hacerlo todo. Necesitaban un equipo de gente con los conocimientos de los que ellos carecían. Necesitaban alguien con experiencia en diseño gráfico, alguien que se encargara de la documentación y, lo más importante, alguien que se encargara de la calidad del producto, que se dedicara a probar el producto y comprobar que funcionaba correctamente. Ron encontró ayuda de los aburridos ingenieros de calidad que trabajaban en el proyecto del PowerPC. El día se les hacía demasiado largo, ya que se lo pasaban corriendo tests automáticos que apenas requerían su atención. Ron, en seguida, les pasó unas copias de su programa para que lo comenzaran a testear.

A medida que pasaba el tiempo, algunos de los ingenieros que colaboraban a escondidas con el proyecto comenzaron a mostrarse partidarios de enseñarles a sus jefes lo que habían estado haciendo. Ron, por el contrario, prefirió esperar a que el programa estuviera más depurado y a tener listo el soporte 3D. Hasta entonces todos los gráficos que mostraba el programa eran en dos dimensiones. Ron, consciente que no tenían los conocimientos necesarios, contactó con un amigo que en tan sólo un fin de semana escribió el “renderer” tridimensional, un trabajo que a ellos les hubiera llevado como mínimo un mes.

Ahora sí que Ron que creyó que había llegado el momento de hacer una demo a los jefes. Una docena de personas acudieron a la demostración. Después de veinte minutos de “ahhhs” y “ohhhs”, le preguntaron: “¿Quién es tu jefe? ¿Por qué no hemos sabido lo que estabas haciendo antes?”. Ron les explicó la verdad y le aconsejaron que en el futuro no la volviera a repetir.

En seguida el manager de software para PowerPC vio el valor que tendría incluir un paquete de software así en cada ordenador. La Graphing Calculator tendría un enorme valor educativo, permitiendo a los profesores en clase de matemáticas mostrar fácilmente conceptos abstractos, pero también serviría a Apple para mostrar la potencia de su PowerMac. Un ordenador que, según Ron, cambiaba las reglas establecidas, permitiendo la interacción en tiempo real.

Sin embargo, antes se tenía que cualificar el software. El responsable de calidad de software del PowerMac contactó con Ron y le presentó a sus ingenieros, que él creía que estaban ocupadísimos. Aunque ese jefe no lo sabía, eran los mismos que ya llevaban un tiempo trabajando para Ron en la calculadora. Al mismo tiempo, comenzó la localización del software a una veintena idiomas y el grupo encargado de la experiencia de usuario comenzó las pruebas de usabilidad con usuarios reales.

Ron Avitzur contando su historia en las oficinas de Google en 2006. Ver en youtube.com

Ahora, Ron y Greg se encontraban en el centro de un torbellino de actividad, pero seguían teniendo que entrar a escondidas a las oficinas de Apple. El proyecto del PowerPC no podía conseguirles identificaciones sin una orden de compra. No podían conseguir la orden de compra sin un contrato firmado. No podían firmar un contrato sin la aprobación del departamento de legal, y si legal se enteraba de la verdad, no hubiera tardado en llamar a seguridad. Finalmente, encontraron una solución. Consiguieron tarjetas que los identificaban ni como empleados ni como trabajadores de una empresa externa, sino como vendedores.

Pero ahora los problemas vendrían de fuera de Apple. Primero, llegó una denuncia por violación de patentes y, después, presiones por parte de la empresa del Mathematica (otro paquete matemático) para que Apple no preinstalara la Graphing Calculator en sus ordenadores. Estos problemas quedaron en nada y en noviembre trabajaban a plena máquina, 7 días por semana, 16 horas al día, centrándose en estabilizar el producto y mejorar su usabilidad, para esto último fue de vital importancia los tests de usabilidad que Apple organizó con profesores de matemáticas.

Finalmente en enero de 1994, después de 6 meses de trabajo clandestino, la Graphing Calculator estaba lista. El programa se envió pre-instalado en más de 20 millones de ordenadores y miles de profesores de todo el mundo lo pudieron utilizar como “pizarra” para mostrar a sus alumnos conceptos abstractos. Antes había Apple licenciado el software a cambio de una cifra más bien baja de cinco dígitos.

Ron bromea diciendo que intentaron que su Graphing Calculator también se incluyera en Windows 98, Aunque lamenta que la seguridad de Microsoft era mucho mejor. Todos creen que hacer algo similar ahora en Apple también resultaría imposible, al no existir ese caos que existía en la compañía a mediados de los 90.

PS: Ron sigue trabajando en su empresa, Pacific Tech, como él dice en el primer programa en lenguaje C que escribió, su Graphing Calculator.

Enlace permanente a Los ingenieros que Apple no pudo despedir, que trabajaron en el proyecto que Apple no pudo cancelar.

Muchísimas gracias a Jeshua, el amo del Morbitorio , por descubrirme esta historia.

+posts:
- Una cabina en medio del desierto
- El Mecanismo de Anticitera, el primer ordenador de la historia
- El mensaje de la Pioneer para los extraterrestres
- Johnny Appleseed y sus manzanas

+info:
- The Graphing Calculator Story by Ron Avitzur
- They Hacked Readl Good, For Free in Newsweek
- Worming Into Apple in Wired.com
- Curriculum de Ron Avitzur
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viernes, 27 de agosto de 2010

La nueva “programación de verano” de la UVB-76

Gracias a un comentario de K en la entrada dedicada al misterioso zumbador de la UVB-76, me enteré ayer que, durante este mes de agosto, supuestamente, la emisión habitual de la misteriosa emisora ha sido interrumpida como mínimo en tres ocasiones.

La casa del zumbador vista desde un satélite

Durante estas tres interrupciones, una el día 23 y dos el 25, se habrían emitido tres nuevos mensajes hablados, distintos de los anteriores, pero igual de crípticos.

Para escuchar uno de estos mensajes y para saber más, no os perdáis “UVB 76 muy activa en el blog “Bertrand Rusell y su conjunto tropical”. Los otros dos, los podéis escuchar en el artículo de la wikipedia sobre la emisora, que ya ha sido actualizado con los nuevos acontecimientos.

De momento aparte de varios blogs, gizmodo.com, wired.co.uk y el periódico ABC se han hecho eco de la noticia. Me hubiera gustado poder encontrar alguna otra fuente más para confirmar las emisiones, pero, de momento, me ha resultado imposible.

De ser ciertas algunas de las peores teorías conspirativas sobre la emisora, quizás tendríamos motivos para estar preocupados. Aunque también podría ser sólo una broma de alguien aburrido ;-) Seguiremos a la escucha de lo que pasa durante los próximos días.

¡Gracias K por el chivatazo!

PS: Precisamente, a principios de agosto recibí un correo de Miguel Ángel A. contándome que, después del intercambio de espías entre norteamericanos y rusos del pasado 9 de julio en Viena, Radio Praga había informado que las emisiones de la UVB-76 habían cesado durante dos semanas. Lamentablemente, en este caso, no pude encontrar ninguna fuente fiable con la que contrastar la información. Si alguien la encuentra...
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martes, 17 de agosto de 2010

USS Recruit, un barco de guerra en el centro de Nueva York

En 1917, John Purroy Mitchel, alcalde de Nueva York y ferviente partidario del apoyo a los Aliados en la Gran Guerra, estaba preocupado porque sus conciudadanos parecían no compartir su fervor. De los 2.000 neoyorquinos que la Armada esperaba que se unieran a sus filas, apenas lo habían hecho unos 900. Mitchel, sin embargo, ideó un plan para solucionar esta situación, construir una réplica de un barco de guerra en pleno centro de Manhattan.

El USS Recruit durante su construcción

La Armada lo había intentado todo, desde desfiles, reuniones informativas o el patrocinio competiciones deportivas, hasta marchas de bandas musicales acompañadas de bonitas señoritas, pero nada parecía funcionar. Fue entonces cuando alguien pensó que las cosas podrían cambiar si los candidatos, antes de alistarse, pudieran hacerse una idea de cómo sería su vida a bordo de un barco de guerra.

Con ese objetivo en mente, el gobierno local decidió construir y colocar una réplica de un barco de guerra en un punto céntrico y bien comunicado de la ciudad, donde todos los jóvenes que pasaran cada día por allí pudieran verlo.

Entusiasmando, Mitchel no tardó en crear el “Comité del alcalde para la defensa nacional”, que sería el encargado de reunir los fondos necesarios y contratar a dos arquitectos con experiencia en la construcción de barcos y en el mundo del teatro. El objetivo era construir una réplica a escala casi real que fuera atractiva a la vista de los que pasaran delante. La idea gustó a la Armada, que también se sumó al proyecto. La céntrica Union Square fue el lugar que se escogió para fondear el buque.

El día de su bautizo. Foto original en NavSource

El USS Recruit, nombre con el que se bautizaría al barco, se construiría en madera a imagen y semejanza del USS Maine, aunque mediría menos, sólo 60 metros de largo y 12 de ancho. Pese a todo, el barco era tan alto como un edificio de tres plantas y disponía de un par de mástiles de observación de 15 metros de altura y una chimenea ornamental de 6 metros por la que no salía humo.

El barco contaba con un reflector auténtico, luces para señales marítimas, anclas, escaleras y toda la parafernalia de los barcos de la época. Como armamento, tenía tres torretas con cañones de madera y un cañón para salvas, este real. En su interior había amplias salas de espera, así como otras dedicadas para exámenes médicos. También había camarotes para la tripulación, duchas, una sala de radio, una armería y una enfermería. Los periódicos de la época destacaban que estaba equipado con unos sistemas de calefacción y ventilación muy ponentes, “capaces de cambiar la temperatura 10 veces cada 60 minutos”.

El barco no sólo serviría como oficina de reclutamiento, sino que era totalmente válido para realizar ejercicios de entrenamiento. De hecho, la vida a bordo seguía la misma rutina que en cualquier otro barco de la Armada. Los marineros, unos 40, se levantaban a las seis de la mañana. Antes de la reglamentaria instrucción, fregaban la cubierta y lavaban su ropa. Después, un grupo formado por los marineros más experimentados dedicaba el resto del día a hacer guardias en cubierta y responder a las preguntas de los que visitaban el barco. Mientras, los demás se hacían cargo de tareas administrativas relacionadas con el reclutamiento.

Vista del barco anclado sobre el césped de Union Square. Foto original en NavSource

Era habitual tener visitantes a bordo. Unos eran jóvenes interesados en alistarse y otros simples ciudadanos que se apuntaban a las visitas guiadas que la Armada organizaba. Diariamente, además, se llevaban a cabo demostraciones del uso del material naval, lo que contribuía a dar una imagen de emoción y aventura al servicio en un buque de guerra.

Después de su bautizo, el Día de los Caídos de 1917, por parte de la mujer del alcalde, Olive Mitchel, el Recruit albergó una gran variedad de eventos y recepciones con la intención de atraer a los neoyorquinos a bordo. Algunos de estos actos tenían un macado espíritu patriótico, mientras que otros, como los bailes, tenían un carácter más social.

Durante su misión en Union Square, el “barco de tierra” consiguió alcanzar con creces su objetivo, consiguiendo que más de 25.000 neoyorquinos se alistaran, 625 veces la tripulación de su padre, el USS Maine. El alcalde Mitchel, sin embargo, acabó perdiendo las elecciones municipales del año siguiente y, después de esta derrota, se alistó en el ejército del aire. Trágicamente, su carrera militar duró muy poco al morir ese mismo año en un accidente de avión mientras realizaba un vuelo de entrenamiento.

De camuflaje. Foto original en NavSource

En 1920, acabada la guerra, las necesidades de marineros por parte de la Armada cayeron en picado y se decidió desmantelar el USS Recruit. El barco levantó su ancla rumbo al parque de atracciones de Luna Park en Coney Island, donde la Armada tenía intención de seguir utilizándolo como oficina de reclutamiento. Según parece, el 16 de marzo de 1920 comenzaron los trabajos para la mudanza, sin embargo algo pasó, porque jamás llegó a su destino.

Enlace permanente a USS Recruit, un barco de guerra en el centro de Nueva York

+posts:
- El Templo de Walhalla, el Partenón Germánico
- La casa encantada de los Winchester
- La casa en las nubes de Thorpeness
- El rayo de la muerte y su inventor

+info:
- USS Recruit (1917) in en.wikipedia.org
- Battleship Photo Archive in NavSource
- The Battleship That Invaded Union Square by Owen Gault
- The “Recruit” –Our Only Land Battleship by Popular Science in Google books
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martes, 3 de agosto de 2010

Y las islas Saint Kilda se quedaron solas

Después de cómo mínimo dos milenios, el 29 de agosto de 1930, fueron evacuados los últimos 36 habitantes de Saint Kilda, una de las comunidades más aisladas del Reino Unido, que hasta mediados del siglo XIX había vivido casi sin contacto con el mundo exterior. Finalmente, las influencias externas habían acabado arruinando su modo de vida propio marcado por la autosuficiencia.


The Street en 1886

No se conoce de la existencia de ningún santo con el nombre de Kilda, por lo que existen diferentes teorías que intentan explicar el nombre del archipiélago, que aparece escrito por primera vez en un mapa holandés de 1666. Una de las que cuenta con más adeptos sostiene que el nombre proviene por degeneración de “sunt kelda”, pozo de agua dulce en nórdico antiguo.

El archipiélago está formado por varias islas. La más grande, de unas 670 hectáreas, se llama Hirta y es donde se encuentra el punto más alto de todo el archipiélago, Conachair, de 430 metros. La siguen Soay, de apenas 100, y Boreray, de 86. El archipiélago forma parte de las Hébridas Exteriores aunque está situado a 64 kilómetros del resto de islas de ese archipiélago.

Es precisamente este aislamiento el que ha permitido a Saint Kilda ser el hogar de dos subespecies endémicas, el chochín y el ratón de campo de Saint Kilda. En el pasado había una tercera, el ratón doméstico, pero después de la evacuación de la población humana acabó desapareciendo.

Este aislamiento ha sido también el responsable de la escasa biodiversidad de las islas. La vida vegetal está fuertemente influenciada por la sal del mar del ambiente, los fuertes vientos y la acidez del suelo. No hay árboles en ninguna de las islas, aunque sí unas 130 especies distintas de plantas.

Dún, situado en una de las puntas de Village Bay y de 178 metros de altura. Foto Lyonheart

Los primeros humanos parece que llegaron a la isla durante la Edad de Bronce, aunque, recientemente, se han encontrado restos de un posible asentamiento neolítico anterior, por lo que podrían haber estado habitadas ya hace cinco mil años. En cualquier caso, la primera referencia documental que tenemos de ellas es la de un clérigo islandés que en 1202 dice haberse refugiado en una isla llamada “Hirtir”. De esta época, se han encontrado broches, espadas de hierro y monedas danesas que indican una presencia vikinga más o menos constante en Hirta, aunque no queda ningún otro resto arqueológico de esa presencia.

Históricamente, las islas formaron parte de los dominios clan de los MacLeod de Harris. Los MacLeod las gestionaban a distancia y era su administrador el que solía pasar una temporada en ellas durante el verano. En ocasiones, acudía acompañado de hasta una cincuentena de personas, algunas de ellas pobres y a las que se esperaba que los habitantes de St Kilda les ofrecieran su hospitalidad.

El administrador era el encargado del cobro de las rentas y otros derechos. Hasta el siglo XIX, no se introdujo el dinero en la isla, por lo que estos pagos se hacían en especie. El administrador recibía cebada, avena, pescado, productos de la ganadería y especialmente de las aves marinas, como plumas y aceites, que luego vendía para obtener dinero. Después, destinaba una parte de ese dinero para la compra de productos “importados” para la población.

A los pies de los acantilados (1898)


Cazando frailecillos (1898)

Los propietarios obtenían un beneficio económico, pero también asumían una responsabilidad para con los isleños y era habitual que durante periodos de escasez renunciaran a parte de la renta y les enviaran suministros y comida. En parte era por interés propio, pues le interesaba que los habitantes tuvieran un nivel de vida aceptable y siguieran allí para generar la próxima renta anual.

Algunos consideran que el modelo de organización social de las islas se podría resumir como un comunismo feudal. A pesar de tener un administrador y un “señor”, la mayor parte del año la comunidad se sentía libre, pudiendo vivir a su manera. De acuerdo con este enfoque “comunista”, las tierras se repartían siguiendo un sistema de rotación. Cada arrendatario tenía parcelas repartidas por toda la zona cultivable y cada año cambiaban.

La única isla habitada era Hirta y nunca contó con una gran población. Se calcula que en su punto máximo, a finales del siglo XVII, vivían en ella unas 27 familias, lo que suponía un total de 180 personas. Esta población fue fluctuando en función de la emigración y de las enfermedades. Así, en 1727, una epidemia de viruela la redujo a tan sólo 30 personas. Los propietarios de la isla se apresuraron a repoblarla con gentes de otras islas, a las que atrajeron mediante la oferta de tierras a cambio de una renta razonable y de un estándar de vida aceptable para la época.

Las gentes de Saint Kilda eran sencillas y pobres, según la descripción del clérigo escocés Donald Monro que visitó las islas en 1549. Según este clérigo, contaban con escasos conocimientos de ninguna religión y esto a pesar de que el administrador de los MacLeod durante su visita veraniega a la isla hacía venir un capellán, que, entre otras cosas, bautizaba a los niños.

Reparto de los fulmares cazados. Foto de George Washinton Wilson

En opinión de algunos, el aislamiento y la dependencia de la naturaleza para su supervivencia hacía que muchos de los habitantes de St Kilda tuvieran unas ideas más próximas a las de los antiguos druidas que a las cristianas. Algunas fuentes sostienen que existían hasta cinco altares druídicos hasta poco antes de la llegada en 1822 del reverendo John MacDonald.

MacDonald se tomó su misión muy en serio y durante ocho años realizó visitas periódicas a la isla. Pese a que algunos lo critican por tener escasos conocimientos religiosos, MacDonald consiguió despertar un gran entusiasmo entre la población que lloró amargamente cuando se marchó por última vez ocho años después.

Su sucesor fue el reverendo Neil Mackenzie, que llegó el 3 de julio de 1830. Durante su estancia mejoró enormemente las condiciones de la vida en Saint Kilda. Reorganizó su agricultura de manera que cada arrendatario tenía su propia parcela, mayor que las anteriores y fija, y, además, fue el responsable de la creación de una escuela dominical para la educación religiosa y de la primera escuela de asistencia diaria en la que se enseñaba a leer, escribir y aritmética básica.

Finlay McQueen y su hija trabajando sus campos en 1910

Niños en la escuela

El papel del nuevo reverendo resultó igualmente decisivo para la construcción del nuevo pueblo. El pueblo antiguo estaba formado por unas 30 casas bajas en Village Bay (había otro asentamiento secundario usado solamente durante los veranos en Gleann Bay). En Village Bay, había un poco de todo, desde las típicas casas negras de las Hébridas, hasta otras más peculiares que tenían forma de colmena. Estas últimas eran unas construcciones en piedra seca abovedadas y que, en vez de una cubierta de paja, estaban cubiertas por una capa de césped que las protegía de los vientos y del agua de la lluvia. En algunos casos, las camas estaban construidas en los muros de las casas para dejar espacio para el ganado que se guardaba en primavera e invierno dentro de las casas.

Aparte de las casas del pueblo, Hirta estaba llena de cleits, otro tipo de construcción en piedra seca y que era utilizado como almacén, aunque alguna vez podría haber sido usado como refugio temporal. Los había en forma de colmena o más cuadrados cubiertos con losas alargadas de piedra.

Los cleits, al igual que las casas, también solían estar cubiertos por una capa de césped, pero no así sus paredes laterales. De esta manera, el agua no podía entrar, pero sí el aire, un aire marino impregnado de sal que resultaba ideal para la conservación de la carne de las aves, de sus huevos, del grano, patatas, estiércol o césped seco para el fuego. Según algunos expertos, la entrada solía estar bloqueada por media docena de piedras apiladas unas encima de otras, sólo los más grandes y mejor construidos contaban con una puerta de madera. En total, se calcula que en Hirta había unas 1.200 de estas estructuras y otras 200 repartidas por el resto de islas y stacks.

El edificio más antiguo de las islas, sin embargo, se descubrió en 1844. Se trataba de un subterráneo de aproximadamente 2.000 años de antigüedad y que los isleños supusieron que habría servido como refugio o escondite, aunque hoy en día se cree más posible que se trate de un pozo de hielo.

Acuarela de David Quine que muestra pueblo en 1831 en la que se pueden ver varias black houses cubiertas con techos de paja.

El pueblo en 1886.

The street en 1886

Como en Saint Kilda no crecía ningún árbol, toda la madera que se utilizaba en la construcción venía del exterior, ya fuera arrastrada por las mareas o en barcos. Así no era de extrañar que como pasaba en otras islas, en muchas ocasiones, las vigas de madera del tejado se convertían en la parte más cara de la casa.

El nuevo pueblo se construyó gracias a una donación hecha por Sir Thomas Dyke Ackland. En total se construyeron 30 casas organizadas en torno a una calle en forma de media luna. Las casas eran las típicas casas negras de la Hébridas con una sola habitación que en invierno las familias compartían con su ganado. Fue una mejora importante, las nuevas casas con muros de piedra dobles y con una capa de barro en el interior resultaban mucho más confortables que las antiguas, que no dejaban de ser un “cleit” de mayor tamaño. En 1860, después de que un vendaval dañara seriamente las casas construidas en 1830, se construyeron otras, esta vez de dos habitaciones y con un pequeño recibidor en la entrada y las construidas en 1830 pasaron a dedicarse en exclusiva para cobijar el ganado. Las nuevas casas eran mucho más higiénicas y luminosas que las anteriores. Sin embargo, tenían unas paredes y un tejado de menor grosor que las anteriores, lo que hacía más difíciles de calentar sin el carbón que se llegaba desde tierra firme.

La estancia del sucesor de Mackenzie, John Mackay, sin embargo, no fue tan positiva para la isla y sus gentes. De hecho, muchos consideran a MacKay uno de los mayores responsables de la destrucción del modo de vida tradicional de Saint Kilda. Este reverendo introdujo tres servicios religiosos de 2 a 3 horas de duración cada domingo y que eran de asistencia obligatoria, además de varias reuniones durante la semana. No es de extrañar que todo este tiempo que los isleños tenían que dedicar obligatoriamente a las prácticas religiosas y a su preparación comenzó a afectar al que dedicaban a sus tareas cotidianas.

El rigor de MacKay era tal que en una ocasión, cuando la isla estaba pasando por una temporada de escasez, llegó un barco “al rescate” con víveres un sábado. Pese a la gravedad de la situación, el reverendo consideró que los parroquianos tenían que dedicar lo que quedaba del día a prepararse para el domingo y les prohibió acudir a su descarga. No quedó otra opción que esperar hasta el lunes para que el barco fuera descargado.

Foto de Kyle Christie


Cleits, foto de Steve Goldthorp

Los veinte años que Mackay permaneció en la isla fueron malos para Saint Kilda, pero no fue mejor el efecto del turismo. El siglo XIX trajo consigo el fin del aislamiento secular del archipiélago y los vapores cargados de turistas comenzaron a visitar Saint Kilda durante los meses de verano. Los ingleses de la época victoriana quedaron fascinados por aquellos compatriotas suyos que hablaban gaélico y comían frailecillos cocidos con gachas de avena y que vivían en estructuras de piedras con forma de colmena.

Unas gentes que cada mañana se reunían en su “parlamento” para decidir cómo se repartían las tareas comunitarias. Una reunión que no era liderada por nadie y en la que todos tenían el derecho de tomar la palabra. A menudo las discusiones creaban discordia, pero ninguna lo suficientemente para dividir de forma permanente a la comunidad. Aunque no era una sociedad tan utópica como se pudiera pensar, lo cierto es que no se tiene constancia de que se cometiera ningún crimen en las islas ni de que ninguno de sus habitantes luchara en ninguna guerra durante cuatro siglos de historia.

La vida en Saint Kilda era sencilla, como la dieta de sus habitantes. Un dieta basada en la agricultura de subsistencia y que se complementaba con los huevos y la carne fresca o curada de las aves marinas que anidaban en la isla durante la época de cría, durante la cual se calcula que pasaban casi un millón de aves por ella. Los isleños trepaban y se descolgaban con gran habilidad por los acantilados y los stacks marinos sujetos por cuerdas para recoger los huevos y los polluelos de alcatraz, fulmar o frailecillo. Era una actividad arriesgada y se producían accidentes, pero no tantos como se pudiera pensar.

Las plumas se vendían para hacer colchones y el aceite del estómago de los fulmares era un producto muy preciado por sus propiedades medicinales. Los isleños mataban una cantidad de aves marinas nada desdeñable. Según algunas estimaciones que parecen bastante razonables, en la década de 1830, podían rondar los 4.000 alcatraces y los 12.000 fulmares. Aunque por la cuenta que les traía, en ningún momento parece que estas cacerías llegaran a diezmar la población de aves marinas de las islas.

St. Kilda, Its People and Birds (1908). Filmación en la que se puede ver a los isleños descendiendo por los acantilados para cazar fulmares. Ver en youtube.com

Los isleños también se alimentaban de carne de oveja, ternera, cereales y productos frescos, todos productos locales. La leche de oveja se utilizaba además para hacer queso. En varias ocasiones, intentaron, aunque con diferente éxito, cultivar patatas, coles o nabos para complementar la dieta. Sin embargo, la pesca, en parte por no contar con un muelle adecuado hasta 1901 y por lo peligroso e impredecible de las aguas que rodeaban las islas, no fue nunca una fuente principal de alimento. En cualquier caso, el modo de vida de los habitantes de Saint Kilda difería en poco del de cualquier otra isla del Atlántico Norte.

En un principio, el turismo tuvo un efecto positivo al proporcionar a los isleños la posibilidad de obtener unos ingresos extra vendiendo tweeds (tejidos tradicionales), calcetines, guantes, huevos de los pájaros y otros productos ornitológicos a los turistas. Sin embargo, el precio a pagar acabó resultando demasiado alto. Por un lado, la auto-estima de la comunidad se vio extremadamente resentida al sentirse como unas meras curiosidades, pero aún fue peor el efecto que tuvieron las enfermedades que los barcos traían.

El "parliament"

Durante el siglo XIX, parece que la salud de los habitantes de Saint Kilda era mejor que la del resto de habitantes de las Hébridas. Sin embargo, ahora se trataba de enfermedades nuevas, hasta entonces desconocidas en la isla, como, por ejemplo, el tétanos infantil, una enfermedad que supuso un incremento del 80% de la mortalidad infantil en Hirta.

Además, poco a poco, la isla comenzó a perder su autosuficiencia, pasando a depender cada vez más de la comida, el combustible y los materiales de construcción que venían de fuera. En 1852, 36 de sus habitantes emigraron a Australia, aunque muchos murieron en el camino. Con esta marcha comenzó la lenta decadencia de la isla. A medida que la población comenzó a disminuir, se hizo más evidente el sentimiento de aislamiento, especialmente al no contar con un medio de comunicación que les conectara con tierra firme. Sólo les quedaba la opción de enviar una especie de mensajes en una botella. El primero de ellos en 1876, durante un período de escasez. Dentro de una caja estanca de madera con forma de bote atada a una vejiga de oveja que hacía de flotador, enviaron una carta pidiendo ayuda. Fueron muchos los mensajes que arrastrados por las corrientes llegaron hasta Escandinavia y Escocia.

The Street en la actualidad. Foto de Rob Sutton

Vista de Village Bay en la actualidad. Foto de weychan

A principios del siglo XX, sin embargo, la isla y su población parecían volver a recuperar el optimismo. Atrás quedaban los primeros planes de evacuación de Hirta del 1875. Se creó la primera escuela “formal en la isla, donde los niños comenzaron a aprender inglés aparte de su lengua materna, el gaélico. La enfermera residente y el nuevo ministro introdujeron mejoras sanitarias que redujeron la incidencia del tétanos infantil. A pesar de algunos periodos de escasez y una epidemia de gripe en 1913, la población se mantenía estable en torno a las 80 personas.

Después llegaría la Gran Guerra, cuando la Royal Navy instaló una emisora en Hirta y por primera vez la isla estuvo conectada con la tierra firme. La instalación duró poco porque el 15 de mayo de 1918 un submarino bombardeó la isla y la destruyó. 77 proyectiles cayeron sobre Hirta, varias edificaciones sufrieron daños, pero afortunadamente no hubo pérdidas humanas. Como protección para posibles ataques futuros, se instaló una batería de artillería, aunque nunca hizo falta dispararla. Durante esta época comenzó también el desarrollo de una economía basada en el dinero, que hacía la vida más fácil, pero más dependiente del exterior.

Stac Lee. Foto de Iancowe

La llegada de los militares, produjo un efecto similar al que años antes había producido la llegada de los primeros turistas, al hacer más evidente a ojos de los habitantes las privaciones que padecían en su vida diaria. A pesar de la construcción en 1902 de un pequeño espigón, las islas seguían estando incomunicadas durante los períodos de mal tiempo. Después de la guerra, la mayoría de los hombres jóvenes emigraron y la población pasó de las 73 personas que había en 1920 a tan sólo 37 en 1928.

Al marcharse la mayoría de jóvenes, se hizo mucho más complicado continuar con el antiguo esquema de reparto de las tareas cotidianas según el cual los más capacitados se encargaban de conseguir el alimento para aquellos que no podían valerse por sí mismos, ya fuera porque eran personas mayores o por estar enfermos. De esta manera, las condiciones de vida de los quedaron se resintieron.

Posteriormente, en 1926, murieron cuatro hombres de los que se habían quedado de gripe. Todo esto coincidiendo con una serie de malas cosechas. Sin embargo, la gota que colmó el vaso fue la muerte por apendicitis de una chica embarazada en 1930. Los isleños hicieron señales a un barco que pasaba por la zona para que acudiera a ayudar a la joven, pero las olas hicieron imposible enviar un bote en su búsqueda. Tuvieron más suerte unos días más tarde, esta vez otro barco que pasaba sí que pudo enviar un bote para recogerla, sin embargo, para cuando la joven llegó al hospital de Glasgow era ya demasiado tarde para salvarla a ella o al bebé.

Embarcando para quizás no volver jamás a Saint Kilda

Finalmente, el 10 de mayo de 1930 la comunidad decidió enviar una carta colectiva a William Adamson, el Secretario de Estado para Escocia, solicitando su evacuación. En ese momento la isla pertenecía a Sir Reginald MacLeod, quien afirmó, con algo de tristeza, que aquellas familias que se marchaban habían sido arrendatarias de su familia durante mil años. Su afirmación no se puede verificar, pero es probable que tenga algo de cierto.

Los habitantes de las islas fueron realojados en Argyll. El gobierno se encargó de proporcionarles casa y trabajo. Los hombres pasaron a trabajar para el servicio forestal. Era la primera vez que tenían un jefe y era, además, un curioso trabajo para alguien que había vivido toda su vida en una isla en la que no crecían los árboles.

La adaptación no fue fácil. Los isleños no estaban habituados a una economía basada en el dinero. En las islas todo se repartía a partes iguales y todos se ayudaban entre sí. Sin embargo, en tierra firme todo era muy distinto. El sueldo no era suficiente, pero tampoco contaban con ahorros ni pensiones. Además, su resistencia a las enfermedades era menor que la de las gentes del lugar. Varios niños murieron de tuberculosis en los años siguientes a la evacuación. No es de extrañar que los isleños no tardaran en sentirse desilusionados. La evacuación no había resultado ser la solución a todos sus problemas, como ellos esperaban.

St Kilda Britain’s Lonliest Isle 1928, documental que muestra la visita del primer barco, después de 9 meses de aislamiento. Ver en youtube.com

Con el paso del tiempo y los esfuerzos del gobierno, los más jóvenes se fueron adaptando y pudieron optar a una vida mejor, sin importarles, aparentemente, que esto supusiera la desaparición de un modo de vida único y ancestral.

Por su parte, el antiguo señor, Reginald Macleod, vendió las islas a Lord Dumfries un año después de la evacuación. Durante los años siguientes, las islas permanecieron en soledad durante la mayor parte del año. Sólo en verano, con el regreso de alguna de las antiguas familias, la vida parecía volver a la isla. Aunque poco a poco, las visitas fueron disminuyendo y en 1939 los tejados de las casas comenzaron a hundirse. Hasta 1957, las islas no volverían a estar habitadas. Unos años antes, el gobierno británico incorporó Saint Kilda a su sistema de seguimiento de misiles, para lo que se construyeron una serie de instalaciones militares.

Una de las casas durante el invierno. Foto de jonesor

Hoy en día, aunque no cuenta con residentes permanentes, Hirta continúa habitada durante todo el año por un pequeño número de civiles que trabajan en la base militar. La población aumenta en verano con la llegada de científicos y equipos de voluntarios que colaboran en los trabajos de conservación de las casas y muros que aún quedan en la isla. De los habitantes que vivían en la isla antes de la evacuación, en 2009 sólo quedaban vivos dos.

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+info:
- St Kilda, Scotland in en.wikipedia.org
- St Kilda, a World unto Itself (PDF) by Nick Atiken in stonexus
- St Kilda in Abandoned Communities
- St Kilda by The National Trust for Scotland
- St Kilda: the edge of the world in guardian.co.uk
- The Cleitean of the St. Kilda Archipelago in the Outer Hebrides by Chistrian Lassure
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